Ante la deci­sión de con­ge­lar el SMI por par­te del gobierno de Madrid- LAB Sindikatua

La deci­sión del Gobierno de Madrid de con­ge­lar el SMI para el año 2014 pone en evi­den­cia el des­pre­cio más abso­lu­to hacia las per­so­nas. No les bas­ta con las baja­das sala­ria­les, el des­em­pleo, los desahu­cios, la difi­cul­tad para hacer fren­te a los gas­tos de hipo­te­cas, ali­men­ta­ción y sumi­nis­tros eléc­tri­cos que tan­to sufri­mien­to y dolor están pro­vo­can­do en amplios sec­to­res. Quie­nes domi­nan los resor­tes eco­nó­mi­cos y polí­ti­cos han hecho del empo­bre­ci­mien­to la con­di­ción y garan­tía nece­sa­ria para que otros dis­fru­ten de mayor bien­es­tar y riqueza.

La con­ge­la­ción del SMI tie­ne un impac­to direc­to en las pres­ta­cio­nes socia­les (ren­tas de inclu­sión, sub­si­dios, …). De esta for­ma, las pres­ta­cio­nes son cada vez más exiguas, y por tan­to, pier­den capa­ci­dad para que las per­so­nas pue­dan satis­fa­cer sus nece­si­da­des más bási­cas. La pér­di­da de poder adqui­si­ti­vo del SMI sig­ni­fi­ca la pér­di­da de pres­ta­cio­nes socia­les sufi­cien­tes y dig­nas, aumen­tan­do así la pre­ca­rie­dad y el aumen­to de la gen­te que debe recu­rrir a la bene­fi­cen­cia, sin nin­gu­na otra espe­ran­za y alternativa.

En Eus­kal Herria se están con­cul­can­do dere­chos socia­les y labo­ra­les bási­cos. Según los cri­te­rios de la Car­ta Social Euro­pea, el Sala­rio Míni­mo Inter­pro­fe­sio­nal en nues­tro pue­blo debe­ría ser de 1233 euros, bien lejos de los 645,30 euros que ha esta­ble­ci­do el Gobierno de Madrid.

LAB exi­ge medi­das con­tun­den­tes fren­te al empo­bre­ci­mien­to. El camino de la baja­da sala­rial, así como la con­ge­la­ción y dis­mi­nu­ción de las pres­ta­cio­nes no con­du­ce a nin­gún lugar. Medi­das en favor del repar­to del tra­ba­jo y de la rique­za son más urgen­tes que nun­ca. Al igual que el esta­ble­ci­mien­to pro­gre­si­vo de un SMI y umbral de la pobre­za pro­pio, que se corres­pon­da con la reali­dad sala­rial y rique­za de nues­tro pue­blo. Eus­kal Herria no pue­de de nin­gu­na mane­ra per­mi­tir y, tam­po­co avan­zar, a cos­ta de que sec­to­res de la pobla­ción, juven­tud, per­so­nas des­em­plea­das y pen­sio­nis­tas, sean con­de­na­das a per­pe­tui­dad a la indi­gen­cia y a la beneficencia.

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