Otra polí­ti­ca, muy otra: los zapa­tis­tas del siglo XXI- Pablo Gon­zá­lez Casanova

La crea­ción his­tó­ri­ca de los nue­vos movi­mien­tos socia­les de los des­po­ja­dos, des­re­gu­la­dos, subro­ga­dos, se enfren­ta a una polí­ti­ca de reco­lo­ni­za­ción del mun­do por los com­ple­jos empre­sa­ria­les mili­ta­res, polí­ti­cos y mediáticos
Pala­bras de Pablo Gon­zá­lez Casa­no­va en el semi­na­rio Pla­ne­ta Tie­rra: movi­mien­tos anti­sis­té­mi­cos en el Cide­ci, Chia­pas, el 1º de enero de 2013

En pri­mer lugar, pro­pon­go que envie­mos un men­sa­je de soli­da­ri­dad al extra­or­di­na­rio comu­ni­ca­do que publi­ca­ron el 30 de diciem­bre el Comi­té Clan­des­tino Revo­lu­cio­na­rio Indí­ge­na y la Coman­dan­cia del Ejér­ci­to Zapa­tis­ta de Libe­ra­ción Nacio­nal (EZLN). Es un docu­men­to de enor­me importancia.

Al venir aquí esta­ba pen­san­do cómo se vin­cu­la su sen­ti­do a los cam­bios que ha habi­do en este tipo de encuen­tros. Los cam­bios se han dado en varios sen­ti­dos, par­ti­cu­lar­men­te en el énfa­sis cada vez mayor que se está ponien­do en la cate­go­ría de capi­ta­lis­mo cor­po­ra­ti­vo. Es una cate­go­ría que nos per­mi­te un aná­li­sis mucho más pro­fun­do y pre­ci­so que la cate­go­ría del poder des­vin­cu­la­da del poder del gran capi­tal, y sin arti­cu­la­ción con el «com­ple­jo empre­sa­rial, mili­tar, polí­ti­co y mediá­ti­co», que mane­ja un pro­ce­so mun­dial lla­ma­do «glo­ba­li­za­ción».

Por otra par­te, me vino nue­va­men­te al pen­sa­mien­to lo mucho que he apren­di­do oyen­do las refle­xio­nes de los com­pa­ñe­ros, pro­duc­to de la memo­ria de sus luchas, de la prác­ti­ca de sus teo­rías y del encuen­tro con las que vie­nen de los movi­mien­tos de libe­ra­ción y eman­ci­pa­ción de otros mun­dos, en par­ti­cu­lar del mun­do occi­den­tal, pero tam­bién de Áfri­ca y Asia, así como de las luchas de libe­ra­ción en los años sesen­ta y seten­ta en Amé­ri­ca Latina.

Al lle­gar aquí me pare­ció intere­san­te des­ta­car tam­bién cómo los zapa­tis­tas han enri­que­ci­do y pre­ci­sa­do el dis­cur­so de lo uno y lo diver­so, de lo cons­tan­te y lo cam­bian­te en la his­to­ria y la geo­gra­fía acti­va y cog­ni­ti­va. Esas fue­ron algu­nas de mis reme­mo­ra­cio­nes. Pero hace unos momen­tos pen­sé que era impor­tan­te pre­gun­tar a un com­pa­ñe­ro tzotzil: «¿Cómo leye­ron el comu­ni­ca­do?» Por­que cada uno de noso­tros lo leyó e inter­pre­tó de una mane­ra deter­mi­na­da o pre­de­ter­mi­na­da. Lo que con­tes­tó me ayu­da a dar­me cuen­ta que uno lee de una mane­ra que se pue­de enri­que­cer con la mane­ra de lo que otros leen.

El her­mano tzotzil me res­pon­dió: “No lo leí­mos como si nos dije­ra ‘¿quién eres?’, sino ‘¿cómo te vas a ver en este mun­do de dife­ren­cias y que no es en todo dife­ren­te?’ Como si nos dije­ra: «tene­mos que encon­trar­nos y que actuar jun­tos». Su res­pues­ta se rela­cio­nó con algo que vi en el comu­ni­ca­do: el víncu­lo más estre­cho que se pro­po­nen los zapa­tis­tas con la orga­ni­za­ción nacio­nal de los pue­blos indí­ge­nas, así como el inten­to de aumen­tar los víncu­los con los «adhe­ren­tes» a su movi­mien­to, y tam­bién de ampliar­los y for­ta­le­cer­los con otros movi­mien­tos socia­les de Méxi­co y el mundo.

El comu­ni­ca­do y la res­pues­ta del her­mano tzotzil me per­mi­tie­ron replan­tear el pro­ble­ma de que les quie­ro hablar brevemente.

Ésta es la opor­tu­ni­dad para pen­sar y orga­ni­zar una inmen­sa Red de Colec­ti­vos en Defen­sa del Terri­to­rio, y de la Tie­rra –y de la tie­rra con «t» minús­cu­la y con «T» mayús­cu­la. Es una tarea fun­da­men­tal, si se pien­sa en «la otra polí­ti­ca des­de aba­jo y des­de la izquier­da», y si pen­sa­mos en la «dia­léc­ti­ca de las nece­si­da­des inme­dia­tas», en que éstas muchas veces fre­nan o se opo­nen a las gran­des luchas de lar­go pla­zo –que las orga­ni­za­cio­nes de los pue­blos más opri­mi­dos logran supe­rar cuan­do ven cómo les qui­tan tie­rras y terri­to­rios y la posi­bi­li­dad mis­ma de vivir.

Hay muchos pue­blos en los que se jun­tan los pro­yec­tos inme­dia­tos y los de lar­go pla­zo, cir­cuns­tan­cia que de una mane­ra u otra los lle­va a crear, con la jun­ta de las vie­jas y las nue­vas resis­ten­cias y com­ba­tes, una nue­va polí­ti­ca –muy nue­va– que esca­pa a la vie­ja alter­na­ti­va de refor­ma o revolución.

En reali­dad su plan­tea­mien­to polí­ti­co corres­pon­de a una crea­ción his­tó­ri­ca tan nue­va que es difí­cil de enten­der por quie­nes viven el pre­sen­te como si fue­ra el pasa­do. El pro­ble­ma no es exclu­si­vo de quie­nes están movi­dos por un pen­sa­mien­to con­ser­va­dor, sino de aque­llos que, vinien­do del comu­nis­mo, de la social­de­mo­cra­cia o del nacio­na­lis­mo revo­lu­cio­na­rio, están acos­tum­bra­dos a hacer polí­ti­ca de par­ti­dos elec­to­ra­les, polí­ti­ca ins­ti­tu­cio­nal al esti­lo del siglo XX.

La posi­bi­li­dad de crear una Orga­ni­za­ción Mun­dial en Defen­sa del Terri­to­rio y de las tie­rras y la Tie­rra cons­ti­tu­ye la posi­bi­li­dad de enfren­tar una polí­ti­ca cuyos pode­ro­sos diri­gen­tes se están yen­do en los hechos a la extre­ma dere­cha del capi­tal cor­po­ra­ti­vo y de los com­ple­jos empre­sa­ria­les, mili­ta­res, mediá­ti­cos y polí­ti­cos, mien­tras la izquier­da elec­to­ral ha deja­do de ofre­cer lo que antes ofre­cía, o hace ofre­ci­mien­tos que no cum­ple, por­que no tie­ne la menor fuer­za para cum­plir, ni para cons­truir la nece­sa­ria fuer­za que exi­ge un pro­gra­ma míni­mo –efec­ti­vo– con­tra el neo­li­be­ra­lis­mo y la globalización.

La crea­ción his­tó­ri­ca de los nue­vos movi­mien­tos socia­les de los des­po­ja­dos, des­re­gu­la­dos, subro­ga­dos, se enfren­ta a una polí­ti­ca de reco­lo­ni­za­ción del mun­do por los com­ple­jos empre­sa­ria­les mili­ta­res, polí­ti­cos y mediá­ti­cos, que usan dos ele­men­tos del poder: la pro­pie­dad y la fuer­za; el domi­nio y la sobe­ra­nía, «el poder de com­pra» del pro­pie­ta­rio y el «impe­rio» del pode­ro­so, la mega­pri­va­ti­za­ción como des­po­jo lega­li­za­do de nacio­nes y socie­da­des, y una con­quis­ta del mun­do lega­li­za­da y disi­mu­la­da que se apo­ya en las fuer­zas mili­ta­res y finan­cie­ras y en los polí­ti­cos, alia­dos, subor­di­na­dos y colu­di­dos o cooptados.

Pri­va­ti­za­ción y ocu­pa­ción finan­cie­ra y mili­tar de esta­dos y mer­ca­dos son dos medi­das, de que el capi­tal cor­po­ra­ti­vo y sus com­ple­jos se valen para ocu­par –como pro­pie­ta­rios, acree­do­res o como colo­ni­za­do­res libe­ra­do­res que en tiem­pos pasa­dos se lla­man civi­li­za­do­res. Entre los paí­ses pri­va­ti­za­dos inclu­yen a sus pro­pios paí­ses sede y, por supues­to, al res­to del mun­do. Con las más varia­das medi­das finan­cie­ras, mili­ta­res, mediá­ti­cas han refun­cio­na­li­za­do o anu­la­do nume­ro­sos inten­tos de refor­ma al capi­ta­lis­mo o de revo­lu­ción fren­te al capitalismo.

La refun­cio­na­li­za­ción de los esta­dos-nación y de los sis­te­mas polí­ti­cos es tal, que los han des­tro­za­do en sus estruc­tu­ras y orga­ni­za­cio­nes, en sus sen­ti­dos de la vida públi­ca y en sus anti­guas luchas, pro­gra­mas y medi­das que entre cre­cien­tes con­tra­dic­cio­nes bus­ca­ban por lo menos algo del inte­rés gene­ral y el bien común. Hoy con el gober­nar con­ver­ti­do en gober­nan­za faci­li­ta­do­ra de las mega­em­pre­sas siguen des­tro­zan­do, some­tien­do y des­man­te­lan­do de tal mane­ra a los pue­blos que cual­quier crí­ti­co míni­mo del actual sis­te­ma de domi­na­ción y acu­mu­la­ción capi­ta­lis­ta no pue­de seguir pen­san­do y actuan­do como antes.

Un deseo míni­mo de saber en qué mun­do vivi­mos nos lle­va hoy a regis­trar en nues­tros con­cep­tos y nues­tra con­duc­ta que el capi­ta­lis­mo cor­po­ra­ti­vo y sus «com­ple­jos» están des­tru­yen­do cada vez más las media­cio­nes que les resul­ta­ban úti­les en la pos­gue­rra, a las que die­ron un fuer­te impul­so con el fin polí­ti­co de ven­cer al blo­que sovié­ti­co y chino, y con el eco­nó­mi­co de aumen­tar la deman­da agre­ga­da median­te el «desa­rro­llo esta­bi­li­za­dor» de la pro­duc­ción, los ser­vi­cios y el con­su­mo, nacio­na­les, públi­cos y sociales.

Las media­cio­nes des­trui­das y en pro­ce­so de des­truc­ción por el neo­li­be­ra­lis­mo y la «glo­ba­li­za­ción» con­tri­bu­ye­ron a debi­li­tar y aca­bar con dis­tin­tos pro­yec­tos de las fuer­zas eman­ci­pa­do­ras. Muchas de éstas pen­sa­ban lograr el socia­lis­mo y la demo­cra­cia a tra­vés de refor­mas. Sus par­ti­da­rios defen­dían ideo­lo­gías y pro­gra­mas cuya efec­ti­vi­dad se com­pro­ba­ba con el «Esta­do social» y el «desa­rro­llis­ta». Sus par­ti­da­rios pen­sa­ban que por ese camino podían alcan­zar lo que otros seguían plan­tean­do como la revo­lu­ción nece­sa­ria, al esti­lo del 48 del siglo XIX, o como la había plan­tea­do Lenin al vin­cu­lar la lucha de los tra­ba­ja­do­res con la lucha con­tra el capi­tal mono­pó­li­co e impe­ria­lis­mo en una revo­lu­ción arma­da con­ce­bi­da como par­te de la revo­lu­ción mundial.

Las res­truc­tu­ra­cio­nes y refun­cio­na­li­za­cio­nes impues­tas por las fuer­zas hoy domi­nan­tes fue­ron limi­tan­do la polí­ti­ca de par­ti­dos elec­to­ra­les y par­la­men­ta­rios has­ta suplan­tar la polí­ti­ca de refor­mas con la de con­tra­rre­for­mas lla­ma­das «refor­mas», y la gue­rra de con­tra­in­sur­gen­cia con la gue­rra de reco­lo­ni­za­ción, lla­ma­da de globalización.

Mien­tras gran núme­ro de las fuer­zas pro­gre­sis­tas con­ti­nua­ron en la lucha legal y par­la­men­ta­ria, buen núme­ro de los movi­mien­tos opo­si­to­res opta­ron por la vía arma­da. En todo caso la acu­mu­la­ción de fuer­zas elec­to­ra­les por los par­ti­dos logró sub­sis­tir has­ta hoy, y pre­do­mi­nar en las corrien­tes socia­lis­tas y comu­nis­tas, y lo hizo y sigue hacien­do cuan­do cada vez están más pri­va­das de sus pro­gra­mas y doc­tri­nas y no defien­den nin­guno míni­ma­men­te cohe­ren­te en las pala­bras y los hechos.

Los ante­ce­den­tes y evo­lu­ción de este pro­ce­so son cono­ci­dos. La revo­lu­ción de prin­ci­pios del siglo XX no esta­lló en los paí­ses hege­mó­ni­cos del mun­do capi­ta­lis­ta y lle­gó cuan­do la mayo­ría de los par­ti­dos comu­nis­tas, en gene­ral los pro­so­vié­ti­cos, deci­die­ron luchar como par­ti­dos polí­ti­cos con dos obje­ti­vos: el de acu­mu­la­ción de fuer­zas y el de incre­men­tar la soli­da­ri­dad con los paí­ses del blo­que sovié­ti­co. En esas cir­cuns­tan­cias, las cor­po­ra­cio­nes y com­ple­jos com­bi­na­ron cada vez más la «inme­dia­ción vio­len­ta» con la media­ción y media­ti­za­ción polí­ti­ca de sus enemi­gos de la gue­rra fría. Duran­te déca­das per­mi­tie­ron o se vie­ron obli­ga­dos a per­mi­tir el «desa­rro­llo esta­bi­li­za­dor», jun­to con la des­co­lo­ni­za­ción for­mal de par­te de Áfri­ca, Medio Orien­te y los paí­ses ára­bes. Así actua­ron has­ta que, des­de los años sesen­ta, se ini­ció la gran cri­sis recu­rren­te y sis­té­mi­ca que una y otra vez dan por supe­ra­da, lo que en los hechos reve­la ser del todo falso.

En el cur­so de la pro­lon­ga­da cri­sis la posi­ción hege­mó­ni­ca de las cor­po­ra­cio­nes con­sis­tió en aban­do­nar las polí­ti­cas «anti­cí­cli­cas» del Esta­do social y en pasar al «adel­ga­za­mien­to», des­man­te­la­mien­to, refun­cio­na­li­za­ción y reco­lo­ni­za­ción del pro­pio Esta­do metro­po­li­tano y de los esta­dos periféricos.

El capi­tal cor­po­ra­ti­vo impu­so polí­ti­cas finan­cie­ras, polí­ti­cas mili­ta­res, ideo­ló­gi­cas, eco­nó­mi­cas, socia­les, edu­ca­ti­vas, cul­tu­ra­les, eco­ló­gi­cas, así como empre­sa­ria­les de domi­na­ción y apro­pia­ción de esta­dos y mer­ca­dos. Com­bi­nó y per­fec­cio­nó las vie­jas armas com­bi­na­das de la repre­sión y la corrup­ción y dio un sal­to en sus orga­ni­za­cio­nes mono­po­lis­tas para su inte­gra­ción en com­ple­jos mili­ta­res-empre­sa­ria­les-polí­ti­cos y mediá­ti­cos. Bus­can­do dar la máxi­ma efec­ti­vi­dad posi­ble a sus mega­or­ga­ni­za­cio­nes, recu­rrió a las nue­vas téc­ni­cas y cien­cias elec­tró­ni­cas, digi­ta­les, ciber­né­ti­cas, alta­men­te fun­cio­na­les a la orga­ni­za­ción de sus polí­ti­cas de expan­sión «glo­bal».

La mag­na orga­ni­za­ción mun­dial del capi­tal cor­po­ra­ti­vo y de los com­ple­jos empre­sa­ria­les mili­ta­res les per­mi­tió domi­nar a un mun­do que para­dó­ji­ca­men­te se vol­vió cada vez más irra­cio­nal en el inmen­so entorno o con­tex­to en que ope­ra, efec­to lla­ma­do «late­ral» en un mun­do al que sus exper­tos con­si­de­ran siem­pre como «exter­na­li­da­des», las que en el mejor de los casos sólo se ana­li­zan para mejor des­ar­mar­las, domi­nar­las y explotarlas.

Con la gran cri­sis de las media­cio­nes del Esta­do ante­rior, los par­ti­dos polí­ti­cos deja­ron de dis­tin­guir­se cla­ra­men­te en pro­gra­mas y polí­ti­cas, y todos o casi todos actua­ron al mis­mo son. El «menos­ma­lis­mo», como lógi­ca polí­ti­ca hege­mó­ni­ca, se impu­so en situa­cio­nes cada vez peo­res. Y con la res­tau­ra­ción del capi­ta­lis­mo, tan­to en el blo­que sovié­ti­co como en el chino las teo­rías de la revo­lu­ción y –tam­bién– las de la «acu­mu­la­ción de fuer­zas» comu­nis­tas, socia­lis­tas y social­de­mó­cra­tas se lle­ga­ron a olvi­dar com­ple­ta­men­te. Se impu­so la lógi­ca de «jun­tar fuer­zas a como dé lugar», de limi­tar­se a ganar votos con cuan­to par­ti­do se pudie­ra y de reclu­tar ciu­da­da­nos con la meta de lograr pues­tos de «repre­sen­ta­ción popu­lar», que cada vez fue­ron menos «repre­sen­ta­ti­vos» y lle­ga­ron a ser nada populares.

Seme­jan­te lógi­ca y sus bene­fi­cia­rios domi­na­ron la sub­cul­tu­ra de la inmen­sa mayo­ría de «la cla­se polí­ti­ca». A esa lógi­ca se afe­rra­ron tam­bién quie­nes venían del nacio­na­lis­mo revo­lu­cio­na­rio y ya lo habían aban­do­na­do con el desa­rro­llis­mo, así como la mayo­ría de la nue­va izquier­da del 68 que los había enjui­cia­do y que al madu­rar y podrir­se se com­por­ta­ría como ellos, en tris­te transformación.

Hoy tene­mos, en pri­mer tér­mino, que dar­nos cuen­ta de que tres gran­des corrien­tes del pen­sa­mien­to revo­lu­cio­na­rio, que que­rían lograr la demo­cra­cia y el socia­lis­mo median­te la revo­lu­ción, han sido prác­ti­ca­men­te anu­la­das. Muchos de sus inte­gran­tes mues­tran no sólo cier­ta inca­pa­ci­dad crí­ti­ca para orga­ni­zar un pro­ce­so de acu­mu­la­ción de fuer­zas con­tra el capi­ta­lis­mo cor­po­ra­ti­vo, lo que se con­fir­ma leyen­do y oyen­do sus pro­gra­mas, sus dis­cur­sos, sus dis­cu­sio­nes, sus enfa­dos. Muchos des­cen­dien­tes de la anti­gua y de la nue­va izquier­da, en una inmen­sa mayo­ría, ya ni siquie­ra plan­tean una polí­ti­ca con­tra el neoliberalismo.

Ante seme­jan­te cri­sis de la auto­lla­ma­da izquier­da sur­ge un nue­vo movi­mien­to que cam­bia la geo­me­tría polí­ti­ca, y que, en Méxi­co y el mun­do, enca­be­zan los zapa­tis­tas al enar­bo­lar la ban­de­ra de la sobe­ra­nía nacio­nal, el rojo y negro de la lucha inter­na­cio­nal, y las metas eman­ci­pa­do­ras que ellos rede­fi­nen tan­to en las pala­bras como en los hechos, al cla­mor de «liber­tad, demo­cra­cia, jus­ti­cia». Para acla­rar su posi­ción, la geo­me­tría polí­ti­ca de los zapa­tis­tas ya no sólo tie­ne cen­tro, dere­cha e izquier­da, sino aba­jo y arri­ba. Con ella quie­ren indi­car que están a la izquier­da con los de aba­jo. Pero, ade­más, su geo­me­tría no es sólo bidi­men­sio­nal. En la prác­ti­ca es una geo­me­tría móvil con redes y entra­ma­dos de colec­ti­vi­da­des y colec­ti­vos pre­sen­tes y a dis­tan­cia, unos des­cen­tra­li­za­dos y autó­no­mos; otros –como el ejér­ci­to defen­si­vo, inte­gra­do alter­na­ti­va­men­te, por todos los «comu­ne­ros» – , con facul­ta­des autó­no­mas para cier­tas accio­nes que se les seña­lan y que pue­blo y ejér­ci­to res­pe­tan con una gran dis­ci­pli­na, y con con­cien­cia de que son el pue­blo del ejér­ci­to y que con su ejér­ci­to-como comu­ni­dad se pro­te­ge de las inva­sio­nes, inun­da­cio­nes, que­mas, crí­me­nes y des­po­jos de que sin éste como fuer­za defen­si­va sería fácil víctima.

Las redes de colec­ti­vos y colec­ti­vi­da­des no sólo son redes de comu­ni­ca­ción, sino de acción y tam­bién de infor­ma­ción y diá­lo­go. La mayo­ría de ellas está entre­ga­da a la coope­ra­ción para la pro­duc­ción, para la dis­tri­bu­ción, para los ser­vi­cios de ali­men­ta­ción, salud, edu­ca­ción, cons­truc­ción de infra­es­truc­tu­ras y vivien­das, cultura.

En esas redes los con­cep­tos se defi­nen con actos y tam­bién con pala­bras, lo que for­ta­le­ce a unas y otras. En pala­bras y actos apa­re­ce la «otra demo­cra­cia, muy otra», la otra jus­ti­cia muy otra, la liber­tad prac­ti­ca­da con el saber de los pue­blos que hoy com­bi­nan las téc­ni­cas digi­ta­les y ciber­né­ti­cas con las tra­di­cio­na­les. El pro­yec­to está muy lejos de ser «pri­mi­ti­vo» o «aldeano»: es soli­da­rio, patrió­ti­co y humano. Nace en un momen­to his­tó­ri­co en que el gran capi­tal ha amplia­do «lo no nego­cia­ble», esa expre­sión que de hecho expre­sa la dic­ta­du­ra del capi­tal y en ésta su obje­ti­vo inva­ria­ble de reco­lo­ni­zar el mun­do, con la com­bi­na­ción de polí­ti­cas de repre­sión, corrup­ción y ena­je­na­ción men­tal, sen­ti­men­tal y voli­ti­va. El com­ple­jo y tec­no­crá­ti­co pro­yec­to está pro­vo­can­do esa otra cri­sis de domi­na­ción y acu­mu­la­ción en que el mun­do vive, y a la que los exper­tos y sus supe­rio­res res­pon­den con pro­yec­tos de espec­tro amplio de corrup­ción y repre­sión, de con­fu­sión y terror, que per­fec­cio­nan las gue­rras lla­ma­das por el Pen­tá­gono de «espec­tro amplio».

La gue­rra y cri­sis de espec­tro amplio inclu­ye mucho más que las gue­rras y cri­sis finan­cie­ras y eco­nó­mi­cas. No corres­pon­de a una cri­sis coyun­tu­ral que se vaya a resol­ver en uno o dos años, como dicen muchos gober­nan­tes –que cons­tan­te­men­te se están equi­vo­can­do – . Enfren­ta y vive una cri­sis que no es cícli­ca, no es de cor­ta dura­ción, ni siquie­ra de «lar­ga dura­ción». Es una cri­sis del modo de domi­na­ción y acu­mu­la­ción lla­ma­do capi­ta­lis­ta, movi­do por la maxi­mi­za­ción de uti­li­da­des y la mini­mi­za­ción de ries­gos. Y aun es más: es una cri­sis de civi­li­za­ción que con las ciu­da­des mer­can­ti­les, usu­re­ras e indus­tria­les, des­de el siglo XIV empe­zó a cons­truir una socie­dad, una eco­no­mía, una polí­ti­ca, una cul­tu­ra, una eco­lo­gía y una cien­cia que hoy están en un esta­do de cri­sis tan desas­tro­sa para la huma­ni­dad y para ellos mis­mos que has­ta se ence­gue­cen ante los horro­res que cau­san y ante los peli­gros que corren por su sevi­cia y su codi­cia desen­fre­na­das, los que con un impro­vi­sa­do fana­tis­mo atri­bu­yen a un orden dar­wi­nis­ta y has­ta divino muy pare­ci­do al racis­mo geno­ci­da de los nazis, pero mucho más «sofis­ti­ca­do» con su inclu­sión de «negros», «lati­nos» y «maho­me­ta­nos» en el gobierno de las tele­vi­sio­nes y accio­nes de exter­mi­nio que pre­sen­ta a esos pue­blos como faná­ti­cos, débi­les men­ta­les, corrom­pi­dos y terroristas.

No ver lo que ocu­rre ni enten­der que sus cau­sas se hallan en el actual modo de domi­na­ción y acu­mu­la­ción es el más gra­ve yerro de las cien­cias hege­mó­ni­cas. La con­tri­bu­ción a la inad­ver­ten­cia del mun­do real­men­te exis­ten­te y sus cau­sas no sólo se da en la en eco­no­me­tría y en las cien­cias de la «opción racio­nal» –dis­ci­pli­nas dedi­ca­das a maxi­mi­zar las uti­li­da­des y mini­mi­zar los ries­gos del capi­tal cor­po­ra­ti­vo – , sino en todas las cien­cias de la mate­ria, de la vida y de la huma­ni­dad que ocul­tan y se ocul­tan las haza­ñas que sus supe­rio­res rea­li­zan bajo nue­vas y vie­jas for­mas de depre­da­ción, de ocu­pa­ción de terri­to­rios, de vio­la­ción de dere­chos nacio­na­les e inter­na­cio­na­les, natu­ra­les y huma­nos, sino en las for­mas de que se sir­ven para ocul­tar la irra­cio­na­li­dad de un sis­te­ma que hace sufrir –sin la menor duda– a la inmen­sa mayo­ría de la huma­ni­dad y que ame­na­za la exis­ten­cia de toda la huma­ni­dad. De que hechos y efec­tos están com­pro­ba­dos no hay duda, como no la hay tam­po­co de sus cau­sas. Ambos se ocul­tan sistemáticamente.

En reali­dad vivi­mos una cri­sis que no siem­pre alcan­za­mos a enten­der por­que es la cri­sis de una era y el naci­mien­to de otra. En nues­tra prác­ti­ca de la teo­ría no tenía­mos los ele­men­tos míni­mos para pen­sar en el futu­ro de una his­to­ria mun­dial que nos lle­vó a la res­tau­ra­ción del capi­ta­lis­mo. El error fue gra­ví­si­mo para muchos de noso­tros. Nun­ca pena­mos que esfuer­zos como los de Lenin y Mao iban a aca­bar en el desas­tre en que han aca­ba­do, ni que el heroi­co pue­blo de Viet­nam iba a ter­mi­nar don­de terminó.

Si, por otra par­te, vemos este des­en­la­ce de evo­lu­cio­nes y revo­lu­cio­nes como ense­ñan­zas, adver­ti­mos que por for­tu­na hay nue­vas for­mas de plan­tear los pro­ble­mas y las alter­na­ti­vas para cons­truir un mun­do que deje de ser injus­to y auto­des­truc­ti­vo. Estas nue­vas for­mas, en sus mani­fes­ta­cio­nes más posi­ti­vas y crea­do­ras, guar­dan memo­ria de sus expe­rien­cias ante­rio­res de eman­ci­pa­ción; de las que tuvie­ron éxi­to y deben impul­sar­se y de las que impli­ca­ron fra­ca­sos que hoy se pue­den evi­tar. Tam­bién enfren­tan nue­vos y crue­les ase­dios y des­po­jos de cor­po­ra­cio­nes y com­ple­jos. Si son millo­nes los que sufren la ofen­si­va de la glo­ba­li­za­ción depre­da­do­ra, pri­va­ti­za­do­ra, y des­na­cio­na­li­za­do­ra, tam­bién se cuen­tan así los nue­vos movi­mien­tos de resis­ten­cia de cam­pe­si­nos, tra­ba­ja­do­res, emplea­dos y pue­blos. Muchos enfren­tan las polí­ti­cas de des­po­jo de tie­rras de labor y recur­sos natu­ra­les, de pér­di­da de dere­chos labo­ra­les, socia­les, polí­ti­cos, edu­ca­ti­vos y cul­tu­ra­les, o de terri­to­rios ente­ros deser­ti­fi­ca­dos, defo­res­ta­dos o inva­di­dos por las com­pa­ñías y sus fuer­zas de cho­que para­mi­li­ta­res, cri­mi­na­les y poli­cia­les. Todos, en mayor o menor medi­da, sufren las polí­ti­cas de «des­cre­ci­mien­to» del con­su­mo, de «des­cre­ci­mien­to» que deja sin empleo, sin techo y sin pan a un núme­ro cre­cien­te de los «sec­to­res medios» y «bajos». Muchos son víc­ti­mas de la caí­da de la pro­duc­ción nacio­nal y social a que die­ron y dan tras­te cor­po­ra­cio­nes y com­ple­jos con las nue­vas polí­ti­cas de des­cre­ci­mien­to indus­trial y tec­no­ló­gi­co social y nacio­nal, y con la cesión obli­ga­da, nego­cia­da y corrom­pi­da de recur­sos y mer­ca­dos a las gran­des empre­sas y sus aso­cia­dos y subro­ga­dos que se encar­gan de engan­char a los mise­ra­bles, depau­pe­ra­dos, des­po­ja­dos, des­pla­za­dos, des­em­plea­dos, des­apa­re­ci­dos, secues­tra­dos, migran­tes, sin pape­les, sobre­vi­vien­tes, a los que «levan­tan» y ven­den o emplean como escla­vos, asa­la­ria­dos de «suda­de­ros» y pros­tí­bu­los lis­tos para ser eli­mi­na­dos y ente­rra­dos en fosas comu­nes cuan­do ya no pue­den o no quie­ren ser­vir. Si seme­jan­tes atro­pe­llos gene­ran mun­dos de terror glo­bal, tam­bién van gene­ran­do –en medio del dolor que se alcan­za a resis­tir y de la supera­ción del mie­do, que se lla­ma rabia y valor, o cora­je– nue­vas res­pues­tas que por enci­ma de las tra­di­cio­na­les o mera­men­te crí­ti­cas no sólo están crean­do for­mas de lucha mucho más efec­ti­vas para resis­tir, sino for­mas de resis­ten­cia y de orga­ni­za­ción más efec­ti­vas para cons­truir y pre­ser­var la liber­tad, la jus­ti­cia, la demo­cra­cia, la auto­no­mía, la inde­pen­den­cia, la fra­ter­ni­dad con los seme­jan­tes y con los dife­ren­tes, en reli­gión o ideo­lo­gía, en cul­tu­ra, nacio­na­li­dad o etnia.

Entre los nue­vos movi­mien­tos des­ta­can los de las comu­ni­da­des que han enfren­ta­do duran­te siglos las polí­ti­cas de colo­ni­za­ción y hoy enfren­tan las de pri­va­ti­za­ción como reco­lo­ni­za­ción. A esos movi­mien­tos que vie­nen des­de muy muy aba­jo se aña­den los de esa nue­va cate­go­ría polí­ti­ca y revo­lu­cio­na­ria que es la juventud.

Las luchas de la juven­tud sin edu­ca­ción, sin empleo y sin futu­ro, más tem­prano que tar­de des­cu­bren su inmen­so peso cuan­do arti­cu­lan sus luchas estu­dian­ti­les y juve­ni­les con las demás fuer­zas eman­ci­pa­do­ras y con metas y pro­gra­mas míni­mos de orga­ni­za­cio­nes en red y de colec­ti­vos y colectividades.

Los nue­vos movi­mien­tos eman­ci­pa­do­res se dis­tin­guen tam­bién por­que en muchos de ellos están mez­cla­dos quie­nes poseen dis­tin­tos nive­les de edu­ca­ción y dis­tin­tas expe­rien­cias de lucha. Es de ver y no creer cómo com­bi­nan y enri­que­cen sus cono­ci­mien­tos y expe­rien­cias para alcan­zar obje­ti­vos comunes.

Entre esos nue­vos movi­mien­tos –a esca­la mun­dial– des­ta­ca el que tie­ne su ori­gen en una región del mun­do que está en el sur­es­te mexi­cano y que ocu­pan los anti­guos pue­blos mayas. En esa región del mun­do nació, a fines del siglo XX, un pro­yec­to uni­ver­sal que, des­de el prin­ci­pio, fue un pro­yec­to que en la diver­si­dad encon­tró la uni­dad, y en la varie­dad los obje­ti­vos comu­nes de la eman­ci­pa­ción huma­na. El movi­mien­to no se plan­teó una nue­va polí­ti­ca asis­ten­cial, india­nis­ta o indi­ge­nis­ta. En el cur­so de su ges­ta­ción se fue plan­tean­do cada vez más un pro­yec­to dis­pues­to a defen­der su tran­si­ción pací­fi­ca para orga­ni­zar, en el pro­pio movi­mien­to, la socie­dad a que sus habi­tan­tes aspi­ra­ban, y una polí­ti­ca míni­ma de la resis­ten­cia para vivir, para defen­der el terri­to­rio, la tie­rra, el agua, el bos­que y la vida, sin limi­tar­se a un con­cep­to aldeano, ni sólo maya ni sólo nacio­nal, y recla­man­do los dere­chos a la auto­no­mía de sus comu­ni­da­des al tiem­po que se orga­ni­za en éstas el poder de deci­sión de sus pue­blos, que son los que man­dan a quie­nes de entre ellos comi­sio­nan o son comi­sio­na­dos en tareas deter­mi­na­das, sin aban­do­nar todo el tiem­po o para siem­pre las tareas agrí­co­las, arte­sa­na­les o case­ras, sino vol­vien­do a ellas cada vez que su comi­sión ter­mi­na o en el tiem­po que la comi­sión lo permite.

Según el últi­mo comu­ni­ca­do, los com­pa­ñe­ros y her­ma­nos zapa­tis­tas han logra­do –en medio de ase­dios– que en su terri­to­rio los niños ten­gan escue­la, los enfer­mos medi­ci­na y hos­pi­tal, y todos sus habi­tan­tes, lo míni­mo nece­sa­rio para vivir. Han logra­do que en su terri­to­rio no haya nar­co­trá­fi­co ni alcoho­lis­mo, ni esa inse­gu­ri­dad geno­ci­da que con la corrup­ción indi­vi­dual y colec­ti­va ata­ca aquí y allá en el res­to del país y el mundo.

En los hechos, los zapa­tis­tas con­fir­man que el suyo es un nue­vo pro­yec­to de eman­ci­pa­ción, cons­trui­da, que no sólo difie­re de movi­mien­tos ante­rio­res, como el de Lenin o el de Mao, sino tam­bién de otros, como la mayo­ría de las gue­rri­llas de los años sesen­ta y setenta.

El gigan­tes­co y modes­to éxi­to de «los peque­ños entre los peque­ños» indu­ce a pen­sar a un nivel mun­dial en la his­to­ria recien­te de los éxi­tos y fra­ca­sos de la tran­si­ción a lo que hoy lla­ma­mos «otro mun­do posi­ble». Al caer el inmen­so blo­que sovié­ti­co y chino y res­tau­rar­se en esos paí­ses el capi­ta­lis­mo con sus con­tra­dic­cio­nes esta­ta­les, empre­sa­ria­les, mer­can­ti­les, socia­les y eco­ló­gi­cas, una peque­ña isla lla­ma­da Cuba, que tenía 7 millo­nes de habi­tan­tes al empe­zar su revo­lu­ción, está allí ente­ra, luchan­do por el socia­lis­mo y la liber­tad. Pode­mos pen­sar que la resis­ten­cia de Cuba es un mila­gro, pero si nos limi­ta­mos a un aná­li­sis polí­ti­co, tene­mos que pre­gun­tar­nos qué ocu­rrió en esa peque­ña isla, que sigue resis­tien­do a la poten­cia impe­ria­lis­ta más pode­ro­sa y agre­si­va del mundo.

Debe haber algo. Por más que han sufri­do en su con­tra las cam­pa­ñas más espan­to­sas, pade­ci­do un cruel blo­queo, que ya dura más de medio siglo, y enfren­tan­do cuan­to tipo de inter­ven­cio­nes lega­les y cri­mi­na­les exis­te en la his­to­ria del colo­nia­lis­mo, este «algo» que hay en Cuba mues­tra ser una mez­cla de la enor­me cul­tu­ra de la lucha por la inde­pen­den­cia y de la lucha de cla­ses, pero de «otra lucha por la inde­pen­den­cia» y «otra lucha de cla­ses»… Ya Tous­sant L’Ouverture, y su haza­ña de los escla­vos insur­gen­tes en Hai­tí, demos­tró, en medio de la tra­ge­dia, que el escla­vo que se libe­ra en un país colo­nial no se libe­ra, pues siem­pre vie­nen los ejér­ci­tos de los napo­leo­nes a aca­bar con el pro­yec­to libe­ra­dor del esclavo.

El mis­mo pro­ble­ma se plan­tea a otra esca­la, no sólo en las comu­ni­da­des de ori­gen indí­ge­na de la pri­me­ra con­quis­ta, sino en las comu­ni­da­des nacio­na­les: el pro­ble­ma de com­bi­nar las luchas de las comu­ni­da­des por la auto­no­mía con las luchas por la inde­pen­den­cia de las nacio­nes. Pues ni unas ni otras se libe­ran si no se juntan.

En el caso de Cuba, la solu­ción apa­re­ce en la con­jun­ción muy seria y pro­fun­da de Marx y de Mar­tí. Así como los zapa­tis­tas toman la pala­bra y el con­cep­to de dig­ni­dad como for­ma de enfren­tar­se a la dic­ta­du­ra del poder, así los cuba­nos dan a la moral un sen­ti­do polí­ti­co de orga­ni­za­ción de la resis­ten­cia y de moral de lucha que inte­gra la arti­cu­la­ción, coope­ra­ción, soli­da­ri­dad, fra­ter­ni­dad o de her­man­dad prac­ti­ca­das, que no se que­da en un decir, que no se que­da en la mora­li­na de la que habla­ba Bene­det­ti, sino que se vuel­ve una reali­dad capaz de enfren­tar sus pro­pias con­tra­dic­cio­nes y las que acti­va el enemigo.

La gen­te que en polí­ti­ca no tie­ne esta prác­ti­ca de la moral cree que todo esto son ton­te­ras, o que nada más esta­mos hablan­do. Pero ahí está una reali­dad que no pode­mos igno­rar… La moral de la lucha por la inde­pen­den­cia orga­ni­za­da con la lucha de cla­ses y con la lucha por el socia­lis­mo y la liber­tad. Y, vol­vien­do a nues­tro tema y su situa­ción actual, adver­ti­mos cómo al abrir­se y arti­cu­lar­se a la diver­si­dad del mun­do y de Méxi­co, como lo aca­ba de hacer el movi­mien­to zapa­tis­ta, tene­mos que plan­tear­nos el pro­ble­ma de las resis­ten­cias fren­te a la nue­va ofen­si­va de coop­ta­ción, corrup­ción e inti­mi­da­ción de las cor­po­ra­cio­nes y com­ple­jos y de sus aso­cia­dos y subor­di­na­dos. Si éstos duran­te un tiem­po pri­vi­le­gia­rán el diá­lo­go para la coop­ta­ción, no por sus dul­ces voces deja­rán de tener escon­di­do un gran garro­te, como dijo aquél. Man­te­ner la dig­ni­dad con la capa­ci­dad de diá­lo­go y la fir­me­za con la capa­ci­dad de lucha eman­ci­pa­do­ra será crucial.

Por las expe­rien­cias ante­rio­res vamos tam­bién a con­fir­mar que, apar­te de las carac­te­rís­ti­cas de reco­lo­ni­za­ción del mun­do que mues­tra el capi­ta­lis­mo, su cri­sis va acom­pa­ña­da de una cri­sis de la mone­da, del sala­rio, del cré­di­to y del modo de acu­mu­la­ción. Con eso no quie­ro decir que vaya a otro modo de acu­mu­la­ción, o que se va a repe­tir lo que ocu­rrió en cri­sis ante­rio­res, sino mues­tra una y otra vez su ten­den­cia a las polí­ti­cas de depre­da­ción, depau­pe­ra­ción, pri­va­ti­za­ción, des­na­cio­na­li­za­ción, que por sen­ti­do común ena­je­na­do están lle­van­do a los «eje­cu­ti­vos» de cor­po­ra­cio­nes y a los «eje­cu­ti­vos de gobier­nos» a posi­cio­nes cada vez más agre­si­vas, corrup­to­ras, pri­va­ti­za­do­ras y desreguladoras…

En cri­sis ante­rio­res tam­bién exis­tió una com­bi­na­ción de los modos de acu­mu­la­ción depre­da­do­ra con los modos de acu­mu­la­ción sala­rial. La depre­da­ción o la explo­ta­ción de colo­nias, la ocu­pa­ción de terri­to­rios y paí­ses ente­ros se hizo en cri­sis ante­rio­res. Aho­ra es mucho más serio que se haga por­que la con­tra­dic­ción entre el modo de domi­na­ción y acu­mu­la­ción capi­ta­lis­ta enfren­ta una cri­sis de sus pro­pias soluciones.

Por una par­te está en cri­sis el pro­yec­to del impe­ria­lis­mo úni­co o domi­nan­te que duran­te un tiem­po tuvo Esta­dos Uni­dos. Ese pro­yec­to falló –como lo ha ana­li­za­do y demos­tra­do Wallers­tein– y está en cri­sis irre­ver­si­ble. Se están for­man­do dos blo­ques, infor­mes toda­vía, pero uno y otro mane­ja­dos por aque­llo que Roo­se­velt temía mucho. El pre­si­den­te Roo­se­velt dijo algu­na vez: «Le temo más a los nego­cios orga­ni­za­dos que al cri­men orga­ni­za­do». Se que­dó cor­to, por­que aho­ra se jun­tó el nego­cio orga­ni­za­do con el cri­men organizado.

Todo reve­la una cri­sis muy fuer­te que no sólo se da en Esta­dos Uni­dos o Euro­pa, sino en Rusia y en Chi­na, cuya capa­ci­dad de pro­duc­ción es inmen­sa y cuya capa­ci­dad de des­truc­ción tam­bién es fatal. En la teo­ría del Pen­tá­gono se habló des­de los cua­ren­tas de la gue­rra ató­mi­ca como «gue­rra de des­truc­ción mutua ase­gu­ra­da». No se tra­ta­ba de una «doc­tri­na» como algu­nos de sus «exper­tos» pre­ten­den hoy era y es un hecho. Ya era un hecho enton­ces y es mucho peor aho­ra. Si se ha deja­do de hablar del mis­mo no es por­que sea menor, sino por­que es peor. Hace más de medio siglo las bom­bas ató­mi­cas fue­ron supe­ra­das en su poder letal por las nuclea­res, y en todo este tiem­po se mejo­ra­ron los sis­te­mas de lan­za­mien­to terres­tre y extra­te­rres­tre, aéreo y marí­ti­mo, así como los meca­nis­mos auto­di­ri­gi­dos. Y no sólo pro­li­fe­ra­ron las bom­bas en tie­rras, cie­los y mares, sino en el núme­ro de paí­ses que dis­po­nen de ellas, y en el tama­ño cada vez más peque­ño a que las nue­vas tec­no­lo­gías han contribuido.

Si la pro­duc­ción para una gue­rra nuclear supues­ta­men­te defen­si­va «sigue su mar­cha» es por­que las bom­bas nuclea­res y todos los apa­ra­tos que sir­ven para la gue­rra son un nego­cio gigan­tes­co, y son el motor prin­ci­pal de la eco­no­mía de las gran­des poten­cias. Con­tro­lar las cri­sis recu­rren­tes con una gue­rra mun­dial es el impo­si­ble que no se pue­de hacer posible.

Hay otra cri­sis, la de la socie­dad del cono­ci­mien­to. Es la cri­sis del cono­ci­mien­to de los rulers, de los due­ños y seño­res de cor­po­ra­cio­nes y com­ple­jos, ya sean geren­tes de las mega­em­pre­sas, o jefes de gobier­nos redu­ci­dos a geren­tes de sus paí­ses. Todos ellos bus­can que ven­ga el capi­tal «cor­po­ra­ti­vo a sal­var­nos», por­que diz­que «va a crear empleo», cuan­do ya se sabe que por cada empleo que las cor­po­ra­cio­nes crean se pier­den cien­tos entre los peque­ñas y media­nas empre­sas y has­ta en los tra­ba­jos de los arte­sa­nos y ven­de­do­res de la calle. A sabien­das de eso el men­ti­ro­so argu­men­to se usa has­ta por los gobier­nos que se dicen socia­lis­tas, que ponen en mar­cha polí­ti­cas para «ser com­pe­ti­ti­vos» a cos­ta de los tra­ba­ja­do­res y las juven­tu­des y de los habi­tan­tes de la tie­rra, de los sue­los y sub­sue­los, de las fuen­tes de agua y las fuen­tes de vida. El arte glo­ba­li­za­do de gober­nar con­sis­te en ocul­tar la reali­dad para cons­truir la socie­dad del desconocimiento.

No sólo se da la cri­sis de la corrup­ción y la repre­sión, de la polí­ti­ca per­fec­cio­na­da de «la zanaho­ria y el garro­te», de las armas y la eco­no­mía de gue­rra, sino del con­jun­to de la vida y del pro­yec­to huma­nis­ta reli­gio­so o lai­co. Y es en esas cir­cuns­tan­cias que el zapa­tis­mo, con sus comu­ni­da­des y los adhe­ren­tes que se suman a los de aba­jo y a la izquier­da del mun­do ente­ro, bus­ca des­ha­cer­se de las cade­nas pos­mo­der­nas del capi­tal mono­pó­li­co y sus panegiristas.

En el nue­vo encuen­tro con Méxi­co y el mun­do tene­mos que dar­nos cuen­ta de que no pode­mos exi­gir a todas las fuer­zas que luchan por la liber­tad huma­na que luchen con la mis­ma posi­ción polí­ti­ca que tene­mos. Como se pue­de adver­tir en la lec­tu­ra que se hizo del comu­ni­ca­do, hay ele­men­tos par­ti­cu­la­res en este país que no se dan en otros paí­ses y otros que sí se dan.

Den­tro de la gama de la resis­ten­cia uni­ver­sal vemos cómo la más avan­za­da es Cuba que, más que la últi­ma revo­lu­ción mar­xis­ta, es la pri­me­ra del nue­vo tipo, en la que… si el pro­ce­so se ini­cia des­de arri­ba y a la izquier­da, crea la lógi­ca revo­lu­cio­na­ria de que el Esta­do y quie­nes lo cons­tru­yen tie­nen un papel peda­gó­gi­co muy sig­ni­fi­ca­ti­vo para que todo el pue­blo sepa lo que saben las van­guar­dias y para que estas apren­dan lo que saben sus pue­blos. Nun­ca debe­mos olvi­dar­lo: si en 1959 había unos cien­tos de seres huma­nos que sabían de todos estos pro­ble­mas, aho­ra son millo­nes de cuba­nos los que saben de todos estos pro­ble­mas, y eso no es cual­quier cosa.

A par­tir de un movi­mien­to eman­ci­pa­dor, indu­da­ble en la impor­tan­cia que da a la cons­truc­ción del poder del pue­blo tra­ba­ja­dor, pode­mos ver a otros paí­ses, como el nues­tro, y ver lo que de par­ti­cu­lar y gene­ral hay en otros movi­mien­tos. El EZLN, pri­me­ro se levan­tó en armas y tomó varias ciu­da­des; des­pués acep­tó dia­lo­gar. Antes de los diá­lo­gos de San Andrés tomó una medi­da extra­or­di­na­ria –que en gran par­te se debe a don Samuel Ruiz– quien con­tri­bu­yó a que se sus­pen­die­ra el fue­go en una gue­rra que ape­nas esta­ba por empe­zar. Ese hecho fue en ver­dad extra­or­di­na­rio y en él, y siem­pre, el EZLN mos­tró su voca­ción de paz.

Es lo más raro en la his­to­ria de la huma­ni­dad que dos ejér­ci­tos que están a pun­to de ini­ciar una gue­rra fir­men un pac­to de no agre­sión y digan «vamos a hablar». Vinie­ron los diá­lo­gos de Cate­dral pri­me­ro. Des­pués los diá­lo­gos en el eji­do de San Miguel. Des­pués los diá­lo­gos de San Andrés. Hubo un momen­to en que se acep­tó la lucha en el terreno de la paz. Pero, ¿qué pasó con esa lucha? La trai­cio­na­ron todos los par­ti­dos y tam­bién la trai­cio­nó el gobierno.

Enton­ces el EZLN dijo «aho­ra nos ence­rra­mos», pero nun­ca su pro­yec­to fue nada más luchar aba­jo y a la izquier­da. No, si pode­mos luchar arri­ba, tam­bién vamos a luchar arri­ba. El pro­ble­ma es man­te­ner los prin­ci­pios fun­da­men­ta­les de la dig­ni­dad y la auto­no­mía, de la demo­cra­cia como gobierno del pue­blo con el pue­blo y sus luchas por la jus­ti­cia y liber­tad, y de man­te­ner, con esos prin­ci­pios, una gran dis­ci­pli­na como la que mos­tra­ron los zapa­tis­tas en el des­fi­le orga­ni­za­do y des­ar­ma­do que hicie­ron como una nue­va car­ta de pre­sen­ta­ción de su voca­ción de paz. El orden impe­ca­ble que mos­tra­ron el 2l de diciem­bre con­fir­mó una dife­ren­cia fun­da­men­tal con la mani­fes­ta­ción de los jóve­nes estu­dian­tes, en cuyas filas se pudie­ron meter los tra­di­cio­na­les agen­tes pro­vo­ca­do­res. En estas filas no se podía meter ni un insec­to provocador.

Los cam­bios que se dan en los movi­mien­tos de que es pio­ne­ro el EZLN no pro­vie­nen de posi­cio­nes teó­ri­cas o emo­cio­na­les, sino de teo­rías expe­ri­men­ta­das y de expe­rien­cias pen­sa­das. En este momen­to his­tó­ri­co con­fir­man la posi­bi­li­dad de defi­nir la lucha como un pro­yec­to de demo­cra­cia orga­ni­za­da, de auto­no­mía orga­ni­za­da, de liber­tad que for­ta­le­ce y cui­da la orga­ni­za­ción del pen­sa­mien­to, de la dig­ni­dad y de la volun­tad colec­ti­va y com­ba­ti­va, y en que todos los acto­res cum­plen con su palabras.

En un pro­ce­so seme­jan­te y dis­tin­to de los nue­vos movi­mien­tos de libe­ra­ción se encuen­tran otros paí­ses que están en la resis­ten­cia fren­te al pro­yec­to colo­ni­za­dor de las cor­po­ra­cio­nes y los com­ple­jos. Entre ellos, a la cabe­za, está Vene­zue­la –pue­do equi­vo­car­me – ; tam­bién se encuen­tra Boli­via –con más con­tra­dic­cio­nes y difi­cul­ta­des – , y qui­zás Ecua­dor. Pero hay otros que están resis­tien­do, como Uru­guay, con la gran fuer­za de una demo­cra­cia muy vin­cu­la­da a la cul­tu­ra socia­lis­ta y mar­xis­ta. Se encuen­tran tam­bién quie­nes en Argen­ti­na de pron­to se enfren­tan a la toma de las islas Mal­vi­nas por el impe­rio bri­tá­ni­co, y no sólo se enfren­tan a la deu­da exter­na, sino can­ce­lan la deu­da exter­na. Se tra­ta de resis­ten­cias nue­vas en las que no esta­mos inser­tos, pero que tene­mos que res­pe­tar y alen­tar para el triun­fo sobre sus con­tra­dic­cio­nes inter­nas y exter­nas con la for­ma­ción de un Esta­do-pue­blo en que se orga­ni­cen, has­ta tener la inmen­sa mayo­ría, la fuer­za de la inde­pen­den­cia de los tra­ba­ja­do­res, de las comu­ni­da­des y de la juven­tud, todos lis­tos a triun­far sobre la corrup­ción y la intimidación.

Tene­mos que apren­der a acer­car­nos a un mun­do que es diver­so, que es dis­tin­to, pero que tie­ne pro­ble­mas pare­ci­dos y que pue­de luchar de mane­ras dife­ren­tes. Tam­bién tene­mos que seguir superan­do nocio­nes como la del poder en abs­trac­to, y pen­sar que si el poder es nues­tro, lo vamos a hacer muy dis­tin­to de quie­nes lo tie­nen. Por eso es que el sub­co­man­dan­te habla, con esa capa­ci­dad de expre­sión que domi­na, de «otra demo­cra­cia muy otra». Vamos a hacer un muy otro poder. «Muy otro» no tie­ne nada que ver con el poder de las cor­po­ra­cio­nes y el poder del cri­men orga­ni­za­do, o con el poder de los para­mi­li­ta­res y con el que le da la «subro­ga­ción» de tra­ba­ja­do­res a las cor­po­ra­cio­nes… Es otro poder: el poder del mun­do moral y combativo…

No podría dete­ner­me sin decir­les lo agra­de­ci­do que estoy con los com­pa­ñe­ros de esta uni­ver­si­dad mag­ní­fi­ca, y sin pedir­les que estu­die­mos mucho más a fon­do el pen­sa­mien­to de los zapa­tis­tas como un pen­sa­mien­to que vie­ne de la expe­rien­cia uni­ver­sal del ser humano y de la expe­rien­cia que ellos, como des­cen­dien­tes de los pue­blos mayas y de las rebe­lio­nes uni­ver­sa­les han teni­do y tie­nen en su lucha por la demo­cra­cia, por la jus­ti­cia y la libertad.

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