Men­sa­je del Pre­si­den­te Hugo Chá­vez a la CELAC

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El pre­si­den­te vene­zo­lano, Hugo Chá­vez Frías, envió una car­ta a los repre­sen­tan­tes de los paí­ses pre­sen­tes en la Cum­bre de Esta­dos Lati­no­ame­ri­ca­nos y Cari­be­ños (Celac), que se cele­bra este lunes en San­tia­go de Chi­le. La misi­va fue leí­da por el Vice­pre­si­den­te Eje­cu­ti­vo, Nico­lás Maduro.

A con­ti­nua­ción el tex­to íntegro:

MENSAJE DEL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA HUGO CHÁVEZ FRÍAS A LA CUMBRE DE LA COMUNIDAD DE ESTADOS LATINOAMERICANOS Y CARIBEÑOS


Her­ma­nas y hermanos:

En nom­bre del Pue­blo de Vene­zue­la, reci­ban un fer­vo­ro­so salu­do boli­va­riano jun­to con el vivo tes­ti­mo­nio de her­man­dad hacia cada uno de los Pue­blos de la Patria Gran­de. En reali­dad y en ver­dad, lamen­to no poder acu­dir a esta cita en San­tia­go de Chi­le. Como es del cono­ci­mien­to de todas y todos uste­des, des­de diciem­bre del año pasa­do estoy bata­llan­do nue­va­men­te por mi salud en la Cuba revo­lu­cio­na­ria y her­ma­na. Por eso, estas líneas son la mane­ra de hacer­me pre­sen­te en esta Cum­bre de la Comu­ni­dad de Esta­dos Lati­no­ame­ri­ca­nos y Cari­be­ños; son la mane­ra de reafir­mar, hoy más que nun­ca, el com­pro­mi­so vivo y acti­vo de Vene­zue­la con la cau­sa his­tó­ri­ca de la Unión.

Impo­si­ble no sen­tir a Simón Bolí­var pal­pi­tan­do entre noso­tros en esta Cum­bre de la Uni­dad. Impo­si­ble no evo­car a Pablo Neru­da, a Pablo de Chi­le y de Amé­ri­ca, en esta tie­rra y en este pre­sen­te de Patria Gran­de del que esta­mos hechos: Liber­ta­dor, un mun­do de paz nació en tus brazos./ La paz, el pan, el tri­go de tu san­gre nacieron,/ de nues­tra joven san­gre veni­da de tu sangre/​sal­drán paz, pan y tri­go para el mun­do que haremos.

Bolí­var, siem­pre Bolí­var. En este 2013 esta­mos con­me­mo­ran­do el Bicen­te­na­rio de la Cam­pa­ña Admi­ra­ble: 200 años de aque­lla pro­di­gio­sa ges­ta boli­va­ria­na. El 14 de mayo de 1813 un Ejér­ci­to de neo­gra­na­di­nos y vene­zo­la­nos par­tió des­de Cúcu­ta al man­do del enton­ces Bri­ga­dier Simón Bolí­var, avan­zan­do con una pro­di­gio­sa rapi­dez, com­ba­tió y ven­ció en Niqui­tao, Los Hor­co­nes y Tagua­nes para libe­rar el cen­tro y el occi­den­te de Vene­zue­la, entran­do triun­fal­men­te el 6 de agos­to de aquel año de glo­ria en Cara­cas. La vic­to­ria mili­tar de los patrio­tas tuvo una tras­cen­den­te con­se­cuen­cia polí­ti­ca: el naci­mien­to de la II Repú­bli­ca de Venezuela.

Por eso con un recuer­do vivo, quie­ro com­par­tir con uste­des una cer­te­za: gra­cias a la CELAC ya nos vamos pare­cien­do a todo lo que una vez fui­mos y a todo lo que qui­si­mos ser pero nos fue arre­ba­ta­do; nos vamos pare­cien­do a la Pacha­ma­ma, a la cin­tu­ra cós­mi­ca del Sur, a la rei­na de las Nacio­nes y la madre de las Repúblicas.

El espí­ri­tu de la uni­dad ha vuel­to con toda su fuer­za; es el espí­ri­tu de nues­tros Liber­ta­do­res y Liber­ta­do­ras que ha reen­car­na­do en los Pue­blos de Nues­tra Amé­ri­ca Latino Cari­be­ña; es el espí­ri­tu en el que con­flu­yen muchas voces para hablar con una sola voz. Fue el entra­ña­ble espí­ri­tu de la Cum­bre de Amé­ri­ca Lati­na y del Cari­be que le dio naci­mien­to a la CELAC en Cara­cas; es el entra­ña­ble espí­ri­tu de esta Cum­bre en San­tia­go de Chile.

Des­de aquel diciem­bre de 2011, cuan­do fun­da­mos en Cara­cas la CELAC, los acon­te­ci­mien­tos mun­dia­les no han hecho más que rati­fi­car la extra­or­di­na­ria impor­tan­cia del gran paso hacia ade­lan­te que dimos. Ahí está la cri­sis gol­pean­do a EEUU y a Euro­pa y arro­jan­do a la mise­ria a miles de seres huma­nos. Miles de muje­res, hom­bres, niñas y niños han per­di­do sus casas, sus empleos, su segu­ri­dad social, sus más ele­men­ta­les dere­chos. Mien­tras que EEUU y Euro­pa, para­fra­seo al emi­nen­te filó­so­fo Ernes­to Laclau, están come­tien­do un sui­ci­dio colec­ti­vo, noso­tros esta­mos capean­do el tem­po­ral, y lo vamos a capear defi­ni­ti­va­men­te. Somos, hoy por hoy, ejem­plo para el mun­do de uni­dad en la diver­si­dad, en fun­ción de la jus­ti­cia, el bien­es­tar social y la felicidad.

A un año y casi dos meses de su cons­ti­tu­ción en Cara­cas, la CELAC ha sabi­do plan­tar­se con un carác­ter y una per­so­na­li­dad bien defi­ni­das, lejos de cual­quier dic­ta­men o pre­ten­sión aje­na a sus prin­ci­pios y pos­tu­la­dos. Hoy más que nun­ca pode­mos decir que cuan­do afir­ma­mos que hemos reem­pren­di­do real y ver­da­de­ra­men­te El Camino De Nues­tros Liber­ta­do­res, lema que iden­ti­fi­ca a esta Comu­ni­dad, no está­ba­mos hacien­do una retó­ri­ca y vana decla­ra­ción. Aho­ra bien, tan tras­cen­den­te lema exi­ge que lo lle­ne­mos cada día de más y más con­te­ni­do his­tó­ri­co, polí­ti­co, eco­nó­mi­co y social.

Por eso hoy rati­fi­ca­mos la denun­cia y la con­de­na del ver­gon­zo­so blo­queo impe­rial a la Cuba mar­tia­na y revo­lu­cio­na­ria; la con­ti­nua colo­ni­za­ción y, aho­ra, la mili­ta­ri­za­ción pro­gre­si­va de las Islas Mal­vi­nas, ambos hechos son vio­la­to­rios de todas las reso­lu­cio­nes que ha emi­ti­do ONU para sal­va­guar­dar los dere­chos de los Pue­blos cubano y argen­tino, pero sin volun­tad algu­na de par­te de este orga­nis­mo supra­na­cio­nal para hacer­las cum­plir. La jus­ti­cia está incon­tes­ta­ble­men­te del lado de Cuba y de la Argen­ti­na. Si somos una Nación de Repú­bli­cas, nues­tra sobe­ra­nía es la de toda la Patria Gran­de, y debe­mos hacer­la respetar.

Cuan­do resue­na el fúne­bre soni­do de los tam­bo­res de la gue­rra en el mun­do, cuán­to valor tie­ne que los Esta­dos de Amé­ri­ca Lati­na y el Cari­be este­mos crean­do una zona de paz don­de se res­pe­te celo­sa­men­te el dere­cho inter­na­cio­nal y se rei­vin­di­que la solu­ción polí­ti­ca y nego­cia­da de los con­flic­tos. Tene­mos el deber de ante­po­ner a la lógi­ca de la gue­rra una cul­tu­ra de la paz, sus­ten­ta­da en la jus­ti­cia y en la igualdad.

La CELAC es el pro­yec­to de unión polí­ti­ca, eco­nó­mi­ca, cul­tu­ral y social más impor­tan­te de nues­tra his­to­ria con­tem­po­rá­nea. Tene­mos todo el dere­cho de sen­tir­nos orgu­llo­sos: la Nación de Repú­bli­cas, como la lla­ma­ba el Liber­ta­dor Simón Bolí­var, ha comen­za­do a per­fi­lar­se como una her­mo­sa y feliz realidad.

Cómo no recor­dar, otra vez, la voz de Neru­da cuan­do nos dice des­de su memo­ra­ble poe­ma Altu­ras de Machu Pic­chu: Sube a nacer con­mi­go, her­mano. Suba­mos, her­ma­nas y her­ma­nos, por­que ha lle­ga­do la hora de nacer de nue­vo, con toda la memo­ria y todo el por­ve­nir ilu­mi­nan­do el presente.

Los sagra­dos pro­pó­si­tos, las rela­cio­nes fra­ter­nas, y los intere­ses comu­nes que unen entre sí a las Repú­bli­cas de Nues­tra Amé­ri­ca Latino Cari­be­ña, tie­nen en la CELAC una base fun­da­men­tal no sólo para garan­ti­zar la esta­bi­li­dad de los Gobier­nos que nues­tros Pue­blos se han dado, sino la sobe­ra­nía y, digá­mos­lo con Jor­ge Luis Bor­ges, la per­pe­tui­dad de cada una de nues­tras Patrias.

Lar­go y difí­cil ha sido nues­tro común tran­si­tar des­de que nos enfren­ta­mos al impe­rio espa­ñol en el siglo XIX. Y la lucha por la Inde­pen­den­cia, la lucha que hoy con­ti­núa, estu­vo liga­da indi­so­lu­ble­men­te liga­da, en el pen­sa­mien­to y la acción de nues­tros Liber­ta­do­res y Liber­ta­do­ras, a la lucha por la uni­dad; por la cons­truc­ción de la Patria Gran­de sobre los más sóli­dos cimien­tos. Recor­de­mos a Bolí­var: Una sola debe ser la patria de todos los ame­ri­ca­nos, ya que en todo hemos teni­do una per­fec­ta uni­dad. Pero las oli­gar­quías le cerra­ron el paso al pro­yec­to his­tó­ri­co uni­ta­rio, y el cos­to toda­vía lo esta­mos pagan­do. Tie­ne razón el escri­tor argen­tino Nor­ber­to Galas­so: Lo que pudo ser la vic­to­ria de la Patria Gran­de se con­vir­tió en las vein­te derro­tas de las patrias chi­cas. Esta his­to­ria no debe repe­tir­se. Pon­go toda mi con­vic­ción al reite­rar unas pala­bras que dije en Cara­cas el his­tó­ri­co 2 de diciem­bre de 2011 al nacer la CELAC: ¡O somos una Patria, o no sere­mos Patria! ¡O hace­mos la úni­ca Patria Gran­de, o no habrá Patria para nadie en estas tierras!

Cómo no reco­no­cer­nos en estas pala­bras que el Liber­ta­dor Ber­nar­do O’Hig­gins, el gran dis­cí­pu­lo del inmen­so Fran­cis­co de Miran­da, le escri­bie­ra a Bolí­var en 1818: La cau­sa que defien­de Chi­le es la mis­ma en que se hallan com­pro­me­ti­dos Bue­nos Aires, la Nue­va Gra­na­da, Méxi­co y Vene­zue­la, o, mejor diría­mos, es la de todo el con­ti­nen­te de Colombia.

Todo cuan­to haga­mos por la uni­dad no sólo esta­rá jus­ti­fi­ca­do por la his­to­ria sino que ade­más se con­ver­ti­rá en el más lumi­no­so lega­do que poda­mos dejar­les a las nue­vas gene­ra­cio­nes. Igual­men­te, esta­re­mos hon­ran­do acti­va­men­te la memo­ria de nues­tros Liber­ta­do­res y Liber­ta­do­ras. En la CELAC, como que­ría Bolí­var, hemos vuel­to a ser una sola Patria.

Quie­ro evo­car con uste­des unas pala­bras del sabio Andrés Bello, tan entra­ña­ble­men­te chi­leno como vene­zo­lano, quien no sólo fue el pio­ne­ro del Dere­cho Inter­na­cio­nal en Nues­tra Amé­ri­ca, sino, tam­bién, el pri­mer juris­ta en el mun­do en dar­le cuer­po doc­tri­nal a los orga­nis­mos mul­ti­la­te­ra­les de inte­gra­ción y uni­dad. Des­de el siglo XIX, este gran for­ja­dor de nues­tra Inde­pen­den­cia inte­lec­tual nos sigue mar­can­do el camino: La ten­den­cia del siglo que vivi­mos es a mul­ti­pli­car los pun­tos de con­tac­to entre los pue­blos, a unir­los, a fra­ter­ni­zar­los, a hacer de todo el géne­ro humano una sola fami­lia. Resis­tir esa ten­den­cia es des­cen­der en la esca­la de la civi­li­za­ción. Mi con­vic­ción es que la ten­den­cia del siglo XXI debe ser la mis­ma que la enun­cia­da, con tan­ta luci­dez, por Bello.

La gran polí­ti­ca tie­ne en la CELAC un sóli­do espa­cio para su rea­li­za­ción. Se ha pues­to elo­cuen­te­men­te de mani­fies­to que Nues­tra Amé­ri­ca Latino Cari­be­ña es capaz de ver­se y pen­sar­se a sí mis­ma y al mun­do con ple­na auto­no­mía, y de actuar conjuntamente.

La gran polí­ti­ca supo­ne un apren­di­za­je per­ma­nen­te: es apren­der a con­vi­vir con nues­tras dife­ren­cias, acep­tar­las y pro­ce­sar­las, bus­can­do siem­pre la mejor mane­ra de com­ple­men­tar­nos. La gran polí­ti­ca impi­de que la intri­ga nos divi­da. No olvi­de­mos aque­lla dolo­ro­sa adver­ten­cia de Bolí­var: Más hace un intri­gan­te en un día que cien hom­bres de bien en un mes.

Pero estoy per­sua­di­do de que, en esta hora este­lar de nues­tra his­to­ria, fra­ca­sa­rán quie­nes inten­ten des­viar­nos; que pre­va­le­ce­rá, lo digo con Bolí­var, el bien ines­ti­ma­ble de la unión; que el mon­roís­mo des­apa­re­ce­rá defi­ni­ti­va­men­te como ins­tru­men­to de opre­sión, domi­na­ción y des­unión en este lado del mundo.

Estas ilu­mi­na­do­ras pala­bras, en una línea cla­ra­men­te boli­va­ria­na, del gran pen­sa­dor argen­tino Jor­ge Abe­lar­do Ramos en su His­to­ria de la Nación Lati­no­ame­ri­ca­na (1968), deben lla­mar­nos a la refle­xión: El sub­de­sa­rro­llo como dicen aho­ra los téc­ni­cos o cien­tí­fi­cos socia­les, no posee un carác­ter pura­men­te eco­nó­mi­co o pro­duc­ti­vo. Revis­te un sen­ti­do inten­sa­men­te his­tó­ri­co. Es el fru­to de la frag­men­ta­ción lati­no­ame­ri­ca­na. Lo que ocu­rre, en sín­te­sis, es que exis­te una cues­tión nacio­nal sin resol­ver. Amé­ri­ca Lati­na no se encuen­tra divi­di­da por­que es “sub­de­sa­rro­lla­da” sino que es “sub­de­sa­rro­lla­da” por­que está divi­di­da. El sub­de­sa­rro­llo es hijo de la divi­sión, y, por eso mis­mo, es deci­si­vo resol­ver la cues­tión nacio­nal nues­tro­ame­ri­ca­na en los pró­xi­mos años. Hoy con­ta­mos con todas las con­di­cio­nes obje­ti­vas y sub­je­ti­vas para hacerlo.


Que­ri­dos her­ma­nos y hermanas:

Me voy a dete­ner bre­ve­men­te en algu­nos pun­tos de la agen­da de la CELAC. Dejo otros por fue­ra para no alar­gar más este mensaje.

Pien­so que es del todo deci­si­vo dar­le el más rigu­ro­so cum­pli­mien­to a dos gran­des com­pro­mi­sos socia­les, inclui­dos den­tro del Plan de Acción de Cara­cas, para que la CELAC ten­ga valor de exis­ten­cia para nues­tros Pue­blos: hablo del desa­rro­llo del Pro­gra­ma Lati­no­ame­ri­cano y Cari­be­ño de Alfa­be­ti­za­ción y del Pro­gra­ma Lati­no­ame­ri­cano y Cari­be­ño de Erra­di­ca­ción del Hambre.

La úni­ca res­pues­ta a la cri­sis que han encon­tra­do los paí­ses del Pri­mer Mun­do ha sido el recor­te del gas­to social y de la inver­sión públi­ca. Des­de la CELAC, noso­tros pode­mos sos­te­ner el cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co con una fuer­te inver­sión social, acor­dan­do una agen­da común para la igual­dad y para el reco­no­ci­mien­to al dere­cho uni­ver­sal que tie­ne cada uno de nues­tros ciu­da­da­nos, sin exclu­sión, a reci­bir salud y edu­ca­ción gratuitas.

Igual­men­te, urge con­sen­suar acuer­dos que nos per­mi­tan crear y lle­var ade­lan­te una agen­da ener­gé­ti­ca común. Con­ta­mos con una for­ta­le­za, de entra­da, para enfren­tar el pano­ra­ma extre­mo de un mun­do don­de las fuen­tes ener­gé­ti­cas tie­nen sus días con­ta­dos. Ingen­tes son los recur­sos de la región: sólo tene­mos que crear polí­ti­cas ade­cua­das que estén a la altu­ra de los dones que la natu­ra­le­za nos ha pro­di­ga­do. Allí está la expe­rien­cia exi­to­sa de PETROCARIBE para demos­trar que sí es posi­ble cons­truir una alian­za ener­gé­ti­ca con base en la reciprocidad.

Quie­ro para­fra­sear a Bolí­var: lo que hemos hecho es ape­nas un pre­lu­dio de la gran tarea a cum­plir para con­so­li­dar a nues­tra CELAC. Nun­ca antes había­mos con­ta­do con un esce­na­rio tan apro­pia­do. Mul­ti­pli­que­mos los efec­tos sen­si­bles y los esfuer­zos bien diri­gi­dos, lo digo con Bolí­var, para con­ver­tir a la CELAC en cen­tro de irra­dia­ción del nue­vo sis­te­ma de unión de los paí­ses de Amé­ri­ca Lati­na y el Caribe.

Que­ri­dos Jefes de Esta­do y de Gobierno:

Nos hemos com­pro­me­ti­do en dar­le todo el apo­yo a Cuba que ocu­pa, a par­tir de esta Cum­bre de San­tia­go, la Pre­si­den­cia Pro Tém­po­re de nues­tra Comu­ni­dad. Es un acto de jus­ti­cia lue­go de más 50 años de resis­ten­cia al cri­mi­nal blo­queo impe­rial. Amé­ri­ca Lati­na y el Cari­be le están dicien­do a Esta­dos Uni­dos con una sola voz que todos los inten­tos por ais­lar a Cuba han fra­ca­sa­do y fracasarán.

Qui­so el azar, y así que­da­ra en la his­to­ria, que pre­ci­sa­men­te el día de hoy, en que Cuba asu­me la pre­si­den­cia pro tem­po­re de la Comu­ni­dad de Esta­dos Lati­no­ame­ri­ca­nos y Cari­be­ños, se con­me­mo­ren 160 años del naci­mien­to del após­tol de la inde­pen­den­cia Cuba­na, y uno de los más gran­des boli­va­ria­nos de todos los tiem­pos: José Martí.

Sus pro­fé­ti­cas pala­bras aun resue­nan: “pue­blo y no pue­blos, deci­mos de inten­to, por no pare­cer­nos que hay más que uno del bra­vo a la Pata­go­nia. Una ha de ser, pues que lo es. Amé­ri­ca, aun cuan­do no qui­sie­ra ser­lo; y los her­ma­nos que pelean, jun­tos al cabo de una colo­sal nación espi­ri­tual, se ama­rán luego.”

Ha lle­ga­do el tiem­po de ese amor de Mar­tí, de ese amor de Bolí­var, el amor nuestroamericano.

Por eso, des­de mi cora­zón boli­va­riano, hago votos por el rotun­do éxi­to de esta Cum­bre de la CELAC. Aquí en La Haba­na esta­ré pen­dien­te de su desa­rro­llo. Con toda la luz de la Patria Gran­de que irra­dia hoy con más fuer­za en San­tia­go de Chi­le, vaya un infi­ni­to y fra­terno abra­zo para todas y todos.

Hugo Chá­vez Frías

Pre­si­den­te de la Repú­bli­ca Boli­va­ria­na de Venezuela

¡Has­ta la Vic­to­ria Siempre!

¡Que Viva la Unión de Nues­tros Pue­blos. Que Viva la CELAC!

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