Hugo Chá­vez los sigue vol­vien­do locos- Car­los Aznares

En algún momen­to de la his­to­ria recien­te vene­zo­la­na, alguien lan­zó la fra­se de que “Chá­vez los vuel­ve locos”. Se refe­ría a la opo­si­ción de ese país, a la que no sólo le cos­ta­ba asi­mi­lar la lis­ta inter­mi­na­ble de derro­tas elec­to­ra­les, sino que cuan­do pre­ten­dían embes­tir con­tra el Coman­dan­te boli­va­riano, siem­pre éste los deja­ba mal parados.

En esta oca­sión, pasó más de lo mis­mo. La fecha del 10 de enero, en la que Hugo Chá­vez debía cum­plir con la for­ma­li­dad de jurar por un nue­vo perío­do , se con­vir­tió en una nue­va reafir­ma­ción de apo­yo popu­lar. Por un lado, el pue­blo vene­zo­lano vol­vió a bajar de los cerros para dar­le fuer­za a su líder y gene­rar de esta for­ma, una adhe­sión para que se siga pro­fun­di­zan­do la Revo­lu­ción. Y por otra par­te, el país se lle­nó de visi­tan­tes lle­ga­dos des­de varios paí­ses de Lati­noa­mé­ri­ca y el Cari­be: pre­si­den­tes ami­gos, can­ci­lle­res, per­so­na­li­da­des varias, todos ellos y ellas res­pal­dan­do al man­da­ta­rio re-electo.

Chá­vez, obvia­men­te, anun­ció des­de La Haba­na que pos­ter­ga­ba la cere­mo­nia, debi­do a que sigue res­ta­ble­cién­do­se de una difí­cil ope­ra­ción, y que cuan­do sus médi­cos lo den de alta, jura­rá el car­go ante el Tri­bu­nal Supe­rior de Justicia.

De esta mane­ra, se man­tie­ne el hilo cons­ti­tu­cio­nal, y que­da des­ba­ra­ta­da una nue­va manio­bra opo­si­to­ra que pre­ten­día que, ante la ausen­cia del Pre­si­den­te, se hicie­ra con la Pre­si­den­cia el titu­lar de la Asam­blea Nacio­nal, Dios­da­do Cabe­llo. Éste no dudó en bur­lar­se de la pro­pues­ta dere­cho­sa, seña­lan­do que él ya fue pre­si­den­te pre­ci­sa­men­te cuan­do los gol­pis­tas inten­ta­ron derro­car a Chá­vez y les salió el tiro por la culata.

Que­dó evi­den­te que la opo­si­ción enca­be­za­da por Capri­les Radonsky, sabe poco de éti­ca y mucho menos de com­por­ta­mien­tos demo­crá­ti­cos. En estos días pasa­dos, no sólo se dedi­ca­ron a lan­zar fal­sas ver­sio­nes sobre la muer­te de Chá­vez, sino que pre­sio­na­ron a sec­to­res del empre­sa­ria­do y la Igle­sia para que adhie­ran a un paro gene­ral desestabilizador.

Ade­más, des­de las redes socia­les opo­si­to­ras, se hicie­ron sonar trom­pe­tas de gue­rra, inci­tan­do a la pobla­ción a “rebe­lar­se con­tra la dic­ta­du­ra” y “salir a la calle a luchar por la liberación”.

Sin embar­go, más allá de las expre­sio­nes de deseos mor­tuo­rios con que la mayo­ría de los medios vie­ne tra­tan­do la enfer­me­dad del Pre­si­den­te, lo úni­co cier­to es que su man­da­to sigue estan­do intacto.

Así lo dis­pu­so él mis­mo, antes de via­jar a Cuba, dele­gan­do el man­do en su Vice­pre­si­den­te Nico­lás Madu­ro, y dan­do con­fian­za para que fren­te a cual­quier impon­de­ra­ble, la tran­si­ción resul­te lo sufi­cien­te­men­te ordenada.

A esto se sumó la deci­sión de uni­fi­car cri­te­rios por par­te de sus cola­bo­ra­do­res más cer­ca­nos, como es el caso del pro­pio Madu­ro y de Dios­da­do Cabe­llo, pero tam­bién, y esto es muy impor­tan­te, se cuen­ta con el fir­me com­pro­mi­so de las Fuer­zas Arma­das Boli­va­ria­nas, de seguir acom­pa­ñan­do “el pro­ce­so de trans­for­ma­ción y avan­ce hacia el socialismo”.

Con estas coor­de­na­das ama­rra­das, ni la OEA (a la que la opo­si­ción pidió auxi­lio), ni los men­sa­jes “dra­má­ti­cos” de Capri­les, ni el anun­cia­do loc­kout patro­nal tie­nen nada que hacer. Chá­vez sigue vivien­do y gober­nan­do. Lo demás son fue­gos de arti­fi­cio, con pól­vo­ra mojada.

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