«Saca­ron una bol­sa con el supues­to explo­si­vo de unos mato­rra­les y dije­ron que era mía». Entre­vis­tan a Alfon­so Fer­nán­dez, «Alfon»,

El dia​rio​.es

Me reúno con Alfon­so Fer­nán­dez, “Alfon”, en Valle­cas, el barrio don­de siem­pre ha vivi­do y que estos días está empa­pe­la­do con cien­tos de car­te­les que rei­vin­di­can su pues­ta en liber­tad. En el pro­pio local don­de toma­mos un café, mien­tras char­la­mos, hay una pega­ti­na en la que se lee “Alfon libertad”.

El joven valle­cano lle­ga acom­pa­ña­do de Dai­ra, su novia, dete­ni­da con él duran­te la huel­ga gene­ral del 14 de noviem­bre y pues­ta dos días más tar­de en liber­tad con car­gos. Se besan y ella se va: “Ten­go mucho que estu­diar”, dice.

El ros­tro aún ani­ña­do de Alfon dela­ta su edad: 21 años. En los pri­me­ros minu­tos habla con cier­ta timi­dez, pero se va sol­tan­do a medi­da que trans­cu­rre la con­ver­sa­ción, de dos horas de duración.

Pre­gun­ta: ¿Qué pasó el 14 de noviem­bre, jor­na­da de huel­ga gene­ral, para que le detuvieran?

Res­pues­ta: Fue a pri­me­ra hora de la maña­na. Mi novia Dai­ra y yo está­ba­mos yen­do a bus­car a mi tío, mi madre esta­ba duchán­do­se, íba­mos a vol­ver para reco­ger­la e ir jun­tos al pique­te de coche­ras, como hemos hecho en todas las huelgas.

Había más gen­te, está­ba­mos en una calle entre la casa de mi tío y la mía, y enton­ces tres poli­cías secre­tas nos paran, nos piden la docu­men­ta­ción, acce­di­mos a entre­gár­se­la, nos pre­gun­ta­ron dón­de íba­mos, yo les dije que a casa de mi tío, está­ba­mos jus­to ya casi deba­jo de la ven­ta­na de la casa de mi tío, y enton­ces un poli­cía secre­ta, ves­ti­do de pai­sano, saca de unos mato­rra­les algo, una bol­sa, y me pre­gun­ta que dón­de voy con eso, que qué era eso que lle­va­ba yo ahí.

Sacan lo que hay den­tro de la bol­sa y vemos que era como una espe­cie de arte­fac­to case­ro o algo así, que tam­po­co creo que lle­ga­se a ser un explo­si­vo como dicen, no sé, era algo que tenía gaso­li­na y no sé qué más. Así que me dicen que si estoy loco, que dón­de voy con eso, yo les digo que se están equivocando.

En ese momen­to en esa calle había mucha gen­te, pero fue a noso­tros a quie­nes nos para­ron. Los tres secre­tas lla­ma­ron a otros y vinie­ron más poli­cías, muchos. La ver­dad es que Dai­ra fue muy valien­te, más valien­te que yo, aun­que yo tuve que hacer­me el duro en más de una oca­sión, pero yo creo que lo pasé peor que ella, por­que tam­bién esta­ba preo­cu­pa­do por ella. Fue muy valien­te, valien­te, valien­te. De allí nos lle­va­ron a la comi­sa­ría de Moratalaz.

P: ¿Qué les pre­gun­ta­ron en la comi­sa­ría, cómo fue el trato?

R: Hos­til, como cual­quier deten­ción en una comi­sa­ría. A las 17 horas de estar allí y des­pués de haber­nos toma­do las hue­llas repe­ti­das veces para com­pro­bar, supon­go, si esta­ban en la bol­sa del arte­fac­to explo­si­vo o como quie­ran lla­mar­lo, me saca­ron y me dije­ron que me fue­se con un señor, este señor era de la bri­ga­da de infor­ma­ción o la bri­ga­da polí­ti­co-social la lla­ma­ría yo, esta­ba enca­pu­cha­do espe­rán­do­me para entrar a una sala don­de había cua­tro más como él, todos con el ros­tro cubierto.

P: ¿En el inte­rro­ga­to­rio esta­ban con el ros­tro cubierto?

Sí, en nin­gún momen­to pude ver­les el ros­tro. En la comi­sa­ría hubo comen­ta­rios muy des­agra­da­bles, comen­ta­rios en los que decían que éra­mos pará­si­tos, vagos, comu­nis­tas, y cosas así. Los inte­rro­ga­to­rios fue­ron muy pesa­dos, a mí se me hizo muy duro, sobre todo tam­bién por la pre­sen­cia de Dai­ra en ellos. Estan­do solo lo habría vivi­do de otra mane­ra, más tran­qui­lo, pero al estar con mi com­pa­ñe­ra y ver­la en esa situa­ción, pues… ellos tam­bién lo apro­ve­cha­ron con­tra mí, y eso es lo que se me hizo más duro de lle­var, que tuvie­se que sufrir eso mi com­pa­ñe­ra y que ellos lo uti­li­za­sen con­tra mí.

P: ¿Cómo lo utilizaron?

R: Dicien­do que yo era un hijo de puta que no la que­ría, que lo que ella esta­ba pasan­do era por mi cul­pa, que yo era un mari­cón, y que no me la mere­cía, cosas así… Fue­ron los momen­tos más duros. Fue duran­te los regis­tros. Estan­do aún en comi­sa­ría cogie­ron las lla­ves de mi casa, las de Dai­ra y me comu­ni­ca­ron que iban a hacer regis­tros en la sede de Buka­ne­ros [gru­po de segui­do­res del equi­po de fút­bol del Rayo Valle­cano], en mi casa y en la de mi novia.

P: ¿Cómo fue­ron esos registros?

R: Nos tuvie­ron espo­sa­dos en Buka­ne­ros, pre­sen­cian­do el regis­tro, a mí me decían esas cosas sobre mi novia, ade­más había una cáma­ra de tele­vi­sión per­si­guién­do­me, eran del pro­gra­ma sen­sa­cio­na­lis­ta de Mer­ce­des Milá, per­si­guién­do­me todo el rato duran­te ese regis­tro, todos los poli­cías enca­pu­cha­dos, pare­cía de pelí­cu­la, una cosa increíble.

Lue­go ya subimos al coche y fui­mos a casa de Dai­ra don­de siguie­ron el regis­tro y don­de ya empe­za­ron a ver un poco que tenían un cir­co mon­ta­do y que se esta­ban equi­vo­can­do. Se lle­va­ron el orde­na­dor de casa de Dai­ra y lue­go fui­mos a mi casa y en mi casa se lle­va­ron mi móvil, no tenía orde­na­dor. Y ahí estu­vie­ron, sie­te poli­cías enca­pu­cha­dos regis­tran­do mi habi­ta­ción, miran­do las fotos de cuan­do tenía 6 años, 3 años… No sé qué que­rían encon­trar, explo­si­vos o algo, pero cla­ro, no encon­tra­ron nada pare­ci­do, y ya vol­vi­mos a comi­sa­ría y me devol­vie­ron a los calabozos.

P: ¿Les inte­rro­ga­ron jun­tos o por separado?

R: De todo, jun­tos y separados.

P: ¿Sabe si han encon­tra­do hue­llas en la bolsa?

R: No, no, no hay nada de huellas

P. ¿En la comi­sa­ría esta­ba solo en la celda?

R: Sí, yo en una cel­da y Dai­ra en otra. Pero podía­mos escu­char­nos, nos pre­gun­tá­ba­mos que qué tal, yo le decía que cómo esta­ba y que estu­vie­se bien, que estu­vie­se tranquila,que tenía­mos que espe­rar a que lle­ga­ra nues­tro abo­ga­do. Y eso es lo que hici­mos, espe­rar a que lle­ga­se y eso les enfa­dó mucho por­que está cla­ro que no que­rían nada bueno para nosotros

P: ¿Ya se ima­gi­na­ba que orde­na­rían su ingre­so en la cárcel?

Me dije­ron que si no cola­bo­ra­ba con ellos, si no les decía lo que ellos que­rían saber, me iba a comer el marrón y ellos se iban a ale­grar por­que yo era un hijo de puta. Eso me dije­ron, y ahí ya supe que la situa­ción era muy difí­cil y que podía aca­bar como acabó.

P: ¿Le dije­ron eso?

Sí, por­que cla­ro, ellos tie­nen archi­vos con miles de per­so­nas y de gen­te que está rela­cio­na­da con acti­vis­mo, mili­tan­cia o con orga­ni­za­cio­nes que rei­vin­di­quen dere­chos socia­les o cual­quier cosa que a ellos no les parez­ca bien. Y ellos sabían de mi his­to­rial, de mi mili­tan­cia en cier­tos colec­ti­vos, y ellos que­rían qui­tar­me del medio para dar un toque a la gen­te, como medi­da ejem­pla­ri­zan­te, para dejar cla­ro que ellos tie­nen el poder y están dis­pues­tos a usar­lo de cual­quier manera.

P: ¿Cuál es ese his­to­rial del que habla, había teni­do algún otro pro­ble­ma con la policía?

Sí, el 19 de junio de 2012, en Valle­cas. En este barrio se vive un esta­do poli­cial las 24 horas del día, el aco­so es cons­tan­te. Esta­mos acos­tum­bra­dos, la juven­tud sobre todo, a los cacheos y a los malos tra­tos por su par­te y aquél día tuve que sopor­tar que a mi tía la pega­sen una pali­za entre doce poli­cías, que la lle­va­sen a un calle­jón y le pisa­sen la cabe­za, le par­tie­sen cos­ti­llas, dedos de los pies, mora­to­nes por todo el cuer­po, hay fotos de todo esto.

Era un día nor­mal, nos pidie­ron de for­ma arbi­tra­ria la iden­ti­fi­ca­ción, aquí en Valle­cas es así, son poli­cías jóve­nes que están empe­zan­do y están muy cre­ci­dos, son muy chu­los, muy pre­po­ten­tes. Estu­vie­ron des­de el pri­mer momen­to con insul­tos y ame­na­zas. Como les exi­gi­mos otro tra­to, saca­ron ya las porras exten­si­bles, que son de ace­ro, y se lia­ron allí a gol­pes, y mi tía fue la peor para­da por­que fue la que menos se dejó mal­tra­tar y se la lle­va­ron a una calle y a mi tío y a mí nos lle­va­ron a otro lado, y ese fue el alter­ca­do, nos acu­san de aten­ta­do con­tra la auto­ri­dad pero todo el mun­do sabe qué pasó realmente.

P: ¿Qué edad tie­ne su tía?

38 años

P: ¿Lo denunciaron?

Sí, cla­ro. Esta­mos espe­ran­do a ver qué pasa, a ver qué dice la poli­cía, noso­tros tene­mos el infor­me foren­se don­de se ve refle­ja­do el tra­to. Y lue­go en comi­sa­ría reci­bi­mos insul­tos, nos dije­ron que no les enga­ñá­ra­mos, que éra­mos unos rojos de mier­da, que con noso­tros la solu­ción sería una sen­ten­cia de muer­te, y bueno, hubo pata­das, insul­tos, mal­tra­tos. Fue en la de Por­taz­go, en Valle­cas, aquí son comu­nes los mal­tra­tos y abu­sos a los dete­ni­dos, des­de bas­tan­te tiem­po atrás que pasa esto

P: Vol­vien­do al 14N. Dos días des­pués, el 16 de noviem­bre, les pusie­ron a dis­po­si­ción judicial.

R: Sí, nos lle­va­ron a Pla­za Cas­ti­lla. Decla­ra­mos los últi­mos, había muchos dete­ni­dos de la jor­na­da de huel­ga, pare­ce ser que la lucha fue muy inten­sa, había jóve­nes y no jóve­nes dete­ni­dos con­tán­do­me qué había pasa­do con la poli­cía, me con­ta­ron la pri­me­ra car­ga sin sen­ti­do que hubo, las deten­cio­nes absur­das a dedo por la calle, los car­gos inven­ta­dos, cada uno con­tan­do un poco su historia.

Lue­go nos lle­gó la infor­ma­ción de que habían lla­ma­do de dele­ga­ción del gobierno a alguien en Pla­za de Cas­ti­lla, alguien con poder para deci­dir y que tenía que ingre­sar en pri­sión. No podían meter­me por ries­go de fuga en pri­sión pre­ven­ti­va por­que ten­go arrai­go, tra­ba­jo con mi padre, no había méto­do, pero sabía­mos que había pre­sión para que ingresara.

Cuan­do me dije­ron que fir­ma­se, pre­gun­té qué fir­ma­ba y me dije­ron que el ingre­so en pri­sión. Fir­mé. A lo que yo tenía mie­do era a pre­gun­tar qué pasa­ba con Dai­ra, les pre­gun­té y me dije­ron que no, que Dai­ra se iba y ya fue el momen­to de feli­ci­dad, me puse a llo­rar de emo­ción, de la ale­gría por saber que para ella ter­mi­na­ba, que se iba a su casa y que iba a dor­mir con su familia.

Me deja­ron que me des­pi­die­ra de ella, la abra­cé y la besé, ella esta­ba llo­ran­do y mal pero yo la ver­dad es que no podía estar mal sabien­do que ella vol­vía a casa, por esa razón la ver­dad es que ingre­sé con una son­ri­sa en la cárcel.

P: ¿Por qué cree que le ingre­sa­ron en prisión?

R: La deten­ción fue casual, está­ba­mos en el momen­to equi­vo­ca­do en el lugar equi­vo­ca­do, pero el ingre­so en pri­sión fue a dedo por­que yo tenía acti­vi­dad polí­ti­ca y me orga­ni­za­ba a nivel de barrio y de colec­ti­vos rei­vin­di­ca­ti­vos y de un carác­ter más revo­lu­cio­na­rio, pero no ten­go nin­gún his­to­rial de vio­len­cia, ni de explo­si­vos, ni de alter­ca­dos ni de nada. Vie­ron a un joven que inten­ta­ba orga­ni­zar­se en el barrio con otros jóve­nes y no jóve­nes y eso fue lo que moti­vó mi ingre­so en prisión

P: En estos momen­tos ¿qué car­gos hay con­tra usted?

R: Ten­go aten­ta­do a la auto­ri­dad por lo del mes de junio, cuan­do lo de mi tía, y aho­ra una acu­sa­ción de tenen­cia de explo­si­vos. Y estos son los pro­ble­mas que ten­go con la jus­ti­cia y no hay más, no hay nada más.

P:¿Ha leí­do una infor­ma­ción en el ABC que le atri­bu­ye delitos? 

R: Me lo han con­ta­do. Ya cono­ce­mos la maqui­na­ria pro­pa­gan­dís­ti­ca de la dere­cha ultra­con­ser­va­do­ra y ultra­li­be­ral de este país, que es muy ran­cia y no tie­ne escrú­pu­los. Usan cual­quier cosa o inven­tan cual­quier cosa para inten­tar des­mo­vi­li­zar y asus­tar a la gen­te y salir­se con la suya, pero tene­mos que man­te­ner­nos fríos y no caer en sus provocaciones

P:¿Van a tomar medidas?

Ten­drán noti­cias nues­tras sobre este tema, pero todo a su tiempo

P: Y ya en la pri­sión de Soto del Real, ¿cómo fue?

Duro, pero se hizo mucho menos duro gra­cias a toda la soli­da­ri­dad que hubo des­de fue­ra, la ver­dad es que eso me ayu­da­ba. Me la trans­mi­tía mi madre cuan­do venía a ver­me una vez a la sema­na, y los abo­ga­dos de la Aso­cia­ción Libre de Abo­ga­dos que venían a ver­me mucho para dar­me áni­mos, me con­ta­ban los actos de apo­yo, la soli­da­ri­dad, eso me ayu­da­ba mucho.

P: ¿Podía man­te­ner corres­pon­den­cia, reci­bía cartas?

R: La pri­me­ra sema­na sí, por­que aún no esta­ba en FIES [fiche­ro que supo­ne una vigi­lan­cia de 24 horas al pre­so, con res­tric­ción de movi­mien­tos y con­trol de comu­ni­ca­cio­nes] pero lue­go ya solo tenía dere­cho a dos car­tas sema­na­les, que lle­ga­ban los mar­tes por la tar­de, pero todas las car­tas que yo envié no lle­ga­ron, y lue­go ya dejó de lle­gar­me a mi también.

P: ¿Se han per­di­do esas cartas?

R: No lo sé, las ten­drán en el juz­ga­do o en el cen­tro, inter­pre­tán­do­las, supon­go que las ten­drán ellos todavía

P: ¿Cómo eran los días en la cárcel?

R: Se hacían muy lar­gos, las maña­nas sobre todo, has­ta la una que comes era muy lar­go, inten­ta­ba leer y hacer ejer­ci­cio y pasar el tiem­po dis­trai­do. Por las tar­des si tenía­mos un balón jugá­ba­mos un par­ti­do de fút­bol o una par­ti­da de car­tas. La lec­tu­ra y el depor­te eran fun­da­men­ta­les para matar el tiem­po. El res­to del tiem­po estás en tu cel­da con tu com­pa­ñe­ro y ya está…

P: ¿Qué tal le trataron?

Bien, ni bien ni mal, allí tú lle­gas y tie­nes que tener fir­me­za, saber dón­de estás y que hay gen­te que tie­ne una mane­ra de enten­der la vida dife­ren­te. La ver­dad es que mi caso era espe­cial, por­que no había nadie que estu­vie­ra por los mis­mos moti­vos que yo. Tuve que adap­tar­me al sitio y saber cómo actuar para tener mi círcu­lo de amis­tad allí den­tro y lle­var­lo más a gusto

P: ¿Le cam­bia­ron de módulo?

R: Sí, al prin­ci­pio esta­ba en uno de meno­res, con gen­te de mi edad. Pero lue­go, al cabo de un mes, me lle­va­ron a otro en el que había 50 per­so­nas más, esta­ba el módu­lo lleno, éra­mos casi 150, y ya era una media más de la edad de mi padre, había un par de per­so­nas de 28 años pero el res­to eran mayores.

Allí se me hizo más duro adap­tar­me, fue­ron los días más tris­tes, me cos­tó hacer­me al sitio, ya no esta­ba con cha­va­les de mi edad y ya el de qué hablar o cómo rela­cio­nar­me con ellos cam­bia­ba mucho

En este pun­to de la con­ver­sa­ción lle­ga Ele­na Orte­ga, la madre de Alfon, dicien­do sonriente:

“Unos de un coche me han reco­no­ci­do, me han pita­do, han baja­do la ven­ta­ni­lla y me han dicho: Enho­ra­bue­na, que ya lo tie­nes en casa!!!. Estoy abru­ma­da ante la soli­da­ri­dad que estoy recibiendo”.

Alfon son­ríe y prosigue:

-En ese módu­lo ya noté que el tra­to no era como el que reci­be cual­quier otro pre­so, era un tra­to más espe­cial, pri­me­ro estu­ve en una cel­da, a la maña­na siguien­te tuve que reco­ger las cosas y subir­me a otra cel­da por­que al estar en FIES era obli­ga­to­rio estar en la segun­da plan­ta y otra vez el cambio…

A mí me pusie­ron un FIES‑5, pero hay otro tipo de pre­sos en Soto con otro tipo de FIES que lle­van muchos años de pri­mer gra­do en ais­la­mien­to, pre­sos polí­ti­cos tam­bién y están bas­tan­tes olvi­da­dos, la ver­dad, y eso es impor­tan­te que se sepa, que no soy ni el pri­me­ro ni el úni­co pre­so polí­ti­co que hay en España.

Y como digo esos fue­ron días muy con­fu­sos y bas­tan­tes duros para sopor­tar men­tal­men­te y bueno, mi madre me ayu­dó mucho en este aspec­to y la ver­dad es que se lo debo a ella.

P: Cuan­do dice que reci­bía un tra­to espe­cial, ¿se refie­re a los funcionarios?

R: Sí, me hacían muchas pre­gun­tas, algu­nas veces no tenía mucho sen­ti­do, me lla­ma­ban todas las tar­des para pre­gun­tar­me qué había hecho duran­te el día, dón­de había esta­do, «¿dón­de voy a estar?», les decía yo.

Lue­go ya se les fue pasan­do un poco, al cono­cer­me. Yo creo que se espe­ra­ban otra cosa, al igual que los de la Jun­ta de la cár­cel: Al ver­me y escu­char­me se que­da­ban un poco des­con­cer­ta­dos por­que veían que mi per­so­na­li­dad no se corres­pon­día con lo que la poli­cía supon­go que les habría con­ta­do, y que el FIES no era méto­do con mucho sen­ti­do para mí.

P: ¿Se acuer­da de su pri­me­ra manifestación?

R: No, sería a hom­bros de mi padre o en el carri­to. Y des­de enton­ces muchas.

P: ¿Qué es para usted la política?

R: Para mí la polí­ti­ca es revo­lu­cio­na­ria, decir la ver­dad es siem­pre revo­lu­cio­na­rio, creo en una polí­ti­ca más a nivel extra­par­la­men­ta­rio, pero tam­bién creo que es nece­sa­rio que la gen­te que se mue­ve a nivel par­la­men­ta­rio o más ins­ti­tu­cio­nal ten­ga una con­cien­cia de cla­se, tan olvi­da­da aho­ra. Para mí la polí­ti­ca tie­ne un carác­ter más a nivel de calle.

P: ¿Cómo se pue­den cam­biar las cosas des­de la calle?

Crean­do el poder popu­lar, empe­zan­do por los barrios, reu­nién­do­se en asam­bleas, crean­do cen­tros socia­les don­de la gen­te se reúna, y don­de el barrio se orga­ni­ce para sacar ade­lan­te sus rei­vin­di­ca­cio­nes. El pro­ble­ma es que en los barrios como Valle­cas, cuan­do ven que cre­ce la orga­ni­za­ción y el des­con­ten­to y que la gen­te pien­sa y se que­ja, pues lo revien­tan metien­do dro­ga o cri­mi­na­li­zan­do y lo usan para des­mo­vi­li­zar a la población.

P: ¿Qué opi­na de Inter­net como herra­mien­ta para cam­biar las cosas? 

Es un arma de doble filo. A nivel de difu­sión es vital, pero lue­go les sir­ve para tener­nos con­tro­la­dos, loca­li­za­dos, y tam­bién crea des­mo­vi­li­za­ción, hay gen­te que cree que la revo­lu­ción se hace des­de su orde­na­dor y ya está pero el cam­bio nece­si­ta de la calle, de los barrios.

P: ¿Cómo defi­ni­ría Vallecas?

Ale­gre y combativa

P: ¿Y a su familia?

Ale­gre y com­ba­ti­va. Vallecana

P: ¿Qué pien­sa del 15M?

En un prin­ci­pio me ilu­sio­né mucho por ver una corrien­te popu­lar con rei­vin­di­ca­cio­nes, tam­bién ten­go mis dife­ren­cias, cla­ro, cada uno tie­ne su for­ma de ver­lo, pero he par­ti­ci­pa­do en él. Creo que habría que sepa­rar­se de expre­sio­nes como “ni de izquier­das ni de dere­chas” por­que unas medi­das como las que se piden des­de el 15M son de izquier­das, y no pasa nada por decir­lo. Sí, somos los de aba­jo y vamos a por los de arri­ba, pero con unas medi­das de izquier­das y revo­lu­cio­na­rias, des­de mi pun­to de vista.

P: ¿Hay algu­na figu­ra polí­ti­ca a la que admire?

El Che Gue­va­ra, por ejem­plo. Por cier­to, aho­ra me aca­bo de acor­dar que en la pri­sión no deja­ron que entra­se el libro «Bio­gra­fía a dos voces”, una bio­gra­fía de Fidel Cas­tro [de Igna­cio Ramo­net], lo veta­ron dicien­do que no se ajus­ta­ba a las carac­te­rís­ti­cas del cen­tro. En fin. Las cár­ce­les en este sis­te­ma no están hechas para los malos, están hechas para que algu­nos paguen los des­ajus­tes y las injus­ti­cias de un sis­te­ma de capas y de clases

P: ¿Qué es Bukaneros?

Empe­zó como peña de fút­bol por el 92 y nada más, con los años ha adqui­rir­do un com­pro­mi­so social mayor, cada vez más gen­te cree en ese com­pro­mi­so y tie­ne más uni­dad con otras orga­ni­za­cio­nes del barrio. Buka­ne­ros es la que con­gre­ga a la juven­tud, la que más pro­ble­mas da al poder en Valle­cas, por­que tie­ne poder de con­vo­ca­to­ria y por eso lo inten­tan criminalizar.

Ele­na, la madre de Alfon, que está a nues­tro lado leyen­do la pren­sa, entra en la conversación:

Ele­na: Antes del 14N hubo una mani­fes­ta­ción de 2.000 per­so­nas en Valle­cas para ani­mar a la huel­ga, Buka­ne­ros tie­ne capa­ci­dad de con­vo­ca­to­ria, pue­de lle­var a gen­te y eso lo saben, la capa­ci­dad que tie­ne en las pro­tes­tas, en todas las convocatorias.

P: Creo que en Buka­ne­ros le gri­tan esló­ga­nes a la dele­ga­da del gobierno, Cris­ti­na Cifuentes

Alfon: Sí, qui­zá yo he paga­do un poco por eso, con­mi­go han dicho: «Aho­ra sí». En más de una oca­sión le hemos recor­da­do a su mari­do, que tie­ne asun­tos tur­bios rela­cio­na­dos con el dine­ro y en los par­ti­dos hemos saca­do pan­car­tas rela­cio­na­das con ello. Des­pués del 25S hubo una pan­car­ta dicien­do «1.400 polis rodean­do el Con­gre­so y el mari­do de Cifuen­tes sigue fuga­do», y lue­go, des­pués de mi ingre­so en pri­sión otra: «Alfon en pri­sión y el mari­do de Cifuen­tes sin apa­re­cer» y bueno, tene­mos ese pique con ella y ella va a por nosotros

P: ¿Es de Bukaneros?

Yo soy de Valle­cas y me orga­ni­zo con los colec­ti­vos de Valle­cas, que son muchos. Buka­ne­ros es una de las orga­ni­za­cio­nes más rei­vin­di­ca­ti­vas que hay en Valle­cas y voy con ellos

P: Duran­te su encar­ce­la­mien­to una anti­gua maes­tra suya dijo que lo úni­co que había hecho era seguir los valo­res que te incul­ca­ron. ¿Qué valo­res son esos?

R: Soli­da­ri­dad, el res­pe­to a la gen­te, al pue­blo, a los demás, valo­res de la con­cien­cia­ción, de saber de dón­de ven­go, de saber la injus­ti­cia de este sis­te­ma, que para que uno ten­ga 1.000 haya 1.000 que ten­gan uno.

Creo que nece­si­ta­mos con­cien­cia­ción, orga­ni­za­ción, tem­plan­za, serie­dad y equi­li­brio, cons­tan­cia y mucha unión para que se pon­ga fin a tan­ta injus­ti­cia y abu­so, a este sis­te­ma ultra­li­be­ral, y poder crear una demo­cra­cia más par­ti­ci­pa­ti­va don­de la gen­te ten­ga más capa­ci­dad de decisión.

Des­de que ten­go con­cien­cia sé que ven­go de una fami­lia tra­ba­ja­do­ra. Mi abue­lo era mine­ro, mis bisa­bue­los fue­ron ase­si­na­dos por los fran­quis­tas, están no sabe­mos dón­de, en algu­na fosa común. Mi madre nació en Fran­cia, de fami­lia de exiliados.Todas estas cosas mar­can, des­de siem­pre en casa se ha habla­do de polí­ti­ca, de compromiso.

Hay que adqui­rir com­pro­mi­so con los que sufren un sis­te­ma injus­to don­de se usa la explo­ta­ción de mucha gen­te para que pocos ten­gan poder y deci­dan la vida del res­to. Des­de que soy peque­ño he vis­to a mucha gen­te jodi­da, las injus­ti­cias que hay en barrios como este.

Alfon sor­be un poco de café. Lle­ga un ami­go suyo al que aún no había vis­to des­de su sali­da de la cár­cel. Se abrazan.

Ele­na vuel­ve a expre­sar su agra­de­ci­mien­to a la soli­da­ri­dad que ha reci­bi­do: «Estoy muy orgu­llo­sa de Valle­cas, este barrio es un refe­ren­te, y ellos lo saben, y por eso van a por él».

Alfon pro­si­gue:

-Van a por él, lo lle­nan de dro­ga, están vol­vien­do a sacar la dro­ga de los pobla­dos y metién­do­la en los blo­ques de Valle­cas, o de Carabanchel.

P: ¿Quién hace eso?

El gobierno y sus medi­das urba­nís­ti­cas, están deri­van­do los pobla­dos y tra­yen­do a los nar­co­tra­fi­can­tes a los bloques.

P: Y aho­ra, ¿qué?

Pues no quie­ro estan­car­me en esto, espe­ro que sir­va para que la gen­te se dé cuen­ta de que no he sido el pri­me­ro ni soy el úni­co pre­so polí­ti­co, que hay que soli­da­ri­zar­se con otros muchos. Y nada, segui­ré tra­ba­jan­do como siem­pre, y con cal­ma, y a seguir luchan­do por nues­tros dere­chos. Y pen­dien­te de la ins­truc­ción del jui­cio, estoy en manos de mi abo­ga­do, en quien confío.

P: ¿Esto va a obli­gar a que te lo pien­ses dos veces antes de ir a una protesta? 

R: No, al revés, si en algún momen­to me lo pude pen­sar dos veces, aho­ra ya no. Creo en la nece­si­dad de la pro­tes­ta y de la huel­ga, que es la mane­ra que tene­mos los tra­ba­ja­do­res de rei­vin­di­car lo que es nues­tro por dere­cho, nues­tra dig­ni­dad. Dicen que hay coac­ción por par­te de los pique­tes… La coac­ción es la de los empre­sa­rios a los tra­ba­ja­do­res con las ame­na­zas de despido.

P: Si tuvie­ra opor­tu­ni­dad de sen­tar­te a tomar un café con la dele­ga­da del gobierno, Cris­ti­na Cifuentes… 

R: No creo que pudie­ra sen­tar­me con ella a tomar un café. Le diría que es muy fácil des­de sus ata­la­yas de poder y des­de sus lujos dar lec­cio­nes de moral y de cómo tene­mos que lle­var a cabo nues­tras vidas, pero que baje una tem­po­ra­da por aquí a ver lo que su sis­te­ma y su legí­ti­ma demo­cra­cia crea en barrios como este, y a lo mejor se pen­sa­ría esas lec­cio­nes de moral que tan­to le gus­ta dar des­de sus ata­la­yas de poder

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