Cape­ru­ci­ta «La Roja»- Mai­té Campillo

Hom­bres dis­fra­za­dos de lobos se acer­ca­ban a paso nada amis­to­so ‑diga­mos que a paso militar-

La raíz se revela

¿Año nue­vo, con día de reyes, así empie­za todo lo nue­vo del año?

Aca­so algu­na vez algún rey ha dado algún tipo de rega­lo a los hijos del pue­blo? Has­ta cuán­do el “cuen­to” de nun­ca aca­bar con lo que han traí­do siem­pre: cas­ti­go, y de pos­tre pan para hoy ham­bre para maña­na? Esa gen­te y su cor­te, no es bue­na gen­te. Hora de abrir los ojos y dejar “los cuen­tos” escri­tos por “lobos”.

Pro­pon­go empe­zar una noche como esta con bucho de café de puche­ro, y una lec­tu­ra colec­ti­va de “Cuen­tos en Fami­lia”, esos que están escri­tos entre todos noso­tros. Les envío uno para empe­zar los nue­vos días del año con nue­vos pies, oídos, ojos, manos.

A todas las abue­las del mun­do que lo quie­ran hacer suyo; para Lia de for­ma muy espe­cial, y a Mir­ta Li (de argen­ti­na); a Argi, por inte­li­gen­te y rebel­de, mi con­se­je­ra par­ti­cu­lar Eus­kal­dun; a Talía, aun­que la fal­ten muchos años para ser abue­la, por su irra­dian­te juven­tud volun­ta­rio­sa, por toda esa luz gene­ro­sa que ha apor­ta­do en algu­nos capí­tu­los, sím­bo­lo de com­ba­ti­vi­dad, juven­tud rebel­de la suya.

*A todos los y las [email protected] políti­cos de Eus­ka­di y el mun­do (por sus dere­chos y retorno a sus hoga­res), en espe­cial a ellas, pro­ta­go­nis­tas de esta historia.

Los Fue­gui­tos hablan, airean una pan­car­ta sobre la ven­ta­na del mun­do: ¡¡No más vidas ni muer­tes a lo bon­zo!!, tras­pa­san las fron­te­ras, nos encon­tra­mos abrien­do la puer­ta del 2013.

  • Siiiiiiiiiiii, que vie­ne el “lobo”!!!

Los fue­gui­tos pren­den una lla­ma­ra­da de alerta

Vivía la abue­li­ta tran­qui­la­men­te en su casi­ta ubi­ca­da en una pra­de­ra cer­ca­na a un bos­que encan­ta­do. Un rió cla­ro y ale­gre baja­ba acer­can­do sus aguas fren­te a la casa. Vivía sola de lo más ata­rea­da pues a pesar de sus muchos años de his­to­ria man­te­nía un tem­ple que desa­fia­ba a cual­quier joven de la aldea. Espí­ri­tu lucha­dor y entu­sias­ta el de la abue­la, esa es ella!, se baña­ba y refres­ca­ba en el río des­pués de cada tra­ba­jo tan libre como nació. Cui­da­ba con esme­ro tan­to su cuer­po como su humil­de huer­to- jar­dín, tenía fres­cas sabro­sas y ricas ver­du­ras, algu­na que otra galli­na la abas­te­cía de hue­vos, un gallo alti­vo que la ale­gra­ba las maña­nas con su can­to, y un barran­co aba­jo por don­de se deja­ban ver algu­nas cama­das de cone­jos libres, tam­bién una fami­lia de chan­chi­tos, a esos txe­rrik, los cui­da­ba con espe­cial esme­ro ya que eran base impor­tan­te en el valle para sus vidas, la matan­za del año la con­ver­tía en una gran fies­ta entre toda su gen­te. Lue­go esta­ba Misu. Misu era su [email protected] sin defi­ni­ción sexual que incor­dia­ba a las galli­nas y cone­jos, bueno, a todos incor­dia­ba con sus dia­blu­ras. Pero había un gallo pre­sun­tuo­so en el valle que le hacía fren­te, Misu pasa­ba escu­rrién­do­se la más de las veces: Ez naiz ni bee­ratzen txar­ke­ria orie­ta­ra = No me aba­to yo a esas rate­rías, qué peleas y no peleas ni qué tener que enfren­tar­se a esos picos duros que se empe­ña­ban vana­men­te en su pata­le­ta. Misu era bien inte­li­gen­te, cami­na­ba siem­pre bien avia­do, sin mani­fes­tar cobar­día al gallo “lobo”.

Así iban trans­cu­rrien­do feliz­men­te los días para la abue­la, año tras año, con la espe­ran­za pues­ta en los domin­gos, úni­co día que reci­bía la visi­ta de su que­ri­da nie­ta, y que ya apro­ve­cho a pre­sen­tar como Cape­ru­ci­ta´ La Roja.

Cada domin­go Cape­ru­ci­ta lle­va­ba con espe­cial cui­da­do en su mochi­la, pas­te­li­tos de fru­tas exó­ti­cas, mag­da­le­nas case­ras hechas a base de hue­vos del case­río de la abue­li­ta, y flo­res, muchas flo­res sil­ves­tres fres­quí­si­mas y olo­ro­sas de muchos colo­res. Y ella, la abue­la, le corres­pon­día con besos, muchos besos y abra­zos ade­más de ces­tas de ver­du­ras, repo­nía fru­tas para que siguie­ran con­fi­tán­do­las duran­te el lar­go invierno… Pero un mal día, mien­tras la abue­li­ta esta­ba en sus labo­res dia­rias, vio como una nube oscu­ra fea, muy fea, pega­da a la tie­rra se acer­ca­ba fren­te a su casa. Hom­bres dis­fra­za­dos de lobos se acer­ca­ban a paso nada amis­to­so ‑diga­mos que a paso mili­tar- la abue­li­ta intu­yó, peli­gro!, es el peli­gro que solo esta gen­te des­pren­de tras sí como cla­van­do una esta­ca en tu gar­gan­ta, lle­gan los malos, terror!

Y, como una gace­la corrió hacia la casa.

Tran­có puer­tas y ven­ta­nas y se atrin­che­ró; des­em­pol­vó con avi­dez la esco­pe­ta de caza que guar­da­ba en un baúl, mas varias cajas de car­tu­chos nece­sa­rios para la efi­ca­cia real del ins­tru­men­to. Abrió leve­men­te una hoja de la ven­ta­na, y se para­pe­tó sen­ta­da en una silla con su esco­pe­ta apun­tan­do a los intru­sos. Como a vein­te metros se para­ron los hom­bres dis­fra­za­dos de lobos con botas, (sobran­tes de una reme­sa del FMI, rega­lo de nue­vo año a la OTAN), les delataban…

Al ver el cañón apun­tan­do des­de la ven­ta­na recu­la­ron los hue­vo­nes, era la comi­sión de desahu­cios judi­cial acom­pa­ña­da de:

  • La comi­sión de embar­gos del ban­co de tala­do­res de árboles.
  • La comi­sión muni­ci­pal de la pradera.
  • La comi­sión de mon­tes, ríos y caminos.
  • La comi­sión de muje­res de apo­yo a las “bue­nas costumbres”
  • La comi­sión epis­co­pal, enca­be­za­da por el párro­co y dos monaguillos
  • La comi­sión de poli­cías del municipio
  • La comi­sión de poli­cías de marrón
  • La comi­sión de poli­cías de verde
  • La comi­sión de poli­cías de gris
  • La comi­sión de poli­cías de azul
  • La comi­sión de poli­cías de negro
  • Todas la comi­sio­nes de poli­cías y con­duc­tas habi­das y por haber des­de el triun­fo del gene­ral. Uf!, aque­llo no aca­ba­ba nun­ca, todo un ejér­ci­to para la viejita!!!

La abue­li­ta seguía obser­ván­do­los des­de el filo de la hoja de una de las ven­ta­nas. El dele­ga­do judi­cial se ade­lan­tó dan­do dos pasos ade­lan­te, con un papel en la mano, y empe­zó a leer un edic­to ‑según los artícu­los 20 – 21 ‑23 y 24: estoes­mio por­que meda­la­ga­na, pata­tín y pata­tán, cuan­do de repente…

  • ¡¡Pim, pam, pum, fue­go!!

    El dele­ga­do cayó ful­mi­na­do, y la hoja de papel voló, voló, volóooooo…

    La abue­li­ta acer­tó de lleno con el pri­mer dis­pa­ro. Los hom­bres dis­fra­za­dos de lobos se cagaron los cal­zo­nes escu­rrién­do­se como pudie­ron a escon­der­se, pero la abue­li­ta dies­tra con su esco­pe­ta repe­ti­do­ra lan­zó una llu­via de pól­vo­ra que reso­nó por todo el bos­que. Sin demo­ra de tiem­po, la inquie­ta Misu pla­nea una estra­te­gia. Volun­ta­rio­sa como siem­pre de un entu­sias­ta con­ta­gio­so, sale como un rayo des­pa­vo­ri­da, casi volan­do, en direc­ción hacía el bos­que. Lle­gó al poco con la len­gua fue­ra y los ojos desor­bi­ta­dos a la casa de Cape­ru­ci­ta. Ésta, al ver a Misu, con su cari­ta implo­ran­do como gri­tan­do ‑peli­gro, peli­gro, soco­rrooooo!, la abue­li­ta nece­si­ta ayu­da, vamos mué­ve­te pequeña!

    Cape­ru­ci­ta no lo dudó un segun­do, cogió una ces­ta de mim­bre y… Pero esta vez intu­yen­do el peli­gro en los ojos de Misu, en vez de pas­te­li­tos la lle­nó de car­tu­chos, ay eneeee!, y, salió tras los brin­cos feli­ces de la ale­gre y jugue­to­na, que yo sien­to como gata más allá de su sexo, camino de su casa. Por el sen­de­ro se le unie­ron un gru­po de leña­do­res. Los cam­pe­si­nos obser­va­ron, y en su cami­nar pre­sin­tie­ron que nece­si­ta­ban refuer­zos, los mine­ros, adas del bos­que, las ardi­llas, jun­to a [email protected] que se des­pren­die­ron de las ramas en un gri­te­río de lla­ma­da de la sel­va tre­men­do, por nada del mun­do se per­de­rían el des­en­la­ce de tre­men­da unión, has­ta los bellos lobos del bos­que de la aldea salie­ron a la defen­sa de la sel­va de la tie­rra, ellos sí que sabían como era esa gen­te de la ley, ellos sí que han sufri­do gene­ra­ción tras gene­ra­ción el aco­so de los caza­do­res del rei­no y ser­vi­les de éste, revo­lo­tea­ron impa­cien­tes entre las pier­nas de los mar­chan­tes aullan­do con­sig­nas que hacían her­vir la san­gre de los dele­ga­dos del bos­que, que jun­tos todos pecho hen­chi­do des­li­za­ban sus pasos por el valle en un atro­na­dor rumor de can­tos y víto­res. Mien­tras, los poli­cías de dife­ren­tes colo­ri­nes y colorones…

    coman­da­dos por el cura falan­gis­ta se para­pe­ta­ron para la car­ga final a la que esta­ban adies­tra­dos como rema­te y solu­ción ante cual­quier des­ca­rri­la­mien­to, para seguir man­te­nien­do impu­ne la con­duc­ta del corrom­pi­do gene­ral, y seguir en “paz con dios y las bue­nas cos­tum­bres”. Había que defen­der a toda cos­ta los idea­les del movi­mien­to impe­rial, por enci­ma de la aldea!!… con la vil inten­ción de dar can­de­la a la casa embar­ga­da, se revol­vió como ali­ma­ña infec­ta su odio a la pobla­ción cuan­do de repen­te. Pero noooo, no, no, nooooooooo!!

    Gri­ta­ba has­ta enron­que­cer la comi­sión bancaria:

    ¡Noooooooo!, si que­man la casa, no tene­mos casa, nos que­da­mos sin casa! Que­men sólo a la abue­li­ta, des­ce­re­bra­dooosss, peda­zo de zoquetes!

    La abue­li­ta al oír­lo se le hacían los ojos txi­ri­bi­tas apun­tan­do a cuan­to comi­sio­na­do se movía:

  • ¡Ya lle­vo cua­tro o cin­co! ‑se decía a sí mis­ma dán­do­se áni­mos ante las fie­ras huma­nas y les gri­ta­ba embra­ve­ci­da de rebeldía:
  • ¡¡Antes muer­ta que desahu­cia­da, vam­pi­ros, ali­ma­ñas!!

    Cuan­do las muni­cio­nes se le esta­ban aca­ban­do, y los comi­sio­na­dos se acer­ca­ban para aca­bar con su pre­sa… apa­re­ce la nie­ta, Cape­ru­ci­ta´ La Roja!, segui­da de una mul­ti­tu­di­na­ria red roja des­fi­lan­do, todo tipo de seres resi­den­tes del valle y bos­que encan­ta­do apa­re­ció por el hori­zon­te, dis­pues­tos a impe­dir la capi­tu­la­ción y muer­te de su abue­li­ta. La mul­ti­tud avan­za­ba, con ella en cabe­za, a paso deci­di­do, a por todas!, gri­ta­ron, no fal­ta­ron las herra­mien­tas de sus tra­ba­jos a la con­vo­ca­to­ria, se agi­ta­ron los mache­tes, las hachas gran­des de ais­ko­la­ri, gua­da­ñas, tole­tes de lucha guan­che, maki­lak, esco­pe­tas roba­das al seño­ri­to pre­ten­cio­so de las tie­rras, tira­chi­nas, hon­das… El pri­me­ro en des­apa­re­cer ante la ava­lan­cha que se ave­ci­na­ba fue el cura y los mona­gui­llos. La estam­pi­da en reti­ra­da fue gene­ral, sál­ve­se el que pueda!!

    Cape­ru­ci­ta, lle­gó has­ta el para­pe­to de la abuela.

    Lo pri­me­ro es lo pri­me­ro, la lle­nó de besos, y segui­do la recar­gó la esco­pe­ta con nue­vas muni­cio­nes. Tras los apa­sio­na­dos besos, la abue­li­ta siguió dis­pa­ran­do a los que esca­pa­ban camino al bos­que, mien­tras gri­ta­ba: noooooo, en el bos­que los “huma­nos de la bue­na con­duc­ta” noooooooo, nooooooo!. Tras la cal­ma, su casa fue la casa del valle más con­cu­rri­da, invi­tó a todos a ricas ver­du­ras, fru­tas, todos apor­ta­ron, hubo asa­do y fies­ta en el valle, tre­men­do ban­que­te orga­ni­zó la abue­la con los entra­ña­bles seres de la aldea y bos­que encan­ta­do! Y, plan­tó una ban­de­ra sobre la puer­ta de la casa, la ban­de­ra del triun­fo, y un car­tel bien gran­de que decía:

    ¡¡Esta Casa es Comu­ni­ta­ria, no se toca, pendejos!!

    Meses des­pués del tre­men­do desa­fío a la ley del castillo

    Bueno, qui­se decir, a la ley del cas­ti­go. La abue­li­ta de Cape­ru­ci­ta me invi­tó a su casa, sí, jaja­ja! Y, entre con­ver­sa­ción y buchi­to, que nadie como la abue­la para colar un buen café… me dió la famo­sa rece­ta de como coci­nar un buen pas­tel borra­co, ja, ja! Jaja­jaaa!! Huy!, he vuel­to a des­pis­tar­me, por don­de iba?, “toi” col­ga­da de la Luna de La Haba­na, jaja­ja! No ten­go reme­dio… No es fácil!, lo de des­pe­jar el mis­te­rio­so pas­tel borra­co, que no borro­ka, oji­to!!! Dis­pues­ta hacer la rece­ta, desa­fián­do­la como aven­tu­ra, puse todo mi empe­ño sobre el dicho­so borra­co, al que piqué con gus­to has­ta tri­tu­rar bien las nue­ces. Lue­go, pasé al mis­te­rio de si fue antes el hue­vo o la galli­na, me tie­ne preo­cu­pa­da el des­cu­bri­mien­to, ay, vida­li­ta! Bueno cole­gas, al asun­to de la cues­tión, no vuel­va a des­pis­tar­me. Pues eso, direc­ta­men­te des­pe­jé las yemas de las cla­ras emba­dur­nán­do­las ambas en azu­qui­ta de caña a rit­mo de sam­ba has­ta reven­tar de lige­ri­tas y esponjosas. 

    Obser­va­ción importante…

    En cuan­to a la pesa­di­ta man­ta de man­te­ca-qui­llas de las que tan­to dis­fru­ta el FME, dije, écha­te pa ya y más allá, satu­ra­da!, y, aga­rré la esen­cia de Bene­det­ti “De árbol a árbol” cogí la bote­lla de acei­te de oli­va vir­gen, millón de veces mejor sin duda!, saní­si­ma la pura oli­va. Y, has­ta pue­do yo res­pon­der a Mario que sí, que los árbo­les son soli­da­rios entre sí con el que­bran­to entre ríos, lo mis­mo los oli­vos varea­dos por los bra­ce­ros de Jaén y de Extre­ma­du­ra, con los sau­ces de Tacua­rem­bó. Y, para que los cao­bos de corin­to y cedros del Líbano ase­gu­ren bien su fir­me­za, y a raya al caci­que Tío Sam que man­tie­ne voraz al enemi­go; vayan a creer que es la pal­ma de Cama­güey o el euca­lip­to de Tas­ma­nia!!, sino la sie­rra de las gran­des made­de­ras y el láti­go del amo escon­di­do tras los cuer­pos sinies­tros de la noche. 

    Dejan­do cla­ra esa observación… 

    Paso a aga­rrar el paque­te, de la hari­na de tri­go quie­ro decir, a la que aña­dí un soplo de buen pol­vo de leva­du­ra, ja!, cómo anda el ser­vi­cio, seño­ri­to! Así mis­mo fue pue­blo, y ya paso a la con­vo­ca­to­ria más suge­ren­te de la cues­tión ¿Se dirán de copa a copa que el muér­da­go otro­ra tan sagra­do entre los galos aho­ra es ape­nas un pará­si­to con chu­pa­do­res corticales?
    Bau­ti­cé el dicho­so borra­co con vini­to dul­ce de la Ribe­ra alta de Ara­ba, que me pres­tó Argi, por­que una está recor­ta­da de muchas cosas. La con­clu­sión que saqué es que hay que marear a buen rit­mo de copa en copa, de árbol a árbol, de cepa en cepa entre ríos y que­bran­tos el asun­to de los mis­te­rios mila­gro­sos, en plan barri­ca­da de mon­ta­ña, siem­pre al mon­te ante cual­quier estam­pi­da, no lo duden!!, ya sea mon­te de hari­na, azú­car, o tri­go. Si es posi­ble hacer­lo colec­ti­vo mejor. En ello va la garan­tía, así es como sur­ge la pun­ti­lli­ta almi­do­na­da en caña sin nece­si­dad de fre­nar­se ante v, b, acen­to, o apos­tro­fe como lo de si pri­me­ro fue el hue­vo y lue­go la galli­na. La dig­ni­dad del obre­ro la pisan cua­tro hijos de la gran chin­ga­da. FMI y FME de la mis­ma opi­nión son. 

    Un con­se­jo…

    Lo de las nue­ces, tri­tu­ra­da has­ta hacer­la pol­vo o a for­ma de lámi­na dise­ca­da, a gus­to de la cul­tu­ra de cada país. El vino, sí, eso sí, de la Rio­ja ala­ve­sa, de Chi­le o Argen­ti­na no ha de fal­tar. Si les resul­ta el pre­cio una esta­fa, en la bode­ga de la Mon­cloa lo pue­den arram­plar, no pier­dan cui­da­do ahí no lla­gan los recor­tes, tie­nen cien­tos de bote­llas del mejor vino del mun­do. Por supues­to, insis­to, en Euro­pa, nada para mi como los de la Rio­ja vas­ca, riquí­si­mo, su eli­xir aflo­ra el aro­ma sobre los gra­dos, ase­gu­ran­do el camino hacia la inde­pen­den­cia del capi­ta­lis­mo e impe­ria­lis­mo, siem­pre den­tro del mol­de de las alpar­ga­tas, nun­ca bota mili­tar. Ori­gi­nal mol­de que nun­ca falla una vez ajus­tas los cor­do­nes o cin­tas alre­de­dor, se acon­se­ja tras el baño, man­te­ca a los pies per­fu­ma­da al vino de mos­ca­tel por si man­tu­vie­ra algún olor a extra­ño ani­mal, muy bueno para dar elas­ti­ci­dad al cue­ro cabe­llu­do y poder des­pren­der el borra­co hor­nea­do. Ojo!, no les pase como a Cha­plin, vaya a que­dar como goma de zapa­to, sequi­to mejor, y bien tos­ta­di­to por fue­ra para incar­le bien el diente. 

    El rit­mo acon­se­ja­ble es a 180º. 

    Para com­pro­bar si está a pun­to, no le pegues un boca­do antes de tiem­po, vaya a pasar que el borra­co sea agre­si­vo aun­que se dis­fra­ce de pas­tel. Mejor pín­cha­lo bien ahí has­ta el fon­do, no se trans­for­me en pan amar­go o pez en vina­gre en vez de vino y ter­mi­na­ría­mos marea­dos de tan­to alcan­for eti­que­ta­do. Ah, si se revuel­ve y eri­za, sube la tem­pe­ra­tu­ra, que es que en los hos­pi­ta­les hay que pagar por las man­tas y sába­nas… Si por el cru­do frío de invierno no ha lle­ga­do el pun­to álgi­do de la cata colec­ti­va, espe­ra, y pasa cuan­do estéis pres­tos a ello, a meter­le la inyec­ción del pali­to: si sale seco y sin apu­ro es que está, mas que lis­to, licenciado.

    Mai­té Cam­pi­llo (actriz y direc­to­ra de teatro)

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