El Comu­nis­mo es la crí­ti­ca radi­cal de todo lo que existe

Entre­vis­ta con Michael Hardt

Com­mon­wealth [1] es un inten­to de res­pon­der a la pre­gun­ta sobre cómo pode­mos reexa­mi­nar actual­men­te las con­di­cio­nes y hori­zon­tes de una prác­ti­ca y teo­ría comu­nis­tas. No es sólo un revi­val exi­to­so de la tra­di­ción sete­cen­tis­ta de tra­ta­dos sobre el gobierno, sino tam­bién una espe­cie de mani­fes­to polí­ti­co. Entre­tan­to, vien­do la recep­ción de dife­ren­tes pro­pues­tas teó­ri­cas de izquier­da en Polo­nia, pode­mos espe­rar una bien­ve­ni­da más bien rea­cia a este libro en nues­tro país. ¿Podrías, de algu­na mane­ra, inten­tar con­ven­cer a los lec­to­res de los paí­ses post-socia­lis­tas, “decep­cio­na­dos” con el mar­xis­mo como pers­pec­ti­va epis­te­mo­ló­gi­ca e ideo­lo­gi­ca­men­te impermea­ble a la mayo­ría de las pro­pues­tas de izquier­da, para que se fami­lia­ri­cen con el pro­yec­to comu­nis­ta pre­sen­ta­do en Com­mon­wealth?

Pue­do ima­gi­nar que para muchos lec­to­res pola­cos el con­cep­to de comu­nis­mo se haya vuel­to tan corrup­to que no quie­ran ni oír hablar del mis­mo. En el dis­cur­so están­dar actual para muchas per­so­nas (en los paí­ses post-socia­lis­tas y en otros luga­res), “comu­nis­mo” sig­ni­fi­ca rígi­da buro­cra­cia esta­tal, total con­trol esta­tal de la eco­no­mia y la acti­vi­dad social, supre­sión del disen­so polí­ti­co, sacri­fi­cio de los tra­ba­ja­do­res por el bien nacio­nal, res­tric­cio­nes de la liber­tad de expre­sión, etc… Para Toni y para mí, sin embar­go, y para muchos otros, el comu­nis­mo sig­ni­fi­ca algo com­ple­ta­men­te dife­ren­te –no la exal­ta­ción del esta­do, sino su abo­li­ción, no la cele­bra­ción del tra­ba­jo sino su libe­ra­ción, así como la expe­ri­men­ta­ción de for­mas de liber­tad y par­ti­ci­pa­ción demo­crá­ti­ca, que van más allá de lo exis­ten­te en las socie­da­des capi­ta­lis­tas contemporáneas.

Podríais pre­gun­tar, enton­ces, por qué no deja­mos de usar el tér­mino comu­nis­mo e inven­ta­mos una nue­va pala­bra. Podría hacer­se, pero enton­ces nos des­li­ga­ría­mos de una lar­ga his­to­ria de luchas comu­nis­tas que nos ins­pi­ran y enri­que­cen. ¿Por qué per­mi­tir al Esta­do sta­li­nis­ta que repre­sen­te y ate­so­re toda la tra­di­ción comu­nis­ta, cuan­do muchos comu­nis­tas han lucha­do con­tra él? Es impor­tan­te reco­no­cer alter­na­ti­vas den­tro de la tra­di­ción y afir­mar las corrien­tes más valo­ra­das. Sen­ti­mos así la nece­si­dad de luchar por el con­cep­to de comu­nis­mo e insis­tir em lo que con­si­de­rar­mos su ver­da­de­ro significado.

Dicho esto, sin embar­go, ape­nas uti­li­za­mos la pala­bra comu­nis­mo en Com­mon­wealthDecla­ra­tion [2]. En su lugar arti­cu­la­mos las prin­ci­pa­les par­tes que com­po­nen la teo­ría y la prác­ti­ca comu­nis­tas sin men­cio­nar­las. Per­se­gui­mos así la crí­ti­ca del esta­do y la crí­ti­ca del tra­ba­jo, como he dicho, jun­to a la crí­ti­ca de la pro­pie­dad. Podría lla­már­se­les los tres pila­res crí­ti­cos fun­da­men­ta­les del pen­sa­mien­to comu­nis­ta, que corres­pon­den a tres áreas igual­men­te impor­tan­tes de inves­ti­ga­ción y expe­ri­men­ta­ción prác­ti­ca: liber­tad, acción demo­crá­ti­ca, y mul­ti­pli­ci­dad. Esto nos lle­va no a res­pues­tas o mode­los de una socie­dad futu­ra, sino más bien a las pre­gun­tas. ¿Cómo pode­mos orga­ni­zar una socie­dad libre y abso­lu­ta­men­te demo­crá­ti­ca? ¿Cómo pode­mos gober­nar­nos colec­ti­va­men­te a tra­vés de pro­ce­sos par­ti­ci­pa­ti­vos sin nece­si­dad de líde­res? ¿Cómo pode­mos ges­tio­nar nues­tra rique­za común sin las rela­cio­nes de la pro­pie­dad pri­va­da? Estas son la cla­se de pre­gun­tas a las que una inves­ti­ga­ción comu­nis­ta nos con­du­ce, y son tam­bién las pre­gun­tas for­mu­la­das por algu­nos de los más poten­tes movi­mien­tos socia­les actuales.

En su intro­duc­ción a la edi­ción ingle­sa de Marx oltre Marx, Anto­nio Negri rei­vin­di­ca que ser un comu­nis­ta es vivir como un comu­nis­ta. Él hace esta decla­ra­ción en refe­ren­cia al reco­no­ci­mien­to de las bases de vues­tra con­cep­ción de la pro­duc­ción bio­po­li­ti­ca, es decir, que el lími­te entre pro­duc­ción y repro­duc­ción es hoy arbi­tra­rio y con­fu­so (si es que algu­na vez fue posi­ble tra­zar­lo con pre­ci­sión), y que la pro­duc­ción no es sólo la pro­duc­ción de un obje­to para un suje­to sino tam­bién un suje­to para un obje­to, es decir, es la pro­duc­ción de sub­je­ti­vi­dad. ¿Tenien­do todo esto en cuen­ta, qué sig­ni­fi­ca para ti ser comu­nis­ta hoy?

Esa es una pre­gun­ta difí­cil. Pien­so que vivir como un comu­nis­ta –o mejor, vivir una vida revo­lu­cio­na­ria– cam­bia en fun­ción de las dife­ren­tes situa­cio­nes his­tó­ri­cas. Todos noso­tros pro­ba­ble­men­te cono­ce­mos ami­gos acti­vis­tas que pare­cen ridícu­los cuan­do inten­tan imi­tar esti­los y posi­cio­na­mien­tos de revo­lu­cio­na­rios de otras épo­cas y luga­res –usan­do la boi­na o la bar­ba del Che Gue­va­ra, por ejem­plo, o fan­fa­rro­nean­do sobre la lucha arma­da en cir­cuns­tan­cias en las que no tie­ne sen­ti­do. Qui­zás una ‑o mejor, la pre­gun­ta cen­tral para cual­quier per­so­na con deseos revo­lu­cio­na­rios sea qué cons­ti­tu­ye en nues­tra situa­ción un modo de vida revolucionario.

Pero eso no res­pon­de toda­vía a tu pre­gun­ta. Marx nos da una apro­xi­ma­ción en su car­ta a Arnold Ruge [3] dicien­do que el comu­nis­mo es la crí­ti­ca radi­cal de todo lo que exis­te. Pien­so que este es un buen comien­zo y nos ayu­da a evi­tar el dog­ma­tis­mo. El comu­nis­mo es un pro­ce­so des­ti­tu­yen­te que des­es­ta­bi­li­za no sólo las ins­ti­tu­cio­nes vigen­tes sino tam­bién las ideas domi­nan­tes. A los pode­res de la crí­ti­ca, sin embar­go, debe siem­pre aña­dir­se pro­ce­sos crea­ti­vos de expe­ri­men­ta­ción con nue­vas for­mas de rela­ción social, nue­vos modos de vida. A los pode­res des­ti­tu­yen­tes del comu­nis­mo deben aña­dir­se pro­ce­sos cons­ti­tu­yen­tes. Uno de los aspec­tos de las acam­pa­das y ocu­pa­cio­nes de 2011 que encuen­tro más fas­ci­nan­te ha sido la expe­ri­men­ta­ción de nue­vas prác­ti­cas, como la asam­blea gene­ral y los gru­pos de tra­ba­jo (o comi­sio­nes). Han teni­do toda cla­se de difi­cul­ta­des, por supues­to, tan­to por los con­flic­tos inter­nos como por la repre­sión exter­na, pero han crea­do prác­ti­cas e ins­ti­tu­cio­nes de auto­go­bierno autó­no­mo que han exten­di­do el inte­rés por nue­vas for­mas de democracia.

Al con­tra­rio que en las pri­me­ras par­tes de la tri­lo­gía [Impe­rio [4], Mul­ti­tud [5], Com­mon­wealth], la cues­tión urba­na tie­ne un impor­tan­te papel en Com­mon­wealth. Inclu­so han urba­ni­za­do la tesis sobre la fábri­ca social, en con­cor­dan­cia con la afir­ma­ción de Har­vey acer­ca del carác­ter urbano de la lucha anti­ca­pi­ta­lis­ta (en Mul­ti­tu­de ya habla­bais sobre la urba­ni­za­ción de la lucha de gue­rri­llas). Vues­tro acer­ca­mien­to a la ciu­dad, sin embar­go, pro­vie­ne de un con­tex­to espe­cí­fi­co, fenó­me­nos típi­cos de gran­des con­cen­tra­cio­nes de per­so­nas (París, Milán, New York, Bue­nos Aires, etc.) tales como metro­po­li­ti­za­ción y sus homó­lo­gos, por ejem­plo neo­li­be­ra­li­za­ción, infor­ma­ti­za­ción y net­wor­king. ¿Cómo lle­var a cabo vues­tro aná­li­sis en ciu­da­des de tipo medio, que no sean metró­po­lis post-socia­lis­tas (con la pocas excep­cio­nes de Var­so­via, Mos­cú, Pra­ga y Buda­pest)? ¿Pode­mos pen­sar­las en tér­mi­nos de luga­res de resis­ten­cia y de fábri­cas inma­te­ria­les sin fron­te­ras? ¿Dón­de veríais las líneas de resis­ten­cia post-socia­lis­ta y cómo se podrían supe­rar sus limi­ta­cio­nes poten­cia­les tales como el carác­ter mix­to de las eco­no­mías del Este de Euro­pa, la pér­di­da de la soli­da­ri­dad de cla­se y la feti­chi­za­ción local, fre­cuen­te en los movi­mien­tos urba­nos polacos?

Creo que es impor­tan­te en estas dis­cu­sio­nes cues­tio­nar y revi­sar las con­cep­cio­nes tra­di­cio­na­les sobre la divi­sión entre la ciu­dad y el cam­po, entre lo urbano y lo rural. Un ries­go de nues­tra dis­cu­sión en Com­mon­wealth, así como en los tra­ba­jos de David Har­vey sobre la ciu­dad, está en no con­si­de­rar o sub­es­ti­mar las pobla­cio­nes y luchas rurales.

Em mi opi­nión el cri­te­rio más impor­tan­te para dis­tin­guir lo urbano de lo rural en el pen­sa­men­to moderno no es la den­si­dad de pobla­ción sino su inter­co­mu­ni­ca­ción. Retorno fre­quen­te­men­te al pasa­je de Marx en el 18 Bru­ma­rio sobre los cam­pe­si­nos, que con­si­de­ro emble­má­ti­co. Marx inten­ta­ba enten­der por qué a mitad del S.XIX lós cam­pe­si­nos fran­ce­ses eran reac­cio­na­rios y, espe­cial­men­te, por qué apo­ya­ban la dic­ta­du­ra. No podían actuar como cla­se, decía, lo que sig­ni­fi­ca­ba que no podían actuar polí­ti­ca­men­te y en su lugar eran repre­sen­ta­dos y mani­pu­la­dos por los pode­res domi­nan­tes. La expli­ca­ción de Marx era que, dado que los cam­pe­si­nos fran­ce­ses esta­ban dis­per­sos en peque­ñas pro­pie­da­des a lo lar­go de las zonas rura­les, no con­se­guían comu­ni­car­se entre sí, y la comu­ni­ca­ción es nece­sa­ria para la acción polí­ti­ca autó­no­ma y cole­ti­va. Aquí la fal­ta de comu­ni­ca­ción no es prin­ci­pal­men­te un pro­ble­ma de infor­ma­ción ‑por ejem­plo si los cam­pe­si­nos fran­ce­ses leían los perió­di­cos- sino, en reali­dad, una cues­tión de lós tipos de con­ta­to e inter­cam­bio que per­mi­ten la for­ma­ción de una sub­je­ti­vi­dad polí­ti­ca. El con­tra­ejem­plo en la men­te de Marx, natu­ral­men­te, es el pro­le­ta­ria­do urbano que se jun­ta no sólo en la ciu­dad sino en torno a las máqui­nas en las fábri­cas, par­ti­ci­pan­do así de un con­jun­to de pro­ce­sos de pro­duc­ción de sub­je­ti­vi­dad a tra­vés de la comu­ni­ca­ción cor­po­ral e intelectual.

Esta dis­tri­bu­ción comu­ni­ca­ti­va, que tie­ne tan­tas impli­ca­cio­nes polí­ti­cas, es cru­cial en las moder­nas con­cep­cio­nes de lo rural y lo urbano, y en las teo­rías de las metró­po­lis. Está cla­ro que hoy esta divi­sión ya no se sus­ten­ta. El tipo de comu­ni­ca­ción reque­ri­da para la acción polí­ti­ca colec­ti­va exis­te actual­men­te tan­to en los espa­cios urba­nos como en los rura­les. De hecho, al final del S.XX en el con­tex­to de luchas cam­pe­si­nas gene­ra­li­zas –en Lati­noa­mé­ri­ca, Sudes­te asiá­ti­co, y otros luga­res– pare­ce a menu­do que los espa­cios rura­les tuvie­ran prio­ri­dad en este sen­ti­do, y los terri­to­rios urba­nos parez­can a veces desiertos.

Por tan­to, abor­da­ría tu pre­gun­ta res­pec­to a las ciu­da­des post-socia­lis­tas con este cri­te­rio. ¿Cuá­les son las posi­bi­li­da­des de comu­ni­ca­ción y de pro­duc­ción colec­ti­va de sub­je­ti­vi­dad? En estos espa­cios urba­nos desier­tos, ¿los indi­vi­duos están ais­la­dos o exis­ten cir­cui­tos cul­tu­ra­les, socia­les y polí­ti­cos arti­cu­la­dos a tra­vés del terri­to­rio urbano en redes comu­ni­ca­ti­vas? Esta vie­ne a ser, real­men­te, una pre­gun­ta exis­ten­cial muy direc­ta: cuan­do vives en una u otra ciu­dad, ¿aumen­ta tu poder de actuar y pen­sar o te sien­tes más igno­ran­te e incons­cien­te? Esta es una clá­si­ca cues­tión spi­no­zis­ta sobre la ale­gría y la tris­te­za. Des­afor­tu­na­da­men­te, no conoz­co estas ciu­da­des, pero estoy segu­ro que voso­tros, o cual­quier otro que viva en ellas, podría responder.

En Com­mon­wealth, habéis teni­do que hacer fren­te a impor­tan­tes crí­ti­cas, con­tes­tan­do a los ata­ques de dife­ren­tes y cono­ci­dos teó­ri­cos (tam­bién en Polo­nia) como Sla­voj Žižek, Alain Badiou y Ernes­to Laclau. ¿Podrías men­cio­nar qué inte­lec­tua­les, según vues­tra opi­nion, com­pren­den hoy el actual esta­do de cosas, y cuyos libros pue­den ser úti­les en los pro­ce­sos de orga­ni­za­ción y luchas de la mul­ti­tud? Al pre­gun­tar esto pen­sa­mos en algo mucho más gene­ral –la cues­tión del rol de los inte­lec­tua­les en la pro­duc­ción del cono­ci­mien­to para uso del movi­mien­to y sopor­te prác­ti­co-teó­ri­co para los tra­ba­jos de la revo­lu­ción. ¿Cómo enten­déis la rela­ción entre teo­ría y prác­ti­ca? ¿Es toda­vía razo­na­ble distinguirlas?

Los filó­so­fos que men­cio­nas –Žižek, Badiou, y Laclau – son bue­nos pun­tos de par­ti­da, y aña­di­ría tam­bién a Judith Butler, Jac­ques Ran­ciè­re, y muchos otros.

Pien­so, sin embar­go, como tu pre­gun­ta sugie­re, que no se debe­ría con­fiar en los inte­lec­tua­les para pro­veer­se de una guía teó­ri­ca para la prác­ti­ca revo­lu­cio­na­ria. La divi­sión no está en que los inte­lec­tua­les hagan teo­ría y los mili­tan­tes prác­ti­ca –o, inclu­so, menos, que los inte­lec­tua­les guíen a los estu­dian­tes. Algu­nos de los más impor­tan­tes desa­rro­llos con­cep­tua­les y teó­ri­cos actua­les han sido cons­trui­dos colec­ti­va­men­te por los movi­mien­tos socia­les. Los indig­na­dos, Occupy, y otras acam­pa­das ini­cia­das en 2011 son los auto­res no sólo de impor­tan­tes expe­ri­men­tos polí­ti­cos sino tam­bién con­cep­tua­les y teó­ri­cos. Dicho esto, no me refie­ro sim­ple­men­te a inver­tir la rela­ción tra­di­cio­nal y decir que los acti­vis­tas deban lide­rar a los inte­lec­tua­les. Diría que hay dife­ren­tes regis­tros de teo­ri­za­ción que van de las uni­ver­si­da­des a las calles, y que ambos son importantes.

Lo que pre­ci­sa­mos des­cu­brir, me pare­ce, son los acuer­dos de co-inves­ti­ga­ción en los que inte­lec­tua­les y acti­vis­tas creen los medios para tra­ba­jar jun­tos y comu­ni­car­se con­ti­nua­men­te des­de un regis­tro de pro­duc­ción teó­ri­ca a otro. No es nece­sa­rio para ello que los aca­dé­mi­cos bajen a las calles y que los acti­vis­tas vayan a las uni­ver­si­da­des –aun­que no sea una mala idea. Lo esen­cial es que haya medios de comu­ni­ca­ción y tra­duc­ción entre los tipos de teo­ri­za­ción pro­du­ci­dos en las uni­ver­si­da­des y los rea­li­za­dos em lós movi­mien­tos. La co-inves­ti­ga­ción depen­de de la comu­ni­ca­ción y la circulación.

De acuer­do con lo que escri­bís en Decla­ra­tion, los movi­mien­tos más impor­tan­tes de 2011 tie­nen sus raí­ces en el común. Ellos no solo se bene­fi­cian de nue­vas téc­ni­cas comu­ni­ca­ti­vas y expe­ri­men­tan for­mas inno­va­do­ras más inclu­si­vas de par­ti­ci­pa­ción polí­ti­ca, sino tam­bién luchas para libe­rar el común, tan­to de la pro­pie­dad pri­va­da como del con­trol esta­tal (o para decir­lo en tér­mi­nos gene­ra­les, del con­trol públi­co). Esta pare­ce ser la reti­ra­da final de vues­tra tesis en Empi­re sobre que los movi­mien­tos alter­mun­dis­tas no podían comu­ni­car­se entre sí. Aho­ra tan­to Negri como tú estáis inten­tan­do dife­ren­ciar entre el ciclo alter­mun­dis­ta de luchas y el ciclo inau­gu­ra­do en el últi­mo año. ¿Podrías seña­lar los aspec­tos más impor­tan­tes de esta dife­ren­cia? ¿Es capaz el pre­sen­te ciclo de luchas de lograr “lo impo­si­ble” (al menos para el ciclo ante­rior): crear las ins­ti­tu­cio­nes del común?

Cuan­do des­ta­ca­mos la “inco­mu­ni­ca­bi­li­dad” de las luchas en Empi­re, el movi­mien­to alter­mun­dis­ta toda­vía no había emer­gi­do. Ter­mi­na­mos el libro antes de las pro­tes­tas con­tra la OMC en Seattle en 1999. En su lugar está­ba­mos pen­san­do en las poten­tes anti­neo­li­be­ra­les de los 90, como la revuel­ta de Tia­nan­men, la rebe­lión zapa­tis­ta en Méxi­co, las revuel­tas anti-FMI en Vene­zue­la y Jamai­ca, etc… Duran­te los años del movi­mien­to alter­mun­dis­ta –des­de Seattle en 1999 a Géno­va en 2001 –hubo una comu­ni­ca­ción inten­sa entre los movi­mien­tos en cada cum­bre y tam­bién en otros con­tex­tos, como el Fórum Social Mun­dial. Y hubo una comu­ni­ca­ción inclu­so mayor y más sig­ni­fi­ca­ti­va entre las acam­pa­das y ocu­pa­cio­nes que comen­za­ron en 2011.

En todos estos ejem­plos, sin embar­go, una carac­te­rís­ti­ca fun­da­men­tal que tene­mos que com­pren­der es la pro­fun­da dis­con­ti­nui­dad de los movi­men­tos. Exis­te tan­to una dis­con­ti­nui­dad tem­po­ral (los movi­men­tos sur­gen en un esce­na­rio y pare­cen des­apa­re­cer pocos meses des­pués) como espa­cial (los deseos y prác­ti­cas pare­cen sal­tar de un lugar a otro, de El Cai­ro a Madrid, de Ate­nas a New York). ¿Cómo pode­mos com­pren­der esta des­con­ti­nui­dad y, más impor­tan­te, cómo pode­mos tra­ba­jar­la políticamente?

Una res­pues­ta, que pien­so en par­te correc­ta, es reco­no­cer que deba­jo de esta apa­rien­cia dis­con­ti­nua hay una más pro­fun­da, una con­ti­nui­dad ocul­ta de los movi­mien­tos, sus deseos y prác­ti­cas. La metá­fo­ra de Marx del topo es la ima­gen clá­si­ca de esta con­ti­nui­dad sub­te­rrá­nea. Las luchas fran­ce­sas del S.XIX eran como un topo que salía a la super­fi­cie por bre­ves momen­tos –en 1789, 1830, 1848, 1871, y así suce­si­va­men­te– pero entre­tan­to está tra­ba­jan­do y avan­zan­do bajo tie­rra. Es una bella metá­fo­ra para cap­tu­rar la con­ti­nui­dad ocul­ta, aun­que debo admi­tir que la ima­gen natu­ra­lis­ta de un topo tra­ba­ja­dor no me pare­ce exac­ta­men­te corre­ta. Diría que los movi­mien­tos revo­lu­cio­na­rios son más bien como un auto­mó­vil ace­le­ran­do en la noche con las luces apa­ga­das. Pue­des ver­lo bre­ve­men­te bajo algu­na faro­la y enton­ces des­apa­re­ce, apa­re­cien­do des­pués calle aba­jo. Esta metá­fo­ra tie­ne la ven­ta­ja de dar un sen­ti­do del peli­gro e, inclu­so a veces, de la pre­ci­pi­ta­ción del pro­ce­so revolucionario.

Pien­so que es impor­tan­te, en todo caso, reco­no­cer estas con­ti­nui­da­des ocul­tas en tér­mi­nos espa­cio-tem­po­ra­les. Lo que ocu­rrió en Seattle en 1999 y lue­go des­apa­re­ció, por ejem­plo, pro­du­jo muchos más avan­ces sobre Wall Street en 2011, y lo que se logró en Túnez y El Cai­ro a comien­zos de 2011 reapa­re­ció más tar­de en Madrid y Ate­nas. Pro­cla­mar tales con­ti­nui­da­des no es sufi­cien­te, pero es un buen comienzo.

Cuan­do mira­mos los even­tos de 2011, pode­mos lle­gar a una con­clu­sión bas­tan­te pesi­mis­ta. En casi todas las con­fron­ta­cio­nes con el poder y el capi­tal, la mul­ti­tud, al menos por aho­ra, falla gra­ve­men­te. Si nos fija­mos en los gobier­nos pos­re­vo­lu­cio­na­rios en Túnez, Egip­to o Libia, o con­si­de­ra­mos los acon­te­ci­mien­tos tras la Mar­cha a Bru­se­las de los Indig­na­dos, la desin­te­gra­ción de las asam­bleas de Zuc­cot­ti Park, o las con­se­cuen­cias de la masi­va mani­fes­ta­ción en Israel. En este con­tex­to muchas de las crí­ti­cas man­tie­nen que la pre­sión polí­ti­ca de la mul­ti­tud des­de todas las pla­zas de los paí­ses ára­bes fue sufi­cien­te para derro­car a los dic­ta­do­res pero para con­so­li­dar las con­quis­tas de las revo­lu­cio­nes (o mejor –de las revuel­tas) es nece­sa­ria la toma de un con­trol demo­crá­ti­co (en la for­ma de con­se­jos obre­ros) sobre los luga­res de pro­duc­ción, clá­si­ca­men­te enten­di­dos. En Decla­ra­tion resal­táis la dife­ren­cia entre la vie­ja izquier­da (con su nos­tal­gia de las vie­jas for­mas de orga­ni­za­ción polí­ti­ca) y los nue­vos movi­mien­tos como Indig­na­dos o Occupy. Tam­bién escri­bís que los movi­mien­tos de 2011 han crea­do una opor­tu­ni­dad para una nue­va izquier­da. ¿Pen­sáis se ha hecho un uso ade­cua­do de esta opor­tu­ni­dad? ¿Exis­ten puen­tes entre movi­mien­tos y for­mas orga­ni­za­ti­vas de la mul­ti­tud y las for­mas clá­si­cas de orga­ni­za­ción del movi­mien­to obre­ro (como con­se­jos obre­ros con un sis­te­ma de dele­ga­dos) que per­mi­tan una con­so­li­da­ción de las con­quis­tas de las revuel­tas en las ins­ti­tu­cio­nes del común?

Tu pre­gun­ta refle­ja muy bien la limi­ta­ción de mi res­pues­ta a la cues­tión ante­rior sobre la natu­ra­le­za dis­con­ti­nua de los movi­mien­tos con­tem­po­rá­neos. No bas­ta con decir que la con­ti­nui­dad de los movi­mien­tos está ocul­ta o sub­te­rra­nea y que apa­re­ce­rá en otro lugar u otra vez. No bas­ta con decir que el ver­da­de­ro éxi­to de la Pla­za Tah­rir pue­de juz­gar­se no en Egip­to sino en Madrid o en Wall Street. O inclu­so decir que qui­zás sea­mos derro­ta­dos aho­ra pero que en 10 o 20 años venceremos.

Tene­mos tam­bién que cons­truir nue­vas for­mas polí­ti­cas que con­si­gan uma mayor exten­sión y dura­ción de los movi­mien­tos aquí y aho­ra. Es un lugar común decir que las acam­pa­das de 2011 fue­ron váli­das para orga­ni­zar una pla­za con algu­nos cien­tos o inclu­so miles de par­ti­ci­pan­tes pero no tuvie­ron éxi­to en tras­la­dar la vic­to­ria de la pla­za a una nue­va socie­dad dura­de­ra, a una for­ma alter­na­ti­va de vida.

Por tan­to, en Decla­ra­tion, Toni y yo nos cen­tra­mos en la nece­si­dad de ini­ciar un pro­ce­so cons­ti­tu­yen­te y, como dices, crear ins­ti­tu­cio­nes del común. Aquí, por “ins­ti­tu­ción”, no enten­de­mos una estruc­tu­ra rígi­da o buro­crá­ti­ca, y por “cons­ti­tu­ción” no nos refe­ri­mos a un orden fijo y for­mal. En cam­bio, esta­mos intere­sa­dos en la crea­ción de ins­ti­tu­cio­nes com­pues­tas de prác­ti­cas y hábi­tos socia­les repe­ti­dos, y la inven­ción de pro­ce­sos cons­ti­tu­yen­tes que se pro­pa­gen y reali­cen aso­cia­cio­nes socia­les dura­de­ras y for­mas de vida. Los movi­mien­tos, en otras pala­bras, nece­si­tan crear mayo­res for­mas de continuidad.

Estas dos res­pues­tas a la cues­tión de la dis­con­ti­nui­dad de los movi­mien­tos –una insis­tien­do que exis­te una con­ti­nui­dad ocul­ta y otra lla­man­do a la crea­ción de ins­ti­tu­cio­nes para esta­ble­cer su con­ti­nui­dad– son muy dife­ren­tes pero no con­tra­dic­to­rias. De hecho, diría que la cla­se de con­ti­nui­dad que ya exis­te, la comu­ni­ca­ción entre los movi­mien­tos a tra­vés del tiem­po y el espa­cio, es hoy la base nece­sa­ria para cual­quier pro­yec­to que pre­ten­da ini­ciar un pro­ce­so cons­ti­tu­yen­te y crear ins­ti­tu­cio­nes del común. Sin esta base, tales pro­yec­tos serían inimaginables.

Notas:

[1] Com­mon­wealth. El pro­yec­to de una revo­lu­ción del común, Michael Hardt & Anto­nio Negri. Akal, 2011

[2] Decla­ra­ción, Michael Hardt & Anto­nio Negri. Akal, 2012

[3] http://www.marxists.org/espanol/m‑e/cartas/m09-43.htm

[4] Impe­rio, Michael Hardt & Anto­nio Negri. Pai­dós, 2002

[5] Mul­ti­tud, Michael Hardt & Anto­nio Negri. Deba­te, 2004

Fuen­te: http://​www​.uni​no​ma​de​.org/​c​o​m​m​u​n​i​s​m​-​i​s​-​t​h​e​-​r​u​t​h​l​e​s​s​-​c​r​i​t​i​q​u​e​-​o​f​-​a​l​l​-​t​h​a​t​-​e​x​i​s​ts/

Entre­vis­ta rea­li­za­da por el colec­ti­vo edi­to­rial “Prakty­ka Teo­rety­cz­na” con moti­vo de la publi­ca­ción pola­ca del libro de Hardt y Negri, Com­mon­wealth. Tra­duc­ción de Nemoniente

uni​no​ma​de​.org

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