Rein­ven­tar el dine­ro- Ale­jan­dro Nadal

Uno de los pro­ble­mas más serios de la teo­ría eco­nó­mi­ca es su inca­pa­ci­dad para tra­tar los temas mone­ta­rios de mane­ra cohe­ren­te. Las con­se­cuen­cias son gra­ves: el dis­cur­so de la teo­ría eco­nó­mi­ca domi­nan­te ha arro­pa­do y cul­ti­va­do una idea com­ple­ta­men­te erró­nea sobre el fun­cio­na­mien­to de los ban­cos y la crea­ción monetaria.

No cabe duda que el sis­te­ma eco­nó­mi­co nece­si­ta refor­mas pro­fun­das. Uno de los cam­bios fun­da­men­ta­les que urge intro­du­cir se sitúa en el ámbi­to de la dimen­sión mone­ta­ria y finan­cie­ra. Cier­to, las alte­ra­cio­nes en este terreno no serán sufi­cien­tes para can­ce­lar total­men­te la explo­ta­ción pero sí son nece­sa­rias para ini­ciar el trán­si­to a una socie­dad más justa.

Qui­zás el obs­tácu­lo más serio es la vie­ja y equi­vo­ca­da idea de que el sis­te­ma mone­ta­rio actual es natu­ral e ina­mo­vi­ble. El sis­te­ma mone­ta­rio actual repre­sen­ta una de muchas posi­bi­li­da­des y, como pode­mos obser­var, no sólo es inefi­cien­te sino que con­du­ce a una bru­tal injus­ti­cia social.

Para nadie debie­ra ser ya un secre­to el que la crea­ción mone­ta­ria está hoy en manos de los ban­cos. Es fal­sa la idea de que tene­mos un ban­co cen­tral dota­do del mono­po­lio de crea­ción mone­ta­ria. Si bien es cier­to que por ley el ban­co cen­tral es el úni­co que emi­te bille­tes y pue­de acu­ñar mone­da, ese mon­to es una minús­cu­la par­te de la ofer­ta mone­ta­ria en una eco­no­mía capi­ta­lis­ta. Típi­ca­men­te en la actua­li­dad ese dine­ro de ‘alto poder’ equi­va­le a 5 – 7 por cien­to del total de la ofer­ta mone­ta­ria en una eco­no­mía. El res­to del cir­cu­lan­te uti­li­za­do en el sis­te­ma de pagos es emi­ti­do por ban­cos pri­va­dos (y algu­nas otras enti­da­des del sis­te­ma finan­cie­ro no ban­ca­rio). En sín­te­sis, la fun­ción de crea­ción mone­ta­ria ha sido usur­pa­da por los ban­cos privados.

El aná­li­sis de los agre­ga­dos mone­ta­rios de cual­quier eco­no­mía per­mi­ti­rá al lec­tor com­pro­bar lo ante­rior. En Méxi­co el mon­to de bille­tes y mone­das en poder del públi­co en octu­bre del pre­sen­te año era de unos 650 mil millo­nes de pesos (mmdp). Las cuen­tas de che­ques en mone­da nacio­nal y extran­je­ra en ban­cos resi­den­tes, así como los depó­si­tos en cuen­ta corrien­te y a la vis­ta (en socie­da­des de aho­rro y prés­ta­mo) ascen­dían a 1.4 billo­nes (cas­te­lla­nos) de pesos. La suma de estas dos cifras nos da 2.05 billo­nes de pesos y corres­pon­de al agre­ga­do mone­ta­rio M1: las mone­das y bille­tes emi­ti­dos por el Ban­co de Méxi­co son 31 por cien­to de este agre­ga­do monetario.

Los acti­vos finan­cie­ros inter­nos en poder de resi­den­tes alcan­zan la pro­di­gio­sa cifra de 6.5 billo­nes de pesos. Y si suma­mos esta can­ti­dad a nues­tra M1 tene­mos un nue­vo agre­ga­do mone­ta­rio lla­ma­do M2 con 8.5 billo­nes. Aquí las mone­das y bille­tes son 7 por cien­to del total. Los lec­to­res pue­den veri­fi­car todo esto en los cua­dros sobre agre­ga­dos mone­ta­rios del por­tal del Ban­co de Méxi­co (www​.ban​xi​co​.org​.mx).

La ope­ra­ción de crea­ción mone­ta­ria por los ban­cos pri­va­dos está mar­ca­da por dos carac­te­rís­ti­cas de gran impor­tan­cia. El dine­ro nace a tra­vés de un pro­ce­so de endeu­da­mien­to y es gene­ra­do de la nada. Cuan­do un ban­co pri­va­do gene­ra dine­ro lo hace a tra­vés de un cré­di­to otor­ga­do a una per­so­na o una empre­sa. La crea­ción mone­ta­ria impli­ca una deu­da para quien reci­be el cré­di­to (y dicho cré­di­to no está aso­cia­do a un acti­vo pre­xis­ten­te). El ban­co abre una cuen­ta para el pres­ta­ta­rio y le pro­por­cio­na medios de pago (por ejem­plo, una che­que­ra o un plás­ti­co) pero no le entre­ga una suma de bille­tes que hubie­ra teni­do guar­da­da en sus bóve­das: esta crea­ción mone­ta­ria por los ban­cos pri­va­dos pro­vie­ne de la nada.

Aho­ra el recep­tor del cré­di­to está obli­ga­do a gene­rar recur­sos mone­ta­rios para pagar­le al ban­co el prin­ci­pal y los intere­ses. Por eso se dice que la crea­ción mone­ta­ria está aso­cia­da al endeu­da­mien­to. La crea­ción de dine­ro deu­da es una carac­te­rís­ti­ca fun­da­men­tal de las eco­no­mías capi­ta­lis­tas de nues­tros días. Y uno de los ele­men­tos cen­tra­les de la refor­ma mone­ta­ria debe con­sis­tir en la eli­mi­na­ción del com­po­nen­te de deu­da en el naci­mien­to de este obje­to social que es el dine­ro. Se nece­si­ta un sis­te­ma mone­ta­rio de dine­ro libre de deuda.

Para alcan­zar­lo es nece­sa­rio des­ha­cer­se de varios mitos. Uno de ellos con­sis­te en pen­sar que lo que se nece­si­ta es anclar el dine­ro en un refe­ren­te físi­co como el oro o la pla­ta. Eso no es ni nece­sa­rio ni sufi­cien­te. El patrón oro no impi­de la crea­ción ex nihi­lo de dine­ro-deu­da por par­te de los ban­cos, y tam­po­co pre­vie­ne la vola­ti­li­dad o las cri­sis como lo demues­tra la his­to­ria económica.

Otro mito es la noción de que la inter­ven­ción de una enti­dad públi­ca con­du­ce irre­me­dia­ble­men­te al abu­so y la infla­ción. La reali­dad es que el sec­tor ban­ca­rio pri­va­do ha abu­sa­do de su poder de crea­ción mone­ta­ria. Y los epi­so­dios de infla­ción de acti­vos, cono­ci­dos como bur­bu­jas, cons­ti­tu­yen el modus ope­ran­di del sec­tor ban­ca­rio privado.

Exis­ten alter­na­ti­vas socia­les a la crea­ción de dine­ro-deu­da. Los sis­te­mas polí­ti­cos tra­di­cio­na­les han segui­do el camino de la sumi­sión al com­ple­jo ban­ca­rio-finan­cie­ro. Se requie­re aho­ra reba­sar esta visión estre­cha y recu­pe­rar el con­trol popu­lar sobre una de las prin­ci­pa­les ins­ti­tu­cio­nes sociales.

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