Arga­la 1978 – 2012

José Miguel Beña­ran Orde­ña­na “Arga­la”. Pró­lo­go al libro de Jokin Apa­la­te­gi: Natio­na­lis­me et ques­tion natio­na­le au Pays Bas­que, 1830 – 1976 (1977)

Cuan­do se me ha invi­ta­do a pre­sen­tar este libro, con­sis­ten­te en un aná­li­sis teó­ri­co acer­ca del nacio­na­lis­mo vas­co, su con­cep­ción a tra­vés de la his­to­ria por las dife­ren­tes cla­ses socia­les exis­ten­tes en Eus­ka­di, su rela­ción con el inter­na­cio­na­lis­mo en la con­cien­cia de la cla­se obre­ra, me ha pare­ci­do lo más indi­ca­do no hacer una pre­sen­ta­ción crí­ti­ca –cada lec­tor hará sin duda la suya – , sino un bre­ve rela­to de mi expe­rien­cia polí­ti­ca per­so­nal; de mi toma de con­tac­to con la pro­ble­má­ti­ca nacio­nal vas­ca y con la más espe­ci­fi­ca de la cla­se de nues­tro país, el desa­rro­llo de esa con­cien­cia ini­cial a tra­vés de mi acti­vi­dad polí­ti­ca como mili­tan­te de ETA en Eus­ka­di penin­su­lar y pos­te­rior­men­te como refu­gia­do vas­co en Eus­ka­di con­ti­nen­tal.

Tra­tan­do de evi­tar que el obje­ti­vo de este rela­to pue­da ser mal inter­pre­ta­do, debo acla­rar que, des­de lue­go, no con­sis­te en dar a cono­cer mi bio­gra­fía, sino tra­tar de apor­tar al lec­tor un ele­men­to de jui­cio viven­cial –ni más vali­do, ni menos que el de cual­quier otro vas­co– en un inten­to de enri­que­cer con datos de la expe­rien­cia el tra­ba­jo teó­ri­co rea­li­za­do por Jokin Apa­la­te­gi.

Tam­po­co pre­ten­do en modo alguno que mi expe­rien­cia per­so­nal sea sus­cep­ti­ble de exten­sión a otras per­so­nas, por mucho que su evo­lu­ción se haya podi­do pro­du­cir en los mis­mos cau­ces orga­ni­za­ti­vos. Por otra par­te, con­si­de­ro que la expe­rien­cia sólo es racio­na­li­za­ble cuan­do se ha situa­do ya a cier­ta dis­tan­cia en el pasa­do –e inclu­so en este caso su expli­ca­ción pue­de ser dife­ren­te según el momen­to de la vida des­de el que se la obser­va– con lo que su recu­pe­ra­ción para el aná­li­sis ado­le­ce­rá de la inca­pa­ci­dad para reco­ger deter­mi­na­das cir­cuns­tan­cias y ele­men­tos cau­sa­les que se per­die­ran en el olvi­do sin tomar con­cien­cia de ellos.

Nací en Arri­go­rria­ga en 1949. Arri­go­rria­ga –cuan­do yo resi­día en ella– era una loca­li­dad con una pobla­ción que calcu­lo en 8.000 habi­tan­tes, de los que una bue­na par­te son inmi­gran­tes de dife­ren­tes regio­nes y pue­blos del Esta­do espa­ñol. Pró­xi­ma a la zona eus­kal­dun del valle de Arra­tia, gira­ba no obs­tan­te exclu­si­va­men­te en la órbi­ta de la indus­trio­sa y comer­cial villa de Bil­bao y sus alre­de­do­res, fuer­te­men­te inte­gra­da de emi­gran­tes, por ésta y otras razo­nes his­tó­ri­cas, de habla casi total­men­te cas­te­lla­na. Debi­do a ello, Arri­go­rria­ga, fun­da­men­tal­men­te, era tam­bién de len­gua cas­te­lla­na. El eus­ka­ra era, has­ta hace unos doce años, un idio­ma en vías de des­apa­ri­ción; cono­ci­do casi exclu­si­va­men­te por el redu­ci­dí­si­mo sec­tor de los base­rri­ta­rras, pro­ba­ble­men­te lo uti­li­za­ban en sus hoga­res, pero, por lo menos los jóve­nes, se aver­gon­za­ban de hablar­lo fue­ra de ellos., El cono­ci­mien­to del eus­ka­ra era, pues, más una cau­sa de com­ple­jo de infe­rio­ri­dad que una razón para la afir­ma­ción nacio­nal como pue­blo dife­ren­cia­do.

Mi padre, naci­do en la mis­ma loca­li­dad, era de ori­gen obre­ro; tra­ba­ja­dor des­de la infan­cia y duran­te mis pri­me­ros seis años de vida tra­ba­ja­dor y copro­pie­ta­rio, jun­to con sus her­ma­nos, de un peque­ño nego­cio de car­pin­te­ría que uti­li­za­ba un solo asa­la­ria­do, quien, fre­cuen­te­men­te, fue­ra de horas de tra­ba­jo con­vi­vía con ellos en régi­men familiar.Mi padre, hijo de eus­kal­du­nes, des­co­no­cía por com­ple­to el eus­ka­ra. Mi madre, de ori­gen base­rri­ta­rra, se vio obli­ga­da, tam­bién des­de niña, a acu­dir a las gran­des villas a ofre­cer sus ser­vi­cios como “fem­me de mena­ge”, tra­ba­jo que reali­zó has­ta su matri­mo­nio. Vas­co-par­lan­te, no sé si por nece­si­da­des de con­vi­ven­cia con mi padre y su fami­lia –todos habi­ta­ban una sola vivien­da– o por un com­ple­jo de infe­rio­ri­dad muy exten­di­do por aquel tiem­po entre los vas­co-par­lan­tes –pro­ba­ble­men­te por ambas razo­nes – , uti­li­za­ba en casa úni­ca­men­te el cas­te­llano, por lo que has­ta fechas recien­tes he des­co­no­ci­do el eus­ka­ra.

Sien­do niño aún, for­tui­ta­men­te –median­te la lote­ría – , mi padre con­si­guió cier­ta can­ti­dad de dine­ro, sufi­cien­te como para ini­ciar por su cuen­ta la cons­truc­ción de vivien­das, con­vir­tién­do­se de este modo en peque­ño indus­trial de la cons­truc­ción, nivel social en el que habría de per­ma­ne­cer has­ta el día de su muer­te.

Un fac­tor fun­da­men­tal duran­te mucho tiem­po en mi edu­ca­ción seria la ense­ñan­za reci­bi­da en la escue­la. Estu­dia­ba con admi­ra­ción las haza­ñas de los con­quis­ta­do­res espa­ño­les y las lla­ma­das cru­za­das, con­si­de­ran­do la per­di­da del impe­rio espa­ñol como el lamen­ta­ble resul­ta­do de un cúmu­lo de injus­ti­cias his­tó­ri­cas rea­li­za­das por otras nacio­nes como Ingla­te­rra o Fran­cia. José Anto­nio Pri­mo de Rive­ra –fun­da­dor de la Falan­ge– era con­si­de­ra­do por mí como héroe nacio­nal, y los rojos, como se deno­mi­na­ba en los libros de his­to­ria a todos los enemi­gos del fran­quis­mo, una hor­da de ateos, vio­la­do­res y ase­si­nos.

La cues­tión nacio­nal vas­ca jamas lle­gué a plan­teár­me­la en la infan­cia de un modo posi­ti­vo, si bien la cono­cía por mi padre y sus audi­cio­nes noc­tur­nas de una emi­so­ra de radio prohi­bi­da cuyas emi­sio­nes que­da­ban semi­aho­ga­das en una mar de rui­dos y piti­dos que las con­ver­tían casi en inin­te­li­gi­bles.

Mi padre era patrio­ta vas­co, sim­pa­ti­zan­te del P.N.V., y yo patrio­ta espa­ñol y par­ti­da­rio de Fran­co por la paz que, tras los años de “revuel­tas y que­mas de con­ven­tos”, nos había dado a “todos los espa­ño­les”. Debi­do a ello los enfren­ta­mien­tos en casa se pro­du­cían con rela­ti­va faci­li­dad y, si jamás lle­gué a ser cas­ti­ga­do a cau­sa de ellos, fue sim­ple­men­te gra­cias a que mi padre com­pren­día que dis­cu­tía con un niño al que mejor que repren­der era dejar cre­cer y madu­rar.

Tam­bién mi fami­lia pater­na y sus rela­cio­nes –que cons­ti­tuía mi medio ambien­te– eran casi en su tota­li­dad nacio­na­lis­tas vas­cos. Con fre­cuen­cia podría sen­tir ese extra­ño ambien­te de con­ver­sa­cio­nes en la inti­mi­dad de los hoga­res, en los que se cita­ban los nom­bres de Sabino Ara­na, fun­da­dor del P.N.V., y José Anto­nio Agui­rre, en aquel enton­ces pre­si­den­te del Gobierno Vas­co en el exi­lio. Pero todo esto, que sin dar­me cuen­ta iba impreg­nan­do mi sub­cons­cien­te, era inca­paz de com­ba­tir la ense­ñan­za esco­lar, e inclu­so de plan­tear­me pro­ble­mas a los que de cual­quier modo era aún poco sen­si­ble por mi cor­ta edad.

De lo que, en cam­bio, guar­do una viva sen­sa­ción es de la impo­si­bi­li­dad para rela­cio­nar­me con mi abue­la mater­na. Ella ape­nas habla­ba cas­te­llano y yo no cono­cía el eus­ka­ra por lo que nues­tras con­ver­sa­cio­nes jamás supe­ra­ban de un bre­ve inter­cam­bio de pala­bras suel­tas. Habría de morir sin que lle­gá­se­mos a tener una auten­ti­ca con­ver­sa­ción. Recue­ro tam­bién que cuan­do íba­mos a visi­tar­la, mi madre habla­ba en eus­ka­ra con su fami­lia sin que yo lle­ga­se a com­pren­der nada. Todo ello me hacía sen­tir­me dis­mi­nui­do en el ambien­te de aque­llas espo­rá­di­cas visi­tas, que más tar­de com­pren­de­ría era el de una gran par­te de mi pue­blo, la más autén­ti­ca.

Por otra par­te, mi padre, a pesar de su nacio­na­lis­mo sabi­niano, era un fer­vien­te admi­ra­dor de la orga­ni­za­ción social de la U.R.S.S. y del comu­nis­mo en gene­ral, aun­que qui­zá enten­di­do de un modo un tan­to par­ti­cu­lar, Esto hizo que los tér­mi­nos socia­lis­mo y comu­nis­mo, una vez libe­ra­do del las­tre edu­ca­ti­vo reci­bi­da en la escue­la, me resul­ta­ran una opción social más posi­ti­va que otras, a dife­ren­cia de la heren­cia anti­co­mu­nis­ta que dema­sia­dos vas­cos de todas las capas socia­les han reci­bi­do del nacio­na­lis­mo tra­di­cio­nal. La difi­cul­tad para acer­car­me a ellos se situa­ba en el terreno ideo­ló­gi­co, pues era deci­di­da­men­te reli­gio­so.

Los ami­gos de mi padre eran obre­ros y mis ami­gos hijos de obre­ros, por lo que ése ha sido el ambien­te social en que me he desa­rro­lla­do; aun­que has­ta la ado­les­cen­cia no haya esta­do capa­ci­ta­do para cono­cer la divi­sión de la socie­dad en cla­ses socia­les. Tam­po­co serían estas rela­cio­nes las que me incli­na­sen a posi­cio­nar­me con la cla­se obre­ra y optar por el mode­lo social mar­xis­ta. Creo que mi evo­lu­ción en este sen­ti­do se pro­du­jo en dos eta­pas.

La pri­me­ra, carac­te­ri­za­da por tres ele­men­tos. nega­ción del indi­vi­dua­lis­mo peque­ño-bur­gués, con­de­na de la explo­ta­ción capi­ta­lis­ta y corres­pon­dien­te afir­ma­ción obre­ris­ta y visión idea­lis­ta de ins­pi­ra­ción reli­gio­sa de la socie­dad.

Recuer­do como una viven­cia con­ti­nua­da las preo­cu­pa­cio­nes eco­nó­mi­cas de mi padre en el desa­rro­llo de su empre­sa. Para comen­zar la cons­truc­ción de un edi­fi­cio, depen­día siem­pre de la ven­ta de los loca­les del ante­rior­men­te cons­trui­do y de los cré­di­tos ban­ca­rios. Le recuer­do muchas veces solo en su des­pa­cho, preo­cu­pa­do has­ta la angus­tia, cuyo con­ta­gio no podía yo evi­tar. Pron­to com­pren­dí que aque­lla com­pe­ten­cia, aque­lla ley de la sel­va que rige las rela­cio­nes socia­les entre empre­sa­rios, no podía apor­tar un míni­mo de feli­ci­dad social –enten­dien­do la feli­ci­dad como yo la entien­do, lógi­ca­men­te – ; que era mejor colec­ti­vi­zar la pro­pie­dad para que los bene­fi­cios y las preo­cu­pa­cio­nes fue­ran de todos. Era tan fuer­te en mí esta viven­cia que no recuer­do haber desea­do nun­ca con­ti­nuar los nego­cios de mi padre a pesar de los bene­fi­cios que indu­da­ble­men­te repor­ta­ban. Qui­zá tam­bién yo era de ani­mo débil, pues otros en situa­ción seme­jan­te lo han hecho.

Des­de que ten­go uso de razón –es un decir– he teni­do oca­sión de con­tem­plar la explo­ta­ción de la cla­se obre­ra, aun­que sin com­pren­der­la como tal duran­te mucho tiem­po. He vis­to tra­ba­ja­do­res –veci­nos míos– que tras una jor­na­da labo­ral nor­mal se veían obli­ga­dos a “meter horas” en la cons­truc­ción de mi padre u otras, y todo ello úni­ca­men­te para alcan­zar a sobre­vi­vir jun­to con sus fami­lias: Hacia los die­ci­sie­te años ingre­sé en una orga­ni­za­ción cató­li­ca, deno­mi­na­da Legión de María, uno de cuyos obje­ti­vos era bucear en la mise­ria social para con­so­lar a quie­nes se veían obli­ga­dos a pade­cer­la. A tra­vés de mi par­ti­ci­pa­ción en ella, cono­cí lo que creía no exis­tía en nues­tro país, pero aún des­co­no­cía los moti­vos del sufri­mien­to que veía; lo que pro­gre­si­va­men­te se me fue hacien­do evi­den­te es que el con­sue­lo no qui­ta el ham­bre ni las enfer­me­da­des. Úni­ca­men­te con las luchas obre­ras que en mitad de la déca­da de los sesen­ta se pro­du­je­ron en mi zona, y espe­cial­men­te con la huel­ga de Ban­das y la repre­sión des­ata­da duran­te el “esta­do de excep­ción” con­si­guien­te, y la lec­tu­ra de nove­las sobre el tema del sacer­do­cio obre­ro lle­gué a la com­pren­sión de la divi­sión social en cla­ses con intere­ses opues­tos.

Ya com­pren­día el pro­ble­ma, pero no cono­cía aún posi­bles solu­cio­nes váli­das para resol­ver­los. Se me esca­pa­ba el carác­ter anta­gó­ni­co del enfren­ta­mien­to bur­gue­sía-pro­le­ta­ria­do, y en gene­ral toda la racio­na­li­za­ción de la pro­ble­má­ti­ca social. Mi visión era pura­men­te viven­cial y su inter­pre­ta­ción idea­lis­ta. Debía estar con el que sufría y ayu­dar­les, debía hacer algo por mejo­rar las con­di­cio­nes de vida de los tra­ba­ja­do­res, pero no alcan­za­ba a com­pren­der la exis­ten­cia de un modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta que cau­sa­ba la explo­ta­ción de la case obre­ra y la repre­sión con­tra ella. Recue­ro que, por ejem­plo, para sen­si­bi­li­zar fren­te a la gue­rra del Viet­nam, ponía­mos en la puer­ta de la igle­sia parro­quial foto­gra­fías de niños muer­tas por las bom­bas. Pero lo que ni yo ni mis com­pa­ñe­ros de aquel enton­ces com­pren­día­mos con todas sus con­se­cuen­cias, era que la gue­rra del Viet­nam no era un mal en sí mis­mo, sino pro­du­ci­do por el impe­ria­lis­mo ame­ri­cano en su lucha con­tra las jus­tas aspi­ra­cio­nes de libe­ra­ción nacio­nal y social del pue­blo viet­na­mi­ta; y que la úni­ca solu­ción posi­ble estri­ba­ba en la derro­ta de las tro­pas nor­te­ame­ri­ca­nas en aquel terri­to­rio.

Sería poco más tar­de, en una segun­da eta­pa, cuan­do habría de sufrir una pro­fun­da trans­for­ma­ción ideo­ló­gi­ca que me per­mi­tie­se colo­car en su lugar cada ele­men­to del rom­pe­ca­be­zas, Afi­cio­na­do al estu­dio y nece­si­ta­do de racio­na­li­zar mis expe­rien­cias, de com­pren­der el por qué de las cosas, mi con­cep­ción reli­gio­sa de la vida, del hom­bre y de sus rela­cio­nes socia­les entró en cri­sis, debi­do a que no me era sufi­cien­te para expli­car nin­guno de los pro­ble­mas que se me plan­tea­ban. Comen­cé a estu­diar la teo­ría mar­xis­ta.

Ya para enton­ces se oía hablar de una nue­va orga­ni­za­ción polí­ti­ca patrió­ti­ca y socia­lis­ta que lucha­ba por la inde­pen­den­cia de Eus­ka­di, era E.T.A. Sur­gían las Ikas­to­las y apa­re­cían jóve­nes que can­ta­ban en eus­ka­ra. La cues­tión vas­ca bro­ta­ba a la luz con toda su pro­ble­má­ti­ca. Nues­tro pue­blo, casi ani­qui­la­do, resur­gía y su resur­gir se dejó sen­tir tam­bién en Arri­go­rria­ga. Comen­za­ron las cla­ses noc­tur­nas de eus­ka­ra para adul­tos y los vas­co-par­lan­tes comen­za­ron a supe­rar su com­ple­jo para mos­trar­se orgu­llo­sos de hablar el eus­ka­ra.

Como resul­ta­do de ambos fac­to­res –estu­dio del mar­xis­mo y resur­gir nacio­nal vas­co – , tomé con­cien­cia cla­ra de la exis­ten­cia de Eus­ka­di como nación dife­ren­cia­da, inte­gra­da por sie­te regio­nes sepa­ra­das por las armas de los Esta­dos opre­so­res, espa­ñol y fran­cés; de la divi­sión de la socie­dad en cla­ses enfren­ta­das por inte­rés irre­con­ci­lia­bles; de que Eus­ka­di mis­ma no era una excep­ción en este sen­ti­do, com­pren­dí lo que fue la “evan­ge­li­za­ción de Amé­ri­ca” por los espa­ño­les y lo que fue­ron “las cru­za­das”, lo que fue­ron “los rojos” y el “glo­rio­so alza­mien­to nacio­nal”; que no se tra­ta de que los ricos ayu­den a los pobres, ni úni­ca­men­te de que se aumen­ten los sala­rios de la cla­se obre­ra, sino de socia­li­zar los medios de pro­duc­ción; que para lograr la soli­da­ri­dad social es pre­ci­sa una pro­fun­da revo­lu­ción cul­tu­ral, y que para ello, no bas­ta con la bue­na volun­tad, sino que es pre­ci­sa una trans­for­ma­ción del modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta actual­men­te domi­nan­te por otro socia­lis­ta; que para ello es pre­ci­so que la cla­se obre­ra obten­ga el poder polí­ti­co; que un apa­ra­to de Esta­do no es neu­tral y que esto obli­ga a la cla­se obre­ra a des­truir el Esta­do bur­gués para crear otro pro­pio, que la bur­gue­sía recu­rre a las armas cuan­do ve en peli­gro sus pri­vi­le­gios, lo que indu­ce a pen­sar que si la cla­se obre­ra no se plan­tea el pro­ble­ma en tér­mi­nos seme­jan­tes, ten­dre­mos oca­sión de pre­sen­ciar muchas matan­zas y pocas revo­lu­cio­nes.

Ini­cia­do este pro­ce­so de com­pren­sión, que espe­ro jamás lle­gue a con­si­de­rar sufi­cien­te­men­te madu­ro, se me plan­teó la entra­da en E.T.A., y acep­te.

A pesar de la difi­cul­tad de las rela­cio­nes orgá­ni­cas debi­da a exi­gen­cias de la clan­des­ti­ni­dad en que debía desa­rro­llar­se nues­tra acti­vi­dad polí­ti­ca, mi per­te­nen­cia a E.T.A. me per­mi­tió pro­fun­di­zar más en el cono­ci­mien­to de la cues­tión nacio­nal y su rela­ción con la lucha de cla­ses. Pero fue fun­da­men­tal­men­te la esci­sión pro­du­ci­da en torno a la rea­li­za­ción de la VI Asam­blea –decla­ra­da ile­gal– la que, obli­gán­do­me a revi­sar todos mis plan­tea­mien­tos antes de posi­cio­nar­me, me per­mi­tió dar­les cohe­ren­cia y con­fir­mar­me en su jus­te­za.

La tesis defen­di­da por el gru­po deno­mi­na­do VI Asam­blea con­sis­tía en que la opre­sión nacio­nal sufri­da por el Pue­blo Vas­co era una con­se­cuen­cia his­tó­ri­ca más del desa­rro­llo social que tenía como motor la lucha de cla­ses. En el pro­ce­so de con­so­li­da­ción del modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta, las bur­gue­sías de los Esta­dos espa­ñol y fran­cés, bus­can­do el domi­nio de mer­ca­dos lo más amplios posi­ble, habían sepa­ra­do Eus­ka­di en dos peda­zos y, tra­tan­do de homo­ge­nei­zar sus res­pec­ti­vos mer­ca­dos, tan­to a nivel jurí­di­co como lin­güís­ti­co, habían des­trui­do la pecu­liar orga­ni­za­ción jurí­di­ca vas­ca e inten­ta­do ani­qui­lar la len­gua, impo­nien­do por con­tra las cul­tu­ras cas­te­lla­na y fran­ce­sa, que de este modo se con­ver­ti­rán no sólo en domi­nan­tes, sino en las úni­cas per­mi­ti­das. Supe­ra­do el modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta, y no tenien­do los tra­ba­ja­do­res espa­ño­les y fran­ce­ses –nue­va cla­se hege­mó­ni­ca– nin­gún inte­rés en man­te­ner la opre­sión del Pue­blo Vas­co, ésta auto­má­ti­ca­men­te ten­de­ría a des­apa­re­cer. Por lo tan­to, el obje­ti­vo prin­ci­pal lo cons­ti­tuía el triun­fo de la revo­lu­ción socia­lis­ta a nivel de los Esta­dos espa­ñol y fran­cés. Para lograr­lo lo antes posi­ble, era nece­sa­rio uni­fi­car a los tra­ba­ja­do­res a nivel de Esta­do ya que es a este nivel al que se desa­rro­lla la lucha de cla­ses de un modo dife­ren­cia­do. E.T.A. había defen­di­do siem­pre la inde­pen­den­cia de Eus­ka­di y, según VI Asam­blea, esta rei­vin­di­ca­ción divi­día a los tra­ba­ja­do­res vas­cos, por lo tan­to, era pre­ci­so aban­do­nar­la y posi­cio­nar­se por la auto­de­ter­mi­na­ción nacio­nal sin adop­tar opción con­cre­ta algu­na res­pec­to a ella. La opción inde­pen­den­tis­ta, no sólo era con­tra­re­vo­lu­cio­na­ria en cuan­to que sem­bra­ba la divi­sión en el seno de la cla­se obre­ra y fre­na­ba el pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio, sino que ade­más era peque­ño-bur­gue­sa por cuan­to repre­sen­ta­ba el inten­to de la peque­ña bur­gue­sía vas­ca de con­ver­tir­se en cla­se hege­mó­ni­ca del nue­vo vas­co a crear; inten­to por otra par­te banal, vis­to el pun­to al que había lle­ga­do el pro­ce­so de desa­rro­llo his­tó­ri­co. La opción inde­pen­den­tis­ta era, pues, reac­cio­na­ria ade­más. Curio­sa­men­te –por lo repe­ti­ti­vo– y coin­ci­dien­do con esta tesis, se plan­tea­ba la lucha arma­da como un méto­do eli­tis­ta y de ambi­cio­nes mesiá­ni­cas que, inten­tan­do sus­ti­tuir al nece­sa­rio pro­ta­go­nis­mo de las masas obre­ras, no repre­sen­ta­ba sino la expre­sión de una peque­ña-bur­gue­sía que se revol­vía deses­pe­ra­da­men­te con­tra su inexo­ra­ble mar­gi­na­mien­to his­tó­ri­co. Siguien­do este esque­ma –y aun­que jamás fue­ra dicho – , E.T.A. no repre­sen­ta­ba sino la ver­sión anti-fran­quis­ta, y por ello radi­cal, de la polí­ti­ca peque­ño-bur­gue­sa del P.N.V.; y en defi­ni­ti­va, una orga­ni­za­ción lla­ma­da a ser asi­mi­la­da por dicho par­ti­do una vez alcan­za­da la demo­cra­cia polí­ti­ca, si esto lle­ga­ba a pro­du­cir­se.

Estan­do de acuer­do con su aná­li­sis acer­ca del ori­gen de la opre­sión del Pue­blo Vas­co, recha­za­ba por com­ple­to las con­se­cuen­cias que de dicho aná­li­sis extraían. Su esque­ma, copia exac­ta del apli­ca­do por Lenin en la U.R.S.S., lo encon­tra­ba erró­neo en Eus­ka­di. Los pue­blos, y den­tro de ellos cada sec­tor, no optan en un momen­to, sino con­ti­nua­men­te en un pro­ce­so a lo lar­go del cual pue­den cam­biar sus opcio­nes si así lo acon­se­ja­se la reali­dad cir­cun­dan­te. No era el Esta­do dic­ta­to­rial fran­quis­ta con su acer­bo cen­tra­lis­mo e impe­ria­lis­mo espa­ñol la úni­ca cau­sa de la exis­ten­cia de la opción inde­pen­den­tis­ta, sino tam­bién la incom­pren­sión his­tó­ri­ca­men­te demos­tra­da por los par­ti­dos obre­ros espa­ño­les fren­te a la cues­tión vas­ca. La opción inde­pen­den­tis­ta era la expre­sión polí­ti­ca de la afir­ma­ción nacio­nal de los sec­to­res popu­la­res con con­cien­cia nacio­nal que iban día a día amplián­do­se. El Pue­blo Vas­co ha teni­do oca­sión de com­pro­bar a lo lar­go de la his­to­ria que una revo­lu­ción socia­lis­ta a nivel de esta­do no es la solu­ción auto­má­ti­ca de su opre­sión nacio­nal; que los par­ti­dos obre­ros espa­ño­les están dema­sia­do impreg­na­dos del nacio­na­lis­mo bur­gués espa­ñol. Por otra par­te, el logro de la inde­pen­den­cia exi­gía la derro­ta del Esta­do espa­ñol por lo menos en Eus­ka­di, es decir, una ver­da­de­ra revo­lu­ción polí­ti­ca que sólo podía ser lle­va­da a cabo por las capas popu­la­res bajo la direc­ción de la cla­se obre­ra, úni­ca capaz de asu­mir hoy en Eus­ka­di con todas sus con­se­cuen­cias, la direc­ción de un pro­ce­so de tal enver­ga­du­ra. Pre­ci­sa­men­te, este asu­mir la cues­tión vas­ca por la cla­se obre­ra es lo que ha posi­bi­li­ta­do el resur­gi­mien­to nacio­nal de Eus­ka­di.

Mis pos­te­rio­res rela­cio­nes, como repre­sen­tan­te de E.T.A., con repre­sen­tan­tes de diver­sos par­ti­dos obre­ros revo­lu­cio­na­rios espa­ño­les, no sir­vie­ron sino para con­fir­mar esta visión. Dichos par­ti­dos no enten­dían la cues­tión vas­ca sino como un pro­ble­ma, un pro­ble­ma moles­to que con­vie­ne hacer des­apa­re­cer. Siem­pre me pare­ció ver que la uni­dad de “Espa­ña” era para ellos tan sagra­da como para la bur­gue­sía espa­ño­la. Jamás lle­ga­ban a enten­der que el carác­ter nacio­nal que adop­ta­ba la lucha de cla­ses en Eus­ka­di fue­se un fac­tor revo­lu­cio­na­rio; por el con­tra­rio, no era para ellos sino una nota dis­cor­dan­te en el pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio espa­ñol que aspi­ra­ban orques­tar.

Con res­pec­to a las rela­cio­nes entre Eus­ka­di con­ti­nen­tal y Eus­ka­di penin­su­lar, el exi­lio me ofre­ció la oca­sión de cono­cer direc­ta­men­te la pro­ble­má­ti­ca exis­ten­te. Has­ta enton­ces, mi opción fren­te a este tema obe­de­cía más a razo­nes his­tó­ri­cas e ideo­ló­gi­cas que a un cono­ci­mien­to real de la Eus­ka­di con­ti­nen­tal actual. No obs­tan­te, la expe­rien­cia no hizo sino con­fir­mar mis hipó­te­sis y dotar­las de una base más cien­tí­fi­ca. Eus­ka­di con­ti­nen­tal es una zona de casi nula indus­tria­li­za­ción; las bases de su eco­no­mía lo cons­ti­tu­yen las acti­vi­da­des del sec­tor pri­ma­rio y las turís­ti­cas. Con una pobla­ción que no sobre­pa­sa el cuar­to de millón de habi­tan­tes y mar­gi­na­da com­ple­ta­men­te de los cen­tros eco­nó­mi­cos fran­ce­ses, sufre una agu­da emi­gra­ción de mano de obra joven. Aun­que el eus­ka­ra es amplia­men­te cono­ci­do en las zonas rura­les, e inclu­so algo en la cos­ta, su par­ti­ci­pa­ción jun­to a Fran­cia en dos gue­rras de libe­ra­ción nacio­nal con­tra las poten­cias cen­tra­les y la inexis­ten­cia de cla­se social algu­na capaz de mar­car una diná­mi­ca nacio­nal pro­pia, ha teni­do como con­se­cuen­cia, que has­ta hace aún pocos años la con­cien­cia nacio­nal fue­se pro­pie­dad exclu­si­va de deter­mi­na­dos sec­to­res inte­lec­tua­les. Pero la onda expan­si­va de la lucha de Eus­ka­di penin­su­lar, jun­to a la labor de dichos sec­to­res inte­lec­tua­les, ha pro­du­ci­do una toma de con­cien­cia cada vez mayor. El Esta­do fran­cés supo ver el peli­gro que repre­sen­ta­ban ambos fac­to­res y decla­ró ile­ga­les tan­to a E.T.A. como a Enba­ta. Como suce­de con fre­cuen­cia en tales casos, la medi­da no ser­vi­ría sino para for­ta­le­cer el resur­gi­mien­to nacio­nal y nue­vas orga­ni­za­cio­nes habrían de bro­tar y exten­der­se, aun­que len­ta­men­te. Por otro lado, es evi­den­te que la úni­ca solu­ción eco­nó­mi­ca via­ble para Eus­ka­di con­ti­nen­tal es su inte­gra­ción con la zona penin­su­lar don­de pue­de encon­trar los capi­ta­les y la tec­no­lo­gía de que nece­si­ta para dejar de cons­ti­tuir una reser­va turís­ti­ca y pro­duc­to­ra de mano de obra des­ti­na­da a la emi­gra­ción A pesar de las dife­ren­cias cul­tu­ra­les crea­das entre ambas zonas de Eus­ka­di por dos siglos de sepa­ra­ción for­za­da, la comu­ni­dad lin­güís­ti­ca posi­bi­li­ta dicha inte­gra­ción Pude, pues, com­pro­bar que, a pesar de lo inci­pien­te del gra­do de desa­rro­llo de la con­cien­cia nacio­nal en Eus­ka­di con­ti­nen­tal, la uni­dad de ambas par­tes de nues­tro pue­blo no esta­ba sólo jus­ti­fi­ca­da por razo­nes his­tó­ri­cas, sino tam­bién eco­nó­mi­cas y que por todas ellas era posi­ble. Por lo tan­to, ambas zonas del país no habrían de cami­nar sepa­ra­das en dos estra­te­gias corres­pon­dien­tes a los esta­dos en que se halla­ban inclui­das, sino que era pre­ci­so desa­rro­llar una sola estra­te­gia nacio­nal y uni­ta­ria, aun­que coor­di­nan­do tác­ti­cas y eta­pas dife­ren­tes en corres­pon­den­cia con la reali­dad de cada zona.

En cuan­to a la lucha arma­da, mi inter­pre­ta­ción acer­ca de ella tam­po­co se corres­pon­día con la rea­li­za­da por VI Asam­blea. El hecho de que fue­se prac­ti­ca­da de modo mino­ri­ta­rio no sig­ni­fi­ca en modo alguno que expre­sa­se los intere­ses de la peque­ña-bur­gue­sía vas­ca. Cons­ti­tuía úni­ca­men­te la expre­sión más radi­cal del des­con­ten­to de las capas popu­la­res vas­cas y en espe­cial de la cla­se obre­ra. La iden­ti­fi­ca­ción de esta cla­se con quie­nes la prac­ti­ca­ban comen­zó a hacer­se paten­te de modo evi­den­te con oca­sión del jui­cio de Bur­gos en diciem­bre del año 70. A par­tir de enton­ces, no haría sino cre­cer. La lucha arma­da era resul­ta­do de la con­ver­gen­cia de la opre­sión nacio­nal y la explo­ta­ción de cla­se que los tra­ba­ja­do­res vas­cos –enten­di­do el tér­mino en el sen­ti­do más amplio– sufrían bajo la dic­ta­du­ra fran­quis­ta, y no podía sino desa­rro­llar­se en tan­to ésta se man­tu­vie­se. La mayor o menor ace­le­ra­ción de su pro­ce­so de desa­rro­llo obe­de­cía a las con­di­cio­nes de vida y for­ma­ción ideo­ló­gi­ca his­tó­ri­ca res­pec­to a ella del pue­blo Vas­co.

La lucha arma­da tam­po­co fre­na­ba las labo­res de orga­ni­za­ción de masas a otros nive­les; por el con­tra­rio, al cons­ti­tuir­se en el peor enemi­go del régi­men espa­ñol, con­ver­tía el res­to de for­mas de lucha en enemi­gos secun­da­rios y más fáci­les de admi­tir para el fran­quis­mo. Cier­to que pro­vo­ca­ba olea­das de repre­sión sobre los sec­to­res que tra­ta­ban de orga­ni­zar a las masas tra­ba­ja­do­ras patrió­ti­cas, impi­dien­do su orga­ni­za­ción; pero ello no se debía a la lucha arma­da en sí, sino a la uni­dad orgá­ni­ca que en E.T.A. se pro­du­cía entre dichos sec­to­res y los encar­ga­dos de la prác­ti­ca arma­da.

VI Asam­blea se decla­ra­ba inter­na­cio­na­lis­ta y tacha­ba a E.T.A. de nacio­na­lis­ta peque­ño-bur­gue­sa. Pero, ¿qué es el inter­na­cio­na­lis­mo obre­ro? ¿Ser inter­na­cio­na­lis­ta exi­ge a los tra­ba­ja­do­res de una nación divi­di­da y opri­mi­da rene­gar de sus dere­chos nacio­na­les para de este modo con­fra­ter­ni­zar con los de la nación domi­nan­te? En mi opi­nión, no. Inter­na­cio­na­lis­mo obre­ro sig­ni­fi­ca la soli­da­ri­dad de cla­se, expre­sa­da en el mutuo apo­yo, entre los tra­ba­ja­do­res de las dife­ren­tes nacio­nes, pero res­pe­tán­do­se en su pecu­liar for­ma de ser nacio­nal. Si las rela­cio­nes entre las fuer­zas obre­ras espa­ño­las y las patrió­ti­cas vas­cas no han sido mejo­res no se debe a las jus­tas exi­gen­cias de estas últi­mas, sino a la incom­pren­sión y actua­ción opor­tu­nis­ta mos­tra­da por aqué­llas fren­te a la cues­tión nacio­nal vas­ca. ¿El inter­na­cio­na­lis­mo obre­ro exi­ge que los tra­ba­ja­do­res de la nación polí­ti­ca­men­te más avan­za­da fre­nen su rit­mo para ir de la mano de los de las más atra­sa­das? Si fue­ra así, la huma­ni­dad esta­ría aún estan­ca­da. Si deter­mi­na­das revo­lu­cio­nes socia­lis­tas e innu­me­ra­bles luchas de libe­ra­ción nacio­nal, de indu­da­ble signo pro­gre­sis­ta, han podi­do alcan­zar el éxi­to se debe de modo muy impor­tan­te a la exis­ten­cia de paí­ses que no enten­die­ron de aquel modo el inter­na­cio­na­lis­mo obre­ro. E inclu­so más, la expe­rien­cia demues­tra que cada país que triun­fa sobre el capi­ta­lis­mo sien­ta las pre­mi­sas para la exten­sión de la revo­lu­ción socia­lis­ta mun­dial por­que no hay con­se­jo más efi­caz que el ejem­plo. La mejor for­ma de cul­ti­var el inter­na­cio­na­lis­mo es avan­zar el pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio social, allá don­de haya con­di­cio­nes para ello.

El sec­tor patrió­ti­co de la case obre­ra vas­ca que no exis­tía de modo cons­cien­te hace cua­ren­ta años –lo que per­mi­tió que la direc­ción de la lucha nacio­nal fue­se ejer­ci­da de modo impor­tan­te por la peque­ña-bur­gue­sía– exis­tía ya en la déca­da de los sesen­ta. La evo­lu­ción de E.T.A. con sus brus­cos sal­tos y des­ga­ja­mien­tos en una y otra direc­ción, no expre­sa­ba sino la bús­que­da de la afir­ma­ción ideo­ló­gi­ca y polí­ti­ca de dicha cla­se en el seno de una reali­dad ocu­pa­da por sec­to­res con intere­ses aje­nos a ella.

La sepa­ra­ción de la VI Asam­blea sería deci­si­va en este sen­ti­do. A par­tir de ella, no se tra­ta­ría ya de saber dón­de se esta­ba sino cómo había de estar­se. El que E.T.A. –enten­di­da más como fenó­meno polí­ti­co que como orga­ni­za­ción– no haya sido capaz, has­ta fechas recien­tes, de comen­zar a orga­ni­zar a los tra­ba­ja­do­res patrio­tas vas­cos de modo cohe­ren­te no se debe a su, por algu­nos pre­ten­di­do, carác­ter peque­ño-bur­gués, sino a la inex­pe­rien­cia polí­ti­ca, lógi­ca en un sec­tor social que en Eus­ka­di aca­ba­ba de tomar con­cien­cia de su iden­ti­dad y lo tenía aún todo por apren­der.

Pre­ci­sa­men­te la toma de con­cien­cia de este sec­tor social, cons­ti­tui­do por los tra­ba­ja­do­res vas­cos con con­cien­cia nacio­nal, es lo que per­mi­tía pen­sar en Eus­ka­di como un mar­co autó­no­mo para la revo­lu­ción socia­lis­ta que for­zo­sa­men­te habría de ir uni­da a la lucha de libe­ra­ción nacio­nal; con todas las depen­den­cias res­pec­to al res­to de los Esta­dos espa­ñol, fran­cés y mun­dial, que lógi­ca­men­te exis­ten.

La reali­dad pos­te­rior no ha hecho sino con­fir­mar estas hipó­te­sis. Las luchas obre­ras sur­gi­das en Eus­ka­di han teni­do siem­pre su lími­te de gene­ra­li­za­ción en el mar­co geo­grá­fi­co de la nación vas­ca; igual­men­te la lucha polí­ti­ca ha teni­do en Eus­ka­di carác­ter dife­ren­cia­do del res­to de los esta­dos veci­nos. Ello ha obli­ga­do a los par­ti­dos de exten­sión esta­tal espa­ño­la, a con­si­de­rar la con­ve­nien­cia de des­cen­tra­li­zar sus estruc­tu­ras, crean­do órga­nos de direc­ción y siglas a nivel de Eus­ka­di penin­su­lar. Los par­ti­dos obre­ros espa­ño­les han deja­do de ser el enemi­go prin­ci­pal del esta­do para que este papel fue­se ocu­pa­do por las fuer­zas patrió­ti­cas obre­ras vas­cas y en espe­cial E.T.A. Estas mis­mas fuer­zas han ser­vi­do de ele­men­to revul­si­vo y radi­ca­li­za­dor del pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio de todo el Esta­do espa­ñol, con­fir­man­do la jus­te­za de la visión que E.T.A. ha teni­do del inter­na­cio­na­lis­mo obre­ro.

A pesar de la disi­mi­li­tud entre Eus­ka­di con­ti­nen­tal y penin­su­lar, pro­du­ci­da por las dife­ren­tes estruc­tu­ras socio­eco­nó­mi­cas y de for­mas de pade­ci­mien­to de la opre­sión nacio­nal, el pro­ce­so de apro­xi­ma­ción entre ambas zonas es ya evi­den­te –rela­cio­nes cul­tu­ra­les, rela­cio­nes eco­nó­mi­cas inter­coo­pe­ra­ti­vas, par­ti­do polí­ti­co exten­di­do a ambas zonas– y su inter­re­la­ción cada día mayor, con­tra­rres­tan­do la tesis de quie­nes las pre­ten­dían inser­tar, res­pec­ti­va­men­te, en los pro­ce­sos fran­cés y espa­ñol e inde­pen­dien­tes entre sí. Por el con­tra­rio, debi­do a la inter­re­la­ción antes cita­da, son los mis­mos apa­ra­tos de Esta­do espa­ñol y fran­cés quie­nes han comen­za­do a uni­fi­car su lucha con­tra el pue­blo Vas­co.

Una vez ini­cia­do el pro­ce­so de des­com­po­si­ción del fran­quis­mo., E.T.A., lejos de engro­sar las filas de las orga­ni­za­cio­nes peque­ño-bur­gue­sas, ha dado lugar a la crea­ción de par­ti­dos obre­ros; que ade­más están demos­tran­do ser capa­ces de impul­sar a los sec­to­res que repre­sen­tan a una prác­ti­ca revo­lu­cio­na­ria fren­te a la polí­ti­ca refor­mis­ta de quie­nes siem­bre se han auto-pro­cla­ma­do autén­ti­cos comu­nis­tas revo­lu­cio­na­rios.

Hoy, fren­te a la doble solu­ción –peque­ño-bur­gue­sa vas­ca o socia­lis­ta espa­ño­la– que se le pre­sen­ta­ba al Pue­blo Vas­co en el pri­mer ter­cio de siglo, un sec­tor de la cla­se tra­ba­ja­do­ra está en con­di­cio­nes de ofre­cer una ter­ce­ra vía: la revo­lu­ción socia­lis­ta vas­ca.

Tam­po­co debe­mos enga­ñar­nos: el triun­fo de esta opción es difí­cil. Y sus prin­ci­pa­les obs­tácu­los –con ser impor­tan­tes– no van a ser úni­ca­men­te los par­ti­dos bur­gue­ses –ellos sólo pue­den alar­gar la lucha– ni la exis­ten­cia de un ele­va­do núme­ro de tra­ba­ja­do­res sin con­cien­cia nacio­nal; el resur­gir y exten­der­se de la con­cien­cia nacio­nal vas­ca, así como su asi­mi­la­ción por los inmi­gran­tes, es un pro­ce­so lar­go, pero ya hoy lo sufi­cien­te­men­te pro­fun­do como para con­si­de­rar­lo difí­cil­men­te rever­si­ble. Hoy qui­zá el mayor obs­tácu­lo con­sis­te en el alto nivel de con­su­mo exis­ten­te en Eus­ka­di penin­su­lar –motor del pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio vas­co – , que pue­de hacer­nos olvi­dar que el obje­ti­vo de los tra­ba­ja­do­res vas­cos no es con­su­mir lo nece­sa­rio y lo super­fluo has­ta el nivel de lo ridícu­lo –y a la vez dra­má­ti­co – , sino trans­for­mar nues­tras rela­cio­nes socia­les de pro­duc­ción, hacién­do­las fra­ter­na­les y soli­da­rias, y nues­tras rela­cio­nes con los medios de pro­duc­ción apro­pián­do­los y colo­cán­do­los a nues­tro ser­vi­cio; deci­dir qué que­re­mos pro­du­cir y cómo que­re­mos dis­tri­buir­lo; poder pen­sar y rela­cio­nar­nos en nues­tra len­gua y crear nues­tra pro­pia cul­tu­ra; en suma, ser hom­bres libres en un país libre. Esto cons­ti­tu­ye una revo­lu­ción social y, para lle­var­la a cabo, es pre­ci­sos que el poder polí­ti­co sea nues­tro, sin sus­ti­tuis­mos de nin­gu­na cla­se; es pre­ci­sos que se lo arre­ba­te­mos a las bur­gue­sías espa­ño­la y fran­ce­sa que hoy lo deten­tan; es pre­ci­sa una revo­lu­ción polí­ti­ca.

Por supues­to que las fuer­zas polí­ti­cas de la bur­gue­sía se opon­drán a ella. Pero lo más tris­te seria que tam­bién lo hicie­sen las fuer­zas polí­ti­cas repre­sen­ta­ti­vas de la cla­se obre­ra espa­ño­la. Noso­tros renun­cia­mos a inten­tar deter­mi­nar cómo ha de con­fi­gu­rar­se el pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio espa­ñol y muchos esta­ría­mos dis­pues­tos a ayu­dar­les en su tarea.

Pero a cam­bio exi­gi­mos que a los tra­ba­ja­do­res vas­cos se nos res­pe­te el dere­cho a deci­dir ya des­de hoy cómo que­re­mos cons­truir el futu­ro, nues­tro futu­ro.

La opción que hoy ofre­ce el sec­tor patrió­ti­co de la cla­se obre­ra vas­ca no es úni­ca­men­te una opción para Eus­ka­di, sino indi­rec­ta­men­te tam­bién para los tra­ba­ja­do­res espa­ño­les y fran­ce­ses en cuan­to que la revo­lu­ción socia­lis­ta vas­ca no pue­de sino poten­ciar las de sus res­pec­ti­vos paí­ses. Ella cons­ti­tu­ye la mejor apor­ta­ción que la cla­se obre­ra vas­ca pue­de hacer a los tra­ba­ja­do­res de todo el mun­do.

Si los par­ti­dos obre­ros espa­ño­les no lo com­pren­die­sen así y bus­ca­sen fre­nar el pro­ce­so polí­ti­co vas­co en un inten­to de inte­grar­lo en el de sus res­pec­ti­vos esta­dos, esta­rían hacien­do un tris­te favor a los tra­ba­ja­do­res vas­cos y a la cla­se obre­ra en gene­ral. La incom­pren­sión que has­ta el pre­sen­te han demos­tra­do a las pecu­lia­ri­da­des de la lucha en Eus­ka­di es con­se­cuen­cia direc­ta de su incom­pren­sión de la exis­ten­cia mis­ma del Pue­blo Vas­co. Ella cons­ti­tu­ye pre­ci­sa­men­te el moti­vo de que el sec­tor obje­ti­va y sub­je­ti­va­men­te más revo­lu­cio­na­rio de éste haya opta­do por la inde­pen­den­cia y de que todo él ten­ga hoy una diná­mi­ca en ese sen­ti­do.

Entre el Pue­blo Espa­ñol hemos encon­tra­do tam­bién autén­ti­cos revo­lu­cio­na­rios que han sabi­do reco­no­cer la exis­ten­cia y los dere­chos de nues­tra pue­blo; pero des­gra­cia­da­men­te muy pocos. Si los par­ti­dos obre­ros espa­ño­les hubie­sen sido como ellos, qui­zá hoy quie­nes defen­de­mos la inde­pen­den­cia de Eus­ka­di hubié­se­mos opta­do por otra solu­ción más uni­ta­ria. De cual­quier modo, los pue­blos cami­nan hacia su inte­gra­ción eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca y los tra­ba­ja­do­res debe­mos poten­ciar la soli­da­ri­dad y uni­dad inter­na­cio­na­les siem­pre que no nos obli­gue a sacri­fi­car nues­tra per­so­na­li­dad nacio­nal. De ahí que, fren­te a la tarea de evi­tar enfren­ta­mien­tos y borrar sus­pi­ca­cias entre los tra­ba­ja­do­res vas­cos y los espa­ño­les y fran­ce­ses e ini­ciar un pro­ce­so de acer­ca­mien­to y ayu­da mutua, han de ser estos últi­mos quie­nes dejen de pen­sar en tér­mi­nos de impe­rio y com­pren­dan de una vez que los tra­ba­ja­do­res vas­cos no somos espa­ño­les ni fran­ce­ses, sino úni­ca y exclu­si­va­men­te vas­cos, y que lo que nos une con ellos no es la per­te­nen­cia a una mis­ma nación sino a una mis­ma cla­se.

Arga­la fue uno de los hom­bres más caris­má­ti­cos y deci­si­vos en la his­to­ria de ETA. Murió el 21 de Diciem­bre de 1978 des­pués de que una bom­ba colo­ca­da deba­jo de su coche en Ange­lu le des­tro­za­ra. La fecha esco­gi­da y el pro­de­ci­mien­to uti­li­za­do venían a dejar cons­tan­cia de la ope­ra­ti­vi­dad e ideo­lo­gía de los gru­pos para-poli­cia­les que qui­sie­ron dejar su sello cin­co años des­pués de la muer­te de Luis Carre­ro Blan­co.

José Miguel Beña­ran nació en Arri­go­rria­ga en 1949. Des­pués de una infan­cia y ado­les­cen­cia mar­ca­das por el entorno social del fran­quis­mo, entró en ETA con otros jóve­nes. En 1968 y como con­se­cuen­cia de unas deten­cio­nes, José Miguel Beña­ran aban­do­nó su loca­li­dad refu­gián­do­se en Oña­ti duran­te lar­go tiem­po y adop­tan­do el mote de lña­ki. Exi­lia­do des­pués en lpa­rral­de par­ti­ci­pa­ría acti­va­men­te en la futu­ra evo­lu­ción de la orga­ni­za­ción arma­da.

En esos años de inten­si­dad dia­léc­ti­ca hizo céle­bre una fra­se de su pro­pio cuño:

«Yo dis­cu­to con todos, inte­lec­tua­li­zo a los mili­ta­res y mili­ta­ri­zo a los inte­lec­tua­les».

En diciem­bre de 1973 José Miguel Beña­ran Orde­ña­na, aho­ra con el sobre­nom­bre de Fer­nan­do, se encon­tra­ba en Madrid, jun­to con otros miem­bros del Coman­do Txi­kia pre­pa­ran­do el aten­ta­do que cos­ta­ría la vida al pre­si­den­te espa­ñol, Carre­ro Blan­co.

De nue­vo en Ipa­rral­de, par­ti­ci­pa­ría en la rees­truc­tu­ra­ción de ETA. En el seno de la orga­ni­za­ción arma­da había diver­gen­cias en cuan­to a los cam­bios inter­nos y, fun­da­men­tal­men­te, en cuan­to al aná­li­sis del futu­ro polí­ti­co. Orde­ña­na jugó aquí un papel deter­mi­nan­te, en doble sen­ti­do: ana­li­zan­do las con­se­cuen­cias de la caí­da del régi­men fran­quis­ta y los cam­bios que se ave­ci­na­ban, y estu­dian­do el des­do­bla­mien­to para abar­car todos los fren­tes de lucha sobre un nue­vo mode­lo orga­ni­za­ti­vo, dejan­do para ETA el cam­po mili­tar. De esta for­ma se cons­ti­tuía en noviem­bre de 1974 ETA mili­tar y el aná­li­sis rea­li­za­do por José Miguel Beña­ran que­da­ría plas­ma­do en un mani­fies­to ‑el Agi­ri-que se publi­ca­ría a últi­mos de ese mes.

En octu­bre de 1976 se casó en la isla fran­ce­sa de Yeu, en don­de esta­ba depor­ta­do, con Asun Ara­na cuyo ante­rior com­pa­ñe­ro, Jesús Mari Mar­kie­gi, había muer­to en una embos­ca­da poli­cial en Ger­ni­ka en 1975, Des­pués de aban­do­nar Yeu, ambos alqui­la­rán una casa en Ange­lu. Cuan­do se pro­du­jo su muer­te la Poli­cía blo­queó y prohi­bió la entra­da en su pue­blo natal, Arri­go­rria­ga.

Como pro­tes­ta por el cer­co, una asam­blea popu­lar deci­dió que todos los veci­nos se ence­rra­ran en sus casas y que acom­pa­ña­ran al cadá­ver sólo la madre, los her­ma­nos y los com­pa­ñe­ros. Dos per­so­nas que por­ta­ban la ban­de­ra de KAS abrían el peque­ño cor­te­jo que avan­za­ba len­ta­men­te ante el cor­dón poli­cial.

Al lle­gar fren­te al ayun­ta­mien­to, con la iku­rri­ña enlu­ta­da y a media asta, tres agen­tes se cua­dra­ron ante el paso del fére­tro.

Dic­cio­na­rio his­tó­ri­co-polí­ti­co de Eus­kal Herria /​Iña­ki Ega­ña – Txa­la­par­ta

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