Hacia el esta­do vas­co- Iña­ki Gil de San Vicente

Nota: este tex­to fue escri­to agos­to de 2012, for­ma par­te de la obra colec­ti­va Eus­kal Esta­tua­ri bidea zabal­tzen, coor­di­na­da por Ipar Hegoa Fun­da­zioa /​Uda­ko Eus­kal Uni­ber­tsi­ta­tea, con la ines­ti­ma­ble cola­bo­ra­ción del sin­di­ca­to inde­pen­den­tis­ta LAB, Lan­gi­le Aber­tza­leen Batzor­deak, La obra ente­ra, en tres volú­me­nes, está impre­sa en len­gua vas­ca; aquí se ofre­ce su ver­sión en len­gua espa­ño­la con muy insig­ni­fi­can­tes cam­bios formales.

  1. MÁS MERCADO, MENOS ESTADO
  2. EL DECÁLOGO IMPERIALISTA
  3. REFORZAR EL ESTADO BURGUÉS
  4. MARCO AUTÓNOMO DE LUCHA DE CLASES
  5. REVOLUCION Y/​O REFORMA
  6. PREFIGURANDO EL ESTADO VASCO
  7. AUTOGESTION SOCIAL GENERALIZADA

Extrac­to: En el siglo XX el impe­ria­lis­mo ha ela­bo­ra­do tres estra­te­gias para aco­plar la for­ma-Esta­do a sus nece­si­da­des de expan­sión. La ter­ce­ra es la del Con­sen­so de Washing­ton. Aho­ra, inclu­so pue­blos for­mal­men­te libres, con Esta­dos reco­no­ci­dos inter­na­cio­nal­men­te pue­den ser y de hecho son domi­na­dos y admi­nis­tra­dos des­de el exte­rior. Las nacio­nes opri­mi­das, que ni siquie­ra tene­mos Esta­do pro­pio, debe­mos saber que con­quis­tar­lo impli­ca, uno, cono­cer los obje­ti­vos y medios del impe­ria­lis­mo, para ven­cer­lo; dos, par­tir de nues­tra his­to­ria y de nues­tra fuer­za, es decir, de nues­tro mar­co autó­no­mo de lucha de cla­ses; tres, pre­fi­gu­rar nues­tro mode­lo de Esta­do ya en el pre­sen­te, en la medi­da de lo posi­ble; y cua­tro, a la vez, defi­nir el suje­to colec­ti­vo que ha de rea­li­zar­lo, el pue­blo trabajador. 

1.- MÁS MERCADO, MENOS ESTADO

Una de las gran­des derro­tas sufri­das por la huma­ni­dad tra­ba­ja­do­ra en los últi­mos tiem­pos ha sido la de asu­mir sin ape­nas resis­ten­cia teó­ri­ca que los Esta­dos deja­ron de ser nece­sa­rios para los pue­blos. Se hizo creer que el capi­ta­lis­mo había sufri­do tales cam­bios duran­te la segun­da mitad del siglo XX que vol­vían no sólo obso­le­tos los «vie­jos Esta­dos», que se habían vuel­to un obs­tácu­lo para la rápi­da expan­sión de los bene­fi­cios civi­li­za­do­res del lla­ma­do «mer­ca­do mun­dial». Se decía que cual­quier freno pues­to a tal expan­sión obs­ta­cu­li­za­ba la apa­ri­ción de la lla­ma­da «gober­nan­za» demo­crá­ti­ca mun­dial, una for­ma nue­va de admi­nis­tra­ción basa­da en el «diá­lo­go per­ma­nen­te» entre las ins­ti­tu­cio­nes inter­na­cio­na­les, entre las «gran­des agen­cias» y, por no exten­der­nos, entre las «fuer­zas demo­crá­ti­cas de la socie­dad civil mundial».

En la déca­da de 1990 la idea de la «supera­ción del Esta­do» fue refor­za­da por la indus­tria polí­ti­co-mediá­ti­ca median­te el idea­rio cos­mo­po­li­ta y de «ciu­da­da­nía del mun­do» acep­ta­da por par­te del movi­mien­to anti­glo­ba­li­za­ción y alter­mun­dia­lis­ta,. La URSS había implo­sio­na­do, Chi­na Popu­lar gira­ba al capi­ta­lis­mo, la «gue­rra de civi­li­za­cio­nes» plan­tea­ba la urgen­cia de «unir Occi­den­te», cuna y garan­te de los valo­res demo­crá­ti­cos ame­na­za­dos por el «terro­ris­mo islá­mi­co», mien­tras que las «inter­ven­cio­nes huma­ni­ta­rias» legi­ti­ma­das por la ONU en defen­sa de los «dere­chos huma­nos» en ter­ce­ros paí­ses, eran un argu­men­to más a favor de la tesis del ago­ta­mien­to de los Esta­dos y de la urgen­cia de esta­ble­cer por fin la «gober­nan­za» mundial.

Cier­ta izquier­da no lle­gó a creer­se en su tota­li­dad esta expli­ca­ción pero sí la acep­tó en par­te, cre­yen­do que una «Unión Euro­pea demo­crá­ti­ca» equi­li­bra­ría los «exce­sos» nor­te­ame­ri­ca­nos, desa­rro­llan­do una polí­ti­ca res­pe­tuo­sa con los dere­chos huma­nos. Se gene­ra­li­zó así el mito de un «supra Esta­do» que asi­mi­la­se las mejo­res tra­di­cio­nes de los anti­guos y que desa­rro­lla­se otras nue­vas capa­ces de con­tro­lar los rie­gos de la «glo­ba­li­za­ción finan­cie­ra» e impul­sar sus bene­fi­cios. Muchas orga­ni­za­cio­nes refor­mis­tas de los Esta­dos euro­peos más débi­les y has­ta de pue­blos opri­mi­dos nacio­nal­men­te, encon­tra­ron aquí una jus­ti­fi­ca­ción tan­to para su renun­cia silen­cio­sa o públi­ca a par­tes cre­cien­tes de su sobe­ra­nía eco­nó­mi­co-polí­ti­ca, o sea, acep­tar una mer­ma de su inde­pen­den­cia esta­tal for­mal; como, en el caso de las nacio­nes sin Esta­do, para una renun­cia del dere­cho a la inde­pen­den­cia y a dis­po­ner de un Esta­do pro­pio, ya que, se decía, la «inte­gra­ción euro­pea» sig­ni­fi­ca­ba dis­po­ner de un mini-Esta­do inser­to en otro más gran­de y res­pe­tuo­so con las minorías.

El pro­ble­ma ver­da­de­ro es cua­li­ta­ti­va­men­te más bru­tal, a saber, la velo­ci­dad caó­ti­ca de las leyes de pere­cua­ción, cen­tra­li­za­ción y con­cen­tra­ción de capi­ta­les, den­tro de un con­tex­to mun­dial mar­ca­do por una cri­sis de sobre­pro­duc­ción exce­den­ta­ria y de des­cen­so de la tasa media de bene­fi­cios, espe­cial­men­te en el sec­tor I o de pro­duc­ción de bie­nes de pro­duc­ción, debi­do a que la capa­ci­dad de com­pra mun­dial podía absor­ber cada vez menos mer­can­cías fabri­ca­das masi­va­men­te. Pre­sio­na­dos por esta con­tra­dic­ción inhe­ren­te al capi­tal, los inmen­sos capi­ta­les exce­den­ta­rios, sobran­tes, muchos de los cua­les pro­ve­nían de la masa de petro­dó­la­res, de deu­da paga­da por los paí­ses empo­bre­ci­dos, de la cre­cien­te eco­no­mía sumer­gi­da y cri­mi­nal, del nar­co­ca­pi­ta­lis­mo, ade­más de los capi­ta­les que no que­rían ya inver­tir en la indus­tria tra­di­cio­nal y en sus ser­vi­cios corres­pon­dien­tes, esta ingen­te y cre­cien­te masa de dine­ro reini­ció el tra­di­cio­nal sen­de­ro de vol­car­se en la espe­cu­la­ción finan­cie­ra para obte­ner bene­fi­cios rápidos.

2.- EL DECÁLOGO IMPERIALISTA

Para faci­li­tar esta vía tra­di­cio­nal, los Esta­dos impe­ria­lis­tas juga­ron un papel cla­ve. Pode­mos resu­mir­lo en la impo­si­ción de los diez pun­tos del «Con­sen­so de Washing­ton» ela­bo­ra­do a fina­les de 1989 y readap­ta­do en 1993. Para que este decá­lo­go fun­cio­na­se a la per­fec­ción era impres­cin­di­ble que los Esta­dos media­nos y peque­ños admi­tie­sen su inca­pa­ci­dad para nave­gar en el mer­ca­do mun­dial, y que tam­bién los gran­des Esta­dos reali­cen serias refor­mas internas:

Uno, aca­bar con el défi­cit en los pre­su­pues­tos públi­cos, que el Esta­do renun­cie a diri­gir la eco­no­mía más allá de lo nece­sa­rio para el bene­fi­cio pri­va­do. Dos, aca­bar con el défi­cit en ser­vi­cios socia­les bási­cos, que deben pri­va­ti­zar­se. Tres, invo­lu­ción fis­cal en bene­fi­cio de la bur­gue­sía. Cua­tro, liber­tad finan­cie­ra sin con­trol esta­tal de los tipos de inte­rés. Cin­co, impo­ner un tipo de cam­bio que faci­li­te la liber­tad de mer­ca­do. Seis, reduc­ción de las barre­ras adua­ne­ras esta­ta­les. Sie­te, liber­tad de inver­sión extran­je­ra. Ocho, pri­va­ti­za­ción del mono­po­lio del Esta­do y de las empre­sas públi­cas. Nue­va, libe­ra­li­za­ción de los mer­ca­dos. Y diez, pro­tec­ción de la pro­pie­dad burguesa.

El decá­lo­go supo­ne la sub­sun­ción real de los Esta­dos débi­les y empo­bre­ci­dos en los impe­ria­lis­tas, y la cesión de cotas de sobe­ra­nía polí­ti­co-eco­nó­mi­ca de los Esta­dos medios a los gran­des. Ade­más, impli­ca pro­fun­dos cam­bios en cua­tro áreas clá­si­cas de la for­ma-Esta­do domi­nan­te has­ta fina­les del siglo XX, cam­bios que expli­can que la tesis de la sub­sun­ción real, cogi­da de la crí­ti­ca mar­xis­ta a la eco­no­mía bur­gue­sa, sea apli­ca­ble a los efec­tos del impe­ria­lis­mo sobre los empo­bre­ci­dos y debi­li­ta­dos Esta­dos, sobre los que no quie­ren resis­tir­se a los gran­des por­que sus cla­ses domi­nan­tes recha­zan embar­car­se en gue­rras de resis­ten­cia anti­im­pe­ria­lis­ta. Son estas:

Una, fin de los ser­vi­cios públi­cos a car­go del Esta­do, ser­vi­cios que garan­ti­za­ban la repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo según las nece­si­da­des de la «bur­gue­sía nacio­nal» y cier­ta capa­ci­dad de con­trol e inte­gra­ción de las cla­ses explo­ta­das al sua­vi­zar su explo­ta­ción. Dos, fin de la sobe­ra­nía finan­cie­ra y pre­su­pues­ta­ria, que fue una de las rei­vin­di­ca­cio­nes estra­té­gi­cas de todas las revo­lu­cio­nes bur­gue­sas y una de las bazas deci­si­vas para su inde­pen­den­cia mili­tar. Tres, fin de la sobe­ra­nía eco­nó­mi­ca basa­da en un espa­cio esta­tal de pro­duc­ción y acu­mu­la­ción, des­tro­za­do aho­ra por la liber­tad de entra­da, sali­da y saqueo de los capi­ta­les extran­je­ros. Y cua­tro, fin de la inde­pen­den­cia espe­cí­fi­ca del Esta­do al tener que pri­va­ti­zar sus pro­pios recur­sos de via­bi­li­dad como los mono­po­lios esta­ta­les y las empre­sas públicas.

La cuá­dru­ple des­truc­ción de la for­ma-Esta­do clá­si­ca afec­ta a sus dos com­po­nen­tes his­tó­ri­ca­men­te defi­ni­to­rios. Uno, las fron­te­ras eco­nó­mi­cas que ase­gu­ran el espa­cio esta­tal de acu­mu­la­ción, y la mone­da nacio­nal emi­ti­da por el Esta­do y que expre­sa mate­rial y sim­bó­li­ca­men­te la fusión entre capi­tal y terri­to­rio en el idea­rio del nacio­na­lis­mo bur­gués de la cla­se domi­nan­te y de su blo­que social de apo­yo. Al difu­mi­nar­se casi total­men­te las fron­te­ras eco­nó­mi­cas, excep­to en aspec­tos secun­da­rios, se hun­de, como deci­mos, uno de los basa­men­tos his­tó­ri­cos de esta for­ma-Esta­do. Otro, la inde­pen­den­cia mili­tar terri­to­rial que des­apa­re­ce tras la sub­sun­ción del «ejér­ci­to nacio­nal» en otro impe­ria­lis­ta de ran­go supe­rior ‑la OTAN– así como el debi­li­ta­mien­to extre­mo de la capa­ci­dad indus­trial-mili­tar autó­no­ma del Esta­do al haber teni­do que pri­va­ti­zar sus mono­po­lios en el com­ple­jo indus­trial-mili­tar. Las dos cesio­nes des­tro­zan la inde­pen­den­cia nacio­nal en su esen­cia eco­nó­mi­co-mili­tar tra­di­cio­nal y son inte­gra­das en una nue­va for­ma-Esta­do supe­rior, más fuer­te, que las inte­gra en su tota­li­dad como par­tes supeditadas.

3.- REFORZAR EL ESTADO BURGUÉS

El «Con­sen­so de Washing­ton» mar­ca un antes y un des­pués en el lla­ma­do «pro­ble­ma nacio­nal» que no sólo en el de la via­bi­li­dad de los Esta­dos empo­bre­ci­dos y depen­dien­tes. Nun­ca el impe­ria­lis­mo occi­den­tal había expre­sa­do de for­ma tan con­ci­sa y direc­ta su polí­ti­ca al res­pec­to, una polí­ti­ca pen­sa­da para asen­tar su domi­na­ción mun­dial duran­te una lar­ga fase, lo mis­mo que lo fue la ins­tau­ra­da en Bret­ton Wood al ter­mi­nar la II GM, o que antes lo había sido la expre­sa­da en los cator­ce pun­tos del pre­si­den­te yan­qui W. Wil­son en 1918.

Por esto que­da una cues­tión deci­si­va en la que el impe­ria­lis­mo ha refor­za­do las atri­bu­cio­nes de los Esta­dos por «falli­dos» que sean. Se tra­ta del déci­mo pun­to del decá­lo­go: pro­te­ger la pro­pie­dad pri­va­da, es decir aumen­tar las vio­len­cias del Esta­do en todas sus for­mas, que no sólo las físi­cas sino tam­bién las psi­co­ló­gi­cas, cul­tu­ra­les, pre­ven­ti­vas, etc. La efec­ti­vi­dad de la estra­te­gia impe­ria­lis­ta sin­te­ti­za­da en este decá­lo­go depen­de en últi­ma ins­tan­cia de la bue­na apli­ca­ción del déci­mo punto.

Des­de verano de 2007, si no antes, este pun­to se ha con­ver­ti­do en el úni­co eje de la polí­ti­ca impe­ria­lis­ta para ase­gu­rar su pro­pie­dad des­car­gan­do los cos­tos sobre las frac­cio­nes más débi­les de sus bur­gue­sías esta­ta­les, sobre las bur­gue­sías de los Esta­dos más debi­li­ta­dos, y fun­da­men­tal­men­te sobre la huma­ni­dad tra­ba­ja­do­ra en su con­jun­to, con espe­cial saña sobre los pue­blos opri­mi­dos, los que no tene­mos, Esta­dos pro­pios con los que defen­der­nos con otra polí­ti­ca socioeconómica.

Pero la mis­ma gra­ve­dad de la cri­sis está azu­zan­do el que algu­nas bur­gue­sías esta­ta­les secun­da­rias recu­rran a for­mas de pro­tec­cio­nis­mo que cho­can par­cial­men­te con el «Con­sen­so de Washing­ton», a la vez que poco a poco van cre­cien­do otras alter­na­ti­vas de rela­cio­nes inter­na­cio­na­les dife­ren­tes al exis­ten­te des­de 1944 – 46, cuan­do EEUU impu­so la estra­te­gia de Bret­ton Wood. Una de las con­tra­dic­cio­nes que más se está agu­di­zan­do es la que esta­lla entre la exi­gen­cia impe­ria­lis­ta de debi­li­tar los Esta­dos e impe­dir en lo posi­ble la crea­ción de otros nue­vos, excep­to los que son sus «Esta­dos ins­tru­men­ta­les», y la diná­mi­ca ascen­den­te de los pue­blos en el doble sen­ti­do de for­ta­le­cer sus Esta­dos redu­cien­do el poder de sus cla­ses domi­nan­tes, y la diná­mi­ca de las nacio­nes opri­mi­das para crear, por fin, sus pro­pios Estados.

Los «Esta­dos ins­tru­men­ta­les» son los pro­pi­cia­dos por el impe­ria­lis­mo siguien­do una vie­ja tác­ti­ca pre­ca­pi­ta­lis­ta de crear «Esta­dos tapón», o «Esta­dos alia­dos», etc., que ser­vían como bases mili­ta­res avan­za­das en pre­vi­sión de gue­rras. Eran y son Esta­dos depen­dien­tes, colo­ni­za­dos, sin pers­pec­ti­va de futu­ro a no ser que en su inte­rior emer­ja una fuer­za que avan­ce has­ta la inde­pen­den­cia derro­tan­do al impe­ria­lis­mo y a sus alia­dos inter­nos. Los «Esta­dos ins­tru­men­ta­les» no están reñi­dos con el «Con­sen­so de Washing­ton» sino que le son fun­cio­na­les como refuer­zo regio­nal para la pro­tec­ción de la pro­pie­dad bur­gue­sa. No es la pri­me­ra vez en la his­to­ria en la que las poten­cias hege­mó­ni­cas mani­pu­lan y retuer­cen los enre­ve­sa­dos uni­ver­sos sub­je­ti­vos de los pue­blos para for­zar la crea­ción de Esta­dos arti­fi­cia­les para des­viar, para­li­zar y/​o aplas­tar rei­vin­di­ca­cio­nes inacep­ta­bles para el blo­que domi­nan­te. La antro­po­lo­gía es una «cien­cia social» espe­cial­men­te apta para jus­ti­fi­car estas y otras manio­bras torticeras.

Las nacio­nes tra­ba­ja­do­ras a las que se nos prohí­be nues­tro Esta­do, debe­mos ser muy cons­cien­tes de la poli­va­len­cia y ampli­tud de las tác­ti­cas del impe­ria­lis­mo para refor­zar su poder, inclu­so crean­do «Esta­dos títe­res» si fue­ra pre­ci­so. Pero, en el caso vas­co, esta últi­ma opción cho­ca­ría con la fron­tal resis­ten­cia de los Esta­dos espa­ñol y fran­cés, lo que gene­ra­ría con­tra­dic­cio­nes inter­im­pe­ria­lis­tas en las que no pode­mos exten­der­nos aho­ra. Ade­más, tam­po­co pode­mos espe­rar para­dos a que esa sea la solu­ción a nues­tros pro­ble­mas, repi­tien­do la pasi­vi­dad cola­bo­ra­cio­nis­ta de la bur­gue­sía vas­ca duran­te el franquismo.

4.- MARCO AUTÓNOMO DE LUCHA DE CLASES

La mun­dia­li­za­ción capi­ta­lis­ta ha ido gene­ran­do cada vez más resis­ten­cias nacio­na­les, muchas de ellas fra­ca­sa­das, pero los Esta­dos débi­les y los pue­blos no han teni­do más reme­dio que adap­tar­se a las exi­gen­cias de la con­cen­tra­ción y cen­tra­li­za­ción de los capi­ta­les, o resis­tir­se reafir­man­do su sobe­ra­nía o lucha por con­quis­tar su inde­pen­den­cia. Al aumen­tar las pre­sio­nes con­tra los dere­chos nacio­na­les, la res­pues­ta ten­dió a radi­ca­li­zar­se en su plan­tea­mien­to, avan­zan­do de una exi­gen­cia por un dere­cho a una lucha por la solu­ción de una nece­si­dad. Jun­to a la con­cre­ción en el con­te­ni­do socio­po­lí­ti­co se rea­li­za­ba una trans­for­ma­ción en el con­te­ni­do de cla­se, popu­lar, en el suje­to colec­ti­vo que lucha por la inde­pen­den­cia, pasan­do éste de estar diri­gi­do por una frac­ción de las cla­ses pro­pie­ta­rias a ser­lo por gran­des sec­to­res popu­la­res, bien cam­pe­si­nos al prin­ci­pio para ser lue­go masas popu­la­res en las que la cla­se obre­ra juga­ba una papel creciente.

La trans­for­ma­ción cua­li­ta­ti­va con­sis­ten­te de movi­li­zar­se por un dere­cho demo­crá­ti­co gene­ral, a luchar por la reso­lu­ción de la nece­si­dad de la inde­pen­den­cia median­te la con­quis­ta de un Esta­do pro­pio, esta dia­léc­ti­ca del derecho/​necesidad, res­pon­de al incre­men­to de las pre­sio­nes impe­ria­lis­tas y al aban­dono de la rei­vin­di­ca­ción nacio­nal con­se­cuen­te por par­te de las cla­ses pro­pie­ta­rias, que ter­mi­nan optan­do por algu­na for­ma de cola­bo­ra­ción con el impe­ria­lis­mo. Y en el fon­do de esta trans­for­ma­ción cua­li­ta­ti­va del dere­cho en nece­si­dad actúa a la vez la toma de con­cien­cia por el pue­blo de que su lucha se rea­li­za en lo que se defi­ne como un «mar­co autó­no­mo de lucha de cla­ses», es decir, en un con­tex­to his­tó­ri­co dife­ren­te en el con­te­ni­do y en la for­ma al del Esta­do que opri­me a esa nación.

La toma de con­cien­cia nacio­nal, y la lúci­da visión teó­ri­ca de la nece­si­dad de un Esta­do pro­pio, tam­bién se plas­ma en el des­cu­bri­mien­to de que esa lucha se rea­li­za den­tro de un con­tex­to dife­ren­te a otros, en un mar­co mate­rial y sim­bó­li­co, lin­güís­ti­co y cul­tu­ra, polí­ti­co y socio­eco­nó­mi­co que tie­ne dife­ren­cias cua­li­ta­ti­vas con el del Esta­do domi­nan­te. Se defi­ne como «mar­co autó­no­mo de lucha de cla­ses» al que se dife­ren­cia en los siguien­tes con­te­ni­dos y for­mas de otros mar­cos circundantes:

Uno, la opre­sión nacio­nal y la inexis­ten­cia de un Esta­do pro­pio de la bur­gue­sía autóc­to­na, de la nación opri­mi­da, pero que explo­ta al pue­blo tra­ba­ja­dor en ese mar­co autó­no­mo, lo que hace que la bur­gue­sía se apo­ye en el Esta­do ocu­pan­te para garan­ti­zar con su fuer­za y su ley la obten­ción de bene­fi­cios. La ausen­cia de un Esta­do pro­pio de la nación opri­mi­da, com­pa­gi­na­da con la exis­ten­cia de una con­cien­cia nacio­nal demos­tra­da como fuer­za obje­ti­va a lo lar­go de la lucha duran­te déca­das, crea una reali­dad inocul­ta­ble para cual­quie­ra que estu­die a ese pue­blo como uni­dad, al mar­gen aho­ra de sus con­tra­dic­cio­nes socia­les internas.

Dos, la prác­ti­ca his­tó­ri­ca no sólo de resis­ten­cia nacio­nal a los ata­ques exte­rio­res sino tam­bién su capa­ci­dad de auto­or­ga­ni­za­ción popu­lar para resis­tir­los en las peo­res con­di­cio­nes, sobre todo y muy impor­tan­te su capa­ci­dad para crear de la nada autén­ti­cos Esta­dos ope­ra­ti­vos efi­ca­ces que han con­ta­do con mayo­ri­ta­rio apo­yo popu­lar y que han des­apa­re­ci­do sólo tras inva­sio­nes mili­ta­res extran­je­ras. El con­tras­te entre un pasa­do recien­te y remo­to en el que se dis­pu­so de algu­na for­ma-Esta­do, y el pre­sen­te en el que ese dere­cho es prohi­bi­do a la fuer­za, tal con­tras­te demues­tra la exis­ten­cia de una reali­dad his­tó­ri­ca dife­ren­cia­da de la de los pue­blos circundantes.

Tres, la exis­ten­cia demos­tra­da por la lucha sos­te­ni­da por gene­ra­cio­nes de que ese pue­blo tie­ne rit­mos, for­mas y con­te­ni­dos de auto­or­ga­ni­za­ción y resis­ten­cia dife­ren­tes a los que exis­ten en el Esta­do ocu­pan­te y dife­ren­te a la lucha gene­ral en el Esta­do ocu­pan­te en cuan­to tal. Con­te­ni­dos, for­mas y rit­mos que se sos­tie­nen, entre otras cosas, sobre una memo­ria colec­ti­va de auto­or­ga­ni­za­ción for­ma­da duran­te gene­ra­cio­nes, memo­ria que ha pene­tra­do en la cul­tu­ra popu­lar y que se plas­ma de mil mane­ras en la vida colec­ti­va del pue­blo, en sus fies­tas, mer­ca­dos, tra­ba­jo y mane­ras de defen­sa de sus derechos.

Cua­tro, la capa­ci­dad demos­tra­da duran­te tiem­po de saber aglu­ti­nar sec­to­res y fuer­zas socia­les dife­ren­tes alre­de­dor de rei­vin­di­ca­cio­nes comu­nes bási­cas uni­das al sen­ti­mien­to nacio­nal, como len­gua y cul­tu­ra, amnis­tía y dere­chos demo­crá­ti­cos, femi­nis­mo, eco­lo­gía, depor­tes, etc., es decir, los deno­mi­na­dos movi­mien­tos popu­la­res. Quie­re esto decir que exis­te una iden­ti­dad popu­lar bási­ca que asu­me deter­mi­na­das rei­vin­di­ca­cio­nes ele­men­ta­les al mar­gen de las dife­ren­cias socia­les, cul­tu­ra­les y polí­ti­cas lógi­cas en toda socie­dad capitalista.

Cin­co, la exis­ten­cia de un movi­mien­to obre­ro y sin­di­cal mayo­ri­ta­rio que asu­ma los dere­chos nacio­na­les como inse­pa­ra­bles de la acción sin­di­cal y de la lucha de cla­ses. La exis­ten­cia de una con­cien­cia-para-sí del pue­blo tra­ba­ja­dor en la que la iden­ti­dad nacio­nal es com­po­nen­te defi­ni­to­rio, es deci­si­va en el basa­men­to mate­rial del mar­co autó­no­mo de lucha de cla­ses. La sola exis­ten­cia de una con­cien­cia-en-si de la cla­se tra­ba­ja­do­ra no sir­ve para demos­trar esa reali­dad por­que le fal­ta el deci­si­vo «fac­tor sub­je­ti­vo», es decir, la con­cien­cia socio­po­lí­ti­ca y nacio­nal que sus­ten­ta en la teo­ría y en la prác­ti­ca la nece­si­dad de la inde­pen­den­cia, como expre­sión de la con­cien­cia-para-sí del pue­blo trabajador.

Y seis, la exis­ten­cia de un reco­no­ci­mien­to inter­na­cio­nal de que ese pue­blo opri­mi­do es dife­ren­te a los demás, con señas de iden­ti­dad visi­bles a sim­ple vis­ta y con una con­cien­cia pro­pia demos­tra­da en muchos dece­nios y has­ta siglos de auto­afir­ma­ción. La comu­ni­dad inter­na­cio­nal y sobre todos sus ele­men­tos cul­tos, pro­gre­sis­tas y de izquier­das, asu­men la exis­ten­cia de un pue­blo con auto­con­cien­cia cuan­do cono­cen su his­to­ria y su presente.

La enu­me­ra­ción no es com­ple­ta y el orden de expo­si­ción no debe ser toma­do al pie de la letra, por­que hay que ana­li­zar cada pue­blo con­cre­to, pero pen­sa­mos que da una idea gene­ral míni­ma­men­te váli­da. La fusión de los seis pun­tos se rea­li­za en la prác­ti­ca colec­ti­va de la nación opri­mi­da y en cada perío­do de su vida unos se pre­sen­tan con más impor­tan­cia que otros, depen­dien­do de la coyun­tu­ra. Pero una mira­da his­tó­ri­ca mues­tra dos cosas ele­men­ta­les: la impor­tan­cia cla­ve de la con­cien­cia-para-si del pue­blo, y las rela­cio­nes que tal con­cien­cia man­tie­nen siem­pre con la rei­vin­di­ca­ción de la nece­si­dad de un poder nacio­nal pro­pio, poder cuya plas­ma­ción más cohe­ren­te es la inde­pen­den­cia estatal.

La nece­si­dad del Esta­do vas­co se expli­ca median­te una argu­men­ta­ción doble pero uni­ta­ria: por un lado, como derecho/​necesidad para sobre­vi­vir como pue­blo en la actual fase del capi­ta­lis­mo; y por otro lado, como des­en­vol­vi­mien­to real de la lógi­ca inter­na al mar­co autó­no­mo de lucha de cla­ses. Es un argu­men­to úni­co divi­di­do en dos razo­nes com­ple­men­ta­rias por­que ambas con­flu­yen en el Esta­do vas­co des­de dos esfe­ras dife­ren­tes de la mis­ma reali­dad de pue­blo opri­mi­do. El derecho/​necesidad que le ata­ñe y per­te­ne­ce como nación a Eus­kal Herria, dere­cho gene­ral y abs­trac­to corres­pon­dien­te a todos los pue­blos opri­mi­dos al mar­gen de que quie­ran ejer­ci­tar­lo o no. Y por otro lado, la con­cre­ción socio­eco­nó­mi­ca, polí­ti­ca, cul­tu­ral, etc., de ese derecho/​necesidad gene­ral en las con­di­cio­nes vas­cas, en la reali­dad his­tó­ri­ca­men­te demos­tra­da de que Eus­kal Herria es un con­tex­to espe­cí­fi­co de lucha de libe­ra­ción nacio­nal, un mar­co autó­no­mo de lucha de clases.

El dere­cho gene­ral a la auto­de­ter­mi­na­ción se mue­ve en el plano abs­trac­to, pero sin con­te­ni­do socio­eco­nó­mi­co ni polí­ti­co, que solo pue­de ser apor­ta­do por la nece­si­dad que tie­ne el pue­blo tra­ba­ja­dor de cons­truir él mis­mo su Esta­do. Si limi­ta­mos nues­tra res­pues­ta a la pri­me­ra par­te del argu­men­to, a la gene­ral y abs­trac­ta, no sabre­mos lle­nar de con­te­ni­do el pro­yec­to inde­pen­den­tis­ta anu­lán­do­lo como argu­men­to con­cre­to, razo­na­do y via­ble, capaz de con­ven­cer a amplios sec­to­res y de aunar las fuer­zas demo­crá­ti­cas y pro­gre­sis­tas nece­sa­rias para dar el sal­to de la nece­si­dad a la liber­tad. Pero si nos limi­ta­mos a la segun­da, olvi­dan­do la pri­me­ra, no acti­va­mos el poten­cial movi­li­za­dor y legi­ti­ma­dor que tie­ne en cuan­to tal, por sí mis­mo, el dere­cho de todo pue­blo a la auto­de­ter­mi­na­ción y a su inde­pen­den­cia nacio­nal si así lo deci­die­se libremente.

5.- REVOLUCION Y/​O REFORMA

Toda nación opri­mi­da que nece­si­te dotar­se de su Esta­do inde­pen­dien­te para poder sobre­vi­vir en el capi­ta­lis­mo mun­dia­li­za­do, de entra­da, se enfren­ta a una estra­te­gia uni­fi­ca­da que si bien encuen­tra más resis­ten­cias cada vez, no por ello se debi­li­ta sino que al con­tra­rio, se refuer­za y endu­re­ce como se está vien­do en el pro­ce­so de inten­sa cen­tra­li­za­ción y con­cen­tra­ción del poder eco­nó­mi­co-polí­ti­co que se está dan­do en la Unión Euro­pea con la excu­sa de la cri­sis del euro, don­de se está apli­can­do el decá­lo­go impe­ria­lis­ta ade­cua­do a las con­di­cio­nes de las poten­cias hegemónicas.

Ubi­ca­dos en nues­tro con­tex­to y coyun­tu­ra inme­dia­ta, la cri­sis espa­ño­la y euro­pea en pri­mer lugar, debe­mos afir­mar que no pue­de haber Esta­do vas­co sin inde­pen­den­cia fis­cal, si no sal­va­guar­da sus dere­chos, atri­bu­cio­nes y pode­res eco­nó­mi­cos. Insis­ti­mos tan­to en la estra­te­gia del «Con­sen­so de Washing­ton» por­que ella nos dice lo que no debe­mos acep­tar, nos pone las exi­gen­cias impe­ria­lis­tas ante las que no tene­mos que clau­di­car pues de hacer­lo, sería­mos un «Esta­do inter­ve­ni­do», sin los sufi­cien­tes recur­sos pro­pios para desa­rro­llar polí­ti­cas pro­gre­sis­tas en todos los aspec­tos, fun­da­men­tal­men­te las des­ti­na­das a for­ta­le­cer la hege­mo­nía del pue­blo trabajador.

Sabien­do lo que no debe­mos ceder en nin­gún caso, el paso siguien­te es saber cómo tene­mos que empe­zar a per­fi­lar una estra­te­gia pre-esta­tal des­de aho­ra, en las con­di­cio­nes pre­sen­tes, sien­do cons­cien­tes de que la cri­sis socio­eco­nó­mi­ca va a empeo­rar, de que la deca­den­cia del Esta­do espa­ñol en la jerar­quía impe­ria­lis­ta se va a agu­di­zar for­ta­le­cién­do­se su nacio­na­lis­mo opre­sor para com­pen­sar su retro­ce­so, de que el Esta­do fran­cés aun­que no pade­ce una cri­sis tan gra­ve como el espa­ñol sí tie­ne pro­ble­mas inter­nos, y de que, por todo ello, ambos Esta­dos van a movi­li­zar sus recur­sos de toda índo­le en el inte­rior de Eus­kal Herria.

Lo que plan­tea­mos es avan­zar en con­quis­tas prác­ti­cas y teó­ri­cas, en expe­rien­cias y en logros que pre­fi­gu­ren ya en el pre­sen­te cómo podrá ser nues­tra vida si tene­mos un Esta­do vas­co. Hay que dejar bien cla­ro des­de el ini­cio que tales logros son siem­pre inse­gu­ros e incier­tos, some­ti­dos a cre­cien­tes cer­cos y ata­que por el Esta­do espa­ñol y por los cola­bo­ra­cio­nis­tas inter­nos. Hay que insis­tir en que la super­vi­ven­cia de esas con­quis­tas depen­de de la lucha en ascen­so, en exten­sión e inten­si­fi­ca­ción, que no ten­drán res­pi­ro alguno y que si caen en la duda o detie­nen su avan­ce, si algu­na vez se creen las pro­me­sas del Esta­do espa­ñol enton­ces comen­za­rán a ser derrotadas.

Aquí hay que recor­dar la dia­léc­ti­ca entre revo­lu­ción y refor­mas, y el anta­go­nis­mo entre refor­ma o revo­lu­ción. La pri­me­ra expli­ca que siem­pre avan­za­mos y mira­mos hacia la revo­lu­ción, hacia el socia­lis­mo, y que los pasos que damos en las peque­ñas refor­mas que con­quis­ta­mos son avan­ces inse­gu­ros cuyo úni­co fin es ampliar las fuer­zas eman­ci­pa­do­ras, su legi­ti­mi­dad y arrai­go median­te la peda­go­gía del ejem­plo, de la mejo­ra mate­rial y moral logra­da con esa con­quis­ta con­cre­ta. La dia­léc­ti­ca entre revo­lu­ción y refor­ma mues­tra que lo fun­da­men­tal es englo­bar las refor­mas rup­tu­ris­tas y radi­ca­les en la viven­cia del socia­lis­mo, de la revo­lu­ción. Por refor­ma radi­cal se entien­de aque­lla que en su mar­co espe­cí­fi­co, el que fue­re, la refor­ma per­mi­te lle­gar a la raíz de la opre­sión que ahí se sufre, que se pade­ce en ese pro­ble­ma con­cre­to, sea una empre­sa, una uni­ver­si­dad, un pue­blo, etc., luga­res en don­de se pue­de aumen­tar la fuer­za eman­ci­pa­do­ra al saber vol­ver con­tra el poder el espa­cio legal con­quis­ta­do, abrien­do así nue­vas expec­ta­ti­vas, nue­vos avan­ces, pero siem­pre en lucha y orien­ta­dos a la vic­to­ria última.

Por el con­tra­rio, el anta­go­nis­mo entre refor­ma o revo­lu­ción se refie­re a que los logros obte­ni­dos se hacen des­de la pers­pec­ti­va de que­dar­se en ellos, de que no sean un tram­po­lín para nue­vas con­quis­tas, de que no sean refor­mas radi­ca­les y rup­tu­ris­tas, sino mera­men­te «nor­ma­li­za­do­tas», es decir, que demues­tren que el sis­te­ma domi­nan­te pue­de ser refor­ma­do des­de den­tro, median­te sus leyes, con pacien­cia. La refor­ma se con­vier­te así, en la prác­ti­ca, en el final de la lucha, en el final del pro­ce­so con­cien­cia­dor, que no pue­de avan­zar más por­que detie­ne la movi­li­za­ción ofen­si­va una vez que ha logra­do su obje­ti­vo, limi­tán­do­se a defen­der lo con­quis­ta­do, y ade­más defen­dién­do­lo úni­ca­men­te con las leyes per­mi­ti­das por el poder explotador.

6.- PREFIGURANDO EL ESTADO VASCO

La pre­fi­gu­ra­ción de cómo será el Esta­do ha de empe­zar­se en el pre­sen­te de las con­quis­tas rup­tu­ris­tas median­te, como míni­mo, cua­tro gran­des áreas: recu­pe­ra­ción de dere­chos y liber­ta­des; cul­tu­ral e iden­ti­dad vas­ca; socio­eco­nó­mi­ca, y medios de comu­ni­ca­ción y con­cien­cia­ción. Las cua­tro man­tie­nen una inter­ac­ción sinér­gi­ca que no pode­mos expli­car ahora.

Sobre los dere­chos y liber­ta­des nacio­na­les y demo­crá­ti­cas, los espa­cios de poder con­quis­ta­dos deben impul­sar y exi­gir la vuel­ta a Eus­kal Herria de las per­so­nas que han teni­do que exi­liar­les por la repre­sión, el avan­ce defi­ni­ti­vo en la reso­lu­ción del con­flic­to vio­len­to y en la des­mi­li­ta­ri­za­ción múl­ti­ple, inclui­da la de las poli­cías muni­ci­pa­les que han de ser cuer­pos civi­les en el pleno sen­ti­do de la pala­bra. Tam­bién ha de prohi­bir­se la indus­tria de la lla­ma­da «segu­ri­dad pri­va­da» por pura higie­ne demo­crá­ti­ca. De igual modo, la tor­tu­ra y los malos tra­tos, los «abu­sos» y la corrup­ción poli­cial han de ser prohi­bi­dos y cas­ti­ga­dos dura­men­te. Tam­bién hay que refle­xio­nar sobre el sis­te­ma judi­cial y car­ce­la­rio, a favor de la jus­ti­cia revo­ca­ble demo­crá­ti­ca­men­te por el pue­blo. Esta polí­ti­ca glo­bal ha de pre­fi­gu­rar níti­da­men­te la que será la polí­ti­ca de dere­chos demo­crá­ti­cos ava­la­da y prac­ti­ca­da por el Esta­do vasco.

Simul­tá­nea­men­te a esto, se ha de exi­gir la reins­tau­ra­ción de todos los dere­chos y liber­ta­des recor­ta­dos por el poder domi­nan­te, y orga­ni­zar deba­tes y movi­li­za­cio­nes sobre la nece­si­dad de avan­zar a la demo­cra­cia socia­lis­ta en Eus­kal Herria, hacien­do hin­ca­pié en las rela­cio­nes entre demo­cra­cia y Esta­do, entre acción direc­ta del pue­blo y ley socia­lis­ta, entre movi­mien­tos popu­la­res, sin­di­ca­les y socia­les como fuer­za de masas garan­te des­de fue­ra de que el Esta­do cum­pli­rá y defen­de­rá la volun­tad popu­lar y, sobre todo, no empe­za­rá a ais­lar­se, sepa­rar­se y buro­cra­ti­zar­se. Es urgen­te plan­tear la cues­tión de que el Esta­do ha de ser «de cris­tal», trans­pa­ren­te y bara­to en todo excep­to en aque­llas impres­cin­di­bles tareas de segu­ri­dad nacio­nal vas­ca, garan­ti­za­da por el pue­blo en armas. Y sin duda, en estas refle­xio­nes colec­ti­vas siem­pre debe estar pre­sen­te la cues­tión pri­me­ra y últi­ma, la de la natu­ra­le­za de la pro­pie­dad median­te la res­pues­ta a la pre­gun­ta ¿De quién es Eus­kal Herria, de su pue­blo tra­ba­ja­dor o del impe­ria­lis­mo franco-español?

Sobre la polí­ti­ca cul­tu­ral y lin­güís­ti­ca que pre­fi­gu­re el futu­ro, los espa­cios de poder con­quis­ta­dos han de avan­zar en una «revo­lu­ción cul­tu­ral» eus­kal­dun y eus­kal­tza­le has­ta la medi­da de lo posi­ble en el con­tex­to actual: enten­der que la cul­tu­ra popu­lar es la pro­duc­ción y admi­nis­tra­ción de los valo­res uso mate­ria­les y sim­bó­li­cos pro­du­ci­dos libre­men­te por el pue­blo; sobre su pro­gre­si­va des­mer­can­ti­li­za­ción y des­pa­triar­ca­li­za­ción; sobre la pau­la­ti­na reuni­fi­ca­ción entre el tra­ba­jo inte­lec­tual y el tra­ba­jo manual; sobre la impor­tan­cia de la memo­ria his­tó­ri­ca y mili­tar en los com­po­nen­tes pro­gre­sis­tas de la cul­tu­ra popu­lar; sobre las tra­di­cio­nes vivas en la cul­tu­ra popu­lar de todo los rela­cio­na­do con los «bie­nes comu­nes» y prác­ti­cas demo­crá­ti­cas pre­bur­gue­sas, auzo­la­na, batza­rra, comu­na, con­ce­jo, ayu­da mutua, coope­ra­ción, ante­igle­sia, y su actua­li­za­ción a las nece­si­da­des presentes.

La (re) cons­truc­ción actual de la iden­ti­dad nacio­nal pro­gre­sis­ta y popu­lar vas­ca es inse­pa­ra­ble de la pre­fi­gu­ra­ción del Esta­do por una razón incues­tio­na­ble: la his­to­ria mues­tra que toda iden­ti­dad nacio­nal varía, se (re) cons­tru­ye o se extin­gue al calor de las con­tra­dic­cio­nes inter­nas de su pue­blo y de las pre­sio­nes y ata­ques exter­nos que sufre, y que en esta ten­sión crea­ti­va o des­truc­ti­va per­ma­nen­te es vital que el pue­blo dis­pon­ga de algu­na for­ma-Esta­do que poten­cie u obs­tru­ya tal (re) cons­truc­ción de la iden­ti­dad colec­ti­va, divi­di­da mien­tras exis­ta explo­ta­ción social inter­na y siem­pre ame­na­za­da por inva­sio­nes exter­nas siem­pre que exis­ta algu­na for­ma de impe­ria­lis­mo. Un pue­blo sin un poder cen­tra­li­za­do y cen­tra­li­za­dor, sin Esta­do en suma, tie­ne extre­ma­das difi­cul­ta­des para enri­que­cer su iden­ti­dad y sobre todo para resis­tir los empu­jes de otras que sí están apo­ya­das por sus res­pec­ti­vos apa­ra­tos estatales.

Las limi­ta­cio­nes de toda índo­le que ten­drá que ir superan­do la «revo­lu­ción cul­tu­ral» en el con­tex­to actual no ven­drán sólo de los Esta­dos fran­co-espa­ñol y de las fuer­zas reac­cio­na­rias y con­ser­va­do­ras vas­cas, sino a la vez de las resis­ten­cias irra­cio­na­les de la pobla­ción y tam­bién de mucha mili­tan­cia inde­pen­den­tis­ta y socia­lis­ta. Del mis­mo modo, las «cade­nas auto­ri­ta­rias» que nos atan al pasa­do tam­bién fre­na­rán mucho la (re) cons­truc­ción de la iden­ti­dad basa­da en la actua­li­za­ción de los com­po­nen­tes pro­gre­sis­tas de nues­tra cul­tu­ra popu­lar. La supera­ción de sus com­po­nen­tes reac­cio­na­rios, machis­tas y sexis­tas, reli­gio­sos, etc., así como la supera­ción de las resis­ten­cias a la «revo­lu­ción cul­tu­ral» sólo pue­de rea­li­zar­se median­te el deno­mi­na­do «pla­cer de la sub­ver­sión», es decir, la gra­ti­fi­ca­ción vital que se obtie­ne día a día al sen­tir cómo tien­de a mejo­rar la vida median­te la pra­xis y las con­quis­tas de todo tipo den­tro de un con­tex­to que sigue sien­do explo­ta­dor e injusto.

Tener siem­pre pre­sen­te que los logros de hoy son una base peque­ña pero váli­da de nues­tra inde­pen­den­cia esta­tal futu­ra, de nues­tro socia­lis­mo en su momen­to, esta pre­sen­cia del maña­na en el aho­ra, mul­ti­pli­ca el «pla­cer de la sub­ver­sión», muy en espe­cial cuan­do des­de los pode­res con­quis­ta­dos se prac­ti­ca una peda­gó­gi­ca tarea de «poli­ti­za­ción de lo pri­va­do». Se debe avan­zar en la supera­ción de las opre­sio­nes y explo­ta­cio­nes «invi­si­bles», en la fami­lia patriar­co-bur­gue­sa, en las rela­cio­nes afec­ti­vas, amo­ro­sas y/​o sexua­les, en las labo­ra­les, ponien­do a dis­po­si­ción de quie­nes lo deseen los medios para empe­zar a cam­biar de for­ma de vida, poten­cian­do espa­cios de con­vi­ven­cia, comu­nas u otras rela­cio­nes de fami­lia no patriar­co-bur­gue­sas, otras sexua­li­da­des, incen­ti­van­do la crea­ti­vi­dad artís­ti­ca e inte­lec­tual tam­bién den­tro del dise­ño urba­nís­ti­co para faci­li­tar lo colec­ti­vo e inter­per­so­nal si así se desea­se, hacien­do retro­ce­der el indi­vi­dua­lis­mo egoís­ta, repri­mi­do y repre­sor. La «poli­ti­za­ción de lo pri­va­do» es una de las mejo­res for­mas de pre­fi­gu­rar un Esta­do no burgués.

Sobre la pre­fi­gu­ra­ción socio­eco­nó­mi­ca hay que empe­zar exi­gien­do que se inves­ti­gue, pro­ce­se y encar­ce­le a los res­pon­sa­bles eco­nó­mi­cos y polí­ti­cos de la actual cri­sis. Con esta rei­vin­di­ca­ción masi­va­men­te apo­ya­da esta­mos pro­po­nien­do aho­ra mis­mo cómo deben ser las leyes en el futu­ro Esta­do vas­co. Este ejem­plo nos per­mi­te avan­zar a otras cues­tio­nes direc­ta­men­te rela­cio­na­das con la cri­sis y sus efec­tos, como por ejem­plo, leyes de con­trol demo­crá­ti­co de la ban­ca y de la inge­nie­ría finan­cie­ra, leyes de con­trol obre­ro de las empre­sas, leyes de con­trol de la fuga de capi­ta­les y de la eco­no­mía sumer­gi­da y cri­mi­nal, etcé­te­ra, de modo que la pira­te­ría bur­gue­sa empie­ce des­de aho­ra a saber que su impu­ni­dad está agotándose.

Pero estos y otros ejem­plos deben asen­tar­se en con­quis­tas reales que ace­le­ren las refor­mas radi­ca­les como el impul­so con pre­su­pues­tos públi­cos de for­mas de pro­duc­ción alter­na­ti­vas, coope­ra­ti­vas de pro­duc­ción y con­su­mo, de yaci­mien­tos de tra­ba­jo social y públi­co, de reduc­ción del tra­ba­jo para tra­ba­jar todos, de perío­dos sabá­ti­cos y de rota­ción volun­ta­ria de tra­ba­jos, de true­que y mer­ca­do jus­to, de ban­cos de tiem­po y de tie­rra, de poten­cia­ción de otra for­ma-mone­da ava­la­da públi­ca­men­te. Se tra­ta de redu­cir rápi­da­men­te la tasa de des­em­pleo, la pre­ca­ri­za­ción y el tiem­po de tra­ba­jo explo­ta­do, para aumen­tar el tiem­po libre, el que pude dedi­car­se a la acción político-cultural.

Por otra par­te, hay que impul­sar la recu­pe­ra­ción de empre­sas, loca­les y vivien­das aban­do­na­das o cerra­das, crean­do reser­vas públi­cas de domi­ci­lios y vivien­das en alqui­ler bara­to ava­la­do ins­ti­tu­cio­nal­men­te, así como polí­ti­cas de expro­pia­ción de edi­fi­cios y casas que sus pro­pie­ta­rios se nie­gan a sacar al uso públi­co, todo ello den­tro de una estra­te­gia de socia­li­za­ción del sue­lo, de aca­bar con la pro­pie­dad pri­va­da del sue­lo, avan­ce impres­cin­di­ble. Para impul­sar estas y otras medi­das hay que dic­tar refor­mas fis­ca­les pro­gre­sis­tas y direc­tas, de aumen­to de ser­vi­cios y empre­sas públi­cas con pre­su­pues­to ofi­cial, de leyes que refuer­cen los dere­chos socia­les y sin­di­ca­les y mer­men los bur­gue­ses, de inver­sio­nes en I+D+i, de sub­ven­cio­nes a la peque­ña bur­gue­sía para que inno­ve y con­tra­te, de poten­cia­ción del desa­rro­llo auto­cen­tra­do demo­crá­ti­ca­men­te pla­ni­fi­ca­do que pre­fi­gu­re el socia­lis­mo eco­ló­gi­co anti­im­pe­ria­lis­ta, de bús­que­da de mer­ca­dos inter­na­cio­na­les alter­na­ti­vos, de rela­cio­nes inter­na­cio­na­les basa­das en la reci­pro­ci­dad y en la des­co­ne­xión, y un lar­go etcétera.

Y por últi­mo, la polí­ti­ca comu­ni­ca­cio­nal debe carac­te­ri­zar­se, des­de la tesis de la pre­fi­gu­ra­ción del Esta­do que nece­si­ta­mos, por la asun­ción de una dife­ren­cia cua­li­ta­ti­va con res­pec­to a la idea bur­gue­sa de comu­ni­ca­ción que se pre­ten­de neu­tral e impar­cial, obje­ti­va y no valo­ra­ti­va, cuan­do pre­ci­sa­men­te es todo lo con­tra­rio. Para la libe­ra­ción nacio­nal en un mar­co autó­no­mo de lucha de cla­ses la comu­ni­ca­ción ha de inte­grar la for­ma­ción crí­ti­ca, la infor­ma­ción con­tex­tua­li­za­da y los medios de res­pues­ta e inter­ac­ti­vi­dad popu­lar que apor­ta sus deci­si­vas expe­rien­cias enri­que­ce­do­ras. Para esto, los espa­cios de poder con­quis­ta­dos, las refor­mas radi­ca­les, han de crear redes de infor­ma­ción, for­ma­ción y deba­te, inter­ac­ti­vas, hori­zon­ta­les, abiertas.

Una cua­li­dad de este sis­te­ma debe ser que per­mi­ta el acce­so libre al esta­do real de las cuen­tas públi­cas, de la ban­ca y de las empre­sas, de los apa­ra­tos del Esta­do y de todas las ins­ti­tu­cio­nes rela­cio­na­das con la pro­duc­ción, con los gas­tos públi­cos, con las sub­ven­cio­nes y ayu­das, con el sis­te­ma finan­cie­ro, con la vida polí­ti­ca, etc.; ins­ti­tu­cio­nes que ten­drán la obli­ga­ción de la trans­pa­ren­cia. Se tra­ta de lograr que el pue­blo conoz­ca sin limi­ta­cio­nes ni tram­pas buro­crá­ti­cas el esta­do real de la «res publi­ca». Defen­der el derecho/​necesidad popu­lar a la trans­pa­ren­cia y al cono­ci­mien­to, y prohi­bir el dere­cho bur­gués al frau­de, a la doble o tri­ple con­ta­bi­li­dad, al secre­to buro­crá­ti­co, es un paso deci­si­vo para avan­zar al Esta­do abier­to al pueblo.

7.- AUTOGESTION SOCIAL GENERALIZADA

Insis­ti­mos en que estas y otras prác­ti­cas no son socia­lis­tas en sí mis­mas, pero sí pre­fi­gu­ran algu­nas de sus carac­te­rís­ti­cas bási­cas, aun­que la cues­tión deci­si­va, la de la natu­ra­le­za de la pro­pie­dad ‑capi­ta­lis­ta o socia­lis­ta– esta­rá toda­vía sin resol­ver­se por­que no se ha avan­za­do cua­li­ta­ti­va­men­te en el pro­ce­so revo­lu­cio­na­rio. Tén­ga­se en cuen­ta que las con­quis­tas cita­das arri­ba se deben rea­li­zar aún den­tro del mar­co de la domi­na­ción bur­gue­sa y fran­co-espa­ño­la. Por esto mis­mo, serán con­quis­tas siem­pre some­ti­das a con­tra­ofen­si­vas más o menos deses­pe­ra­das de la cla­se domi­nan­te vas­ca y de los Esta­dos que la protegen.

Habla­mos por tan­to de la ten­den­cia a la radi­ca­li­za­ción de la lucha de cla­ses den­tro de Eus­kal Herria y de la lucha de libe­ra­ción fren­te a los dos Esta­dos, es decir, de la cre­cien­te impor­tan­cia del mar­co autó­no­mo de lucha de cla­ses vis­to arri­ba y por tan­to, de la cre­cien­te popu­la­ri­dad de la rei­vin­di­ca­ción del Esta­do vas­co. Con­for­me el pue­blo tra­ba­ja­dor vea y sien­ta que pue­de mejo­rar su vida coti­dia­na aumen­tan­do sus espa­cios de con­tra­po­der, de doble poder y de poder popu­lar, en esta medi­da se pre­gun­ta­rá por qué no avan­za más en esa direc­ción, por qué no amplía esas con­quis­tas a la socie­dad vas­ca ente­ra. La expe­rien­cia adqui­ri­da irá agu­di­zan­do la con­cien­cia del derecho/​necesidad del Esta­do, sobre todo si den­tro del pue­blo actúa la izquier­da aber­tza­le como la fuer­za orga­ni­za­da que faci­li­ta el rápi­do paso de la con­cien­cia-en-sí a la conciencia-para-sí.

Se nos plan­tean aquí tres deba­tes vital­men­te uni­dos a la pre­fi­gu­ra­ción del Esta­do: la defi­ni­ción del suje­to revo­lu­cio­na­rio, en nues­tro caso el pue­blo tra­ba­ja­dor; sus rela­cio­nes con la izquier­da aber­tza­le como orga­ni­za­ción de van­guar­dia; y de aquí, la hege­mo­nía popu­lar nece­sa­ria para incluir a la peque­ña bur­gue­sía y a otros sec­to­res en la cons­truc­ción del Esta­do vas­co. Deba­te tri­ple que se arras­tra des­de la pri­me­ra mitad del siglo XIX y que en Eus­kal Herria se tor­na irre­so­lu­ble si se le sepa­ra de la teo­ría del mar­co autó­no­mo de lucha de cla­ses. Han fra­ca­sa­do todos los inten­tos de solu­cio­nar­lo apli­can­do el dog­ma­tis­mo libres­co impor­ta­do mecá­ni­ca­men­te de pro­ce­sos exte­rio­res, sin nin­gu­na ade­cua­ción crí­ti­ca a la reali­dad vas­ca. La izquier­da aber­tza­le actua­li­zó el con­cep­to de pue­blo tra­ba­ja­dor a nues­tras con­di­cio­nes, man­te­nien­do su esen­cia váli­da y adap­tan­do su for­ma al capi­ta­lis­mo vas­co y a nues­tra lucha de liberación.

El con­cep­to de pue­blo tra­ba­ja­dor es lo que se defi­ne como un «con­cep­to fle­xi­ble» en cuyo cen­tro bási­co apa­re­ce la cla­se obre­ra y tra­ba­ja­do­ra tal cual exis­te en el capi­ta­lis­mo actual; con una ten­den­cia cla­ra al alza de su sen­ti­mien­to nacio­nal de cla­se y de su con­cien­cia-para-sí. Lue­go, en una segun­da e inter­me­dia esfe­ra, actúan las masas explo­ta­das, el pre­ca­ria­do cons­cien­te, fran­jas socia­les y las lla­ma­das cla­ses medias en empo­bre­ci­mien­to, con diver­sos gra­dos de con­cien­cia nacio­nal de cla­se, con sen­ti­mien­tos inde­pen­den­tis­tas, sobe­ra­nis­tas y demo­crá­ti­cos, y con ten­den­cia a la radi­ca­li­za­ción por efec­to de la cri­sis. Por últi­mo, en la esfe­ra más exter­na, amplios sec­to­res popu­la­res, auto­ex­plo­ta­dos, pro­fe­sio­nes libe­ra­les y la peque­ña bur­gue­sía al bor­de de la pro­le­ta­ri­za­ción y que a pesar de explo­tar a pocos tra­ba­ja­do­res tie­ne con­cien­cia nacio­nal inter­cla­sis­ta, no reaccionaria.

Este y no otro es el suje­to de la lucha de libe­ra­ción, el que va apren­dien­do los méto­dos bási­cos de la pla­ni­fi­ca­ción y de la auto­ges­tión social gene­ra­li­za­da, sin cuyo apor­te es impo­si­ble crear un Esta­do no bur­gués, obre­ro y popu­lar. Y den­tro de este suje­to colec­ti­vo auto­cons­cien­te actúa como par­te inter­na esen­cial la izquier­da inde­pen­den­tis­ta y socia­lis­ta vas­ca, sur­gi­da de sus entra­ñas y que vive en ellas. Tam­bién aquí yerran irre­mi­si­ble­men­te quie­nes nie­gan el mar­co autó­no­mo de lucha de cla­ses, o quie­nes lo acep­tan for­mal­men­te pero inter­pre­tán­do­lo des­de tesis dog­má­ti­cas y exter­nas a la reali­dad vasca.

El de «hege­mo­nía» es un con­cep­to que per­mi­te varias inter­pre­ta­cio­nes dife­ren­tes según qué estra­te­gia polí­ti­ca se ten­ga. La hege­mo­nía es el pro­ce­so de aglu­ti­na­ción de fuer­zas demo­crá­ti­cas, pro­gre­sis­tas y sobe­ra­nis­tas que van com­pren­dien­do con los hechos, en la pro­pia lucha, que el inde­pen­den­tis­mo del pue­blo tra­ba­ja­dor y su mode­lo de Esta­do son la úni­ca alter­na­ti­va para Eus­kal Herria, y que por tan­to, es menes­ter que pro­fun­di­cen y enri­quez­can una con­fluen­cia de fuer­zas diri­gi­da a ese fin. Bajo la cri­sis devas­ta­do­ra, la peque­ña bur­gue­sía, las pro­fe­sio­nes libe­ra­les, las «cla­ses medias», etc., sufren agre­sio­nes socio­eco­nó­mi­cas por las medi­das de la gran bur­gue­sía. La hege­mo­nía del pue­blo tra­ba­ja­dor ha de ofer­tar­les alter­na­ti­vas de inte­gra­ción local, regio­nal y nacio­nal, depen­dien­do de los avan­ces del pro­ce­so de libe­ra­ción, pero siem­pre den­tro un sis­te­ma demo­crá­ti­ca­men­te pla­ni­fi­ca­do esen­cial para el socialismo.

Sien­do lo ante­rior impor­tan­te, lo defi­ni­ti­va­men­te deci­si­vo de estas expe­rien­cias de avan­ce al Esta­do, radi­ca en el apren­di­za­je colec­ti­vo en la auto­ges­tión social del pue­blo tra­ba­ja­dor, en el apren­di­za­je prác­ti­co de su capa­ci­dad de pla­ni­fi­ca­ción socio­eco­nó­mi­ca, polí­ti­ca, cul­tu­ral, des­de esas peque­ñas y media­nas refor­mas radi­ca­les, rup­tu­ris­tas, orien­ta­das a la crea­ción del Esta­do y al avan­ce al inde­pen­den­tis­mo socia­lis­ta. La auto­ges­tión social gene­ra­li­za­da ven­drá con el socia­lis­mo, y será la prác­ti­ca de masas que sepa admi­nis­trar el Esta­do de for­ma bara­ta y efec­ti­va, anti­bu­ro­crá­ti­ca y hori­zon­tal, pre­pa­ran­do su ulte­rior auto­ex­tin­ción cons­cien­te. La auto­ges­tión debe apren­der­se con la prác­ti­ca, no hay otra alter­na­ti­va, y los méto­dos y las con­quis­tas pro­pues­tas son el úni­co méto­do peda­gó­gi­co exis­ten­te, siem­pre uni­do al de la exten­sión de la demo­cra­cia socia­lis­ta y al de la reduc­ción radi­cal del tiem­po de tra­ba­jo explo­ta­do, asa­la­ria­do, has­ta su extinción.

IÑAKI GIL DE SAN VICENTE

EUSKAL HERRIA 13-VI-2012

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