El camino de San­tia­go- Alva­ro Reizabal

Lle­va­ba San­tia­go camino de minis­tro o qui­zás has­ta de algo más, cuan­do un extra­ño inci­den­te le ha hecho des­ca­rri­lar, salien­do des­pe­di­do auto­má­ti­ca­men­te del tren de alta velo­ci­dad en el que se había acos­tum­bra­do a nave­gar des­de su pro­me­te­do­ra juven­tud en la cosa públi­ca. Este nava­rro de naci­mien­to y madri­le­ño de adop­ción y voca­ción ha trun­ca­do su carre­ra polí­ti­ca por deci­sión ful­mi­nan­te de la man­da­más del apa­ra­to de su par­ti­do, ni mas ni menos que la cono­ci­da como “La Cos­pe”, que lejos de pro­te­ger­le, como ha sido habi­tual has­ta aho­ra con todos los mili­tan­tes meti­dos en marro­nes con tufo a corrup­cio­nes diver­sas, le ha pues­to de pati­tas en la calle en el pri­mer envi­te. Da la impre­sión de que la can­ti­ne­la habi­tual de la pre­sun­ción de ino­cen­cia es váli­da para los que jue­gan ase­gu­ra­dos con la red del par­ti­do y no para los que van por libre. Todo el affai­re en su con­jun­to es sor­pren­den­te, pero mucho más las expli­ca­cio­nes que el len­gua­raz exdipu­tado está dan­do de lo ocurrido.
En prin­ci­pio, pre­sun­ción de ino­cen­cia a sal­vo, todo pare­ce indi­car que San­ti podría haber chan­ta­jea­do a Asiain, exi­gién­do­le el pago de una suma de dine­ro, bajo ame­na­za de sacar sus tra­pos sucios en Caja Nava­rra. O al menos esa es la ver­sión del expre­si­den­te de la arrui­na­da enti­dad finan­cie­ra, habien­do come­ti­do así, pre­sun­ta­men­te, un deli­to de extor­sión median­te pre­cio, algo rarí­si­mo, pues no pare­ce nor­mal que quien, pro­ce­dien­do de fami­lia adi­ne­ra­da y osten­tan­do tan­tos car­gos públi­cos, esté en situa­ción tan apu­ra­da como para tener que bus­car­se la vida por un méto­do tan poco ejem­plar para un dipu­tado, y menos por 25.000 euros que, indu­da­ble­men­te, son una pas­ta pero no una for­tu­na como para que un per­so­na­je de ese cali­bre se pon­ga a delin­quir de for­ma tan cutre. Pero es que ade­más la ope­ra­ti­va es mas curio­sa aun, pues ha reco­no­ci­do que se des­pla­za de Madrid a Iru­ña, para reco­ger lo que él cali­fi­ca de infor­ma­ción, y el denun­cian­te, «de la pas­ta», y lo hizo con gorro, bufan­da y gafas de sol para no ser reco­no­ci­do, agre­gan­do de esta for­ma al dis­cu­rrir delic­ti­vo la agra­van­te de dis­fraz que pue­de aca­rrear una impor­tan­te exa­cer­ba­ción de la pena que even­tual­men­te pudie­ra impo­nér­se­le. Aun­que, des­de lue­go, nada com­pa­ra­ble con el supues­to de que la con­duc­ta hubie­ra sido cali­fi­ca­da de terro­ris­mo, en cuyo caso, en lugar de ser juz­ga­do en Iru­ña por el juez natu­ral, lo hubie­ra sido en la Audien­cia Nacio­nal y la rui­na que le espe­ra­ría sería vitalicia.
Para cul­mi­nar este suce­di­do, la reco­gi­da del botín/​infor­ma­ción se pro­du­jo en un mini­zu­lo sito en las mura­llas medie­va­les, sien­do sor­pren­di­do el sor­pren­di­do dipu­tado lite­ral­men­te con las manos en la masa, cir­cuns­tan­cia esta que posi­bi­li­tó su deten­ción, pese a ser afo­ra­do. San­tia­go, que no calla, dice que es víc­ti­ma de un tre­men­do enga­ño, y solo admi­te que actuó inge­nua­men­te; cla­ro que esa ver­sión no se la creen ni en la taber­na del par­ti­do en su barrio el popu­lar «PPto­ki».

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