¿Murió el Socia­lis­mo?- Anto­nio Apon­te

A los ade­cos les gus­ta la comu­na. Los cope­ya­nos cola­bo­ran con el Plan de la Nación. Unos cla­man por un nue­vo per­dón, otros lla­man a apa­ci­gua­mien­to… ¿Qué pasó? ¿De pron­to nos vol­vi­mos her­ma­nos? ¿Esto era todo? ¿El capi­ta­lis­mo aho­ra es “desa­rro­llo nacio­nal”? ¿Murió de nue­vo el Socia­lis­mo? ¿Recon­ci­lié­mo­nos? El pai­sa­je polí­ti­co toma un extra­ño color. Ana­li­ce­mos.

La Revo­lu­ción entra en un perío­do de defi­ni­ción: la eco­no­mía híbri­da y el capi­tal­so­cia­lis­mo recla­man su corres­pon­dien­te polí­ti­co. El Socia­lis­mo exi­ge pasos hacia su cons­truc­ción, atrás que­da la eta­pa de tran­si­ción inde­fi­ni­da.

El momen­to recla­ma escla­re­ci­mien­to de la ten­den­cia, cla­ra mues­tra de hacia dón­de va la socie­dad.

Es así, más allá de los vapo­res elec­to­ra­les aflo­ran las con­tra­dic­cio­nes socia­les. El triun­fo de la Revo­lu­ción en las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les para­dó­ji­ca­men­te la colo­ca en su más impor­tan­te encru­ci­ja­da: avan­za, para eso apa­ren­te­men­te tie­ne la fuer­za, o retro­ce­de a terre­nos res­tau­ra­do­res, no es posi­ble per­ma­ne­cer en el lla­ma­do “cla­ros­cu­ro”. Que las ten­sio­nes socia­les se defi­nan a favor de la Revo­lu­ción depen­de­rá de su robus­tez ideo­ló­gi­ca, es allí don­de se gana o se pier­de la bata­lla en que esta­mos sumer­gi­dos.

La ideo­lo­gía peque­ño­bur­gue­sa inter­na desa­rro­lla una suer­te de sis­te­ma anar­coi­de, frag­men­ta­dor, sin jerar­quías ni dele­ga­ción, que ha mina­do la base social de la Revo­lu­ción al pun­to de que hoy se fra­gua un movi­mien­to interno que cues­tio­na el lide­raz­go de Chá­vez, y debi­li­ta de tal mane­ra a la Revo­lu­ción que ésta es inca­paz de hacer fren­te a las corrien­tes res­tau­ra­do­ras.

El capi­ta­lis­mo cami­na entre noso­tros, se rego­dea en su cre­ci­mien­to, en sus alian­zas inter­na­cio­na­les, y no hay res­pues­ta. Ni cues­tio­na­mien­to ideo­ló­gi­co ni dis­cu­sión. Pare­ce que la Revo­lu­ción está des­ar­ma­da fren­te al avan­ce del capi­ta­lis­mo, la socie­dad vive una suer­te de fies­ta embria­ga­da de ren­ta, ais­la­da de la reali­dad. El Socia­lis­mo pasó a ser un recur­so retó­ri­co, a veces sus­ti­tui­do por otros voca­blos, tam­bién vacia­dos de con­te­ni­do, mule­ti­llas que ocul­tan la super­fi­cia­li­dad.

El tiem­po se ago­ta, una Revo­lu­ción no pue­de per­ma­ne­cer inde­fi­ni­da­men­te en el “cla­ros­cu­ro”, en las con­ce­sio­nes al capi­ta­lis­mo. No supe­rar rápi­da­men­te el dile­ma de “Refor­ma o Revo­lu­ción” con­du­ce inevi­ta­ble­men­te hacia la res­tau­ra­ción.

A cator­ce años de Revo­lu­ción esta­mos empan­ta­na­dos en una peli­gro­sa con­vi­ven­cia con el enemi­go capi­ta­lis­ta: hace tiem­po que vivi­mos la con­tra­dic­ción de cues­tio­nar­lo pero lo aupa­mos, lo esti­mu­la­mos. Un voce­ro pue­de hablar de luchar con­tra las éli­tes oli­gar­cas capi­ta­lis­tas y el mis­mo día otro voce­ro aplau­de que el sec­tor capi­ta­lis­ta cre­ció. Otro día un can­di­da­to se reúne a dis­cu­tir su pro­gra­ma de gobierno con los empre­sa­rios de su región, y ese mis­mo día en la tar­de se reúne con los humil­des para pro­me­ter libe­rar­los del yugo del capi­tal.

La nece­sa­ria cons­cien­cia de socie­dad, la impor­tan­te dis­tin­ción del enemi­go, las razo­nes sagra­das por las cua­les luchar, se pier­den, se aho­gan en las ambi­va­len­cias de la fal­ta de rigor.

Si todos somos igua­les, si todos bus­ca­mos lo mis­mo, si Socia­lis­mo y capi­ta­lis­mo se mez­clan, se tole­ran, enton­ces, por qué luchar…

¿Esto era todo? ¿Has­ta aquí lle­gó el camino?

¡Con Chá­vez Siem­pre

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