El círcu­lo de la vio­len­cia como una ruti­na… “Dale con la sar­tén”- Leti­cia Puen­te

Es tal la vio­len­cia que se ejer­ce en con­tra de las muje­res y de las niñas que a estas altu­ras, por todo lo que he vivi­do, leí­do y escri­to, más lo que me han con­ta­do, me con­ven­zo de que se tra­ta de una per­ver­sa ruti­na, un círcu­lo que se debe rom­per.

Estu­dios y accio­nes para dete­ner­la, fre­nar­la y “curar­la” son bas­tos, ante el ‘YA BASTA’ que las muje­res recla­ma­mos, no sólo todos los días, sino cada segun­do de esos días, por­que cada vez que el segun­de­ro se mue­ve ocu­rre un acto de vio­len­cia.

Los gol­pes hacen que las pie­les san­gren, que due­la y que dejen una enor­me cica­triz, pero, por des­gra­cia, esa es sólo la cica­triz visi­ble y bien pue­de escon­der­se detrás del maqui­lla­je, de la ciru­gía, inclu­so. No suce­de así la cica­triz que que­da en el inte­rior de la per­so­na­li­dad, en lo que lla­ma­mos el alma, por­que esa es más difí­cil, si no es que impo­si­ble, de borrar.
Es cier­to que en prác­ti­ca­men­te todos los paí­ses se imple­men­tan accio­nes y has­ta se cuen­ta con leyes que inten­tan rei­vin­di­car a las “víc­ti­mas”, seña­lan­do cas­ti­gos ejem­pla­res para los mal­tra­ta­do­res, vio­la­do­res, con­tra los femi­ni­ci­das.
En esta capi­tal finan­cie­ra del mun­do, nada es dife­ren­te de lo que ocu­rre en cual­quier pue­blo, barrio, fave­la, colo­nia, pedre­gal, o zona resi­den­cial, aún en un pala­cio o casa pre­si­den­cial. Las his­to­rias de actos de vio­len­cia con­tra las muje­res son, en todos las par­tes del mun­do, en todos los casos, un hecho las­ti­mo­so.

Peor aún, esa vio­len­cia, en la mayo­ría de las oca­sio­nes, pro­vie­ne de la per­so­na que una ama y que, en muchos casos tam­bién, dice amar­nos. Mi his­to­ria, segu­ra­men­te, no difie­re en mucho de las tan­tas que he difun­di­do a tra­vés de mi tra­ba­jo perio­dís­ti­co o que he apo­ya­do para que se denun­cie en tri­bu­na­les.

Hace unos días, pre­vio a la cele­bra­ción mun­dial del Día Inter­na­cio­nal de la Eli­mi­na­ción de la Vio­len­cia en con­tra de la Mujer, el 25 de noviem­bre pasa­do, la Orga­ni­za­ción de las Nacio­nes Uni­das urgió a todos los paí­ses miem­bros a ter­mi­nar con esa pan­de­mia.

‘Debe­mos de com­ba­tir la sen­sa­ción de mie­do y de ver­güen­za que cas­ti­ga a las víc­ti­mas que ya han sido obje­to de un deli­to y pos­te­rior­men­te se enfren­tan al estig­ma que ello repre­sen­ta. Son los auto­res del deli­to los que deben de aver­gon­zar­se’, ase­ve­ró Ban Ki-moon, secre­ta­rio gene­ral de este orga­nis­mo.

Los núme­ros que se mane­jan de este mal, que lo con­vier­te en un círcu­lo ruti­na­rio con­tra­rio al de los amo­res, son; 7 (sie­te) de cada 10 (diez) muje­res siguen sien­do víc­ti­mas de vio­len­cia físi­ca y/​o sexual en sus vidas. Y 603 millo­nes de esas muje­res viven en paí­ses don­de la vio­len­cia domés­ti­ca toda­vía no es un deli­to.

La titu­lar de ONU Mujer, Miche­lle Bache­let, indi­có que al día de hoy, en 125 paí­ses se tie­nen leyes que tipi­fi­can la vio­len­cia domés­ti­ca como deli­to, avan­ce sig­ni­fi­ca­ti­vo a una déca­da. Pero esto, digo yo, no es sufi­cien­te, como insu­fi­cien­tes son tam­bién los recur­sos mone­ta­rios que se otor­gan para rom­per ese círcu­lo ruti­na­rio de la vio­len­cia.

El pasa­do 7 de noviem­bre, el Fon­do Fidu­cia­rio de Nacio­nes Uni­das sólo des­ti­nó ocho millo­nes de dóla­res para pro­gra­mas de lucha en con­tra de la vio­len­cia de géne­ro. Y hay sub­si­dios para sólo 12 ini­cia­ti­vas loca­les, en 18 paí­ses, para las muje­res y las niñas que viven en situa­ción de con­flic­to, post con­flic­to y tran­si­ción.

Por pri­me­ra vez, Libia es uno de los paí­ses que se bene­fi­cia­rá de este sub­si­dio. Igual suce­de para Mala­wi, en Papau New Gui­nea. Y es de des­ta­car que para estos pro­gra­mas se con­tó con el apo­yo eco­nó­mi­co de Áfri­ca, Lati­noa­mé­ri­ca y Paí­ses Ára­bes.

Exis­te, por tan­to una situa­ción de urgen­cia eco­nó­mi­ca para con­tra­rres­tar la esca­la­da de vio­len­cia que se ejer­ce con­tra niñas y muje­res en el mun­do. Prue­ba de esto son las 2.210 soli­ci­tu­des que reci­bió ONU Muje­res este año.

El dine­ro que se requie­re para poner en mar­cha todos esos pro­yec­tos es de $1.1 billón de dóla­res y sólo se logró obte­ner menos del uno por cien­to del dine­ro reque­ri­do: $8.2 millo­nes de dóla­res.

Esas cifras reve­lan todo lo que cues­ta y todo lo que fal­ta por hacer para rom­per con ese círcu­lo de vio­len­cia ruti­na­ria que vivi­mos las muje­res y las niñas en todos los rin­co­nes del mun­do. Sin embar­go, que­da cla­ro, que la deman­da mun­dial por dete­ner la vio­len­cia con­tra las muje­res care­ce de apo­yo sus­tan­cial de las auto­ri­da­des, de las leyes, y muy en espe­cial de quie­nes abu­san de su poder.

Por lo pron­to –sin que sue­ne a rece­ta de doc­tor o algo pare­ci­do— en una sesión de Zum­ba de esta ciu­dad, mien­tras las muje­res inten­tan man­te­ner­se en for­ma al rit­mo de la músi­ca, se escu­cha a la rei­na de la sal­sa, la del famo­so gri­to de ‘¡azú­car!’,

‘Si tu mari­do te pega, pega’

‘Si te pega, dale con la sar­tén’.

Por supues­to, no es un lla­ma­do a la vio­len­cia lo que nece­si­ta­mos las muje­res y las niñas, lo que nece­si­ta­mos, al igual que los hom­bres y los niños, es ejer­ci­tar más nues­tras mues­tras de amor, cari­ño y afec­to. De amar­nos los unos y las unas a las otras, de res­pe­tar­nos, de res­pe­tar.

Sin embar­go, ante ese des­pia­da­do que gol­pea, que insul­ta, que cica­tri­za el alma, de una u otra for­ma se le tie­ne que poner un alto. Un ¡se aca­bó! Un ¡no más!

Ban Ki-moon insis­te que ‘son los auto­res del deli­to los que deben de aver­gon­zar­se’ y yo le aña­do que, ade­más de aver­gon­zar­se, tam­bién deben pagar por el daño cau­sa­do.

En tan­to: ‘Si te dan, dale con la sar­tén’… Y corre a denun­ciar­lo.

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