Men­sa­je de los 5 cuba­nos anti-terro­ris­tas al pue­blo pales­tino

Holo­caus­to Pales­tino ha pues­to a prue­ba toda capa­ci­dad para la mal­dad

palestina

MENSAJE DE LOS CINCO EN SOLIDARIDAD CON EL PUEBLO PALESTINO

Que­ri­dos ami­gos soli­da­rios de todo el mun­do:
Una vez más toda la furia del impe­ria­lis­mo y de sus ins­tin­tos de muer­te se des­ata sobre un pue­blo inde­fen­so, al que se ha some­ti­do por más de medio siglo a un geno­ci­dio bru­tal, apo­ya­do en un dis­cur­so hipó­cri­ta y fal­so. El ensa­ña­mien­to con­tra el pue­blo pales­tino pare­ce sola­men­te pro­por­cio­nal a las cul­pas que por siglos, en su tra­to al pue­blo judío, acu­mu­la­ron sobre sí las poten­cias que hoy nos pre­ten­den dar lec­cio­nes de dere­chos huma­nos; cul­pas de las que sólo con un cri­men mayor: un pro­yec­to colo­ni­za­dor y geno­ci­da des­fa­sa­do; pare­cie­ran capa­ces de inten­tar sacu­dir­se.
En el holo­caus­to pales­tino se ha pues­to a prue­ba toda la capa­ci­dad para la mal­dad prac­ti­ca­da des­de tiem­pos inme­mo­ria­les por los con­quis­ta­do­res: Se rees­cri­be la his­to­ria. Se atri­bu­ye a las víc­ti­mas cada per­ver­si­dad de los vic­ti­ma­rios. Se ape­la a las dife­ren­cias reli­gio­sas para sem­brar la ani­mad­ver­sión hacia el pue­blo a con­quis­tar. Se resal­tan las dife­ren­cias racia­les y cul­tu­ra­les bus­can­do jus­ti­fi­car en ellas el cri­men. Se lan­za a un pue­blo deses­pe­ra­do por el abu­so a la con­quis­ta de otro. Se apli­ca al pue­blo vic­ti­ma un doble rase­ro que nun­ca acep­ta­rían para sí los vic­ti­ma­rios. Se usan las más refi­na­das mañas de la mani­pu­la­ción mediá­ti­ca para que el mun­do acep­te sin pro­tes­ta el abu­so. Se des­hu­ma­ni­za a un pue­blo como si sus padres y madres no sufrie­ran igual que los demás el dolor de sus hijos, y como si el dere­cho a la feli­ci­dad inalie­na­ble a la con­di­ción huma­na no les per­te­ne­cie­ra. En los cen­tros de poder mun­dial ni siquie­ra ya se pre­ten­de una apro­xi­ma­ción desin­te­re­sa­da al con­flic­to. La pren­sa cor­po­ra­ti­va y los per­so­ne­ros impe­ria­les se mues­tran tal y como son, toman­do par­ti­do por el agre­sor sin moles­tos escrú­pu­los de con­cien­cia.
Tam­bién se ape­la a la indi­fe­ren­cia, y a ese las­tre humano que es la espe­ran­za de que no sea­mos maña­na las víc­ti­mas, y de que por algu­na gra­cia de los impe­ria­lis­tas sere­mos excu­sa­dos en el futu­ro de ser vic­ti­mi­za­dos. El indi­fe­ren­te de hoy pue­de con­ver­tir­se en el agre­di­do de maña­na si no toma par­ti­do por la jus­ti­cia, y si rehú­sa unir­se al coro de voces que hoy se levan­ta para rei­vin­di­car el dere­cho del agre­di­do.
Quie­nes se levan­tan hoy por el pue­blo pales­tino se levan­tan por la his­to­ria. Se levan­tan para que algún día pri­me la huma­ni­dad que a todos nos hace uno; y para que a tra­vés de ella nos sal­ve­mos como espe­cie de las mez­quin­da­des impues­tas por unos pocos a todo el géne­ro humano. Sólo la con­cien­cia colec­ti­va de lo mejor de la espe­cie nos sal­va­rá de un holo­caus­to que de per­ma­ne­cer en la indi­fe­ren­cia nos abra­za­rá tar­de o tem­prano a todos.
En el pue­blo cubano, soli­da­rio, revo­lu­cio­na­rio y edu­ca­do en la fra­ter­ni­dad huma­na, siem­pre ten­drán los her­ma­nos pales­ti­nos toda la soli­da­ri­dad. La ten­drá tam­bién el pue­blo judío cuan­do el expe­ri­men­to sio­nis­ta deje de ser ins­tru­men­to del impe­ria­lis­mo, y nue­va­men­te se des­aten sobre ellos los ins­tin­tos dor­mi­dos de quie­nes ayer les opri­mían y hoy les susu­rran al oído can­tos de sire­na, que algún día pudie­ran con­ver­tir­se nue­va­men­te en chi­lli­dos anti­se­mi­tas y en nue­vas y bes­tia­les per­se­cu­cio­nes.
Des­de nues­tro encie­rro en las cár­ce­les del impe­rio, cin­co revo­lu­cio­na­rios cuba­nos que deci­di­dos a tomar par­ti­do hemos enfren­ta­do toda la saña del impe­ria­lis­mo, exten­de­mos a nues­tros her­ma­nos pales­ti­nos todo el cla­mor de nues­tra soli­da­ri­dad y sim­pa­tía. Levan­té­mo­nos hoy por la jus­ti­cia, que es levan­tar­nos por el mun­do que que­re­mos para nues­tros hijos.
A todos un abra­zo, y nues­tra exhor­ta­ción a no des­ma­yar en la lucha por la paz y la jus­ti­cia.
Has­ta la Vic­to­ria Siem­pre.
Gerar­do, Ramón, Anto­nio, Fer­nan­do y René.

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