Por qué no ven­ció Israel- Adam Shatz

El alto el fue­go acor­da­do por Israel y Hamás en El Cai­ro des­pués de ocho días de com­ba­tes es solo una pau­sa en el con­flic­to Israel-Pales­ti­na. Pro­me­te faci­li­tar el movi­mien­to en todos los cru­ces fron­te­ri­zos con la Fran­ja de Gaza, pero no levan­ta­rá el blo­queo. Requie­re que Israel ter­mi­ne su ata­que con­tra la Fran­ja y que los mili­tan­tes pales­ti­nos dejen de lan­zar cohe­tes hacia el sur de Israel, pero deja a Gaza en la mis­ma mise­ra­ble con­di­ción de siem­pre: según un recien­te infor­me de la ONU, la Fran­ja será “inha­bi­ta­ble en 2020”. Y es hablar solo de Gaza. Con qué faci­li­dad se hace que uno olvi­de que Gaza es solo una par­te –una par­te tra­ta­da con mucha bru­ta­li­dad– del “futu­ro Esta­do pales­tino” que una vez pare­ció inevi­ta­ble y que aho­ra pare­ce que exis­te sobre todo en los arru­llos de los nego­cia­do­res occi­den­ta­les de la paz. Nin­guno de los temas cru­cia­les del con­flic­to Israel-Pales­ti­na: la Ocu­pa­ción, fron­te­ras, dere­chos al agua, repa­tria­ción y com­pen­sa­ción de refu­gia­dos, se abor­dan en este acuer­do.
Los com­ba­tes vol­ve­rán a esta­llar por­que Hamás segui­rá bajo la pre­sión de sus miem­bros y de otras fac­cio­nes mili­tan­tes y por­que Israel nun­ca ha nece­si­ta­do muchos pre­tex­tos para ir a la gue­rra. En 1982 vio­ló su alto el fue­go con la OLP de Ara­fat e inva­dió Líbano, con la excu­so del inten­to de ase­si­na­to de su emba­ja­dor en Lon­dres, a pesar de que el ata­que fue obra del agen­te ira­quí Abu Nidal, enemi­go jura­do de Ara­fat. En 1996, duran­te un perío­do de rela­ti­va cal­ma, Israel ase­si­nó al fabri­can­te de bom­bas de Hamás, Yah­ya Ayyash, el “Inge­nie­ro”, lo que lle­vó a Hamás a devol­ver el gol­pe con una ola de ata­ques sui­ci­das en ciu­da­des israe­líes. Cuan­do, un año des­pués, Hamás pro­pu­so una hud­na o tre­gua, de trein­ta años, Bin­ya­min Netan­yahu envió un equi­po de agen­tes del Mos­sad a Amman a enve­ne­nar al líder de Hamás Kha­led Meshaal; bajo la pre­sión de Jor­da­nia y EE.UU., Israel fue obli­ga­do a sumi­nis­trar el antí­do­to y Meshaal es aho­ra jefe del buró polí­ti­co de Hamás y alia­do del nue­vo pre­si­den­te de Egip­to, Moha­med Mur­si.
La Ope­ra­ción Pilar Defen­si­vo, la últi­ma gue­rra de Israel, comen­zó pre­ci­sa­men­te cuan­do Hamás esta­ba pre­pa­ran­do un acuer­do para un alto el fue­go a lar­go pla­zo. Su coman­dan­te mili­tar Ahmed al-Yaba­ri fue ase­si­na­do solo unas horas des­pués de que revi­sa­se el borra­dor de la pro­pues­ta. Netan­yahu y su minis­tro de defen­sa, Ehud Barak, podrían haber obte­ni­do un alto el fue­go –pro­ba­ble­men­te en tér­mi­nos más favo­ra­bles– sin las muer­tes de más de 160 pales­ti­nos y cin­co israe­líes, pero enton­ces no habrían teni­do la posi­bi­li­dad de pro­bar su nue­vo escu­do de defen­sa con­tra misi­les, Cúpu­la de Hie­rro, cuya efec­ti­vi­dad fue el prin­ci­pal éxi­to de Israel en la gue­rra. Tam­bién han per­di­do la opor­tu­ni­dad de recor­dar al pue­blo de Gaza su debi­li­dad ante el pode­río mili­tar israe­lí. La des­truc­ción de Gaza fue menos exten­si­va que en la Ope­ra­ción Plo­mo Fun­di­do, pero tam­bién en esta oca­sión el obje­ti­vo, des­cri­to por Gilad Sha­ron, hijo de Ariel, en Jeru­sa­lem Post, fue enviar un “gri­to al esti­lo de Tar­zán que haga que toda la sel­va sepa muy cla­ra­men­te quién ganó y quién fue derro­ta­do”.
Sin embar­go, la vic­to­ria de una gue­rra no se mide solo con el recuen­to de víc­ti­mas. Y la “sel­va” –la pala­bra israe­lí no solo para los pales­ti­nos sino para el con­jun­to de los ára­bes– pue­de tener la últi­ma pala­bra. Hamás no solo se defen­dió mejor que en la gue­rra ante­rior, sino que ade­más impi­dió la ofen­si­va terres­tre israe­lí, logró un reco­no­ci­mien­to implí­ci­to como actor legí­ti­mo de EE.UU. (que ayu­dó a mediar en las con­ver­sa­cio­nes de El Cai­ro), y con­si­guió obje­ti­vos con­cre­tos, sobre todo el final de los ase­si­na­tos selec­ti­vos y un ali­vio de las res­tric­cio­nes del movi­mien­to de per­so­nas y mer­can­cías en los cru­ces fron­te­ri­zos. Tam­po­co se habló en El Cai­ro, de los Prin­ci­pios del Cuar­te­to que exi­gían que Hamás renun­cia­ra a la vio­len­cia, reco­no­cie­ra Israel y cum­plie­ra acuer­dos ante­rio­res fir­ma­dos entre Israel y la Auto­ri­dad Pales­ti­na; una vic­to­ria sim­bó­li­ca pero no peque­ña para Hamás. Y los pales­ti­nos no fue­ron los úni­cos ára­bes que pudie­ron can­tar vic­to­ria en El Cai­ro. En tér­mi­nos diplo­má­ti­cos, el final de los com­ba­tes gra­cias a la media­ción egip­cia mar­có el alba de un nue­vo Egip­to, ansio­so de recu­pe­rar el papel que per­dió cuan­do Sadat fir­mó una paz apar­te con Israel. “Egip­to es dife­ren­te de ayer”, advir­tió Mur­si a Israel el pri­mer día de la gue­rra. “Les ase­gu­ra­mos que el pre­cio será ele­va­do si con­ti­núa la agre­sión”. Sub­ra­yó este pun­to al enviar a su pri­mer minis­tro, Hesham Kan­dil, a Gaza el día siguien­te. Aun­que se abs­tu­vo de una retó­ri­ca incen­dia­ria, Mur­si dejó cla­ro que Israel no podía con­tar con el apo­yo egip­cio para ata­car a Gaza, como cuan­do Muba­rak esta­ba en el poder, y que Israel sería el úni­co cul­pa­ble si se ponía en peli­gro el tra­ta­do de paz. Des­pués de todo, Mur­si tie­ne que res­pon­der ante la Her­man­dad Musul­ma­na, la orga­ni­za­ción madre de Hamás, y ante el pue­blo egip­cio que es, en su abru­ma­do­ra mayo­ría, hos­til a Israel. El gobierno de Oba­ma, ansio­so por pre­ser­var las rela­cio­nes con Egip­to enten­dió, y al pare­cer tam­bién enten­dió Israel. Mur­si demos­tró que podía nego­ciar con Israel sin “trai­cio­nar a la resis­ten­cia”, en pala­bras de Meshaal. Inter­na­cio­nal­men­te fue su mejor momen­to, aun­que los egip­cios pue­den recor­dar­lo como el pre­lu­dio de su ini­cia­ti­va, al día siguien­te del alto el fue­go, de arro­gar­se amplios pode­res eje­cu­ti­vos que lo colo­can por enci­ma de cual­quier ley.
El hecho de que Netan­yahu se haya dete­ni­do antes de una gue­rra terres­tre y haya cedi­do a deman­das cru­cia­les en las con­ver­sa­cio­nes de El Cai­ro, es una señal no solo de la cre­cien­te impor­tan­cia de Egip­to, sino de la posi­ción debi­li­ta­da de Israel. Sus rela­cio­nes con Tur­quía, otro­ra su alia­do más cer­cano de la región y pilar de su ‘doc­tri­na de la peri­fe­ria’ (una estra­te­gia basa­da en alian­zas con Esta­dos no ára­bes) se han dete­rio­ra­do con el ascen­so de Erdo­gan y el AKP. La monar­quía jor­da­na, el segun­do gobierno ára­be que fir­mó un tra­ta­do de paz con Israel, cada vez se enfren­ta a más pro­tes­tas radi­ca­les. Y aun­que Israel pue­de cele­brar la caí­da de Asad, alia­do de Hiz­bu­lá e Irán, le preo­cu­pa que un gobierno post Asad, domi­na­do por la filial siria de la Her­man­dad Musul­ma­na, pudie­ra no ser menos hos­til con res­pec­to a la poten­cia ocu­pan­te del Golán: el oca­sio­nal fue­go de cohe­tes en Siria en los últi­mos días ha sido un recor­da­to­rio para Israel de lo tran­qui­la que esta­ba esa fron­te­ra bajo la fami­lia Asad. Los diri­gen­tes israe­líes se lamen­ta­ron duran­te años de que la suya era la úni­ca demo­cra­cia de la región. Lo que ha reve­la­do esta tem­po­ra­da de revuel­tas es que Israel invir­tió pro­fun­da­men­te en el auto­ri­ta­ris­mo ára­be. La des­com­po­si­ción del vie­jo orden ára­be, en el que Israel podía con­tar con la com­pli­ci­dad silen­cio­sa de man­da­ma­ses ára­bes que satis­fa­cían a sus súb­di­tos con denun­cias rim­bom­ban­tes de las fecho­rías israe­líes pero no hacían nada para impedirlas,fue dolo­ro­sa para Israel e hizo que se sien­ta más solo que nun­ca. Este agu­do sen­ti­do de vul­ne­ra­bi­li­dad, más que el deseo de Netan­yahu de refor­zar sus cre­den­cia­les mar­cia­les antes de las elec­cio­nes de enero, es lo que con­du­jo a Israel a la gue­rra.
Hamás, mien­tras tan­to, ha sido recon­for­ta­do por los mis­mos cam­bios regio­na­les, en par­ti­cu­lar el triun­fo de movi­mien­tos isla­mis­tas en Túnez y Egip­to: Hamás, no Israel, ha sido ‘nor­ma­li­za­do’ por los levan­ta­mien­tos ára­bes. Des­de el ata­que a la flo­ti­lla ha desa­rro­lla­do una estre­cha rela­ción con Tur­quía, que está ansio­sa por uti­li­zar el pro­ble­ma pales­tino para pro­yec­tar su influen­cia en el mun­do ára­be. Tam­bién asu­mió el ries­go de rom­per con sus bene­fac­to­res en Siria: antes este año Kha­led Meshaal aban­do­nó Damas­co hacia Doha, mien­tras su núme­ro dos, Mou­sa Abu Mar­zook, se esta­ble­ció en El Cai­ro. Des­de enton­ces Hamás unió su suer­te al levan­ta­mien­to sirio, se dis­tan­ció de Irán y encon­tró nue­vas fuen­tes de apo­yo finan­cie­ro y polí­ti­co en Catar, Egip­to y Túnez. Ha sos­la­ya­do las difi­cul­ta­des del blo­queo con­vir­tien­do los túne­les en una fuen­te lucra­ti­va de ingre­sos y ha tra­ba­ja­do, con éxi­to irre­gu­lar, para impo­ner dis­ci­pli­na a Yihad Islá­mi­co y otras fac­cio­nes mili­ta­res de la Fran­ja. El resul­ta­do ha sido un cre­cien­te pres­ti­gio regio­nal y una pro­ce­sión de visi­tan­tes de alto per­fil, inclui­do el emir de Catar, Jeque Hamad bin Kha­li­fa al-Tha­ni, quien fue a Gaza tres sema­nas antes de la gue­rra y pro­me­tió 400 millo­nes de dóla­res para cons­truir vivien­das y repa­rar carre­te­ras. El emir no hizo un via­je seme­jan­te a Rama­la.
La cre­cien­te influen­cia de Hamás no ha pasa­do des­aper­ci­bi­da en Tel Aviv: colo­car a Hiz­bu­lá en su sitio fue segu­ra­men­te uno de los obje­ti­vos de la gue­rra. Si Israel estu­vie­ra ver­da­de­ra­men­te intere­sa­do en lle­gar a un acuer­do pací­fi­co sobre la base de las fron­te­ras de 1967 –pará­me­tros que han sido acep­ta­dos por Hamás– podría haber inten­ta­do for­ta­le­cer a Abbas dete­nien­do la acti­vi­dad de las colo­nias y apo­yan­do, o al menos no opo­nién­do­se, la soli­ci­tud de Pales­ti­na del esta­tus de obser­va­do­ra de la ONU. En vez de eso, Israel ha hecho todo lo posi­ble para sabo­tear su ini­cia­ti­va en la ONU (con la sóli­da cola­bo­ra­ción del gobierno de Oba­ma), ame­na­zan­do con cons­truir más colo­nias si per­sis­te: ésas, ha seña­la­do satis­fe­cho Hamás, son las recom­pen­sas de la resis­ten­cia pales­ti­na no vio­len­ta. La Ope­ra­ción Pilar Defen­si­co debi­li­ta­rá aún más la posi­ción ya frá­gil de Abbas en Cis­jor­da­nia, don­de el apo­yo a Hamás está en su pun­to más alto.
Ape­nas entró en vigor el alto el fue­go Israel hizo incur­sio­nes en Cis­jor­da­nia para dete­ner a más de cin­cuen­ta par­ti­da­rios de Hamás, mien­tras Netan­yahu adver­tía de que Israel “podría ver­se obli­ga­do a embar­car­se” en “una ope­ra­ción mili­tar mucho más dura”. (Se dice que Avig­dor Lie­ber­man, su minis­tro de Exte­rio­res, pre­sio­nó por una gue­rra terres­tre). Des­pués de todo Israel tie­ne dere­cho a defen­der­se. Es lo que dicen los israe­líes y el lobby de Israel, jun­to con gran par­te de la pren­sa occi­den­tal, inclui­do el New York Times. En un edi­to­rial titu­la­do “La ile­gi­ti­mi­dad de Hamás” –una fra­se curio­sa, ya que Hamás lle­gó al poder en Gaza des­pués de obte­ner la mayo­ría en las elec­cio­nes par­la­men­ta­rias de 2006– el Times acu­só a Hamás de ata­car a Israel por­que está “con­su­mi­do de odio a Israel”. El Times no men­cio­nó que el odio de Hamás pue­de haber sido avi­va­do por el duro blo­queo eco­nó­mi­co. No men­cio­nó que des­de comien­zos del año y el esta­lli­do de esta gue­rra, 78 pales­ti­nos en Gaza han muer­to por el fue­go israe­lí fren­te a un solo israe­lí en todo el tris­te­men­te céle­bre fue­go de cohe­tes de Hamás. O que –has­ta el comien­zo de la gue­rra– ha sido un año rela­ti­va­men­te pací­fi­co para la mise­ra­ble Fran­ja, don­de casi 3.000 pales­ti­nos han sido eli­mi­na­dos por Israel des­de 2006 fren­te a 47 israe­líes eli­mi­na­dos por fue­go pales­tino.
Los que invo­can el dere­cho de Israel a defen­der­se no se inmu­tan ante esta dis­pa­ri­dad de la can­ti­dad de víc­ti­mas, por­que el coro­la­rio táci­to es que los pales­ti­nos no tie­nen los mis­mos dere­chos. Si se atre­ven a ejer­cer esos no-dere­chos, hay que dar­les una lec­ción. “Tene­mos que arra­sar vecin­da­rios ente­ros de Gaza”, escri­bió Gilad Sha­ron en el Jeru­sa­lem Post. “Arra­sar toda Gaza. Los esta­dou­ni­den­ses no se detu­vie­ron en Hiroshi­ma – los japo­ne­ses no se rin­die­ron lo bas­tan­te pron­to, así que tam­bién ata­ca­ron Naga­sa­ki.” Israel no debe­ría preo­cu­par­se de los civi­les ino­cen­tes de Gaza por­que no hay civi­les ino­cen­tes en Gaza: “Eli­gie­ron a Hamás… lo hicie­ron libre­men­te, y deben vivir con las con­se­cuen­cias”. Seme­jan­te len­gua­je sería cho­can­te si no fue­ra tan fami­liar: en Israel la retó­ri­ca del jus­to vic­ti­mis­mo se ha fusio­na­do con la retó­ri­ca beli­ge­ran­te –y el racis­mo– del con­quis­ta­dor. La alu­sión de Sha­ron a Tar­zán solo es una varia­ción de la des­crip­ción de Barak de Israel como una ciu­dad en medio de la sel­va; su invo­ca­ción de la gue­rra nuclear nos recuer­da que, en 2008, el minis­tro de Defen­sa adjun­to Matan Vil­nai pro­pu­so “un holo­caus­to mayor” si Gaza seguía resis­tien­do.
Pero el pre­cio de la gue­rra es mayor para Israel de lo que fue Plo­mo Fun­di­do y su mar­gen de manio­bra es más limi­ta­do, por­que el úni­co ver­da­de­ro alia­do del Esta­do judío, el gobierno de EE.UU., tie­ne que man­te­ner bue­nas rela­cio­nes con Egip­to y otros gobier­nos isla­mis­tas demo­crá­ti­ca­men­te ele­gi­dos. Duran­te los ocho días de Pilar Defen­si­vo, Israel pre­sen­tó un show de fue­gos arti­fi­cia­les impre­sio­nan­te y letal, como siem­pre, ilu­mi­nan­do el cie­lo de Gaza y emi­tien­do soni­dos ame­na­zan­tes direc­tos de Los Soprano. Pero la matan­za de fami­lias ente­ras y la des­truc­ción de edi­fi­cios del gobierno y de esta­cio­nes de poli­cía, lejos de alen­tar a los pales­ti­nos a some­ter­se, for­ta­le­ce­rán su resis­ten­cia, algo que Israel podría haber apren­di­do median­te una con­sul­ta de las pági­nas de la recien­te his­to­ria judía. Los pales­ti­nos com­pren­den que ya no se enfren­tan solos a Israel: Israel, no Hamás, es el paria de la región. El mun­do ára­be está cam­bian­do e Israel no cam­bia. En lugar de hacer­lo, se ha reti­ra­do más detrás del “muro de hie­rro” de Jabo­tinsky, pro­fun­di­zan­do su con­trol en los Terri­to­rios Ocu­pa­dos, bur­lán­do­se de una región que final­men­te adquie­re una idea de su pro­pio poder, hacien­do esta­llar espas­mos de vio­len­cia de alta tec­no­lo­gía para ocul­tar que care­ce de una estra­te­gia polí­ti­ca para aca­bar con el con­flic­to. La Cúpu­la de Hie­rro podrá blin­dar a Israel con­tra los cohe­tes Qas­sam, pero no con­tra el futu­ro.

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