Cri­tí­ca mar­xis­ta de la monar­quía. Ni nos han calla­do ni nos calla­rán- Iña­ki Gil de San Vicente

Nota: Ponen­cia pre­sen­ta­da en el deba­te en la Con­tra Cum­bre cele­bra­do en Puer­to Real, Cádiz, el vier­nes 16 de noviem­bre de 2012. Debo dar las gra­cias al colec­ti­vo inter­na­cio­na­lis­ta Ojos para la paz (www​.ojos​pa​ra​la​paz​.org) que ha orga­ni­za­do mag­ní­fi­ca­men­te el evento.

  1. PRESENTACIÓN
  2. ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DEL MARX DE 1843
  3. PRIMERAS REVOLUCIONES BURGUESAS Y DERECHO AL TIRANICIDIO
  4. EXPLENDOR DE LAS REVOLUCIONES BURGUESAS ANTIMONÁRQUICAS
  5. ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE ENGELS DE 1845 Y 1884
  6. EL REPUBLICANISMO DE LA CULTURA POPULAR VASCA
  7. DERROTA ESTRATEGICA DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA

1. PRESENTACIÓN

Las difi­cul­ta­des que ha teni­do que supe­rar la orga­ni­za­ción de este even­to es una mues­tra más de la incom­pa­ti­bi­li­dad entre demo­cra­cia y monar­quía. La orga­ni­za­ción de este even­to ha sido obs­ta­cu­li­za­da sis­te­má­ti­ca­men­te por los apa­ra­tos de Esta­do para impe­dir que se rea­li­za­se el pro­gra­ma pre­vis­to. Gra­cias a su dedi­ca­ción y a su volun­tad pode­mos estar aho­ra aquí para, entre todas y todos, avan­zar un poco más en la crí­ti­ca radi­cal del orden esta­ble­ci­do, que es de lo que se trata.

El lema que nos con­vo­ca y nos uni­fi­ca en nues­tras refle­xio­nes pues­tas a deba­te no es otro que el que sur­gió al ins­tan­te en cen­te­na­res de millo­nes de seres huma­nos cuan­do vie­ron ató­ni­tos al rey espa­ñol arre­me­ter con­tra el pre­si­den­te elec­to de Vene­zue­la, Hugo Chá­vez. Aquél «¡¿Por qué no te callas y dejas hablar»?!, mitad man­da­to impe­ra­ti­vo, mitad pre­gun­ta furio­sa. Millo­nes de per­so­nas, muchas de ellas «súb­di­tos de Su Majes­tad» en el Esta­do espa­ñol, que­da­ron boquia­bier­tas y sor­pren­di­das por seme­jan­te retro­ce­so a los peo­res tiem­pos del colo­nia­lis­mo aho­ra redi­vi­vo. Muy pocas, las reac­cio­na­rias y año­ran­tes del derro­ta­do impe­rio espa­ñol, aplau­die­ron a rabiar.

El 11 de noviem­bre de 2007, el pre­si­den­te de Vene­zue­la, elec­to median­te un impo­lu­to pro­ce­di­mien­to demo­crá­ti­co, esta­ba diri­gien­do la pala­bra a otros pre­si­den­tes, dig­na­ta­rios y can­ci­lle­res lati­no­ame­ri­ca­nos, y fue inte­rrum­pi­do brus­ca­men­te por un ira­cun­do monar­ca espa­ñol que le negó por unos segun­dos el ejer­ci­cio del ele­men­tal dere­cho a la libre expre­sión. Tama­ño auto­ri­ta­ris­mo gene­ró una ful­mi­nan­te reac­ción inter­na­cio­nal de res­pues­ta crí­ti­ca, de denun­cia por seme­jan­te arbi­tra­rie­dad. Aho­ra, cin­co años más tar­de, nos encon­tra­mos aquí para deba­tir en esta Con­tra Cum­bre diver­sos aspec­tos impor­tan­tes que se deri­van de aque­lla agre­sión verbal.

Fue pre­ci­sa­men­te en verano de 2007 cuan­do esta­lló ofi­cial­men­te la cri­sis capi­ta­lis­ta mun­dial. Des­de enton­ces, esta­mos vivien­do un áspe­ro y cre­cien­te enfren­ta­mien­to social, se está agu­di­zan­do la lucha de cla­ses y la lucha de libe­ra­ción de los pue­blos opri­mi­dos, pero tam­bién los ata­ques del capi­tal con­tra la huma­ni­dad tra­ba­ja­do­ra se mul­ti­pli­can. El dere­cho a la libre pala­bra, a la liber­tad de expre­sión y de crí­ti­ca, corre cada vez más peli­gro por­que la ver­dad, que siem­pre es revo­lu­cio­na­ria, está des­cu­brien­do las cau­sas de las cri­sis, sus res­pon­sa­bles, sus bene­fi­cia­rios, y a la vez sus con­se­cuen­cias terri­bles, desas­tro­sas, para las cla­ses explotadas.

Siem­pre es peli­gro­so decir la ver­dad, pero siem­pre es nece­sa­rio decir­la. La Con­tra Cum­bre de 2012 tie­ne como obje­ti­vo decir la ver­dad sobre lo que sig­ni­fi­ca la pre­sen­te Cum­bre Lati­no­ame­ri­ca­na y, en con­cre­to, en nues­tro tema a deba­te, el de que no nos calla­rán, tene­mos la volun­tad y asu­mi­mos la nece­si­dad, por tan­to el deber éti­co, de decir la ver­dad sobre lo que se ocul­ta deba­jo del com­por­ta­mien­to del rey de los espa­ño­les cuan­do inten­tó hacer callar al pre­si­den­te de Venezuela.

2. ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DEL MARX DE 1843

Todos sabe­mos que en una épo­ca tan tem­pra­na como 1843, Marx dedi­có un capí­tu­lo ente­ro en su Crí­ti­ca de la filo­so­fía del Esta­do de Hegel a «La Coro­na», en el que entre otras cosas sos­tu­vo con su sin­ce­ra radi­ca­li­dad que: «El monar­ca es den­tro del Esta­do el fac­tor de la volun­tad indi­vi­dual, de la auto­de­ter­mi­na­ción infun­da­da, del capri­cho». Capri­cho y monar­quía: ¿nos sugie­ren algo estas pala­bras de 1843 en los momen­tos actua­les, bajo una Cons­ti­tu­ción que en el títu­lo II, artícu­lo 56, apar­ta­do 3, afir­ma que: «La per­so­na del Rey es invio­la­ble y no está suje­ta a res­pon­sa­bi­li­dad. Sus actos esta­rán siem­pre refren­da­dos en la for­ma esta­ble­ci­da en el artícu­lo 64, care­cien­do de vali­dez sin dicho refren­do, sal­vo lo dis­pues­to en el artícu­lo 65,2»? Por mucho que lue­go la Cons­ti­tu­ción deter­mi­ne algu­nos con­tro­les de la monar­quía, la reali­dad es que nos encon­tra­mos ante un poder monár­qui­co abso­lu­to si lo com­pa­ra­mos con el de otras monar­quías de la Euro­pa actual. Capri­cho e irres­pon­sa­bi­li­dad, capri­cho e inviolabilidad.

La direc­ta refe­ren­cia a la iden­ti­dad entre capri­cho y monar­quía no es casual en Marx. De hecho la desa­rro­lla y pro­fun­di­za poco des­pués, en la car­ta a Ruge de mayo de 1843, escribe:

«La monar­quía no tie­ne otro prin­ci­pio que el hom­bre des­hu­ma­ni­za­do y des­pre­cia­ble (…) Allí don­de el prin­ci­pio monár­qui­co se halla en mayo­ría, los hom­bres se encuen­tran en mino­ría; don­de se halla por enci­ma de toda duda, no hay hom­bres. ¿Por qué un hom­bre como el rey de Pru­sia ‑que no tie­ne por qué sen­tir­se pro­ble­má­ti­co- no va a seguir sim­ple­men­te su capri­cho? ¿Y qué pasa­rá si lo hace? ¿Pla­nes con­tra­dic­to­rios? Bueno, pues no se hace nada. ¿Impo­ten­cia de las diver­sas orien­ta­cio­nes? Así como así no hay otra reali­dad polí­ti­ca. ¿El ridícu­lo y los apu­ros? No hay más que un ridícu­lo y un apu­ro: tener que des­cen­der del trono. Mien­tras el capri­cho se halle en su sitio, ten­drá razón. Ya pue­de ser tan volu­ble, ato­lon­dra­do, des­pre­cia­ble como se quie­ra; siem­pre bas­ta­rá para gober­nar a un pue­blo que nun­ca ha cono­ci­do otra ley que el arbi­trio de sus reyes. Esto no quie­re decir que un sis­te­ma des­ca­be­lla­do y el des­pres­ti­gio den­tro y fue­ra carez­can de con­se­cuen­cias, no seré yo quien garan­ti­ce el bar­co de los locos; pero lo que si ase­gu­ro es: el rey de Pru­sia será un hom­bre de su tiem­po, has­ta que el mun­do al revés deje de ser el mun­do real».

Es inne­ga­ble la actua­li­dad de estas pala­bras de Marx sim­ple­men­te ima­gi­nan­do que en vez del rey de Pru­sia se habla del rey de Espa­ña, y en vez de «impo­ten­cia de las diver­sas orien­ta­cio­nes» se habla de la impo­ten­te sumi­sión filo­mo­nár­qui­ca de los par­ti­dos polí­ti­cos supues­ta­men­te pro­gre­sis­tas y has­ta de «izquier­das», o sea, de la deno­mi­na­da muy correc­ta­men­te «opo­si­ción de Su Majes­tad», y del idea­rio monár­qui­co de la bur­gue­sía espa­ño­la. Los «capri­chos» del rey son mun­dial­men­te famo­sos, y uno de ellos fue el exabrup­to auto­ri­ta­rio y filo­fas­cis­ta con el que pre­ten­dió hacer callar al pre­si­den­te de Vene­zue­la, Hugo Chá­vez, en una reu­nión inter­na­cio­nal en Amé­ri­ca Lati­na. Un pre­si­den­te elec­to por mayo­ría pro­ba­da en elec­cio­nes sin man­cha algu­na, elec­to demo­crá­ti­ca­men­te, y que pone su car­go a dis­po­si­ción del pue­blo vene­zo­lano cada deter­mi­na­do tiem­po, cosa que nun­ca ha hecho el rey de Espa­ña, impues­to a per­pe­tui­dad. En este sen­ti­do, el exabrup­to de Juan Car­los I con­tra Hugo Chá­vez era a la vez un ata­que a la toda Vene­zue­la, repre­sen­ta­da a sí mis­ma en la per­so­na de su pre­si­den­te electo.

Ya que por capri­cho se entien­de una acción o pro­pó­si­to vehe­men­te, un anto­jo que se rea­li­za sin razón apa­ren­te, de mane­ra súbi­ta, podría decir­se que el falli­do man­da­to auto­ri­ta­rio del rey de Espa­ña a Hugo Chá­vez no fue un capri­cho sino un acto deci­di­do, medi­ta­do y pen­sa­do. Pero el pro­ble­ma es otro, es el de valo­rar real­men­te qué se entien­de en la prác­ti­ca polí­ti­ca del rey lo que se defi­ne como «capri­cho». Dicho de otro modo, a un pre­si­den­te de gobierno, o a un pre­si­den­te de una repú­bli­ca no se le per­mi­te nin­gún capri­cho por­que está suje­to a la volun­tad demo­crá­ti­ca expre­sa­da libre­men­te en las elec­cio­nes, al menos así dice la pro­pa­gan­da bur­gue­sa. Inclu­so un peque­ño tirano filo­fas­cis­ta como Ber­lus­co­ni, casi omni­po­ten­te, ha ter­mi­na­do dimi­tien­do y tenien­do serios pro­ble­mas con la jus­ti­cia ofi­cial, entre ellos algu­nos que pue­den estar rela­cio­na­dos con supues­tos «capri­chos sexua­les». Seme­jan­te com­por­ta­mien­to, sin embar­go, era nor­mal, coti­diano en las monar­quías y pode­res regios has­ta no hace mucho, y todo indi­ca que pue­den seguir sién­do­lo pero bajo el silen­cio oficial.

Lo que debe­mos estu­diar es la per­vi­ven­cia polí­ti­ca medie­val y escla­vis­ta de la impu­ni­dad del rey, de su invio­la­bi­li­dad e irres­pon­sa­bi­li­dad legal, aun­que se nom­bren algu­nos tími­dos con­tro­les. Impu­ni­dad unas veces dis­fra­za­da de capri­cho, otra de excen­tri­ci­dad, o de afi­ción per­so­nal al depor­te selec­to, a la caza, al esquí, y has­ta de «exce­so de hom­bría». Pre­ci­sa­men­te esta es la cues­tión a deba­te, la que emer­gió abier­ta­men­te en la inte­rrup­ción de la plá­ti­ca del pre­si­den­te vene­zo­lano, Hugo Chá­vez, por el rey de Espa­ña: ¿Qué men­sa­je pri­mi­ti­vo, duro y cor­tan­te per­vi­ve inclu­so aho­ra en el abu­so de poder del monar­ca espa­ñol? ¿Qué con­ti­nui­dad de sím­bo­los de poder arcai­co se mate­ria­li­zó en el ges­to y en la voz monár­qui­ca espa­ño­la con­tra Vene­zue­la? ¿Por qué aque­lla arbi­tra­rie­dad real fue sen­ti­da como un insul­to, un des­pre­cio inso­por­ta­ble por millo­nes de seres huma­nos, que no sólo por los y las venezolanas?

Enten­de­mos mejor lo que estoy pre­gun­ta­mos si avan­za­mos un poco en el tiem­po y ana­li­za­mos el demo­le­dor efec­to des­pres­ti­gi­ta­dor que tuvo en la ya muy debi­li­ta­da legi­ti­mi­dad de la monar­quía espa­ño­la aque­lla terri­ble foto del rey matan­do ele­fan­tes, de cace­ría en Áfri­ca mien­tras la cri­sis empo­bre­ce has­ta la mise­ria a millo­nes de sus «súb­di­tos», mien­tras la corrup­ción de miem­bros de la Fami­lia Real ame­na­za con des­ta­par un olla podri­da. Millo­nes de «súb­di­tos» com­pren­die­ron al ins­tan­te lo ana­cró­ni­co e injus­to de la monar­quía, de cual­quie­ra, lo inso­por­ta­ble éti­ca y polí­ti­ca­men­te de una estruc­tu­ra opro­bio­sa, dila­pi­da­do­ra e inac­ce­si­ble e indi­fe­ren­te a la razón crí­ti­ca, democrática.

3. POLÍTICA BURGUESA Y DERECHO AL TIRANICIDIO

Pues bien, en la his­to­ria de las ideas polí­ti­cas, de la lla­ma­da filo­so­fía polí­ti­ca, o recien­te­men­te teo­ría polí­ti­ca, el pro­ble­ma de la des­le­gi­ti­ma­ción del rey por sus capri­cho­sos abu­sos es uno de los más tra­ta­dos; ade­más, lo es en su extre­ma y deci­si­va pro­fun­di­dad, la de plan­tear­se la cues­tión del dere­cho a la resis­ten­cia a los abu­sos y capri­chos del poder en gene­ral, y del monar­ca en nues­tro caso, o de la oli­gar­quía o tira­nía esta­ble­ci­da, u otra for­ma de gobierno como la demo­crá­ti­ca de la Gre­cia clá­si­ca ya en deca­den­cia. No voy a exten­der­me en las refle­xio­nes de Pla­tón sobre el dere­cho a la resis­ten­cia a la tira­nía, que siem­pre han de recor­dar­se pre­ci­sa­men­te por venir de un reac­cio­na­rio de tomo y lomo, padre espi­ri­tual de una fecun­da estir­pe reac­cio­na­ria que hoy cam­pea a sus anchas incrus­ta­da en el impe­ria­lis­mo. Tam­po­co voy a hablar de la doc­tri­na cató­li­ca sobre la resis­ten­cia al poder injus­to, ya sis­te­ma­ti­za­da en el siglo IV‑V por Isi­do­ro de Sevi­lla, entre otros, y enri­que­ci­da por Tomás de Aquino en el XIII y en el XVI-XVII por el padre Juan de Maria­na, por citar algu­nos exponentes.

Lo que reco­rre a esta doc­tri­na es la supe­di­ta­ción del monar­ca a Dios, a la ley divi­na, que cuan­do es ata­ca­da mani­fies­ta y reite­ra­da­men­te por el monar­ca da a otros pode­res infe­rio­res, que ape­nas al pue­blo explo­ta­do, el dere­cho a inter­ve­nir corri­gien­do los abu­sos y capri­chos, o en caso extre­mo a depo­ner al rey y a «hacer jus­ti­cia». Pero no nos haga­mos ilu­sio­nes dema­sia­do pron­to, excep­tuan­do movi­mien­tos heré­ti­cos radi­ca­les, siem­pre per­se­gui­dos a muer­te por el poder civil y ecle­siás­ti­co, que eran uno solo en la prác­ti­ca, la «volun­tad de Dios» prohi­bió bajo pena de exco­mu­nión que el pue­blo explo­ta­do uti­li­za­se la mor­tí­fe­ra, bara­ta y demo­crá­ti­ca balles­ta, por­que con ella podía ven­cer a las aco­ra­za­dos caba­lle­ros feu­da­les, expro­piar­les sus tie­rras ‑muchas de ellas de la Igle­sia- y hacer­las comu­nes, colec­ti­vas, o repar­tir­las entre las fami­lias más nece­si­ta­das. La balles­ta era un arma demo­crá­ti­ca por exce­len­cia, fácil de hacer y de usar, pero dema­sia­do efec­ti­va por su alto poder de per­fo­ra­ción. La «volun­tad de Dios» fue comu­ni­ca­da a las cla­ses explo­ta­das en el segun­do Con­ci­lio de Letrán, en 1139: los explo­ta­do­res podían seguir tran­qui­los con sus capri­chos, entre ellos el de dere­cho de per­na­da, por­que las cla­ses explo­ta­das tenían prohi­bi­do el dere­cho a usar balles­tas, lo que les vol­vía ino­fen­si­vas e inope­ran­tes. ¿De qué sir­ve, en estas con­di­cio­nes, el dere­cho a la resis­ten­cia al tirano si se te impo­ne el desarme?

Pero las masas cam­pe­si­nas insu­rrec­tas, las nacio­nes opri­mi­das como la che­ca y su movi­mien­to husi­ta, los albi­gen­ses y cáta­ros, los ana­bap­tis­tas y mun­ze­ria­nos, y los prín­ci­pes y Esta­dos pro­tes­tan­tes, cal­vi­nis­tas y lute­ra­nos, estos y otros movi­mien­tos com­ple­jos y con­tra­dic­to­rios entre sí, inclu­so enemi­gos a muer­te por repre­sen­tar intere­ses opre­so­res y opri­mi­dos, no res­pe­ta­ron la ver­sión cató­li­ca de la «volun­tad de Dios», sino que crea­ron sus pro­pios dere­chos a la rebe­lión con­tra la monar­quía tirá­ni­ca y con­tra Roma, jus­ti­fi­ca­dos por inter­pre­ta­cio­nes exclu­si­vas y exclu­yen­tes del mis­mo dog­ma reli­gio­so. Mara­vi­llo­sa dia­léc­ti­ca esta que lle­gó a plas­mar­se en el radi­cal «movi­mien­to anti­ab­so­lu­tis­ta» que afir­ma­ba en los siglos XVI y XVII que el abso­lu­tis­mo nega­ba la liber­tad huma­na crea­da por Dios, por lo que éstos tenían el dere­cho a la resis­ten­cia al monar­ca, movi­mien­to que influ­yó en auto­res fun­da­men­ta­les como Althusius.

Debe­re­mos espe­rar a que, coin­ci­dien­do en el tiem­po pero no en la men­ta­li­dad ni en el obje­ti­vo social con el padre Maria­na, irrum­pie­ra la teo­ría de Maquia­ve­lo expli­can­do el dere­cho del pue­blo a suble­var­se con­tra el Prín­ci­pe cuan­do este incum­plie­se las leyes de res­pe­to y buen gobierno. Maquia­ve­lo era dema­sia­do inte­li­gen­te y crí­ti­co, dema­sia­do peli­gro­so para el poder, y fue apar­ta­do de la vida públi­ca y tor­tu­ra­do. Sur­gió enton­ces Bodin para mati­zar, recor­tar y aco­mo­dar en pleno siglo XVII el dere­cho de resis­ten­cia a los intere­ses de la monar­quía, en un perío­do san­grien­to al extre­mos por las gue­rras hugo­no­tes en el rei­no de Fran­cia, por ejem­plo, sin hablar ya de las «civi­li­za­das atro­ci­da­des» euro­peas en Amé­ri­ca y en Áfri­ca, Pero aún así Bodin no se atre­ve a negar el dere­cho a la rebe­lión, aun­que inten­ta encor­se­tar­lo y redu­cir­lo a su míni­ma pero fac­ti­ble posibilidad.

Hemos habla­do de Althu­sius, que murió a comien­zos del siglo XVII, que mili­tó polí­ti­ca­men­te en defen­sa de los dere­chos del pue­blo cal­vi­nis­ta a resis­tir­se a las impo­si­cio­nes cató­li­cas. Pero ni inclu­so Althu­sius da ple­na liber­tad al pue­blo explo­ta­do para deci­dir él mis­mo cuan­do y cómo ha de resis­tir­se sino que como todos los pen­sa­do­res ante­rio­res, inten­ta media­ti­zar­lo con veri­cue­tos lega­lis­tas pues­tos en manos pode­res que deben deci­dir si se prac­ti­ca ese dere­cho o no, y cómo se ejer­ce, has­ta qué pun­to de radi­ca­li­dad. Natu­ral­men­te, las masas euro­peas explo­ta­das, los pue­blos aplas­ta­dos por el nacien­te colo­nia­lis­mo euro­peo, tenían la des­cor­te­sía de no pres­tar oídos a Althu­sius y demás inte­lec­tua­les. Podría­mos exten­der­nos a otros auto­res como Pufen­dorf, tam­bién de esa épo­ca, que si bien admi­ten y argu­men­tan el dere­cho a la resis­ten­cia al monar­ca, lo limi­tan de diver­sos modos; pero lo deci­si­vo es que, como hemos dicho, las cla­ses explo­ta­das actua­ban fre­cuen­te­men­te apli­can­do su visión empí­ri­ca de la resis­ten­cia como nece­si­dad. Tal fue el caso de la Gue­rra de los Ochen­ta Años, de 1568 a 1648, gue­rra de libe­ra­ción nacio­nal y de cla­se bur­gue­sa del pue­blo holan­dés con­tra la ocu­pa­ción impe­rial espa­ño­la que apli­ca­ba méto­dos atro­ces y bru­ta­les. Pero al demo­cra­cia holan­de­sa, orgu­llo de la civi­li­za­ción del capi­tal, tam­bién se asen­tó en la repre­sión de sus movi­mien­tos radi­ca­les, mar­gi­nán­do­los y refor­zan­do el orden burgués.

Muy sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te, fue esta gue­rra la que mar­có el naci­mien­to del capi­ta­lis­mo, tema en el que aho­ra no pode­mos exten­der­nos, cuan­do Hob­bes (1588−1679) se con­vir­tió en el defen­sor más acé­rri­mo del poder abso­lu­to del sobe­rano, del Esta­do, negan­do abier­ta­men­te el dere­cho a la rebe­lión con­tra la injus­ti­cia y defen­dien­do la obli­ga­ción del aca­ta­mien­to de las leyes por injus­tas que fue­ran. Mien­tras que Hob­bes exi­gía la obe­dien­cia cie­ga, en su Ingla­te­rra la bur­gue­sía comen­za­ba otro lar­go pro­ce­so de revo­lu­cio­nes vio­len­tas al negar­se a pagar impues­tos en 1639 y 1640, dego­llan­do nobles y reyes, pero tam­bién a miles de cató­li­cos irlan­de­ses, lle­van­do al poder al repu­bli­cano Crom­well en 1649, que implan­tó un régi­men demo­crá­ti­co para la bur­gue­sía pero dic­ta­to­rial para las fuer­zas reac­cio­na­rias, régi­men deci­si­vo para asen­tar lo que lue­go sería el impe­rio bri­tá­ni­co. Pero ese régi­men demo­crá­ti­co bur­gués tam­bién y sobre todo fue repre­sor y reac­cio­na­rio, dic­ta­to­rial, con­tra sus bases popu­la­res radi­ca­li­za­das, con­tra los peque­ños cam­pe­si­nos y arte­sa­nos libres, con­tra la empo­bre­ci­da peque­ña bur­gue­sía que que­rían repar­tir o colec­ti­vi­zar las tie­rras y los bie­nes de la noble­za ven­ci­da. Crom­well los aplas­tó, como poco antes lo había hecho la bur­gue­sía holan­de­sa revo­lu­cio­na­ria con los arte­sa­nos y cam­pe­sino radi­ca­les. Las con­vul­sio­nes socia­les con­ti­nua­ron has­ta que en 1688 – 1689, median­te la Glo­rio­sa Revo­lu­ción, se afian­zó defi­ni­ti­va­men­te el poder for­ma­do por la alian­za entre la bur­gue­sía en ascen­so y la frac­ción más lúci­da de la noble­za terrateniente.

Duran­te estos años deci­si­vos en los que nació la civi­li­za­ción del capi­tal, nin­gu­na fuer­za pro­gre­sis­ta siguió los con­se­jos de Hob­bes, pero sí los argu­men­tos dife­ren­tes de Spi­no­za (1631−1677) y Loc­ke (1633−1704) sobre el dere­cho a la resis­ten­cia. Spi­no­za fue bas­tan­tes más pro­gre­sis­ta en el sen­ti­do his­tó­ri­co que Loc­ke, y por eso fue expul­sa­do de la cofra­día judía al ser acu­sa­do de here­je, mien­tras que Loc­ke teo­ri­zó el dere­cho de la bur­gue­sía a defen­der su pro­pie­dad pri­va­da con­tra los abu­sos y capri­chos del monar­ca. El capi­ta­lis­mo de la épo­ca no se enfren­ta­ba aún a una cla­se tra­ba­ja­do­ra fuer­te y cohe­sio­na­da, como empe­za­ría a ocu­rrir des­de fina­les del siglo XVIII en Ingla­te­rra y sobre todo des­de 1830 – 1848 en el res­to de Euro­pa, por lo que toda­vía domi­na­ba abru­ma­do­ra­men­te el dere­cho bur­gués a la rebe­lión con­tra la monar­quía abso­lu­tis­ta y tardomedieval.

Pero el dere­cho bur­gués a la rebe­lión con­tra la tira­nía se limi­ta­ba a la esfe­ra polí­ti­ca, y siem­pre a la polí­ti­ca domi­nan­te. Las masas que­da­ban exclui­das, pero a la vez que­da­ba exclui­da una par­te ele­men­tal del dere­cho a la resis­ten­cia, me refie­ro al dere­cho a la resis­ten­cia inte­lec­tual, a la liber­tad de crí­ti­ca inte­lec­tual. La Inqui­si­ción cató­li­ca era el terro­ris­mo ins­ti­tu­cio­na­li­za­do, pero tam­bién eran terro­ris­tas las ver­sio­nes lute­ra­nas y pro­tes­tan­tes del cris­tia­nis­mo. El caso de Mes­lier (1664−1729), o cura ateo, es para­dig­má­ti­co ya que no sólo reve­la cómo y en qué con­di­cio­nes de clan­des­ti­ni­dad debía ejer­ci­tar­se el dere­cho a la rebe­lión inte­lec­tual, sino tam­bién mues­tra el cola­bo­ra­cio­nis­mo con el poder opre­sor de lo más flo­ri­do de la cas­ta inte­lec­tual, como el caso de Vol­tai­re (1694−1778) quién en 1762 lami­nó el ateís­mo mate­ria­lis­ta de Mes­lier, ampu­tan­do su esen­cia revo­lu­cio­na­ria y con­vir­tién­do­lo en una sim­ple opi­nión dis­cor­dan­te y algo incó­mo­da, pero nada más. Vol­tai­re, teni­do como el sum­mun del libre­pen­sa­mien­to, fue en reali­dad el escri­bano pro­gre del abso­lu­tis­mo tardofeudal.

Mes­lier se atre­vió a argu­men­tar la irre­pro­cha­ble lógi­ca atea tal como se enten­día a Dios en aquel tiem­po. Aun­que hoy su ateís­mo debe ser con­tex­tua­li­za­do y enri­que­ci­do, es inne­ga­ble que tenía y sigue tenien­do razón en el pun­to crí­ti­co que latía en el ateís­mo de su épo­ca: si Dios no exis­te ¿de dón­de vie­ne la legi­ti­mi­dad del rey? Si Dios es una men­ti­ra de los ricos, de los pode­ro­sos para enga­ñar a los explo­ta­dos y expri­mir­les pací­fi­ca­men­te has­ta la últi­ma gota de sudor y de alien­to, ¿qué otra cosa es la monar­quía sino un enga­ño para bene­fi­ciar a los pode­ro­sos e idio­ti­zar a los explo­ta­dos? La car­ga revo­lu­cio­na­ria de este ateís­mo es obvia. Hay que par­tir de aquí para com­pren­der el deba­te que se man­tu­vo entre gru­pos ateos clan­des­ti­nos y el poder inte­lec­tual: Vol­tai­re dijo que «si Dios no exis­tie­ra habría que inven­tar­lo», a lo que los ateos clan­des­ti­nos res­pon­die­ron: «Si Dios exis­tie­ra habría que ejecutarlo».

En reali­dad, este ateís­mo argu­men­ta­ba indi­rec­ta­men­te la eje­cu­ción del monar­ca sim­bo­li­za­da en la eje­cu­ción de Dios. El dere­cho de rebe­lión inte­lec­tual como anun­cio de la rebe­lión físi­ca. Pero el pro­ble­ma era más pro­fun­do y, sobre todo, era direc­ta­men­te polí­ti­co. Fue Dide­rot (1713−1784) quien puso el dedo en la lla­ga al afir­mar que «el hom­bre sólo será libre cuan­do el últi­mo rey sea ahor­ca­do con las tri­pas del últi­mo sacer­do­te». Dide­rot sabía que la Igle­sia era un poder terre­nal deci­si­vo para la super­vi­ven­cia de la monar­quía, pero su crí­ti­ca no lle­ga­ba a las pro­fun­di­da­des de la alie­na­ción y de la des­hu­ma­ni­za­ción uni­das a la pro­pie­dad bur­gue­sa, sino que se que­da­ba a media dis­tan­cia, la de las cone­xio­nes entre la Igle­sia y el rey, por un lado, y la liber­tad abs­trac­ta del ser humano por otro lado.

A pesar de esta limi­ta­ción, era una denun­cia radi­cal en su épo­ca que, como hemos dicho, puso el dedo en la lla­ga: la liber­tad huma­na no podría con­quis­tar­se sin aca­bar con la monar­quía y con la Igle­sia. El dere­cho a la resis­ten­cia se trans­for­ma­ba con Dide­rot en nece­si­dad de la resis­ten­cia, o más con­cre­ta­men­te, nece­si­dad del tira­ni­ci­dio, de la eje­cu­ción del tirano en cual­quie­ra de sus for­mas, fue­ra rey o sacer­do­te. Al dar el sal­to del dere­cho a la nece­si­dad, Dide­rot abría la puer­ta para la pos­te­rior lle­ga­da del dere­cho socia­lis­ta a la rebe­lión, es decir, de la nece­si­dad de la revo­lu­ción pro­le­ta­ria como mate­ria­li­za­ción prác­ti­ca de tal dere­cho, como lue­go vere­mos al estu­diar a Engels.

Rous­seau (1712−1778) fue el máxi­mo expo­nen­te de los años de glo­ria del dere­cho bur­gués en su ver­sión refor­mis­ta, pero tam­bién anun­cia­ba en sus ambi­güe­da­des y lagu­nas los lími­tes socia­les e his­tó­ri­cos insal­va­bles que con­tra­de­cían ese dere­cho y lo enfren­ta­ban cada vez más al auge de la cla­se obre­ra que prac­ti­ca­ba su espe­cí­fi­co dere­cho a la rebe­lión, un dere­cho que lle­ga­ría a ser socia­lis­ta. Tam­bién laten en Rous­seau las con­tra­dic­cio­nes cre­cien­tes entre el dere­cho bur­gués euro­peo, euro­oc­ci­den­tal, y el dere­cho a la resis­ten­cia no escri­to ape­nas, oral, pero masi­vo en su apli­ca­ción deses­pe­ra­da de los pue­blos ame­ri­ca­nos, afri­ca­nos y asiá­ti­cos. En Rous­seau y en muchas de las uto­pías de la épo­ca el «buen sal­va­je» ape­nas cua­dra­ba con la reali­dad de la explo­ta­ción colo­nial, pero tam­po­co con la reali­dad de la explo­ta­ción inter­na entre las nacio­nes que aho­ra lla­ma­dos «ori­gi­na­rias», y menos con la inhu­ma­na prác­ti­ca de la esclavitud.

4. EXPLENDOR DE LA REVOLUCIÓN BURGUESA ANTIMONÁRQUICA

El pun­to álgi­do, supre­mo, del dere­cho bur­gués a la rebe­lión se pro­du­jo en el últi­mo ter­cio del siglo XVIII, con las revo­lu­cio­nes nor­te­ame­ri­ca­na y fran­ce­sa. En la pri­me­ra, se reco­no­ce explí­ci­ta­men­te ese dere­cho reco­gi­do en la decla­ra­ción de inde­pen­den­cia esta­dou­ni­den­se en 1776, «la ley natu­ral le ense­ña a la gen­te que el pue­blo está dota­do por el crea­dor de cier­tos dere­chos inalie­na­bles y pue­de alte­rar o abo­lir un gobierno que des­tru­ya esos dere­chos». En la segun­da, en la fran­ce­sa, «el fin de toda aso­cia­ción polí­ti­ca es la con­ser­va­ción de los dere­chos natu­ra­les e impres­cin­di­bles del hom­bre. Tales dere­chos son la liber­tad, la pro­pie­dad, la segu­ri­dad y la resis­ten­cia a la opre­sión», en el artícu­lo 2 de la Decla­ra­ción de dere­chos del hom­bre y del ciu­da­dano del 26 de agos­to de 1789, dere­cho vuel­to a reafir­mar­se en 1793 con esta otra decla­ra­ción: «Cuan­do el gobierno vio­la los dere­chos del pue­blo la insu­rrec­ción es para el pue­blo, y para cada por­ción del pue­blo, el más sagra­do de sus dere­chos y el más indis­pen­sa­ble de sus debe­res». Por fal­ta de tiem­po, no voy a citar a los ideó­lo­gos fran­ce­ses y yan­quis que ali­men­ta­ron inte­lec­tual­men­te a ambas revo­lu­cio­nes burguesas.

Eran dere­chos bur­gue­ses que se nega­ron al pue­blo tra­ba­ja­dor, a las muje­res y a las nacio­nes opri­mi­das escla­vi­za­das o no, en cuan­to empe­za­ron a exi­gir con sus accio­nes su dere­cho a la jus­ti­cia, a la liber­tad, a la no explo­ta­ción. Tan­to en Esta­dos Uni­dos como en el Esta­do fran­cés, la bur­gue­sía vic­to­rio­sa no dudó en lan­zar sus ejér­ci­tos para repri­mir a quie­nes habían sido las ver­da­de­ras fuer­zas revo­lu­cio­na­rias que les habían aupa­do al poder con sus sacri­fi­cios y sus vidas. Del mis­mo modo, en Gran Bre­ta­ña de la mis­ma épo­ca, la bur­gue­sía que había derro­ca­do reyes y pelea­do a muer­te con el feu­da­lis­mo cató­li­co, no dudó en masa­crar al movi­mien­to obre­ro naci­do de la pri­me­ra indus­tria­li­za­ción, al que negó todo dere­cho a la resis­ten­cia, e impu­so el deber supre­mo de la obe­dien­cia pasi­va, del mis­mo modo en que Crom­well había repri­mi­do al ala revo­lu­cio­na­ria del ejér­ci­to repu­bli­cano, como hemos visto.

En cuan­to la bur­gue­sía toma­ba el poder polí­ti­co, mate­rial, comen­za­ba a girar a la dere­cha su poder inte­lec­tual, cul­tu­ral. La revo­lu­ción en Hai­tí, feroz y lar­ga, de 1791 a 1804, fue un hecho de trans­cen­den­cia mun­dial por­que ade­más de ser esta isla la pri­me­ra pro­duc­to­ra de azú­car tam­bién fue la pri­me­ra revo­lu­ción anti­es­cla­vis­ta e inter­na­cio­na­lis­ta por esen­cia, sin cuya ayu­da masi­va en armas y dine­ro al ejér­ci­to de Bolí­var se hubie­ra retra­sa­do mucho la inde­pen­den­cia lati­no­ame­ri­ca­na a la que toda­vía no le han per­do­na­do su atre­vi­mien­to. Por ello los Esta­dos se lan­za­ron con odio geno­ci­da con­tra esta heroi­ca isla revo­lu­cio­na­ria. La revo­lu­ción hai­tia­na, jun­to a la fran­ce­sa, mar­có el ini­cio del giro con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rio del pen­sa­mien­to bur­gués en todos los aspec­tos. No voy a exten­der­me en los ideó­lo­gos monár­qui­cos fran­ce­ses e ingle­ses de la épo­ca, ni tam­po­co en la segun­da olea­da de con­ser­va­du­ris­mo con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rio, la que lle­ga a su máxi­ma expre­sión ideo­ló­gi­ca en la déca­da de 1840 – 1850.

Para el tema que tra­ta­mos, el de la res­pues­ta social a los abu­sos capri­cho­sos de la monar­quía irres­pon­sa­ble, nos intere­sa más dejar cons­tan­cia del giro dere­chis­ta de la filo­so­fía polí­ti­ca ale­ma­na en dos de sus gran­des teó­ri­cos, Kant y Fich­te, y de las difi­cul­ta­des de un Hegel que no podía resol­ver la con­tra­dic­ción que mina­ba su dia­léc­ti­ca idea­lis­ta. Es impor­tan­te dete­ner­nos rápi­da­men­te en la «escue­la ale­ma­na» por­que bue­na par­te de los argu­men­tos polí­ti­cos pos­te­rio­res anclan en sus ambi­va­len­cias y tesis. Por ejem­plo, Kant (1724−1804) esta­ba muy cer­ca de las tesis de Hob­bes, recha­zan­do como este el dere­cho a la resis­ten­cia, pero mati­zan­do en una crí­ti­ca sua­ve a Hob­bes que el deber de la obe­dien­cia al Prín­ci­pe no anu­la todos los dere­chos del pue­blo, sino afir­man­do que debían exis­tir cau­ces pací­fi­cos de expre­sión del pue­blo. Fich­te (1762−1814) comen­zó defen­dien­do el dere­cho a la rebe­lión pero impre­sio­na­do por la vio­len­cia impac­tan­te de las revo­lu­cio­nes de fina­les del siglo XVIII, de las gue­rras napo­leó­ni­cas y de otros con­flic­tos, ter­mi­nó deri­van­do hacia un neo­pla­to­nis­mo que jus­ti­fi­ca­ba la nece­si­dad del «gobierno de los mejo­res» sobre el pue­blo llano, y abs­te­nién­do­se él mis­mo, Fich­te, de dar alter­na­ti­vas con­cre­tas al pro­ble­ma de la opresión.

Hegel (1770−1831) vivió y pen­só siem­pre den­tro de con­tra­dic­cio­nes: daba cla­ses a car­go del Esta­do pero era vigi­la­do por la poli­cía secre­ta por sus ideas; pen­sa­ba la dia­léc­ti­ca como lucha de con­tra­rios, pero la redu­cía a la lucha inter­na en la Idea Abso­lu­ta; era idea­lis­ta pero con un poso de mate­ria­lis­mo no reco­no­ci­do; estu­dia­ba el cam­bio per­ma­nen­te en el mun­do ente­ro, pero des­de una visión de rea­li­za­ción defi­ni­ti­va de la Idea en la cul­tu­ra ale­ma­na, etc. Su visión de la vio­len­cia legí­ti­ma con­tra la tira­nía tam­bién es con­tra­dic­to­ria por­que todo su méto­do dia­léc­ti­co le lle­va a afir­mar la inevi­ta­bi­li­dad del cho­que de con­tra­rios, del sal­to cua­li­ta­ti­vo median­te la nega­ción de la nega­ción, es decir, median­te la rup­tu­ra revo­lu­cio­na­ria, pero redu­ce esta dia­léc­ti­ca a su aspec­to idea­lis­ta, abs­trac­to, for­mal. Las revo­lu­cio­nes esta­llan así en la Idea como efec­to de las con­tra­dic­cio­nes del sis­te­ma polí­ti­co, pero no esta­llan en la reali­dad, o si lo pen­só no lo escri­bió ¿por miedo?

Hegel no vivió la fase de súbi­ta radi­ca­li­za­ción de las masas tra­ba­ja­do­ras entre 1830 y 1848, por lo que no pudo dis­po­ner de las nue­vas «expre­sio­nes del Espí­ri­tu» que tum­ba­ron todas las cer­ti­dum­bres bur­gue­sas y for­za­ron a los ideó­lo­gos de esta cla­se a rea­li­zar la segun­da olea­da de filo­so­fía polí­ti­ca con­tra­rre­vo­lu­cio­na­ria, a la que nos hemos refe­ri­do arri­ba. Pero es sabi­do que el pen­sa­mien­to y la inte­li­gen­cia huma­na viven gra­cias a las con­tra­dic­cio­nes, ali­men­tán­do­se de ellas y den­tro de ellas, de modo que fue­ron las limi­ta­cio­nes de Hegel, más otros cono­ci­mien­tos socio­po­lí­ti­cos, eco­nó­mi­cos, his­tó­ri­cos, cien­tí­fi­cos, etc., lo que ayu­da­ron a la apa­ri­ción del mar­xis­mo y del dere­cho socia­lis­ta a la rebe­lión, irre­con­ci­lia­ble con el dere­cho bur­gués. Antes de que Marx escri­bie­ra el demo­le­dor ata­que a la monar­quía, Buo­na­rro­ti (1761−1837), Babeuf (1760−1797) y Blan­qui (1805−1881), por citar unos pocos, ya prac­ti­ca­ban en Euro­pa el dere­cho a la resis­ten­cia des­de pers­pec­ti­vas polí­ti­cas situa­das a la izquier­da del socia­lis­mo utó­pi­co. Me limi­to al mar­co euro­peo por­que sería alar­gar en exce­so mi inter­ven­ción si enu­me­ra­se la impre­sio­nan­te lis­ta de per­so­nas bue­nas, dig­nas y heroi­cas que en el mun­do ente­ro lucha­ban con­tra la injus­ti­cia en gene­ral y con­tra el colo­nia­lis­mo occi­den­tal en concreto.

5. ACTUALIDAD DE LA CRÍTICA DE ENGELS DE 1845 Y 1884

Tras este repa­so sucin­to de las refle­xio­nes de la teo­ría polí­ti­ca sobre cómo con­tro­lar, fre­nar o sen­ci­lla­men­te enfren­tar­se a las arbi­tra­rie­da­des del rey, pode­mos vol­ver al Marx de 1843 y a su devas­ta­do­ra crí­ti­ca de cual­quier monar­quía, de la ins­ti­tu­ción en cuan­to tal, aun­que él se vol­ca­se con­tra la pru­sia­na. La crí­ti­ca mar­xis­ta va al cora­zón del pro­ble­ma, a su esen­cia que no es otra que la des­hu­ma­ni­za­ción inhe­ren­te a todo régi­men monár­qui­co. Y des­pués, sobre esta base, plan­tea refle­xio­nes polí­ti­cas. En 1845 Engels escri­bió su impres­cin­di­ble inves­ti­ga­ción sobre La situa­ción de la cla­se obre­ra en Ingla­te­rra, obra en la que no cri­ti­ca en con­cre­to a la monar­quía bri­tá­ni­ca pero en la que, por un lado, se afir­ma que en aquel enton­ces la lucha por la demo­cra­cia sig­ni­fi­ca­ba la lucha por el comu­nis­mo y, por otro lado, está siem­pre pre­sen­te el dere­cho de la cla­se tra­ba­ja­do­ra a la resis­ten­cia con­tra la bur­gue­sía monár­qui­ca. Tras una lar­ga expo­si­ción de luchas y expe­rien­cias orga­ni­za­ti­vas, afir­ma: «Estos hechos son prue­ba sufi­cien­te de que en Ingla­te­rra, inclu­si­ve en perío­dos de nego­cios flui­dos como a fines de 1843, la gue­rra social está decla­ra­da y se lle­va a cabo abiertamente».

En una monar­quía indus­tria­li­za­da y con «con­tro­les demo­crá­ti­cos y par­la­men­ta­rios» bur­gue­ses, el dere­cho socia­lis­ta a la resis­ten­cia se expre­sa median­te la «gue­rra social» decla­ra­da y abier­ta inclu­so en perío­dos de expan­sión eco­nó­mi­ca. Que se tra­ta de una «gue­rra social» vuel­ve a que­dar paten­te cuan­do más ade­lan­te Engels ana­li­za la «decla­ra­ción béli­ca» de la bur­gue­sía con­tra el pro­le­ta­ria­do, con­sis­ten­te en el mal­thu­sia­nis­mo y en la nue­va ley de pobres. Aho­ra exis­te la moda inte­lec­tual de hablar de la «bio­po­lí­ti­ca» y del «bio­po­der», pues bien toda la obra de Engels aquí cita­da es un impre­sio­nan­te com­pen­dio teó­ri­co de ambas cosas, pero escri­to con mucha ante­la­ción. Del mis­mo modo, y para ir con­clu­yen­do este apar­ta­do, vamos a citar al tar­dío Engels tam­bién sobre el pro­ble­ma de las leyes monár­qui­cas anti­so­cia­lis­tas y la prohi­bi­ción explí­ci­ta del dere­cho a la resis­ten­cia, o lo que es lo mis­mo, del dere­cho a la revo­lu­ción. Me refie­ro a la muy actual car­ta de Engels a Bebel del 18 de noviem­bre de 1884, en la que el vie­jo revo­lu­cio­na­rio recha­za sin con­tem­pla­cio­nes la exi­gen­cia del Esta­do pru­siano de que los socia­lis­tas, y sólo ellos, renun­cien al dere­cho a la revo­lu­ción, a la rebe­lión, para ser legalizados.

Así, en 1843 Marx ata­ca a la monar­quía por su inhu­ma­ni­dad; en 1845 Engels, estu­dian­do la explo­ta­ción huma­na en un Esta­do monár­qui­co afir­ma que la demo­cra­cia sig­ni­fi­ca el comu­nis­mo y la prác­ti­ca de la «gue­rra social», de la resis­ten­cia; y por últi­mo, en 1884, Engels se opo­ne fron­tal­men­te a que se renun­cie al dere­cho a la rebe­lión para que el par­ti­do socia­lis­ta sea lega­li­za­do por un Esta­do monár­qui­co. Sin mayo­res aná­li­sis aho­ra des­cu­bri­mos una níti­da línea roja que une 1843 y 1884 que se enfren­ta en lo ele­men­tal a la crí­ti­ca bur­gue­sa: el dere­cho socia­lis­ta a depo­ner al rey, dere­cho que en deter­mi­na­do momen­to se trans­for­ma en nece­si­dad por la dia­léc­ti­ca de la lucha de cla­ses. Aquí está la esen­cia de la crí­ti­ca mar­xis­ta a toda monar­quía: hay que aca­bar con ella para afir­mar prác­ti­ca­men­te la huma­ni­dad humana.

La dife­ren­cia cua­li­ta­ti­va entre el dere­cho bur­gués a la resis­ten­cia al tirano, el que fue­ra, y el dere­cho socia­lis­ta a la revo­lu­ción radi­ca en que el socia­lis­mo pone en el cen­tro del pro­ble­ma la cues­tión de la pro­pie­dad pri­va­da de las fuer­zas pro­duc­ti­vas, sien­do la tira­nía, el rey, la opre­sión, la Igle­sia, meros efec­tos de las con­tra­dic­cio­nes socia­les des­ata­das por la pro­pie­dad bur­gue­sa. En 1843 Marx no había des­cu­bier­to aún la teo­ría de la plus­va­lía, la ley del valor-tra­ba­jo, etcé­te­ra, y no había desa­rro­lla­do la crí­ti­ca del feti­chis­mo de la mer­can­cía, pero la insis­ten­cia en la des­hu­ma­ni­za­ción inhe­ren­te a la monar­quía y/​o al Esta­do, que vie­ne a ser lo mis­mo en ese con­tex­to, se man­ten­drá como ele­men­tos cons­tan­te en todo el marxismo.

La pro­pie­dad bur­gue­sa, en su des­en­vol­vi­mien­to social, impo­ne la des­hu­ma­ni­za­ción, la alie­na­ción, la feti­chi­za­ción, la cosi­fi­ca­ción. Todas ellas, sin exten­der­nos aho­ra en el tema, son carac­te­rís­ti­cas de la men­ta­li­dad monár­qui­ca den­tro del capi­ta­lis­mo. Del mis­mo modo que el patriar­ca­do pre­ca­pi­ta­lis­ta tuvo que trans­for­mar­se en sis­te­ma patriar­co-bur­gués para ser­vir con efi­ca­cia al capi­tal, como antes se había trans­for­ma­do para ser­vir al feu­da­lis­mo y al escla­vis­mo y en par­te al modo tri­bu­ta­rio, del mis­mo modo la monar­quía fue trans­for­ma­da al sis­te­ma capi­ta­lis­ta pri­me­ro en la revo­lu­ción holan­de­sa y des­pués en la revo­lu­ción ingle­sa tras la muer­te de Crom­well y sobre todo des­de 1688 – 1689.

Aun­que es inne­ga­ble que la monar­quía capi­ta­lis­ta man­tie­ne ritua­les, cere­mo­nias y pom­pas idén­ti­cas en la para­fer­na­lia sun­tuo­sa y osten­to­sa a las que se rea­li­za­ban en los impe­rios per­sa, chino, etc., con sus actos de sumi­sión y aca­ta­mien­to al poder real, sien­do esto así, sin embar­go la monar­quía capi­ta­lis­ta se dife­ren­cia cua­li­ta­ti­va­men­te de todas las ante­rio­res en que aho­ra la pro­pie­dad pri­va­da, la bur­gue­sa, está en sí, legal­men­te, fue­ra de la pro­pie­dad real, de la Casa Real, de modo que el rey, por muy pode­ro­so que fue­re, no pue­de apro­piar­se a su anto­jo, capri­cho y libre arbi­trio o cum­pli­mien­to trá­mi­tes muy sim­ples, de las pro­pie­da­des de otros burgueses.

Una vez que se impo­ne la pro­pie­dad bur­gue­sa, el pro­ble­ma del dere­cho a la rebe­lión con­tra la tina­ría monár­qui­ca sufre un cam­bio cua­li­ta­ti­vo por­que la monar­quía pasa de ser el pro­ble­ma cru­cial a supe­rar, como suce­día en el feu­da­lis­mo, a ser una sim­ple cues­tión de efi­ca­cia guber­na­ti­va, es decir, de efi­ca­cia para la explo­ta­ción asa­la­ria­da. Si la for­ma-monar­quía deja de ser efec­ti­va para el capi­tal, la bur­gue­sía impo­ne la for­ma-repú­bli­ca, y si, por lo que fue­se, ésta se vuel­ve en un freno, la bur­gue­sía pue­de optar por cual­quier for­ma de bona­par­tis­mo, mili­ta­ris­mo, nazi­fas­cis­mo o inclu­so por vol­ver a la for­ma-monar­quía pero bajo nue­vas exi­gen­cias. Si en el feu­da­lis­mo la caí­da de la monar­quía era el ini­cio de la caí­da del feu­da­lis­mo, más o menos brus­ca­men­te, en el capi­ta­lis­mo la caí­da de un reye­zue­lo bri­bón y corrup­to pue­de ser nece­sa­ria para recu­pe­rar la tasa de beneficio.

Bajo la dic­ta­du­ra del sis­te­ma sala­rial el dere­cho a la rebe­lión bur­gue­sa pier­de toda su razón de ser, man­te­nién­do­se en todo caso ese dere­cho bur­gués como dere­cho a inter­ve­nir con la vio­len­cia más terro­ris­ta ima­gi­na­ble con­tra las cla­ses y los pue­blos que quie­ren aca­bar con el capi­ta­lis­mo, o que, sin que­rer­lo cons­cien­te­men­te, fre­nan u obs­ta­cu­li­zan de mane­ra impor­tan­te la expan­sión impe­ria­lis­ta al negar­se a clau­di­car a sus exi­gen­cias. Por esto es con­ve­nien­te releer siem­pre la car­ta de Engels a Bebel del 18 de noviem­bre de 1884 ya que en ella, y a par­te de otras con­si­de­ra­cio­nes, se afir­ma el derecho/​necesidad socia­lis­ta a la revo­lu­ción como dere­cho inalie­na­ble. Mien­tras que Dide­rot defen­día la nece­si­dad de eje­cu­tar al monar­ca, Engels defien­de la nece­si­dad de la revo­lu­ción socia­lis­ta. Por tan­to, aca­bar con la monar­quía es un paso para aca­bar con la pro­pie­dad pri­va­da, para avan­zar hacia la socia­li­za­ción de las fuer­zas pro­duc­ti­vas como exi­gen­cia obje­ti­va para la extin­ción his­tó­ri­ca simul­tá­nea de las cla­ses socia­les, de la explo­ta­ción asa­la­ria­da, del patriar­ca­do y de la opre­sión nacio­nal. Obvia­men­te, en este pro­ce­so los reyes y rei­nas habrán pasa­do al basu­re­ro de la his­to­ria y al museo de los horro­res e ignominias.

6. EL REPUBLICANISMO DE LA CULTURA POPULAR VASCA

Hemos vis­to el anta­go­nis­mo irre­con­ci­lia­ble que exis­te entre demo­cra­cia y monar­quía en gene­ral, y lo hemos vis­to median­te un muy bre­ve segui­mien­to de la his­to­ria de las luchas anti­mo­nár­qui­cas bur­gue­sas y segui­da­men­te de las luchas socia­lis­tas y comu­nis­tas. En reali­dad, la crí­ti­ca a la monar­quía que hago des­de mi inde­pen­den­tis­mo comu­nis­ta vas­co se mue­ve den­tro de este pará­me­tro, pero apli­ca­do a mis con­di­cio­nes de exis­ten­cia. Por un lado, como ser humano libre, como par­te del ser-humano-gené­ri­co, soy natu­ral y social­men­te anti­mo­nár­qui­co, repu­bli­cano, y por otra par­te, en el mis­mo acto soy comu­nis­ta vas­co que lucho por la inde­pen­den­cia socia­lis­ta de Eus­kal Herria, y por tan­to por una Repú­bli­ca Socia­lis­ta Vas­ca. Con­si­guien­te­men­te mi crí­ti­ca de toda monar­quía, la que fue­ra, se mate­ria­li­za tan­to en la crí­ti­ca del Esta­do espa­ñol como, posi­ti­va­men­te, en la lucha por la Repú­bli­ca vas­ca. Segui­ré este esque­ma en lo que res­ta de exposición.

Hay que empe­zar dicien­do que la ins­ti­tu­ción monár­qui­ca, cual­quie­ra, nun­ca ha com­pa­gi­na­do bien con las for­mas socio­po­lí­ti­cas vas­cas y con nues­tra cul­tu­ra popu­lar. Sin exten­der­nos aho­ra en una expo­si­ción de la his­to­ria polí­ti­ca vas­ca, es un hecho que las ins­ti­tu­cio­nes de poder en Eus­kal Herria se han movi­do siem­pre en un com­ple­jo e ines­ta­ble equi­li­brio entre una ten­den­cia auto­or­ga­ni­za­ti­va local, y una ten­den­cia cen­tra­li­za­do­ra a esca­la media, lo cual no anu­la en modo alguno la exis­ten­cia de la explo­ta­ción de cla­ses y patriar­cal, la exis­ten­cia de pode­res opre­so­res que no duda­ban en repri­mir a un pue­blo explo­ta­do que tam­po­co se deja­ba opri­mir. Sin embar­go, las ten­den­cias a la exce­si­va cen­tra­li­za­ción del poder en pocas manos y a su abso­lu­ti­za­ción monár­qui­ca tra­di­cio­nal siem­pre cho­ca­ron en Eus­kal Herria con una resis­ten­cia tenaz por par­te del pue­blo tra­ba­ja­dor y con resis­ten­cias más o menos duras, según los casos e intere­ses, por par­te de las suce­si­vas cla­ses domi­nan­tes autóc­to­nas. Bas­ta com­pa­rar la his­to­ria socio­po­lí­ti­ca vas­ca con la de los Esta­dos espa­ñol y fran­cés para confirmarlo.

El ejem­plo de las deno­mi­na­das gue­rras car­lis­tas por la his­to­rio­gra­fía espa­ño­la es con­clu­yen­te. Para las masas explo­ta­das vas­cas, cam­pe­si­nas, arte­sa­nas, pes­ca­do­ras, tra­ba­ja­do­ras urba­nas, para la empo­bre­ci­da peque­ña noble­za rural y la cas­ta sacer­do­tal de base, para sec­to­res amplios de la peque­ña bur­gue­sía e inclu­so de la media­na bur­gue­sía, la defen­sa del car­lis­mo era casi exclu­si­va­men­te la defen­sa de los Fue­ros Vas­cos, sím­bo­lo y prác­ti­ca de las leyes y usos pro­pios del País, antes que la defen­sa de una par­te de la monar­quía de un Esta­do mayo­ri­ta­ria­men­te vis­to como extran­je­ro, la menos cen­tra­li­za­do­ra y espa­ño­li­za­do­ra. La lar­ga y deses­pe­ra­da resis­ten­cia arma­da popu­lar, su masi­vi­dad, se expli­ca por la defen­sa de unos Fue­ros que pro­te­gían mal que bien las deci­si­vas pro­pie­da­des comu­na­les y otros usos y cos­tum­bres ‑hoy lla­ma­dos «dere­chos socia­les»- que asu­mían como pro­pios del país.

Insis­to en que esta reali­dad no anu­la­ba ni nega­ba la exis­ten­cia cier­ta de la lucha de cla­ses inter­na a Eus­kal Herria, que es una hecho incues­tio­na­ble del que ya hay datos ine­quí­vo­cos des­de el siglo XII, e inclu­so des­de antes. Pero con­fir­ma que nues­tra nación fue des­de el siglo XVI, como míni­mo, coin­ci­dien­do con el for­ta­le­ci­mien­to de la bur­gue­sía comer­cial e indus­trial del hie­rro, un mar­co autó­no­mo de lucha de cla­ses, espe­ci­fi­ci­dad que se fue refor­zan­do con­for­me el capi­ta­lis­mo avan­za­ba de su fase comer­cial y colo­nial a su fase impe­ria­lis­ta, has­ta lle­gar al pre­sen­te, en don­de es ya una reali­dad obvia. La lucha de cla­ses vas­ca empe­zó a dar un sal­to cua­li­ta­ti­vo en lo que con­cier­ne al pro­fun­do recha­zo popu­lar a todo rey o rei­na, con­for­me las monar­quías abso­lu­tis­tas fran­ce­sa y espa­ño­la inter­ve­nían con sus ejér­ci­tos en defen­sa del blo­que de cla­ses domi­nan­te autóc­tono des­de el siglo XVI en ade­lan­te, con la inva­sión del Esta­do vas­co de Nafa­rroa, en pri­mer y deci­si­vo lugar.

Des­de enton­ces y de mane­ra ascen­den­te has­ta fina­les del siglo XVIII, la monar­quía iba sien­do iden­ti­fi­ca­da por el pue­blo vas­co cada vez más como un enemi­go inva­sor en vez que como un sim­ple Señor que se había com­pro­me­ti­do a aca­tar los Fue­ros, leyes y cos­tum­bres del país. Fue des­de fina­les del siglo XIX en la par­te de Eus­kal Herria bajo domi­na­ción espa­ño­la cuan­do la monar­quía inter­vino de mane­ra bru­tal y aplas­tan­te en apo­yo de la bur­gue­sía indus­trial en ascen­so, en con­tra del pue­blo tra­ba­ja­dor vas­co. A fina­les del siglo XIX y comien­zos del siglo XX la sen­sa­ción popu­lar sobre el papel repre­sor de la monar­quía y del Esta­do libe­ral espa­ñol, sobre el retro­ce­so de las liber­ta­des y de los dere­chos socia­les, cul­tu­ra­les, lin­güís­ti­cos, etc., en con­tras­te con la tra­di­ción demo­crá­ti­ca del país era tan masi­va que lo tuvie­ron que reco­no­cer auto­res como Max Weber, ade­más de un PSOE que no dudó en ensal­zar las vir­tu­des demo­crá­ti­cas del himno vas­co prohi­bi­do, el Ger­ni­ka­ko Arbo­la, himno de 1853 que defen­día los valo­res de los Fue­ros y la iden­ti­dad nacio­nal vas­ca y cuyo autor, Ipa­rra­gi­rre, tuvo que exiliarse.

Una espe­cie de «tri­ple alian­za» for­ma­da por la monar­quía, el ejér­ci­to y la bur­gue­sía vas­ca actuó al uní­sono para con­so­li­dar el Esta­do espa­ñol y para aplas­tar los dere­chos nacio­na­les vas­cos, defen­di­dos des­de enton­ces y cada vez más por las cla­ses tra­ba­ja­do­ras, muy espe­cial­men­te des­de la déca­da de 1920 – 1930 en ade­lan­te. Es lar­ga la lis­ta de inter­ven­cio­nes socio­po­lí­ti­cas direc­tas del ejér­ci­to y de la monar­quía en defen­sa de la bur­gue­sía indus­trial vas­ca para repri­mir el ascen­so de las luchas obre­ras y popu­la­res, el ascen­so del nacio­na­lis­mo y del inde­pen­den­tis­mo, y sobre todo para abor­tar la fusión de la lucha inde­pen­den­tis­ta con la lucha socia­lis­ta y comu­nis­ta, que comen­zó a insi­nuar­se en la déca­da de 1920, cre­ció entre 1931 y 1937 y dio un sal­to cua­li­ta­ti­vo e irre­ver­si­ble entre 1959 y 1967.

La monar­quía reins­tau­ra­da por el dic­ta­dor Fran­co y acep­ta­da por el grue­so de la «opo­si­ción de su Majes­tad», muy espe­cial­men­te por el PCE y res­tan­tes «izquier­das» que apro­ba­ron la Cons­ti­tu­ción de 1978, fue la legi­ti­ma­do­ra del terro­ris­mo de Esta­do con­tra el pue­blo vas­co que el PSOE masi­fi­có des­de su lle­ga­da al gobierno. La impor­tan­cia de la monar­quía para el blo­que de cla­ses domi­nan­te en el Esta­do espa­ñol al poco de la muer­te del dic­ta­dor Fran­co fue cre­cien­do en la medi­da en que nece­si­ta­ban una nue­va legi­ti­mi­dad. La indus­tria polí­ti­co-mediá­ti­ca se lan­zó a lavar la ima­gen del rey fran­quis­ta, sobre todo des­pués del gol­pe de Esta­do del 23 de febre­ro de 1981. Pos­te­rior­men­te, la pren­sa se ha esfor­za­do has­ta lo inde­ci­ble por aca­llar todos los rumo­res y comen­ta­rios sobre múl­ti­ples aspec­tos de la monarquía.

7. DERROTA ESTRATÉGICA DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA

En lo que con­cier­ne a Eus­kal Herria, hay que decir que esta ins­ti­tu­ción fue deci­si­va en el inten­to de dar una cober­tu­ra «demo­crá­ti­ca» a la ofen­si­va gene­ral con­tra nues­tros dere­chos nacio­na­les. Ya des­de el mis­mo «fra­ca­so» del gol­pe de Esta­do de 1981, el rey fue la pie­za cla­ve para la impo­si­ción de la LOAPA, un duro y rápi­do pro­gra­ma de recen­tra­li­za­ción, paran­do en seco la tími­da des­cen­tra­li­za­ción auto­nó­mi­ca ante­rior. Con la lle­ga­da del PSOE al gobierno se redo­bla­ron los esfuer­zos por lim­piar a la monar­quía de toda duda y sos­pe­cha sobre sus impli­ca­cio­nes en el gol­pe de Esta­do, a la vez que se silen­cia­ban sin pudor has­ta la más míni­ma infor­ma­ción que no favo­re­cie­ra a la Casa Real. El gobierno del PSOE tenía en el rey la figu­ra publi­ci­ta­ria por anto­no­ma­sia para legi­ti­mar el terro­ris­mo de Esta­do y la apli­ca­ción del Plan ZEN, así como la impla­ca­ble estra­te­gia de des­in­dus­tria­li­za­ción del teji­do eco­nó­mi­co vas­co que se ocul­ta­ba deba­jo de la «recon­ver­sión indus­trial». Ade­más, estas y otras medi­das se vie­ron refor­za­das por la polí­ti­ca de faci­li­tar la ren­di­ción de un sec­tor de ETA p‑m y su inte­gra­ción en el sis­te­ma, debi­li­tan­do tran­si­to­ria­men­te a la izquier­da abertzale.

La ima­gen públi­ca y ofi­cial del «rey demó­cra­ta», «chis­to­so y bona­chón», «cam­pe­chano», ima­gen mima­da y cui­da­da segun­do a segun­do por la indus­tria polí­ti­co-mediá­ti­ca, por los pode­res del Esta­do y has­ta por la Igle­sia, nun­ca fue acep­ta­ba en Eus­kal Herria, pese a los esfuer­zos direc­tos o indi­rec­tos del blo­que cons­ti­tu­cio­na­lis­ta, del blo­que que acep­tó la Cons­ti­tu­ción monár­qui­ca y la defen­dió como una úni­ca «garan­tía de las liber­tad». Al con­tra­rio, ya en 1981 los jun­te­ros de Herri Bata­su­na pro­tes­ta­ron a voz en gri­to can­tan­do el Eus­ko Guda­riak Gara, himno al sol­da­do vas­co, delan­te del rey espa­ñol en un acto en la Sala de Jun­tas de Ger­ni­ka; des­de enton­ces, una y otra vez, la izquier­da aber­tza­le ha mos­tra­do su opo­si­ción fron­tal a la monar­quía espa­ño­la con una cohe­ren­cia admi­ra­ble y sin paran­gón en las izquier­das del Esta­do español.

La izquier­da aber­tza­le ha hecho una ver­da­de­ra peda­go­gía demo­crá­ti­ca y repu­bli­ca­na que ha anu­la­do cual­quier inten­to de ancla­je en el ima­gi­na­rio popu­lar vas­co del prin­ci­pio monár­qui­co, actua­li­zan­do en el capi­ta­lis­mo de la segun­da mitad del siglo XX y comien­zos del XXI la lar­ga tra­di­ción anti­mo­nár­qui­ca inser­ta en la cul­tu­ra popu­lar vas­ca. Ade­más, el des­pres­ti­gio de esta ins­ti­tu­ción se ace­le­ra entre los pue­blos y cla­ses explo­ta­das del Esta­do espa­ñol no sólo por lo irra­cio­nal que es en sí la monar­quía, sino tam­bién por las corrup­cio­nes que le acom­pa­ñan. De cual­quier modo, el pro­ble­ma no está resuel­to por­que debe­mos ser cons­cien­tes del papel que la monar­quía jue­ga en estos momen­tos de cri­sis estruc­tu­ral del Esta­do español.

En efec­to, en la vital carre­ra por la pro­duc­ti­vi­dad del tra­ba­jo a esca­la mun­dial, el capi­ta­lis­mo espa­ñol va per­dien­do posi­ción len­ta pero irre­mi­si­ble­men­te, va que­dan­do reza­ga­do, es supe­ra­do por bur­gue­sías que sí cui­dan las inver­sio­nes nece­sa­rias para aumen­tar su pro­duc­ti­vi­dad. Como mar­xis­tas sabe­mos que, a la lar­ga, la ley de la pro­duc­ti­vi­dad del tra­ba­jo es la que rige el futu­ro de los Esta­dos y de las nacio­nes. Pro­du­cir más y mejor con menos tiem­po de tra­ba­jo es el secre­to del bene­fi­cio bur­gués. Pero el blo­que de cla­ses domi­nan­te en el Esta­do espa­ñol, excep­to frac­cio­nes bur­gue­sas vas­cas y cata­la­nas, ape­nas se ha preo­cu­pa­do por sis­te­ma­ti­zar polí­ti­cas glo­ba­les des­ti­na­das a aumen­tar la com­pe­ti­ti­vi­dad pro­duc­ti­va. Se han vol­ca­do más en el láti­go que en la zanaho­ria, más en la plus­va­lía abso­lu­ta impues­ta por la repre­sión que en la plus­va­lía rela­ti­va sos­te­ni­da por el con­sen­so alienador.

El des­pre­cio de la cul­tu­ra domi­nan­te espa­ño­la por la téc­ni­ca y la cien­cia, es muy anti­guo, pero con el capi­ta­lis­mo lle­gó a su máxi­ma expre­sión. En 1909 Una­muno, crí­ti­co mor­daz, dijo aque­llo de: «¡Que inven­ten ellos!», refi­rién­do­se a la deja­dez e indi­fe­ren­cia espa­ño­la por el cono­ci­mien­to. La inte­lec­tua­li­dad espa­ño­la, que ya arras­tra­ba el trau­ma de 1898, bus­ca­ba alter­na­ti­vas a la deca­den­cia del Esta­do y fue Orte­ga y Gas­set el que en 1914 expre­só en una sola fra­se lo que sería lue­go el sue­ño inclu­so del fran­quis­mo des­de la déca­da de 1960 «¡Espa­ña es el pro­ble­ma, Euro­pa es la solu­ción!». La caí­da de la monar­quía y la ins­tau­ra­ción de la II Repú­bli­ca en 1931 no resol­vie­ron el pro­ble­ma de fon­do. Maez­tu dijo en 1934: «Me due­le Espa­ña», mos­tran­do cómo el blo­que de cla­ses domi­nan­te soma­ti­za­ba el desas­tre en vez de bus­car alternativas.

Des­de la pri­me­ra cri­sis seria de la dic­ta­du­ra autár­qui­ca fran­quis­ta, al calor del turis­mo la bur­gue­sía optó defi­ni­ti­va­men­te por el capi­tal finan­cie­ro-inmo­bi­lia­rio des­li­gán­do­se poco a poco del indus­trial; lue­go, tam­bién optó por el capi­tal ser­vi­cios que por el indus­trial, ya en retro­ce­so. La «recon­ver­sión indus­trial» ace­le­ró la finan­cia­ri­za­ción eco­nó­mi­ca y su pro­gre­si­va e impa­ra­ble depen­den­cia del capi­ta­lis­mo exte­rior. La mal lla­ma­da «déca­da mila­gro­sa», de 1997 a 2007 fue un fre­ne­sí de egoís­mo mio­pe, de cegue­ra con­su­mis­ta, de des­pre­cio por la inver­sión en I+D+i. Este supues­to «mila­gro» tam­bién se basó en la entra­da de capi­ta­les extran­je­ros; en la entra­da de dine­ro negro del nar­co­ca­pi­ta­lis­mo y de mafias inter­na­cio­na­les; en la corrup­ción admi­nis­tra­ti­va, polí­ti­ca y cul­tu­ral inhe­ren­te al clien­te­lis­mo social espa­ñol; en la eco­no­mía sumer­gi­da y en el frau­de fis­cal masi­vo; en el «dine­ro de plás­ti­co», bara­to y fácil de pedir a la ban­ca, intere­sa­da­men­te dadi­vo­sa; y en la pasi­vi­dad del movi­mien­to obre­ro des­mo­ra­li­za­do y des­tro­za­do por el giro al refor­mis­mo des­ca­ra­do y corrup­to de la «opo­si­ción de Su Majes­tad», una ex izquier­da que ale­gre­men­te había crea­do la nue­va doc­tri­na del «mar­xis­mo-ladri­llis­mo».

La catás­tro­fe de 2007 en ade­lan­te cogió des­pre­ve­ni­da a la bur­gue­sía y a sus peo­nes. Uno a uno fue­ron des­plo­mán­do­se con des­con­cer­tan­te rapi­dez todas las eufo­rias super­fi­cia­les y pue­ri­les de hacía sola­men­te unos pocos años. La cri­sis era y es inclu­so cua­li­ta­ti­va­men­te más gra­ve que la de 1898, la de 1929 – 1936, la de 1959, la de 1975, etcé­te­ra. La cri­sis es tan gra­ve que has­ta el sec­tor bur­gués que poco antes jugue­tea­ba con la idea de cam­biar la monar­quía por una III Repú­bli­ca auto­ri­ta­ria, neo­con­ser­va­do­ra y espa­ño­li­za­da a tope, ha deja­do ese pro­yec­to en el cajón, por aho­ra, y ha sali­do en defen­sa de una Casa Real agu­je­rea­da en sus muros y podri­da en sus raí­ces. Hay que hacer piña, mien­tras en Cata­lun­ya y en Eus­kal Herria, las ansias sobe­ra­nis­tas e inde­pen­den­tis­tas avan­zan con res­pec­ti­vos pro­yec­tos repu­bli­ca­nos. Hay que hacer piña, y la monar­quía vuel­ve a apa­re­cer como el cen­tro sal­va­dor, por aho­ra. Pero ya no es el úni­co, como en 1978, sino que aho­ra la gra­ve­dad de la cri­sis es tal, que el sec­tor domi­nan­te en la gran bur­gue­sía espa­ño­la lo ha dicho abier­ta­men­te por boca del ban­que­ro Botín: «El euro y la inte­gra­ción de Euro­pa no tie­nen vuel­ta atrás».

El rey, en este con­tex­to, es y será la figu­ra cen­tral que como el eje de la rue­da, cohe­sio­ne todos los radios, man­te­nien­do la fic­ción de la «sobe­ra­nía nacio­nal espa­ño­la», que des­apa­re­ció defi­ni­ti­va­men­te en 2010 – 2011 con la acep­ta­ción incon­di­cio­nal de las exi­gen­cias de la Unión Euro­pea y de Esta­dos Uni­dos. Por eso, la monar­quía será duran­te un tiem­po el pun­to de bóve­da en el que con­flu­yan los diver­sos intere­ses frac­cio­na­les de la bur­gue­sía y sim­bo­li­ce el nacio­na­lis­mo impe­ria­lis­ta espa­ñol, pro­gre­si­va­men­te enfu­re­ci­do y fana­ti­za­do en con­tra­par­ti­da a la pér­di­da de sobe­ra­nía efec­ti­va. Pero esta fun­ción no anu­la el hecho de que la monar­quía ha sufri­do una derro­ta estra­té­gi­ca irre­cu­pe­ra­ble: ade­más de la corrup­ción y del gas­to injus­ti­fi­ca­ble que supo­ne man­te­ner­la, la monar­quía es ya lógi­ca­men­te insos­te­ni­ble para cual­quie­ra que argu­men­te con una racio­na­li­dad obje­ti­va. Pero lo deci­si­vo radi­ca en que ha fra­ca­sa­do en la fun­ción polí­ti­ca que se le asig­nó con res­pec­to a Eus­kal Herria.

Iña­ki Gil de San Vicente

Eus­kal Herria, 15 de noviem­bre de 2012

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