Marx sobre la famo­sa deuda

La Repu­bli­ca

La úni­ca par­te de la lla­ma­da rique­za nacio­nal que real­men­te entra en la pose­sión colec­ti­va de los pue­blos moder­nos es… su deu­da públi­ca . De ahí que sea cabal­men­te cohe­ren­te la doc­tri­na moder­na según la cual un pue­blo es tan­to más rico cuan­to más se endeu­da. El cré­di­to públi­co se con­vier­te en el cre­do del capi­tal. Y al sur­gir el endeu­da­mien­to del esta­do, el peca­do con­tra el Espí­ri­tu San­to, para el que no hay per­dón alguno, deja su lugar a la fal­ta de con­fian­za en la deu­da pública.

(…)

La deu­da públi­ca se con­vier­te en una de las palan­cas más efec­ti­vas de la acu­mu­la­ción ori­gi­na­ria Como con un toque de vari­ta mági­ca, infun­de vir­tud gene­ra­do­ra al dine­ro impro­duc­ti­vo y lo trans­for­ma en capi­tal, sin que para ello el mis­mo ten­ga que expo­ner­se nece­sa­ria­men­te a las moles­tias y ries­gos inse­pa­ra­bles de la inver­sión indus­trial e inclu­so de la usu­ra­ria. En reali­dad, los acree­do­res del esta­do no dan nada, pues la suma pres­ta­da se con­vier­te en títu­los de deu­da, fácil­men­te trans­fe­ri­bles, que en sus manos con­ti­núan fun­cio­nan­do como si fue­ran la mis­ma suma de dine­ro en efec­ti­vo. Pero aun pres­cin­dien­do de la cla­se de ren­tis­tas ocio­sos así crea­da y de la rique­za impro­vi­sa­da de los finan­cis­tas que desem­pe­ñan el papel de inter­me­dia­rios entre el gobierno y la nación como tam­bién de la súbi­ta for­tu­na de arren­da­do­res de con­tri­bu­cio­nes, comer­cian­tes y fabri­can­tes pri­va­dos para los cua­les una bue­na taja­da de todo emprés­ti­to esta­tal les sir­ve como un capi­tal llo­vi­do del cie­lo, la deu­da públi­ca ha dado impul­so a las socie­da­des por accio­nes, al comer­cio de toda suer­te de pape­les nego­cia­bles, al agio, en una pala­bra, al jue­go de la bol­sa y a la moder­na bancocracia.

El capi­tal (1867)

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