[Video] Entre­vis­ta a la gue­rri­lle­ra inter­na­cio­na­lis­ta Tan­ja: “A mi me encan­ta­ría ir a Holan­da y expli­car a la gen­te el por qué de la lucha en Colombia”

El gue­rri­lle­ro cono­ce el mon­te, el ejér­ci­to no y recu­rre a ese tipo de méto­dos tan cobar­des (bom­bar­deos). Para mi son méto­dos muy cobar­des esos de uti­li­zar bom­bas de mil libras, sol­tar esas bom­bas por enci­ma de las cabe­zas de algu­na gen­te que no tie­ne con que defen­der­se en ese momento (…)»
LA HABANA /​NOVIEMBRE 2012 /​El gobierno de Juan Manuel San­tos no lo qui­so, pero no pudo impe­dir­lo. La gue­rri­lle­ra holan­de­sa Ale­xan­dra Nari­ño arri­bó al aero­puer­to de José Mar­tí el lunes 5 de noviem­bre y cau­só gran movi­mien­to en la pren­sa internacional.
Muchos de los perio­dis­tas toca­ron el por­tón don­de están alber­ga­dos los inte­gran­tes de la Dele­ga­ción de Paz de las FARC en la Haba­na, sobre todo los repor­te­ros holan­de­ses que han sido envia­dos a Cuba, casi rogan­do para que pudie­ran entre­vis­tar a la gue­rri­lle­ra que ha sobre­vi­vi­do asal­tos de los “Coman­dos Jun­glas” o fuer­tes bombardeos.
Ha sido víc­ti­ma ella por las men­ti­ras y mani­pu­la­cio­nes de los mis­mos medios de comu­ni­ca­ción holan­de­ses o de otros paí­ses que aho­ra con la son­ri­sa ancha dicen que han sido siem­pre defen­so­res de ella. La hipo­cre­sía flo­re­ce aho­ra como nunca.
Del­ga­da y con una con­tex­tu­ra que impre­sio­na, si toma­mos en cuen­ta que la mochi­la con­tie­ne el mis­mo peso y con­te­ni­do como para un para­cai­dis­ta, todo lo nece­sa­rio para poder sobre­vi­vir en la sel­va. Y sub­ra­ya que no es tan­to el sacri­fi­cio físi­co que es lo duro, sino lo psíquico.
Con la lle­ga­da de Ale­xan­dra tam­bién comen­zó el terro­ris­mo mediá­ti­co. El Tiem­po de ayer domin­go, ya tie­ne la pri­me­ra entre­ga de esa gue­rra psi­co­ló­gi­ca que tan­tas veces ha sido cla­ve para sabo­tear un pro­ce­so de paz en Colombia.
Titu­la el dia­rio de los San­tos; El lado oscu­ro de Tan­ja, la holan­de­sa de las Farc, sacu­dien­do el pol­vo de los vie­jos archi­vos de la inte­li­gen­cia mili­tar colom­bia­na y de la CIA, inten­ta cues­tio­nar esta gue­rri­lle­ra que se incor­po­ró a las filas gue­rri­lle­ras para com­ba­tir un esta­do reco­no­ci­do mun­dial­men­te por su terro­ris­mo de esta­do, ani­qui­lan­do a toda opo­si­ción civil y legal.
Así comien­za la gue­rra mediá­ti­ca, y has­ta nos roba­ron la foto…
Como si fue­ra poco, el dia­rio de los San­tos inclu­so publi­ca una foto de ANNCOL y de este repor­te­ro, que era el úni­co perio­dis­ta en la lle­ga­da de Ale­xan­dra a la Haba­na, cor­tan­do la foto para qui­tar el sello de “ANNCOL”, dan­do la auto­ría a la agen­cia fran­ce­sa AFP.
Con Ale­xan­dra con­ver­sa­mos e invi­ta­mos para que veas y escu­ches una inter­na­cio­na­lis­ta que los mis­mos grin­gos quie­ren tapar la boca, y ella solo se ríe sobre esa amenaza.
A con­ti­nua­ción Trans­crip­ción de la entre­vis­ta, dis­po­ni­ble aquí en VIDEO:http://​www​.you​tu​be​.com/​w​a​tch?v=P58SKI5dBYA&feature=share&list=UUD-CrDORRxvPMxLcOMqJCcA

Dick Ema­nuels­son (DE):
Esta­mos en La Haba­na siguien­do las con­ver­sa­cio­nes en este Diá­lo­go para la PAZ en Colom­bia. Una, entre todos los gue­rri­lle­ros, alcan­zó mayor fama para la pren­sa nacio­nal e inter­na­cio­nal, esta­mos hablan­do de la com­pa­ñe­ra Ale­xan­dra Nariño.
No es colom­bia­na, es inter­na­cio­na­lis­ta de ori­gen holan­dés y su caso es como fue el de muchas dele­ga­cio­nes inter­na­cio­na­les en la déca­da del ’30, media­dos del 30, que se fue­ron a Espa­ña como bri­ga­dis­tas inter­na­cio­na­les para defen­der a la Repú­bli­ca espa­ño­la del fas­cis­mo que esta­ba resur­gien­do en todo el con­ti­nen­te euro­peo. Fas­cis­mo ita­liano, ale­mán y cla­ro, tam­bién el fas­cis­mo espa­ñol repre­sen­ta­do por el gene­ra­lí­si­mo Franco.
Inte­gran­tes de las Bri­ga­das Inter­na­cio­na­les que venían de todo el mun­do, también
de Colom­bia, para luchar por la Repú­bli­ca espa­ño­la con­tra el fas­cis­mo y el gene­ral Franco.
¿Cómo te sien­tes, Ale­xan­dra, dejan­do la tie­rra, la sel­va colom­bia­na, la mon­ta­ña? Han pasa­do 10 años des­de que tu te incor­po­ras­te a las filas gue­rri­lle­ras y has sobre­vi­vi­do, tam­bién de mane­ra impre­sio­nan­te, a varios bom­bar­deos de la avia­ción colom­bia­na sobre cam­pa­men­tos guerrilleros.
Y a pro­pó­si­to, esta maña­na leí­mos en el dia­rio El Tiem­po, de San­tos, don­de el pro­pio pre­si­den­te no habla de la paz sino que habla de la Fuer­za Aérea Colom­bia­na (FAC) en su ani­ver­sa­rio 93 y que va a com­prar más avio­nes de gue­rra. Más dro­nes, avio­nes sin pilo­to y es un poco raro ya que esta­mos en los ini­cios de un pro­ce­so de paz.
Cuén­ta­nos un poco cómo han sido estos 10 años de tu vida, cómo vivis­te este cam­bio brus­co y cuá­les son las razo­nes que te impul­sa­ron a inte­grar­te en esa lucha.
Ale­xan­dra Nari­ño (AN): Yo vine a la gue­rri­lla colom­bia­na prác­ti­ca­men­te por una coin­ci­den­cia. Vine a Colom­bia a hacer una prác­ti­ca para la uni­ver­si­dad y esco­gí a Colom­bia casi por casua­li­dad. Yo pien­so que de cual­quier for­ma, si no hubie­ra ter­mi­na­do luchan­do en Colom­bia, hubie­ra ter­mi­na­do luchan­do en Holan­da, en Espa­ña, en cual­quier país del mun­do. A todo el mun­do le pare­ce tan raro que una mucha­cha ven­ga a Colom­bia y yo pien­so que el mun­do con sus paí­ses como tal ya no exis­te. Es un mun­do glo­ba­li­za­do gober­na­do por mul­ti­na­cio­na­les, gran­des cor­po­ra­cio­nes, enton­ces yo pien­so que la lucha de los pue­blos con­tra ese capi­ta­lis­mo glo­ba­li­za­do tam­bién requie­re eso. Pien­so que yo no soy nin­gu­na excep­ción aun­que los medios quie­ran hacer creer que si, al irme a luchar a otro país. Creo que no impor­ta adon­de se naz­ca o adon­de se mue­ra, impor­ta don­de se lucha. Pien­so que la con­sig­na del CHE está hoy más vigen­te que nunca
DE: Se cues­tio­nan que es una holan­de­sa que vie­ne a luchar a las sel­vas colom­bia­nas y eso es algo que tam­bién fue bas­tan­te cues­tio­na­do en la pren­sa holandesa.
AN: Si, yo pien­so que eso corres­pon­de a una agu­di­za­ción de la lucha y estoy hablan­do más que nada de la lucha mediá­ti­ca. Leyen­do los dia­rios del Che o leyen­do su bio­gra­fía veo que tene­mos muchas cosas en común.
DE: El Che era argen­tino pero se fue a luchar con Fidel y con Cami­lo Cien­fue­gos a Cuba y lue­go siguió su tarea inter­na­cio­na­lis­ta y se fue al Con­go, en Áfri­ca y ter­mi­na en Boli­via, pero sigue su lucha de for­ma inter­na en cual­quier lado. Y se pue­de ver en todas par­tes como está encen­di­da la cosa del Che.
AN: Si, pero yo pien­so entre otras cosas que el Che ha sido ata­ca­do bas­tan­te. Hay pági­nas en Inter­net en con­tra de su lucha, o sea del Che como ejem­plo de lucha revo­lu­cio­na­ria. A lo lar­go tam­bién vemos que se ha con­ver­ti­do en algo comer­cial, lo cual no es justo.
Yo pien­so que la lucha revo­lu­cio­na­ria del Che es una cues­tión inter­na­cio­na­lis­ta y los pen­sa­mien­tos que él tenía tan cla­ros los lle­va­mos todos los inter­na­cio­na­lis­tas en el corazón.
El Dia­rio de Alexandra

DE: En el pri­mer bom­bar­deo que tú vivis­te en los años 2004 ó 2005 dejas­te tam­bién tu dia­rio que lue­go fue mani­pu­la­do y se con­vir­tió en un arma psi­co­ló­gi­ca con­tra el movi­mien­to fariano. Cuén­ta­nos un poco sobre eso, por­que lo que salía en ese dia­rio los mili­ta­res empe­za­ron inme­dia­ta­men­te a traducirlo.
AN: Pri­me­ro que todo ese dia­rio no fue cogi­do des­pués de un bom­bar­deo sino des­pués de un asal­to. Pero es cier­to, allí que­dó mi dia­rio y yo en esa épo­ca ya tenía como dos o tres años en la gue­rri­lla. Usted se ima­gi­na­rá que el pro­ce­so de una per­so­na que vie­ne de Holan­da y que ingre­sa a la gue­rri­lla colom­bia­na no siem­pre es fácil, enton­ces yo todo lo escri­bía en mi dia­rio, en holandés.
En ese dia­rio yo digo 6 ó 7 fra­ses nega­ti­vas, de per­so­nas que no me caían bien o que hacían cosas que a mi no me gus­ta­ban. Esas 6 ó 7 fra­ses, en todos los medios, les mon­ta­ron una mani­pu­la­ción mediá­ti­ca y eso se con­vir­tió en la pun­ta de lan­za de una gran cam­pa­ña mediá­ti­ca. Yo pien­so en esa épo­ca y recuer­do que fue para mí una épo­ca muy feliz, yo no pue­do decir otra cosa.
En esa épo­ca tuve mis pri­me­ras expe­rien­cias mili­ta­res, las pri­me­ras expe­rien­cias como gue­rri­lle­ra, no pue­do decir que fue fácil, pero si, muy intere­san­te el proceso.
DE: Si, por­que algu­nos euro­peos tie­nen una inter­pre­ta­ción bas­tan­te román­ti­ca de la vida gue­rri­lle­ra, pero la vida en la mon­ta­ña no es nada fácil. Cuan­do uno pre­gun­ta a algu­nos com­pa­ñe­ros que han ingre­sa­do a la gue­rri­lla des­de la ciu­dad dicen –¡Uy, eso es muy duro en ver­dad! Así lo apren­die­ron al cami­nar con la mochi­la de 20 ó 30 kilos, el fusil de 6 ó 7 kilos. Me ima­gino que vinien­do de una vida como la de Holan­da y empe­zar a hacer fila india allí en las tro­chas en la sel­va colom­bia­na eso es duro ¿no?
AN: Si eso es duro, digo que la par­te físi­ca es dura pero para mí no ha sido lo más duro. Yo pien­so que uno con meter­se en psi­co­lo­gía y meter­se en moral, con lo físi­co pue­de hacer de todo. Lo que para mí ha sido más difí­cil es que come­tí el error de pen­sar que la gue­rri­lla era per­fec­ta. Una gue­rri­lla cam­pe­si­na, comu­nis­ta pero uno lle­ga y se encuen­tra con pue­blo. Ahí hay cam­pe­si­nos que lle­gan a la gue­rri­lla con todos sus defec­tos y traen vicios de la socie­dad civil y eso cho­ca­ba con­mi­go. Fue lo más difí­cil para adap­tar­me. Yo en esa épo­ca no tenía el enten­di­mien­to como para com­pren­der a la gen­te, cómo había sido su vida antes de ingre­sar y para ese pro­ce­so de enten­di­mien­to he pre­ci­sa­do varios años.
DE: Y cuan­do lle­gó la rup­tu­ra del pro­ce­so de paz, por­que tú te incor­po­ras­te en San Vicen­te del Caguán mien­tras esta­ba el pro­ce­so con Pas­tra­na y cuan­do lle­gó, en febre­ro de 2002, la rup­tu­ra de ese pro­ce­so de paz cuán­to tiem­po lle­va­bas tú den­tro de las filas. Y qui­zás hubie­ses teni­do más tiem­po para pen­sar en ese paso drástico.
AN: no, eso no es cier­to, eso lo dicen todos los medios pero yo nun­ca he esta­do en el Caguán.
DE: yo pre­gun­to…
AN: Yo nun­ca he esta­do en el Caguán, yo cuan­do vine por pri­me­ra vez a Colom­bia se esta­ba dan­do el pro­ce­so de paz y escri­bí mi tesis sobre el pro­ce­so y sobre el gobierno y las FARC.
Lue­go vol­ví a Holan­da y tenía muchas ganas de cono­cer la zona del Caguán pero como ya esta­ba que se rom­pía deci­dí no ir por peli­gro, esas cosas que uno piensa.
Fue allí que cuan­do vol­ví a Holan­da, escri­bí mi tesis sobre las FARC que me ayu­dó bas­tan­te para cono­cer la his­to­ria, sus orí­ge­nes. Me que­dé en Holan­da y no esta­ba pen­san­do en vol­ver para Colom­bia, tenía ideas revo­lu­cio­na­rias en la cabe­za, que­ría luchar con­tra el capi­ta­lis­mo, el neo­li­be­ra­lis­mo, pero de algu­na mane­ra como había reci­bi­do edu­ca­ción polí­ti­ca en Colom­bia yo no me halla­ba en esa lucha polí­ti­ca en Holanda.
No me halla­ba por­que, por ejem­plo, nos ponía­mos a ven­der perió­di­cos en la calle, a la gen­te en Holan­da y eso es un poco como que no pega. La gen­te vive bien allá con su social­de­mo­cra­cia. Enton­ces, pen­sa­ba que Lati­noa­mé­ri­ca es un cen­tro de lucha en el mundo.
Colom­bia, den­tro de ese cen­tro de lucha tie­ne el movi­mien­to más gran­de del mun­do y ahí pen­sa­ba que me que­ría ir para Colom­bia, pero no pen­sa­ba en ingre­sar, ni en tra­ba­jar en la gue­rri­lla. Pen­sa­ba “yo quie­ro ver como los colom­bia­nos van a hacer la revo­lu­ción”. Fue allí que pen­sé en venir a Colombia.
En la lle­ga­da a la Haba­na, Cuba para inte­grar­se con la dele­ga­ción de las FARC-EP.
DE: Tu tenías un pro­fe­sor en la zona cafe­te­ra, en Cal­das o por allá que más tar­de te dis­te cuen­ta que tra­ba­ja­ba en las mili­cias de las FARC. ¿Él te orien­tó bas­tan­te para que tuvie­ras más infor­ma­ción, más cono­ci­mien­to sobre el movi­mien­to armado?
AN: Sí, pero yo ten­go que decir en ese aspec­to que aun­que el no estu­vie­ra allí yo esta­ba bus­can­do, de todas mane­ras, bus­ca­ba res­pues­tas que no tenía. Antes de lle­gar a Colom­bia yo nun­ca me había intere­sa­do en polí­ti­ca, ni por revo­lu­cio­nes, tenía, sí, sen­si­bi­li­dad social pero no iba más allá de eso. Pero cuan­do lle­go a Colom­bia y veo las noti­cias, la tele­vi­sión, los ata­ques de la gue­rri­lla, me empe­cé a inte­re­sar sobre el por qué de la inter­ven­ción de la gue­rri­lla. Empe­cé a hacer pre­gun­tas y las res­pues­tas que me daba la mayo­ría de la gen­te en el cole­gio don­de yo tra­ba­ja­ba no me satis­fa­cía. Enton­ces, por suer­te me encon­tré con ese per­so­na­je que sí supo dar­me con­tun­den­tes res­pues­tas que a mí sí, me satisfacían.
Yo me le iba acer­can­do por­que pen­sa­ba que esa per­so­na me podía ayu­dar en las res­pues­tas que yo nece­si­to. Es una per­so­na crí­ti­ca de la reali­dad colom­bia­na, no es una per­so­na que sola­men­te habla mal de las FARC sino que es una per­so­na que sabe dar expli­ca­cio­nes sobre la exis­ten­cia de la gue­rri­lla, del por­que de la lucha arma­da. Me ha ayu­da­do bas­tan­te en el entendimiento.
DE: Enton­ces ¿en qué año te incor­po­ras­te a la lucha guerrillera?
AN: Empe­cé a tra­ba­jar con la mili­cia en Bogo­tá en diciem­bre del 2002 yo creo. Estu­ve unos 6 meses tra­ba­jan­do allí cuan­do des­pués me dan la opción de que­dar­me estu­dian­do en a la ciu­dad o que vaya al mon­te. Me dan un cur­so de 6 meses, eso habrá sido en abril de 2003 y yo dije que que­ría cono­cer el mon­te tam­bién. Por­que entre otras cosas tenía muchas dudas toda­vía. Es muy difí­cil de un día para el otro cam­biar­le la visión a las cosas y no comer­me el cuen­to de lo que dicen los medios.
Por­que a usted siem­pre le que­da un poco lava­do el cere­bro, enton­ces decía “yo quie­ro ir, ver como es y des­pués, me vuelvo”.
Al lle­gar al mon­te, en abril 2003 fui com­pro­ban­do que en la gue­rri­lla había mucha­chos, enfer­me­ría, cur­sos, veía una gue­rri­lla en pleno desa­rro­llo, escu­cha­ba las his­to­rias de la gen­te y fue cuan­do dije “yo aquí me quie­ro quedar”.
Tam­po­co fue de un momen­to a otro, pero fue­ron momen­tos cla­ves y ahí fue cuan­do deci­dí que me que­ría que­dar. Cuan­do yo deci­dí que me que­da­ría recuer­do que mucha gen­te me decía usted no se que­de. No por­que no estu­vie­ran con­ten­tos con­mi­go, sino por­que pen­sa­ban que para una extran­je­ra eso sería muy difícil.
DE: Yo te escu­cha­ba rela­tan­do que tam­bién, ade­más de estar estu­dian­do en la uni­ver­si­dad, tam­bién tra­ba­ja­bas en Holan­da como mese­ra. Un tra­ba­jo duro, con tacos altos, con una son­ri­sa hacia los clien­tes, o sea, un cam­bio dema­sia­do brusco.
AN: Usted dice el cam­bio de ser mese­ra y pro­fe­so­ra a ser guerrillera,
DE: Sí, cla­ro, cam­biar los tacos altos por los cau­chos (botas guerrilleras).
AN: Si, pero me acuer­do esa pri­me­ra épo­ca en la gue­rri­lla, a mi me daban un
mache­te y yo no sabía que hacer con eso. O debía lavar las botas y no sabía como hacer­lo. No sabía nada, pelar un plá­tano o hacer un arroz pero de algu­na for­ma el pro­ce­so fue muy natu­ral. Mis pri­me­ras expe­rien­cias en la gue­rri­lla, recuer­do que siem­pre tenía un gru­po de gue­rri­lle­ros al lado hacién­do­me pre­gun­tas. Pero el pro­ce­so fue natu­ral no fue un cho­que tan brusco.
DE: ¿Y siem­pre te ayudaron?
AN: Cla­ro, yo me acuer­do la pri­me­ra ran­cha­da (la coci­na del cam­pa­men­to gue­rri­lle­ro), la pri­me­ra vez que me tocó coci­nar para toda la gue­rri­lle­ra­da, esas son comi­das para 30, 40, 50, 80 ó 120 per­so­nas. Éra­mos tres rancheros.
DE: Te tenías que levan­tar a las 3 ó 4 de la mañana.
AN: Ajá, pri­me­ro me tocó que los gue­rri­lle­ro tuvie­ran que lle­var­me para la ran­cha por­que yo me per­día en cual­quier par­te. Y des­pués lle­gué a la ran­cha y no sabía qué tenía que hacer, enton­ces los otros gue­rri­lle­ros ran­che­ros me mira­ban y me acuer­do tan­to. Me decían “usted mami­ta, que se vie­ne de la ciu­dad y que mira todo deli­ca­da, vaya y sién­te­se ahí, sola­men­te mira lo que hace­mos noso­tros y así vas aprendiendo”
Me acuer­do que me sen­té pero me sen­tía muy mal de ver­los a ellos tra­ba­jan­do y yo que no sabía hacer nada. Era como inú­til y me que­dé dormida.
DE: Aho­ra tie­nes la ruti­na de ser la ranchera.
AN: Aho­ra soy una exper­ta culinaria.
DE: ¿El mache­te lo mane­jas aho­ra como El Zorro?
AN: Si,
DE: ¿Había muchos com­ba­tes? Se había roto el pro­ce­so de paz un año antes, en febre­ro de 2002 y en agos­to del mis­mo año apa­re­ció el señor Uri­be. El cam­bio entre Pas­tra­na y Uri­be que decla­ró gue­rra total con­tra la insur­gen­cia ¿Se notó enton­ces ese cam­bio con el aumen­to de combates?
AN: Eso fue un cam­bio muy brus­co den­tro de la gue­rri­lla, por­que cuan­do yo ingre­so toda­vía está­ba­mos en un cam­pa­men­to esta­ble. Esta­ba entre otras cosas dic­tan­do un cur­so de inglés, se podía en esa épo­ca, los ali­men­tos lle­ga­ban en carros, toda­vía. Dura­mos unos meses así y cuan­do se decla­ró la gue­rra a la insur­gen­cia yo me acuer­do toda­vía cuan­do empe­za­ron los pri­me­ros bom­bar­deos y me acuer­do cuan­do fue el pri­mer asal­to al cam­pa­men­to del “Mono Jojoy”, don­de yo me encontraba.
Me acuer­do que eso fue dejar los carros a un lado, todo a un lado e irnos al mon­te. Eso fue­ron mar­chas, yo no cono­cía toda­vía esa vida, había hecho cur­sos bási­cos que de por si eran duros, pero vivir­lo en la reali­dad no. Empe­za­mos a mar­char, tran­qui­li­tos nos fui­mos salien­do de la zona y ahí empe­zó una vida com­ple­ta­men­te dis­tin­ta. Com­ba­tes, bom­bar­deos, andar de un lado a otro, inclu­so se notó mucho la dife­ren­cia entre los bom­bar­deos al prin­ci­pio y al final cuan­do ya fue­ron pre­ci­sos, con una agre­si­vi­dad que antes no se veía.
DE: ¿El bom­bar­deo don­de murió el “Mono Jojoy” como fue? Noso­tros hemos hecho entre­vis­tas a otros gue­rri­lle­ros que tam­bién estu­vie­ron y con­ta­ban que eran bom­bar­deos de 48 hs. bom­bas de media tone­la­da de explosivos.
AN: Si, eso fue el bom­bar­deo más duro que yo haya vivi­do en la gue­rri­lla, por­que le die­ron con todo. La can­ti­dad de bom­bas que caye­ron esa noche fue como el equi­va­len­te a la ame­na­za que repre­sen­ta­ba para ellos el “Mono Jojoy”; para el gobierno y para la cla­se gober­nan­te. Ese bom­bar­deo fue duro, no fue­ron 48 hs con­ti­nuas, el pri­mer bom­bar­deo fue el más duro y era ya para matar­lo con toda la saña del caso. Sali­mos, empe­zó el des­em­bar­co y de allí para ade­lan­te, por­que noso­tros no sali­mos de la zona, la gue­rri­lle­ra­da empe­zó a pelear con los sol­da­dos que habían des­em­bar­ca­do y des­pués empie­za una pelea muy tenaz.
Por­que los gue­rri­lle­ros está­ba­mos enar­de­ci­dos por lo que había pasa­do y la gen­te peleó como nun­ca en medio de los bom­bar­deos. Noso­tros nos íba­mos movien­do y en cada sitio hacía­mos la trin­che­ra para por la noche meter­nos. Ahí pasá­ba­mos la noche
DE: ¿Cómo se sien­te? Yo he pasa­do algu­na vez ese sobre­vue­lo de heli­cóp­te­ros o avio­nes a 50 ó 100 metros y uno se sien­te, real­men­te muy teme­ro­so, uno es repor­te­ro y no gue­rri­lle­ro. Me ima­gino lo que debe ser el mie­do de la pri­me­ra vez en el combate.
AN: De algu­na for­ma, cuan­do uno ingre­sa está con­cien­te de que lo que quie­re dar es la vida para esa cau­sa. En esos momen­tos no voy a decir que es una expe­rien­cia ale­gre, no, lo úni­co que yo se es que sien­to la rabia por la for­ma cobar­de en que ellos están lle­van­do a cabo esa lucha. Por­que uno está en la trin­che­ra, obvia­men­te uno no pue­de hacer nada, solo esconderse.
DE: Como los grin­gos en Viet­nam bom­bar­dea­ron pri­me­ro con los B 52, tone­la­das, miles de tone­la­das de bom­bas y des­pués entra­ron las tro­pas grin­gas lue­go de hacer un desas­tre. Pero en la tie­rra mis­ma, dicen que el mili­tar, el sol­da­do, es muy cobar­de, pero el gue­rri­lle­ro cono­ce la zona, es la diferencia.
AN: El gue­rri­lle­ro cono­ce el mon­te, el ejér­ci­to no, pre­ci­sa­men­te es por eso que ellos tie­nen que recu­rrir a ese tipo de méto­dos tan cobar­des. Para mi son méto­dos muy cobar­des esos de uti­li­zar bom­bas de mil libras, sol­tar esas bom­bas por enci­ma de las cabe­zas de algu­na gen­te que no tie­ne con que defen­der­se en ese momen­to y des­pués bajar­se a reco­ger esos cuer­pos. Eso es como usted dice, en Viet­nam se ha dado eso y es dema­sia­do cobarde.
DE: Todos los gue­rri­lle­ros que uno entre­vis­tan hablan de la fami­lia, del lugar don­de nacie­ron, las cir­cuns­tan­cias eco­nó­mi­cas que pade­cie­ron, como fue­ron de niños, jóve­nes has­ta que cre­cie­ron y se inte­gra­ron a las filas de las FARC o el ELN. Todos dicen “yo dejé mi fami­lia bio­ló­gi­ca pero ten­go una fami­lia nue­va”. ¿Tú lo sien­tes así también?
AN: Yo estoy de acuer­do con lo que dicen que es la segun­da fami­lia de uno, pero en reali­dad es algo más que eso. O sea, yo no qui­sie­ra hacer una com­pa­ra­ción entre la fami­lia de uno y los cama­ra­das de las FARC. Es una rela­ción muy dife­ren­te, uno con­vi­ve 24 hs pero apar­te usted vive unas expe­rien­cias muy duras, inten­sas, eso crea unos lazos que yo casi ni se expli­car por­que en la vida civil no se da ese tipo de relación.
DE: Los momen­tos difí­ci­les, duros, en el com­ba­te o lo que sea, la fal­ta de comi­da por ejem­plo, por­que están cer­ca­dos por el ejér­ci­to ¿Es ahí don­de se sien­ten los lazos de hermanos?
AN: Si, los gue­rri­lle­ros tie­nen una vir­tud muy gran­de, yo no se como hacen pero en los momen­tos más difí­ci­les es don­de les sale la chis­pa para hacer bro­mas, hablar de cual­quier cosa para con­ten­tar­lo a uno. Si uno tie­ne ham­bre, hacen cual­quier chis­te y uno se olvi­dó del ham­bre, eso es muy boni­to del gue­rri­lle­ro, que no se deja acha­tar por nada.
DE: Como extran­je­ra tu sabes tam­bién que el trau­ma de la gue­rra, la psi­co­sis que tie­nen muchas veces los vete­ra­nos de gue­rra. Mira los grin­gos que lle­ga­ron de Viet­nam, en la pelí­cu­la 4 de Julio y que deja un ejem­plo de las secue­las de la gue­rra, igua­les los vete­ra­nos de la gue­rra en Afga­nis­tán, los vete­ra­nos de Iraq, lle­gan a EEUU y son miles los que se sui­ci­dan. Pero la impre­sión que uno tie­ne es que el gue­rri­lle­ro casi nun­ca se pone ner­vio­so, en páni­co. Yo en los 30 años como perio­dis­ta en Colom­bia, nun­ca he vis­to que se pon­gan así, pero cla­ro, en el momen­to debe ser tam­bién terri­ble por­que son seres humanos.
AN: Si, hay momen­tos difí­ci­les, pero es como le dije, no se como hace­mos. Tal vez es la cau­sa por lo qué hace­mos, tam­bién es la cama­ra­de­ría, yo digo que hubie­ra sido muy dife­ren­te vivir toda esa expe­rien­cia sin el apo­yo de la gen­te, sin la cama­ra­de­ría que hay. Yo creo que para los sol­da­dos nor­te­ame­ri­ca­nos que lle­ga­ron de Viet­nam es difí­cil saber la reali­dad que ellos vivie­ron, pero por todo lo que uno leyó, vio, uno pien­sa que el ambien­te entre ellos era muy diferente.
DE: Por­que no era la gue­rra de ellos.
AN: No era la gue­rra de ellos, para noso­tros si, es nues­tra gue­rra. La esta­mos libran­do en legí­ti­ma defen­sa en con­tra de una vio­len­cia que se ha des­ata­do en con­tra del pueblo,
DE: Leí­mos, hace dos años en el perió­di­co El Tiem­po, Cara­col y otros colom­bia­nos, que había avio­nes don­de via­ja­ba Jineth Bedo­ya, perio­dis­ta de El Tiem­po, Salud Her­nán­dez Mora, una falan­gis­ta espa­ño­la colum­nis­ta tam­bién en El tiem­po, que tenía muy bue­nas rela­cio­nes con Cas­ta­ño a quien le hizo el pró­lo­go de un libro. Tam­bién esta­ba tu her­ma­na via­jan­do y me ima­gino que tam­bién fue mani­pu­la­da por estas seño­ras mien­tras via­ja­ban en el avión del ejér­ci­to, hablan­do por las emi­so­ras, tra­tan­do de comu­ni­car­se con­ti­go pidien­do que te entre­ga­ras para salir de la gue­rri­lla. Uno ima­gi­na que habrás sen­ti­do rabia, impo­ten­cia escu­chan­do ese men­sa­je que vie­ne del enemi­go en sus avio­nes y heli­cóp­te­ros, uti­li­zan­do a tu her­ma­na no solo con­tra ti, sino con­tra todo el movi­mien­to armado.
AN: Yo pien­so como usted, me he dado cuen­ta, por esas cosas que el gobierno, el ejér­ci­to, la cla­se domi­nan­te no cono­cen lími­tes éti­cos en la uti­li­za­ción de los medios para lograr los fines que quie­ran. De eso me di cuen­ta cuan­do pasó lo de mi hermana.
Pero cla­ro, uno sien­te rabia pero yo no sien­to rabia con ella. Ella es mi her­ma­na, ella me quie­re, que­ría ver­me, a ella la mani­pu­la­ron dicién­do­le que yo esta­ba como rehén de las FARC, que yo me que­ría salir de allí, ella lo cre­yó y a par­tir de ahí hicie­ron todo el tra­ba­jo mediático.
Mani­pu­la­da y enga­ña­da por una holan­de­sa al ser­vi­cio del Esta­do Colom­biano, dos periodistas
al ser­vi­cio de la inte­li­gen­cia mili­tar, entre ellas Salud Her­nan­dez-Mora, ínti­ma ami­ga y cola-
bora­do­ra de Car­los Cas­ta­ño, jefe para­mi­li­tar, la her­ma­na de Ale­xan­dra fue lle­va­da en los aviones
de gue­rra de la mis­ma Fuer­za Aerea Colom­bia­na que bom­bar­dea­ba el cam­pa­men­to donde
se encon­tra­ba Ale­xan­dra, con­vir­tien­do­se así en herra­mien­ta para los sec­to­res guerreristas.
DE: Cla­ro, uno es un ser humano y no quie­re que sus fami­lia­res estén en esa situa­ción terri­ble en un caso como ese. Bueno, ya estás aquí, en La Haba­na, con­tra vien­to y marea y toda la mani­pu­la­ción mediá­ti­ca de todos estos años. Sien­do inte­gran­te de la comi­sión de las FARC qué qui­sie­ras decir al mun­do. ¿Qué ven­gan a La Haba­na para saber un poco más de este movi­mien­to que ha lucha­do durante48 años para con­se­guir la paz? ¿Cuál será la tarea tuya acá, en este momento?
AN: Yo le qui­sie­ra decir a la gen­te del mun­do que no se ven­gan todos para La Haba­na por­que Cuba es una isla y por­que de pron­to se lle­na­ría mucho –risas- Yo pien­so que la gen­te del mun­do debe­ría coger mas con­cien­cia sobre los pro­ble­mas y la mise­ria en que vive el pue­blo colom­biano. En paí­ses don­de exis­te liber­tad de expre­sión, la pren­sa se dedi­ca a crear cir­cos mediá­ti­cos alre­de­dor de un acon­te­ci­mien­to o una per­so­na, pero real­men­te dan muy poca infor­ma­ción del tras­fon­do de los pro­ble­mas que se viven en los dife­ren­tes paí­ses. Es muy impor­tan­te que la gen­te sepa que es lo que se está jugan­do y por­qué se dan cier­tos pro­ce­sos. Por ejem­plo, por qué en Colom­bia hay una lucha arma­da. La mayo­ría de la gen­te no entien­de el pro­ce­so his­tó­ri­co de Colom­bia y no entien­de por que el pue­blo tomó las armas.
Es impor­tan­te ese detalle.
DE: ¿Sigues escri­bien­do tu diario?
AN: No, yo no vol­ví a escri­bir, o sea, no es impor­tan­te escri­bir sobre lo que sien­to o pien­so, en las FARC nun­ca me han hecho recla­mo, pero yo si me he sen­ti­do mal. Por­que de algu­na for­ma le di papa­ya al enemi­go para que siga hacien­do mala propaganda,
DE: Pero tie­nes una expe­rien­cia muy rica en estos 10 años, jus­ta­men­te como euro­pea tie­nes un espa­cio que cual­quier gue­rri­lle­ro cam­pe­sino allí aden­tro no tie­ne. Me ima­gino yo, como perio­dis­ta, esta­ría todo el día escri­bien­do para no per­der deta­lles muy boni­tos des­de la expe­rien­cia que tie­nen uste­des. ¿No se te ha ocu­rri­do la idea? Hay un libro que ha escri­to el perio­dis­ta Jor­ge Enri­que Bote­ro sobre tu vida tam­bién, pero tu auto­bio­gra­fía tam­bién sería muy valiosa.
AN: Pero creo que cuan­do yo sea una vie­ji­ta de ochen­ta años voy a escri­bir mi bio­gra­fía. Pero pien­so que aho­ra hay tareas más impor­tan­tes para hacer en Colom­bia y en el mun­do también.
DE: El fis­cal gene­ral de la nación colom­bia­na, apar­te la agen­da ha toma­do la deci­sión de for­ma atre­vi­da de decir que cual­quier inte­gran­te de las FARC que se va a otro país, inme­dia­ta­men­te se empie­za a hacer vigen­te la orden de cap­tu­ra. ¿Te gus­ta­ría ir a Holan­da a una gira por las uni­ver­si­da­des para dar char­las entre tus com­pa­trio­tas, en for­ma rela­ja­da, de lo que ha sido tu vida en la últi­ma década?
AN: Cla­ro, yo extra­ño muchí­si­mo a mi país en los últi­mos años, yo escu­cha­ba por la radio el himno de Holan­da y a mi me daba nos­tal­gia. Me encan­ta­ría ir unos quin­ce días, entre otras cosas, como dice usted para expli­car­le a la gen­te el por­qué de la lucha en Colom­bia, el por­qué de esa situa­ción, pero de momen­to no hay esa posi­bi­li­dad. Y lo impor­tan­te por aho­ra es estar aquí en La Haba­na y con­cen­trar­nos en el Pro­ce­so de Paz que se va a dar con el gobierno y ahí hay mucho tra­ba­jo por hacer.
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Agen­cia de Noti­cias Nue­va Colom­bia, ANNCOL
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Entre­vis­ta a la gue­rri­lle­ra holan­de­sa Ale­xan­dra Nariño
Entre­vis­ta Dick Emanuelsson
Cáma­ra Fabio­la Gon­zá­lez, ANNCOL
Video, 38 minutos:
http://​www​.you​tu​be​.com/​w​a​tch?v=P58SKI5dBYA&feature=share&list=UUD-CrDORRxvPMxLcOMqJCcA
AUDIO: https://​www​.box​.com/s/vi9udk2vl93xt82klbyo
Entre­vis­ta a la gue­rri­lle­ra holan­de­sa Ale­xan­dra Nariño

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