La fron­te­ra vas­ca- Iña­ki Lekuo­na

Una vez más, París se ha levan­ta­do las fal­das de sus fron­te­ras para man­dar de una pata­da a Madrid a una mili­tan­te vas­ca. Es posi­ble que a Auro­re Mar­tin la detu­vie­ran en un con­trol for­tui­to, como ase­gu­ra el muy jaco­bino Manuel Valls, pero en reali­dad, aun­que así fue­ra, no exi­me al Esta­do fran­cés de sus res­pon­sa­bi­li­da­des para con los dere­chos de una ciu­da­da­na de la Repú­bli­ca.

Supon­ga­mos, en un ejer­ci­cio de ima­gi­na­ción extre­ma, que la deten­ción fue­ra fru­to del azar. ¿Cómo se entien­de que un Esta­do sobe­rano entre­gue a uno de sus ciu­da­da­nos a un ter­cer país que lo recla­ma por un deli­to de opi­nión? Pues eso, no se entien­de. Aún menos cuan­do colea la his­to­ria de dos tipos, eso sí muy fran­ce­ses, que tras atro­pe­llar de muer­te en Tel Aviv a una ciu­da­da­na israe­lí, se die­ron a la fuga has­ta refu­giar­se en las fron­te­ras del hexá­gono, don­de su país ha deci­di­do, en una demos­tra­ción solem­ne de sobe­ra­nía, no entre­gar­les a las auto­ri­da­des judías para que sean juz­ga­dos allí don­de come­tie­ron el deli­to.

En la mani­fes­ta­ción del pasa­do sába­do en Baio­na que­dó cla­ro que nadie entien­de la acti­tud de París, ni siquie­ra los elec­tos de par­ti­dos que en nada sim­pa­ti­zan con los aber­tza­les. Aca­so algu­nos empie­zan a com­pren­der aho­ra que la auto­ri­dad de su ama­da Repú­bli­ca no se extien­de des­de el Atlán­ti­co has­ta el Rin y des­de las pla­yas de Nor­man­día has­ta el Piri­neo, sino que aca­ba a ori­llas del Atu­rri, don­de comien­za una sobe­ra­nía com­par­ti­da con Espa­ña. Esos elec­tos, que no sim­pa­ti­zan con los inde­pen­den­tis­tas, aca­ban de des­cu­brir con sor­pre­sa un terri­to­rio de dere­chos mer­ma­dos, una fron­te­ra vas­ca que no la dibu­jan los aber­tza­les, sino los espa­ño­les. Y ello, con la aquies­cen­cia de París.

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