Terro­ris­mo de esta­do- Fer­min Munarriz

La muer­te de Amaia tie­ne res­pon­sa­bles. Con nom­bre y ape­lli­dos, con direc­ción social, con sucur­sa­les y has­ta con gru­pos parlamentarios.

Esta­far a una socie­dad, saquear sus bie­nes, some­ter­la a leyes injus­tas y san­gran­tes, con­du­cir­la a la angus­tia y empu­jar­la al paso defi­ni­ti­vo de la deses­pe­ra­ción es terro­ris­mo. Terro­ris­mo de esta­do. Terro­ris­mo de un esta­do fra­ca­sa­do que renun­cia a aten­der los dere­chos más ele­men­ta­les de sus ciu­da­da­nos (vivien­da, tra­ba­jo, sani­dad, edu­ca­ción…) y los toma como rehe­nes en bene­fi­cio del lucro y la usu­ra de gru­pos eco­nó­mi­cos y finan­cie­ros. Un esta­do secues­tra­do por ban­das orga­ni­za­das que coti­zan en bol­sa. Les dicen mer­ca­dos, pero son fac­cio­nes cri­mi­na­les. Sobre sus espal­das car­gan muer­tes como la de Amaia. Y las de tan­tas otras per­so­nas que se van en silen­cio y se con­fun­den en una esta­dís­ti­ca cuyo cre­ci­mien­to no hace sino dela­tar a sus ver­da­de­ros responsables.

El desahu­cio es solo uno de los esla­bo­nes de una cade­na sal­va­je que comien­za en abu­si­vas con­di­cio­nes de tra­ba­jo, que sigue en la losa de una hipo­te­ca impa­ga­ble, que se deses­pe­ra con la pre­ca­rie­dad y con la pér­di­da del empleo o la impo­si­bi­li­dad de pagar un aval fami­liar, y que revien­ta con el des­alo­jo del úni­co espa­cio vital de cobi­jo, el hogar.

Pero los cana­llas no des­can­san. Quie­nes han sido res­ca­ta­dos con dine­ro de todos para que sus nego­cios par­ti­cu­la­res vuel­van a tener obs­ce­nos bene­fi­cios per­si­guen toda­vía más allá a la víc­ti­ma exhaus­ta has­ta el pago de una deu­da fic­ti­cia de por vida. Más ade­lan­te solo que­da la exclu­sión extre­ma, la vio­len­cia o una ven­ta­na abier­ta. Hemos alcan­za­do ya ese estadio.

El mis­mo día que se mar­cha­ba Amaia cono­cía­mos que el Tri­bu­nal de Jus­ti­cia de la Unión Euro­pea con­si­de­ra «ile­gal» la nor­ma­ti­va sobre desahu­cios por­que no garan­ti­za la pro­tec­ción efi­caz de los ciu­da­da­nos fren­te a las cláu­su­las abu­si­vas de las hipo­te­cas. Lle­ga des­pués de una adver­ten­cia simi­lar de la ONU y en medio de una cas­ca­da de des­au­to­ri­za­cio­nes del Gobierno espa­ñol tam­bién por otras renun­cias de dere­chos huma­nos y por el incum­pli­mien­to de tra­ta­dos inter­na­cio­na­les garantistas.

La muer­te de Amaia tie­ne res­pon­sa­bles. Con nom­bre, con direc­ción social, con sucur­sa­les, y has­ta con gru­pos par­la­men­ta­rios: sus secua­ces ganan elec­cio­nes. Como un GAL financiero.

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