¿A quién le impor­ta Amaia Ega­ña?- Borro­ka Garaia

Amaia Ega­ña, veci­na de Bara­kal­do, es la últi­ma ase­si­na­da de un lis­ta­do de víc­ti­mas que no apa­re­ce­rán por nin­gu­na par­te. Vic­ti­mas de un con­flic­to que da mie­do has­ta pro­nun­ciar su nom­bre a la izquier­da. Lucha de cla­ses. Y que ape­nas intere­sa solu­cio­nar a nadie. No habrá “comu­ni­dad inter­na­cio­nal (sic)” preo­cu­pa­da en que una mujer se haya tira­do por la ven­ta­na pre­via­men­te a ser des­hau­cia­da de su vivien­da, no habrá elka­rris ni loka­rris. Tam­po­co ges­tos por la paz.

Y es que has­ta que los con­flic­tos no lle­gan a las puer­tas de sus pro­mo­to­res nadie habla de supues­tas solu­cio­nes. Al menos de las reales.

Sus ase­si­nos no solo no rei­vin­di­ca­rán su muer­te sino que los res­pon­sa­bles que los repre­sen­tan en el ámbi­to ins­ti­tu­cio­nal (PNV-PP-PSOE-UPN) pon­drán cíni­ca­men­te caras lar­gas y de tris­te­za, hacien­do algún que otro comen­ta­rio en rela­ción a supe­rar estas situa­cio­nes. Eso sí, ni con la mitad de ímpe­tu que solían poner cuan­do esas mis­mas enti­da­des ban­ca­rias que ase­si­nan, que­da­ban una y otra vez redu­ci­das a ceni­za por el fue­go popu­lar.

Al fin y al cabo ¿A quién le impor­ta Amaia Ega­ña?. Des­de lue­go no debe impor­tar un ápi­ce a los que nos han ven­di­do un supues­to esta­do de bien­es­tar capi­ta­lis­ta (o su pér­di­da “recien­te”, que da lo mis­mo, ya que afir­mar por inver­sa que si lle­gó a exis­tir vie­ne a ser igual). El mis­mo enga­ño del capi­ta­lis­mo sea ves­ti­do de neo-libe­ral o social­de­mó­cra­ta.

El caso es que estas situa­cio­nes no vie­nen caí­das del cie­lo y están total­men­te asu­mi­das por el sis­te­ma. Entra den­tro de los pará­me­tros que han sido cons­trui­dos en frío y con abso­lu­ta cer­te­za de sus con­se­cuen­cias. Y es que las con­se­cuen­cias posi­ti­vas para sus bol­si­llos están por enci­ma de cual­quier otro bare­mo. Patro­nal, oli­gar­quía, “par­ti­dos demo­crá­ti­cos de toda la vida”… ¡ASESINOS!

Nada jus­ti­fi­ca la vio­len­cia, y la vida de nin­gún ser humano está por deba­jo de nin­gún idea­rio nos han repe­ti­do con insis­ten­cia los que se pien­san que sus demo­cra­cias bur­gue­sas son demo­crá­ti­cas, que el capi­ta­lis­mo es el esta­do natu­ral de la socie­dad. Sin embar­go no han debi­do reu­nir el valor sufi­cien­te para ir a decir eso mis­mo a los cuar­te­les de la guar­dia civil o a edi­fi­cios gigan­tes como el del BBVA en el cen­tro de Bil­bo. Tam­po­co se han pasa­do por Sabin Etxea ni por algu­na casa del pue­blo. Se lo vie­nen repi­tien­do sim­ple­men­te a las cla­ses popu­la­res de este país que al pare­cer son las úni­cas que no pue­den prac­ti­car vio­len­cia, solo pade­cer­la sis­te­má­ti­ca­men­te.

Si el esta­do espa­ñol en todos los sen­ti­dos es la rui­na para Eus­kal Herria , el capi­ta­lis­mo es la muer­te, como ha que­da­do com­pro­ba­do una vez más. Y no que­da otra más que pasar esa pági­na negra de nues­tra his­to­ria, ori­gen de toda vio­len­cia y con­flic­to en nues­tra nación, a tra­vés de la libe­ra­ción nacio­nal y social, plan­tán­do­les cara.

Agur Amaia!

Herriak ez du bar­ka­tu­ko!

Hay muchas mane­ras de matar.
Pue­den meter­te un cuchi­llo en el vien­tre.
Qui­tar­te el pan.
No curar­te de una enfer­me­dad.
Meter­te en una mala vivien­da.
Empu­jar­te has­ta el sui­ci­dio.
Tor­tu­rar­te has­ta la muer­te por medio del tra­ba­jo.
Lle­var­te a la gue­rra, etc…
Sólo pocas de estas cosas están prohi­bi­das en nues­tro Esta­do.

B.Brecht

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