Aumen­to de sui­ci­dios como con­se­cuen­cia de la cri­sis- Juan Kar­los Mar­cos, Gem­ma Pou­sa e Ibon Zubiela

Un estu­dio que ana­li­za datos de la Orga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud (OMS) y de la Orga­ni­za­ción para la Coope­ra­ción y el Desa­rro­llo Eco­nó­mi­co (OCDE) mues­tra que cada aumen­to del 1% en la tasa de des­em­pleo se aso­cia con incre­men­tos del 0,8% en las tasas de mor­ta­li­dad por sui­ci­dio. Por poner un ejem­plo cla­ri­fi­ca­dor, Gre­cia ha pasa­do de las tasa más baja de sui­ci­dios en Euro­pa a la más alta en tres años. Según datos del Minis­te­rio de Sani­dad grie­go, entre enero y mayo de 2011, la tasa de sui­ci­dios subió un 40% en com­pa­ra­ción con el mis­mo perio­do del 2010.

En Eus­kal Herria, ya indi­cá­ba­mos al ini­cio de esta coyun­tu­ra eco­nó­mi­ca que si no se toma­ban medi­das el deno­mi­na­do «sín­dro­me de la cri­sis» ‑depre­sión, infar­tos agu­dos de mio­car­dio y sui­ci­dios- iría en aumen­to debi­do a una mayor incer­ti­dum­bre y pre­sión sobre la pobla­ción tra­ba­ja­do­ra, aumen­to del paro, que en mayor medi­da van a sufrir per­so­nas con mayo­res difi­cul­ta­des de emplea­bi­li­dad (muje­res, per­so­nas no cua­li­fi­ca­das o con dis­ca­pa­ci­dad, jóve­nes o inmi­gran­tes) con más pro­ba­bi­li­da­des de paro de lar­ga dura­ción y de caer en la exclu­sión social, etc.

Mucho más, si tene­mos en cuen­ta que todas las medi­das que se están toman­do van pre­ci­sa­men­te en la direc­ción opues­ta, es decir, aba­ra­ta­mien­to y faci­li­dad del des­pi­do, ata­que a los dere­chos de las per­so­nas des­em­plea­das, cen­tra­li­za­ción y liqui­da- ción del mode­lo de nego­cia­ción colec­ti­va, libe­ra­li­za­ción de hora­rios, pri­va­ti­za­cio­nes, polí­ti­cas fis­ca­les regre­si­vas, recor­te de los dere­chos de las per­so­nas depen­dien­tes, aumen­to del IVA, des­ca­pi­ta­li­za­ción del sis­te­ma públi­co, res­ca­tes ban­ca­rios, etc. Todas estas medi­das van en bene­fi­cio de unos pocos y en detri­men­to de la mayo­ría, es decir, recaen en la cla­se tra­ba­ja­do­ra que es quien las paga y las sufre.

Des­de dis­tin­tos ámbi­tos se está detec­tan­do un aumen­to de sui­ci­dios en los últi­mos meses. Según el Ins­ti­tu­to Nava­rro de Medi­ci­na Legal la tasa de sui­ci­dio de 2000 a 2006 des­cen­dió en un 14,51%. Sin embar­go, a par­tir de 2006 has­ta 2009 la tasa ha ido cre­cien­do en Nafa­rroa, con­cre­ta­men­te un aumen­to del 145,76%. Según el Ins­ti­tu­to Vas­co de Medi­ci­na Legal en 2011 se pro­du­je­ron 179 sui­ci­dios en la CAPV, cifra récord si se atien­de a la esta­dís­ti­ca de los últi­mos seis años. 91 de los casos fue­ron en Biz­kaia, un 56% mas que el año anterior.

Esta situa­ción no es casual y res­pon­de a una de las expre­sio­nes más cla­ras que expli­ca la divi­sión social y la lucha de cla­ses, es decir, su refle­jo en la mor­ta­li­dad de las pobla­cio­nes. La des­igual­dad social es el ras­go defi­ni­to­rio de la vida en el capi­ta­lis­mo, pero más aun la muer­te pre­ma­tu­ra en la cla­se obre­ra. Es decir, los pobres vivi­mos peor y menos tiem­po, enfer­ma­mos antes que las cla­ses dominantes.

En dema­sia­das oca­sio­nes, inten­tan que un árbol no nos deje ver el bos­que, y cuan­do se habla de salud y de sus cau­sas, se sue­le insis­tir en la gran impor­tan­cia de los fac­to­res indi­vi­dua­les, los esti­los de vida, etc. Se tra­ta de un dis­cur­so intere­sa­do y en par­te falso.

Gran par­te de la inves­ti­ga­ción aca­dé­mi­ca, la divul­ga­ción cien­tí­fi­ca así como de los medios de «des­in­for­ma­ción» domi­nan­tes repro­du­cen la creen­cia de que el ori­gen de las enfer­me­da­des tie­ne que ver fun­da­men­tal­men­te con fac­to­res bio­ló­gi­cos, gené­ti­cos, esti­los de vida dañi­nos, y la fal­ta de tec­no­lo­gía médi­ca. Todos esos fac­to­res son impor­tan­tes, sin duda, pero hay otras cau­sas apa­ren­te­men­te más «leja­nas» que, aun­que más difí­ci­les de ver, son las más impor­tan­tes para la salud públi­ca, es decir, la salud colec­ti­va. A esas cau­sas se las cali­fi­ca como «cau­sas de las cau­sas» o tam­bién «deter­mi­nan­tes socia­les» de la salud y la des­igual­dad. La salud de las per­so­nas se gene­ra espe­cial­men­te en con­tex­tos socia­les, es decir eco­nó­mi­cos, polí­ti- cos y culturales.

Los «deter­mi­nan­tes socia­les» con­for­man un amplio con­jun­to de fac­to­res socia­les (las con­di­cio­nes de empleo y tra­ba­jo, la cali­dad de la vivien­da o los fac­to­res medio ambien­ta­les, etc.) y de polí­ti­cas (ausen­cia y/​o limi­ta­ción de polí­ti­cas socia­les públi­cas o la implan­ta­ción de polí­ti­cas eco­nó­mi­cas y labo­ra­les neo­li­be­ra­les, etc.) que afec­tan deci­si­va­men­te a la salud de la pobla­ción. Son cau­sas de gran impor­tan­cia por­que aumen­tan la pro­ba­bi­li­dad colec­ti­va de enfer­mar y morir según la des­igual for­ma en que vivi­mos, tra­ba­ja­mos, nos ali­men­ta­mos, somos más o menos explo­ta­dos, sufri­mos o no dis­cri­mi- nación, si exis­ten o no polí­ti­cas socia­les que nos pro­te­gen o ayu­dan, o si tene­mos el cono­ci­mien­to y poder polí­ti­co y per­so­nal nece­sa­rios para par­ti­ci­par en las deci­sio­nes más impor­tan­tes que afec­tan a nues­tras vidas. En defi­ni­ti­va, debe­mos ver si las polí­ti­cas que la socie­dad eli­ge pro­veen las con­di­cio­nes y medios ade­cua­dos para que cada ser humano pue­da vivir con dig­ni­dad y desa­rro­lle sus capacidades.

Esas cau­sas socia­les y las rela­cio­nes de poder polí­ti­cas que las pro­du­cen y con­di­cio­nan deter­mi­nan qué cla­ses y gru­pos socia­les ten­drán más o menos pro­ba­bi­li­da­des, recur­sos y opor­tu­ni­da- des de vivir con dig­ni­dad, así como de poder ele­gir un «esti­lo de vida salu­da­ble». Y es que hay que enten­der que no todas las per­so­nas y colec­ti­vos ‑según sea su cla­se, géne­ro, etnia, situa­ción migra­to­ria, o edad- tie­nen las mis­mas posi­bi­li­da­des de esco­ger con­duc­tas sanas. En reali­dad, pode­mos decir que no eli­ge quien quie­re, sino quien puede.

Por todo ello, pode­mos decir sin mie­do a equi­vo­car­nos que la patro­nal, los gobier­nos de Madrid, Iru­ñea y Gas­teiz, al dic­ta­do del capi­tal nos están abo­can­do a una reali­dad lle­na de pre­ca­rie­dad, enfer­me­da­des y muer­te. Ese es su úni­co camino, silen­cia­do por una mayo­ría de medios de comu­ni­ca­ción al ser­vi­cio del orden establecido.

Por eso, des­de un con­cep­to de cla­se obre­ra, tene­mos que seguir luchan­do para cons­truir una alter­na­ti­va real a esta cri­sis, para cam­biar el rum­bo y cons­truir un mode­lo dife­ren­te. Un mode­lo en don­de la salud y la vida de la cla­se tra­ba­ja­do­ra sea el eje ver­te­bra­dor de las polí­ti­cas y el mode­lo de rela­cio­nes labo­ra­les y socia­les. Y esto solo pasa­rá si hay una mayo­ría social capaz de con­di­cio­nar, capaz de ser deter­mi­nan­te. Ese es el camino.

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