La cegue­ra social ante la vio­len­cia de géne­ro- Gra­cie­la Aten­cio

Gra­cie­la Aten­cio
Femi​ni​ci​dio​.net La vio­len­cia de géne­ro está tan arrai­ga­da y natu­ra­li­za­da en nues­tra socie­dad que pue­de ocu­par la pri­me­ra pla­na de perió­di­cos, radio, tele­vi­sión y redes socia­les sin ser per­ci­bi­da ni reco­no­ci­da por los pro­pios medios de comu­ni­ca­ción ni la mayo­ría de la gen­te. ¿Por qué a los medios les cues­ta abor­dar las noti­cias de crí­me­nes machis­tas des­de un enfo­que edu­ca­ti­vo de pre­ven­ción y sen­si­bi­li­za­ción?
El doble cri­men de El Salo­bral, Alba­ce­te, come­ti­do el sába­do pasa­do por un hom­bre de 39 años, un mecá­ni­co des­em­plea­do, que mató a tiros a una niña de 13, con la que supues­ta­men­te había teni­do una rela­ción no per­mi­ti­da por la fami­lia de la víc­ti­ma; que tam­bién aca­bó con la vida de otro hom­bre con el que se cru­zó en la línea de fue­go e hirió a un ter­ce­ro, ves­ti­do de Ram­bo ‑uni­for­me mili­tar y cara teñi­da de negro- es un ase­si­na­to machis­ta. Le dimos segui­mien­to a la cober­tu­ra de la noti­cia en cua­tro perió­di­cos on line: El País, El Mun­do, ABC, La Razón y has­ta ano­che nin­guno lo había con­si­de­ra­do un cri­men machis­ta.
Es más: en todas las noti­cias publi­ca­das se resal­tó una rela­ción trun­ca o prohi­bi­da entre el agre­sor y la niña y se des­ta­ca­ron con nor­ma­li­dad los ras­gos más peli­gro­sos de un mal­tra­ta­dor. se apun­tó con mor­bo­si­dad la humi­lla­ción a la que fue some­ti­da la víc­ti­ma por par­te del vic­ti­ma­rio y sus alar­des de machis­mo, publi­ca­do en uno de los artícu­los más leí­dos del día en El País.

Ayer lunes por la maña­na, a la hora que el padre del agre­sor nego­cia­ba con la poli­cía la entre­ga de su hijo, quien se había atrin­che­ra­do con sus armas de caza en una fin­ca fami­liar, el ABC titu­la­ba en su noti­cia más impor­tan­te de por­ta­da, decla­ra­cio­nes de la madre del ase­sino: “Esta mujer le vol­vía loco”. En la noti­cia acu­sa a la madre de la víc­ti­ma a quien la con­si­de­ra res­pon­sa­ble del ase­si­na­to de su hija.

El Mun­do no se que­da atrás en un titu­lar: “Esta­ba depri­mi­do por no ver a la cría”, tam­bién decla­ra­cio­nes de la madre del ase­sino. El artícu­lo dice: “La his­to­ria de este extra­ño amor nos mues­tra a un hom­bre corrien­te, ‘el más nor­mal de los tres her­ma­nos que vivían con los padres’, con una fami­lia ‘muy que­ri­da en el pue­blo’, afi­cio­na­do al tiro olím­pi­co y obse­sio­na­do con las armas”.

La Razón, por su par­te titu­la en su noti­cia de fon­do: “Amor fatal con 26 años de dife­ren­cia” y el artícu­lo comien­za así: “Casi siem­pre que una mujer apa­re­ce ase­si­na­da, el móvil pasio­nal apa­re­ce en la inves­ti­ga­ción poli­cial como una de las más que posi­bles cau­sas del cri­men. Así suce­de tam­bién en el caso de la muer­te de Almu­de­na Már­quez, de 13 años. La joven falle­ció el pasa­do sába­do a manos de Juan Car­los Alfa­ro Apa­ri­cio, de 39 años, en la peda­nía alba­ce­te­ña de El Salo­bral, en un cri­men don­de todo apun­ta a un amor fatal, o mejor dicho, a un des­amor fatal”.

Cul­pa­bi­li­zar a la víc­ti­ma de su pro­pio femi­ni­ci­dio es par­te del ima­gi­na­rio patriar­cal que repro­du­cen los medios de comu­ni­ca­ción. Tam­bién for­ma par­te de la pro­pa­gan­da misó­gi­na seña­lar que “ella lo vol­vió loco” y que la alie­na­ción de él era una con­se­cuen­cia de la nega­ti­va de ella o de su fami­lia a con­ti­nuar con la rela­ción.

En todas las noti­cias se abor­dó sin cues­tio­na­mien­tos o mayor pro­fun­di­dad su afi­ción a la caza y su colec­ción de armas: ¿cómo es posi­ble que con esas carac­te­rís­ti­cas psi­co­ló­gi­cas, ese hom­bre haya obte­ni­do un per­mi­so para por­tar armas de fue­go?

Y la pre­gun­ta de rigor, diri­gi­da a los perió­di­cos cita­dos: ¿Cuán­do van a incor­po­rar un manual de esti­lo para el tra­ta­mien­to de la vio­len­cia de géne­ro?

Enume­ro algu­nas de las carac­te­rís­ti­cas por las que con­si­de­ro a este caso un cri­men machis­ta, ase­si­na­to por vio­len­cia de géne­ro o femi­ni­ci­dio ínti­mo (ase­si­na­to come­ti­do por un hom­bre con quien la víc­ti­ma tenía o había teni­do una rela­ción o víncu­lo ínti­mo: mari­do, exma­ri­do, novio, exno­vio o aman­te. Se inclu­ye el supues­to del ami­go que ase­si­na a una mujer ‑ami­ga o cono­ci­da- que recha­zó enta­blar una rela­ción ínti­ma con este).

1. Cosi­fi­ca­ción y pose­si­vi­dad: el hom­bre esta­ba obse­sio­na­do con la niña y la con­si­de­ra­ba “una cosa” que le per­te­ne­cía. Cosi­fi­ca­ción y pose­sión son dos ras­gos machis­tas típi­cos: el agre­sor que aca­ba agre­dien­do y ulti­man­do a su víc­ti­ma no ve a una mujer-suje­to, mujer-indi­vi­duo ni toma en cuen­ta su liber­tad de ele­gir, su auto­no­mía o volun­tad. Por otro lado, la pose­sión y pose­si­vi­dad refle­jan su inse­gu­ri­dad y la nece­si­dad de tener bajo con­trol a una mujer.

2. Per­se­cu­ción, insul­tos y ame­na­zas: el vic­ti­ma­rio no se resig­na­ba a acep­tar la rela­ción y per­se­guía a la niña y a su fami­lia. Según la cober­tu­ra del perió­di­co El País y por decla­ra­ción de tes­ti­gos, has­ta fue a bus­car­la a la sali­da de la escue­la y delan­te de sus com­pa­ñe­ros la tra­tó de “puta” y “zorra” y advir­tió a la madre de la niña que era fran­co­ti­ra­dor: “Os mata­ré a todos para que­dar­me con ella”.

3. Mani­pu­la­ción de un pede­ras­ta: cono­ció a la niña cuan­do ella tenía 11 años. Se com­por­tó como un pede­ras­ta, un per­ver­so clá­si­co en el patriar­ca­do que esco­ge a una infan­te para des­ple­gar su círcu­lo de domi­nio y seduc­ción sin que la otra par­te pue­da ofre­cer­le mayo­res resis­ten­cias en esa rela­ción asi­mé­tri­ca.

4. La ven­gan­za: sue­le ser un ele­men­to poten­cia­dor y dis­pa­ra­dor del ase­si­na­to por vio­len­cia de géne­ro. ¿De quién se ven­ga? En este caso de la fami­lia de la niña y de la niña mis­ma, res­pon­de a un deseo repre­sen­ta­do públi­ca­men­te: “Aho­ra se van a ente­rar, sino es mía, no será de nadie más”. Y lo que es peor, el men­sa­je diri­gi­do a la fami­lia y a seres que­ri­dos de la niña: “Por no dejar­me poseer­la, se las qui­tó para siem­pre por­que de todas mane­ras es mía”.

5. Ani­qui­la­ción feme­ni­na y auto­ani­qui­la­ción mas­cu­li­na: “Ten­go tan­to poder sobre ti, que has­ta pue­do ejer­cer el poder últi­mo de qui­tar­te la vida”. Es un prin­ci­pio de la ani­qui­la­ción machis­ta ejer­ci­da por el agre­sor. En muchos casos, como en este, la pla­ni­fi­ca­ción for­ma par­te de esa deci­sión final y va acom­pa­ña­da del sui­ci­dio del vic­ti­ma­rio: si se aca­ba el obje­to de mani­pu­la­ción, pose­si­vi­dad, per­se­cu­ción, ame­na­zas y agre­sión, se ter­mi­na aque­llo que le daba el poder de domi­na­ción. La auto­ani­qui­la­ción mas­cu­li­na for­ma par­te de un círcu­lo que se cie­rra, la inmo­la­ción del terro­ris­ta machis­ta ante su últi­mo acto de entre­ga a sí mis­mo: la pro­pia vida solo pue­de aca­bar con vio­len­cia.

6. La cace­ría de la niña: el caza­dor y el machis­ta femi­ni­ci­da com­par­ten ras­gos simi­la­res cuan­do ejer­cen sobre otros seres la vio­len­cia ase­si­na: con­trol, per­se­cu­ción de su pre­sa, en un esce­na­rio en el que lle­van a cabo ese deseo con exci­ta­ción y pla­cer.

El Ram­bo de Alba­ce­te obtu­vo su tro­feo y nos lo ofre­ció. El terro­ris­mo machis­ta bus­ca siem­pre mani­fes­tar­se en un con­tex­to de con­tem­pla­ción colec­ti­va, pro­vo­ca un estu­por alec­cio­na­dor, inten­ta jus­ti­fi­car su repre­sen­ta­ción como un hecho a la vez irre­me­dia­ble y nor­ma­li­za­do, inexo­ra­ble y trá­gi­co.

Este cri­men patriar­cal es horren­do. Pero doble­men­te horren­do es que no pue­da ver­se como un cri­men machis­ta a tra­vés de la mira­da de los medios de comu­ni­ca­ción.

Así fun­cio­na la cegue­ra social ante la vio­len­cia de géne­ro

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