Tex­to com­ple­to de la alo­cu­ción de Iván Már­quez en Oslo

«No se pue­de enca­de­nar este pro­ce­so a una polí­ti­ca enfo­ca­da exclusivamente
en la obten­ción des­afo­ra­da de ganan­cias para unos pocos capitalistas»

LA HABANA /​ANNCOL /​OCTUBRE 19 /​Con la ins­ta­la­ción de la mesa de diá­lo­go en las afue­ras de Oslo, comen­zó el pro­ce­so de paz que desa­rro­lla­rán las FARC-EP y el gobierno de Colombia.
El acto públi­co tuvo su ini­cio con la inter­ven­ción del voce­ro prin­ci­pal del gobierno, Hum­ber­to de la Calle Lom­ba­na y pro­si­guió con las pala­bras del jefe de la dele­ga­ción de las FARC-EP, Iván Már­quez, inte­gran­te del Secre­ta­ria­do Nacio­nal de la orga­ni­za­ción insurgente.

A con­ti­nua­ción, damos a cono­cer el tex­to com­ple­to del dis­cur­so de las FARC-EP:

Nues­tro sue­ño, la paz con jus­ti­cia social y soberanía

«La paz que hemos que­ri­do noso­tros, por la cual hemos lucha­do por mucho tiem­po, ha sido siem­pre bus­can­do que en este país­se aca­ben las des­igual­da­des que son tan poderosas»
Manuel Maru­lan­da Vélez

Seño­ras y señores
Ami­gas y ami­gos de la paz de Colombia
Compatriotas

Hemos veni­do has­ta este para­le­lo 60, has­ta esta ciu­dad de Oslo des­de el tró­pi­co remo­to, des­de el Macon­do de la injus­ti­cia, el ter­cer país más des­igual del mun­do, con un sue­ño colec­ti­vo de paz, con un ramo de oli­vo en nues­tras manos.
Veni­mos a esta Norue­ga sep­ten­trio­nal a bus­car la paz con jus­ti­cia social para Colom­bia por medio del diá­lo­go, don­de el sobe­rano, que es el pue­blo, ten­drá que ser el pro­ta­go­nis­ta prin­ci­pal. En él repo­sa la fuer­za irre­sis­ti­ble de la paz. Ésta no depen­de de un acuer­do entre voce­ros de las par­tes con­ten­dien­tes. Quien debe tra­zar la ruta de la solu­ción polí­ti­ca es el pue­blo y a él mis­mo le corres­pon­de­rá esta­ble­cer los meca­nis­mos que han de refren­dar sus aspiraciones.

Las dos dele­ga­cio­nes en Oslo
Tal empren­di­mien­to estra­té­gi­co no pue­de con­ce­bir­se como un pro­ce­so con­tra reloj. La pre­ten­di­da paz exprés que algu­nos pro­mo­cio­nan, por su volá­til sub­je­ti­vi­dad y por sus afa­nes, sólo con­du­ci­ría a los pre­ci­pi­cios de la frus­tra­ción. Una paz que no abor­de la solu­ción de los pro­ble­mas eco­nó­mi­cos, polí­ti­cos y socia­les gene­ra­do­res del con­flic­to, es una velei­dad y equi­val­dría a sem­brar de qui­me­ras el sue­lo de Colom­bia. Nece­si­ta­mos edi­fi­car la con­vi­ven­cia sobre bases pétreas, como los ina­mo­vi­bles fior­dos roco­sos de estas tie­rras, para que la paz sea esta­ble y duradera.
No somos los gue­rre­ris­tas que han que­ri­do pin­tar algu­nos medios de comu­ni­ca­ción, veni­mos a la mesa con pro­pues­tas y pro­yec­tos para alcan­zar la paz defi­ni­ti­va, una paz que impli­que una pro­fun­da des­mi­li­ta­ri­za­ción del Esta­do y refor­mas socio­eco­nó­mi­cas radi­ca­les que fun­den la demo­cra­cia, la jus­ti­cia y la liber­tad ver­da­de­ras. Veni­mos aquí con el acu­mu­la­do de una lucha his­tó­ri­ca por la paz, a bus­car, codo a codo con nues­tro pue­blo, la vic­to­ria de la solu­ción polí­ti­ca sobre la gue­rra civil que des­tro­za a Colom­bia. No obs­tan­te, nues­tra deter­mi­na­ción tie­ne la for­ta­le­za para enfren­tar a los gue­rre­ris­tas que creen que con el estruen­do de las bom­bas y de los caño­nes pue­den doble­gar la volun­tad de quie­nes man­te­ne­mos en alto las ban­de­ras del cam­bio y la jus­ti­cia social.

Usme, sur de Bogo­ta, extre­ma pobre­za para cen­te­na­res de miles colombianos
No se pue­de enca­de­nar este pro­ce­so a una polí­ti­ca enfo­ca­da exclu­si­va­men­te en la obten­ción des­afo­ra­da de ganan­cias para unos pocos capi­ta­lis­tas a los que no les impor­ta para nada la pobre­za que aba­te al 70% de la pobla­ción. Ellos sólo pien­san en el incre­men­to de su botín, no en la reduc­ción de la mise­ria. Más de 30 millo­nes de colom­bia­nos viven en la pobre­za, 12 millo­nes en la indi­gen­cia, el 50% de la pobla­ción eco­nó­mi­ca­men­te acti­va, ago­ni­za entre el des­em­pleo y el sub­em­pleo, casi 6 millo­nes de cam­pe­si­nos deam­bu­lan por las calles víc­ti­mas del des­pla­za­mien­to for­zo­so. De 114 millo­nes de hec­tá­reas que tie­ne el país, 38 están asig­na­das a la explo­ra­ción petro­le­ra, 11 millo­nes a la mine­ría, de las 750 mil hec­tá­reas en explo­ta­ción fores­tal se pro­yec­ta pasar a 12 millo­nes. La gana­de­ría exten­si­va ocu­pa 39.2 millo­nes. El área cul­ti­va­ble es de 21.5 millo­nes de hec­tá­reas, pero sola­men­te 4.7 millo­nes de ellas están dedi­ca­das a la agri­cul­tu­ra, gua­ris­mo en deca­den­cia por­que ya el país impor­ta 10 millo­nes de tone­la­das de ali­men­tos al año.
Más de la mitad del terri­to­rio colom­biano está en fun­ción de los intere­ses de una eco­no­mía de enclave.
En nues­tra visión, colo­car sobre la mesa el asun­to del desa­rro­llo agra­rio inte­gral como pri­mer pun­to del acuer­do gene­ral remi­te a asu­mir el aná­li­sis de uno de los aspec­tos cen­tra­les del con­flic­to. El pro­ble­ma de la tie­rra es cau­sa his­tó­ri­ca de la con­fron­ta­ción de cla­ses en Colom­bia. En pala­bras del coman­dan­te Alfon­so Cano ³las FARC naci­mos resis­tien­do a la vio­len­cia oli­gár­qui­ca que uti­li­za sis­te­má­ti­ca­men­te el cri­men polí­ti­co para liqui­dar a la opo­si­ción demo­crá­ti­ca y revo­lu­cio­na­ria; tam­bién como res­pues­ta cam­pe­si­na y popu­lar a la agre­sión lati­fun­dis­ta y terra­te­nien­te que inun­dó de san­gre los cam­pos colom­bia­nos usur­pan­do tie­rras de cam­pe­si­nos y colonos.

Aque­llo que fue cau­sa esen­cial del alza­mien­to arma­do y de una heroi­ca resis­ten­cia cam­pe­si­na, a lo lar­go del tiem­po se ha agu­di­za­do. La geo­fa­gia de los lati­fun­dis­tas acen­tuó la des­equi­li­bra­da e injus­ta estruc­tu­ra de la tenen­cia de la tie­rra. El coefi­cien­te GINI en el cam­po alcan­za el 0,89. ¡Espan­to­sa des­igual­dad! Los mis­mos datos ofi­cia­les dan cuen­ta de que las fin­cas de más de 500 hec­tá­reas corres­pon­den al 0.4% de los pro­pie­ta­rios que con­tro­lan el 61.2% de la super­fi­cie agrí­co­la. Se tra­ta de una acu­mu­la­ción por des­po­se­sión, cuya más recien­te refe­ren­cia habla de 8 millo­nes de hec­tá­reas arre­ba­ta­das a san­gre y fue­go a tra­vés de masa­cres para­mi­li­ta­res, fosas comu­nes, des­apa­ri­cio­nes y des­pla­za­mien­to for­zo­so, crí­me­nes de lesa huma­ni­dad, acen­tua­dos duran­te los 8 años de gobierno de Uri­be, todos ellos com­po­nen­tes del terro­ris­mo de Esta­do en Colombia.

Para las FARC, Ejér­ci­to del Pue­blo, el con­cep­to TIERRA está indi­so­lu­ble­men­te liga­do al terri­to­rio; son un todo indi­vi­si­ble que va más allá del aspec­to mera­men­te agra­rio y que toca intere­ses estra­té­gi­cos, vita­les, de toda la nación. Por eso la lucha por el terri­to­rio está en el cen­tro de las luchas que se libran hoy en Colom­bia. Hablar de tie­rra sig­ni­fi­ca para noso­tros hablar del terri­to­rio como una cate­go­ría que ade­más del sub­sue­lo y el sobre­sue­lo entra­ña rela­cio­nes socio- his­tó­ri­cas de nues­tras comu­ni­da­des que lle­van inmer­so el sen­ti­mien­to de patria, que con­ci­be la tie­rra como abri­go, y el sen­ti­do del buen vivir. Al res­pec­to debié­ra­mos inte­rio­ri­zar la pro­fun­da defi­ni­ción del Liber­ta­dor Simón Bolí­var sobre qué es la patria, nues­tro sue­lo, nues­tro terri­to­rio: ³Pri­me­ro el sue­lo nati­vo que nada ‑nos dice‑, él ha for­ma­do con sus ele­men­tos nues­tro ser; nues­tra vida no es otra cosa que la esen­cia de nues­tro pro­pio país; allí se encuen­tran los tes­ti­gos de nues­tro naci­mien­to, los crea­do­res de nues­tra exis­ten­cia y los que nos han dado alma por la edu­ca­ción; los sepul­cros de nues­tros padres yacen allí y nos recla­man segu­ri­dad y repo­so; todo nos recuer­da un deber, todo nos exci­ta sen­ti­mien­tos tier­nos y memo­rias deli­cio­sas; allí fue el tea­tro de nues­tra ino­cen­cia, de nues­tros pri­me­ros amo­res, de nues­tras pri­me­ras sen­sa­cio­nes y de cuan­to nos ha for­ma­do. ¿Qué títu­los más sagra­dos al amor y a la consagración?

Higi­nios Olmos, cam­pe­sino en Cala­mar sufre doble;
la poli­ti­ca neo­li­be­ral y la fumi­ga­ción de su yuca

Par­ti­mos de esta visión para aler­tar a Colom­bia toda: la titu­la­ción de tie­rras, tal como la ha dise­ña­do el actual gobierno, es una tram­pa; encar­na una suer­te de des­po­jo legal a tra­vés del cual se bus­ca que el cam­pe­sino, una vez con el títu­lo de pro­pie­dad en sus manos, no ten­ga otra sali­da que la de ven­der o arren­dar a las tras­na­cio­na­les y con­glo­me­ra­dos finan­cie­ros, a los que sólo les intere­sa el saqueo exa­cer­ba­do de los recur­sos mine­ro-ener­gé­ti­cos que están deba­jo del sue­lo. Den­tro de su estra­te­gia está la uti­li­za­ción del sue­lo para exten­der las explo­ta­cio­nes fores­ta­les y las inmen­sas plan­ta­cio­nes, no para resol­ver el gra­ve pro­ble­ma ali­men­ta­rio que pade­ce nues­tro pue­blo, sino para pro­du­cir agro-com­bus­ti­bles que ali­men­ta­rán auto­mó­vi­les. En el mejor de los casos, la gen­te del cam­po que­da­rá con una ren­ta mise­ra­ble, pero ale­ja­da del terru­ño y con­fi­na­da en los cin­tu­ro­nes de mise­ria de las gran­des ciu­da­des. Al cabo de 20 o 30 años de con­tra­to nadie se acor­da­rá del ver­da­de­ro due­ño de la tie­rra. Lo ase­gu­ra­mos sin vaci­la­ción: la ban­ca­ri­za­ción de la tie­rra deri­va­da de la titu­la­ción, aca­ba­rá ³tum­bán­do­le² la tie­rra al cam­pe­sino. Nos están empu­jan­do a la extran­je­ri­za­ción de la tie­rra y al desas­tre ambien­tal dina­mi­za­do bru­tal­men­te por la explo­ta­ción mine­ro-ener­gé­ti­ca y fores​tal​.La natu­ra­le­za como fuen­te de infor­ma­ción gené­ti­ca no pue­de ser con­ver­ti­da en botín de las tras­na­cio­na­les. Nos opo­ne­mos a la inva­sión de las semi­llas trans­gé­ni­cas y a la pri­va­ti­za­ción y des­truc­ción de nues­tra bio­di­ver­si­dad y a la pre­ten­sión de hacer de nues­tros cam­pe­si­nos pie­za del engra­na­je de los agro-nego­cios y sus cade­nas agro­in­dus­tria­les. Están en jue­go la sobe­ra­nía y la vida misma.

En estos tér­mi­nos, la titu­la­ción no es más que la lega­li­dad que pre­ten­de lavar el ros­tro ensan­gren­ta­do del des­po­jo que duran­te déca­das ha veni­do eje­cu­tan­do el terro­ris­mo de Esta­do. Para una tras­na­cio­nal es más pre­sen­ta­ble decir ³ten­go un títu­lo mine­ro² a que se le sin­di­que de haber finan­cia­do gru­pos para­mi­li­ta­res y des­te­rra­do a una pobla­ción para hacer via­ble su pro­yec­to extrac­ti­vo. Den­tro de esta diná­mi­ca en Colom­bia el régi­men ase­si­na no sólo con sus pla­nes de gue­rra, con sus para­mi­li­ta­res y sica­rios, sino tam­bién con sus polí­ti­cas eco­nó­mi­cas que matan de ham­bre. Hoy hemos veni­do a des­en­mas­ca­rar a ese ase­sino meta­fí­si­co que es el mer­ca­do, a denun­ciar la cri­mi­na­li­dad del capi­tal finan­cie­ro, a sen­tar al neo­li­be­ra­lis­mo en el ban­qui­llo de los acu­sa­dos, como ver­du­go de pue­blos y fabri­can­te de muerte.

No nos enga­ñe­mos: la polí­ti­ca agra­ria del régi­men es retar­da­ta­ria y enga­ño­sa. La ver­dad pura y lim­pia, como dice el Liber­ta­dor Simón Bolí­var, es el mejor modo de per­sua­dir. La men­ti­ra sólo con­du­ce a la agu­di­za­ción del con­flic­to. El fin últi­mo de tales polí­ti­cas, en detri­men­to de la sobe­ra­nía y del bien­es­tar común, es dar segu­ri­dad jurí­di­ca a los inver­sio­nis­tas, libe­ra­li­zar el mer­ca­do de tie­rras y lan­zar el terri­to­rio al cam­po de la espe­cu­la­ción finan­cie­ra y mer­ca­dos de futu­ro. Inde­pen­dien­te­men­te de que exis­ta o no la insur­gen­cia arma­da, ésta polí­ti­ca mul­ti­pli­ca­rá los con­flic­tos y la violencia.

Acu­mu­la­ción por des­po­se­sión y nue­va espa­cia­li­dad capi­ta­lis­ta, eh ahí la fór­mu­la del pro­yec­to polí­ti­co-eco­nó­mi­co de las éli­tes neo­li­be­ra­les hacien­do cho­rrear san­gre a la patria de la cabe­za a los pies.
Es a esto a lo que nos resis­ti­mos. Las FARC no se opo­nen a una ver­da­de­ra res­ti­tu­ción y titu­la­ción de tie­rras. Por años hemos lucha­do, como pue­blo en armas, por una refor­ma agra­ria efi­caz y trans­pa­ren­te, y es pre­ci­sa­men­te por ello que no se pue­de per­mi­tir que se imple­men­te el des­po­jo legal que el gobierno pro­yec­ta con su ley de tie­rras. Por medio de la vio­len­cia del Plan Colom­bia y el pro­yec­to para­mi­li­tar, se pre­pa­ró el terri­to­rio para el asal­to de las tras­na­cio­na­les. La ley gene­ral agra­ria y de desa­rro­llo rural, es esen­cial­men­te un pro­yec­to de reor­de­na­mien­to terri­to­rial con­ce­bi­do para abrir­le cam­po a la eco­no­mía extrac­ti­va en con­tra de la eco­no­mía cam­pe­si­na, en des­me­dro de la sobe­ra­nía ali­men­ta­ria y del mer­ca­do interno, al super­po­ner el mapa mine­ro-ener­gé­ti­co sobre el espa­cio agrí­co­la. Ni siquie­ra se tie­ne en cuen­ta la pro­mo­ción de una agro­eco­lo­gía que per­mi­ta una inter­ac­ción ami­ga­ble con la naturaleza.

Jesús San­trich, Iván Már­quez y Rodri­go Gran­da, las FARC en Oslo

Por otro lado, la res­ti­tu­ción de tie­rras tie­ne que alu­dir a las tie­rras que les arre­ba­ta­ron vio­len­ta­men­te a los cam­pe­si­nos, indí­ge­nas y afro des­cen­dien­tes, y no a bal­díos dis­tan­tes de sus sitios rai­za­les de exis­ten­cia, tam­bién codi­cia­dos hoy por las mul­ti­na­cio­na­les. Pero resul­ta que este es un pro­ble­ma que tie­ne que ver con todo el pue­blo colom­biano y que de hecho está sal­pi­can­do de con­flic­tos todo el terri­to­rio. Hay una pro­fun­da incon­for­mi­dad del país nacio­nal con el ham­pa finan­cie­ra que se está apro­pian­do de la Ori­no­quía. Aho­ra han apa­re­ci­do unos tales ³nue­vos lla­ne­ro­s² que de lla­ne­ros no tie­nen nada, como los mag­na­tes Sar­mien­to Angu­lo y Julio Mario San­to­do­min­go (hijo), los terra­te­nien­tes Eder del Valle del Cau­ca, el señor Efro­mo­vich, el ex vice­pre­si­den­te Fran­cis­co San­tos (ges­tor del para­mi­li­tar Blo­que Capi­tal), los hijos de Uri­be Vélez, entre otros fili­bus­te­ros, que nin­gún dere­cho tie­nen sobre esas tie­rras y que sólo quie­ren cla­var sus garras en el petró­leo, el oro, el col­tán, el litio, explo­tar gran­des pro­yec­tos agro­in­dus­tria­les y la bio­di­ver­si­dad de la alti­lla­nu­ra. Abor­dar el asun­to agra­rio es dis­cu­tir con el país sobre estos pro­ble­mas. Que hablen los ver­da­de­ros lla­ne­ros, esos de piel tos­ta­da por el sol de los ban­cos de saba­na; esos que por siglos han con­vi­vi­do en armo­nía con los mori­cha­les y el vue­lo de las gar­zas y de los alca­ra­va­nes; esos de pies des­cal­zos que con su his­tó­ri­ca bra­vu­ra empu­ña­ron las lan­zas para dar­nos la libertad.

El pue­blo tie­ne la pala­bra: Ahí está la patrió­ti­ca resis­ten­cia de los tra­ba­ja­do­res petro­le­ros con­tra la cana­dien­se Paci­fic-Rubia­les en Puer­to Gai­tán, cuyo esce­na­rio de saqueo fue pre­pa­ra­do con san­gre por los para­mi­li­ta­res de Víc­tor Carran­za. Dia­ria­men­te el vam­pi­ro tras­na­cio­nal se lle­va más de 250 mil barri­les de petró­leo, mien­tras le suc­cio­na la san­gre a más de 12 mil 500 tra­ba­ja­do­res ter­ce­ri­za­dos que como escla­vos tie­nen que tra­ba­jar 16 horas dia­rias por 21 días con­ti­nuos por una sema­na de des­can­so. Su situa­ción labo­ral es más atroz que la impues­ta por los encla­ves bana­ne­ros de los años 20.
Ahí está la resis­ten­cia de los pobla­do­res del Quim­bo, don­de el gobierno pre­ten­de sacar a pata­das a la gen­te que ha vivi­do allá más de un siglo, des­tru­yen­do así sus tra­yec­to­rias cul­tu­ra­les, de vida, y su entorno ambien­tal. ¿Vamos a dejar aca­so que se hie­ra de muer­te al río de la patria que es el Río Gran­de de la Mag­da­le­na, sólo para cons­truir una repre­sa que gene­ra­rá ener­gía para la expor­ta­ción y no para resol­ver la deman­da inter­na de millo­nes de colom­bia­nos que no tie­nen acce­so a la ener­gía eléc­tri­ca? Para el gobierno están pri­me­ro las ganan­cias de la tras­na­cio­nal EMGESA que la suer­te de las fami­lias que que­da­rán desarraigadas.
Ahí está la resis­ten­cia de los pobla­do­res de Mar­ma­to (Cal­das), gen­te humil­de que siem­pre ha vivi­do de la explo­ta­ción arte­sa­nal aurí­fe­ra y que aho­ra la tras­na­cio­nal MEDORO RESOURCES quie­re borrar del mapa para con­ver­tir esa aldea en la mina de oro a cie­lo abier­to más gran­de del con­ti­nen­te. Recor­de­mos aquí, que has­ta la igle­sia colom­bia­na ha acom­pa­ña­do esa jus­ta lucha en la que el » target=«_blank»>sacerdote José Idá­rra­ga, líder del Comi­té Cívi­co Pro defen­sa de Mar­ma­to, fue acri­bi­lla­do por los esbi­rros de las trasnacionales.
Ahí está la for­mi­da­ble resis­ten­cia indí­ge­na y cam­pe­si­na en el Cau­ca en defen­sa de su terri­to­rio y de sus cul­tu­ras ances­tra­les, y la de sus her­ma­nos afro­co­lom­bia­nos, guar­dia­nes patrió­ti­cos de la sobe­ra­nía del pue­blo sobre el Pací­fi­co y nues­tras selvas.

Insis­ten las cas­tas domi­nan­tes en des­tro­zar el pára­mo de San­tur­bán, rique­za de bio­di­ver­si­dad y de aguas que sacian la sed de ciu­da­des impor­tan­tes como Buca­ra­man­ga y Cúcu­ta. Por la codi­cia del oro pre­ten­den des­truir la alta mon­ta­ña y la pure­za de las aguas del río Sura­tá. La dig­ni­dad de los hijos de José Anto­nio Galán, el comu­ne­ro, ha movi­li­za­do la resis­ten­cia, uni­fi­can­do inclu­so al pue­blo llano con el empre­sa­ria­do local, que ha comen­za­do a enten­der, que esta es una lucha de toda Colombia.

¿Cómo vamos a per­mi­tir que por com­pla­cer la vora­ci­dad por el oro de la ANGLO GOLD ASHANTI se le entre­gue a esta mul­ti­na­cio­nal el 5% de nues­tro terri­to­rio? El pro­yec­to extrac­ti­vo de esa empre­sa en La Colo­sa (Caja­mar­ca) deja­rá una gran devas­ta­ción eco­ló­gi­ca y pri­va­rá de agua a 4 millo­nes de colom­bia­nos que depen­den de sus fuen­tes hídricas.

La loco­mo­to­ra mine­ra es como un demo­nio de des­truc­ción socio-ambien­tal que si el pue­blo no la detie­ne, en menos de una déca­da con­ver­ti­rá a Colom­bia en un país invia­ble. Fre­ne­mos ya las loco­mo­to­ras físi­cas del Cerre­jón y de la Drum­mond que duran­te las 24 horas del día saquean nues­tro car­bón, asper­jan polu­ción al paso de sus inter­mi­na­bles vago­nes, deján­do­nos, como dice el can­tau­tor valle­na­to, Her­nan­do Marín, sólo soca­vón y mise­ria. Fre­ne­mos a la BHP BILLITON, a XSTRATA y la ANGLO AMERICAN, que para extraer 600 millo­nes de tone­la­das de car­bón que yacen bajo el lecho del río Ran­che­ría, pre­ten­den des­viar su cur­so, lo que dis­mi­nui­rá el cau­dal de sus aguas en un 40% gene­ran­do devas­ta­ción ambien­tal y des­truc­ción irre­pa­ra­ble al teji­do social de los pue­blos Wayúu.
Toma de los carri­les en Cerre­jon para impe­dir la Loco­mo­to­ra Neo­li­be­ral y transnacional
Qué asus­ta­di­zo se ve al gobierno para defen­der la sobe­ra­nía fren­te a la tras­na­cio­nal BHP BILLITON que saquea en des­ca­ra­da acti­tud de lesa patria el ferro­ní­quel de Cerro Mato­so (Cór­do­ba), y a la que sigue col­man­do de gabe­las en detri­men­to de la sobe­ra­nía, el bien­es­tar social y el medio ambiente.
Hay que poner fin a esa mons­truo­si­dad que son los con­tra­tos a 20 y 30 años que pri­vi­le­gian los dere­chos del capi­tal en menos­ca­bo del inte­rés común.
Y cla­ro, se escu­chan a los por­ta­vo­ces del gobierno y la oli­gar­quía pro­cla­man­do el cre­ci­mien­to de la eco­no­mía nacio­nal y sus expor­ta­cio­nes. Pero no, en Colom­bia no hay eco­no­mía nacio­nal. Quie­nes expor­tan el petró­leo, el car­bón, el ferro­ní­quel, el oro y se bene­fi­cian con ello, son las mul­ti­na­cio­na­les. La pros­pe­ri­dad, enton­ces es de éstas y de los gober­nan­tes ven­di­dos, no del país.
Este no es un espa­cio para resol­ver los pro­ble­mas par­ti­cu­la­res de los gue­rri­lle­ros, sino los pro­ble­mas del con­jun­to de la socie­dad; y dado que uno de los fac­to­res que más impac­ta nega­ti­va­men­te a la pobla­ción es la subs­crip­ción de los Tra­ta­dos de Libre Comer­cio, éste es un tema que ten­drá que abor­dar­se inde­fec­ti­ble­men­te. Pobre Colom­bia obli­ga­da a com­pe­tir con las tras­na­cio­na­les con una infra­es­truc­tu­ra arrui­na­da por la corrup­ción y la desidia.

Enton­ces la pazŠ sí. Sin­ce­ra­men­te que­re­mos la paz y nos iden­ti­fi­ca­mos con el cla­mor mayo­ri­ta­rio de la nación por encon­trar­le una sali­da dia­lo­ga­da al con­flic­to abrien­do espa­cios para la ple­na par­ti­ci­pa­ción ciu­da­da­na en los deba­tes y decisiones.
Pero la paz no sig­ni­fi­ca el silen­cio de los fusi­les, sino que abar­ca la trans­for­ma­ción de la estruc­tu­ra del Esta­do y el cam­bio de las for­mas polí­ti­cas, eco­nó­mi­cas y mili­ta­res. Sí, la paz no es la sim­ple des­mo­vi­li­za­ción. Decía el coman­dan­te Alfon­so Cano: ³Des­mo­vi­li­zar­se es sinó­ni­mo de iner­cia, es entre­ga cobar­de, es ren­di­ción y trai­ción a la cau­sa popu­lar y al idea­rio revo­lu­cio­na­rio que cul­ti­va­mos y lucha­mos por las trans­for­ma­cio­nes socia­les, es una indig­ni­dad que lle­va implí­ci­to un men­sa­je de des­es­pe­ran­za al pue­blo que con­fía en nues­tro com­pro­mi­so y pro­pues­ta boli­va­ria­na². Nece­sa­ria­men­te ten­dre­mos que abo­car las cau­sas gene­ra­do­ras del con­flic­to y sanear pri­me­ro el can­gro de la ins­ti­tu­cio­na­li­dad. Cla­ro, des­de el pun­to de vis­ta estric­ta­men­te eco­nó­mi­co, para una tras­na­cio­nal es más fácil saquear los recur­sos natu­ra­les del país sin la resis­ten­cia popu­lar y gue­rri­lle­ra. Apo­ya­dos en ejer­ci­cios sen­ci­llos de mate­má­ti­ca, pode­mos afir­mar que la gue­rra es insos­te­ni­ble para el Esta­do, por las siguien­tes consideraciones:

El gas­to mili­tar en Colom­bia es de los más altos del mun­do en pro­por­ción a su Pro­duc­to Interno Bru­to. Este alcan­za el 6.4% cuan­do hace 20 años esta­ba por el orden del 2.4%; es decir, se ha tri­pli­ca­do, y eso es rele­van­te. El gas­to mili­tar actual­men­te osci­la entre 23 y 27 billo­nes de pesos al año, des­con­tan­do que Colom­bia es el ter­cer recep­tor de ³ayu­da² mili­tar esta­dou­ni­den­se en el mun­do y que por cuen­ta del Plan Colom­bia reci­be una finan­cia­ción equi­va­len­te a 700 millo­nes de dóla­res al año.
Fuer­zas Espe­cia­les de las FF​.MM. des­fi­lan­do el 20 de julio en Bogota
En Colom­bia hay un régi­men jurí­di­co que se acom­pa­ña con la pro­tec­ción mili­tar de las inver­sio­nes. De unos 330.000 efec­ti­vos de las Fuer­zas Mili­ta­res, 90 mil sol­da­dos son uti­li­za­dos para cui­dar la infra­es­truc­tu­ra y las ganan­cias de las mul­ti­na­cio­na­les. El enor­me gas­to que esto repre­sen­ta, auna­do al cos­to de la tec­no­lo­gía emplea­da, pone en evi­den­cia los lími­tes de la sos­te­ni­bi­li­dad de la gue­rra. Noso­tros hace­mos un lla­ma­do sin­ce­ro a los sol­da­dos de Colom­bia, a los ofi­cia­les y sub ofi­cia­les, a los altos man­dos que aun sien­tan en su pecho el latir de la patria, a reco­brar el deco­ro y la heren­cia del idea­rio boli­va­riano, que recla­ma a los mili­ta­res emplear su espa­da en defen­sa de la sobe­ra­nía y las garan­tías socia­les. Qué bueno sería pro­ta­go­ni­zar el sur­gi­mien­to de unas nue­vas Fuer­zas Arma­das. No más sumi­sión a Washing­ton, no más subor­di­na­ción al Coman­do Sur y no más com­pla­cen­cia con la expan­sión de bases mili­ta­res extran­je­ras en nues­tro territorio.
Esa es la hogue­ra que arde en nues­tro cora­zón; por eso no pue­den ser más que un agra­vio los lla­ma­dos ins­tru­men­tos jurí­di­cos de jus­ti­cia tran­si­cio­nal que apun­tan a con­ver­tir a las víc­ti­mas en vic­ti­ma­rios. Que se ten­ga pre­sen­te, que el alza­mien­to arma­do con­tra la opre­sión es un dere­cho uni­ver­sal que asis­te a todos los pue­blos del mun­do, que ha sido con­sa­gra­do en el preám­bu­lo de la decla­ra­ción de los dere­chos huma­nos apro­ba­da por la ONU en 1948, y que ade­más es un dere­cho con­sig­na­do en muchas cons­ti­tu­cio­nes de las nacio­nes del mun­do. No somos cau­sa sino res­pues­ta a la vio­len­cia del Esta­do, que es quien debe some­ter­se a un mar­co jurí­di­co para que res­pon­da por sus atro­ci­da­des y crí­me­nes de lesa huma­ni­dad como los 300 mil muer­tos de la deno­mi­na­da épo­ca de la vio­len­cia en los años 50, que res­pon­da por los 5 mil mili­tan­tes y diri­gen­tes de la Unión Patrió­ti­ca ase­si­na­dos, por el para­mi­li­ta­ris­mo como estra­te­gia con­tra­in­sur­gen­te del Esta­do, por el des­pla­za­mien­to de cer­ca de 6 millo­nes de cam­pe­si­nos, por los más de 50 mil casos de des­apa­ri­ción for­za­da, por las masa­cres y los fal­sos posi­ti­vos, por las tor­tu­ras, por los abu­sos de poder que sig­ni­fi­can las deten­cio­nes masi­vas, por la dra­má­ti­ca cri­sis social y huma­ni­ta­ria; en sín­te­sis que res­pon­da por el terro­ris­mo de Esta­do. Quien debe con­fe­sar la ver­dad y repa­rar a las víc­ti­mas son sus vic­ti­ma­rios atrin­che­ra­dos en la espu­ria institucionalidad.

Somos una fuer­za beli­ge­ran­te, una orga­ni­za­ción polí­ti­ca revo­lu­cio­na­ria con un pro­yec­to de país esbo­za­do en la Pla­ta­for­ma Boli­va­ria­na por la Nue­va Colom­bia, y nos ani­ma la con­vic­ción de que nues­tro puer­to es la paz, pero no la paz de los ven­ci­dos, sino la paz con jus­ti­cia social.

Tro­pas gue­rri­lle­ras de las FARC-EP en algún lugar de Colombia
La insur­gen­cia arma­da moti­va­da en una lucha jus­ta no podrá ser derro­ta­da con bom­bar­de­ros ni tec­no­lo­gías, ni pla­nes por muy sono­ros y varia­dos que sean sus deno­mi­na­cio­nes. La gue­rra de gue­rri­llas móvi­les es una tác­ti­ca inven­ci­ble. Se equi­vo­can aque­llos que embria­ga­dos de triun­fa­lis­mo hablan del fin del fin de la gue­rri­lla, de pun­tos de infle­xión y de derro­tas estra­té­gi­cas, y con­fun­den nues­tra dis­po­si­ción al diá­lo­go por la paz con una inexis­ten­te mani­fes­ta­ción de debi­li­dad. Nos han gol­pea­do y hemos gol­pea­do, sí. Pero con el roman­ce­ro espa­ñol pode­mos decir: ³por for­tu­na os vana­glo­riáis por­que vues­tras armas están bru­ñi­das; en cam­bio mirad las mías, qué ame­lla­das están, por­que hie­ren y han sido heri­da­s². Así son los ava­ta­res de la gue­rra. El Plan Patrio­ta del Coman­do Sur de los Esta­dos Uni­dos ha sido derro­ta­do y la con­fron­ta­ción béli­ca se extien­de hoy con inten­si­dad por todo el terri­to­rio nacio­nal. No obs­tan­te en noso­tros pal­pi­ta un sen­ti­mien­to de paz fun­da­do en el con­ven­ci­mien­to de que la vic­to­ria siem­pre esta­rá en manos de la volun­tad y la movi­li­za­ción de nues­tro pue­blo. ³Es­te es un men­sa­je de deci­sión, decía hace poco Alfon­so Cano: aquí en las FARC nadie está ami­la­na­do, ¡esta­mos abso­lu­ta­men­te lle­nos de moral, de moral de combate!.
Pre­si­den­te San­tos, fun­de­mos la paz toman­do como base los anhe­los de la nación.

Con­vo­ca­mos a todos los sec­to­res socia­les del país, al Ejér­ci­to de Libe­ra­ción Nacio­nal, ELN, a los Direc­to­rios de los par­ti­dos polí­ti­cos, a Colom­bia­nas y Colom­bia­nos por la Paz, orga­ni­za­ción que lide­ra­da por Pie­dad Cór­do­ba tra­ba­jó deno­da­da­men­te por abrir esta sen­da, a la Con­fe­ren­cia Epis­co­pal y a las igle­sias, a la Mesa Amplia Nacio­nal Estu­dian­til (MANE), a la Coor­di­na­do­ra de Movi­mien­tos Socia­les de Colom­bia (COMOSOCOL), a los pro­mo­to­res del Encuen­tro por la Paz de Barran­ca, a los indí­ge­nas, a los afro-des­cen­dien­tes, a los cam­pe­si­nos, a las orga­ni­za­cio­nes de des­pla­za­dos, a la ACVC, a la Aso­cia­ción Nacio­nal de Zonas de Reser­va Cam­pe­si­na (ANZORC), a las cen­tra­les obre­ras, a las muje­res, al movi­mien­to juve­nil colom­biano, a la pobla­ción LGTBI, a los aca­dé­mi­cos, a los artis­tas y cul­to­res, a los comu­ni­ca­do­res alter­na­ti­vos, al pue­blo en gene­ral, a los migra­dos y exi­lia­dos, a la Mar­cha Patrió­ti­ca, al Polo Demo­crá­ti­co, al Con­gre­so de los Pue­blos, al Par­ti­do Comu­nis­ta, al MOIR, a la Min­ga Indí­ge­na, a los aman­tes de la paz en el mun­do, para que lle­nen de espe­ran­za este inten­to de solu­ción diplo­má­ti­ca del conflicto.

Simón Tri­ni­dad ya mani­fes­tó des­de la cár­cel impe­rial de Flo­ren­ce (Colo­ra­do), don­de está con­de­na­do injus­ta­men­te a 60 años de pre­si­dio, su total dis­po­si­ción para par­ti­ci­par en los diá­lo­gos por la paz de Colom­bia. En un acto de sen­sa­tez la Fis­ca­lía colom­bia­na ha dicho que él tie­ne todo el dere­cho a hacer par­te de la dele­ga­ción de las FARC en la mesa de con­ver­sa­cio­nes y el Con­se­jo Supe­rior de la Judi­ca­tu­ra ofre­ció la tec­no­lo­gía y la logís­ti­ca para que eso sea posi­ble. El gobierno de los Esta­dos Uni­dos haría un gran apor­te a la recon­ci­lia­ción de la fami­lia colom­bia­na, faci­li­tan­do la par­ti­ci­pa­ción de Simón, de cuer­po pre­sen­te en esta mesa.

Final­men­te que­re­mos expre­sar nues­tra eter­na gra­ti­tud a los gobier­nos y pue­blos de Norue­ga, Cuba, Vene­zue­la y Chi­le, que des­ple­ga­ron sus esfuer­zos man­co­mu­na­dos des­de Escan­di­na­via, des­de el Cari­be, des­de la cuna de Simón Bolí­var y des­de el indó­mi­to Arau­co de Neru­da y Allen­de, para que el mun­do pue­da con­tem­plar el pro­di­gio de la nue­va auro­ra boreal de la paz. Tam­bién resal­ta­mos la con­tri­bu­ción del CICR como garan­te del tras­la­do de voce­ros de las FARC des­de agres­tes regio­nes colom­bia­nas bajo el fuego.

Ren­di­mos home­na­je a nues­tros caí­dos, a nues­tros pri­sio­ne­ros de gue­rra, a nues­tros lisia­dos, a la abne­ga­ción de las Mili­cias Boli­va­ria­nas, al Par­ti­do Comu­nis­ta Clan­des­tino y al Movi­mien­to Boli­va­riano por la Nue­va Colom­bia, y jun­to a ellos al pue­blo fiel que nutre y acom­pa­ña nues­tra lucha.

Sin aún comen­zar la dis­cu­sión, no colo­que­mos como espa­da de Damo­cles, a pen­der ame­na­zas sobre la exis­ten­cia de esta mesa. Some­ta­mos las razo­nes de cada una de las par­tes con­ten­dien­tes al vere­dic­to de la nación, a la vee­du­ría ciu­da­da­na. No per­mi­ta­mos que los mani­pu­la­do­res de opi­nión, des­víen el rum­bo de esta cau­sa nece­sa­ria que es la recon­ci­lia­ción y la paz de los colom­bia­nos en con­di­cio­nes de jus­ti­cia y dig­ni­dad. La gran pren­sa no pue­de seguir actuan­do como juez ini­cuo fren­te al con­flic­to, por­que como decía Cice­rón, ³un juez ini­cuo es peor que un ver­du­go². De los esfuer­zos de todos y de la soli­da­ri­dad del mun­do, depen­de el des­tino de Colom­bia. Que la ora­ción por la paz de Jor­ge Elié­cer Gai­tán ilu­mi­ne nues­tro camino:³Bienaventurados los que entien­den que las pala­bras de con­cor­dia y de paz no deben ser­vir para ocul­tar sen­ti­mien­tos de ren­cor y exter­mi­nio. ¡Mala­ven­tu­ra­dos los que en el gobierno ocul­tan tras la bon­dad de las pala­bras la impie­dad para los hom­bres del pue­blo, por­que ellos serán seña­la­dos con el dedo de la igno­mi­nia en las pági­nas de la historia!

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Damos la bien­ve­ni­da a este nue­vo empren­di­mien­to por la paz con jus­ti­cia social. Todos, por la solu­ción incruen­ta del con­flic­to colombiano.

¡Viva Colombia/​Viva Manuel Maru­lan­da Vélez/​Viva la paz!

Secre­ta­ria­do del Esta­do Mayor Cen­tral de las FARC-EP

FUENTE: ANNCOL

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