Octu­bre de 1977: Pre­soak Kale­ra; Amnis­tia Osoa- Gotzon Gar­men­dia, Mar­tín Barre­ña, Xabier Eraus­kin, Antxon Gómez

La amnis­tía es, sobre todo, un ins­tru­men­to legal que tie­ne y cum­ple una fina­li­dad neta­men­te polí­ti­ca. Su pro­mul­ga­ción coin­ci­de con pro­ce­sos de cam­bio de regí­me­nes o sis­te­mas polí­ti­cos, ante los que los sec­to­res amnis­tia­dos han adop­ta­do posi­cio­nes de opo­si­ción beli­ge­ran­tes. La amnis­tía con­sis­te, en defi­ni­ti­va, en excluir las cau­sas por las que impor­tan­tes sec­to­res de un pue­blo se han vis­to for­za­dos a ejer­cer una opo­si­ción polí­ti­ca acti­va y radi­cal para la con­se­cu­ción de unos míni­mos demo­crá­ti­cos basa­dos en el res­pe­to a los dere­chos huma­nos indi­vi­dua­les y colec­ti­vos. Sin embar­go, la ley de 1977 no fue una amnis­tía, sino una ley de pun­to final que garan­ti­zó la impu­ni­dad de los crí­me­nes de lesa huma­ni­dad come­ti­dos por la rebe­lión mili­tar de 1936, la dic­ta­du­ra fran­quis­ta y el terro­ris­mo de Estado.

En la recien­te his­to­ria del Esta­do espa­ñol se han pro­mul­ga­do nume­ro­sas leyes de amnis­tía en con­tex­tos y obje­ti­vos muy dife­ren­tes. El gobierno pro­vi­sio­nal de la II Repú­bli­ca pro­mul­gó un Decre­to, el mis­mo 15 abril de 1931, median­te el que fue­ron amnis­tia­dos los deli­tos «polí­ti­cos, socia­les y de impren­ta» come­ti­dos duran­te el ante­rior régi­men polí­ti­co monár­qui­co y dic­ta­to­rial. Duran­te el bie­nio negro, en abril de 1934, se apro­bó una ley de amnis­tía, diri­gi­da, fun­da­men­tal­men­te, a excar­ce­lar a los pro­mo­to­res del inten­to falli­do de rebe­lión mili­tar de 1932, (a cuya cabe­za se encon­tra­ba el direc­tor de la Guar­dia Civil, el Gene­ral San­jur­jo). Los bene­fi­cios de esta ley alcan­za­ron muy tar­día y par­cial­men­te a los sin­di­ca­lis­tas y mili­tan­tes de izquier­das que par­ti­ci­pa­ron en el inten­to de revo­lu­ción social anar­quis­ta de 1933.

En el pro­gra­ma elec­to­ral pre­sen­ta­do por el Fren­te Popu­lar para los comi­cios a cele­brar­se en febre­ro de 1936, la pro­mul­ga­ción de la amnis­tía cobró una espe­cial sig­ni­fi­ca­ción debi­do a que esta­ba des­ti­na­da a bene­fi­ciar a los miles de encar­ce­la­dos tras la bru­tal repre­sión ejer­ci­da con­tra los sin­di­ca­lis­tas y mili­tan­tes de izquier­das, que par­ti­ci­pa­ron en la Revo­lu­ción de Octu­bre de 1934.
El régi­men fran­quis­ta pro­mul­gó tres leyes de amnis­tía. El pri­me­ro de ellos tie­ne fecha de 23 de sep­tiem­bre de 1939 y tuvo por obje­to decla­rar «no delic­ti­vos» las accio­nes con­tra la Cons­ti­tu­ción Repu­bli­ca­na de de 1931, la tenen­cia de armas y explo­si­vos, homi­ci­dios, lesio­nes, daños, ame­na­zas y coac­cio­nes, eje­cu­ta­das entre el 14 abril 1931 y el 18 julio 1936, a con­di­ción de que estas accio­nes hubie­sen sido per­pe­tra­das por per­so­nas de ideo­lo­gía coin­ci­den­te con el Movi­mien­to Nacional.
La segun­da medi­da de amnis­tía se pro­mul­gó, median­te real decre­to, en julio de 1976. Gra­cias e este decre­to fue­ron excar­ce­la­dos nume­ro­sos pre­sos polí­ti­cos y sociales

La ter­ce­ra ley de amnis­tía se pro­mul­gó el 15 octu­bre de 1977 y afec­tó a los anti­fran­quis­tas que no cum­plían los supues­tos defi­ni­dos en las ante­rio­res leyes y decre­tos. Esta ley afec­tó a 89 pre­sos polí­ti­cos, per­te­ne­cien­tes a dis­tin­tas movi­mien­tos arma­dos y anar­quis­tas (entre ellos se encon­tra­ban 23 mili­tan­tes de la orga­ni­za­ción polí­ti­ca arma­da ETA).

Debe­mos de tener en cuen­ta que el Dic­ta­dor no mue­re como líder de un Esta­do al fren­te de unas estruc­tu­ras frag­men­ta­das y en lucha, sino como líder de un sis­te­ma orga­ni­za­ti­va­men­te con­so­li­da­do tras casi 40 años de repre­sión. Este Esta­do fran­quis­ta arti­cu­la una férrea estra­te­gia de con­ti­nui­dad de las estruc­tu­ras bási­cas de este Régi­men. Ley de amnis­tía del 1977 fue un esla­bón impor­tan­te en el con­jun­to de esta estra­te­gia, ya que posi­bi­li­tó la impu­ni­dad para los deli­tos come­ti­dos por el régi­men fran­quis­ta y esta­ble­ció, a su vez, las bases para la des­mo­vi­li­za­ción de los movi­mien­tos socia­les de defen­sa de los DDHH.

No pode­mos olvi­dar que esta ley social­men­te es ven­di­da como un logro de los pro­pios movi­mien­tos socia­les, y así lo inte­rio­ri­za­ron la mayo­ría de los mismos.

Esta ley se pro­mul­gó en un con­tex­to de gran incer­ti­dum­bre para el con­jun­to de las fuer­zas socio-polí­ti­cas y, espe­cial­men­te, para aqué­llos sec­to­res vin­cu­la­dos al fran­quis­mo, en la medi­da en que duran­te los meses pre­ce­den­tes se pro­du­je­ron impor­tan­tes movi­li­za­cio­nes popu­la­res en favor de la «amnis­tía total», la exi­gen­cia de un rup­tu­ra con el régi­men ante­rior y a favor de la nece­si­dad de pro­ce­der a la «ren­di­ción de cuen­tas» por par­te de los repre­so­res y sus res­pon­sa­bles políticos

La actual pers­pec­ti­va his­tó­ri­ca nos per­mi­te eva­luar con mayor obje­ti­vi­dad la pro­mul­ga­ción de ley de amnis­tía de 1977 como ins­tru­men­to polí­ti­co de impu­ni­dad y ley de «pun­to final» sobre los res­pon­sa­bles polí­ti­cos y mili­ta­res de los crí­me­nes come­ti­dos como con­se­cuen­cia de la rebe­lión mili­tar de 1936, la dic­ta­du­ra fran­quis­ta y el terro­ris­mo de Esta­do. Los efec­tos bene­fi­cio­sos que ésta pro­du­jo sobre aque­llos mili­tan­tes anti­fas­cis­tas encar­ce­la­dos, no debe­ría de hacer­nos per­der su ver­da­de­ro sig­ni­fi­ca­do socio­po­lí­ti­co y jurídico.

Des­de la actual pers­pec­ti­va his­tó­ri­ca, los con­te­ni­dos de la amnis­tía de 1977 se situa­ron en pará­me­tros dis­tin­tos, e inclu­so anta­gó­ni­cos, con el sig­ni­fi­ca­do y los con­te­ni­dos de la amnis­tía defen­di­da por la socie­dad vas­ca en su con­jun­to, ya que esta ley tuvo el efec­to prác­ti­co de una amnis­tía para los cri­mi­na­les fran­quis­tas (para todos ellos se pro­mul­gó una garan­tía de impu­ni­dad); sin embar­go, para los opo­si­to­res al régi­men esta medi­da tuvo el efec­to socio-polí­ti­co de un indul­to, en la medi­da en que no se esta­ble­cie­ron medi­das para garan­ti­zar la «no repe­ti­ción» de las vul­ne­ra­cio­nes de dere­chos huma­nos sufri­das. Los mis­mos man­dos y com­po­nen­tes mili­ta­res, poli­cia­les, judi­cia­les…, esto es, los mis­mos pode­res del Esta­do con­ti­nua­ron ejer­cien­do la vio­len­cia bajo la legi­ti­mi­dad y la sal­va­guar­da de la cons­ti­tu­ción de 1978, la mis­ma vio­len­cia desa­rro­lla­da en nom­bre de la defen­sa de las leyes del Movi­mien­to Nacional.

No se tra­ta de “revi­sio­nis­mo his­tó­ri­co” del movi­mien­to memo­ria­lís­ti­co, sino que el pun­to segun­do de las «reco­men­da­cio­nes» rea­li­za­das al Esta­do espa­ñol, por el Con­se­jo de Dere­chos Huma­nos de las Nacio­nes Uni­das (15 de febre­ro 2010), sobre la nece­si­dad de que se pro­ce­da a dero­gar «inme­dia­ta­men­te la Ley de Amnis­tía de 1977 y esta­ble­cer una Comi­sión de la Ver­dad sobre las vio­la­cio­nes a los dere­chos huma­nos ocu­rri­das duran­te la gue­rra civil y la pos­te­rior repre­sión franquista.»

La exi­gen­cia de la anu­la­ción de esta ley de «pun­to final» no se con­tra­di­ce con nues­tra rei­vin­di­ca­ción de la nece­si­dad de luchar a favor de la amnis­tía sobre aque­llas accio­nes que han sido tipi­fi­ca­dos como deli­tos por una legis­la­ción de excep­ción (ley anti­te­rro­ris­ta, ley de par­ti­dos, etc.) que con­tra­vie­ne los más ele­men­ta­les dere­chos huma­nos, civi­les y polí­ti­cos reco­gi­dos en la lega­li­dad inter­na­cio­nal, y juz­ga­dos por tri­bu­na­les de excep­ción (Audien­cia Nacio­nal) del mis­mo carác­ter que el TOP del régi­men fran­quis­ta. La amnis­tía que rei­vin­di­ca­mos hoy, es la mis­ma por la que se lucho a fina­les de los años 70, su con­se­cue­ción debe pro­vo­car el cam­bio de las bases socio­po­lí­ti­cas de nues­tra socie­dad, en vir­tud del cual los per­se­gui­dos de ayer, por luchar por el pro­gre­so de la socie­dad y por la liber­tad de su pue­blo, no sólo que­dan en liber­tad si no que ven reco­no­ci­da la legi­ti­mi­dad de su cau­sa; y, en para­le­lo, la suer­te de sus per­se­gui­do­res, res­pon­sa­bles de las vul­ne­ra­cio­nes come­ti­das deben de ser some­ti­dos (a dife­ren­cia de lo que ocu­rrió en 1977) a los cri­te­rios de la jus­ti­cia tran­si­cio­nal que per­mi­ta pro­ce­der a la inves­ti­ga­ción de la ver­dad, la rea­li­za­ción de la jus­ti­cia efec­ti­va y la repa­ra­ción, inclui­das las garan­tías de no repe­ti­ción, sobre los crí­me­nes de lesa huma­ni­dad come­ti­dos por la rebe­lión mili­tar de 1936, la dic­ta­du­ra fran­quis­ta y el terro­ris­mo de Estado.

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