Resu­men Lati­no­ame­ri­cano entre­vis­to a las FARC en La Haba­na

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Coman­dan­te Ricar­do Téllez, del Secre­ta­ria­do de las FARC-EP e inte­gran­te de la dele­ga­ción que par­ti­ci­pa­rá de las nego­cia­cio­nes de paz. Dia­lo­gó con el direc­tor de Resu­men Lati­no­ame­ri­cano en La Haba­na y vol­vió a reite­rar que las FARC están dis­pues­tas a hablar de paz pero con jus­ti­cia para todos los colom­bia­nos y colom­bia­nas. Cri­ti­có a su vez, los dichos del pre­si­den­te San­tos insis­tien­do en no decla­rar un cese del fue­go.

Coman­dan­te Ricar­do Téllez (Rodri­go Gran­da):

“Nues­tros enemi­gos deben con­ven­cer­se que no esta­rán dia­lo­gan­do con una gue­rri­lla ven­ci­da, todo lo con­tra­rio”.

A muy pocos días de las con­ver­sa­cio­nes de paz entre el gobierno colom­biano y las FARC, el inte­gran­te de la direc­ción de esa orga­ni­za­ción gue­rri­lle­ra, Coman­dan­te Ricar­do Téllez (Rodri­go Gran­da), seña­ló que “el con­ven­ci­mien­to del gobierno de Juan Manuel San­tos de que no podían ganar la gue­rra en for­ma rápi­da los lle­vó a dia­lo­gar”. Téllez, al que tam­bién se lo cono­ce como el “Can­ci­ller de las FARC”, lle­va en la insur­gen­cia des­de 1980, y mucho antes ya había pasa­do a la clan­des­ti­ni­dad por su mili­tan­cia en el par­ti­do Comu­nis­ta de su país. Con­fe­só que un momen­to muy difí­cil de las con­ver­sa­cio­nes explo­ra­to­rias que comen­za­ron en 2010, se dio cuan­do pri­me­ro fue ase­si­na­do el coman­dan­te Jor­ge Bri­ce­ño (Mono Jojoy), y lue­go lo mis­mo ocu­rrió cuan­do cayó en com­ba­te el máxi­mo refe­ren­te de las FARC, Alfon­so Cano. “Allí nos vimos obli­ga­dos a eva­luar si tomá­ba­mos la deci­sión de seguir o pateá­ba­mos el table­ro. Sin embar­go, nos dimos cuen­ta que el obje­ti­vo era la paz, como siem­pre lo había defi­ni­do nues­tro Coman­dan­te Manuel Maru­lan­da Vélez, y deci­di­mos seguir inten­tán­do­lo”. Téllez, no tie­ne la menor duda, y así lo expre­só en La Haba­na, que si se dan avan­ces en el diá­lo­go, esta vez podrían abrir­se defi­ni­ti­va­men­te las puer­tas de la paci­fi­ca­ción.

-Fue muy difí­cil lle­gar a este momen­to actual? ¿Cómo fue­ron las pri­me­ras con­ver­sa­cio­nes explo­ra­to­rias?

-Este camino no ha sido sen­ci­llo, por­que veni­mos de una gue­rra bas­tan­te dura, de ocho años del señor Uri­be y dos años de Juan Manuel San­tos. Una vez que el pre­si­den­te San­tos asu­mió el man­da­to, envió una car­ta al Secre­ta­ria­do de las FARC, dicien­do que lo que noso­tros pro­po­nía­mos en la agen­da de la Nue­va Colom­bia boli­va­ria­na, podía ser dis­cu­ti­do, pero que lo que le hacía mal al país eran las for­mas de lucha que noso­tros uti­li­zá­ba­mos. De todas mane­ras, él reco­no­cía que en Colom­bia había un con­flic­to, que era algo que no acep­ta­ba Uri­be.

A par­tir de allí comen­zó un inter­cam­bio epis­to­lar, que con­clu­yó en una reu­nión que se hizo en Colom­bia, al que le siguie­ron algu­nos encuen­tros en otros terri­to­rios no colom­bia­nos, para des­pués ter­mi­nar en Cuba, en reunio­nes que deno­mi­na­mos “dis­cre­tas y secre­tas” duran­te seis meses, has­ta lle­gar al actual momen­to.

-Uste­des duran­te un lar­go tiem­po, insis­tie­ron, a dife­ren­cia del ELN, que las con­ver­sa­cio­nes tenían que ser en Colom­bia. ¿Qué los hizo cam­biar de opi­nión?

-Fíje­se que des­de tiem­po atrás, en el gobierno de Gavi­ria, dia­lo­ga­mos en Cara­cas, y lue­go en Méxi­co. Para noso­tros el sitio nun­ca fue una cues­tión de prin­ci­pios, sino que lo impor­tan­te es tener la fun­da­men­ta­ción y la con­fian­za para enca­rar los diá­lo­gos.

-¿Cuán­to tiem­po deli­be­ra­rán en Oslo?

-Lo de Oslo es sola­men­te la ins­ta­la­ción de la mesa, allá deli­be­ra­re­mos dos o tres días a lo sumo, y lue­go lo impor­tan­te se dis­cu­ti­rá en La Haba­na. Tam­bién acor­da­mos que tam­bién se podrán rea­li­zar reunio­nes en otros paí­ses (N.de R.: No se des­car­ta que una de esas sedes pue­da ser Argen­ti­na o Bra­sil) de acuer­do a cómo se vayan dan­do las dis­cu­sio­nes.

-¿Cuá­les son las razo­nes que los lle­va a pen­sar que el esta­blish­ment colom­biano tie­ne nece­si­dad de enca­rar la paz pre­ci­sa­men­te en este momen­to?

-Ellos lle­va­ron ade­lan­te con todas sus fuer­zas, el Plan Colom­bia. La idea era exter­mi­nar­nos en cua­tro años, en for­ma físi­ca. Es decir, demos­trar­le al mun­do que la gue­rri­lla podía ser derro­ta­da por esa vía mili­tar. Esos pri­me­ros cua­tro años del señor Uri­be no fruc­ti­fi­ca­ron en lo que él pre­ten­día. Logró otros cua­tro años con su reelec­ción, y en ese perío­do se invir­tie­ron más de 12.000 millo­nes de dóla­res en la gue­rra en Colom­bia. Está la pre­sen­cia nor­te­ame­ri­ca­na, hay per­so­nal israe­lí y del Rei­no Uni­do y de otras poten­cias, meti­das en la gue­rra con­tra el pue­blo colom­biano. Ellos habían habla­do del post con­flic­to y resul­ta que eso que pre­ten­dían, no se ve por nin­gún lado. Tene­mos una gue­rri­lla fuer­te, bien equi­pa­da, que obvia­men­te ha sufri­do algu­nos gol­pes duros pero que supo adap­tar­se, con mucha faci­li­dad, a las nue­vas for­mas que asu­me la gue­rra en Colom­bia.

Ese aspec­to, de no poder ganar la gue­rra en for­ma rápi­da, lle­vó al con­ven­ci­mien­to del señor San­tos y a sus patro­ci­na­do­res, los EEUU, de que era mejor dia­lo­gar. Noso­tros somos aban­de­ra­dos de la paz y del diá­lo­go. Y nos alza­mos en armas pre­ci­sa­men­te por­que se nos habían cerra­do esos cami­nos. Aho­ra bien, el esta­ble­ci­mien­to colom­biano pien­sa incre­men­tar al máxi­mo todas las polí­ti­cas neo­li­be­ra­les, ya que tie­nen 52 tra­ta­dos de libre comer­cio fir­ma­dos con dife­ren­tes paí­ses del mun­do, una bue­na can­ti­dad de pro­yec­tos agro-indus­tria­les y mine­ros, más pro­yec­tos ener­gé­ti­cos mul­ti­mi­llo­na­rios. No nos olvi­de­mos que Colom­bia es uno de los paí­ses más ricos del con­ti­nen­te: noso­tros tene­mos oro, pla­ta, esme­ral­das, a lo que hay que sumar­le cos­tas en los dos mares, y la sel­va ama­zó­ni­ca. Todos estos pro­yec­tos que las tras­na­cio­na­les impul­san se cho­can con­tra una resis­ten­cia arma­da. A par­tir de allí, nues­tros enemi­gos dedu­cen que es mejor solu­cio­nar este con­flic­to por la vía dia­lo­ga­da. Ade­más, en fun­ción de la cri­sis que vive el mun­do, y espe­cial­men­te Euro­pa, temen que sus con­se­cuen­cias podrían gene­rar un cal­do de cul­ti­vo, para que a par­tir de la expe­rien­cia que tie­nen las FARC, sur­jan otras gue­rri­llas en el con­ti­nen­te.

-Sin embar­go, Juan Manuel San­tos insis­te en que las FARC están con­tra las cuer­das, que los últi­mos gol­pes los han debi­li­ta­do, y que pre­ci­sa­men­te por eso uste­des se sien­tan a dia­lo­gar.

-De nin­gu­na mane­ra. Uno de los prin­ci­pios de la gue­rra, es que con los derro­ta­dos nun­ca se dia­lo­ga. Si yo gano la gue­rra y some­to al enemi­go, para qué me voy a poner a dia­lo­gar. Eso no tie­ne nin­gún sen­ti­do. Esas supo­si­cio­nes exis­ten en la men­te de ellos mis­mos, pero la reali­dad les demues­tra día a día que están equi­vo­ca­dos. La con­fron­ta­ción arma­da hoy, y esto lo saben los altos man­dos mili­ta­res y lo han dicho en reunio­nes de Pala­cio, pue­de durar otros 20 o 30 años más. De allí es que han teni­do que refle­xio­nar sobre la nece­si­dad de bus­car otros cami­nos para ter­mi­nar con la gue­rra. En fun­ción de ello, noso­tros nos hemos atre­vi­do a insi­nuar­le al gobierno, que lo impor­tan­te sería parar la mor­tan­dad que aca­rrea la con­tien­da, nues­tro inte­rés es cons­truir la paz, pero una paz con dig­ni­dad, con jus­ti­cia social, que se enca­ren los pro­ble­mas del pue­blo colom­biano.

-¿Qué está pidien­do con urgen­cia la gue­rri­lla?

La gue­rri­lla no está pidien­do nada para ella, no nece­si­ta­mos nada del esta­ble­ci­mien­to. A noso­tros nos han movi­do cues­tio­nes altruis­tas y que el país y el con­ti­nen­te pue­dan vivir en paz.

Si estos 48 años de lucha arma­da per­ma­nen­te logran que se cana­li­ce una aper­tu­ra demo­crá­ti­ca , que en Colom­bia se cam­bien las for­mas de hacer polí­ti­ca y se res­pe­ten los dere­chos huma­nos y la inte­gri­dad de las per­so­nas, y que nues­tro país se inser­te en la nue­va reali­dad lati­no­ame­ri­ca­na, y que apor­te a la paz nacio­nal y del mun­do, creo que ha cum­pli­do una misión muy impor­tan­te. Hay que recor­dar que noso­tros en un momen­to dado qui­si­mos cam­biar esta for­ma de lucha. Aho­ra bien, si aho­ra se abren las com­puer­tas que nos cerra­ron en 1964 y se nos per­mi­te en pleno plan de igual­dad con otras fuer­zas ir a la pla­za públi­ca, esta­ría­mos dis­pues­tos a hacer eso, pero deben con­ven­cer­se nues­tros enemi­gos que no se va a dia­lo­gar con una gue­rri­lla ven­ci­da. Ese fue el error de los suce­si­vos gobier­nos colom­bia­nos, creer que cada vez que se abría la posi­bi­li­dad de un diá­lo­go, era por­que la insur­gen­cia esta­ba derro­ta­da. Esa es una estu­pi­dez, y saben que en el momen­to actual es insos­te­ni­ble para ellos.

-No creen que pudie­ra haber otra mane­ra de ver esto. Le expli­co: el pre­si­den­te San­tos enfren­ta la posi­bi­li­dad de una re-elec­ción muy pron­to, y él sabe que si estas con­ver­sa­cio­nes fruc­ti­fi­can, se pue­de con­ver­tir en un aban­de­ra­do de la paz y de esta mane­ra reva­li­da su idea de seguir gober­nand.

-La paz tie­ne muchos ami­gos y es indu­da­ble que en Colom­bia se ha des­per­ta­do un fer­vor extra­or­di­na­rio hacia ella. Se res­pi­ra el fer­vor de un ver­da­de­ro ple­bis­ci­to inter­na­cio­nal que lle­va­rá ade­lan­te estos diá­lo­gos. Ten­ga­mos en cuen­ta que este es el con­flic­to más lar­go del hemis­fe­rio occi­den­tal. Es indu­da­ble que quien ten­ga las ban­de­ras de la paz en este momen­to, pue­de aspi­rar no sola­men­te a una reelec­ción, sino a pasar a la his­to­ria como un hom­bre que hizo todo lo que tenía en sus manos para que su pue­blo vivie­ra mejor. Ese es un desa­fío que tie­ne el Pre­si­den­te. Si él quie­re hacer his­to­ria, tie­ne la gran opor­tu­ni­dad, pero el esta­ble­ci­mien­to en su con­jun­to tie­ne que estar pre­pa­ra­do a hacer algu­nas de las con­ce­sio­nes que siem­pre las FARC han bus­ca­do, por­que se tra­ta de dos par­tes en la cual nin­gu­na ha derro­ta­do toda­vía a la otra.

-¿Qué dife­ren­cia hay entre estas con­ver­sa­cio­nes que van a empe­zar y las ante­rio­res que se die­ron en otros momen­tos de la con­fron­ta­ción?

-El Pre­si­den­te tie­ne en este momen­to un res­pal­do muy gran­de a nivel nacio­nal, y un entorno lati­no­ame­ri­cano dife­ren­te al que había en los diá­lo­gos del Caguán. A la vez, se ve que hay una apo­yo mucho más gran­de por par­te de los Esta­dos Uni­dos para evi­tar que con­ti­núe la gue­rra en Colom­bia. No olvi­de­mos que ellos han sido los pro­mo­to­res de esta gue­rra, y si ellos paran de echar leña al fue­go, segu­ra­men­te se podrá avan­zar tam­bién. Otra de las situa­cio­nes que se pue­de ver, es que ya el señor Pre­si­den­te invo­lu­cra al alto man­do mili­tar, inclu­yen­do en las con­ver­sa­cio­nes a algu­nos ofi­cia­les de alta cate­go­ría. Ahí hay tam­bién repre­sen­tan­tes de los gre­mios eco­nó­mi­cos, que saben que con un esfuer­zo que se haga, y reco­no­cien­do toda la can­ti­dad de fac­to­res que han ori­gi­na­do el con­flic­to y solu­cio­nan­do esas cau­sas, se pue­de avan­zar hacia un pro­ce­so de paz. De allí que noso­tros con­si­de­ra­mos que hay algu­nas varia­cio­nes que nos per­mi­ten que haga­mos una expe­rien­cia mucho mayor que otras oca­sio­nes.

En nin­guno de los pro­ce­sos ante­rio­res había una real volun­tad de paz por par­te del gobierno colom­biano. Si el señor San­tos va a uti­li­zar esa ban­de­ra para la poli­ti­que­ría, él debe­rá pagar ese cos­to his­tó­ri­co fren­te al país. Hoy se da una opor­tu­ni­dad, noso­tros como FARC tene­mos la volun­tad polí­ti­ca de avan­zar, siem­pre y cuan­do se enca­re esto con serie­dad, y que se pue­da ir demos­tran­do que hay ganas de solu­cio­nar el con­flic­to.

En estas con­ver­sa­cio­nes de aho­ra, noso­tros le hemos dicho al gobierno que veni­mos a la mesa sin arro­gan­cia, dis­pues­tos a poner múscu­lo, ner­vio, pen­sa­mien­to, ideas, pero tam­bién somos cons­cien­tes que, tra­tán­do­se de arre­glar un pro­ble­ma tan gra­ve, quien más tie­ne, más tie­ne que apor­tar.

El gobierno, el Esta­do, tie­nen mucho para dar­le al pue­blo de Colom­bia. Las FARC, por nues­tro lado, tene­mos ideas para arri­mar a la cons­truc­ción de una Colom­bia dig­na, sobe­ra­na y en paz, pero aquí quien tie­ne la pla­ta es el gobierno…

-¿Cuán­ta influen­cia pue­de tener en este con­tex­to el dis­cur­so que vie­ne lan­zan­do Alva­ro Uri­be, opo­nién­do­se a estas con­ver­sa­cio­nes?

-Este sec­tor es mino­ri­ta­rio, en el momen­to actual, tie­ne alre­de­dor de un 18 % de repre­sen­ta­ción. Es un dis­cur­so exa­ge­ra­da­men­te retar­da­ta­rio, lleno de odio, ven­gan­za y reta­lia­ción. Son faná­ti­cos de la gue­rra, pero eso a noso­tros no nos preo­cu­pa dema­sia­do, por­que cada día que pasa , el pue­blo colom­biano va toman­do con­cien­cia de quié­nes han sido los pro­mo­to­res de esta vio­len­cia. Con Uri­be están reubi­cán­do­se esos sec­to­res que son peli­gro­sí­si­mos. Los Esta­dos Uni­dos, al apo­yar los diá­lo­gos –por lo menos eso es lo que ha dicho el Depar­ta­men­to de Estado‑, sig­ni­fi­ca que se sepa­ran un poco del señor Uri­be Vélez, y quien mejor que los grin­gos para dar esa señal. Ellos tie­nen todos los expe­dien­tes de cuál ha sido el pron­tua­rio de Uri­be des­de que se ini­ció en la polí­ti­ca colom­bia­na. Él figu­ra en el pues­to núme­ro 82 de una lis­ta que tie­ne en su poder la DEA.

-Vol­vien­do al tema del cese del fue­go: Si esto no se pro­du­je­ra, y se incre­men­tan las accio­nes mili­ta­res por par­te del gobierno San­tos, ¿no creen uste­des que se ponen en serio peli­gro estas con­ver­sa­cio­nes?

-Siem­pre es peli­gro­so dia­lo­gar bajo fue­go. Inten­tar hablar bajo las balas y los bom­bar­deos, es un ries­go muy gran­de. Noso­tros no esta­mos pidien­do en estos momen­tos un cese del fue­go, sólo hemos suge­ri­do que debe­ría­mos evi­tar­le más muer­tos al país. El gobierno res­pon­dió que no, que ellos van a seguir con los bom­bar­deos y las ope­ra­cio­nes mili­ta­res. Enton­ces, es obli­ga­ción de la gue­rri­lla, defen­der­se. Noso­tros insis­ti­mos en que qui­sié­ra­mos evi­tar más dolor, pero pare­ce que el gobierno con­si­de­ra que así vamos a tener una ven­ta­ja mili­tar. Si no fue­ra por la tra­ge­dia que repre­sen­ta para el pue­blo colom­biano, esto lla­ma­ría a risa. Pero es indu­da­ble que al esta­ble­ci­mien­to pare­cen no impor­tar­le mucho la vida de sus pro­pios sol­da­dos, y de la gen­te del pue­blo, que toda gue­rra cau­sa. Ellos con­si­de­ran que el alto el fue­go debe pro­du­cir­se al final, y noso­tros pen­sa­mos que la movi­li­za­ción per­ma­nen­te del pue­blo y la mis­ma pre­sión inter­na­cio­nal pudie­ra ayu­dar a que las par­tes cesá­ra­mos el enfren­ta­mien­to arma­do, sin ven­ta­jis­mos de carác­ter estra­té­gi­co para nin­gu­na de las dos par­tes.

-Otro tema difí­cil es el de los tiem­pos. El Pre­si­den­te San­tos habla de que a más tar­dar, en junio o julio del 2013 el con­flic­to debe­ría tener ya solu­cio­nes, mien­tras que Timo­chen­ko ha plan­tea­do que esto va a ser un pro­ce­so lar­go.

-Timo­chen­ko lo dijo, y no habría que poner­le a esto tér­mi­nos fata­les. Sola­men­te para lle­gar aho­ra a con­for­mar una agen­da nos demo­ra­mos dos años. Esta gue­rra lle­va 60 años, por eso nos pare­ce que es muy pre­ci­pi­ta­do lo dicho por el Pre­si­den­te, que con­si­de­ra que el con­flic­to se pue­de arre­glar de la noche a la maña­na. La vida es mucho más rica que cual­quier cues­tión que se pro­pon­ga en la agen­da. Los mejo­res pla­nes, fallan. Enton­ces, vamos a ir miran­do cada uno de los pun­tos de la agen­da, vamos a ir cons­tru­yén­do­la, sin pau­sas pero sin pri­sas, como dijo un ex pre­si­den­te de la Repú­bli­ca. Aquí lo impor­tan­te no son las carre­ras de cien metros, sino que se vayan lle­gan­do a acuer­dos y que el país y el mun­do vean, que vale la pena seguir dia­lo­gan­do. Noso­tros no esta­mos dis­pues­tos a tra­ba­jar con­tra reloj, no somos par­te de las Olim­pia­das que aca­ban de ter­mi­nar.

-¿Qué sig­ni­fi­ca­do le dan a la fra­se “deja­ción de armas”, que figu­ra en el Acuer­do mar­co para empe­zar los diá­lo­go?

-La fra­se tie­ne muchas inter­pre­ta­cio­nes. Noso­tros hemos dicho que si se abren las puer­tas a la paz, si se hacen un mon­tón de cam­bios, si se res­pi­ran nue­vos aires, las armas, al fin y al cabo, son sim­ples hie­rros, que en un momen­to dado se pue­den silen­ciar. Lo que no se pue­den ocul­tar son las ideas que cada com­ba­tien­te tie­ne en la cabe­za. Las armas, mien­tras no haya hom­bres dis­pues­tos a dis­pa­rar­las, por sí sola, no cum­plen nin­gún papel. Ellas sir­ven para defen­der al pue­blo, de la tira­nía, para evi­tar la escla­vi­tud. Esas armas han posi­bi­li­ta­do que aho­ra el país vis­lum­bre, por fin, la anhe­la­da paz.

-Uste­des se alza­ron en armas, para denun­ciar un orden injus­to (así lo expre­sa­ban sus comu­ni­ca­dos fun­da­cio­na­les). ¿Qué les hace pen­sar aho­ra que en esta mesa de nego­cia­cio­nes podrán obte­ner lo que se les negó en tan­tos años de insur­gen­cia arma­da?

-Noso­tros hemos dicho que no vamos al diá­lo­go para que nos hagan la Revo­lu­ción por con­tra­to. No se tra­ta de hacer la Revo­lu­ción en una mesa de nego­cia­cio­nes. Sos­te­ne­mos que aquí hay dos par­tes enfren­ta­das, con cri­te­rios de carác­ter anta­gó­ni­co. Tam­bién deci­mos: uste­des nos obli­ga­ron a tomar las armas, bus­ca­ron por todos los medios eli­mi­nar­nos y no lo han logra­do. La esen­cia de la gue­rra es some­ter la volun­tad de lucha del con­trin­can­te, y eso tam­po­co lo ha podi­do hacer ni lo va a lograr el Esta­do colom­biano. Enton­ces le deci­mos al pre­si­den­te San­tos: si usted abre las com­puer­tas y da pie a un nue­vo país, las armas pue­den ser silen­cia­das y bus­car por otras vías que se cum­plan nues­tras rei­vin­di­ca­cio­nes. En 1964 lo dije­ron nues­tros fun­da­do­res, noso­tros que­ría­mos la vía pací­fi­ca para la toma del poder, pero nos res­pon­die­ron vio­len­ta­men­te. Como somos revo­lu­cio­na­rios, que de una u otra mane­ra tene­mos que cum­plir nues­tro papel, nos alza­mos en armas has­ta que haya cam­bios en el país.

Si los cam­bios comien­zan a pro­du­cir­se, enton­ces nos inser­ta­mos en la polí­ti­ca, por­que las armas no van a cum­plir allí nin­gún papel. Es tan estre­cho este sis­te­ma colom­biano, que da ver­güen­za, com­pa­ra­do con otros paí­ses del con­ti­nen­te y del mun­do. En otras par­tes no se ase­si­na a una per­so­na por­que esté en con­tra de tal o cual posi­ción del gobierno, o sen­ci­lla­men­te por recla­mar res­pe­to a la dig­ni­dad huma­na, o defen­der la sobe­ra­nía del país. En otros paí­ses no se ase­si­na a la gen­te que hace una mani­fes­ta­ción o una toma de tie­rras. En Colom­bia, pen­sar dife­ren­te al esta­ble­ci­mien­to ha cau­sa­do en la pri­me­ra eta­pa de la vio­len­cia, 300 mil muer­tos, y en esta par­te que lle­va­mos, ya se pasa de 250 mil muer­tos. ¿Dón­de se lle­vó una gue­rra más cruel y más bár­ba­ra con­tra un pue­blo des­ar­ma­do? ¿Qué no se ha emplea­do con­tra las FARC en este últi­mo tiem­po? La más alta tec­no­lo­gía de pun­ta, los dro­nes, avio­nes super Tucano, los glo­bos, toda la inte­li­gen­cia mili­tar del enemi­go, los micro chips, bom­bas inte­li­gen­tes, para que­brar la volun­tad de gen­te que pelea para que en el país haya jus­ti­cia social, liber­tad y una ver­da­de­ra demo­cra­cia.

-Uno de los pun­tos noda­les del acuer­do mar­co que será dis­cu­ti­do en las con­ver­sa­cio­nes es el tema de la tie­rra. ¿Cuá­les son los plan­teos de las FARC para solu­cio­nar la situa­ción de los cam­pe­si­nos colom­bia­nos?

-Noso­tros hici­mos un pac­to de caba­lle­ros, hay unos pun­tos que se van a dis­cu­tir en la mesa. Con el tema de la tie­rra y el desa­rro­llo agra­rio vamos a comen­zar la dis­cu­sión. Por eso, por el momen­to no vamos a dar por micró­fono lo que debe ser dis­cu­ti­do en la mesa de diá­lo­go. Tene­mos una visión muy con­cre­ta y pro­pues­tas que hacer, ade­más de reco­ger el sen­tir de las orga­ni­za­cio­nes agra­rias, cam­pe­si­nas, indí­ge­nas, afro-des­cen­dien­tes. Igual­men­te ten­drán que par­ti­ci­par en las dis­cu­sio­nes y dar­nos orien­ta­ción, las orga­ni­za­cio­nes vin­cu­la­das a los pro­ble­mas del cam­po, pero no sola­men­te eso, sino que tam­bién hay que ver la cues­tión de la salud, de la edu­ca­ción, de la vivien­da, de la eco­lo­gía y toda la cues­tión de la tie­rra.

-Exi­gi­rán la refor­ma agra­ria?

-Colom­bia es el úni­co país de Amé­ri­ca Lati­na don­de no se ha pro­du­ci­do jamás una Refor­ma agra­ria. El 87% de las mejo­res tie­rras del país están en manos del 4% de los posee­do­res. Las gran­des hacien­das de más de 500 hec­tá­reas se han aumen­ta­do a cos­ta de los peque­ños cam­pe­si­nos. El pro­ble­ma del lati­fun­dio en Colom­bia dio ori­gen a las pri­me­ras gue­rri­llas. Aho­ra sopor­ta­mos la embes­ti­da de las tras­na­cio­na­les que quie­ren apo­de­rar­se de las tie­rras, con gran­des pro­yec­tos mine­ros y agra­rio-indus­tria­les. Ten­ga­mos en cuen­ta que la tie­rra, en estos momen­tos y a nivel mun­dial, ha adqui­ri­do pre­cios desor­bi­tan­tes.

-¿Cómo pue­de par­ti­ci­par la socie­dad colom­bia­na actual en las con­ver­sa­cio­nes de paz?

-En la mesa se acor­da­ron algu­nos meca­nis­mos. La gen­te que está en el país pue­de citar foros, asam­bleas, encuen­tros, min­gas, don­de pue­dan estar dis­cu­tien­do, por ejem­plo, el pro­ble­ma de la tie­rra. Igual­men­te se pue­den hacer encuen­tros nacio­na­les para que allí se apor­ten y se reco­jan todas las ideas. El pro­ble­ma de la tie­rra en Colom­bia ‚no ha apa­re­ci­do de ayer para hoy, es un pro­ble­ma his­tó­ri­co, y las orga­ni­za­cio­nes cam­pe­si­nas, indí­ge­nas y afro-des­cen­dien­tes, han veni­do tenien­do una tra­yec­to­ria de com­ba­te, lo mis­mo ocu­rre con las FARC. El 20 de julio de 1974 las FARC expi­die­ron el pro­gra­ma agra­rio de los gue­rri­lle­ros. Aho­ra actua­li­za­mos todo eso, y lo lle­va­mos a la mesa para dis­cu­tir­lo.

-Pero el gobierno San­tos afir­ma que ya está enca­ran­do el pro­ble­ma de la tie­rra.

El gobierno está intere­sa­do en hacer algu­nos cam­bios a nivel de la tie­rra, por­que tie­nen el inte­rés de meter toda la cues­tión del capi­ta­lis­mo en el cam­po. El pro­ble­ma es que nece­si­tan inte­grar esas dos ter­ce­ras par­tes de Colom­bia que repre­sen­tan al país olvi­da­do. Allí, en ese terri­to­rio se encuen­tra la gue­rri­lla y no se regis­tra pre­sen­cia del Esta­do. Por lo cual todo ello ten­dre­mos que dis­cu­tir­lo cuan­do toque­mos el pun­to del desa­rro­llo agra­rio.

-Ade­más, está el tema de las áreas con plan­ta­cio­nes de coca, y lo que sig­ni­fi­ca a nivel de mono­cul­ti­vo.

-Las plan­ta­cio­nes de coca no sólo están en áreas de la gue­rri­lla sino en casi todo el país. Den­tro del acuer­do mar­co, hay un pun­to para dis­cu­tir el tema de los mono­cul­ti­vos. Fíje­se que aho­ra, en la Cum­bre de Car­ta­ge­na y en la Ibe­ro­ame­ri­ca­na que se va a hacer en Espa­ña, uno de los pro­ble­mas que se dis­cu­te es la lucha con­tra el nar­co­trá­fi­co. En mar­zo de 1999, nues­tro coman­dan­te Manuel Maru­lan­da Vélez hizo un estu­dio sobre el Muni­ci­pio de Car­ta­ge­na del Chai­rá. Ese estu­dio lo pre­sen­tó a la pri­me­ra reu­nión que se hizo sobre cul­ti­vos ilí­ci­tos y defen­sa del medio ambien­te en el Caguán. Este es un plan tota­li­za­dor y tie­ne ple­na vigen­cia, para toda Lati­noa­mé­ri­ca, para que se dis­cu­ta en la OEA y tam­bién en la ONU. Es hora que el Depar­ta­men­to de Esta­do nor­te­ame­ri­cano vea que hay una for­ma dife­ren­te de ata­car el tema de la pro­duc­ción y comer­cia­li­za­ción de nar­có­ti­cos en el mun­do. Para eso no se nece­si­ta sola­men­te la cues­tión repre­si­va, ya que este es un fenó­meno eco­nó­mi­co, polí­ti­co, mili­tar y social. Millo­na­rias for­tu­nas se mue­ven allí. En este momen­to lo que cir­cu­la en el mun­do por nar­có­ti­cos son 670 mil millo­nes de dóla­res. Todo ese torren­te de bille­tes está irri­gan­do la cues­tión finan­cie­ra de los EEUU. Para Amé­ri­ca Lati­na revier­ten 20 mil millo­nes, y Colom­bia, que se dice que expor­ta el 80 % de la cocaí­na, reci­be 4.500 millo­nes de dóla­res. ¿Quién está hacien­do el gran nego­cio? Pero ade­más de ello, la coca está liga­da al tema de los pre­cur­so­res quí­mi­cos, pro­du­ci­dos por el pri­mer mun­do. Está liga­do al tema de los arma­men­tos. ¿Quién los fabri­ca? Ellos tam­bién, Occi­den­te, el pri­mer mun­do.

Como se ve, son temas dema­sia­do serios, y el Esta­do se ha dado cuen­ta que esa gue­rra, ya la per­dió. Por eso, los otros paí­ses están vien­do como ata­can este fenó­meno, y en ese pun­to tam­bién las FARC tie­nen pro­pues­tas para enca­rar solu­cio­nes. Es con­tra­dic­to­rio, pero en ese aspec­to pode­mos ser alia­dos de los Esta­dos Uni­dos. Y con Euro­pa tam­bién, ya que ellos están per­ju­di­ca­dos en su juven­tud, y noso­tros pagan­do los cos­tos de una gue­rra que no es la nues­tra.

-Ima­gi­ne­mos que las con­ver­sa­cio­nes de paz fun­cio­nan, a base de cam­bios y algu­nas con­ce­sio­nes. ¿Qué se hace con las bases nor­te­ame­ri­ca­nas?

-Ese es un pro­ble­ma de sobe­ra­nía nacio­nal y noso­tros nos hemos opues­to por prin­ci­pio a que haya bases mili­ta­res, con tro­pas extran­je­ras en Colom­bia. Allí se metie­ron con el pre­tex­to de la lucha con­tra el nar­co­trá­fi­co, hacien­do lue­go la gue­rra con­tra­in­sur­gen­te más devas­ta­do­ra. Noso­tros hemos reci­bi­do las bom­bas. Nin­gún nar­co­tra­fi­can­te ha muer­to por cul­pa de ellas, cuan­do supues­ta­men­te eran el obje­ti­vo de estas bases. Todo lo que hay en Colom­bia en fun­ción de las bases es para con­tro­lar el con­ti­nen­te sud­ame­ri­cano, sino que tam­bién apun­tar hacia el Áfri­ca. Noso­tros esta­mos fir­me­men­te con­ven­ci­dos que esas bases, ase­so­res y tro­pas nor­te­ame­ri­ca­nas , le harían un gran favor a la paz, aban­do­nan­do el terri­to­rio colom­biano.

-¿Cuán­to pue­de influir en estas nego­cia­cio­nes el resul­ta­do de las elec­cio­nes nor­te­ame­ri­ca­nas?

-Con eso se espe­cu­la mucho, a pesar que la polí­ti­ca exte­rior nor­te­ame­ri­ca­na es com­pa­gi­na­da por los dos par­ti­dos. Sugie­ren que el can­di­da­to repu­bli­cano es mucho más duro que Oba­ma, o que éste va a cam­biar de posi­ción, pero la reali­dad es que en polí­ti­ca exte­rior mar­chan como un solo hom­bre. Uno qui­sie­ra, pero son deseos, que el señor Oba­ma tuvie­ra una dife­ren­te for­ma de obser­var Amé­ri­ca Lati­na. Que vie­ra que ese blo­queo sobre Cuba es obso­le­to y que él como un demó­cra­ta debe­ría ayu­dar a levan­tar esto. O esa cár­cel de Guan­tá­na­mo que aún man­tie­nen, y que debe­ría des­apa­re­cer. Lo real es que en polí­ti­ca exte­rior, los EEUU han veni­do apre­tan­do cada vez más el cue­llo a Amé­ri­ca Lati­na, por eso se están que­dan­do solos en el con­ti­nen­te.

-Valo­ran los cam­bios que se vie­nen pro­du­cien­do en el con­ti­nen­te a nivel de inte­gra­ción de los paí­ses?

-Cla­ro, ha sur­gi­do una nue­va for­ma de hacer diplo­ma­cia, de los paí­ses lati­no­ame­ri­ca­nos. El hecho de que la OEA esté tan des­pres­ti­gia­da, y que orga­nis­mos como la CELAC y Una­sur, hayan toma­do impul­so y no estén allí repre­sen­ta­dos ni grin­gos ni cana­dien­ses, sig­ni­fi­ca que su polí­ti­ca exte­rior hacia Lati­noa­mé­ri­ca ha fra­ca­sa­do. Para los pue­blos ellos son un peli­gro, un mons­truo sedien­to de nues­tros recur­sos natu­ra­les.

-¿Se ima­gi­nan par­ti­ci­pan­do de algu­na for­ma en las pró­xi­mas elec­cio­nes colom­bia­nas?

-Ese es muy pron­to para hablar­lo. No hemos ins­ta­la­do aún la mesa de con­ver­sa­cio­nes. Noso­tros esta­mos las 24 horas pen­san­do en cómo vamos a asu­mir el reto de tra­tar de lle­gar a un acuer­do final y comen­zar la cons­truc­ción de una paz para Colom­bia. No somos poli­ti­que­ros de ofi­cio, hay mucha gen­te a la que le gus­ta eso, noso­tros tene­mos otra mane­ra de ver y enten­der la polí­ti­ca. No nos sedu­ce el sis­te­ma elec­to­re­ro vul­gar, y menos con esa for­ma que se hace en Colom­bia, que para lle­gar al Par­la­men­to, si usted no tie­ne mil o dos mil millo­nes de pesos no pue­de lle­gar. Por eso, fíje­se que quie­nes están allá, la mayo­ría están inves­ti­ga­dos ( o inclu­so pre­sos) por­que la corrup­te­la de ese Par­la­men­to colom­biano es asom­bro­sa. Lo mis­mo pasa con las gober­na­cio­nes y las alcal­días. Es que las cla­ses gober­nan­tes de nues­tro país son todas corrup­tas, y han abu­sa­do de un pue­blo que es bueno, sen­ci­llo y tra­ba­ja­dor.

-Uste­des creen que hubie­ra sido mejor con­tar en estas mesas que se están por abrir, con la pre­sen­cia del ELN?

-Noso­tros ya hici­mos una expe­rien­cia con ellos en la Coor­di­na­do­ra Gue­rri­lle­ra Simón Bolí­var. En Tlax­ca­la, estu­vo el ELN, el EPL y tam­bién noso­tros. Des­afor­tu­na­da­men­te, eso no pros­pe­ró. Con el ELN venía­mos tenien­do algu­nas fric­cio­nes hace un tiem­po atrás, esto por lo menos ya se paró, y esta­mos en un pro­ce­so de uni­dad bas­tan­te avan­za­da. Noso­tros comen­za­mos este pro­ce­so con el gobierno de for­ma sepa­ra­da, pero de todas for­mas siem­pre diji­mos que las puer­tas están abier­tas para sumar­se, pero el ELN es una orga­ni­za­ción sobe­ra­na, y ellos pue­den hacer su pro­pia expe­rien­cia. Si en un futu­ro pode­mos coin­ci­dir, sería muy intere­san­te com­par­tir una mesa con ellos.

-¿Qué ha pasa­do con la idea que uste­des mani­fes­ta­ron, de que se incor­po­re a la mesa, Simón Tri­ni­dad?

-Ese es un pun­to que noso­tros lle­va­mos a la mesa de diá­lo­go. Ya hay expe­rien­cias, Man­de­la esta­ba en la cár­cel 7 años, y des­de allí logró inci­dir mucho para derro­tar el Apartheid. Simón está con­de­na­do por cosas de las que lo acu­san, pero todo el mun­do sabe que se tra­ta de un mon­ta­je y una ven­gan­za por el solo hecho de per­te­ne­cer a las FARC. Noso­tros con­si­de­ra­mos que él debe estar en la mesa y vamos a pelear por ello. Suge­ri­mos que los EEUU, para reme­diar en par­te tan­to mal cau­sa­do, deben faci­li­tar las cosas, y esta sería una for­ma de hacer­lo, per­mi­tien­do su pre­sen­cia en las nego­cia­cio­nes.

-Cuan­do se enca­ran este tipo de nego­cia­cio­nes, siem­pre apa­re­cen pala­bras cla­ves como “recon­ci­lia­ción”, “repa­ra­ción”, “comi­sión de la ver­dad”. ¿Qué opi­nan de ello de cara al pro­ce­so que van a comen­zar?

-Noso­tros cree­mos que en Colom­bia pue­de haber un gobierno de recons­truc­ción y recon­ci­lia­ción nacio­nal. Eso pue­de lle­gar en un momen­to dado, sin embar­go no nos deja­mos lle­var por la pala­bre­ría vana ni tam­po­co nece­si­ta­mos salir a copiar de otras par­tes. Aquí ha habi­do una gue­rra, si el gobierno tie­ne la dis­po­si­ción polí­ti­ca de arre­glar­la, y noso­tros la tene­mos, inclu­so pode­mos crear nue­vos con­cep­tos en muchas cosas. Cada con­flic­to tie­ne sus par­ti­cu­la­ri­da­des, y el de Colom­bia ha sido extre­ma­da­men­te espe­cí­fi­co. Todos estos temas que usted plan­tea se irán tra­tan­do en la mesa de diá­lo­go en su debi­do momen­to.

-En los últi­mos años, varios de sus com­pa­ñe­ros del Secre­ta­ria­do han resul­ta­do muer­tos en com­ba­te, pro­duc­to de la ofen­si­va del Ejér­ci­to. ¿Cómo han reper­cu­ti­do estas muer­tes en vues­tra lucha?

-Los com­pa­ñe­ros caí­dos en com­ba­te están pre­sen­tes en cada acti­vi­dad de los hom­bres y muje­res de las FARC. En cada uno de nues­tros cam­pa­men­tos se tie­nen sus retra­tos, sino que todas las noches se les evo­ca en las obras cul­tu­ra­les. Fue­ron nues­tros guías, nues­tros maes­tros, son hom­bres úni­cos que ofren­da­ron todo por la paz en Colom­bia. Hom­bres indo­ble­ga­bles que han tras­cen­di­do más allá de lo que aho­ra vemos, y que con el tiem­po su ima­gen cre­ce­rá inmen­sa­men­te. Son ver­da­de­ros héroes de la Patria. En algún momen­to habrá que dar­les el reco­no­ci­mien­to que se mere­cen. En muchos paí­ses del mun­do ha pasa­do así, a la gen­te se le per­si­gue, se le encar­ce­la, se le deni­gra, y des­pués, cuan­do las situa­cio­nes cam­bian, resul­ta que eran los hom­bres que por­ta­ban la ver­dad his­tó­ri­ca, que ofre­cie­ron todo su esfuer­zo para cam­biar la reali­dad de humi­lla­cio­nes que vivía nues­tro país.

-¿Cómo cree que reci­bi­rán las muje­res de Colom­bia estas con­ver­sa­cio­nes de paz, esas muje­res que son madres, que son hijas de gue­rri­lle­ros como uste­des, o esas otras muje­res de la socie­dad colom­bia­na que han sufri­do la vio­len­cia en todos estos años?

-Las muje­res y todo el pue­blo, han reci­bi­do esta noti­cia con mucho albo­ro­zo. La pri­me­ra encues­ta mues­tra que el 80% del pue­blo colom­biano está por la paz. Cuan­do en febre­ro nos reuni­mos por pri­me­ra vez con el gobierno, estos prác­ti­ca­men­te decían que el país que­ría una gue­rra , que nos detes­ta­ban, y noso­tros les decía­mos, no seño­res, la paz es la que pre­do­mi­na en Colom­bia y uste­des tie­nen una dis­tor­sión total de las cosas. Aho­ra nos han teni­do que dar la razón, y si las cosas fun­cio­nan esto va a ir cre­cien­do, y nue­vos acto­res ven­drán a inte­grar­se, no sola­men­te en la socie­dad colom­bia­na sino tam­bién del exte­rior. Usted ve que el Papa ha apo­ya­do los diá­lo­gos de paz, igual que Nacio­nes Uni­das o la Unión Euro­pea, la pre­si­den­ta de Argen­ti­na, Cris­ti­na Fer­nán­dez, y la de Bra­sil. Oja­lá que quie­nes tene­mos la res­pon­sa­bi­li­dad de sacar este pro­ce­so ade­lan­te, poda­mos cum­plir la misión que se nos ha dado.

-¿Siguen tenien­do el socia­lis­mo como meta?

-Cla­ro, ese es el úni­co sis­te­ma que pue­de sal­var al pla­ne­ta Tie­rra. Noso­tros hemos pelea­do por el socia­lis­mo con las armas en la mano por­que no nos han deja­do otra opción. Vamos, inde­fec­ti­ble­men­te, por la toma del poder para el pue­blo. Eso no lo hemos escon­di­do jamás. O se nos per­mi­tía hacer polí­ti­ca para expo­ner nues­tros idea­les y alcan­zar nues­tros obje­ti­vos por la vía legal, o nos cerra­ban el camino vio­len­ta­men­te como hicie­ron todo este tiem­po. No nega­mos nues­tras con­di­ción de socia­lis­tas. Las revo­lu­cio­nes las hacen los pue­blos y noso­tros somos par­te de ese pue­blo. Pode­mos tra­tar de orga­ni­zar mili­tar­men­te a nues­tro pue­blo, pero tam­bién lo pode­mos orga­ni­zar polí­ti­ca­men­te. En el momen­to en que se res­pe­te la vida de esas per­so­nas que orga­ni­za­mos polí­ti­ca­men­te. Lo que no pode­mos repe­tir es la his­to­ria de la Unión Patrió­ti­ca, el geno­ci­dio más gran­de de Amé­ri­ca Lati­na, con 5 mil muer­tos, cuan­do tra­tá­ba­mos de abrir un espa­cio polí­ti­co. Fue un cos­to extre­ma­da­men­te alto para un país como Colom­bia.

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