Mujer, vio­len­cia y capi­ta­lis­mo- Pablo Vas­co

«El socia­lis­ta que no es femi­nis­ta care­ce de amplitud.Quien es femi­nis­ta y no es socia­lis­ta care­ce de estra­te­gia.» Loui­se Knee­land, socia­lis­ta y femi­nis­ta nor­te­ame­ri­ca­na, 1914.

«El socia­lis­ta que no es femi­nis­ta care­ce de ampli­tud.

Quien es femi­nis­ta y no es socia­lis­ta care­ce de estra­te­gia.»

Loui­se Knee­land, socia­lis­ta y femi­nis­ta nor­te­ame­ri­ca­na, 1914.

Las cla­ses domi­nan­tes jus­ti­fi­can su explo­ta­ción natu­ra­li­zan­do y pro­fun­di­zan­do la divi­sión de cla­ses: siem­pre hubo ricos y pobres, algu­nos logran pro­gre­sar, exis­ten capa­ci­da­des dife­ren­tes… De un modo simi­lar, tam­bién natu­ra­li­zan el orden patriar­cal, la supues­ta infe­rio­ri­dad de la mujer, la mater­ni­dad como un man­da­to social inelu­di­ble y las tareas domés­ti­cas como su corre­la­to.

Pero la dife­ren­cia bio­ló­gi­ca, por sí mis­ma, no impo­ne jerar­quía ni prio­ri­dad algu­na entre el hom­bre y la mujer. Es el pro­pio sis­te­ma capi­ta­lis­ta el que asig­na roles fijos a unos y otras con el obje­ti­vo de ase­gu­rar el sos­te­ni­mien­to y la repro­duc­ción de sí mis­mo. En esa cons­truc­ción impues­ta, se espe­ra que la mujer sea quien garan­ti­ce el cui­da­do coti­diano y la con­ti­nui­dad futu­ra de la mano de obra del sis­te­ma, y mucho mejor aún si a la vez cum­ple con ser com­pra­do­ra com­pul­si­va y obje­to sexual.

Las con­duc­tas machis­tas que ejer­cen muchos tra­ba­ja­do­res y varo­nes de sec­to­res popu­la­res, y que tan­tas muje­res tam­bién acep­tan como «nor­ma­les», tie­nen su ori­gen en la estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca e ideo­ló­gi­ca del sis­te­ma domi­nan­te.

La doble opre­sión que sufren las muje­res bajo el capi­ta­lis­mo tie­ne asi­mis­mo un lado más oscu­ro y dolo­ro­so que el plano social, ya que a veces tam­bién está pre­sen­te en el hogar, en el barrio, en su rela­ción ínti­ma o de pare­ja con un hom­bre. Y se refle­ja en las altas cifras de muje­res gol­pea­das o mal­tra­ta­das y en la can­ti­dad de femi­ci­dios.

Por otra par­te, en todas estas situa­cio­nes las muje­res deben enfren­tar de algu­na mane­ra la com­pli­ci­dad del Esta­do, por acción u omi­sión: el abor­to sigue estan­do prohi­bi­do, para la vio­len­cia fal­ta pre­ven­ción y con­ten­ción reales, en la tra­ta para explo­ta­ción sexual hay con­ni­ven­cia del deli­to con la pro­tec­ción poli­cial, judi­cial y polí­ti­ca.

Nada de esto es casual. Como hemos ido tra­tan­do a lo lar­go de este tra­ba­jo, estas situa­cio­nes que pade­cen las muje­res no son un pro­ble­ma pri­va­do o fami­liar, de puer­tas aden­tro. Más que nun­ca, para las muje­res lo per­so­nal es polí­ti­co.

Por lo tan­to, la sali­da debe­mos pen­sar­la no indi­vi­dual­men­te sino en for­ma colec­ti­va. La eman­ci­pa­ción de las muje­res for­ma par­te intrín­se­ca de la libe­ra­ción de la cla­se tra­ba­ja­do­ra en su con­jun­to. Así como es impo­si­ble obte­ner avan­ces eco­nó­mi­cos, socia­les, demo­crá­ti­cos y polí­ti­cos sig­ni­fi­ca­ti­vos sin la par­ti­ci­pa­ción acti­va de las muje­res, tam­po­co es posi­ble lograr la eman­ci­pa­ción ple­na de las muje­res sin luchar por una sali­da anti­ca­pi­ta­lis­ta.

Segu­ra­men­te la derro­ta del capi­ta­lis­mo no sig­ni­fi­ca­rá que de un día para el otro, de mane­ra auto­má­ti­ca, se aca­be la opre­sión de la mujer. Hará fal­ta toda una amplia tarea edu­ca­ti­va, cul­tu­ral e ideo­ló­gi­ca para erra­di­car las con­duc­tas y pre­jui­cios machis­tas, tan arrai­ga­dos. Pero lo que en reali­dad es com­ple­ta­men­te utó­pi­co es creer que se pue­da ter­mi­nar con la opre­sión del a mujer mien­tras viva­mos en el mar­co de esta socie­dad capi­ta­lis­ta, des­igual e injus­ta por natu­ra­le­za.

Aho­ra bien: que la estra­te­gia de los revo­lu­cio­na­rios sea por una sali­da de fon­do anti­ca­pi­ta­lis­ta y socia­lis­ta, no equi­va­le a que­dar­se sec­ta­ria­men­te de bra­zos cru­za­dos ante los recla­mos con­cre­tos de géne­ro del pre­sen­te, así no sean explí­ci­ta­men­te socia­lis­tas. Exis­te entre ambos aspec­tos una com­bi­na­ción dia­léc­ti­ca. Como decía la Kollon­tai, «cada nue­vo obje­ti­vo de la cla­se tra­ba­ja­do­ra repre­sen­ta un paso que con­du­ce a la huma­ni­dad hacia el rei­no de la liber­tad y la igual­dad social: cada dere­cho que gana la mujer la acer­ca a la meta fija­da de su eman­ci­pa­ción total…»

No hay for­ma, insis­ti­mos, de ter­mi­nar defi­ni­ti­va­men­te con la opre­sión de la mujer sin cam­biar de raíz la base mate­rial que la ori­gi­na y se bene­fi­cia de ella, que hoy es la explo­ta­ción capi­ta­lis­ta. La des­apa­ri­ción de la explo­ta­ción de una cla­se por otra y el reem­pla­zo de la pro­pie­dad pri­va­da de los medios de pro­duc­ción por la pro­pie­dad social son la con­di­ción para lograr ese cam­bio e ini­ciar la cons­truc­ción del socia­lis­mo a nivel nacio­nal e inter­na­cio­nal.

Derro­tar al capi­ta­lis­mo y a los gobier­nos que defien­den sus intere­ses, tomar el poder polí­ti­co y a par­tir de allí cons­truir una nue­va socie­dad jus­ta e igua­li­ta­ria es una gran tarea revo­lu­cio­na­ria com­par­ti­da, de muje­res y hom­bres del bra­zo, con la cla­se tra­ba­ja­do­ra como van­guar­dia y sec­to­res popu­la­res y medios alia­dos a ella. Y la dispu­ta por el poder requie­re a su vez de una herra­mien­ta polí­ti­ca, de una alter­na­ti­va polí­ti­ca para lle­var­la ade­lan­te, que te invi­ta­mos a cons­truir en común.

En los capí­tu­los ante­rio­res hemos desa­rro­lla­do nues­tra mira­da sobre los temas del femi­ci­dio, la tra­ta y el abor­to, como las tres prin­ci­pa­les expre­sio­nes de la vio­len­cia de géne­ro. Cada una de ellas nos plan­tea recla­mos y tareas espe­cí­fi­cas a lle­var ade­lan­te, a la vez que son par­te de una lucha supe­rior y más estra­té­gi­ca para com­ba­tir la raíz estruc­tu­ral de esos males.

Las fuer­zas polí­ti­cas más lúci­das del sis­te­ma han per­ci­bi­do muy cla­ra­men­te la poten­cia­li­dad de los movi­mien­tos de muje­res y bus­can neu­tra­li­zar­los, asi­mi­lar­los o, en todo caso, aco­tar­los a temas como la equi­dad de géne­ro o la eman­ci­pa­ción feme­ni­na. Hay docu­men­tos del Ban­co Mun­dial y de otros orga­nis­mos inter­na­cio­na­les del esta­blish­ment que inclu­si­ve acon­se­jan encau­zar la par­ti­ci­pa­ción de las muje­res hacia «las pro­ble­má­ti­cas loca­les» o barria­les.

Por el con­tra­rio, las y los socia­lis­tas del MST tene­mos la ple­na con­vic­ción de que la lucha por los dere­chos de las muje­res es par­te inse­pa­ra­ble del com­ba­te por una socie­dad nue­va, dis­tin­ta, ver­da­de­ra­men­te igua­li­ta­ria, sin explo­ta­ción ni opre­sión, una socie­dad socia­lis­ta. Ése es el camino de desa­fío, de pre­sen­te y de futu­ro que que­re­mos reco­rrer jun­tas y jun­tos con vos.

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