«Yo fui uti­li­za­da para infun­dir mie­do». Pági­na 12 entre­vis­ta a Ange­la Davis

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Ver tam­bién: Resis­ten­cia inter­na en Esta­dos Uni­dos; Ashan­ti Als­ton: «Esta­dos Uni­dos nun­ca ha sido una demo­cra­cia» por Ossa­ma Lotfy, Red Vol­tai­re, 31 de enero de 2008.

«No creo que mis prin­ci­pios hayan cam­bia­do en todos estos años. Ni tam­po­co mi com­pro­mi­so polí­ti­co.» Quien habla es nada menos que Ange­la Davis, una de las acti­vis­tas polí­ti­cas más famo­sas de los años 1960 y 1970, una figu­ra icó­ni­ca no sólo por su dis­cur­so fuer­te­men­te revo­lu­cio­na­rio y por su pro­mi­nen­te mili­tan­cia en los Black Panthers sino tam­bién por su céle­bre y desa­fian­te pei­na­do «afro», que hizo furor en su épo­ca entre las muje­res negras. Hoy, a los 68 años, esta inte­lec­tual y docen­te uni­ver­si­ta­ria, for­ma­da en la Uni­ver­si­dad de Frank­furt bajo la tute­la de Her­bert Mar­cu­se, lle­gó al Toron­to Inter­na­tio­nal Film Fes­ti­val para apo­yar el lan­za­mien­to del docu­men­tal Free Ange­la & All Poli­ti­cal Pri­so­ners.

Diri­gi­da por Sho­la Lynch, la pelí­cu­la cuen­ta la orda­lía de Davis 42 años atrás, cuan­do fue invo­lu­cra­da por el FBI en el secues­tro y muer­te del juez Harold Haley, del con­da­do de Marin, en Cali­for­nia. Car­go del cual final­men­te fue absuel­ta, a pesar de la pre­sión que puso en su momen­to el gober­na­dor del Esta­do, Ronald Reagan, quien en 1969 ya había logra­do expul­sar­la de la Uni­ver­si­dad de Cali­for­nia (UCLA) por la abier­ta mili­tan­cia de Davis en el Par­ti­do Comunista.

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Pró­fu­ga de la Jus­ti­cia, de la que lógi­ca­men­te des­con­fia­ba, Ange­la Davis lle­gó a inte­grar, a los 24 años, la lis­ta de los 10 fugi­ti­vos más bus­ca­dos del FBI, has­ta que final­men­te fue dete­ni­da, en octu­bre de 1970. Se des­ató enton­ces una cam­pa­ña inter­na­cio­nal por su libe­ra­ción, que inclu­yó la soli­da­ri­dad de John Len­non y Yoko Ono, que com­pu­sie­ron el tema Ange­la para su LP Some Time in New York City, y de los Rolling Sto­nes, que gra­ba­ron el sim­ple Sweet Black Angel, inclui­do lue­go en el álbum Exile on Main Street.

«Nun­ca bus­qué ese gra­do de expo­si­ción públi­ca y fue algo muy difí­cil de acep­tar enton­ces», recuer­da Miss Davis en una entre­vis­ta exclu­si­va con Página/​12, en una sui­te del Soho Metro­tel de Toron­to. «Mi apro­xi­ma­ción ori­gi­nal fue estric­ta­men­te polí­ti­ca y ni siquie­ra en mis sue­ños más locos pen­sé que sería empu­ja­da en esa direc­ción. Pero al mis­mo tiem­po fui cons­cien­te de que era algo con lo que iba a tener que apren­der a vivir. Y que por lo tan­to iba a tra­tar de usar­lo, no tan­to en mi nom­bre como en el de tan­ta gen­te que no tenía voz en aquel momen­to

Página/​12: ¿Se refie­re a sus com­pa­ñe­ros de mili­tan­cia en los Black Panthers? 

Ange­la Davis: Exac­ta­men­te. Por­que la cam­pa­ña nacio­nal por mi liber­tad se ini­ció ori­gi­nal­men­te bajo la con­sig­na “Libe­ren a Ange­la Davis”, pero yo con­si­de­ré que debía ser “Libe­ren a Ange­la Davis y a todos los pre­sos polí­ti­cos”, que es la fra­se que eli­gió aho­ra Sho­la Lynch para su documental.

[P/​12: En la pelí­cu­la, usted men­cio­na que la tri­ple con­de­na a muer­te que pidió para usted el fis­cal no se diri­gía tan­to hacia usted per­so­nal­men­te sino hacia la cons­truc­ción que usted encar­na­ba. ¿Pue­de ampliar esta idea?

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Ange­la Davis: Me di cuen­ta muy pron­to de que todo ese ensa­ña­mien­to hacia mi per­so­na exce­día a mi figu­ra y mi situa­ción per­so­nal. En pri­mer lugar, por­que no me podían matar tres veces. Y me di cuen­ta tam­bién de lo seria que era toda la situa­ción. Esta­ban deci­di­dos a matar a la cons­truc­ción de este enemi­go ima­gi­na­rio. Y yo era la encar­na­ción de ese enemi­go, por negra, por mujer y por comu­nis­ta. Cuan­do el FBI comen­zó a per­se­guir­me, apro­ve­cha­ron para encar­ce­lar a cien­tos de muje­res negras y jóve­nes como yo. Apro­ve­cha­ron la situa­ción para inten­tar infun­dir mie­do en toda la comu­ni­dad negra.

P/​12: ¿Qué cam­bió des­de entonces? 

Ange­la Davis: Creo que cam­bia­ron muchas cosas. Y pien­so que cam­bia­ron en gran medi­da gra­cias a la lucha que lle­va­mos a cabo. Cuan­do tuve la opor­tu­ni­dad de asis­tir a la uni­ver­si­dad, fui una de las poquí­si­mas muje­res negras que tuvie­ron esa suer­te. Hoy ya no es ni remo­ta­men­te así, aun­que hay que reco­no­cer que toda­vía hay una enor­me des­pro­por­ción entre la can­ti­dad de estu­dian­tes blan­cos y negros. Lo que hoy me angus­tia mucho es que en aquel momen­to, cuan­do luchá­ba­mos por la libe­ra­ción de todos los pre­sos polí­ti­cos en par­ti­cu­lar y con­tra la ins­ti­tu­ción car­ce­la­ria en gene­ral, nos sor­pren­día la can­ti­dad de gen­te encar­ce­la­da que había en el país, pero hoy, en los Esta­dos Uni­dos, hay muchí­si­mas más per­so­nas tras las rejas. Hoy en mi país hay dos millo­nes y medio de per­so­nas encar­ce­la­das. Uno de cada 37 adul­tos está bajo el con­trol del sis­te­ma peni­ten­cia­rio. Lo cual es un por­cen­ta­je altí­si­mo. Es el país con mayor pobla­ción car­ce­la­ria del mundo.

Página/​12: ¿A qué lo atribuye? 

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Ange­la Davis: A los índi­ces de pobre­za, sin duda. La mayo­ría de los hom­bres jóve­nes negros hoy están des­em­plea­dos. Este es obvia­men­te un pro­ble­ma polí­ti­co y tam­bién de racis­mo. Es ver­dad que los libros de tex­to ya no expre­san abier­ta­men­te el racis­mo como suce­día antes y que ofi­cial­men­te ya no hay segre­ga­ción racial, pero en muchos sen­ti­dos la situa­ción está peor hoy que hace medio siglo.

P/​12: ¿Inclu­so con un pre­si­den­te afro­ame­ri­cano, como Barack Obama?

Ange­la Davis: Sí, es tris­te decir­lo, pero las cosas están peor con un pre­si­den­te afro­ame­ri­cano en la Casa Blan­ca. Esa es la iro­nía. Por­que hace medio siglo hubie­ra sido impen­sa­ble que algu­na vez un hom­bre negro pudie­ra ser pre­si­den­te de los Esta­dos Uni­dos, cosa que hoy es posi­ble. Pero tam­bién hay que decir que hoy a nadie en la Casa Blan­ca le impor­ta que un millón de hom­bres negros estén pre­sos. Y esto tie­ne una rela­ción direc­ta con el des­man­te­la­mien­to com­ple­to del sis­te­ma de bien­es­tar social y con la des­in­dus­tria­li­za­ción que está vivien­do el país, con la con­si­guien­te pér­di­da de pues­tos de tra­ba­jo. Antes la pobla­ción negra tenía fuen­tes de tra­ba­jo en la indus­tria side­rúr­gi­ca, en la indus­tria auto­mo­vi­lís­ti­ca y tan­tas otras indus­trias que aho­ra se han muda­do a otros paí­ses don­de la mano de obra es mucho más bara­ta. Yo nací y me crié en Bir­mingham, Ala­ba­ma, y allí la indus­tria side­rúr­gi­ca era la prin­ci­pal fuen­te de tra­ba­jo. Toda­vía lo sigue sien­do, pero con muchos menos pues­tos de tra­ba­jo que antes. Y si a eso le suma­mos la fal­ta de con­ten­ción social, la fal­ta de edu­ca­ción, la fal­ta de un buen sis­te­ma de salud públi­ca, suce­de que la cár­cel se con­vier­te en la solu­ción por defec­to de todos los pro­ble­mas socia­les que no se atien­den políticamente.

P/​12: Hablan­do de pri­sio­nes… ¿por qué pien­sa que Oba­ma no cum­plió con su pro­me­sa de cerrar la cár­cel de Guantánamo?

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Ange­la Davis: Eso es lo que debió hacer des­de un pri­mer momen­to, no bien asu­mió el gobierno. En muchos sen­ti­dos debe­mos decir que la lla­ma­da «gue­rra con­tra el terro­ris­mo» lo sobre­pa­só. Pero tam­bién tene­mos que reco­no­cer que la pri­me­ra razón por la cual no cerró Guan­tá­na­mo es por­que no sali­mos a la calle a recla­mar­lo. En muchas ins­tan­cias, la gen­te que eli­gió a Oba­ma no se man­tu­vo uni­da y aler­ta. Habría que haber crea­do un movi­mien­to detrás de este tema para poner pre­sión y que la cár­cel de Guan­tá­na­mo se cerra­ra. Y tam­bién para crear un mejor sis­te­ma de salud públi­ca, mejor edu­ca­ción, etcé­te­ra, etcé­te­ra. Y eso es toda­vía lo que tene­mos que hacer.

P/​12:¿Para las pró­xi­mas elecciones? 

Ange­la Davis: Abso­lu­ta­men­te. Tene­mos que salir a ocu­par espa­cios, adqui­rir una dimen­sión de lo que es posi­ble y nece­sa­rio hacer.

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