Uto­pía y Revo­lu­ción- Ane Iza­rra

Con cier­tos aires nos­tál­gi­cos ancla­dos en nues­tros recuer­dos des­pe­di­mos a las tan ansia­das vaca­cio­nes esti­va­les. Vol­ve­re­mos a esos momen­tos pla­cen­te­ros cuan­do la ruti­na dia­ria de invierno nos inva­da. De vuel­ta a la reali­dad, nos encon­tra­mos de nue­vo inmer­sos en el mun­do labo­ral. De nue­vo con­ver­ti­dos en ser­vi­dum­bre de hora­rios y de tur­nos esta­ble­ci­dos, que a veces nos pro­vo­can cier­ta des­orien­ta­ción y cues­ta recor­dar en que turno se tra­ba­ja. Nos encon­tra­mos con el madru­gón vespertino;al que que nadie ter­mi­na por acos­tum­brar­se, al date pri­sa que no lle­go, al nece­si­to este infor­me de ayer para hoy. A la pre­gun­ta, ¿Qué tal la vuel­ta al tra­ba­jo?, la mayo­ría de res­pues­tas ter­mi­na­ban con la cole­ti­lla. “Bueno, no me pue­do que­jar. Ten­go tra­ba­jo. Es lo que hay”. Y yo pien­so: No. Para lue­go decir en voz alta: No es lo que hay. Es lo que quie­ren hacer­nos creer que hay. Son las miga­jas que nos tira el sis­te­ma. Son bas­tan­tes quie­nes se afe­rran fuer­te­men­te a ellas ofre­cien­do una de sus mejo­res son­ri­sas ser­vil. Sin encon­trar mucha resis­ten­cia y con todo el apo­yo del agre­si­vo capi­ta­lis­mo, don­de el vivir hoy en día se ha con­ver­ti­do en sobre­vi­vir, dere­chos con­quis­ta­dos a base de infi­ni­to sufri­mien­to, dolor, rabia e impo­ten­cia casi olvi­da­dos; e inclu­so pér­di­das de vidas de tra­ba­ja­do­res, nos están sien­do roba­dos vil­men­te en nom­bre de su cri­sis. Una deu­da pri­va­da gene­ra­da por el gobierno y el sis­te­ma finan­cie­ro, la cual, quie­ren hacer públi­ca hipo­te­can­do nues­tra vida y la de las gene­ra­cio­nes que están por venir. Nos res­tan dere­chos labo­ra­les para mul­ti­pli­car a cam­bio de nada nues­tras obli­ga­cio­nes labo­ra­les. El reba­ño sigue la mis­ma direc­ción, la direc­ción equi­vo­ca­da hacia la sumi­sión. El mie­do a per­der el pues­to de tra­ba­jo para­li­za la resis­ten­cia por par­te de la pobla­ción en acti­vo.

Este mie­do siem­pre ha esta­do ahí. Se ha con­ver­ti­do en ins­tru­men­to para­li­za­dor de la movi­li­za­ción de la pro­tes­ta social, fiel alia­do del poder. ¿Dón­de que­da­rán aque­llas movi­li­za­cio­nes por el año 1975, cuan­do exis­tía con­cien­cia obre­ra?. Épo­ca en la cual la cla­se obre­ra luchó con su vida por unas con­di­cio­nes labo­ra­bles dig­nas, una socie­dad más jus­ta y soli­da­ria. Valo­res que hoy en día se van dejan­do de lado y en el olvi­do para dar paso a la inso­li­da­ri­dad, com­pe­ten­cia des­leal y sal­va­je en don­de todo vale mien­tras mi culo esté a sal­vo. Vie­nen a mi memo­ria los trá­gi­cos suce­sos de Vito­ria y Basau­ri don­de el fas­cis­mo enar­bo­la­do por quien era enton­ces Minis­tro de la Gober­na­ción, Fra­ga Iri­bar­ne, macha­có la movi­li­za­ción obre­ra, ter­mi­nan­do con la vida de varios tra­ba­ja­do­res y dejan­do dece­nas de heri­dos. Aún hoy sus muer­tes siguen estan­do impu­nes, pero no nos can­sa­re­mos de pedir jus­ti­cia has­ta que aque­llos crí­me­nes sean reco­no­ci­dos como tales.

Y aquí, en medio de todo, nos encon­tra­mos nue­va­men­te las muje­res. Doble­men­te cas­ti­ga­das por nues­tra con­di­ción de mujer y tra­ba­ja­do­ra. Por­que la cri­sis lle­va ros­tro de mujer. Para noso­tras el capi­ta­lis­mo vie­ne de la mano jun­to al patriar­ca­do. La tasa de des­em­pleo con­ti­núa sien­do más ele­va­da entre las muje­res, sien­do mayo­ría entre des­em­plea­dos de lar­ga dura­ción. Ya se están vol­vien­do a escu­char cier­tas voces que nos quie­ren vol­ver a ubi­car a las muje­res en el hogar negán­do­nos nues­tra pro­yec­ción per­so­nal y nues­tra pre­sen­cia en la socie­dad como en los ámbi­tos de tomas de deci­sio­nes negán­do­nos cuo­tas de poder en espa­cios del poder polí­ti­co, social, cul­tu­ral y labo­ral.

Al uní­sono con Gio­con­da Belli desea­mos una huel­ga de silen­cio para oír los pasos del tirano que se mar­cha. El pró­xi­mo día 26 hay con­vo­ca­da una Huel­ga Gene­ral, que no debe­mos dejar pasar por alto. Debe­mos aso­mar nues­tro ros­tro más rei­vin­di­ca­ti­vo, para lle­gar más allá de la sim­ple rei­vin­di­ca­ción. Todo pla­cer bien dis­fru­ta­do sue­le sacu­dir bien la base que lo sopor­ta, una cama, una mesa, el asien­to de atrás. La agi­ta­ción de nues­tros movi­mien­tos lle­ga­rá más allá de la sim­ple rei­vin­di­ca­ción. Res­pon­de­re­mos, como siem­pre lo veni­mos hacien­do, en nues­tro mejor cam­po de bata­lla, la calle. Cada uno sea­mos pro­ta­go­nis­tas de nues­tra pro­pia revo­lu­ción. Como ave Fénix resur­gi­re­mos de nues­tras ceni­zas, emer­gien­do del mie­do para retor­nar vola­re­mos como arra­nos pla­nean­do sobre vien­tos arran­ca­dos a la mar. No nos deja­re­mos ame­dran­tar por los pique­tes del patrón, sim­ple­men­te ejer­ce­mos nues­tro dere­cho a la Huel­ga. Debe­mos exi­gir un nue­vo mar­co polí­ti­co, social y finan­cie­ro, don­de la soli­da­ri­dad ven­ga de la mano con el repar­to del empleo, la ayu­das de los sec­to­res más des­fa­vo­re­ci­dos, don­de los ser­vi­cios bási­cos como sani­dad, edu­ca­ción vivien­da, pen­sio­nes estén sufi­cien­te­men­te garan­ti­za­dos. Don­de las muje­res ten­ga­mos el dere­cho de ele­gir libre­men­te sobre nues­tra mater­ni­dad., don­de se fomen­te la cul­tu­ra del ocio, el tra­ba­jar para vivir y no el vivir para tra­ba­jar, don­de deje­mos de ser meros códi­gos de barras para empe­zar a sen­tir como per­so­nas y don­de la jus­ti­cia sea estan­dar­te para con­se­guir nues­tra liber­tad; la liber­tad de Eus­kal Herria como Pue­blo y de todas las per­so­nas que vivi­mos en ella.

El día 26 no es un día cual­quie­ra será la con­ti­nua­ción de las dife­ren­tes movi­li­za­cio­nes que se han ido suce­dien­do en los dife­ren­tes pue­blos de Eus­kal Herria y ante­sa­la de las que segui­rán suce­dien­do. Día de rebel­día, de aumen­tar la pre­sión en nues­tra trin­che­ra, de reco­brar nues­tra dig­ni­dad para dar vida a nues­tros sue­ños y abra­zar a la Liber­tad e Inde­pen­den­cia de nues­tro Pue­blo en un día no muy lejano. Segui­re­mos avan­zan­do, por­que hoy en día, el que­dar­se quie­to es sinó­ni­mo de retro­ce­der. Nos vemos en las calles.

Hable­mos cla­ra­men­te.

Rom­pien­do si es pre­ci­so la cua­drí­cu­la, diré mis pen­sa­mien­tos delez­na­bles, impú­di­cos: Esta socie­dad en que vivi­mos la vomi­to, es máqui­na de muñe­cos per­fec­ta­men­te homo­lo­ga­dos para bai­lar al son.

Te deja­rán jugar en su rule­ta fal­sa con leyes que mar­ca­ron a su anto­jo; y si rom­pes la injus­ti­cia y des­cu­bres el timo te dirán cosas duras y serás con­de­na­do.

(F. Gar­cía Sal­ve)

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