Repa­ra­ción fren­te al olvi­do

Ames­koa recu­pe­ró ayer la dig­ni­dad per­di­da en 1936 con el acto de «recuer­do, reco­no­ci­mien­to y repa­ra­ción moral» que sus cua­tro ayun­ta­mien­tos (Amés­coa Baja, Eula­te, Ara­na­ra­che y Larrao­na) dedi­ca­ron a los veci­nos del valle que sufrie­ron la repre­sión des­ata­da a raíz del gol­pe mili­tar de 1936. En el home­na­je de ayer se reco­no­ció no solo a los cin­co ase­si­na­dos, sino a todas aque­llas per­so­nas que pade­cie­ron el terror de aque­llos días. Así, se home­na­jeó «a quie­nes sufrie­ron una muer­te indig­na, de for­ma pre­me­di­ta­da y ale­vo­sa, sin el menor atis­bo de lega­li­dad y sin opo­si­ción algu­na por par­te de ins­tan­cias muni­ci­pa­les ni ecle­siás­ti­cas», pero tam­bién «a los fami­lia­res, repre­sa­lia­dos, a quie­nes fue­ron mul­ta­dos por sus ideas, des­te­rra­dos, etc».
Los actos de ayer se ini­cia­ron en el para­je de Urba­sa don­de se encuen­tra la sima en la que el 7 de sep­tiem­bre de 1936 fue­ron arro­ja­dos tres de los veci­nos, en con­cre­to Bal­bino Bados Gar­cía, Bal­bino Gar­cía de Albi­zu Usar­ba­rre­na y Gre­go­rio Gar­cía Larram­be­re, a los que se suman en la lis­ta de ase­si­na­dos Domin­go Bados Gar­cía y Félix Goya Urbie­ta.
El acto se abrió con la inter­ven­ción del alcal­de de Eula­te, Iña­ki Ruiz de Larra­men­di, que, en nom­bre de los cua­tro con­sis­to­rios, recor­dó que «sus res­tos siguen aquí, en la pro­fun­di­dad de una sima, prue­ba de que ade­más de qui­tar­les la vida, se pre­ten­día tam­bién borrar su memo­ria». El pri­mer edil aña­dió que «esta es la prue­ba irre­fu­ta­ble de un ase­si­na­to, en el que no hubo jui­cios, ni para las víc­ti­mas ni des­pués para los ver­du­gos».
En memo­ria de los ase­si­na­dos, Izas­kun Andue­za inter­pre­tó con el txis­tu la mar­cha Ger­ni­ka de Pablo Solo­za­bal, tras lo que tomó la pala­bra Die­go Urra, alcal­de de Amés­coa Baja, que recor­dó, tam­bién en repre­sen­ta­ción de los ayun­ta­mien­tos ames­coa­nos, que «nos debe­mos devol­ver la dig­ni­dad que les fue arre­ba­ta­da a las víc­ti­mas con estos lamen­ta­bles hechos. Que no vuel­va a repe­tir­se ni el terror infrin­gi­do ni el silen­cio ver­gon­zan­te». Die­go Urra recor­dó que, tras las mocio­nes apro­ba­das por los con­sis­to­rios y el acto públi­co de ayer, el siguien­te paso será la publi­ca­ción del rela­to de estos hechos en el pró­xi­mo volu­men de la colec­ción Cono­cien­do el pasa­do ames­coano.
Uno de los momentos más emotivos fue la ofrenda florar ante la lápida de la sima.DIGNIDAD El coor­di­na­dor de esta colec­ción, el his­to­ria­dor de Amés­coa, Bal­bino Gar­cía de Albi­zu, a su vez nie­to de uno de los ase­si­na­dos, pasó a inter­ve­nir des­pués para seña­lar que «en 1936 y los años pos­te­rio­res se pro­du­je­ron en este valle los daños más bár­ba­ros infrin­gi­dos a per­so­nas en toda la his­to­ria, daños cau­sa­dos úni­ca­men­te en base a las ideas de esas per­so­nas y no sólo a los ase­si­na­dos, sino a los que tuvie­ron que huir, a los des­te­rra­dos, a los mul­ta­dos, los alis­ta­dos for­zo­sa­men­te, los ate­rro­ri­za­dos». Gar­cía de Albi­zu aña­dió que, a todo ello, se sumó el silen­cio «por el mie­do, el dolor, el horror y, en pocos casos, la mala con­cien­cia». Ade­más, para el his­to­ria­dor «ha habi­do una igno­ran­cia abso­lu­ta por­que intere­sa­ba man­te­ner esto en silen­cio». Sobre los ver­du­gos, indi­có que «nadie fue juz­ga­do, ni encar­ce­la­do, ni mos­tró arre­pen­ti­mien­to, ni pidió per­dón a nadie, ni des­de nin­gu­na tri­bu­na se le pidió que lo hicie­ra».
Para Bal­bino Gar­cía de Albi­zu, los actos que están lle­van­do a cabo los con­sis­to­rios ames­coa­nos «devuel­ven la dig­ni­dad a las víc­ti­mas y tam­bién a los ayun­ta­mien­tos. Esa deu­da, esa pági­na en blan­co de nues­tra his­to­ria, solo se pue­de sal­dar con un reco­no­ci­mien­to ofi­cial, un acto públi­co y una docu­men­ta­ción en la que poda­mos con­tar con rigor el dolor y el daño que sufrie­ron las víc­ti­mas». Así, el siguien­te paso será la publi­ca­ción de un artícu­lo en la cita­da colec­ción. A ello segui­ría una posi­ble exhu­ma­ción, para lo que habría que con­tar con el vis­to bueno de las fami­lias. «Nos ceñi­re­mos a la legis­la­ción vigen­te», mati­zó Gar­cía de Albi­zu.
El acto jun­to a la sima se cerró con una ofren­da flo­ral, que abrió la alcal­de­sa de Larrao­na, Flor Gavi­ria, y la inter­pre­ta­ción del Himno de Rie­go por par­te de Car­los Urri­za y Pablo Arras­tia.
Tras el home­na­je en Urba­sa, el reco­no­ci­mien­to se tras­la­dó al Ayun­ta­mien­to de Eula­te, don­de el alcal­de de Ara­na­ra­che, Alfon­so Uli­ba­rri, cerró las inter­ven­cio­nes de los edi­les leyen­do la moción apro­ba­da.
A ella se sumó la entre­ga a los con­sis­to­rios de la talla de pie­dra rea­li­za­da por Javier Olai­zo­la y la escul­tu­ra de made­ra de Bit­tor Axpe, que se colo­ca­rán en los ayun­ta­mien­tos de Eula­te y Amés­coa Baja en recuer­do de los repre­sa­lia­dos.

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