Rodol­fo- Julen Orbea

Escu­cho ató­ni­to en Radio Eus­ka­di sus pala­bras exi­gien­do que la can­di­da­ta de EH Bil­du pida per­dón por el daño cau­sa­do y no pue­do más que inten­tar refres­car la memo­ria más recien­te del sufri­mien­to que bajo su man­da­to se ha oca­sio­na­do en gol­pes, car­gas, tor­tu­ras, deten­cio­nes inco­mu­ni­ca­das, prohi­bi­ción de mani­fes­ta­cio­nes etc.

Recuer­do sus anda­du­ras más recien­tes y no me sor­pren­de la des­fa­cha­tez con la que exi­ge a otros lo que usted no pro­mul­ga. Por­que no es momen­to de recor­dar cómo vito­rea­ba usted a sus com­pa­ñe­ros Vera y Barrio­nue­vo a las puer­tas de la pri­sión de Gua­da­la­ja­ra. Vivi­mos momen­tos inten­sos en Eus­kal Herria. Momen­tos en los que cada cual ten­drá que hacer su pro­pia auto­crí­ti­ca y mirar al futu­ro en aras a con­se­guir un esce­na­rio en el que todas las per­so­nas ple­nas de todos sus dere­chos vivan libres en un país en el que todas las ideas pue­dan ser defen­di­das libre­men­te.

Repa­so su paso por el car­go repre­si­vo más alto en tres de las sie­te pro­vin­cias de nues­tro país, a car­go de una ins­ti­tu­ción que sigue prac­ti­can­do la violencia,y no encuen­tro más que recor­tes de liber­ta­des, muer­tes, mie­do y odio. Y usted se cree con la potes­tad de decir qué es y no es éti­co. Des­de que acce­dió al car­go tras un puche­ra­zo elec­to­ral, se ha encar­ga­do de recor­dar­nos que en Madrid está el que man­da. Y una y otra vez ha reci­bi­do la pal­ma­di­ta de su amo, tan­to Alfre­do como aho­ra Jor­ge. Más repre­sión, más pal­ma­di­ta. Y a usted se le hin­cha­ba el pecho toda­vía más. Patxi, su jefe, esta­ba tan con­ten­to con su tra­ba­jo que en ple­na cri­sis eco­nó­mi­ca, en medio de toda la vorá­gi­ne finan­cie­ra, aumen­tó la par­ti­da pre­su­pues­ta­ria para más pelo­tas y uni­for­mes y gorri­tas nue­vas.

Inclu­so han inten­ta­do con­ver­tir a la socie­dad vas­ca en chi­va­ta con una ofi­ci­na de cola­bo­ra­ción ciu­da­da­na y una pági­na web para la dela­ción, demos­tran­do que usted no cono­ce este país. Eso si; si por algo va a ser usted recor­da­do va a ser por su afi­ción a la foto­gra­fía. Han gas­ta­do miles de euros en qui­tar fotos, han iden­ti­fi­ca­do y impu­tado a cien­tos de per­so­nas, cre­yen­do erró­nea­men­te que Eus­kal Herria iba a olvi­dar a sus veci­nas pre­sas. Y no hace ni un año de la mayor movi­li­za­ción soli­da­ria con las pri­sio­ne­ras polí­ti­cas vas­cas. Usted creía que gana­ba bata­lli­tas y la soli­da­ri­dad ha ido en aumen­to a pesar de su obse­sión con las fotos.

La repre­sión y los recor­tes a todos los nive­les han sido la ban­de­ra de estos casi cua­tro años en los que usted ha dete­ni­do y lle­va­do en ban­de­ja a Madrid a más de 130 jóve­nes vas­cas. Ha inco­mu­ni­ca­do a 20, de las cua­les 13 han denun­cia­do tor­tu­ras.

Aho­ra aca­ban casi cua­tro años de cien­tos de car­gas con­tra la cla­se tra­ba­ja­do­ra vas­ca y momen­tos de imbo­rra­ble recuer­do como los más de cien heri­das en Urbi­na con un heli­cóp­te­ro lan­zan­do pelo­tas de goma, la prohi­bi­ción y car­ga sal­va­jes con­tra un cam­peo­na­to de fut­bi­to en Her­na­ni, la car­ga con­tra la comu­ni­dad saha­raui que se mani­fes­ta­ba en fren­te del Con­su­la­do marro­quí, la pro­tec­ción de falan­gis­tas y car­gas con­tra anti­fas­cis­tas en Donos­ti, la pre­sión y inme­dia­ta muer­te de Remi Aies­ta­ran en Billa­bo­na, los tres días de tre­men­do des­plie­gue, repre­sión y incon­ta­bles heri­das en Kukutza y recien­te­men­te la muer­te por pelo­ta de goma de Iñi­go Caba­cas.

Obser­vo como cual aves­truz, escon­de la cabe­za y deja su car­go con la muer­te de Iñi­go aún sin resol­ver y una fami­lia des­tro­za­da a la que qui­so callar con dine­ro. Tam­bién veo como has­ta le han ido cre­cien­do los enanos y sus pro­pios laca­yos se han mani­fes­ta­do pidien­do su dimi­sión.

El día 26 la mayo­ría de la cla­se tra­ba­ja­do­ra vas­ca sal­dre­mos a la calle a defen­der nues­tros dere­chos. Vamos a salir a mani­fes­tar­nos y lle­va­re­mos con noso­tras a Remi, a Iñi­go y a todas las com­pa­ñe­ras que han pro­ba­do esa éti­ca suya que usted tan­to pro­cla­ma. Lo que me temo es que le deja­rá bien escri­to a Idoia sus méto­dos para el final de estos cua­tro años que por fin aca­ban.

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