Chi­le: La crí­ti­ca de un revo­lu­cio­na­rio inso­bor­na­ble

Gui­ller­mo Rodrí­guez, ex mili­tan­te del Movi­mien­to de Izquier­da Revo­lu­cio­na­ria; rebel­de inoxi­da­ble, pro­ta­go­nis­ta en la cons­truc­ción de los esbo­zos de poder popu­lar duran­te 1973 y lue­go de la resis­ten­cia con­tra la dic­ta­du­ra pino­che­tis­ta; exi­lia­do y retor­na­do clan­des­ti­na­men­te a 6 años de impues­ta la tira­nía; tor­tu­ra­do has­ta per­der las cuer­das voca­les, sal­va­do a últi­ma hora del fusi­la­mien­to, no olvi­da. Es más, no olvi­da y la memo­ria es para “El Ron­co” mate­ria de apren­di­za­je, acu­mu­la­ción his­tó­ri­ca y polí­ti­ca de los tra­ba­ja­do­res y el pue­blo, y crí­ti­ca lúci­da para las luchas actua­les. No se fue para la casa, ni engor­dó los ser­vi­cios de inte­li­gen­cia de la Con­cer­ta­ción. No es auto­fla­ge­lan­te ni se escu­da tras la iro­nía de los que ya no quie­ren ofre­cer com­ba­te al capi­ta­lis­mo.

Esta entre­vis­ta es una mira­da posi­ble, un tes­ti­mo­nio crí­ti­co de la tra­ge­dia chi­le­na a casi cua­tro déca­das de la des­truc­ción del pro­yec­to de la Uni­dad Popu­lar y Sal­va­dor Allen­de por el impe­ria­lis­mo, las cla­ses domi­nan­tes titi­ri­tea­das por el capi­tal trans­na­cio­nal y los erro­res de la pro­pia izquier­da de la épo­ca.

-¿Qué hicis­te el 11 de sep­tiem­bre de 1973? ¿En qué anda­bas? ¿Dón­de te encon­tró la maña­na? ¿Cuán­do supis­te que el gol­pe era cier­to? ¿Qué edad tenías?

“Tenía 21 años. Ese día me iba a casar. Duran­te varios días había­mos esta­do acuar­te­la­dos espe­ran­do el Gol­pe y un par de días antes mi jefe polí­ti­co me infor­mó que Allen­de esta­ba en vías de lla­mar a un ple­bis­ci­to, lo que noso­tros lla­má­ba­mos “gol­pe blan­do” y que ya todas las fuer­zas polí­ti­cas esta­ban infor­ma­das de esto. Por eso se levan­tó el acuar­te­la­mien­to que sos­te­nía­mos, se guar­da­ron las armas y cada uno se fue a sus casas a reto­mar la vida nor­mal. En mi caso, nos levan­ta­mos muy tem­prano por­que me casa­ba por el Civil. Yo esta­ba paran­do en la pobla­ción la Vic­to­ria pero nos casá­ba­mos en Ñuñoa, por lo que, dado las difi­cul­ta­des de trans­por­te de la épo­ca, sali­mos muy tem­prano para alcan­zar a lle­gar. No escu­cha­mos radio ni nada. Sólo al lle­gar a Ala­me­da como a las 7.15 vimos camio­nes de mili­cos, pero no nos lla­mó la aten­ción por­que en esa épo­ca se veía mucho mili­co por la calle por la Zona de Emer­gen­cia que decre­ta­ba el Gobierno. Recién al lle­gar a Ñuñoa nos dimos cuen­tas que era gol­pe. Mi sue­gro era mili­tan­te revo­lu­cio­na­rio, mi pare­ja tam­bién, así que ahí mis­mo nos sepa­ra­mos y cada uno se fue por sus medios a su res­pec­ti­vo fren­te. Ethel se fue hacia La José María Caro, mi sue­gro a su pobla­ción y yo me fui al Cor­dón Cerrilllos.”

- ¿Habías sub­es­ti­ma­do las fuer­zas de la bur­gue­sía?

“Noso­tros había­mos dis­cu­ti­do muchas veces el tema y está­ba­mos con­ven­ci­dos a nivel de Direc­ción Local Cor­dón Cerri­llos en el MIR, que el gol­pe venía sí o sí, par­ti­cu­lar­men­te por­que las sali­das inter­me­dias como el gol­pe blan­do no iban a dete­ner el desa­rro­llo del sec­tor de masas que venia inten­tan­do cons­truir Poder Popu­lar. Sin embar­go la Comi­sión Polí­ti­ca pen­sa­ba que la con­vo­ca­to­ria a ple­bis­ci­to de Allen­de abri­ría un nue­vo perío­do y reali­nea­mien­tos de fuer­zas, por lo que el gol­pe mili­tar fue una sor­pre­sa real. El MIR había denun­cia­do a los gol­pis­tas, inclui­do a Frei, y sabía de los pla­nes de la Mari­na (por el caso de los mari­ne­ros dete­ni­dos por orga­ni­zar­se para fre­nar el gol­pe, pero se equi­vo­ca­ron al pen­sar que la manio­bra de Allen­de del ple­bis­ci­to deten­dría la ofen­si­va reac­cio­na­ria).”

LA RESISTENCIA

-¿Hubo resis­ten­cia des­de tu expe­rien­cia? ¿De qué tipo?

“Noso­tros como GPM 4 (Gru­po Polí­ti­co Mili­tar, nom­bre de la estruc­tu­ra orgá­ni­ca local) nos reuni­mos alre­de­dor de las 10.00 en la Indus­tria Per­lack. Lle­gó la mayo­ría de los res­pon­sa­bles del tra­ba­jo de masas y resol­vi­mos pri­me­ro bus­car infor­ma­ción de lo que ocu­rría en el país, con­tac­to con nues­tra direc­ción, aco­piar medios para poner en prác­ti­ca en Plan de Defen­sa que había­mos cons­trui­do. La explo­ra­ción del terreno y la infor­ma­ción que reco­gi­mos nos indi­ca­ba: no sabe­mos lo que pasa en el res­to del país ni de la ciu­dad, no hay res­pon­sa­bles polí­ti­cos ni diri­gen­tes del cor­dón cerri­llos en sus indus­trias con quie­nes coor­di­nar algo. Plan­ta­da así las cosas, deci­di­mos levan­tar barri­ca­das y pre­pa­rar un peque­ño y redu­ci­do gru­po con las esca­sas armas que tenía­mos, mien­tras en Per­lack un gru­po de obre­ros arma­ba gra­na­das case­ras. No mucho des­pués entró a la zona un jeep de la avia­ción, el que se reple­gó y más tar­de comen­zó un heli­cóp­te­ro a ame­tra­llar la barri­ca­da en pases suce­si­vos. Se reti­ra­ron quie­nes esta­ban en la barri­ca­da (la mayo­ría muje­res) y lue­go de una pasa­da se logro neu­tra­li­zar al heli­cóp­te­ro con fue­go de dos armas lar­gas que tenía­mos. El heli­cóp­te­ro se fue y ya no vol­vió. Duran­te la tar­de los pocos tra­ba­ja­do­res que per­ma­ne­cían jun­to a noso­tros se fue­ron y levan­ta­mos la barri­ca­da. Nos tras­la­da­mos a una casa de acuar­te­la­mien­to y se deci­dió cons­ti­tuir una peque­ña fuer­za ope­ra­ti­va que al menos salie­ra a hos­ti­gar a los gol­pis­tas duran­te la noche. Ya esta­ba cla­ro que Allen­de había muer­to en la Mone­da, pero seguía­mos sin saber que pasa­ba en otros lados, sin comu­ni­ca­ción algu­na. Sali­mos al ano­che­cer en un gru­po de vein­te com­pa­ñe­ros bien arma­dos por­que logra­mos recu­pe­rar arma­men­to que otros par­ti­dos habían bota­do. Íba­mos a asal­tar la comi­sa­ria de Mai­pú pre­pa­ra­dos para un com­ba­te de encuen­tro, cuan­do lamen­ta­ble­men­te un gru­po de com­pa­ñe­ros que venía a sumár­se­nos entró en la zona de embos­ca­da a bor­do de un vehícu­lo simi­lar a los de las FFAA. Lamen­ta­ble­men­te abri­mos fue­go y un com­pa­ñe­ro resul­tó muer­to por nues­tra pro­pia acción. Des­mo­ra­li­za­dos res­pec­to de la misión prin­ci­pal, nos devol­vi­mos al camino prin­ci­pal ten­dien­do nue­vas embos­ca­das, pero ya nadie más cir­cu­ló por esa vía duran­te la noche. Al otro día nos reple­ga­mos por­que la fuer­za que lle­gó a la zona era enor­me­men­te supe­rior y ya sabía­mos que no había mayor resis­ten­cia en San­tia­go.”

-¿Cuál era tu situa­ción en el par­ti­do? ¿Qué hizo el MIR el 11?

“En el MIR yo era Encar­ga­do Mili­tar de Masas del GPM 4 y tenia simi­lar pues­to en el Cor­dón Cerri­llos, el fren­te social. El Mir no pudo arti­cu­lar nin­gu­na res­pues­ta a esca­la nacio­nal ni regio­nal, sal­vo la inten­to­na de la CP con par­te de Fuer­za Cen­tral en la zona de San Joa­quín en con­jun­to con una frac­ción del PS que es cono­ci­da como los enfren­ta­mien­tos de la Legua.”

-¿Y el pue­blo y los obre­ros?

“El pue­blo y las masas venían retro­ce­dien­do des­de junio del 73 a par­tir de la apro­ba­ción de la Ley de Con­trol de Armas que entre­gó a las FFAA la facul­tad de alla­nar indus­trias y fren­tes socia­les, par­ti­cu­lar­men­te des­pués del alla­na­mien­to de Lane­ra Aus­tral don­de fue­ron ase­si­na­dos diri­gen­tes sin­di­ca­les. Por otro lado, la deten­ción de mari­nos anti­gol­pis­ta, las tor­tu­ras infrin­gi­das por haber inten­ta­do dete­ner a los ofi­cia­les gol­pis­tas había juga­do en dos sen­ti­dos: de una par­te hacia los pocos sol­da­dos, mari­nos y avia­do­res que esta­ban de par­te del pue­blo, que enten­dían cla­ra­men­te que Allen­de por su res­pe­to a la lega­li­dad bur­gue­sa no los res­pal­da­ba, y por otro lado, una cla­ra señal hacia las masas mas radi­ca­li­za­das, que no había deter­mi­na­ción de enfren­tar a los gol­pis­tas. Ello sig­ni­fi­có que ya cuan­do las FFAA comen­za­ron a alla­nar indus­trias, comen­zó el reflu­jo de masas. La mayo­ría de los tra­ba­ja­do­res se fue para sus casas, sal­vo en algu­nas indus­trias, sin inten­tar nin­gún tipo de resis­ten­cia.”

-¿Cómo eva­lúas la resis­ten­cia des­de los pri­me­ros momen­tos del gol­pe? ¿Cuá­les fue­ron tra­ba­ja­do­res? ¿Cómo reac­cio­na­ron?

“Sal­vo en La Mone­da, el inten­to de La Legua y algu­nos cona­tos como el nues­tro, no hubo resis­ten­cia mayor al gol­pe que se con­so­li­dó a par­tir de la sor­pre­sa, la rapi­dez y bru­ta­li­dad de las accio­nes (bom­bar­deo a La Mone­da) y la uni­dad de las FFAA.”

-¿Qué pasó con­ti­go?

“Yo regre­se a la zona dos días des­pués a res­ca­tar las armas. Las escon­di­mos y no logra­mos salir de allí, sien­do dete­ni­do jun­to a seis com­pa­ñe­ros. Pasé dos o tres meses dete­ni­do sin que supie­ran quié­nes éra­mos (pasá­ba­mos por dete­ni­dos por toque de que­da), pero final­men­te fue dete­ni­do en Mai­pú uno de los heri­dos del inci­den­te men­cio­na­dos quien me dela­tó. Fui con­de­na­do por Con­se­jo de Gue­rra a 23 años por mis acti­vi­da­des y expul­sa­do del país en 1977 regre­san­do de mane­ra clan­des­ti­na a la lucha en 1979.”

“LA LUCHA DE CLASES ES UNA GUERRA MÁS O MENOS ENCUBIERTA”

¿Cuá­les fue­ron las prin­ci­pa­les debi­li­da­des del MIR y del res­to de la UP ante un gol­pe que cam­bió el orden de las cosas de un país has­ta nues­tros días?

“Debi­li­dad polí­ti­ca: creer que era o es posi­ble un cam­bio revo­lu­cio­na­rio sin vio­len­cia y den­tro de la lega­li­dad. En el caso del refor­mis­mo, no tener nin­gu­na alter­na­ti­va o varia­ble para resis­tir el gol­pe o tra­ba­jo mili­tar de masas (lo que años des­pués ellos lla­ma­rían “el vacío his­tó­ri­co). En el caso del MIR, haber galo­pa­do en dos caba­llos estra­té­gi­cos pero sin asu­mir nin­guno en pro­fun­di­dad: ni gue­rra del pue­blo, ni insu­rrec­ción. Digo esto por­que el par­ti­do se abrió a las masas, per­dió clan­des­ti­ni­dad, se expu­so total­men­te en la varia­ble tra­ba­jo de masas- res­pues­ta insu­rrec­cio­nal, y fue abso­lu­ta­men­te incon­se­cuen­te con su pro­pia estra­te­gia de gue­rra popu­lar.

-¿Cuá­les son tus prin­ci­pa­les apren­di­za­jes como revo­lu­cio­na­rio res­pec­to del gol­pe?

“Lo que ya sabía­mos de ante­mano: que la lucha de cla­ses es una gue­rra más o menos encu­bier­ta, y que levan­tar una polí­ti­ca revo­lu­cio­na­ria sig­ni­fi­ca asu­mir con­se­cuen­te­men­te que se enfren­ta a un poder mili­tar supe­rior y por tan­to que la lucha arma­da debe asu­mir­se con y des­de las masas en una estra­te­gia de acu­mu­la­ción de fuer­zas y de des­gas­te del enemi­go a lar­go pla­zo.”

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