Amuay: el día que el bra­vo pue­blo vol­vió a ven­cer a los per­so­ne­ros de la muer­te- Car­los Aznares

Amuay ya se ha ins­crip­to como uno de los nom­bres del dolor en Lati­noa­mé­ri­ca y el Cari­be. No es la pri­me­ra vez que se pro­du­ce una fuga de gas y la con­si­guien­te cade­na de tan­ques incen­dia­dos en una refi­ne­ría, ni será la últi­ma, por más medi­das de segu­ri­dad que se pue­dan esta­ble­cer. Lo real­men­te lla­ma­ti­vo es que estos hechos suce­den en un momen­to muy espe­cial de la Vene­zue­la Boli­va­ria­na, cuan­do el pro­ce­so que lide­ra Hugo Chá­vez está a pocos días de afron­tar una nue­va y estra­té­gi­ca com­pul­sa elec­to­ral, y la deses­pe­ra­ción opo­si­to­ra, pro­duc­to de lo que mar­can las encues­tas en su con­tra, colo­ca a sus inte­gran­tes en esce­na­rios ultra beligerantes.
Por supues­to que es sos­pe­cho­so este san­grien­to sinies­tro que ha afec­ta­do a la pobla­ción de Fal­cón y a Vene­zue­la toda, regan­do de muer­tos y heri­dos ‑la mayo­ría de ellos per­te­ne­cien­tes a sec­to­res humil­des- un terri­to­rio que puja día a día por salir ade­lan­te a pesar de los cons­tan­tes palos en la rue­da que colo­can los enemi­gos de la Revo­lu­ción. Lla­man pode­ro­sa­men­te la aten­ción, las reac­cio­nes de la opo­si­ción mediá­ti­ca, gene­ran­do dudas, mul­ti­pli­can­do «infor­mes crí­ti­cos», más preo­cu­pa­dos en embes­tir con­tra el Pre­si­den­te Chá­vez que en aten­der el dolor de los per­ju­di­ca­dos por la explo­sión. Se suce­den así, con­sig­nas des­ti­tu­yen­tes, repe­ti­das has­ta el can­san­cio por sus fuen­tes habi­tua­les: Glo­bo­vi­sión y la red de radios y perió­di­cos que abre­van en el enve­ne­na­do dis­cur­so escuá­li­do. La mis­ma hiel que des­ti­lan sus pares inter­na­cio­na­les de la CNN o la cade­na espa­ño­la Prisa.
Así tam­bién, se pudo escu­char a los voce­ros del can­di­da­to Capri­les Radons­ki, hablar de pre­sun­tas «irre­gu­la­ri­da­des» a nivel segu­ri­dad, tra­tan­do de ensu­ciar a la direc­ción actual de PDVSA, o batien­do el par­che sobre ton­te­rías. Como esa que «des­de hace varios meses se regis­tra­ban fuer­tes olo­res a gas en la zona» , algo que es más que común en los alre­de­do­res de cual­quier refi­ne­ría del pla­ne­ta. Inclu­so, se sigue insis­tien­do en que explo­ta­ron esfe­ras de gas, cuan­do las imá­ge­nes que dan la vuel­ta al mun­do mues­tran ‑a pesar de la cam­pa­ña des­in­for­ma­ti­va- que éstas se encuen­tran intactas.
No obs­tan­te, la duda y la men­ti­ra ya están plan­tea­das, y se sabe que el obje­ti­vo últi­mo es gene­rar desa­zón, terror, mie­do. Eso es pre­ci­sa­men­te lo que bus­can los enemi­gos de la Revo­lu­ción, que por otra par­te son los mis­mos que en 2002, en oca­sión del frus­tra­do gol­pe con­tra Chá­vez, sabo­tea­ron y para­li­za­ron la refi­ne­ría de Amuay.
Sin embar­go, el hecho más des­ta­ca­do ‑por lo posi­ti­vo- y que habla de la made­ra que está hecha la socie­dad vene­zo­la­na, es cómo en pocas horas se cons­tru­yó una gigan­tes­ca cade­na de soli­da­ri­da­des. Sobre­sa­le el ejem­plo de los bom­be­ros, no sólo los más cer­ca­nos, sino aqué­llos que lle­ga­ron des­de otros Esta­dos, ins­ta­lán­do­se en el terreno, del día a la noche, man­gue­ra en mano, y ape­lan­do a pro­duc­tos de últi­ma gene­ra­ción para hacer retro­ce­der las lla­mas y tam­bién para «enfriar» los tan­ques, evi­tan­do así males mayo­res. Jun­to a ellos, los tra­ba­ja­do­res petro­le­ros, los mis­mos que en 2002, res­ca­ta­ron la refi­ne­ría del ata­que gol­pis­ta. Hoy estu­vie­ron al pie del cañón, res­tán­do­le tiem­po al sue­ño, arries­gan­do inclu­so sus vidas en las ope­ra­cio­nes de rescate.
Qué decir del pue­blo de Fal­cón y alre­de­do­res, sobre­po­nién­do­se al impac­to de la muer­te y salien­do a pelear la tra­ge­dia como sue­len hacer quie­nes no espe­cu­lan, y están dis­pues­tos a ayu­dar a sus seme­jan­tes en desgracia.
Hay algo más que des­ta­car y que no es muy común a la hora de pro­du­cir­se catás­tro­fes como la de Amuay. Se tra­ta del papel que jue­ga en esta oca­sión el gobierno revo­lu­cio­na­rio, el Esta­do en su con­jun­to, acu­dien­do de inme­dia­to, con todos sus recur­sos. Des­de el minis­tro Rafael Ramí­rez, que ape­nas cono­ci­da la gra­ve­dad de la situa­ción, deci­dió ins­ta­lar­se en el epi­cen­tro de la explo­sión y diri­gir per­so­nal­men­te todos los ope­ra­ti­vos de res­ca­te, has­ta el pro­pio pre­si­den­te Chá­vez, que fiel a su esti­lo de rom­per pro­to­co­los cuan­do se tra­ta de agra­de­cer la leal­tad de su pue­blo, acu­dió a la zona a acer­car su voz de afec­to con los que esta­ban sufriendo.
No es común ver a un pre­si­den­te y sus minis­tros, cuan­do las papa que­man. Menos aún, si se dis­po­nen a gene­rar en las peo­res cir­cuns­tan­cias, un espa­cio de sen­ti­do común y de espe­ran­za. Como es habi­tual, Chá­vez no se que­dó en pro­me­sas, sino que anun­ció accio­nes muy con­cre­tas. Entre ellas, el fon­do de emer­gen­cia de cien millo­nes de bolí­va­res para aten­der las nece­si­da­des de las per­so­nas afec­ta­das por el sinies­tro, y que impli­can pen­sión de por vida para los fami­lia­res de las víc­ti­mas. O la deci­sión de cons­truir 2.000 vivien­das para quie­nes han per­di­do la propia.
En medio de todo este ope­ra­ti­vo de apo­yo, el pre­si­den­te Chá­vez habló mano a mano con su pue­blo, con­vo­cán­do­lo a armar una red de cola­bo­ra­ción que sir­va para abra­zar a los que más sufren. Tam­bién, se acer­có a las muje­res y niños que pre­ci­sa­ban con­sue­lo ante las pér­di­das irre­pa­ra­bles, y les dejó un men­sa­je de alien­to, que les per­mi­tie­ra luchar con­tra la pará­li­sis y la fal­ta de auto-estima.
Fren­te a esta reac­ción del gobierno vene­zo­lano, hacién­do­se pre­sen­te en el lugar y la hora pre­ci­sos, bas­ta recor­dar, por com­pa­ra­ción, lo suce­di­do en otros paí­ses, cuan­do en cir­cuns­tan­cias pare­ci­das, gober­nan­tes indo­len­tes dan la espal­da a sus pue­blos, o son cóm­pli­ces del dra­ma pro­du­ci­do. Allí está el ejem­plo argen­tino de la vola­du­ra de la fábri­ca de armas en la loca­li­dad cor­do­be­sa de Río Ter­ce­ro, en 1995, en pleno gobierno del neo­li­be­ral Car­los Menem. No sólo se pro­du­je­ron muer­tos sino que fue­ron des­trui­das 4.000 vivien­das, pro­duc­to de un auto­aten­ta­do pla­ni­fi­ca­do des­de el pro­pio gobierno para ocul­tar un affai­re de ven­ta de armas a Croa­cia. En esa oca­sión, los fami­lia­res de los falle­ci­dos no tuvie­ron la más míni­ma repa­ra­ción, y por supues­to, quie­nes per­die­ron sus casas, tuvie­ron que ape­lar al esfuer­zo per­so­nal para rear­mar su futu­ro. El Esta­do, como sue­le ocu­rrir con gran fre­cuen­cia, estu­vo ausente.
Ésa y no otra es la gran dife­ren­cia entre quie­nes sien­do polí­ti­cos se man­tie­nen indi­fe­ren­tes o apues­tan a la hipo­cre­sía cuan­do se pro­du­cen hechos como el de Amuay, y el com­por­ta­mien­to que, des­de 1999, lle­va ade­lan­te el pre­si­den­te vene­zo­lano, arri­man­do el hom­bro como uno más y demos­tran­do así que la vida pue­de seguir ven­cien­do a la muer­te. Inclu­so, en las peo­res y más tris­tes circunstancias.

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