Ham­bre o llu­via sobre moja­do- Eduar­do Mon­tes de Oca

No se tra­ta de un déjà vu, esa per­tur­ba­do­ra sen­sa­ción de haber vivi­do con ante­rio­ri­dad un hecho en reali­dad nove­do­so. En lo que pare­ce­ría más bien llu­via sobre moja­do, la FAO aca­ba de adver­tir que la mala cose­cha y el posi­ble aumen­to de la deman­da glo­bal hacen temer un boom infla­cio­nis­ta de los ali­men­tos, el ter­ce­ro en ape­nas cin­co años, lue­go de tres meses de enga­ño­sa caída.

Sin duda, millo­nes de per­so­nas recor­da­rán las pro­tes­tas que esta­lla­ron a fina­les de 2006 en Méxi­co por el brus­co enca­re­ci­mien­to de las tor­ti­llas de maíz. Y ello, como seña­la el ana­lis­ta David Page, cons­ti­tuía solo un pri­mer avi­so de lo por venir. En 2007 y 2008 dis­tur­bios simi­la­res reco­rrie­ron el sudes­te asiá­ti­co, Áfri­ca y Latinoamérica.

En aque­lla oca­sión, todos los fac­to­res posi­bles con­flu­ye­ron en lo que diver­sos exper­tos cali­fi­ca­ron de tor­men­ta per­fec­ta: “Un fuer­te incre­men­to de la deman­da por el cam­bio a mejor de la die­ta de paí­ses super­po­bla­dos como Chi­na e India; una pro­duc­ción ali­men­ta­ria cre­cien­te pero no a los rit­mos nece­sa­rios; la des­via­ción de una par­te impor­tan­te de las cose­chas de cerea­les a la pro­duc­ción de bio­com­bus­ti­bles; la espe­cu­la­ción en el mer­ca­do de futu­ros de com­mo­di­ties ali­men­ta­rias… El resul­ta­do fue que el pre­cio glo­bal de los ali­men­tos casi se dupli­có en unos meses.”

A ini­cios de 2011, en algu­nos ren­glo­nes, par­ti­cu­lar­men­te los cerea­les, se afron­tó otra esca­la­da. Sobre los cul­ti­vos se aba­tie­ron sequías, inun­da­cio­nes; enor­mes incen­dios aso­la­ron a Áfri­ca, Amé­ri­ca Lati­na, Asia y Rusia. Como si no bas­ta­ra, la deman­da resul­tó tiro­nea­da por las eco­no­mías emer­gen­tes, y los inver­so­res tor­na­ron a ins­ta­lar­se en las mate­rias pri­mas del sec­tor en bus­ca de valo­res segu­ros. Segun­da cri­sis en cua­tro años.

La alar­ma sue­na hoy por­que el soco­rri­do Índi­ce de la FAO, que mide las varia­cio­nes men­sua­les de cerea­les, olea­gi­no­sas, lác­teos, car­nes y azú­car, pro­me­dió en julio 213 pun­tos, con un alza de 12 con res­pec­to a junio y una vuel­ta a los nive­les obser­va­dos en abril de 2012. Si bien la situa­ción se com­por­ta toda­vía por deba­jo del récord alcan­za­do en febre­ro de 2011 (238 uni­da­des), deci­di­da­men­te tie­ne ras­gos que la empa­rien­tan con la de 2007 – 2008.

De acuer­do con el orga­nis­mo de las Nacio­nes Uni­das, la peor sequía en la zona cen­tral de los Esta­dos Uni­dos en 56 años ha alen­ta­do los pre­cios del maíz en casi 23 por cien­to, y los del tri­go en cer­ca del 19. Pero el estro­pi­cio cli­má­ti­co no repre­sen­ta “pri­vi­le­gio” de nin­gu­na región. La ausen­cia de pre­ci­pi­ta­cio­nes, que men­guó la reco­gi­da de tri­go en los prin­ci­pa­les paí­ses expor­ta­do­res, ha obli­ga­do a Rusia, Ucra­nia y Kazajs­tán a pre­ver ‑y aler­tar, cla­ro- un des­cen­so para 2013. Ade­más, un mon­zón más débil que el espe­ra­do des­pier­ta la apren­sión de una menor reco­gi­da de arroz y len­te­jas, y el volun­ta­rio­so fenó­meno de El Niño ven­dría a des­bor­dar la copa de los infor­tu­nios, en su pro­nos­ti­ca­do paseo por Asia, Amé­ri­ca Lati­na, África.

Aho­ra, bas­ta que los vati­ci­nios de futu­ras cose­chas sean revi­sa­dos lige­ra­men­te a la men­gua por razo­nes natu­ra­les para que los pre­cios se ensan­chen por cau­sas socia­les. Ten­ga­mos en cuen­ta que gran par­te de la pro­duc­ción resul­ta nego­cia­da bajo la for­ma de con­tra­tos a fecha fija. Y que, como expli­ca con didác­ti­ca cla­ri­dad Ser­ge Fau­veau en la digi­tal Voz Obre­ra, “si los espe­cu­la­do­res anti­ci­pan una baja de la pro­duc­ción en rela­ción con las expec­ta­ti­vas, se lan­zan sobre los con­tra­tos corres­pon­dien­tes”, cuyos pre­cios se pro­yec­tan hacia la com­ba celes­te. “Y la subi­da de los pre­cios esti­pu­la­dos pro­vo­ca­rá tam­bién la subi­da ins­tan­tá­nea de los pre­cios del pro­duc­to aun cuan­do no exis­ta una penu­ria ali­men­ta­ria real.”

Obvia­men­te, en este pan­de­mo­nio sufri­rán el mayor per­jui­cio los más pobres, que en algu­nas zonas del pla­ne­ta pue­den lle­gar a dedi­car el 75 por cien­to de su ren­ta a la com­pra de víve­res, una espe­cie de fron­te­ra hacia la deses­pe­ra­ción y la muer­te, en pala­bras de David Page; y medra­rá, por supues­to, la dece­na de trans­na­cio­na­les que con­tro­la el 85 por cien­to de los inter­cam­bios mundiales.

Pero no yerra el pue­blo cuan­do lo afir­ma, con pro­ver­bial des­en­fa­do. Para­dó­ji­ca­men­te, “lo bueno que tie­ne esto es lo malo que se está ponien­do”. Por­que si por pen­sa­do­res tales Fou­rier, traí­do a cola­ción por Fau­veau, sabe­mos que en el capi­ta­lis­mo la pobre­za nace de la mis­ma abun­dan­cia, por Marx cono­ce­mos el arma con que se supe­ran las con­tra­dic­cio­nes, con que se revier­ten las cir­cuns­tan­cias. Con que se obra el “mila­gro” de los ali­men­tos para todos. Que así sea.

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