Los con­de­na­dos del GAL han cum­pli­do de media un 5% de la con­de­na impues­ta- Esinformación

El señor del perri­to, es el ex-gene­ral Galin­do, con­de­na­do a 71 años por atro­ces déli­tos como secues­tro, tor­tu­ra y ase­si­na­tos, y que de los 71 años impues­tos sólo cum­plió 4, por «pro­ble­mas de salud». Le vemos muy mejo­ra­do de sus pro­ble­mas de salud y dis­fru­tan­do de una jubi­la­ción plá­ci­da y sin pro­ble­mas legales

Domin­go 12 de sep­tiem­bre de 2010. El pre­so polí­ti­co vas­co Jon Bil­bao Moro recu­pe­ra la liber­tad tras casi 29 años. Pese a que le corres­pon­día por ley haber­la recu­pe­ra­do en 2002,la excep­ción peni­ten­cia­ria –de la doc­tri­na Parot a una cade­na per­pe­túa nada encu­bier­ta– se ensa­ñó con­tra él, que ha cum­pli­do la con­de­na más lar­ga en un con­flic­to con dema­sia­do sufri­mien­to acu­mu­la­do por todas par­tes y que toda­vía hoy acu­mu­la 740 pre­sos, 570 en pri­sio­nes espa­ño­las. Sín­to­ma des­nu­do de con­flic­to irre­suel­to, Bil­bao Moro fue dete­ni­do en 1982 –como recor­da­ba enton­ces el edi­to­rial de Gara– cuan­do Rubal­ca­ba era más atle­ta que polí­ti­co, Zapa­te­ro no era más que un estu­dian­te de Dere­cho leo­nés y Patxi Lòpez ape­nas se afi­lia­ba a las Juven­tu­des Socia­lis­tas. El 23‑F tan sólo aca­ba­ba de pasar.

Si la repre­sión siem­pre dua­li­za y la inqui­si­ción ejem­pli­fi­ca, mal acom­pa­ña­da por el silen­cio de su impu­ni­dad, se podría decir que esa sór­di­da reali­dad peni­ten­cia­ria ha ido siem­pre aca­lla­da, mal acom­pa­ña­da, por el muro estric­to de la pren­sa espa­ño­la duran­te los últi­mos 30 años. Más pró­xi­mo en el tiem­po, en el verano de 2010, los baro­nes de la caver­na qui­sie­ron insis­tir en que toda­vía que­da­ban sin escla­re­cer 11 de las muer­tes –de un total de 850– cau­sa­das por ETA. Deon­to­lo­gía rota y rigor hecho añi­cos, nin­guno de los medios qui­so aña­dir que de los 27 ase­si­na­tos por la tra­ma de terro­ris­mo de Esta­do que fue­ron los GAL, toda­vía que­da­ban –toda­vía que­dan– 22 muer­tes por escla­re­cer. 22 muer­tes que –a dife­ren­cia de las 11– ni siquie­ra se inves­ti­gan. Pues­tos a olvi­dar, olvi­da­ban tam­bién mati­zar que en los pocos casos par­cial­men­te resuel­tos del GAL –seis suma­rios con sólo dos con­de­nas rele­van­tes– el cum­pli­mien­to de la con­de­na fue ínfi­mo o sen­ci­lla­men­te ridícu­lo: de una con­de­na de 75 años por el ase­si­na­to en cal viva de Lasa y Zaba­la, el gene­ral Galin­do sólo cum­plió cua­tro (un 5% de la pena impues­ta), otor­gán­do­se­le a la sali­da escol­ta poli­cial ofi­cial per­ma­nen­te por “su espe­cial impli­ca­ción en la lucha anti­te­rro­ris­ta”. «Razo­nes huma­ni­ta­rias» adu­jo enton­ces Mer­ce­des Galli­zo, màxi­ma res­pon­sa­ble de la polí­ti­ca peni­ten­cia­ria española.

Julen Elo­rria­ga, dele­ga­do del gobierno socia­lis­ta en Gui­púz­coa, con­de­na­do tam­bién a 75 años en la mis­ma cau­sa, cum­plió «ínte­gra­men­te» un 3% de la con­de­na: 19 meses esca­sos de los 900 a los que fue con­de­na­do. Sumar y seguir por el abis­mo de la deri­va de la inmu­ni­dad impu­ne, en 2002, los ase­si­nos mate­ria­les de Lasa y Zaba­la, los guar­dias civi­les del gru­po espe­cial AT1 de Intxau­rron­do Dora­do Villa­lo­bos y Bayo Leal, ya dis­fru­ta­ban a todo tra­po del ter­cer gra­do: sólo 6 años tras haber sido con­de­na­dos acum­plir 71. Des­pués nun­ca supi­mos nada más; antes, empe­ro, si: pre­vio a su expul­sión de la Guar­dia Civil en apli­ca­ción de sen­ten­cia, les fue con­ce­di­da una pen­sión vita­li­cia. Ova­ción cerra­da, téc­ni­co-eco­nó­mi­ca, del horror al terror. De Esta­do. Esca­sas voces han recor­da­do que, hoy por hoy, de los GAL, sólo que­da un jui­cio pen­dien­te –con­tra el comi­sa­rio Miguel Plan­chue­lo, por los aten­ta­dos con­tra los bares Batxo­ki y Con­so­la­tion – , dón­de la fis­ca­lía y el abo­ga­do del Esta­do de Derecha(s) exi­gie­ron… la libre abso­lu­ción. Cómo así fue.

Mien­tras tan­to, por si fue­ra poco, el esta­do no cesa­ba en sus accio­nes ofen­si­vas: se prohí­ben mani­fes­ta­cio­nes en defen­sa de los dere­chos polí­ti­cos –con­vo­ca­das, voi­là, por el excon­se­je­ro de jus­ti­cia del últi­mo gobierno Iba­rretxe – , aumen­tan las deten­cio­nes polí­ti­cas y el PSOE anun­cia una nue­va refor­ma elec­to­ral para exten­der la som­bra de la pros­crip­ción y evi­tar que EA con­cu­rra a las elec­cio­nes con la izquier­da aber­tza­le. Una con­cu­rren­cia que, cla­ro está, aca­ba­ría con el gobierno más anó­ma­lo de la UE, sus­ten­ta­do exclu­si­va­men­te sobre el apartheid, como míni­mo, del 15% del elec­to­ra­do y posi­bi­li­ta­do úni­ca­men­te por la apli­ca­ción, manu mili­ta­ri y via Audien­cia Nacio­nal, de la Ley de Partidos.

Y es que si el gene­ral Galin­do toda­vía tie­ne quien le escri­ba, la impu­ni­dad tam­bién tie­ne quién la mida. Bil­bao Moro entra­ba en pri­sión tras un 23F del que nin­guno de los con­de­na­dos cum­plió jamás ínte­gra­men­te la con­de­na. Aque­llos suble­va­dos cobran hoy –hoy, aho­ra, aquí– una ele­va­da pen­sión mili­tar, trie­nios incluí­dos, de 1.800 euros men­sua­les de media. Por haber inten­ta­do tum­bar “la joven demo­cra­cia espa­ño­la” no está nada mal, diría Pino­chet. Apo­ría del tiem­po y, tam­bién y cla­ro está, apo­ría finan­cie­ra. De un frau­de cotidiano.

Con­tra el récord de 12.467 días de pri­sión cum­pli­dos por Jon Bil­bao –mayo­ri­ta­ria­men­te en pri­mer gra­do y en régi­men de ais­la­mien­to– que­da, en la otra cara de la mone­da, el doble rase­ro de la impu­ni­dad; el record anto­ló­gi­co, his­tó­ri­co y olím­pi­co de la impu­ni­dad de los con­de­na­dos por los GAL. José Barrio­nue­vo, Rafael Vera, Miguel Plan­chue­lo, Julián San­cris­tó­bal y el socia­lis­ta Ricar­do Gar­cía Dam­bo­re­nea ingre­sa­ron en la pri­sión el 30 de mayo de 2001 con­de­na­dos por un secues­tro, el de Segun­do Marey, que cons­ti­tu­yó la pri­me­ra acción de los GAL.

Todos ellos entra­ron el 30 de mayo de 2001. Salie­ron sólo 10 horas des­pués, cuan­do ten­drían que haber sali­do en 2011, 10 años des­pués. Ver­bri­gra­cia repre­si­va: alguien con­fun­dió 10 años por 10 horas. Entra­ron un 30 de mayo de 2001 para salir, 600 minu­tos de cal­va­rio peni­ten­cia­rio, por la mis­ma puer­ta por don­de habían entra­do el mis­mo día. Tras diez estric­tas horas de paso por pri­sión. El horror del poder siem­pre tien­de al auto­in­dul­to y es inusual­men­te pun­tual. Pero sólo dos meses des­pués de aque­lla excar­ce­la­ción exprés, en agos­to de 2001, su víc­ti­ma, Segun­do Marey, moría en Bayo­na: afec­ta­da por un mal cró­ni­co y un des­alien­to permanente.

Que alguien se lo expli­que hoy, más de 30 años des­pués, a Rubal­ca­ba. O a Rajoy. O a Zapa­te­ro. O a Patxi López. O a Pedro J. O al mun­do entero.

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