Infor­ma­ción sobre el esta­do de salud de Iosu Uri­betxe­ba­rria, ingre­sa­do en el Hos­pi­tal de Donos­tia

Josu se some­te­rá a par­tir del pró­xi­mo lunes a las prue­bas pre­vias para deci­dir si se some­te a las sesio­nes de radio­te­ra­pia holo­cra­neal para tra­tar el cán­cer. comen­za­rá a reci­bir radio­te­ra­pia holo­cra­neal a par­tir del lunes que vie­ne. Por otro lado, no es fácil valo­rar cómo le han afec­ta­do los 15 días de huel­ga de ham­bre; hay que tener en con­di­de­ra­ción que Josu cuen­ta con un úni­co riñón, a raiz de la nefrec­to­mía rea­li­za­da en 2005, cuan­do se le detec­tó el car­ci­no­ma renal. Al tener un úni­co riñón, éste debe de tra­ba­jar más de lo habi­tual a la hora de eli­mi­nar las toxi­nas. Ade­más, hay que tener en cuen­ta la extre­ma debi­li­dad del cuer­po tras tan­tos días de ayuno: las defen­sas del orga­nis­mo bajan con­si­de­ra­ble­men­te, con el con­si­guien­te ries­go de empeo­ra­mien­to para una per­so­na con metás­ta­sis can­ce­rí­ge­nas. Antes de comen­zar la huel­ga de ham­bre el tama­ño de los tumo­res malig­nos había aumen­ta­do con­si­de­ra­ble­men­te des­de su tras­la­do des­de el hos­pi­tal de León.

En efec­to, de no con­tro­lar­se rápi­da­men­te este tipo de metás­ta­sis se corre el ries­go de ace­le­ra­mien­to del pro­ce­so letal. Como ya se indi­ca en el infor­me médi­co, exis­te úni­ca­men­te un 10% de pro­ba­bi­li­da­des de que este tipo de enfer­mos sobre­vi­va al año de la detec­ción de la enfer­me­dad. Y no debe­mos de olvi­dar las cir­cuns­tan­cias expre­sas de la situa­ción de Josu: pre­so duran­te 15 años y con 56 años de edad. Evi­den­te­men­te, la pri­sión mis­ma es un fac­tor estre­san­te que influ­ye deci­si­va­men­te en el desa­rro­llo de esta enfer­me­dad.

En lo rela­ti­vo a su tra­ta­mien­to, no es fácil pre­ver cómo le podrán afec­tar las sesio­nes de radio­te­ra­pia en la zona cra­neal. Para empe­zar, a par­tir de las prue­bas que se le efec­túen con ante­rio­ri­dad a las posi­bles sesio­nes de radio­te­ra­pia se valo­ra­rá su situa­ción real a la hora de reci­bir este tra­ta­mien­to. Es posi­ble que le haya afec­ta­do la huel­ga de ham­bre, pero habrá que espe­rar a los resul­ta­dos de dichas prue­bas. La radio­ci­ru­gía sería otro tipo de de tra­ta­mien­to, pero hay que con­si­de­rar tam­bién el ries­go de una gra­ve infa­ma­ción agu­da, lo que afec­ta­ría gra­ve­men­te a nivel de cere­be­lo.

El diag­nós­ti­co de Josu es real­men­te gra­ve. El infor­me médi­co habla de metás­ta­sis múl­ti­ples a nivel cra­neal de ori­gen renal, y de un nódu­lo pul­mo­nar maligno de ori­gen no pre­ci­sa­do de momen­to. Todo ello con­se­cuen­cia de un pro­ce­so can­ce­rí­geno que se ha ido desa­rro­llan­do duran­te los últi­mos años. La lesión pul­mo­nar apa­re­ce ya en 2005, pero no esta­ba desa­rro­lla­da: ha ido aumen­tan­do pro­gre­si­va­men­te has­ta los 18,5 mm actua­les. Los tumo­res cra­nea­les, en cam­bio, se le detec­ta­ron estos últi­mos dos meses, tras pade­cer Josu dolo­res de cabe­za per­sis­ten­tes. Se le detec­ta­ron dos nódu­los malig­nos mayo­res, de 14 y 10 mm res­pec­ti­va­men­te, y otro de 8 mm. Pero des­de su detec­ción han segui­do aumen­tan­do de tama­ño.

En estas con­di­cio­nes, la situa­ción de pri­va­ción de liber­tad no es la ade­cua­da para un pacien­te con una enfer­me­dad de carac­te­rís­ti­cas tan gra­ves. Si en la calle exis­te un ries­go de reci­di­va de esta enfer­me­dad, es evi­den­te que en pri­sión se aumen­ta el ries­go debi­do a los con­di­cio­nan­tes pro­pios de la cár­cel: con­di­cio­nes higié­ni­cas, ten­sión, posi­bles defi­cien­cias en la asis­ten­cia. En este caso, a Josu se le detec­tó un tumor en el riñón izquier­do a prin­ci­pios de 2005. En 2006, en la peti­ción de liber­tad con­di­cio­nal al juez por su con­di­ción de enfer­mo gra­ve, se adjun­tó un infor­me médi­co don­de se inci­día en el ries­go que pre­sen­ta­ba dicha enfer­me­dad en el caso con­cre­to de Josu Uri­betxe­ba­rria: estu­dios cien­tí­fi­cos obje­ti­vos adver­tían que la tasa de super­vi­ven­cia en casos de ante­ce­den­tes de tumor de riñón en una per­so­na de su edad (50 años) a 2 años es del 51%, con alto ries­go de reci­di­va de la enfer­me­dad. Ade­más, este tipo de enfer­me­dad pre­ci­sa de un con­trol médi­co y radio­ló­gi­co muy pre­ci­so, no garan­ti­za­do por su situa­ción peni­ten­cia­ria. El juez des­es­ti­mó la peti­ción, a pesar de que la pro­pia legis­la­ción peni­ten­cia­ria reco­ge la posi­bi­li­dad de la apli­ca­ción de la liber­tad con­di­cio­nal en casos de enfer­me­da­des gra­ves e incu­ra­bles. La evo­lu­ción pos­te­rior de su situa­ción sani­ta­ria ha corro­bo­ra­do con cre­ces el ries­go anun­cia­do. Así, en las revi­sio­nes y prue­bas rea­li­za­das estos últi­mos años se le detec­ta­ron diver­sas alte­ra­cio­nes que han dado como resul­ta­do su situa­ción actual: la apa­ri­ción de un nódu­lo pul­mo­nar que había aumen­ta­do pro­gre­si­va­men­te y una impor­tan­te lesión en la cabe­za, un aneu­ris­ma en el tron­co veno­so bra­quio­ce­fá­li­co izquier­do. En julio de 2012 le diag­nos­ti­ca­ron un nódu­lo maligno en pul­món (lesión detec­ta­da ya en 2005, según el infor­me médi­co) y metás­ta­sis múl­ti­ples en cere­be­lo y otras zonas cra­nea­les. Ante la gra­ve­dad de su situa­ción es evi­den­te que esta per­so­na debe­ría de estar en liber­tad y en con­di­cio­nes de reci­bir con garan­tías un tra­ta­mien­to estric­to de su enfer­me­dad.

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