La inter­ven­ción bue­na y la mala- Julen Arzua­ga

Engri­lle­ta­dos al Rei­no de Espa­ña, com­par­ti­mos la madre de todas las cri­sis. Un esta­do inter­ve­ni­do, moni­to­ri­za­do, res­ca­ta­do ‑par­cial o total­men­te- o como se quie­ra pre­sen­tar. La pose de con­trol no es com­pa­ti­ble con la plé­ya­de de órde­nes, direc­ti­vas y memo­rán­dums bien car­ga­di­tos de con­di­cio­nes que se impo­nen des­de todo tipo de ins­ti­tu­cio­nes u órga­nos inter­na­cio­na­les. Agen­cias esta­dou­ni­den­ses (Oli­ver Wyman, Deloit­te…), ale­ma­nas (Roland Ber­ger), holan­de­sas (KPMG) o bri­tá­ni­cas (PwC y Ernst & Young) pulu­lan dan­do lec­cio­nes sobre cómo Espa­ña tie­ne que hin­car codos para hacer sus debe­res finan­cie­ros. No hay día en que ins­ti­tu­cio­nes euro­peas no diag­nos­ti­quen heca­tom­bes en los mer­ca­dos si no se cum­plen sus encar­gos. Ter­ce­ros esta­dos mar­can la agen­da eco­nó­mi­ca espa­ño­la, sin que nadie denun­cie la inje­ren­cia.

La man­se­dum­bre con que espa­ña ‑cada vez más en minús­cu­las- acep­ta la intru­sión inter­na­cio­nal en mate­ria finan­cie­ra y eco­nó­mi­ca, con­tras­ta con su beli­co­sa reac­ción a acep­tar la vigi­lan­cia inter­na­cio­nal en otro ámbi­to tam­bién en cri­sis sis­té­mi­ca: el de los dere­chos huma­nos. Pue­den acep­tar que el direc­tor del Ban­co de Espa­ña y todos los minis­tros de eco­no­mía y finan­zas y sus ase­so­res se con­fun­dían un día sí y otro tam­bién. Pero la acción de poli­cías, minis­tros de Inte­rior y toga­dos con tirón de sisa a la dere­cha era impe­ca­ble e infa­li­ble. Hete aquí la agria reali­dad que ocul­tan con una obse­si­va prác­ti­ca de nega­ción.

Una de las más impor­tan­tes obli­ga­cio­nes que el Rei­no de Espa­ña sus­cri­bió con la fir­ma de acuer­dos y tra­ta­dos inter­na­cio­na­les que remo­za­ran su des­con­cha­da facha­da auto­ri­ta­ria con­sis­tía en algo tan sim­ple como actuar con niti­dez ante los órga­nos inter­na­cio­na­les de moni­to­reo de dere­chos huma­nos. Niti­dez en tres ámbi­tos. Un pri­me­ro, mos­trán­do­les la reali­dad tal y como es. Un segun­do, pre­sen­tan­do al públi­co las reco­men­da­cio­nes y ‑si cabe- las crí­ti­cas de estos orga­nis­mos. Un ter­ce­ro, mos­tran­do proac­ti­vi­dad en aten­der sus reque­ri­mien­tos. Sin embar­go, el Esta­do espa­ñol ha actua­do con un impo­nen­te ceda­zo: lo poco asu­mi­ble pasa la cri­ba, que­dan­do sobre la malla las múl­ti­ples crí­ti­cas de más grue­so cali­bre.

Uno de los ejem­plos más dolo­ro­sos de la dene­ga­ción de trans­pa­ren­cia es la acti­tud espa­ño­la ante el Comi­té para la Pre­ven­ción de la Tor­tu­ra (CPT). Este órgano rea­li­za visi­tas a los Esta­dos miem­bros para des­pués ela­bo­rar un infor­me con sus hallaz­gos y reco­men­da­cio­nes. Infor­me con­fi­den­cial que su des­ti­na­ta­rio deci­di­rá cuán­do hacer públi­co. Feli­pe Gon­zá­lez mos­tró el talan­te con que actua­rían. Aca­ba­ba de per­der las elec­cio­nes gene­ra­les y, ocu­pan­do el gobierno en fun­cio­nes, dejó a su suce­sor, José María Aznar, el rega­lo enve­ne­na­do: le pasa­ba aquel infor­me que había rea­li­za­do el Comi­té cin­co años antes, para que el jefe del PP lo hicie­ra públi­co y tuvie­ra que tra­gar­se las ace­ra­das crí­ti­cas del orga­nis­mo euro­peo. Apren­di­do el ardid, Zapa­te­ro mar­chó sin hacer públi­co el infor­me rela­ti­vo a junio de 2011 que espe­ra a que Rajoy encuen­tre el mejor momen­to para sacar­lo a la luz. Espe­re­mos sen­ta­dos a lo que ya lle­ga dema­sia­do tar­de, por­que mien­tras otra dele­ga­ción del CPT ya ha hecho una nue­va visi­ta al Rei­no de Espa­ña, con fecha de junio de 2012.

A la acu­mu­la­ción de infor­mes secues­tra­dos se aña­den otras deci­sio­nes a las que no se pue­de poner sor­di­na. Des­de el flan­co judi­cial Euro­peo, Espa­ña ha sido con­de­na­da recien­te­men­te y con el tras­fon­do vas­co por la fal­ta de inves­ti­ga­ción de los casos de tor­tu­ra de Aritz Beris­tain y Mikel San Argi­mi­ro. El TEDH no duda en que la Jus­ti­cia espa­ño­la no aten­dió las denun­cias inter­pues­tas por ellos. Una sen­ten­cia más con­de­na­ba a Espa­ña por vio­lar la liber­tad de opi­nión de Arnal­do Ote­gi, quien, con tino, había ase­gu­ra­do que el rey era el jefe de los tor­tu­ra­do­res.

Des­de el Esta­do se ha que­ri­do qui­tar la impor­tan­te dimen­sión de estos casos, ya que comen­za­ban a mar­car una pau­ta. Casos que sí empie­zan a hacer­se eco en los tri­bu­na­les inter­nos. El Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal se ha vis­to obli­ga­do a reco­no­cer esa fal­ta de acción de los órga­nos judi­cia­les infe­rio­res ‑casos de Mikel Soto, Sara Maja­re­nas; el últi­mo, Rubén Villa- por­que le es pre­fe­ri­ble des­au­to­ri­zar­los, pero tenien­do el expe­dien­te cubier­to ante Euro­pa. El TC exi­ge a los juz­ga­dos espa­ño­les mos­trar un míni­mo de dili­gen­cia, soli­ci­tán­do­les que reali­cen algu­na actua­ción de inves­ti­ga­ción de apa­ño, aun­que sea para aca­bar en la mis­ma vía muer­ta. Mejor hacer la plan­ta que ver­se seña­la­do por el dedo acu­sa­dor del TEDH.

No solo el euro­peo es el late­ral des­de don­de se lan­zan los cór­ners con­tra la por­te­ría espa­ño­la. El Comi­té Con­tra la Tor­tu­ra, órgano que ema­na de la Con­ven­ción de Nacio­nes Uni­das con­tra ese tra­to, ha eva­lua­do como feha­cien­tes las denun­cias par­ti­cu­la­res inter­pues­tas por Enkar­ni Blan­co ‑por fal­ta de investigación‑, Kepa Urra ‑por el indul­to a sus torturadores‑, Josu Arkauz ‑diri­gi­da con­tra Fran­cia por su entre­ga a la tor­tu­ra a manos espa­ño­las- o, más recien­te­men­te, el caso de Orkatz Gallas­te­gi, por el que nue­va­men­te se con­de­na a Espa­ña por no inves­ti­gar las tor­tu­ras duran­te las cua­les se le arran­ca­ron auto­in­cri­mi­na­cio­nes que des­pués lo con­du­je­ron a des­co­mu­na­les penas de pri­sión. Es más que una mera hipó­te­sis que hoy per­ma­nez­can en pri­sión per­so­nas que no son auto­ras de los hechos por los que fue­ron cas­ti­ga­das. Pero es un deta­lle sin impor­tan­cia para la jus­ti­cia que no quie­re inves­ti­gar la tor­tu­ra, por­que se sopor­ta en ella.

Pues bien, el Esta­do espa­ñol, que lesio­nó artícu­los de la Con­ven­ción con­tra la Tor­tu­ra, no ha cum­pli­do con nin­guno de los reque­ri­mien­tos impues­tos por el Comi­té de las Nacio­nes Uni­das en los ante­rio­res casos.

Algo muy simi­lar a lo que ase­gu­ran harán en res­pues­ta a la sen­ten­cia con­tra la deno­mi­na­da por unos «doc­tri­na Parot» o de «cade­na per­pe­tua» por otros, en su apli­ca­ción a Inés del Río, de resul­ta­do cono­ci­do. El minis­tro de Inte­rior se nie­ga a poner­la en liber­tad anun­cian­do pro­ce­lo­sos recur­sos. Otros, como el minis­tro de Jus­ti­cia, Alber­to Ruiz-Gallar­dón, o el Gobierno de Nafa­rroa coin­ci­den miran­do hacia otra par­te. Con esta acti­tud, rein­ci­den en la con­de­na rea­li­za­da por el Tri­bu­nal Euro­peo de Dere­chos Huma­nos, que obli­ga al Esta­do a «ase­gu­rar la pues­ta en liber­tad de la requi­ren­te sin dila­ción».

Apun­te­mos, para com­ple­tar el cua­dro, la acti­tud que el Gobierno espa­ñol (y el fran­cés) han mos­tra­do ante ini­cia­ti­vas inter­na­cio­na­les de veri­fi­ca­ción del cese de la acción de ETA y de medi­das que podrán coad­yu­var a un esce­na­rio de paz abso­lu­ta y defi­ni­ti­va.

Un sis­te­ma, en con­clu­sión, que se pres­ta al moni­to­reo de cier­tos orga­nis­mos inter­na­cio­na­les mien­tras que pre­fie­ren ocul­tar­se ante otros. Una inter­ven­ción bue­na que, ante la expec­ta­ti­va de que trai­ga dine­ro, se acep­ta, mien­tras que otra que pue­de traer liqui­dez demo­crá­ti­ca en for­ma de sal­va­guar­da de dere­chos y liber­ta­des fun­da­men­ta­les, se recha­za con uñas y dien­tes. Una inter­ven­ción mal veni­da. Un aspec­to más a unir a la lis­ta de sóli­das razo­nes para no per­te­ne­cer a un esta­do en quie­bra de valo­res demo­crá­ti­cos.

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