La tra­ma gol­pis­ta en Para­guay- Luis­mi Huar­te

La des­ti­tu­ción ‘exprés’ del pre­si­den­te para­gua­yo Fer­nan­do Lugo por par­te del Con­gre­so el pasa­do 22 de junio, mos­tró de mane­ra vio­len­ta y des­car­na­da la sober­bia y la pre­po­ten­cia de los que nun­ca deja­ron de man­dar en el país. Des­pués de más de una vein­te­na de ame­na­zas de jui­cio polí­ti­co a lo lar­go de estos cua­tro años de man­da­to, final­men­te ter­mi­na­ron con­su­man­do el gol­pe par­la­men­ta­rio.

El gol­pis­mo y la pre­po­ten­cia que­dan en evi­den­cia cuan­do revi­sa­mos los “moti­vos de su des­ti­tu­ción”, ya que una de las 5 razo­nes para defe­nes­trar­lo fue haber fir­ma­do el Pro­to­co­lo de Ushuaia en el año 2011, que es un ins­tru­men­to jurí­di­co del que se dotó Mer­co­sur a favor de la demo­cra­cia y con­tra los gol­pes de Esta­do, sin duda algu­na tenien­do en men­te el recien­te gol­pe de Hon­du­ras de 2009. Es decir, el Con­gre­so des­ti­tu­ye a Lugo, entre otras razo­nes, por fir­mar pro­to­co­los con­tra los gol­pes de Esta­do en la región. La dife­ren­cia con Hon­du­ras, como muy sar­cás­ti­ca­men­te con­fe­só el ex vice­pre­si­den­te Fran­co, hoy pre­si­den­te de fac­to, es que “a Zela­ya se lo lle­va­ron de su casa, por la noche y en pija­ma”.

La arma­du­ra del poder. ¿Cómo es posi­ble que en 24 horas expul­sen a un gobierno elec­to? ¿Quié­nes con­for­man la tra­ma gol­pis­ta? En pri­mer lugar, hay que recor­dar que el gobierno de Lugo era una ano­ma­lía en la estruc­tu­ra del poder real­men­te exis­ten­te en Para­guay y por lo tan­to un ele­men­to inde­sea­ble para los pode­res fác­ti­cos y su pro­yec­to his­tó­ri­co, a pesar de su per­fil mode­ra­do.

La ima­gen del table­ro polí­ti­co era la de un gobierno débil y exce­si­va­men­te hete­ro­gé­neo (des­de la izquier­da mar­xis­ta has­ta la dere­cha libe­ral) fren­te a una estruc­tu­ra de poder sóli­da y arrai­ga­da en el tiem­po, que había deci­dió arti­cu­lar­se para expul­sar al intru­so del pala­cio.

El arrai­go socio­ló­gi­co del bipar­ti­dis­mo oli­gár­qui­co de colo­ra­dos y libe­ra­les es uno de los ele­men­tos cla­ves para com­pren­der la faci­li­dad con la que el Con­gre­so ha con­su­ma­do el gol­pe. Los dos par­ti­dos que se han repar­ti­do el poder polí­ti­co des­de el año 1880 al 2008 (casi 130 años) con­ti­núan sien­do los dos par­ti­dos mayo­ri­ta­rios, con alre­de­dor del 75% de los con­gre­sis­tas. Si a esto suma­mos, los repre­sen­tan­tes de los otros dos par­ti­dos de dere­cha, UNACE (esci­sión colo­ra­da por la dere­cha) y Patria Que­ri­da (dere­cha “moder­na”), lle­ga­mos a un 95%, con lo que la izquier­da apa­re­ce como un mero acci­den­te por­cen­tual. Las vie­jas redes clien­te­la­res rura­les y urbano-mar­gi­na­les siguen sien­do suma­men­te efec­ti­vas a la hora de movi­li­zar elec­to­ral­men­te a las masas, para ase­gu­rar la domi­na­ción polí­ti­ca de los par­ti­dos de la oli­gar­quía. Las últi­mas elec­cio­nes depar­ta­men­ta­les y muni­ci­pa­les de 2010 (2 años y medio des­pués de la vic­to­ria de Lugo) lo corro­bo­ran, ya que el bipar­ti­dis­mo copó 16 de las 17 gober­na­cio­nes y más de un 95% de las alcal­días. En este con­tex­to, la vic­to­ria de Lugo en abril de 2008, que sin duda era refle­jo de un deseo de cam­bio, cho­ca fron­tal­men­te con­tra una estruc­tu­ra polí­ti­ca oli­gár­qui­ca toda­vía muy enrai­za­da.

Este con­trol abso­lu­to del Poder Legis­la­ti­vo por par­te de los dife­ren­tes gru­pos de la dere­cha, duran­te tan­tos años, ha posi­bi­li­ta­do reali­da­des tan inau­di­tas como que toda­vía no se pague impues­to sobre la ren­ta y que redu­je­ran hace unos años el impues­to empre­sa­rial del 30 al 10%. Todo un plan­tel fun­cio­nal para los autén­ti­cos deten­ta­do­res del poder, la red empre­sa­rial que ins­pi­ró, alen­tó y pos­te­rior­men­te jus­ti­fi­có la expul­sión de Lugo.

¿Quié­nes son? Los diver­sos gru­pos de poder eco­nó­mi­co en Para­guay han juga­do un papel cen­tral en el gol­pe y serán, en con­se­cuen­cia, los gran­des bene­fi­cia­dos. Por una par­te, tene­mos a la ran­cia oli­gar­quía terra­te­nien­te, que se enri­que­ció en gran medi­da gra­cias al expo­lio de tie­rras que se pro­du­jo en la dic­ta­du­ra stro­nis­ta (1954−1989), que se arti­cu­la y se mime­ti­za con el pujan­te agro-nego­cio de expor­ta­ción de soja y de car­ne de vacuno. En alian­za con estos, la pre­sen­cia del oli­go­po­lio trans­na­cio­nal de agro­tó­xi­cos y semi­llas trans­gé­ni­cas es cada vez más fuer­te, prin­ci­pal­men­te de Mon­san­to y Car­gill. Diver­sos ana­lis­tas, apun­tan a estas dos cor­po­ra­cio­nes como par­tes inte­gran­tes de la tra­ma gol­pis­ta. A su vez, hay que seña­lar la impor­tan­cia de los bra­si­gua­yos, más de 350.000 colo­ni­za­do­res de tie­rras de ori­gen bra­si­le­ño (más de un 5% de los habi­tan­tes de Para­guay) que tie­nen el con­trol de fac­to de una par­te de las tie­rras fron­te­ri­zas con Bra­sil y que hoy día son nue­vos terra­te­nien­tes con un gran poder de influen­cia, tan­to en Asun­ción como en Bra­si­lia.

Los gre­mios empre­sa­ria­les que los defien­den, fun­da­men­tal­men­te la retró­gra­da Aso­cia­ción Rural del Para­guay (ARP), jun­to al repre­sen­tan­te de la pro­to-bur­gue­sía indus­trial para­si­ta­ria del país, la Unión Indus­trial Para­gua­ya (UIP), rápi­da­men­te emi­tie­ron decla­ra­cio­nes favo­ra­bles a la des­ti­tu­ción de Lugo y a la impo­si­ción de Fran­co. Sin nin­gún tipo de fil­tro dis­cur­si­vo se jac­ta­ron de que el nue­vo admi­nis­tra­dor del Esta­do, F. Fran­co, sería mucho más obe­dien­te a los dic­ta­dos del capi­tal.

A esta mara­ña de pode­res fác­ti­cos hay que sumar a los nar­co­tra­fi­can­tes, a los que el difun­to Tomas Palau ‑como siem­pre muy agu­do- les otor­ga­ba una rele­van­cia cre­cien­te. De hecho, el pre­can­di­da­to más impor­tan­te del Par­ti­do Colo­ra­do, Hora­cio Car­tés, está acu­sa­do de ser miem­bro del nar­co y en estos días ha sido seña­la­do como uno de los prin­ci­pa­les arqui­tec­tos del gol­pe con­tra Lugo. El círcu­lo se cie­rra con los gran­des medios de comu­ni­ca­ción empre­sa­rial, que en la últi­ma sema­na han ejer­ci­do de voce­ros del gol­pis­mo. Entre ellos, el direc­tor del reac­cio­na­rio perió­di­co ABC Color, Aldo Zuco­li­llo, un per­so­na­je oscu­ro que sigue uti­li­zan­do el clá­si­co dis­cur­so anti­co­mu­nis­ta de hace 50 años, ha juga­do un papel cen­tral. Su dia­rio ha ins­ti­ga­do repe­ti­da­men­te al gol­pe de Esta­do duran­te los 4 años de man­da­to de Lugo, con abso­lu­ta impu­ni­dad, deli­to que en otros paí­ses le hubie­ra supues­to una visi­ta pro­lon­ga­da a la cár­cel.

¿Pará qué? El gol­pe cum­ple varios obje­ti­vos. Por una par­te, deja al Fren­te Gua­su, coa­li­ción de par­ti­dos de izquier­da que acom­pa­ña­ba a Lugo, fue­ra de las fuen­tes de finan­cia­ción prin­ci­pal: las arcas del Esta­do. Hay que tener en cuen­ta que las pre­si­den­cia­les serán en abril de 2013. Por otra par­te, se des­ha­ce de un Eje­cu­ti­vo que aun­que era nota­ble­men­te tibio, no repre­sen­ta­ba cabal­men­te sus intere­ses. Y lo más impor­tan­te, inten­ta cerrar por la vía auto­ri­ta­ria un pro­ce­so de cam­bio que tras­cien­de al gobierno y que había abier­to espa­cios de demo­cra­ti­za­ción y acu­mu­la­ción de fuer­zas popu­la­res, nun­ca vis­tos en Para­guay.

Men­sa­je con­ti­nen­tal. Los gol­pis­tas, pre­me­di­ta­da­men­te o no, han envia­do tam­bién un men­sa­je a la región, al incluir la fir­ma del Pro­to­co­lo de Ushuaia como un moti­vo para la des­ti­tu­ción de Lugo. Se con­vier­te en una pro­vo­ca­ción a las ins­ti­tu­cio­nes de inte­gra­ción como Mer­co­sur y Una­sur, que pre­ten­dían blin­dar la región de más gol­pes, des­pués de lo ocu­rri­do en Hon­du­ras. A pesar de la dure­za ini­cial que mani­fes­ta­ron casi todos los paí­ses, según avan­za­ban los días solo el eje boli­va­riano se ha man­te­ni­do fir­me, plan­tean­do la expul­sión e inclu­so el blo­queo eco­nó­mi­co si no se reins­tau­ra­ba el gobierno demo­crá­ti­co. Si no logran con­sen­suar medi­das drás­ti­cas, la oli­gar­quía para­gua­ya ter­mi­na­rá bur­lán­do­se de todo el con­ti­nen­te y evi­den­cia­rá la fra­gi­li­dad de la actual arqui­tec­tu­ra de inte­gra­ción lati­no­ame­ri­ca­na.

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