Deta­lles de la crí­sis- Iña­ki Gil de San Vicen­te

Por lo gene­ral, nos cen­tra­mos más en dos aspec­tos de la cri­sis actual que en otros igual­men­te impor­tan­tes, e inclu­so más nece­sa­rios para dis­po­ner de una pers­pec­ti­va a medio y lar­go pla­zo. El grue­so de los aná­li­sis de la situa­ción se dedi­can al momen­to eco­nó­mi­co y a la coyun­tu­ra polí­ti­ca, ambos en su inme­dia­tez más urgen­te: la pri­ma de ries­go y las pró­xi­mas elec­cio­nes, por citar dos casos. No digo que no deba hacer­se, digo que es insu­fi­cien­te, y que cuan­do se abu­sa de lo inme­dia­to e insu­fi­cien­te se corre el ries­go de la des­orien­ta­ción y vacui­dad, dos de las gran­des limi­ta­cio­nes de la izquier­da actual. Sin embar­go, lo que va con­fir­mán­do­se de mane­ra aplas­tan­te es que, como se había ade­lan­ta­do hace tiem­po, ade­más de la cri­sis estric­ta­men­te eco­nó­mi­ca, sim­pli­fi­ca­da en su expre­sión más sim­plo­na como «cri­sis del euro», tam­bién exis­te una ver­da­de­ra cri­sis de la estra­te­gia impe­ria­lis­ta pues­ta en prác­ti­ca a fina­les de la II GM y reade­cua­da a par­tir de los ’70 con el neo­li­be­ra­lis­mo y la finan­cia­ri­za­ción.

La situa­ción de la Unión Euro­pea sólo es com­pren­si­ble en su gra­ve­dad inquie­tan­te si tene­mos en cuen­ta la for­ma en que se pre­sen­ta y actúa seme­jan­te ago­ta­mien­to del sis­te­ma no sólo en su área socio­eco­nó­mi­ca sino ade­más en la demo­crá­ti­ca, esta­tal, sim­bó­li­ca e his­tó­ri­ca. Estas cua­tro expre­sio­nes de la cri­sis gene­ral inci­den direc­ta­men­te en la evo­lu­ción eco­nó­mi­ca, agra­ván­do­la, de mane­ra que debe­mos ana­li­zar­las con sufi­cien­te deta­lle para dis­po­ner de una pers­pec­ti­va más amplia. La céle­bre «cri­sis de legi­ti­mi­dad» no es sino una de las con­se­cuen­cias de la siner­gia del debi­li­ta­mien­to más o menos simul­tá­neo de los com­po­nen­tes de la tota­li­dad social en cri­sis.

El des­pres­ti­gio de la demo­cra­cia real­men­te exis­ten­te afec­ta a uno de los pila­res sobre el que se sus­ten­ta la estra­te­gia de orden ela­bo­ra­da tras 1945, pilar cier­to com­pa­rán­do­lo con los regí­me­nes nazi­fas­cis­tas ante­rio­res, y que con­sis­tía en demos­trar que la vida bur­gue­sa era cua­li­ta­ti­va­men­te supe­rior a la ver­sión ofi­cial que se daba del mode­lo ruso. Mien­tras duró la expan­sión capi­ta­lis­ta y la repre­sión se cebó sólo en la izquier­da revo­lu­cio­na­ria, la demo­cra­cia real refor­za­ba la sen­sa­ción de tran­qui­li­dad; la cri­sis de fina­les de los ’60 y comien­zos de los ’70 empe­zó a debi­li­tar este mito fun­da­cio­nal que se ha ido dilu­yen­do en la medi­da en que la fero­ci­dad neo­li­be­ral des­tro­za los dere­chos socia­les uno a uno; la impu­ni­dad con la que el capi­tal finan­cie­ro-indus­trial diri­ge la con­cen­tra­ción y cen­tra­li­za­ción del poder en la UE, ter­mi­na por des­cuar­ti­zar el muy impor­tan­te mito fun­da­cio­nal de la demo­cra­cia como valor abso­lu­to e into­ca­ble. Esto no quie­re decir que muy amplios sec­to­res sigan cre­yen­do en él, en reali­dad indi­ca que está abier­to en com­ba­te por otra demo­cra­cia más ple­na y radi­cal, la socia­lis­ta, pero tam­bién que cre­cen las fuer­zas feroz­men­te anti­de­mo­crá­ti­cas, neo­fas­ci­tas y abier­ta­men­te nazis.

El mito demo­crá­ti­co se sus­ten­ta­ba en la reali­dad del Esta­do key­ne­siano y tay­lor-for­dis­ta más o menos desa­rro­lla­do, de modo que encon­tra­ba en esta for­ma-Esta­do una demos­tra­ción de efi­ca­cia. Pero la bur­gue­sía quie­re más mer­ca­do y menos Esta­do lla­ma­do «bene­fac­tor», a la vez que mul­ti­pli­ca su omni­po­ten­cia repre­si­va. El retro­ce­so del Esta­do «social» fren­te a la vora­ci­dad finan­cie­ra y de las gran­des empre­sas, debi­li­ta uno de los pila­res bási­cos de la «paz social» que faci­li­tó la lar­ga expan­sión social­de­mó­cra­ta, el del repar­to menos injus­to de la lla­ma­da «ren­ta nacio­nal», en bene­fi­cio no sólo de las bur­gue­sías esta­ta­les sino cada vez más del nue­vo blo­que de cla­ses domi­nan­te en la UE. La difu­mi­na­ción del Esta­do va uni­da a una corrup­ción cre­cien­te, a una mez­cla de impo­ten­cia y fal­ta de volun­tad para admi­nis­trar la cri­sis a favor de la mayo­ría sino pre­ci­sa­men­te con­tra ella. Esto hace que tien­da a agu­di­zar­se el cho­que entre alter­na­ti­vas socio­po­lí­ti­cas que cada vez más afec­tan a la for­ma-Esta­do bien siquie­ra de for­ma defen­si­va, para que no se dete­rio­re más en bene­fi­cio de la frac­ción domi­nan­te de la bur­gue­sía, bien para que recu­pe­re algo de su poder regu­la­dor ante­rior, o inclu­so para refor­zar­lo en el sen­ti­do neo­fas­cis­ta.

Demo­cra­cia y Esta­do daban con­te­ni­do a la sim­bo­lo­gía huma­nis­ta de la ver­sión ofi­cial de la «iden­ti­dad euro­pea» des­de la Gre­cia clá­si­ca a la UE. La sim­bo­lo­gía occi­den­ta­lis­ta juga­ba un papel cohe­sio­na­dor como ideo­lo­gía alie­nan­te inter­cla­sis­ta e intra­eu­ro­pea, y como «mar­ca Euro­pa» en el cada vez más duro y com­pe­ti­ti­vo mer­ca­do mun­dial. Duran­te dece­nios, la fuer­te migra­ción inter­na, las noto­rias dife­ren­cias nacio­na­les y cul­tu­ra­les y has­ta las cre­cien­tes luchas socia­les, fue­ron absor­bi­das y has­ta des­ac­ti­va­das gra­cias a la cons­truc­ción del mito fun­da­cio­nal de la «ciu­da­da­nía euro­pea». Aho­ra este sím­bo­lo arti­fi­cial­men­te crea­do por la cas­ta de fun­cio­na­rios inte­lec­tua­les se ha pul­ve­ri­za­do en la nada al aumen­tar el euro escep­ti­cis­mo, el recha­zo de la «Euro­pa rica» hacia la «Euro­pa pobre», a la que acu­sa de des­pil­fa­rra­do­ra y vaga, el racis­mo y las ten­den­cias ultra­de­re­chis­tas. La sim­bo­lo­gía euro­peís­ta cen­tra­da en el mito la supe­rio­ri­dad de los «valo­res occi­den­ta­les» pier­de su oro­pel y apa­re­ce como mera pro­pa­gan­da reac­cio­na­ria del euro­im­pe­ria­lis­mo.

La «ciu­da­da­nía euro­pea» reven­ta­da, el Esta­do key­ne­siano des­gua­za­do, el mito demo­crá­ti­co inca­paz de dete­ner la repre­sión, la deba­cle eco­nó­mi­ca, etc., hacen esta­llar la fase his­tó­ri­ca de los «trein­ta glo­rio­sos» que fue­ron apa­gán­do­se defi­ni­ti­va­men­te pese a todos los fra­ca­sa­dos esfuer­zos por revi­vir­los. La frac­ción domi­nan­te de la bur­gue­sía euro­pea no quie­re vol­ver a ellos, ni tam­po­co pue­de hacer­lo. Al con­tra­rio, nece­si­ta con urgen­cia ace­le­rar la defi­ni­ti­va entra­da en una fase dura y per­ma­nen­te de socie­dad auto­ri­ta­ria com­pac­ta. Mien­tras que algu­nos soció­lo­gos diva­gan sobre una inexis­ten­te «socie­dad líqui­da», el capi­tal blin­da su civi­li­za­ción con el rear­me inten­si­vo, la sobre­ex­plo­ta­ción, nue­vas repre­sio­nes de toda índo­le, el fun­da­men­ta­lis­mo cris­tiano y el empo­bre­ci­mien­to social. Una den­sa y pega­jo­sa mara­ña ten­ta­cu­lar soli­di­fi­ca el orden euro­peo pre­pa­rán­do­lo para una defen­sa deses­pe­ra­da de su poder mun­dial, cada vez más debi­li­ta­do por con­tra­dic­cio­nes estruc­tu­ra­les que no pue­de resol­ver como la lucha de las cla­ses y pue­blos explo­ta­dos en su inte­rior, la depen­den­cia ener­gé­ti­ca y de recur­sos vita­les, la ame­na­zan­te com­pe­ten­cia eco­nó­mi­ca, tec­no­cien­tí­fi­ca y mili­tar exte­rior, el recha­zo cre­cien­te de los pue­blos del mun­do de los «valo­res occi­den­ta­les», su retro­ce­so y enve­je­ci­mien­to pobla­cio­nal.

Es el Esta­do espa­ñol el que mejor plas­ma esta siner­gia de cri­sis par­cia­les: la corrup­ción como iden­ti­dad, la inefi­ca­cia como emble­ma, el des­pre­cio al saber como orgu­llo, la men­ta­li­dad inqui­si­to­rial como matriz social, la tor­tu­ra como sín­te­sis social, la men­ti­ra como ver­dad y la ver­dad como peca­do, el fut­bol como mís­ti­ca, la sumi­sión como vir­tud y la pobre­za como desig­nio divino. No hay duda de que rever­de­cen las raí­ces tri­den­ti­nas de la espa­ño­li­dad, rega­das siem­pre por la dere­cha, acep­ta­das por el refor­mis­mo y ape­nas com­ba­ti­das por la izquier­da. Sin embar­go, el vie­jo topo mar­xiano cava y soca­va los cimien­tos de la ana­cro­nía rei­nan­te, y nun­ca mejor dicho. El blo­que de cla­ses domi­nan­te en el Esta­do se enfren­ta, por tan­to, a la mis­ma cri­sis de pro­yec­to his­tó­ri­co de la UE, pero agu­di­za­da en gra­do extre­mo. Fren­te a esto, la con­sig­na de la inde­pen­den­cia socia­lis­ta y eus­kal­dun se yer­gue como la úni­ca solu­ción via­ble y fac­ti­ble, nece­sa­ria, una inde­pen­den­cia inex­tri­ca­ble­men­te uni­da a un Esta­do vas­co que le garan­ti­ce su exis­ten­cia y que sea, jun­to al poder popu­lar externo a ese Esta­do, el medio de inser­ción de Eus­kal Herria en la lucha inter­na­cio­nal por la eman­ci­pa­ción huma­na.

IÑAKI GIL DE SAN VICENTE

EUSKAL HERRIA 25-VI-2012

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