La ciu­dad más gran­de de EEUU está en bancarrota

La ciu­dad de Stock­ton, en el esta­do de Cali­for­nia, está a pun­to de con­ver­tir­se en la loca­li­dad esta­dou­ni­den­se más gran­de en decla­rar­se en bancarrota.

“Es la deci­sión más difí­cil y tor­tuo­sa que he enfren­ta­do”, le dijo la alcal­de­sa Ann John­son al cabil­do muni­ci­pal, que res­pal­dó la medida.

Sin embar­go, aña­dió, es nece­sa­ria para dar comien­zo al pro­ce­so de recuperación.

La ciu­dad por­tua­ria de 290.000 habi­tan­tes, ubi­ca­da a 144 kiló­me­tros al este de San Fran­cis­co, sufrió con­si­de­ra­ble­men­te duran­te la cri­sis del mer­ca­do inmo­bi­lia­rio en Esta­dos Unidos.

Aco­ger­se al lla­ma­do “capí­tu­lo 9” de la ley esta­dou­ni­den­se, que con­tem­pla la situa­ción de ban­ca­rro­ta, le per­mi­ti­rá a la ciu­dad man­te­ner a sus acree­do­res a raya mien­tras sigue pagan­do por ser­vi­cios bási­cos como los depar­ta­men­tos de poli­cía y bomberos.

Vacas gor­das y flacas

El boom inmo­bi­lia­rio fue bueno para Stock­ton. Inun­da­da de dine­ro pro­ve­nien­te de impues­tos sobre la pro­pie­dad, la ciu­dad desa­rro­lló su ribe­ra, con un puer­to depor­ti­vo y un com­ple­jo de ins­ta­la­cio­nes recrea­ti­vas y nego­ció gene­ro­sos bene­fi­cios de salud y pen­sio­nes para los emplea­dos municipales.

Pero en los últi­mos tres años, las auto­ri­da­des han teni­do que mane­jar un agu­je­ro fis­cal de US$90 millo­nes, a tra­vés de una serie de recor­tes drásticos.

En con­cre­to, se des­hi­cie­ron de un cuar­to de la fuer­za poli­cial, un ter­cio de los bom­be­ros y cer­ca del 40% de los demás emplea­dos. Tam­bién redu­je­ron sala­rios y beneficios.

La tasa de des­em­pleo y crí­me­nes vio­len­tos aho­ra figu­ra entre las más altas de la nación. Una de cada 195 casas fue­ron obje­to de eje­cu­ción hipo­te­ca­ria el mes de mayo, de acuer­do con Realty­Trac, un sitio que man­tie­ne una base de datos sobre inmue­bles repo­se­sio­na­dos y en subasta.

Cer­ca del 15% de la pobla­ción no tie­ne tra­ba­jo, lo cual equi­va­le al doble del pro­me­dio nacional.

Edi­fi­cios públi­cos han sido reto­ma­dos por los ban­cos. El ayun­ta­mien­to iba a mudar­se a una nue­va sede, pero des­de que Stock­ton se que­dó sin dine­ro, la edi­fi­ca­ción tam­bién fue obje­to de eje­cu­ción hipotecaria.

Aban­do­nar el barco

Mike Broo­king, un nati­vo de Stock­ton de 50 años due­ño de una cafe­te­ría, le echa la cul­pa a las auto­ri­da­des muni­ci­pa­les. Dice que empe­za­ron a pagar pen­sio­nes y bene­fi­cios mucho más allá de lo aconsejable.

“Le die­ron a los emplea­dos, y su fami­lia, ser­vi­cios de salud aún des­pués de dejar sus tra­ba­jos”, seña­la Brooking.

“¡Aún a per­so­nas que estu­vie­ron emplea­das por un solo mes. La muni­ci­pa­li­dad no podía pagar­lo enton­ces y no pue­de pagar­lo aho­ra. Nadie goza de tales garan­tías”, añade.

Como con­se­cuen­cia de los recor­tes, se que­ja, los delin­cuen­tes andan de su cuen­ta y no hay empleo.

Geor­ge Estra­da, de 35 años, quien solía tra­ba­jar en una tien­da de rega­los en la mis­ma calle de la cafe­te­ría de Broo­king, apun­ta que es muy difí­cil encon­trar tra­ba­jo. “Todos quie­ren irse de la ciu­dad”, asegura.

Stock­ton está situa­da en el cora­zón de una de las regio­nes agrí­co­las más pro­duc­ti­vas de Esta­dos Unidos.

La ciu­dad fue cons­trui­da cer­ca del río San Joa­quín, adon­de los pro­duc­tos de los cam­pos cali­for­nia­nos son lle­va­dos para transporte.

Stock­ton siem­pre vivió de la agri­cul­tu­ra, pero Estra­da, como otros jóve­nes con altos nive­les de edu­ca­ción, no están intere­sa­dos en tra­ba­jar los ardien­tes cam­pos de Cali­for­nia reco­gien­do cere­zas o almendras.

Cri­men

Estra­da es uno de quie­nes quie­ren irse. Está bus­can­do tra­ba­jo en la zona de San Fran­cis­co. Dice que lo más duro de vivir en Stock­ton es el alto índi­ce de criminalidad.

“Efec­ti­va­men­te, se han incre­men­ta­do los casos de crí­me­nes vio­len­tos”, rati­fi­ca Joe Sil­va, un vete­rano con 16 años de expe­rien­cia en la fuer­za policial.

Según Sil­va, el año pasa­do se pro­du­jo una cifra récord de 58 homi­ci­dios. Pero se espe­ra que 2012 la supere amplia­men­te. Pasa­do solo medio año ya se han regis­tra­do 31 ase­si­na­tos, fren­te a 17 en la mis­ma épo­ca el año anterior.

En 2008, la ciu­dad tenía pre­su­pues­to para 441 ofi­cia­les de poli­cía. Hoy tie­ne 317.

Sil­va dice que esta sema­na se espe­ra el ingre­so de más uni­for­ma­dos, así como la imple­men­ta­ción de una estra­te­gia para patru­llar los vecin­da­rios más peli­gro­sos de Stockton.

Se espe­ra que los cam­bios saquen a la ciu­dad de la lis­ta de “Ciu­da­des más mise­ra­bles de Esta­dos Uni­dos”, com­pi­la­da por la revis­ta Forbes.

La situa­ción pare­ce haber mejo­ra­do, aun­que no lo sufi­cien­te: en 2011 ocu­pó el núme­ro 11 en la lis­ta. En 2010 había sido la núme­ro 1.

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