La segu­ri­dad: Su solu­ción des­de el Esta­do y no des­de la ofer­ta electoral

La segu­ri­dad ha sido uti­li­za­da en todas las socie­da­des capi­ta­lis­tas como un recur­so del esta­do para legi­ti­mar sus apa­ra­ta­jes repre­si­vos y mili­ta­ri­za­dos, es en lo fun­da­men­tal un ritual de con­trol social. La estra­te­gia deri­va­da de estos dis­po­si­ti­vos, es el tra­ta­mien­to vio­len­to de los con­flic­tos, con­vir­tién­do­se el mane­jo de los pro­ble­mas de inse­gu­ri­dad, en uno de los esce­na­rios pri­vi­le­gia­dos para la vio­la­ción de los dere­chos humanos.

El Gobierno Boli­va­riano de Vene­zue­la, reco­no­cien­do el reto que sig­ni­fi­ca con­ju­rar las cre­cien­tes for­mas de inse­gu­ri­dad urba­na, ha opta­do por una polí­ti­ca nacio­nal de segu­ri­dad cuyo dise­ño y ope­ra­cio­na­li­za­ción, está trans­ver­sa­li­za­do por los están­da­res de res­pe­to y garan­tía de los dere­chos huma­nos. Se tra­ta de trans­for­mar el dere­cho a la segu­ri­dad en la segu­ri­dad de los dere­chos, como bien lo pro­po­ne el cri­mi­nó­lo­go crí­ti­co Ale­xan­dro Barata.

En la direc­ción ante­rior se cons­ti­tu­ye el sis­te­ma nacio­nal de poli­cía, el cual ha con­ta­do con ins­tru­men­tos sig­ni­fi­ca­ti­vos como la poli­cía nacio­nal y los nue­vos están­da­res ope­ra­cio­na­les para las poli­cías esta­da­les y municipales.

Los resul­ta­dos en la dis­mi­nu­ción en la tasa de deli­tos con­tra el patri­mo­nio como robos y hur­tos, han sido impor­tan­tes, esto como pro­duc­to de las nue­vas con­duc­tas poli­cia­les, así como la inte­gra­li­dad en la polí­ti­ca social y garan­tía de los dere­chos eco­nó­mi­cos y socia­les. La tasa nacio­nal en hur­tos bajó de 190 en el 2009 a 169 en el 2011, la de robos dis­mi­nu­yó de 254 en el 2009 a 211 en el 2011.

La tasa de homi­ci­dios por el con­tra­rio, si bien con­te­ni­da, per­ma­ne­ce estan­ca­da, sin ganar una ten­den­cia sig­ni­fi­ca­ti­va a la baja, para el 2009 fue de 49, en el 2010 se situó en 50, sien­do la mayo­ría de las víc­ti­mas y vic­ti­ma­rios los jóve­nes. En rela­ción a las carac­te­rís­ti­cas de los homi­ci­dios, el 83,63% ocu­rren con mayor fre­cuen­cia en los sec­to­res popu­la­res, 56,52% en el estra­to cua­tro y 27,12% en el cin­co, en el uno y dos (ricos), solo ocu­rren el 3,9% de los homi­ci­dios. El 61,57% de los ase­si­na­tos ocu­rren en el pro­pio barrio de vivien­da y 10,01% en la pro­pia parro­quia, así mis­mo el 71.5 ocu­rren en la noche y en la madrugada.

En rela­ción a lo ante­rior, exis­ten diver­sos fac­to­res de la socie­dad vin­cu­la­dos a la lla­ma­da opo­si­ción, que no com­pren­den lo que sig­ni­fi­ca trans­for­mar esta pro­ble­má­ti­ca des­de un mode­lo de segu­ri­dad ciu­da­da­na cen­tra­do en prác­ti­cas demo­crá­ti­cas y res­pe­to a los dere­chos huma­nos, no han valo­ra­do el sus­tan­ti­vo pro­ce­so de cons­truc­ción del sis­te­ma nacio­nal de poli­cía y la polí­ti­ca nacio­nal de desar­me. Ellos no pue­den valo­rar estos fun­da­men­ta­les pasos de polí­ti­ca públi­ca, pues su esen­cia es la con­cep­ción mili­ta­ri­za­da de la segu­ri­dad ciu­da­da­na, la cual ope­ra­cio­na­li­zan des­de la típi­ca con­duc­ta de «plo­mo al ham­pa», su tra­di­ción es la vio­la­ción sis­te­má­ti­ca de los dere­chos huma­nos, su pos­tu­ra en asun­tos cri­mi­no­ló­gi­cos está dada por la teo­ría del «dere­cho penal del enemi­go», según la cual las for­mas de cri­mi­na­li­dad juve­nil, al ser trans­gre­so­ras del pac­to social, deben ser tipi­fi­ca­das como enemi­gos públi­cos a los cua­les no es legí­ti­mo cobi­jar­lo con el sis­te­ma de garan­tías y res­pe­to a los dere­chos huma­nos. No es de extra­ñar su invo­ca­ción per­ma­nen­te para que los moti­nes car­ce­la­rios sean sofo­ca­dos a san­gre y fuego.

El Gobierno Boli­va­riano es cons­cien­te de la gra­ve­dad que repre­sen­ta el pro­ble­ma de la inse­gu­ri­dad para el con­jun­to de la socie­dad vene­zo­la­na, por eso ha hecho un lla­ma­do a que el pro­ble­ma sea asu­mi­do como un tema públi­co, de todos, que no se mire des­de la par­cia­li­dad polí­ti­ca, bus­can­do que todos los fac­to­res de la socie­dad con­ver­jan para encon­trar alter­na­ti­vas de solución.

El prin­ci­pio de la solu­ción par­te de la cons­truc­ción de un enfo­que capaz de tejer socie­dad y esta­do des­de el cum­pli­mien­to de los están­da­res de los dere­chos huma­nos, no des­de pos­tu­ras regre­si­vas de mili­ta­ri­za­ción de las men­ta­li­da­des y los dis­po­si­ti­vos de acción, sino, tra­tan­do de reco­no­cer que la segu­ri­dad es un pro­ble­ma polí­ti­co y ciudadano.

Igual­men­te, es nece­sa­ria una acer­ta­da carac­te­ri­za­ción de las nue­vas tipo­lo­gías cri­mi­na­les que con ras­go trans­na­cio­nal, se implan­tan en la socie­dad vene­zo­la­na, leer el pro­ble­ma de la inse­gu­ri­dad, sin visi­bi­li­zar el impac­to que los car­te­les colom­bia­nos y mexi­ca­nos de la dro­ga vie­nen tenien­do en la recon­fi­gu­ra­ción de la cri­mi­na­li­dad urba­na, expre­sa­do en el micro trá­fi­co de nar­có­ti­cos y el incre­men­to de los homi­ci­dios es per­der de vis­ta la cone­xión estruc­tu­ral del problema.

Estos fenó­me­nos no son crio­llos, son par­te de un fenó­meno que hoy impac­ta en menor o mayor gra­do a la tota­li­dad de ciu­da­des de Amé­ri­ca. Una com­pren­sión de este hecho exi­ge la lec­tu­ra del nar­co­trá­fi­co no sólo como un pro­ble­ma cri­mi­nal, sino y ante todo, como la expre­sión de una trans­na­cio­nal de acu­mu­la­ción de capi­tal, en la que con­cu­rren des­de neo bur­gue­ses mafio­sos, has­ta ele­gan­tes ban­que­ros de la bur­gue­sía tradicional.

El nar­co­trá­fi­co y su impac­to en la socie­dad vene­zo­la­na pue­de ser com­pren­di­do de mejor mane­ra si ana­li­za­mos los cam­bios en los mer­ca­dos de con­su­mo de nar­có­ti­cos. Has­ta fina­les de la déca­da del 90 según nacio­nes uni­das, Esta­dos Uni­dos repre­sen­ta­ba un mer­ca­do de 267 tone­la­das cúbi­cas de cocaí­na por año, para el 2008, como pro­duc­to del sur­gi­mien­to de un seg­men­to de con­su­mi­do­res jóve­nes más liga­dos a las dro­gas sin­té­ti­cas, el con­su­mo de cocaí­na por año, se redu­jo a 165 millo­nes de tone­la­das. Mien­tras, Euro­pa sufrió un incre­men­to del con­su­mo, pasan­do de 63 tone­la­das año, en 1998, a 165 tone­la­das en el 2008.

Esta fun­da­men­tal varia­ción en los mer­ca­dos, tuvo como con­se­cuen­cia la trans­for­ma­ción en la car­to­gra­fía de la dis­tri­bu­ción, se con­so­li­dan y con­fi­gu­ran nue­vas rutas, Vene­zue­la se con­vier­te en un terri­to­rio fun­da­men­tal de trán­si­to de la dro­ga, la cual es ubi­ca­da en el lito­ral vene­zo­lano, lle­va­da a las islas del Cari­be y des­de ahí, reex­por­ta­da direc­ta­men­te hacia Euro­pa una par­te y a tra­vés de Áfri­ca la otra.

La con­fi­gu­ra­ción de cir­cui­tos cri­mi­na­les en Vene­zue­la no se ha hecho espe­rar, el con­sus­tan­cial mer­ce­na­ris­mo pro­pio del nego­cio del nar­co­trá­fi­co se desa­rro­lla, alre­de­dor del cui­da­do y trans­por­te de los car­ga­men­tos des­de Colom­bia, así como alre­de­dor del nego­cio del micro trá­fi­co urbano, el cual vie­ne repre­sen­tan­do un incre­men­to en el con­su­mo y la pose­sión de nar­có­ti­cos por par­te de los ciudadanos.

Según datos del CICPC, mien­tras para el 2009, la tasa de con­su­mo de dro­gas en Vene­zue­la era de 0,04, para el 2011 se ha ubi­ca­do en 7,7; la tasa de pose­sión de dro­gas por par­te de los ciu­da­da­nos ha pasa­do en el mis­mo perío­do, de 33 a 39.

El Gobierno Revo­lu­cio­na­rio, cons­cien­te del dra­má­ti­co sig­ni­fi­ca­do de este nue­vo fenó­meno trans­na­cio­nal en la reali­dad del país, no ha sido pre­sa de las res­pues­tas espas­mó­di­cas del cor­to pla­zo, ni de las fór­mu­las fas­cis­tas de con­trol y repre­sión; por el con­tra­rio, sin des­cui­dar el incre­men­to ope­ra­cio­nal de las fuer­zas poli­cia­les, las cua­les vie­nen repre­sen­tan­do resul­ta­do par­cia­les en varios indi­ca­do­res, ha opta­do por una trans­for­ma­ción estruc­tu­ral del sis­te­ma nacio­nal de seguridad.

Recien­te­men­te, el gobierno, ha con­vo­ca­do una movi­li­za­ción públi­ca alre­de­dor del pro­ble­ma del desar­me, el cual tra­ba­ja tam­bién en medi­das estruc­tu­ra­les para el con­trol del arma­men­to. Ha movi­li­za­do tam­bién a los fac­to­res ciu­da­da­nos, para incor­po­rar­se a la gran misión «A toda Vida Vene­zue­la», la cual tra­ba­ja­rá de mane­ra sis­te­má­ti­ca alre­de­dor de las mani­fes­ta­cio­nes de la cri­mi­na­li­dad, la situa­ción de la acci­den­ta­li­dad vial y los défi­cits de con­vi­ven­cia al inte­rior de las comunidades.

Todo esto, es la nue­va mane­ra de tejer socie­dad des­de cri­te­rios socia­lis­tas, es una estra­te­gia orien­ta­da a trans­for­mar el con­cep­to y la prác­ti­ca de la segu­ri­dad, en un asun­to de con­vi­ven­cia, el nue­vo nom­bre de la segu­ri­dad, es la convivencia.

Lamen­ta­ble­men­te, ante el estan­ca­mien­to de la can­di­da­tu­ra de la opo­si­ción, esta ha opta­do por dar un uso elec­to­ral al pro­ble­ma, pre­sen­tan­do una pro­pues­ta que no con­tie­ne ni una sola acción con­cre­ta. ¿Qué pue­de el can­di­da­to Hen­ri­que Capri­les pre­sen­tar a los vene­zo­la­nos en mate­ria de segu­ri­dad, cuan­do el esta­do del cual es el gober­na­dor tie­ne los más altos índi­ces de criminalidad?

Oja­lá poda­mos sacar este tema de la dia­tri­ba polí­ti­ca y dar­le una solu­ción de esta­do a una socie­dad que así lo deman­da. La Misión «A toda vida Vene­zue­la» es la gran opor­tu­ni­dad de sumar todas las volun­ta­des con este fin.

Jes­se Cha­cón -Direc­tor GISXXI

10 de junio de 2012

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