Ausen­tes, transeun­tes y des­pla­za­dos- Iña­ki Ega­ña

Ima­nol de Donos­tia fue envia­do a Ceu­ta, Patxi de Basau­ri a Meli­lla. Juan­jo, de Lau­dio, tuvo peor suer­te ya que le man­da­ron al Saha­ra cuan­do empe­zó la Mar­cha Ver­de. Este­ban, de Oiar­tzun, estu­vo en Vigo y Josean, de Bara­ñain, pen­só que la for­tu­na le había favo­re­ci­do cuan­do se ente­ró que su des­tino era Madrid. Pero cuan­do al Divi­sión Aco­ra­za­da Bru­ne­te puso todos sus efec­ti­vos en mar­cha, aquel 21 de febre­ro, su con­go­ja no tuvo lími­tes.

Domin­go, alcal­de de Urretxu, se apa­gó en París y Javier, tam­bién máxi­mo man­da­ta­rio de Arta­jo­na, en Méxi­co, al igual que Julia, de Bil­bao. El gas­teiz­ta­rra Igna­cio ter­mi­nó sus días en Buda­pest, Vicen­te, de Ses­tao, en Pra­ga y Hono­rio, de Ortue­lla, en Mar­se­lla. En More­lia encon­tré el epi­ta­fio de Pablo, de Bil­bao: “Agur gure lagun mai­tau­ta. Zure toki­ra bes­te lagun bikai­nak eto­rri­ko dira, gure abe­rri eta herria­ren aska­ta­su­na ira­baz­te­ko!”.

A Michel, de Mau­le, le ente­rra­ron en Indo­chi­na con los colo­res de la tri­co­lor, al igual que a Jean-Bap­tis­te de Ange­lu, a Pie­rre de Bia­rritz y a Pablo (Paul) de Bil­bao. José, de Lesa­ka, estu­vo pri­sio­ne­ro en Dien Bien Phu (Viet­nam). Jean de Mus­kil­di, per­dió la vida en Arge­lia al igual que Jean-Bap­tis­te de Urru­ña.

Luciano, de Pasaia, se fue hace unas sema­nas en La Haba­na, como hace años Jose­ma­ri, de Her­na­ni. Juan­jo, de Sora­lu­ze, falle­ció en Mon­te­vi­deo, Txo­min, de Arra­sa­te, en Arge­lia y Endi­ka, de San­tur­tzi, en Cabo Ver­de. Fran­cis­co Javier, de Her­na­ni, en Togo, el país de los bao­babs, cuyo dra­ma ya cono­ció el prin­ci­pi­to des­cri­to por Saint-Exupéry.
A Benigno lo encar­ce­la­ron a miles de kiló­me­tros de su loca­li­dad natal, Bia­na, hace ya varias déca­das. En Gui­nea, en el cen­tro de Áfri­ca. Más recien­te­men­te, Jon, de Ore­re­ta, era enjau­la­do en Sal­to del Negro (Gran Cana­ria), jun­to a Juan­ma­ri de Zizur­kil. Hace unos días, Isi­dro, de Onda­rroa, esta­ba en Puer­to (Cádiz), jun­to a Unai de Baio­na y otros. Aitzol de Lasar­te en Bois d´Arcy, Eneko de Ger­ni­ka en Bel­marsh y Ando­ni de Elo­rrio en Lis­boa.
Es lo que siem­pre hemos enten­di­do los vas­cos por exi­lio. Algu­nos datos, pocos, y unos nom­bres entre miles. Ale­jan­dra Pizar­nik, entre otros tan­tos de ver­sos, nos dejó el ras­tro de ese des­tie­rro: “via­je­ra de cora­zón de pája­ro negro, tuya es la sole­dad a media­no­che”.
En 1937, el Gobierno vas­co cifró, a con­se­cuen­cia de la gue­rra, en 150.000 los exi­lia­dos vas­cos, el 12% de la pobla­ción de enton­ces. Duran­te el fran­quis­mo, el pro­pio Eje­cu­ti­vo vas­co en el exi­lio ano­ta­ba los nom­bres de los exi­lia­dos, entre 500 y 1.000 anua­les. En 1947, por ejem­plo, fue­ron 901 los vas­cos que se exi­la­ron en el Esta­do fran­cés, 795 hom­bres y 106 muje­res.
Fran­co murió, y según nos dicen los fal­sa­rios de la his­to­ria, la situa­ción polí­ti­ca se nor­ma­li­zó. Sin embar­go, a comien­zos de 1982 ya había 1.500 exi­lia­dos vas­cos que huían de la repre­sión. En esas fechas, el abo­ga­do Miguel Cas­tells ase­gu­ra­ba que por cada pre­so que ingre­sa­ba en pri­sión habían esca­pa­do a la deten­ción tres com­pa­ñe­ros. Hagan las cuen­tas.
El exi­lio gene­ró una cul­tu­ra para­le­la: libros, edi­to­ria­les, dia­rios, casas vas­cas, publi­ca­cio­nes perió­di­cas… Una socie­dad den­tro de la socie­dad, con unos códi­gos muy deter­mi­na­dos. Las hijas y los hijos del exi­lio con­ti­nua­ron la bre­cha abier­ta por sus pro­ge­ni­to­res. Aún hoy, el mun­do aco­ge a una diás­po­ra vas­ca cohe­sio­na­da cuyo ori­gen se remon­ta a déca­das ante­rio­res.
Hay, sin embar­go y al mar­gen del exi­lio vas­co, un espa­cio que nos han crea­do en los últi­mos tiem­pos para pre­ve­nir la espa­ño­li­dad en Eus­kal Herria. Uno más den­tro de la «cons­truc­ción del enemi­go». Nada que ver con la reali­dad, pero tan­tas situa­cio­nes se esca­pan a la lógi­ca en el con­flic­to vas­co-espa­ñol que el efec­to sor­pre­sa hace ya tiem­po que des­apa­re­ció.
Aus­pi­cia­das por orga­ni­za­cio­nes here­de­ras del falan­gis­mo (UPyD), por otras abier­ta­men­te racis­tas (Foro de Ermua) o por otras decla­ra­da­men­te beli­cis­tas (PP), la his­to­ria, el rela­to ofi­cial, mues­tra un “exi­lio” pro­du­ci­do por la acti­vi­dad de ETA, en unos casos, por la hege­mo­nía social aber­tza­le en otros y según las fuen­tes. Die­ron, inclu­so, una cifra: 300.000 per­so­nas. 383.700 des­de 1977 según el Foro de Ermua. Más que el doble que en la gue­rra civil, entre el 10 y el 15% de la pobla­ción vas­ca actual.
Seme­jan­te nece­dad no tie­ne ni pies ni cabe­za. Otros más agu­dos que mi plu­ma ya lo deja­ron escri­to. Según este rela­to, 27.000 donos­tia­rras, 40.000 bil­bai­nos, 30.000 pam­plo­ne­ses y gas­teiz­ta­rras huye­ron de la “impo­si­ción” del eus­ka­ra, de las balas de ETA, de las inves­ti­ga­cio­nes de Ardi Bel­tza… Un éxo­do en toda regla.
No deja­ron, sin embar­go, res­tos de seme­jan­te par­ti­da. No hay lite­ra­tu­ra, ni casas vas­cas al ampa­ro de tan­tos hui­dos, ni publi­ca­cio­nes, ni cenas de her­man­da­des, ni tor­neos de pelo­ta o siquie­ra par­ti­dos de fút­bol sala entre tan­tos exi­lia­dos. Ni cla­ses de macra­mé o cur­si­llos para ense­ñar algu­nas de las len­guas de los esce­na­rios a los que han lle­ga­do.
La pri­me­ra deduc­ción de esta men­ti­ra con obje­ti­vo de puche­ra­zo elec­to­ral me intere­sa. Espa­ño­les de pura cepa lla­man al mon­ta­je “exi­lio”. Bueno, algo avan­za­mos. Es noto­rio que de una región espa­ño­la (vas­ca) los hui­dos con­clu­yen en otra (Anda­lu­cía, Madrid, Cana­rias…). Según lo que entien­do, serían, en el orden téc­ni­co (así lo hace tam­bién ONU), un colec­ti­vo de “des­pla­za­dos”, ya que se mue­ven en el seno del mis­mo esta­do.
Y no, por cier­to, exi­lia­dos. Ya que para que este tér­mino fue­ra jus­to debe­ría­mos hablar de una comu­ni­dad de hui­da y otra de aco­gi­da en esta­dos dife­ren­tes. Pero los espa­ño­les de pura cepa, los que están detrás de esta ini­cia­ti­va (PP, UPyD y diver­sos gru­pos fas­cis­tas), lo han dicho: son exi­lia­dos. Por tan­to nos tra­tan a los vas­cos como extran­je­ros. Y a nues­tro terri­to­rio como lugar de ocu­pa­ción. Gra­cias.
La orde­na­ción de seme­jan­te des­pro­pó­si­to supon­go que se hará a tra­vés de nume­ro­sos «infor­mes peri­cia­les» que sal­drán de los veri­fi­ca­do­res al gus­to de Espa­ña, las FSE (Poli­cía, Guar­dia Civil, etc.). Apa­ña­dos esta­mos. Cien­cia fic­ción y opi­nión taber­ne­ra con­ver­ti­da en men­sa­je bíbli­co y sopor­te judi­cial. Lo inten­tó Gar­zón en el 352002 cuan­do aque­lla anda­na­da de la «lim­pie­za étni­ca». Repe­ti­rá en esta oca­sión el PP su pro­pues­ta. Segu­ro.
La segun­da deduc­ción es la de la opor­tu­ni­dad. Y ahí ten­go dudas. Si no fue­ra por el cariz cla­ra­men­te mani­pu­la­dor de los veri­fi­ca­do­res his­pa­nos (las FSE) y el inte­rés del puche­ra­zo en las auto­nó­mi­cas del 25 de noviem­bre pró­xi­mo, esta­ría a favor de un cen­so de ese tipo. La últi­ma vez que se reali­zó fue en 1940 (Espa­ña los rea­li­za­ba cada 10 años y el ante­rior era el pre­vio a la gue­rra civil). Fue del todo cla­ri­fi­ca­dor.
En aque­lla oca­sión el INE, ins­ti­tu­to de esta­dís­ti­ca, inte­gró varios apar­ta­dos de inte­rés, entre ellos la pro­fe­sión (128 dis­tin­tas) y el ori­gen de los veci­nos. Tam­bién ati­na­ba en tres con­cep­tos veci­na­les, «pre­sen­tes», «ausen­tes» y «tran­seún­tes». Así supi­mos de los vas­cos en cada región del Esta­do, pero tam­bién de los espa­ño­les entre noso­tros. Supi­mos de los pre­sos vas­cos y de los exi­lia­dos, 8.695 y 74.764 res­pec­ti­va­men­te. Los de ver­dad.
Pero, y sobre todo, supi­mos que el 1,63% de la pobla­ción vas­ca de enton­ces eran poli­cías y mili­ta­res, 20.187. Y que la mayor con­cen­tra­ción mili­tar, des­pués de la vas­ca, se daba en las pro­vin­cias limí­tro­fes. Vamos que no se fia­ban que con 20.000 agen­tes pudie­ran con­te­ner una insu­rrec­ción y, por si las mos­cas, guar­da­ban la muga con vehe­men­cia.
Hoy, sabe­mos tam­bién, por otras fuen­tes dis­tin­tas al cen­so, que entre noso­tros se encuen­tran 17.563 agen­tes poli­cia­les y mili­ta­res, el 0,63% de la pobla­ción vas­ca al sur de los Piri­neos. Muchos de ellos, jun­to a jue­ces, fun­cio­na­rios de pri­sio­nes y de la admi­nis­tra­ción cen­tral, etc. votan en nues­tro terri­to­rio. El voto es secre­to. Pero me ima­gino el de ellos. Sabe­mos tam­bién que muchos con­ce­ja­les y can­di­da­tos (y no por razo­nes de exi­lio sino de ocu­pa­ción) lle­ga­ron de Espa­ña a copar nues­tros ayun­ta­mien­tos. E inclu­so logra­ron la alcal­día de Gari­noain con madri­le­ños en sus lis­tas.
Por eso mis dudas. Si el cen­so fue­se ajus­ta­do a la reali­dad me inte­re­sa­ría sobre­ma­ne­ra. Ya sabe­mos quie­nes son nues­tros pre­sos y exi­lia­dos y sus nom­bres. Jamás los hemos olvi­da­do. Sabría­mos efec­ti­va­men­te, asi­mis­mo, los de aque­llos cen­te­na­res, miles de hui­dos de ETA (10.000 como mucho según Rodol­fo Ares). Pero tam­bién ten­dría­mos los datos cer­te­ros de la ocu­pa­ción. Y ello pon­dría los pun­tos sobre las íes y deja­ría en el lugar ade­cua­do a los defen­so­res del puche­ra­zo, más cer­ca del gol­pis­mo que de la demo­cra­cia.

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