Una crí­ti­ca a los post­mo­der­nis­tas- Edmil­son Costa

Los años 90 del siglo pasa­do y los pri­me­ros diez años de este siglo estu­vie­ron mar­ca­dos por un inten­so deba­te entre las fuer­zas de izquier­da sobre el rol de los movi­mien­tos socia­les, de las mino­rías, de las luchas de géne­ro y de las van­guar­dias polí­ti­cas en los pro­ce­sos de trans­for­ma­ción eco­nó­mi­ca, social y polí­ti­ca de la socie­dad. Fue colo­ca­da en el orden del día la dis­cu­sión sobre nue­vas pala­bras de orden, nue­vos agen­tes polí­ti­cos y socia­les, nue­vas for­mas de lucha, nue­vas con­cep­cio­nes sobre la acción prác­ti­ca política.

Esos temas y con­cep­cio­nes ocu­pa­ron el vacío polí­ti­co en ese perio­do en razón de una serie de fenó­me­nos que ocu­rrie­ron en la déca­da de los años 80 y 90, como la caí­da del Muro de Ber­lín, el colap­so de la Unión Sovié­ti­ca y de los paí­ses del Este Euro­peo, el reflu­jo del movi­mien­to sin­di­cal, la reduc­ción de las luchas obre­ras en los prin­ci­pa­les cen­tros capi­ta­lis­tas, la pér­di­da de pro­ta­go­nis­mo de los par­ti­dos revo­lu­cio­na­rios, espe­cial­men­te de los comu­nis­tas, ade­más de la ofen­si­va de la ideo­lo­gía neo­li­be­ral en todas par­tes del mun­do, bajo el coman­do de las fuer­zas más reac­cio­na­rias del capital.

La coyun­tu­ra de derro­ta de las fuer­zas pro­gre­sis­tas favo­re­ció todo tipo de modis­mo teó­ri­co y feti­che ideo­ló­gi­co. Bajo diver­sos pre­tex­tos, cier­tas fuer­zas polí­ti­cas, inclu­so algu­nos com­pa­ñe­ros de izquier­da, comen­za­ron a cues­tio­nar la cen­tra­li­dad del tra­ba­jo en la vida social, el rol de los par­ti­dos polí­ti­cos como van­guar­dia de los pro­ce­sos de trans­for­ma­cio­nes socia­les y polí­ti­cas, la actua­li­dad de la lucha de cla­ses como ins­tru­men­to de cam­bio de la his­to­ria y el pro­pio socia­lis­mo-comu­nis­mo como pro­ce­so que lle­va a la eman­ci­pa­ción humana.

Ese movi­mien­to teó­ri­co y polí­ti­co envol­vió fuer­zas difu­sas pero influ­yen­tes jun­to a la juven­tud y a varios movi­mien­tos socia­les. El obje­ti­vo era des­cons­truir el dis­cur­so de los par­ti­dos polí­ti­cos revo­lu­cio­na­rios, del movi­mien­to sin­di­cal y del pro­pio mar­xis­mo, como sín­te­sis teó­ri­ca de la revo­lu­ción. Para estas fuer­zas, los dis­cur­sos de temas glo­ba­les, como la igual­dad, el socia­lis­mo, la eman­ci­pa­ción huma­na, los valo­res his­tó­ri­cos del pro­le­ta­ria­do, las solu­cio­nes colec­ti­vas con­tra la opre­sión huma­na, eran cosa del pasa­do y pro­duc­to de un mun­do que ya no exis­tía más.

En el lugar de esos “vie­jos” temas, se hacía nece­sa­rio colo­car un nue­vo dis­cur­so, como for­ma de reco­no­cer la frag­men­ta­ción de la reali­dad y del cono­ci­mien­to, la cons­ta­ta­ción de la dife­ren­cia, la emer­gen­cia de nue­vos suje­tos socia­les, con carac­te­rís­ti­cas, valo­res y rei­vin­di­ca­cio­nes espe­cí­fi­cas, como los movi­mien­tos socia­les, de géne­ro, raza, etnia, etc., y nue­vas for­mas de for­mas de lucha, inclu­so con renun­cia a la toma del poder.

La con­den­sa­ción de ese eclec­ti­cis­mo con­ser­va­dor, de esa matriz teó­ri­ca diso­cia­do­ra, pue­de ser expre­sa­da en lo que se acor­dó lla­mar de post­mo­der­nis­mo. Esa es la fuen­te teó­ri­ca ins­pi­ra­do­ra de todos los modis­mos teó­ri­cos y feti­ches que se hicie­ron moda en las dos últi­mas déca­das. ¿Cuá­les son los prin­ci­pa­les pre­su­pues­tos teó­ri­cos de los post­mo­der­nis­tas, que tan­ta influen­cia tuvie­ron en esos años de vacío polí­ti­co? Vamos a ate­ner­nos a tres ver­tien­tes fun­da­men­ta­les que nor­tean los fun­da­men­tos de esa corrien­te teórica.

1) El fin de la cen­tra­li­dad del tra­ba­jo. Uno de los temas más des­ta­ca­dos por los post­mo­der­nis­tas es el hecho de que las tec­no­lo­gías de la infor­ma­ción, la rees­truc­tu­ra­ción pro­duc­ti­va y la inser­ción ace­le­ra­da de cien­cia en el pro­ce­so pro­duc­ti­vo hicie­ron obso­le­to el con­cep­to de cla­se obre­ra y pro­le­ta­ria­do, inclu­so por­que esos acto­res están tor­nán­do­se resi­dua­les en un mun­do glo­ba­li­za­do don­de impe­ra la robó­ti­ca, la inter­net y la infor­má­ti­ca avan­za­da. Algu­nos de esos teó­ri­cos lle­ga­ron a dar adiós al pro­le­ta­ria­do, que sería un con­cep­to típi­co de la segun­da revo­lu­ción indus­trial. Prue­ba de ello sería la cons­ta­ta­ción de que la cla­se obre­ra está dis­mi­nu­yen­do en todo el mun­do y, por eso, inclu­so, per­dió el pro­ta­go­nis­mo para otros movi­mien­tos emer­gen­tes en el capi­ta­lis­mo globalizado.

Los teó­ri­cos post­mo­der­nis­tas se com­por­tan como el caza­dor que ve ape­nas los árbo­les, pero no con­si­gue ver la flo­res­ta. Mira el mun­do des­de una pers­pec­ti­va de Euro­pa o Esta­dos Uni­dos. Por eso, no con­si­guen com­pren­der que el capi­tal posee una extra­or­di­na­ria movi­li­dad, en fun­ción de la bús­que­da per­ma­nen­te por valo­ri­za­ción. Por eso, son inca­pa­ces de per­ci­bir que el pro­le­ta­ria­do está cre­cien­do de mane­ra expre­si­va en tér­mi­nos mun­dia­les, con el des­pla­za­mien­to de miles de indus­trias des­de los EUA y de Euro­pa para Asia, pro­ce­so que está incor­po­ran­do al mun­do del tra­ba­jo miles de millo­nes de tra­ba­ja­do­res en Chi­na, la India y en toda Asia, en un movi­mien­to que está cam­bian­do la coyun­tu­ra mundial.

No con­si­guen enten­der que el pro­pio capi­ta­lis­mo es una con­tra­dic­ción en pro­ce­so, pues mien­tras más se moder­ni­za, mien­tras más inser­ta cien­cia en la pro­duc­ción, más amplía su com­po­si­ción orgá­ni­ca y, con­se­cuen­te­men­te, más pre­sio­na las tasas de lucro hacia aba­jo. Por eso, el capi­ta­lis­mo no pue­de exis­tir sin su con­tra­pun­to, el pro­le­ta­ria­do. Si el capi­ta­lis­mo auto­ma­ti­za­se todas sus fábri­cas el sis­te­ma entra­ría en colap­so, pues los robots son inclu­so más dis­ci­pli­na­dos que los seres huma­nos, son capa­ces de tra­ba­jar sin des­can­so, no rei­vin­di­can sala­rio, ni hacen huel­ga, pero tam­bién tie­nen su talón de Aqui­les: no con­su­men. Si no tie­nen con­su­mi­do­res, los capi­ta­lis­tas no tie­nen para quién ven­der sus mer­can­cías. O sea, antes de una auto­ma­ti­za­ción total, el sis­te­ma entra­ría en colap­so en fun­ción de sus pro­pias contradicciones.

2) El fin de la cen­tra­li­dad de la lucha de cla­ses. Otro de los argu­men­tos de los teó­ri­cos post-moder­nos es la ale­ga­ción de que la lucha de cla­ses es cosa del pasa­do. Final­men­te, dicen, si el pro­le­ta­ria­do está redu­cién­do­se ace­le­ra­da­men­te, no exis­te más iden­ti­dad de cla­se y, por lo tan­to, no ten­dría sen­ti­do hablar­se de lucha de cla­ses. En esa pers­pec­ti­va, dicen, la rees­truc­tu­ra­ción pro­duc­ti­va pue­de ser con­si­de­ra­da una espe­cie de doble de difun­tos que vino a sepul­tar a los vie­jos agen­tes del pasa­do, como el movi­mien­to sin­di­cal. Prue­ba de eso, según ellos, es que los sin­di­ca­tos per­die­ron el pro­ta­go­nis­mo y aho­ra ago­ni­zan en todo el mun­do. Y la prin­ci­pal repre­sen­ta­ción teó­ri­ca del mun­do del tra­ba­jo, el mar­xis­mo, tam­bién esta­ría reba­sa­do, en fun­ción de su visión mono­lí­ti­ca del mundo.

Nue­va­men­te, los teó­ri­cos post-moder­nis­tas tam­po­co com­pren­den la his­to­ria y con­fun­den su sumi­sión ideo­ló­gi­ca al orden capi­ta­lis­ta con la reali­dad de los tra­ba­ja­do­res. La lucha de cla­ses siem­pre exis­tió des­de que las cla­ses se cons­ti­tu­ye­ron en la huma­ni­dad y con­ti­nua­rá su tra­yec­to­ria mien­tras exis­ta la explo­ta­ción de un ser humano por otro. No por­que los mar­xis­tas quie­ren, sino por­que la reali­dad lo impo­ne. En tiem­pos de reflu­jo las luchas socia­les dis­mi­nu­yen. Pare­ce que los tra­ba­ja­do­res están pasi­vos y los capi­ta­lis­tas ima­gi­nan que con­si­guie­ron dis­ci­pli­nar para siem­pre a los trabajadores.

En esa coyun­tu­ra, el dis­cur­so del fin de la lucha de cla­se, de la pasi­vi­dad de los tra­ba­ja­do­res, lle­ga a influen­ciar a mucha gen­te, final­men­te, quien no tie­ne una pers­pec­ti­va his­tó­ri­ca del mun­do se atie­ne sólo a la super­fi­cie de los fenó­me­nos, a la apa­rien­cia de las cosas. Pero en los momen­tos de cri­sis del capi­ta­lis­mo, ese dis­cur­so se hace ente­ra­men­te inade­cua­do, entra en cho­que con la reali­dad, una vez que la cri­sis colo­ca la lucha de cla­ses en el orden del día con una actua­li­dad extra­or­di­na­ria, para deses­pe­ra­ción de aque­llos que ima­gi­na­ban su fin.

Si obser­vá­ra­mos la reali­dad actual, don­de el sis­te­ma capi­ta­lis­ta enfren­ta su mayor cri­sis des­de la gran Depre­sión, podre­mos fácil­men­te cons­ta­tar la emer­gen­cia de la lucha de cla­ses en prác­ti­ca­men­te todas las par­tes del mun­do. Es solo obser­var las insu­rrec­cio­nes en Orien­te Medio, en el Nor­te de la Áfri­ca, las luchas en Amé­ri­ca Lati­na, las huel­gas y movi­li­za­cio­nes en Euro­pa. Ade­más de eso, la cri­sis tam­bién hizo al mar­xis­mo más actual que nun­ca. Inclu­so los capi­ta­lis­tas están leyen­do El Capi­tal para inten­tar enten­der lo que está ocu­rrien­do en el mundo.

3) Las van­guar­dias polí­ti­cas no tie­nen más nin­gún papel a desem­pe­ñar en el mun­do glo­ba­li­za­do. El ter­ce­ro de los argu­men­tos cla­ve de los teó­ri­cos post-moder­nis­tas es que los par­ti­dos revo­lu­cio­na­rios, espe­cial­men­te los comu­nis­tas, no tie­nen más nin­gún papel a desem­pe­ñar en el mun­do actual. La acción polí­ti­ca aho­ra debe ser coman­da­da por los movi­mien­tos socia­les, por los movi­mien­tos de géne­ro, mino­rías étni­cas, eco­ló­gi­cos, sexua­les, etc., que son víc­ti­mas de “opre­sio­nes espe­cí­fi­cas”. Eso por­que los par­ti­dos serían orga­ni­za­cio­nes auto­pro­cla­ma­to­rias, auto­ri­ta­rias, por­ta­do­ras de un feti­che irrea­li­za­ble, que es la revo­lu­ción socia­lis­ta. Esas ins­ti­tu­cio­nes, por­ta­do­ras de un dis­cur­so utó­pi­co de eman­ci­pa­ción huma­na, esta­rían tam­bién dete­rio­rán­do­se en todo el mun­do, por­que no enten­die­ron la reali­dad del mun­do globalizado.

Otra vez los teó­ri­cos post-moder­nis­tas no con­si­guen com­pren­der la tota­li­dad de la vida social. Por eso, ven el mun­do sin uni­dad, frag­men­ta­do y dis­per­so. No entien­den que, por detrás de la “opre­sión espe­cí­fi­ca” que alcan­zan los movi­mien­tos socia­les y de géne­ro, etnia, sexual, está el gran capi­tal apro­pián­do­se de la plus­va­lía de todos, inde­pen­dien­te­men­te de etnia, sexo u orien­ta­ción reli­gio­sa. No com­pren­den que los movi­mien­tos, por su pro­pia natu­ra­le­za, tie­nen lími­tes ins­ti­tu­cio­na­les y de representatividad.

Un sin­di­ca­to, por más com­ba­ti­vo que sea, debe repre­sen­tar los intere­ses de los tra­ba­ja­do­res de su base. De la mis­ma for­ma que una enti­dad estu­dian­til, una orga­ni­za­ción de habi­tan­tes, de muje­res o de homo­se­xua­les tie­ne como obje­ti­vo defen­der los intere­ses espe­cí­fi­cos de sus repre­sen­ta­dos, actúan en los lími­tes ins­ti­tu­cio­na­les del orden bur­gués. Sola­men­te el par­ti­do polí­ti­co revo­lu­cio­na­rio, que se pro­po­ne derro­tar el orden capi­ta­lis­ta y que jun­ta en sus filas todos esos seg­men­tos socia­les, posee con­di­cio­nes para enten­der la tota­li­dad de la lucha polí­ti­ca y lan­zar pro­pues­tas glo­ba­les para la trans­for­ma­ción de la sociedad.

La prác­ti­ca de las luchas sociales

Si obser­vá­ra­mos las luchas socia­les que fue­ron rea­li­za­das en los últi­mos años, podre­mos cons­ta­tar fácil­men­te que gran par­te de ellas fue­ron derro­ta­das exac­ta­men­te por­que no exis­tían van­guar­dias con capa­ci­dad de con­du­cir y orien­tar esas luchas para la radi­ca­li­dad de cla­se y la eman­ci­pa­ción del pro­le­ta­ria­do. No se tra­ta aquí de negar la impor­tan­cia de las luchas espe­cí­fi­cas o de los movi­mien­tos socia­les. Por el con­tra­rio, son fun­da­men­ta­les para cual­quier pro­ce­so de cam­bio, sir­ven tam­bién como apren­di­za­je de la lucha de cla­ses, pero deja­das por sí mis­mas, sólo con su con­te­ni­do espon­tá­neo, no tie­nen con­di­cio­nes de rea­li­zar las trans­for­ma­cio­nes de la socie­dad y ter­mi­nan sien­do derro­ta­das por el capital.

El tea­tro de ope­ra­cio­nes es más o menos el siguien­te: des­pués de un momen­to de eufo­ria y movi­li­za­ción los movi­mien­tos socia­les son capa­ces de rea­li­zar proezas impre­sio­nan­tes, como des­acre­di­tar el vie­jo orden, desa­fiar las cla­ses domi­nan­tes, pero en un segun­do momen­to se ago­tan en sí mis­mas sin alcan­zar los obje­ti­vos por fal­ta de pers­pec­ti­vas. Amé­ri­ca Lati­na es un impor­tan­te pues­to de obser­va­ción para cons­ta­tar esa hipó­te­sis, pero tam­bién en varias par­tes del mun­do los ejem­plos son fér­ti­les para veri­fi­car la nece­si­dad de van­guar­dias políticas.

Boli­via, por ejem­plo, fue esce­na­rio de varias insu­rrec­cio­nes popu­la­res con­tra gobier­nos neo­li­be­ra­les. Las masas se suble­va­ron, fue­ron a las calles por millo­nes, derrum­ba­ron a los gobier­nos con­ser­va­do­res, pero lo máxi­mo que con­si­guie­ron fue ele­gir un pre­si­den­te pro­gre­sis­ta que es fus­ti­ga­do a todo momen­to por el capi­tal y no con­si­gue rea­li­zar ple­na­men­te ni el pro­pio pro­gra­ma que se pro­pu­so en el perio­do de las elecciones.

En Ecua­dor, ocu­rrie­ron tam­bién varias insu­rrec­cio­nes popu­la­res. En una de ellas, los movi­mien­tos con­quis­ta­ron el poder y lo entre­ga­ron a un mili­tar que des­pués los trai­cio­nó y aho­ra es un per­so­na­je con­ser­va­dor en la polí­ti­ca del país. Pos­te­rior­men­te, en el auge de otra insu­rrec­ción, con­si­guie­ron ele­gir un pre­si­den­te pro­gre­sis­ta, pero este no con­si­gue imple­men­tar un pro­gra­ma trans­for­ma­dor por­que el capi­tal no le da tre­gua. Recien­te­men­te casi fue depues­to por sec­to­res mili­ta­res y poli­cías sublevados.

En Argen­ti­na, en fun­ción de la cri­sis eco­nó­mi­ca here­da­da del gobierno neo­li­be­ral de Menen, las masas tam­bién se suble­va­ron en varias regio­nes del país. En un perio­do cor­to el país cam­bió tres veces de pre­si­den­te. El resul­ta­do de la suble­va­ción popu­lar fue la elec­ción de Nés­tor Kirch­ner y, pos­te­rior­men­te, de su com­pa­ñe­ra, Cris­ti­na Kirch­ner. En esos años de poder, los Kirch­ner tam­po­co rea­li­za­ron nin­gún cam­bio de fon­do. El capi­ta­lis­mo siguió su cur­so como si nada hubie­ra sucedido.

Más recien­te­men­te, dos gran­des insu­rrec­cio­nes popu­la­res derrum­ba­ron los gobier­nos con­ser­va­do­res de Túnez y de Egip­to. Miles de per­so­nas se suble­va­ron duran­te varios días, cen­te­na­res de per­so­nas murie­ron, los dic­ta­do­res deja­ron el poder, pero los movi­mien­tos socia­les, sin van­guar­dia polí­ti­ca, no con­si­guie­ron sus obje­ti­vos. Sec­to­res de la bur­gue­sía local enca­be­za­ron la for­ma­ción de nue­vos gobier­nos y los tra­ba­ja­do­res otra vez deja­ron esca­par de sus manos la revolución.

En Bra­sil, un gran movi­mien­to social, el Movi­mien­to de los Sin Tie­rra (MST) enfren­tó con bra­vu­ra los gobier­nos neo­li­be­ra­les, tenien­do como nor­te la ban­de­ra de la refor­ma agra­ria. Orga­ni­zó un movi­mien­to ori­gi­nal y de masas, con base social en todo el país, espe­cial­men­te entre la pobla­ción más pobre de la ciu­dad y del cam­po. El MST ocu­pó hacien­das de los lati­fun­dis­tas, reali­zó for­ma­ción de gran par­te de sus cua­dros e inclu­so con­si­guió cons­truir una uni­ver­si­dad popu­lar para for­ma­ción per­ma­nen­te de sus militantes.

Sin embar­go, el desa­rro­llo del capi­ta­lis­mo en el cam­po bra­si­le­ño y la emer­gen­cia del agro-nego­cio crea­ron una nue­va coyun­tu­ra en el cam­po bra­si­le­ño, don­de las rela­cio­nes de pro­duc­ción pasa­ron a dar­se pre­do­mi­nan­te­men­te entre capi­tal y tra­ba­jo. Esa coyun­tu­ra, alia­da al pro­gra­ma de com­pen­sa­ción social del gobierno de Lula, la Bol­sa Fami­lia, un pro­gra­ma de trans­fe­ren­cia de ren­ta para la pobla­ción más pobre, lle­vó al MST a una encrucijada.

O sea, la reali­dad cam­bió radi­cal­men­te en el cam­po bra­si­le­ño, pero la razón de ser del MST era la refor­ma agra­ria. Por eso, el movi­mien­to, que se vol­vie­ra uno de los sím­bo­los de lucha con­tra el neo­li­be­ra­lis­mo y, por eso inclu­so obtu­vo sim­pa­tía mun­dial, pue­de lle­gar a no tener más el mis­mo pro­ta­go­nis­mo. Los cam­pa­men­tos del MST fue­ron redu­ci­dos y el movi­mien­to vive algu­nas difi­cul­ta­des estra­té­gi­cas. Final­men­te, si la mayo­ría de los tra­ba­ja­do­res está en las ciu­da­des, si el capi­ta­lis­mo hege­mo­ni­zó las rela­cio­nes de pro­duc­ción en el cam­po y subor­di­nó la peque­ña agri­cul­tu­ra a la lógi­ca del capi­tal, se hace difí­cil la super­vi­ven­cia en el lar­go pla­zo de un movi­mien­to que ten­ga la ban­de­ra de la refor­ma agra­ria como lucha estratégica.

La con­den­sa­ción más expre­si­va de la teo­ría movi­men­tis­ta fue el Foro Social Mun­dial (FSM). En oca­sión del pri­mer FSM, en Por­to Ale­gre, pare­cía que todos habían encon­tra­do la fór­mu­la ideal para las nue­vas luchas socia­les. Miles de lucha­do­res de todo el mun­do con­ver­gie­ron en Rio Gran­de do Sul para hacer­se pre­sen­tes en el lan­za­mien­to de la nue­va mar­ca de la lucha mun­dial autó­no­ma. Fue un éxi­to extra­or­di­na­rio y un con­tra­pun­to al Foro de Davos, don­de los capi­ta­lis­tas tra­man nue­vas estra­te­gias para la domi­na­ción del mundo.

El éxi­to de públi­co y de los medios del FSM pare­cía haber ente­rra­do de vez la noción de van­guar­dia polí­ti­ca. Aho­ra serían los movi­mien­tos socia­les, los movi­mien­tos de géne­ro, etnia, de las muje­res, los movi­mien­tos socia­les que de aho­ra en ade­lan­te coman­da­rían las luchas en el mun­do. Adiós par­ti­dos polí­ti­cos, adiós movi­mien­to sin­di­cal, adiós vie­jos acto­res socia­les de la segun­da revo­lu­ción indus­trial. Aho­ra eran los movi­mien­tos difu­sos, sin cen­tra­li­dad polí­ti­ca, ente­ra­men­te autó­no­mos, libres de dog­mas e ideo­lo­gías reba­sa­das que irían a pro­bar al mun­do la nue­va reali­dad de la lucha social y política.

Mucha gen­te sin­ce­ra­men­te cre­yó que el FSM podría ser la fór­mu­la mági­ca, el con­tra­pun­to con­tem­po­rá­neo al capi­tal, el sus­ti­tu­to de las vie­jas van­guar­dias polí­ti­cas y su dis­cur­so auto-pro­cla­ma­to­rio. Pero la reali­dad poco a poco fue colo­can­do en el debi­do lugar el modis­mo movi­men­tis­ta. Con el tiem­po, el FSM fue per­dien­do alien­to, fue vacián­do­se, has­ta el pun­to de que hoy nadie más cree que pue­da ser alter­na­ti­va a cosa algu­na. Otra vez la vida pro­bó que los movi­mien­tos por sí sólo no tie­nen con­di­cio­nes de cam­biar la socie­dad. Es nece­sa­ria la van­guar­dia polí­ti­ca para con­du­cir los pro­ce­sos de transformación.

El sig­ni­fi­ca­do del post-moder­nis­mo y las luchas sociales

En otras pala­bras, la ideo­lo­gía post-moder­nis­ta es res­pon­sa­ble por gran par­te de las derro­tas de los movi­mien­tos socia­les en estas dos déca­das, no sólo por­que ese modis­mo teó­ri­co influen­ció par­te de la juven­tud y lide­raz­gos de los movi­mien­tos socia­les, como tam­bién por­que lle­vó a la frus­tra­ción a miles de lucha­do­res socia­les. Eso por­que las luchas frag­men­ta­das gene­ral­men­te se desa­rro­llan de mane­ra espon­tá­nea. Al ini­cio, hay una tra­yec­to­ria de ascen­so, envuel­ve miles de per­so­nas, pero inme­dia­ta­men­te des­pués el movi­mien­to va debi­li­tán­do­se has­ta ser absor­bi­do por el sistema.

En otras pala­bras, el post-moder­nis­mo es el feti­che ideo­ló­gi­co típi­co de los tiem­pos de neo­li­be­ra­lis­mo y repre­sen­ta la ideo­lo­gía peque­ño-bur­gue­sa de la sumi­sión sofis­ti­ca­da al orden del capi­tal. Pero esa ideo­lo­gía car­ga con­si­go una con­tra­dic­ción inso­lu­ble: en el momen­to en que el capi­tal más se glo­ba­li­za, con la inter­na­cio­na­li­za­ción de la pro­duc­ción y de las finan­zas, es jus­ta­men­te en este momen­to que los post-moder­nos pre­di­can la frag­men­ta­ción de la reali­dad, la sec­to­ri­za­ción de las luchas socia­les, la espe­ci­fi­ci­dad de los com­ba­tes de géne­ro, etnia, sexo, etc. Sólo quien no quie­re cam­biar el orden capi­ta­lis­ta pien­sa de esa forma.

En ver­dad, todos los que siguen ese ritual teó­ri­co, de mane­ra direc­ta o indi­rec­ta, están renun­cian­do a un pro­yec­to eman­ci­pa­dor y escon­den su impo­ten­cia median­te un dis­cur­so lleno de abs­trac­cio­nes socio­ló­gi­cas, pero muy con­ve­nien­te para el capi­tal. Por eso, com­ba­ten las luchas gene­ra­les, para frag­men­tar­las en luchas espe­cí­fi­cas, que no enfren­tan abier­ta­men­te el sis­te­ma domi­nan­te. Se tra­ta del comer­cio al por menor de la polí­ti­ca fan­ta­sea­do de moderno.

Esos sec­to­res cum­plie­ron, en los últi­mos 20 años y aún cum­plen has­ta hoy, un papel muy espe­cial en la lucha ideo­ló­gi­ca actual: ellos son la mano izquier­da del social-libe­ra­lis­mo capi­ta­lis­ta. Influen­cian a las gene­ra­cio­nes más jóve­nes, desa­rro­llan un dis­cur­so con apa­rien­cia de moder­ni­dad, influ­yen en la orga­ni­za­ción de las luchas socia­les. Con su dis­cur­so ecléc­ti­co y fata­lis­ta, lleno de sen­ti­do común, des­orien­tan a sec­to­res impor­tan­tes de la socie­dad en lo que se refie­re a la acción polí­ti­ca y, en la prác­ti­ca, ayu­dan a orga­ni­zar, aun­que indi­rec­ta­men­te, la sumi­sión de varios sec­to­res socia­les al orden capi­ta­lis­ta y a los valo­res del mercado.

Esas dos déca­das de expe­rien­cias frag­men­ta­das nos lle­van a la con­clu­sión de que, más que nun­ca, las van­guar­dias revo­lu­cio­na­rias tie­nen un papel fun­da­men­tal en el pro­ce­so de trans­for­ma­cio­nes socia­les. Son ellas exac­ta­men­te las que pue­den con­du­cir y orien­tar los varios movi­mien­tos socia­les con una pla­ta­for­ma estra­té­gi­ca de eman­ci­pa­ción de la huma­ni­dad, lo que sig­ni­fi­ca derro­tar el impe­ria­lis­mo y el capi­ta­lis­mo y tran­si­tar hacia la cons­truc­ción de la socie­dad socialista.

Edmil­son Cos­ta, Secre­ta­rio de Rela­cio­nes Inter­na­cio­na­les del Comi­té Cen­tral del PCB
Tra­duc­ción: Vale­ria Lima

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