Vene­zue­la Boli­va­ria­na: Pro­le­ta­ri­zar a la revo­lu­ción- Deba­te Socialista

Si ubi­ca­mos a un líder capi­ta­lis­ta en una tri­bu pri­mi­ti­va de la sel­va ama­zó­ni­ca y vol­ve­mos den­tro de unos años, encon­tra­re­mos la tri­bu orga­ni­za­da en uni­da­des eco­nó­mi­cas egoís­tas, la cul­tu­ra esta­rá al ser­vi­cio de esa orga­ni­za­ción, la reli­gión la apo­ya­rá como un lega­do divino y habrá una fuer­za repre­si­va que con­tro­le las insu­bor­di­na­cio­nes. En resu­men, el líder capi­ta­lis­ta repro­du­ci­rá en esa tri­bu la esen­cia capi­ta­lis­ta, no sabe hacer otra cosa, su ideo­lo­gía lo guía, o mejor: él es su ideología.
Si en la tri­bu pone­mos a un líder socia­lis­ta, toma­rá medi­das de acuer­do a su ideo­lo­gía: todas ten­dien­tes a ele­var el sen­ti­do de socie­dad, de fraternidad.
Es así, la ideo­lo­gía talla las accio­nes de los indi­vi­duos. La Revo­lu­ción es un acto de supera­ción del capi­ta­lis­mo que tie­ne dos fren­tes de com­ba­te: uno con­tra el capi­ta­lis­mo y el otro, con igual o mayor impor­tan­cia, con­tra la ideo­lo­gía capi­ta­lis­ta que nos habi­ta e impreg­na nues­tras accio­nes de mane­ra inconsciente.
La Revo­lu­ción es una pro­fun­da lucha ideo­ló­gi­ca con­tra el enemi­go oli­gar­ca, y tam­bién con­tra noso­tros mis­mos, hijos del capi­ta­lis­mo, mar­ca­dos en el fon­do de la psi­quis por él.
¿Cómo hacer?
Lo pri­me­ro, la Revo­lu­ción nece­si­ta de una amplia dis­cu­sión, ésta debe ser sagra­da, pro­te­gi­da, de ella depen­de el des­tino de la Revo­lu­ción, su capa­ci­dad de rec­ti­fi­car el rum­bo, de enten­der la reali­dad y de enten­der­se, de tra­zar derro­te­ros de triun­fo. Se deben dis­cu­tir los gran­des temas de la Revo­lu­ción con ente­ra liber­tad, intro­du­cir en el deba­te algu­na for­ma de repre­sión sería matar­lo, y con él al proceso.
Segun­do, la prác­ti­ca, la vida, el ejem­plo de los Revo­lu­cio­na­rios, debe ser el prin­ci­pal edu­ca­dor. Se deben imple­men­tar ejer­ci­cios de con­vi­ven­cia, de vida en común, sobre todo en los diri­gen­tes y mili­tan­tes, pero tam­bién en toda la pobla­ción. Es en la prác­ti­ca que se cons­tru­ye la base éti­ca y psí­qui­ca del Socialismo.
La Revo­lu­ción Cuba­na, sin dudas, ha per­ma­ne­ci­do en medio de tan­tas difi­cul­ta­des por­que supo, des­de los días de la Sie­rra Maes­tra, cul­ti­var la vida socia­lis­ta, don­de el des­tino del indi­vi­duo depen­de del des­tino de todo el colec­ti­vo, de la socie­dad, y ésta se preo­cu­pa por el bien­es­tar de cada uno de sus miem­bros. Ese espí­ri­tu de la Sie­rra Maes­tra fue socia­li­za­do con el tra­ba­jo volun­ta­rio y las misio­nes inter­na­cio­na­les. Así se pudo cons­truir la Con­cien­cia del Deber Social que, aún hoy, des­pués de medio siglo, sos­tie­ne aquel Socialismo.
El Che afir­mó que en la Sie­rra Maes­tra se pro­le­ta­ri­zó la gue­rri­lla, este hecho es la cla­ve para enten­der el éxi­to de la Revo­lu­ción Cuba­na. La Revo­lu­ción debe pro­le­ta­ri­zar­se, sus diri­gen­tes y, sobre todo, sus obre­ros. Pode­mos decir que el éxi­to de una Revo­lu­ción esta­rá dado por el éxi­to en pro­le­ta­ri­zar a sus diri­gen­tes y a sus obreros.
Una Revo­lu­ción pro­le­ta­ri­za­da toma­rá medi­das que afian­cen la con­cien­cia de socie­dad, en con­tras­te, una Revo­lu­ción aún impreg­na­da del espí­ri­tu bur­gués y peque­ño bur­gués, con­du­ci­rá todos los pasos hacia el indi­vi­dua­lis­mo y el egoís­mo que sus­ten­ta al capitalismo.
¡Con Chávez!

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