Con­cen­tra­ción de las ren­tas, impues­tos y estí­mu­lo eco­nó­mi­co- Vice­nç Nava­rro

Uno de los argu­men­tos que se repro­du­cen con mayor insis­ten­cia en los mayo­res círcu­los finan­cie­ros, eco­nó­mi­cos, mediá­ti­cos y polí­ti­cos del país, es que aumen­tar los impues­tos en momen­tos de rece­sión no es acon­se­ja­ble, pues dis­mi­nu­ye la capa­ci­dad adqui­si­ti­va de la pobla­ción, y con ello dis­mi­nu­ye la deman­da, ele­men­to esen­cial para esti­mu­lar la eco­no­mía y ahu­yen­tar­la de la rece­sión. Este argu­men­to se ha uti­li­za­do por todos los gobier­nos que han teni­do que enfren­tar­se en Espa­ña a la rece­sión.

Lo que este argu­men­to igno­ra es que no todos los impues­tos son igua­les y no toda la pobla­ción res­pon­de de la mis­ma mane­ra a la baja­da o subi­da de impues­tos. Y este argu­men­to tam­bién igno­ra que el Esta­do pue­de gas­tar­se el dine­ro, adqui­ri­do al aumen­tar los impues­tos, en acti­vi­da­des que esti­mu­len la deman­da de una mane­ra más direc­ta de lo que pue­den hacer­lo algu­nos sec­to­res de la pobla­ción que tie­nen ele­va­das ren­tas y su pro­pen­sión al aho­rro es mayor que su con­su­mo.

Para enten­der la impor­tan­cia de este hecho hay que dar­se cuen­ta de que la ren­ta en la socie­dad espa­ño­la está muy con­cen­tra­da. Aun­que es siem­pre muy difí­cil con­se­guir infor­ma­ción creí­ble sobre la dis­tri­bu­ción de la ren­ta y rique­za en Espa­ña, toda la infor­ma­ción obje­ti­va exis­ten­te mues­tra que Espa­ña es uno de los paí­ses más des­igua­les entre los paí­ses ricos (es decir, los paí­ses miem­bros de la OCDE). Esta con­cen­tra­ción de la ren­ta es un pro­ble­ma eco­nó­mi­co gra­ví­si­mo, pues la gen­te rica con­su­me mucho menos pro­por­cio­nal­men­te que el res­to de la pobla­ción. Recor­de­mos que el 64% (según el baró­me­tro del Cen­tro de Inves­ti­ga­cio­nes Socio­ló­gi­cas –CIS- del mes de febre­ro) de la pobla­ción espa­ño­la tie­ne difi­cul­ta­des para lle­gar a fin de mes. La gen­te rica ya tie­ne tan­to que la mayo­ría de su ren­ta no la con­su­me, sino que la acu­mu­la e invier­te y depo­si­ta en los ban­cos, lo cual podría ser bene­fi­cio­so si tal dine­ro se uti­li­za­ra para inver­tir y pro­du­cir pues­tos de tra­ba­jo. En los últi­mos años, sin embar­go, gran par­te de estas inver­sio­nes han sido de tipo espe­cu­la­ti­vo, con lo cual se crea­ron menos bue­nos pues­tos de tra­ba­jo de lo que el país nece­si­ta­ba.

El hecho, pues, de que un sec­tor mino­ri­ta­rio que goza de gran­des ren­tas no con­su­me mucho, y que la gran mayo­ría no pue­de con­su­mir más por care­cer de dine­ro, crea un gran défi­cit de deman­da, que es una de las cau­sas de la Gran Rece­sión. Lo que el Esta­do tie­ne que hacer es trans­fe­rir fon­dos de los sec­to­res de la pobla­ción que no con­su­men mucho (en tér­mi­nos pro­por­cio­na­les), ele­van­do sus impues­tos, para trans­fe­rir los fon­dos a los sec­to­res de la pobla­ción que tie­nen pro­ble­mas para poder con­su­mir y man­te­ner su nivel de vida. Una mane­ra de hacer­lo es crean­do pues­tos de tra­ba­jo en los sec­to­res don­de hay un enor­me défi­cit de per­so­nal, tales como los ser­vi­cios públi­cos del Esta­do del Bien­es­tar. Y ahí radi­ca par­te de la nece­sa­ria solu­ción. El Esta­do tie­ne que gra­var las ren­tas supe­rio­res y con el dine­ro obte­ni­do tie­ne que crear empleo que esti­mu­le la deman­da y con ello se esti­mu­le la eco­no­mía. Esto es lo que hizo el pre­si­den­te Roo­se­velt en EEUU para salir de la Gran Depre­sión, y esto es lo que hicie­ron la mayo­ría de los gobier­nos euro­peos inme­dia­ta­men­te des­pués de la II Gue­rra Mun­dial.

En Espa­ña, la car­ga impo­si­ti­va con­ti­núa sien­do muy regre­si­va, a pesar de los cam­bios rea­li­za­dos por el Gobierno Rajoy que, según la sabi­du­ría con­ven­cio­nal, ha subi­do los impues­tos al nivel de Sue­cia. Como he indi­ca­do en otro artícu­lo (“¿Tri­bu­ta­mos como los sue­cos?”, ‘Públi­co’, 02.02.12), esta argu­men­ta­ción igno­ra el enor­me impac­to regre­si­vo de las deduc­cio­nes fis­ca­les que redu­cen espec­ta­cu­lar­men­te la car­ga fis­cal real. El 10% de la pobla­ción más rica del país, que tie­ne casi el 50% de la ren­ta del país, paga mucho menos al Esta­do de lo que nomi­nal­men­te debe­ría debi­do a tales deduc­cio­nes (sin con­si­de­rar tam­bién el enor­me frau­de fis­cal que se cen­tra en el 1% de la pobla­ción más rica del país). No es cier­to (repi­to, no es cier­to) que la fis­ca­li­dad de Espa­ña sea como la de Sue­cia, tal como están indi­can­do los medios. En reali­dad, si Espa­ña paga­ra en impues­tos el mis­mo por­cen­ta­je del PIB que Sue­cia, Espa­ña ingre­sa­ría 200.000 millo­nes de euros más, con lo cual habría dine­ro más que sufi­cien­te para redu­cir el défi­cit públi­co y crear cin­co millo­nes de pues­tos de tra­ba­jo en los ser­vi­cios públi­cos del Esta­do del Bien­es­tar, alcan­zan­do el por­cen­ta­je de adul­tos que tra­ba­jan en tales ser­vi­cios (como sani­dad, edu­ca­ción, ser­vi­cios domi­ci­lia­rios, ser­vi­cios socia­les, vivien­da social, entre otros) que hoy tie­ne Sue­cia: uno de cada cua­tro. En Espa­ña es uno de cada diez, el por­cen­ta­je más bajo de la UE-15.

Una últi­ma obser­va­ción. Las polí­ti­cas que está pro­po­nien­do el Gobierno Rajoy para Espa­ña harán un enor­me daño a la eco­no­mía espa­ño­la, y muy en par­ti­cu­lar a las cla­ses popu­la­res. La evi­den­cia cien­tí­fi­ca de que ello es así es abru­ma­do­ra. La fe cie­ga que el ban­que­ro Luis de Guin­dos, hoy Minis­tro de Eco­no­mía de Espa­ña, tie­ne en el dog­ma neo­li­be­ral, está lle­van­do el país al desas­tre, pues está redu­cien­do toda­vía más la deman­da. La ilu­sión de que esta aus­te­ri­dad recu­pe­ra­rá la con­fian­za de los mer­ca­dos no se basa en una evi­den­cia creí­ble (ver mi artícu­lo “¿Quién defi­ne la con­fian­za de los mer­ca­dos?”, ‘Públi­co Digi­tal’. 05.04.12). Es el triun­fo del dog­ma sobre la mera evi­den­cia cien­tí­fi­ca abun­dan­te­men­te exis­ten­te. El fun­da­men­ta­lis­mo reli­gio­so que hizo un enor­me daño a las cla­ses popu­la­res a lo lar­go de la his­to­ria de Espa­ña ha sido sus­ti­tui­do por un fun­da­men­ta­lis­mo eco­nó­mi­co neo­li­be­ral con efec­tos igual­men­te nega­ti­vos. Su pro­mo­ción se debe a que favo­re­ce a las ren­tas supe­rio­res así como a las ren­tas del capi­tal y a sus ins­tru­men­tos finan­cie­ros.

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