La nacio­na­li­za­ción de YPF-Rep­sol en Argen­ti­na- Alber­to Gar­zón

repsol-ypf

El gobierno de Argen­ti­na, pre­si­di­do por Cris­ti­na Fer­nán­dez de Kirch­ner, ha con­fir­ma­do los rumo­res de los últi­mos días y ha anun­cia­do la nacio­na­li­za­ción de la empre­sa YPF, filial de la mul­ti­na­cio­nal REPSOL. En este post reco­pi­la­mos la infor­ma­ción más rele­van­te que hemos publi­ca­do estos días sobre esta cues­tión.

En pri­mer lugar con­vie­ne hacer algu­nas acla­ra­cio­nes acer­ca de la pro­pia medi­da, pues de momen­to las infor­ma­cio­nes son impre­ci­sas. Se habla tan­to de “expro­pia­ción” como de “nacio­na­li­za­ción” y de “com­pra”, sin pre­ci­sar mucho más. Las defi­ni­cio­nes son impor­tan­tes y deben acom­pa­ñar a los con­cep­tos, pero has­ta el momen­to la infor­ma­ción dis­po­ni­ble nos indi­ca que se tra­ta, efec­ti­va­men­te, de una nacio­na­li­za­ción –por lo tan­to paga­da, pero sin pre­cio asig­na­do has­ta el momen­to- por par­te del gobierno argen­tino. No se tra­ta de una deci­sión volun­ta­ria por par­te de las dos par­tes, sino de una deci­sión uni­la­te­ral que, no obs­tan­te, asig­na un pre­cio a la enti­dad por adquirir[1].

En segun­do lugar, YPF es una enti­dad que no es pro­pie­dad al cien por cien de la mul­ti­na­cio­nal Rep­sol. En reali­dad Rep­sol con­tro­la en torno al 57% de YPF, lo que la con­vier­te en el socio mayo­ri­ta­rio y el que tie­ne poder de con­trol y ges­tión, pero no es el bene­fi­cia­rio pleno de la acti­vi­dad de YPF. El res­to de la empre­sa es pro­pie­dad de capi­tal pri­va­do argen­tino y de capi­tal flo­tan­te (pro­pie­dad de capi­tal argen­tino y extran­je­ro).

En ter­cer lugar, la his­to­ria es impor­tan­te. YPF fue fun­da­da en 1922 por el Esta­do argen­tino y fue de titu­la­ri­dad públi­ca has­ta 1992, cuan­do comen­zó el pro­ce­so de pri­va­ti­za­ción aus­pi­cia­do por los orga­nis­mos inter­na­cio­na­les –espe­cial­men­te el Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal- en el mar­co de los lla­ma­dos pla­nes de ajus­te. La empre­sa ter­mi­nó de pri­va­ti­zar­se en 1999 cuan­do Rep­sol –otra empre­sa que fue en otro tiem­po públi­ca, en este caso espa­ño­la- se hizo con la mayo­ría de las accio­nes de YPF.

Duran­te la eta­pa de la “sus­ti­tu­ción de impor­ta­cio­nes” ‑a par­tir años trein­ta- YPF jugó un rol fun­da­men­tal en la rees­truc­tu­ra­ción de la eco­no­mía argen­ti­na. La influen­cia de los auto­res depen­den­tis­tas y neo­mar­xis­tas lle­vó a Argen­ti­na a una estruc­tu­ra eco­nó­mi­ca que la situó entre los paí­ses más avan­za­dos del mun­do en la épo­ca de pos­gue­rra, atra­yen­do a gran par­te de los refu­gia­dos por la II Gue­rra Mun­dial. Su mode­lo de expor­ta­ción de mate­rias pri­mas fue pro­gre­si­va­men­te sus­ti­tui­do por uno en el que la indus­tria juga­ba un rol cru­cial, pro­por­cio­nan­do un mode­lo de cre­ci­mien­to más sóli­do que per­mi­tió unas con­di­cio­nes labo­ra­les esta­bles y un inci­pien­te sis­te­ma de pro­tec­ción social.

Tras la dic­ta­du­ra mili­tar y la cri­sis estruc­tu­ral de los años seten­ta y ochen­ta, el gobierno argen­tino de Car­los Menem fue el res­pon­sa­ble de la pri­va­ti­za­ción, si bien fue­ron las polí­ti­cas del Con­sen­so de Washing­ton las que ins­pi­ra­ron dicho pro­ce­so. Jun­to a esa pri­va­ti­za­ción se die­ron refor­mas estruc­tu­ra­les que lle­va­ron a la pri­va­ti­za­ción de los pla­nes de pen­sio­nes, refor­mas en el mer­ca­do de tra­ba­jo que pre­ca­ri­za­ron las con­di­cio­nes labo­ra­les y otras refor­mas que lle­va­ron a la gra­ví­si­ma cri­sis de 2000. Sólo des­pués de que Argen­ti­na se rebe­la­ra con­tra el FMI y sus pla­nes de ajus­te, inclu­so aco­me­tien­do una qui­ta de la deu­da –no pagar par­te de la deu­da externa‑, pudo el país vol­ver a remon­tar aque­lla situa­ción.

En cuar­to lugar, Rep­sol no es téc­ni­ca­men­te una empre­sa espa­ño­la, y en abso­lu­to es pro­pie­dad de todos los espa­ño­les. Más del 50% de la mul­ti­na­cio­nal es pro­pie­dad del capi­tal extran­je­ro (el 42% per­te­ne­ce a fon­dos de inver­sión extran­je­ros –ges­tio­na­dos habi­tual­men­te por gran­des ban­cos- y el 9’5% per­te­ne­ce a la empre­sa mexi­ca­na PEMEX). El res­to de la empre­sa es pro­pie­dad del gru­po de capi­tal pri­va­do espa­ñol Sacyr (10%), de una enti­dad finan­cie­ra espa­ño­la como Cai­xa­bank (12’83%) y de más capi­tal pri­va­do espa­ñol.

En quin­to lugar, Rep­sol pro­por­cio­na bene­fi­cios a la eco­no­mía espa­ño­la que podrían con­si­de­rar­se nimios. Rep­sol decla­ra en Espa­ña el 25% de sus bene­fi­cios tota­les por todo el mun­do, y en 2010 pagó impues­tos aquí por valor de 949 millo­nes de euros a un tipo impo­si­ti­vo efec­ti­vo del 26’8%. Ello quie­re decir que ni siquie­ra paga el 30% que corres­pon­de como tipo nomi­nal por tri­bu­tar en Espa­ña. Rep­sol paga otro tipo de impues­tos en los paí­ses don­de ope­ra, como Argen­ti­na o Libia, pero tam­bién tie­ne ope­ra­cio­nes en paraí­sos fis­ca­les. Y su ope­ra­ti­va finan­cie­ra muy pro­ba­ble­men­te no se con­ta­bi­li­ce en Espa­ña.

En sex­to lugar, el cre­ci­mien­to y desa­rro­llo de Rep­sol –que debe mucho a la pri­va­ti­za­ción argen­ti­na de YPF- no es igual de bene­fi­cio­so para todas las par­tes que con­for­man la mul­ti­na­cio­nal. Mien­tras los bene­fi­cios con­ta­bles han cre­ci­do un 11’97% entre 1998 y 2007, el sala­rio medio de sus emplea­dos sólo ha cre­ci­do un 1’71%. Eso quie­re decir que los mayo­res bene­fi­cia­dos han sido los accio­nis­tas pri­va­dos –fun­da­men­tal­men­te gran­des empre­sas extran­je­ras y otras espa­ño­las- y no sus tra­ba­ja­do­res.

En sép­ti­mo lugar, Rep­sol-YPF en tan­to que empre­sa pri­va­da sólo per­si­gue maxi­mi­zar el bene­fi­cio en el cor­to pla­zo –para sus accio­nis­tas, además‑, de modo que su estra­te­gia empre­sa­rial no tie­ne por qué ali­near­se nece­sa­ria­men­te con la estra­te­gia de desa­rro­llo de la eco­no­mía argen­ti­na. Esta es pre­ci­sa­men­te una de las razo­nes que adu­ce el gobierno argen­tino, que desea recu­pe­rar la empre­sa para poder usar­la como ins­tru­men­to efec­ti­vo de desa­rro­llo.

En defi­ni­ti­va, habla­mos de un fenó­meno eco­nó­mi­co que debe ana­li­zar­se des­de un enfo­que ade­cua­do. No están enfren­ta­dos los intere­ses de dos nacio­nes dis­tin­tas, sino los intere­ses nacio­na­les de Argen­ti­na y los intere­ses eco­nó­mi­cos de suje­tos pri­va­dos de dis­tin­tas nacio­na­li­da­des –y entre ellas, en menor gra­do, espa­ño­les-. Por lo tan­to, es una fala­cia con­si­de­rar esta medi­da eco­nó­mi­ca como un ata­que a Espa­ña. Es una com­pra legal, que en todo caso podría estar minus­va­lo­ra­da –ya veremos‑, y que afec­ta a los intere­ses de unos suje­tos eco­nó­mi­cos –gran­des empre­sas y ban­cos- que no com­par­ten bene­fi­cios con el res­to de la socie­dad.

Esta no es la gue­rra de los tra­ba­ja­do­res espa­ño­les. En todo caso que­da pen­dien­te ver si la ges­tión de YPF, a par­tir de aho­ra en poder del Esta­do argen­tino, será bene­fi­cio­sa para los tra­ba­ja­do­res argen­ti­nos o si, por el con­tra­rio, será YPF un ins­tru­men­to al ser­vi­cio de las oli­gar­quías argen­ti­nas. No obs­tan­te, no es ese el tema que aho­ra nos ocu­pa.

Es una ver­güen­za que el gobierno espa­ñol sal­ga en defen­sa de los intere­ses de las gran­des empre­sas espa­ño­las que poseen un capi­tal mino­ri­ta­rio de Rep­sol, en per­jui­cio de los intere­ses nacio­na­les de un país sobe­rano como Argen­ti­na. Más aún cuan­do mien­tras eso ocu­rre el gobierno está efec­tuan­do polí­ti­cas de recor­tes que hacen recaer el peso de la cri­sis sobre la pobla­ción espa­ño­la más des­fa­vo­re­ci­da.

Para el gobierno del PP el gra­do de aten­ción y ayu­da pres­ta­da depen­de del tama­ño del bol­si­llo. Lo que debe­ría hacer el PP, en vez de pro­te­ger los intere­ses de los más ricos, es replan­tear­se su polí­ti­ca eco­nó­mi­ca y refle­xio­nar acer­ca de si no es mejor opción de polí­ti­ca eco­nó­mi­ca imi­tar a Argen­ti­na y pro­ce­der a la recu­pe­ra­ción de deter­mi­na­dos ins­tru­men­tos polí­ti­cos. Ins­tru­men­tos que debe­rían poner­se al ser­vi­cio de los espa­ño­les en su con­jun­to, y no de unos pocos adi­ne­ra­dos con capa­ci­dad para espe­cu­lar en dis­tin­tos mer­ca­dos finan­cie­ros –entre ellos el de accio­nes.

[1] La ven­ta­ja más obvia que con­lle­va la nacio­na­li­za­ción de una empre­sa ren­ta­ble es que más allá del cos­te de adqui­si­ción los bene­fi­cios de su acti­vi­dad pasan a engor­dar las finan­zas públi­cas. Se tra­ta de una socia­li­za­ción de las ganan­cias, en opo­si­ción con las socia­li­za­cio­nes de las pér­di­das a las que nos tie­nen acos­tum­bra­dos los gobier­nos euro­peos y esta­dou­ni­den­ses con res­pec­to a las enti­da­des finan­cie­ras en tiem­pos de cri­sis.

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