«Inmi­gran­tes»- Imma­nuel Wallers­tein

Artícu­lo publi­ca­do en el perió­di­co La Jor­na­da de Méxi­co en 2002 – tra­du­ci­do por Mar­ta Tawil
toma­do del blog Pape­les rojos – año 2006

Los inmi­gran­tes no son muy popu­la­res en estos tiem­pos, espe­cial­men­te en los paí­ses ricos. En Amé­ri­ca del Nor­te, Euro­pa occi­den­tal y Ocea­nía los resi­den­tes loca­les tien­den a pen­sar tres cosas acer­ca de los inmi­gran­tes: 1) que han lle­ga­do prin­ci­pal­men­te para mejo­rar su situa­ción eco­nó­mi­ca, 2) que redu­cen los nive­les de ingre­so de los nacio­na­les al tra­ba­jar en empleos poco remu­ne­ra­dos y obte­ner bene­fi­cios de los pro­gra­mas de asis­ten­cia del Esta­do, y 3) que repre­sen­tan un «pro­ble­ma» social, ya sea por­que son una car­ga para los demás, por­que son más pro­pen­sos al cri­men o por­que insis­ten en con­ser­var sus cos­tum­bres y no logran «asi­mi­lar­se» a los paí­ses recep­to­res.

Por supues­to, todo esto es cier­to. Por supues­to que el prin­ci­pal moti­vo de los inmi­gran­tes es mejo­rar su situa­ción eco­nó­mi­ca. Por supues­to que están dis­pues­tos a acep­tar tra­ba­jos con sala­rios bajos, espe­cial­men­te cuan­do aca­ban de lle­gar. Y vis­to que como resul­ta­do de todo esto son más pobres en con­jun­to que los habi­tan­tes del país en el que se ins­ta­lan, bus­can dife­ren­tes tipos de asis­ten­cia públi­ca y pri­va­da, y cier­ta­men­te plan­tean «pro­ble­mas» a los paí­ses de aco­gi­da.

La pre­gun­ta que real­men­te debe­mos hacer­nos es: ¿y qué con ello? Pri­me­ro que nada, los inmi­gran­tes no pue­den entrar a otro país de mane­ra legal o ile­gal sin cier­to gra­do de con­ni­ven­cia por par­te de los que allí viven. En con­se­cuen­cia deben desem­pe­ñar algu­na fun­ción para ellos. Están dis­pues­tos a tomar empleos que los habi­tan­tes loca­les rehú­san con­si­de­rar; no obs­tan­te, son nece­sa­rios para el fun­cio­na­mien­to de la eco­no­mía. No se tra­ta exclu­si­va­men­te de empleos des­agra­da­bles que requie­ren poca cali­fi­ca­ción; tam­bién se tra­ta de tra­ba­jos de pro­fe­sio­na­les.
Actual­men­te, por ejem­plo, las estruc­tu­ras médi­cas de los paí­ses más ricos esta­rían en serios pro­ble­mas si deci­die­ran eli­mi­nar al per­so­nal médi­co inmi­gran­te (no sólo enfer­me­ras, sino tam­bién doc­to­res). Más aun, dado que la mayo­ría de los paí­ses ricos tie­nen tasas de cre­ci­mien­to demo­grá­fi­cas des­cen­den­tes (el por­cen­ta­je de per­so­nas mayo­res de 65 años sigue cre­cien­do) los nacio­na­les no podrían bene­fi­ciar­se de las pen­sio­nes de las que actual­men­te gozan si no fue­ra por los inmi­gran­tes (entre 18 y 65 años de edad) que expan­den la base de con­tri­bu­cio­nes que per­mi­te finan­ciar­las. Sabe­mos que en los pró­xi­mos 25 años, si es que el núme­ro anual de inmi­gran­tes no se cua­dru­pli­ca, habrá recor­tes pre­su­pues­ta­rios drás­ti­cos hacia 2025.

En lo que res­pec­ta a los «pro­ble­mas» que esto gene­ra­rá, depen­de­rán de cómo se defi­nan. No obs­tan­te, es común que los movi­mien­tos popu­lis­tas de dere­cha cons­tan­te­men­te explo­ten el mie­do a los inmi­gran­tes. Estos movi­mien­tos son «extre­mis­tas» y no alcan­zan más de 20 por cien­to de los votos (¿más de 20 por cien­to? ¿Aca­so ese por­cen­ta­je no es ya de por sí alto?), pero el recur­so a ese tipo de dema­go­gia por par­te de polí­ti­cos situa­dos en el cen­tro del espec­tro polí­ti­co con­tri­bu­ye a favo­re­cer a la dere­cha en estos temas.

Así pues, tene­mos un curio­so rom­pe­ca­be­zas polí­ti­co que evo­lu­cio­na con­ti­nua­men­te: los paí­ses ricos impo­nen barre­ras para la entra­da (legal e ile­gal), mien­tras los inmi­gran­tes siguen lle­gan­do, atraí­dos por tra­fi­can­tes y empre­sas que desean emplear­los a bajos cos­tos. Al mar­gen encon­tra­mos algu­nos gru­pos rela­ti­va­men­te peque­ños que bus­can ami­no­rar el tra­to injus­to y fre­cuen­te­men­te cruel que reci­be la pobla­ción inmi­gran­te. El resul­ta­do neto es más inmi­gra­ción y más que­jas con­tra ella.

Aho­ra obser­ve­mos algo. Esta es una des­crip­ción que los paí­ses ricos hacen de los inmi­gran­tes pro­ve­nien­tes de paí­ses pobres. Dado que la rique­za nacio­nal se encuen­tra fuer­te­men­te jerar­qui­za­da, estas acu­sa­cio­nes se apli­can no sólo a los mexi­ca­nos que van a Esta­dos Uni­dos, sino tam­bién a los gua­te­mal­te­cos que ingre­san a Méxi­co, a los nica­ra­güen­ses que entran a Cos­ta Rica, a los fili­pi­nos que van a Hong Kong, a los tai­lan­de­ses que lle­gan a Japón, a los egip­cios que van a Bah­rein, a los mozam­bi­que­ños que se ins­ta­lan en Sudá­fri­ca, etcé­te­ra.
Obser­ve­mos algo más: esta des­crip­ción no se apli­ca al movi­mien­to de per­so­nas de los paí­ses ricos hacia los pobres. Tal movi­mien­to exis­te, si bien menos que antes. La colo­ni­za­ción fue eso, y los colo­nia­lis­tas de hoy son rela­ti­va­men­te pocos debi­do a razo­nes polí­ti­cas (Israel ven­dría a ser el úni­co país colo­ni­za­dor ver­da­de­ro del pre­sen­te).

Sin embar­go, aún se regis­tran movi­mien­tos de per­so­nas ricas que com­pran tie­rras en zonas pobres, lo cual hace que se ele­ven las ren­tas y los cos­tos de terre­nos, y se impi­da a los resi­den­tes loca­les per­ma­ne­cer don­de están. Ese tipo de movi­mien­tos ocu­rre nor­mal­men­te den­tro de las fron­te­ras esta­ta­les, y por eso no se lla­ma inmi­gran­tes a esas per­so­nas. La crea­ción de la Unión Euro­pea hizo que este fenó­meno suce­die­ra de muchas mane­ras en toda Euro­pa.
En pocos temas hay tan­ta hipo­cre­sía como en la inmi­gra­ción. Los pro­po­nen­tes de la eco­no­mía de mer­ca­do casi nun­ca la extien­den al libre movi­mien­to de la fuer­za labo­ral, debi­do a dos razo­nes: 1) sería polí­ti­ca­men­te impo­pu­lar en las regio­nes más ricas, y 2) soca­va­ría el sis­te­ma mun­dial dife­ren­cial de cos­tos labo­ra­les, cru­cial para maxi­mi­zar los nive­les mun­dia­les de ganan­cias.
El resul­ta­do es que cuan­do la Unión Sovié­ti­ca no per­mi­tía a sus habi­tan­tes emi­grar libre­men­te, se le acu­sa­ba con indig­na­ción de vio­lar los dere­chos huma­nos, pero cuan­do los regí­me­nes pos­co­mu­nis­tas per­mi­ten a la gen­te emi­grar sin res­tric­cio­nes, inme­dia­ta­men­te los paí­ses más ricos impo­nen barre­ras a su entra­da. ¿Qué pasa­ría si dejá­ra­mos que el agua alcan­za­ra su pro­pio nivel? ¿Qué suce­de­ría si se eli­mi­na­ran todos los obs­tácu­los al movi­mien­to, entra­da y sali­da, alre­de­dor del mun­do? ¿Toda India emi­gra­ría hacia Esta­dos Uni­dos, todo Ban­gla­desh a Gran Bre­ta­ña, toda Chi­na a Japón? Por supues­to que no. No más de lo que den­tro de Esta­dos Uni­dos los habi­tan­tes de Mis­sis­sip­pi emi­gran a Con­nec­ti­cut, o no más de lo que los de Northum­ber­land lo hacen hacia Sus­sex, en Gran Bre­ta­ña. La mayo­ría de la gen­te tien­de a pre­fe­rir el lugar en el que cre­ció por­que com­par­te con él su cul­tu­ra, cono­ce su his­to­ria, tie­ne lazos fami­lia­res. ¿Aca­so todas las cul­tu­ras se con­ver­ti­rían en híbri­dos? Ya todas lo son. Tóme­se cual­quier zona de Euro­pa o Asia y se cons­ta­ta­rán olea­das de comu­ni­da­des que han atra­ve­sa­do esas tie­rras en los últi­mos mil años; a su paso han deja­do resi­duos de sus len­guas, reli­gio­nes, hábi­tos ali­men­ti­cios, modos de ver el mun­do.

Debe­mos acos­tum­brar­nos a que exis­tan movi­mien­tos de per­so­nas. De hecho es el área en la que el lais­sez-fai­re pue­de real­men­te fun­cio­nar; recuér­de­se que el eslo­gan ori­gi­nal era lais­sez-fai­re, lais­sez-pas­ser (dejar hacer, dejar pasar). Den­tro de los paí­ses dichos movi­mien­tos ocu­rren todo el tiem­po.

Sabe­mos que el movi­mien­to hacia las zonas don­de viven per­so­nas con­si­de­ra­das de bajo nivel social nor­mal­men­te pro­vo­ca la sali­da de las que dicen per­te­ne­cer a un nivel social supe­rior. Pode­mos aplau­dir o deplo­rar dicha situa­ción, lo cier­to es que fre­cuen­te­men­te tra­ta­mos de regu­lar­la median­te la prohi­bi­ción de movi­mien­tos entre zonas y comu­ni­da­des. ¿Dón­de esta­ría lo terri­ble si se apli­ca­ra tal prin­ci­pio a los esta­dos? ¿Se asi­mi­la­rían los inmi­gran­tes? Si por asi­mi­la­ción se entien­de que los inmi­gran­tes se vuel­van clo­nes de los habi­tan­tes del lugar al que lle­gan, es evi­den­te que no suce­de­ría así. Pero ¿sería eso una vir­tud?

Todos los paí­ses se carac­te­ri­zan por su diver­si­dad, lo cual es una vir­tud, no defec­to. Un poco más de espe­cias en la cace­ro­la daría más gus­to a las cosas. Evi­den­te­men­te los inmi­gran­tes (espe­cial­men­te sus hijos) inten­ta­rán enca­jar con sus veci­nos. Todos lo hace­mos. Y los veci­nos pue­den inclu­so inten­tar enca­jar con los recién lle­ga­dos. Esto es apren­der, adap­tar­se. Cla­ro, ésta es una de esas ideas que sólo fun­cio­na­rían real­men­te si todo mun­do las acep­ta­ra y apli­ca­ra. Si un país acep­ta­ra la inmi­gra­ción libre, sin que los demás hagan lo mis­mo, se vería abru­ma­do. Pero si todo el mun­do lo hicie­ra, creo que los flu­jos migra­to­rios no aumen­ta­rían mucho más que en el pre­sen­te, serían más racio­na­les y menos peli­gro­sos, y pro­vo­ca­rían menos opo­si­ción.

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