Una entre­vis­ta con Ahmed Ben Bella Ahmed Ben Bella: » Yo viví 24 años y medio en la cár­cel»

Entre­vis­ta a Ben Bella, recien­te­men­te falle­ci­do, rea­li­za­da hace unos años


El pri­mer pre­si­den­te de la Arge­lia inde­pen­dien­te (1963−1965) Ahmed Ben Bella, falle­ció el 11 de abril de 2012 a la edad de 96 años. En el momen­to de su muer­te, pre­sen­ta­mos de nue­vo la entre­vis­ta que nos con­ce­dió en Gine­bra el 16 de abril de 2006.

Ahmed Ben Bella es una de las más encum­bra­das figu­ras del nacio­na­lis­mo ára­be. Fue uno de los nue­ve miem­bros del Comi­té Revo­lu­cio­na­rio Arge­lino que dio lugar a la crea­ción del Fren­te de Libe­ra­ción Nacio­nal (FLN). Logra esca­par­se des­pués de ser arres­ta­do, en 1952, por los ocu­pan­tes fran­ce­ses. Hecho pri­sio­ne­ro nue­va­men­te en 1956, jun­to a otros cin­co com­pa­ñe­ros de lucha, es encar­ce­la­do en la pri­sión de la San­té, en Fran­cia, has­ta 1952. Des­pués de la fir­ma de los acuer­dos de Evian, se con­vier­te en el pri­mer pre­si­den­te elec­to de la Arge­lia inde­pen­dien­te.

En el plano domés­ti­co, apli­ca una polí­ti­ca socia­lis­ta que se carac­te­ri­za por un vas­to pro­gra­ma de refor­ma agra­ria. En el plano inter­na­cio­nal, incor­po­ra Arge­lia a la ONU y la inclu­ye en el Movi­mien­to de Paí­ses No Ali­nea­dos. Su cre­cien­te influen­cia en la lucha con­tra el impe­ria­lis­mo lle­va a las gran­des poten­cias a favo­re­cer su derro­ca­mien­to median­te un gol­pe de Esta­do mili­tar. Se le impo­ne arres­to domi­ci­lia­rio de 1965 a 1980. Des­de enton­ces se man­tu­vo al mar­gen de los asun­tos inter­nos de su país pero sigue desem­pe­ñan­do un papel inter­na­cio­nal, por ejem­plo como pre­si­den­te de la Cam­pa­ña Inter­na­cio­nal con­tra la Agre­sión a Irak.

Mien­tras que un mal­sano deba­te sobre los aspec­tos posi­ti­vos de la colo­ni­za­ción y la res­pon­sa­bi­li­dad de los ára­bes en el estan­ca­mien­to de sus socie­da­des tie­ne lugar en Fran­cia, el pre­si­den­te Ahmed Ben Bella recuer­da varias ver­da­des his­tó­ri­cas: el carác­ter ile­gí­ti­mo del domi­nio de un pue­blo sobre otro ‑ya sea sobre la Arge­lia de ayer o la Pales­ti­na de hoy‑, la reali­dad mun­dial ‑no la reali­dad ára­be- de la colo­ni­za­ción y de las luchas de libe­ra­ción nacio­nal, la inje­ren­cia occi­den­tal a favor del derro­ca­mien­to de los gobier­nos nacio­na­lis­tas y revo­lu­cio­na­rios del Sur y el man­te­nien­do de las secue­las de la colo­ni­za­ción. Y sub­ra­ya que, hoy día, es el fun­da­men­ta­lis­mo evan­gé­li­co el que expor­ta la vio­len­cia. Pro­ta­go­nis­ta de vira­jes de la his­to­ria, Ahmed Ben Bella res­pon­de a las pre­gun­tas de Sil­via Cat­to­ri.

Sil­via Cat­to­ri: ¿Resi­de usted en Sui­za cuan­do no está de via­je?

Ahmed Ben Bella: No, vivo en Arge­lia pero ven­go a menu­do a Sui­za. Viví diez años aquí, lue­go de mis pro­ble­mas con el poder de los mili­ta­res arge­li­nos. En Arge­lia me per­si­guen los perio­dis­tas. Así que cuan­do nece­si­to un poco de des­can­so y de dis­tan­cia en cuan­to a lo que allá suce­de, ven­go aquí don­de sigo tenien­do un peque­ño apar­ta­men­to. ¡Ten­go 90 años!

S.C.- ¡Pare­ce un mucha­cho! ¿Sabe usted, señor Ben Bella, que ha deja­do una ima­gen muy bella en el cora­zón de la gen­te de todo el mun­do?

Ahmed Ben Bella: (Se ríe) Tuve una vida un poco espe­cial. Par­ti­ci­pé en la libe­ra­ción de mi país. Estu­ve entre los orga­ni­za­do­res de la lucha de libe­ra­ción allí. Tam­bién par­ti­ci­pé de for­ma acti­va en todas las luchas de libe­ra­ción.

S.C.- Usted es de ori­gen ára­be marro­quí. ¿Qué víncu­lo man­tie­ne con sus raí­ces rura­les?

Ahmed Ben Bella: Sí, soy arge­lino de ori­gen marro­quí debi­do a mis padres. Pero mi vida es Arge­lia. Allí nací. Soy hijo de cam­pe­si­nos pobres que vinie­ron a vivir a Arge­lia sien­do muy jóve­nes. No fue has­ta hace poco que cono­cí el lugar don­de nacie­ron, en los alre­de­do­res de la ciu­dad de Marra­kech.

S.C.- Mien­tras venía a ver­lo, me daba la impre­sión de venir a un encuen­tro con los pue­blos y las cau­sas por los cua­les ha lucha­do usted a lo lar­go de su vida. Es muy emo­cio­nan­te con­ver­sar aquí de su lucha por un mun­do más humano, más jus­to. ¿No encar­na usted todo eso?

Ahmed Ben Bella: Sí, mi vida es una vida de lucha. Pue­do decir que esa lucha no ha cesa­do ni un momen­to, una lucha que empren­dí a los 16 años. Aho­ra ten­go 90 y mi moti­va­ción no ha cam­bia­do. Me ani­ma el mis­mo fer­vor.

S.C.- En 1962, usted lle­ga a las más altas res­pon­sa­bi­li­da­des de la Arge­lia inde­pen­dien­te. Se abre todo tipo de espe­ran­zas. Des­de la Arge­lia colo­ni­za­da has­ta su libe­ra­ción, des­de la are­na polí­ti­ca inter­na­cio­nal has­ta la lucha alter­mun­dis­ta, usted ha paga­do caro el pre­cio de su nega­ti­va a some­ter­se.

Ahmed Ben Bella: Sí, pagué muy caro mi lucha por la jus­ti­cia y la liber­tad de los pue­blos. Pero hice lo que sen­tí que era mi deber, mi obli­ga­ción. Así que no me resul­tó difí­cil esco­ger. Cuan­do me impli­qué en la lucha por mi país, era muy joven. Mis hori­zon­tes se abrie­ron. Ense­gui­da me di cuen­ta de que los pro­ble­mas iban más allá de Arge­lia, que muchos pue­blos eran víc­ti­mas de la colo­ni­za­ción, que tres cuar­tas par­tes de los paí­ses del pla­ne­ta esta­ban colo­ni­za­dos de una u otra mane­ra. Para los fran­ce­ses, Arge­lia era enton­ces un depar­ta­men­to de ultra­mar. Era Fran­cia del otro lado del Medi­te­rrá­neo. La colo­ni­za­ción fran­ce­sa en Arge­lia duró mucho: 132 años. Par­ti­ci­pé en aque­lla lucha en Arge­lia. Ense­gui­da, des­pués de la inde­pen­den­cia, me uní a todos aque­llos que, a tra­vés del mun­do, lucha­ban tam­bién por libe­rar sus paí­ses. Vino enton­ces aque­lla fase de la lucha de libe­ra­ción nacio­nal en la que par­ti­ci­pé de mane­ra total. En Túnez, en Marrue­cos, en Viet­nam, Arge­lia se había con­ver­ti­do un poco en la madre de las luchas de libe­ra­ción. Ayu­dar­los era para noso­tros una tarea sagra­da. Cuan­do alguien venía a pedir­nos ayu­da, era sagra­do. Ni siquie­ra lo pen­sá­ba­mos. Los ayu­dá­ba­mos, aún cuan­do noso­tros mis­mos tenía­mos pocos medios. Les ofre­cía­mos armas, un poco de dine­ro y, de ser posi­ble, hom­bres.

S.C.- En 1965, no son los fran­ce­ses quie­nes lo encar­ce­lan a usted sino sus com­pa­ñe­ros de armas. ¿Qué sien­te usted hoy hacia aque­llos que le cerra­ron de pron­to el camino?

Ahmed Ben Bella: No sien­to des­pre­cio. No sien­to odio. Pien­so que par­ti­ci­pa­ron en algo que no fue muy lim­pio y que fue muy per­ju­di­cial, no sólo para el pue­blo arge­lino sino tam­bién para los demás pue­blos que con­ta­ban con nues­tro apo­yo en aquel enton­ces. Mi lucha por mejo­rar las con­di­cio­nes de vida de los arge­li­nos, inmer­sos enton­ces en una gran mise­ria, y mi lucha por ayu­dar los otros pue­blos aún colo­ni­za­dos a reco­brar su liber­tad moles­ta­ba mucho a cier­tos pode­res. Des­de su pun­to vis­ta, yo iba dema­sia­do lejos. Tenía que des­apa­re­cer. Lo que quie­re decir que si el ejér­ci­to arge­lino no me hubie­se derro­ca­do, otros lo habrían hecho. Yo tenía que des­apa­re­cer por­que moles­ta­ba dema­sia­do. Le pro­por­cio­na­ba abri­go a prác­ti­ca­men­te todos los movi­mien­tos de libe­ra­ción, inclu­yen­do los que venían de Amé­ri­ca Lati­na.

S.C.- ¿Ya esta­ba en con­tac­to con Fidel Cas­tro?

Ahmed Ben Bella: Sí. El Che había veni­do a Argel a entre­gar­me el men­sa­je de Fidel Cas­tro, con quien ya me había reu­ni­do dos veces. Nos pedía apo­yo para las luchas que se desa­rro­lla­ban en Suda­mé­ri­ca, ya que Cuba no podía hacer­lo debi­do al con­trol de Esta­dos Uni­dos, que ocu­pa­ba la base de Guan­tá­na­mo. Así que nada podía salir de Cuba, ni una caja de fós­fo­ros, sin que lo supie­ra Esta­dos Uni­dos. No vaci­lé un segun­do. Fue des­de Arge­lia, y con la par­ti­ci­pa­ción del Che, que se que­dó seis meses en nues­tro país, que se creó el Esta­do Mayor del ejér­ci­to de libe­ra­ción de Suda­mé­ri­ca. Hoy pue­do decir­lo: todos los com­ba­tien­tes que par­ti­ci­pa­ban en la lucha de libe­ra­ción en Suda­mé­ri­ca estu­vie­ron en Arge­lia. De allí par­tie­ron todos los que lucha­ban. Los entre­na­mos, nos las arre­gla­mos para hacer­les lle­gar las armas, crea­mos redes.

Ahmed Ben Bella reci­be a Ernes­to Che Gue­va­ra, Argel, 1963.

S.C.- ¿En qué año vino el Che Gue­va­ra a Arge­lia?

Ahmed Ben Bella: El Che vino en 1963, poco des­pués de mi lle­ga­da al poder. Con mi gobierno nos com­pro­me­ti­mos a apor­tar nues­tra ayu­da a las luchas de libe­ra­ción nacio­nal. En aquel momen­to, nume­ro­sos paí­ses esta­ban colo­ni­za­dos aún o salían ape­nas de la colo­ni­za­ción. Prác­ti­ca­men­te Áfri­ca ente­ra esta­ba en esa situa­ción. Noso­tros la ayu­da­mos. Man­de­la y Amíl­car Cabral tam­bién estu­vie­ron en Arge­lia. Yo los entre­né. Des­pués se fue­ron a lle­var la lucha de libe­ra­ción a sus paí­ses. En el caso de otros movi­mien­tos, que no esta­ban inmer­sos en la lucha arma­da o que nece­si­ta­ban sola­men­te apo­yo polí­ti­co, como en Malí, los ayu­dá­ba­mos en otros aspec­tos.

S.C.- ¿Quién lo apar­tó a usted del poder en 1965? ¿El ejér­ci­to arge­lino o fuer­zas exte­rio­res?

Ahmed Ben Bella: Estoy segu­ro que hubo, indi­rec­ta­men­te, una inter­ven­ción de poten­cias extran­je­ras. Hemos vis­to en otras par­tes los mis­mos meca­nis­mos. Don­de­quie­ra que triun­fa­ron las luchas de libe­ra­ción nacio­nal se pro­du­je­ron, lue­go de la cons­ti­tu­ción del poder, gol­pes de Esta­do mili­ta­res que derro­ca­ron a sus diri­gen­tes. Ha ocu­rri­do muchas veces. En dos años hubo 22 gol­pes de Esta­do mili­ta­res, prin­ci­pal­men­te en Áfri­ca y en el Ter­cer Mun­do. El gol­pe de Esta­do de Argel, en 1965, fue el que abrió la vía. Arge­lia no fue, por tan­to, más que el prin­ci­pio de algo que esta­ba en cier­nes. Por eso yo digo que el sis­te­ma capi­ta­lis­ta mun­dial fue el que final­men­te reac­cio­nó en con­tra nues­tra.

S.C.- ¿Usted es mar­xis­ta?

Ahmed Ben Bella: No soy mar­xis­ta pero me sitúo resuel­ta­men­te a la izquier­da. Soy ára­be musul­mán, de orien­ta­ción muy de izquier­da en mi acción y mis con­vic­cio­nes. Por eso, aun­que no com­par­ta la doc­tri­na mar­xis­ta, estu­ve siem­pre del lado de todos los movi­mien­tos de izquier­da del mun­do y de los paí­ses socia­lis­tas que, como Cuba, Chi­na y la URSS, empren­die­ron la lucha anti­co­lo­nia­lis­ta y anti­im­pe­ria­lis­ta. Con ellos fue que cons­ti­tui­mos un fren­te de libe­ra­ción y apor­ta­mos nues­tro apo­yo logís­ti­co a los ejér­ci­tos popu­la­res para ayu­dar a sus paí­ses a salir del colo­nia­lis­mo e ins­tau­rar un régi­men inte­rior nacio­nal. Era la fase de liqui­da­ción del colo­nia­lis­mo. El colo­nia­lis­mo es una idea naci­da en Occi­den­te que lle­vó a los paí­ses occi­den­ta­les ‑como Fran­cia, Ita­lia, Bél­gi­ca, Gran Bre­ta­ña- a ocu­par paí­ses fue­ra del con­ti­nen­te euro­peo. Un colo­nia­lis­mo en su for­ma pri­mi­ti­va, o sea median­te la ins­ta­la­ción en los paí­ses ocu­pa­dos de pode­res extran­je­ros repre­si­vos con un ejér­ci­to, ser­vi­cios, poli­cías. Esa fase se carac­te­ri­zó por ocu­pa­cio­nes colo­nia­les crue­les que dura­ron has­ta 300 años en Indo­ne­sia.

S.C.- Des­pués de esa fase, ¿no se man­tu­vo usted en el Movi­mien­to de Paí­ses No Ali­nea­dos?

Ahmed Ben Bella: Ya no hay paí­ses no ali­nea­dos. Aquel movi­mien­to fue crea­do por hom­bres de gran enver­ga­du­ra, como Neh­ru, Mao Tsé-Tung, Nas­ser y otros gran­des nom­bres, en una épo­ca en que exis­tía sobre todo un peli­gro de gue­rra ató­mi­ca. Era el enfren­ta­mien­to entre la URSS y Esta­dos Uni­dos. Está­ba­mos al bor­de de la gue­rra nuclear. Los Paí­ses No Ali­nea­dos desem­pe­ña­ron un papel impor­tan­te en impe­dir­la. Aquel Movi­mien­to duró cier­to núme­ro de años. Pero el sis­te­ma aca­bó por poner­le fin.

S.C.- Más tar­de, ¿no desem­pe­ñó usted un papel impor­tan­te en el desa­rro­llo del movi­mien­to alter­mun­dis­ta?

Ahmed Ben Bella: El sis­te­ma mun­dial que con­tro­la todo lo que hemos men­cio­na­do encon­tró otra for­ma de domi­na­ción: la «glo­ba­li­za­ción». «Glo­ba­li­za­ción» es de por sí una pala­bra muy boni­ta, una pala­bra que pue­de unir, traer fra­ter­ni­dad entre los pue­blos. Sin embar­go, la pala­bra «glo­ba­li­za­ción», tal y como fue con­ce­bi­da, es una pala­bra que hace mucho daño, que ha con­du­ci­do a la glo­ba­li­za­ción de la mise­ria, de la muer­te, del ham­bre: 35 millo­nes de per­so­nas mue­ren de malnu­tri­ción cada año. Sí, sería una pala­bra muy boni­ta si se hubie­se glo­ba­li­za­do el bien, si lle­va­ra el bien­es­tar a todos. Pero es todo lo con­tra­rio. Es una glo­ba­li­za­ción per­ver­sa que glo­ba­li­za el mal, glo­ba­li­za la muer­te, glo­ba­li­za la pobre­za.

S.C.- ¿La glo­ba­li­za­ción ha teni­do sólo efec­tos dañi­nos?

Ahmed Ben Bella: La úni­ca ven­ta­ja que hemos saca­do de ella es que hoy esta­mos mejor infor­ma­dos que antes. Nadie pue­de seguir igno­ran­do que este sis­te­ma trae la exten­sión del ham­bre. Se han crea­do rique­zas pero son rique­zas fic­ti­cias. El ver­da­de­ro peso, en el plano mone­ta­rio, lo tie­nen mul­ti­na­cio­na­les como Gene­ral Motors y Nestlé, lo tie­nen gran­des gru­pos indus­tria­les más que gran­des paí­ses como Egip­to. ¡Si nos basa­mos en sus ganan­cias, Gene­ral Motors, por ejem­plo, es cua­tro veces más rica que Egip­to que es un país de 70 millo­nes de habi­tan­tes, el país de los farao­nes, un país extra­or­di­na­rio, el más edu­ca­do de los paí­ses ára­bes! Eso da una idea de lo que sig­ni­fi­ca la pala­bra «glo­ba­li­za­ción». Por eso com­ba­tí ese sis­te­ma que favo­re­ce gru­pos que repre­sen­tan, en el plano mone­ta­rio, mucho más que un gran país y que gene­ran tan­tas des­igual­da­des. Por eso noso­tros tene­mos que favo­re­cer una mejor com­pren­sión de los pro­ble­mas que otros han com­pli­ca­do lo más posi­ble pero que son final­men­te la expre­sión de una sola cosa: la ins­tau­ra­ción de un sis­te­ma inhu­mano.

S.C.- A pesar de la volun­tad cla­ra­men­te expre­sa­da, en 2003, de las tres cuar­tas par­tes de los paí­ses del pla­ne­ta, los movi­mien­tos pro­gre­sis­tas no logra­ron impe­dir la gue­rra. ¿No le pare­ce a usted, a veces, que aque­llos que se encuen­tran a la cabe­za de esos movi­mien­tos come­tie­ron un error, o que sim­ple­men­te siguie­ron un camino equi­vo­ca­do por­que no supie­ron iden­ti­fi­car las ver­da­de­ras moti­va­cio­nes del adver­sa­rio?

Ahmed Ben Bella: Yo, que soy un hom­bre del Sur, he com­pro­ba­do que algo cam­bió en el Nor­te, algo que es muy impor­tan­te seña­lar. Lo que cam­bió pre­ci­sa­men­te en esa área supues­ta­men­te ade­lan­ta­da del Nor­te, que nos hace la gue­rra, que nos colo­ni­zó, que nos ha hecho cosas terri­bles, es que hoy exis­te una opi­nión públi­ca que se expre­sa, que hay jóve­nes que dicen «¡bas­ta!». Eso indi­ca que ese sis­te­ma mun­dial nefas­to no gol­pea sola­men­te al Sur sino que tam­bién afec­ta al Nor­te. Antes se habla­ba de pobre­za, de mise­ria, sola­men­te en el Sur. Aho­ra hay mucha mise­ria, muchos males que tam­bién cau­san víc­ti­mas en el Nor­te. Eso se ha evi­den­cia­do: este sis­te­ma mun­dial no está hecho para ser­vir al bien de todos sino para ser­vir a las empre­sas trans­na­cio­na­les.

Por con­si­guien­te, den­tro de ese Nor­te, que tan­to hemos com­ba­ti­do, hay aho­ra un movi­mien­to, hay toda una juven­tud que quie­re actuar, que se lan­za a las calles, que pro­tes­ta, aun­que la izquier­da no haya sabi­do dar­les a esos jóve­nes que quie­ren cam­bios las lla­ves de la solu­ción. Eso siem­pre pasa: todo movi­mien­to comien­za de esa mane­ra. El movi­mien­to de libe­ra­ción que diri­gí en Arge­lia, la orga­ni­za­ción que creé para com­ba­tir al ejér­ci­to fran­cés, era al prin­ci­pio un peque­ño movi­mien­to de nada. No éra­mos más que unas dece­nas de per­so­nas en toda Arge­lia, un terri­to­rio que es cin­co veces el de Fran­cia.

S.C.- ¿Qué obtu­vie­ron esas gene­ra­cio­nes de jóve­nes que pusie­ron tan­tas espe­ran­zas en ATTAC, por ejem­plo, que aho­ra pro­po­ne «refor­mar la glo­ba­li­za­ción»? ¿No había que recha­zar el prin­ci­pio mis­mo y tomar medi­das más radi­ca­les ante el carác­ter radi­cal del lla­ma­do sis­te­ma libe­ral?

Ahmed Ben Bella: La gen­te de izquier­da, cuan­do lle­ga al poder, no es dis­tin­ta que la de los otros par­ti­dos. En lo tocan­te a Arge­lia, noso­tros qui­si­mos tra­ba­jar con la izquier­da fran­ce­sa y no cono­ci­mos peor poder que el que ejer­ció el Par­ti­do Socia­lis­ta fran­cés. Lo peor que nos suce­dió fue con los socia­lis­tas. Nin­gún poder polí­ti­co ante­rior nos había com­ba­ti­do tan dura­men­te como el del socia­lis­ta Guy Mollet. Le estoy hablan­do de hechos espe­cí­fi­cos. Hablo de lo que cono­cí. Yo esta­ba a la cabe­za del FLN cuan­do el gobierno de Guy Mollet ‑des­pués de enten­der que Fran­cia no podía man­te­ner­se en Arge­lia- se puso en con­tac­to con el gobierno de Gamal Abdel Nas­ser para que nos pre­gun­ta­ra si está­ba­mos dis­pues­tos a con­ver­sar con ellos. Era lo que yo había pen­sa­do des­de siem­pre, que algún día nos íba­mos a tener que sen­tar alre­de­dor de una mesa y defi­nir el mejor modo de que Arge­lia se con­vir­tie­ra en un país total­men­te inde­pen­dien­te. Era el obje­ti­vo que bus­cá­ba­mos: vol­ver a ser libres, no vivir más bajo la féru­la de un sis­te­ma opre­si­vo. Yo dije que sí, que esta­ba dis­pues­to a nego­ciar, con la con­di­ción de que fue­ran ellos ‑los fran­ce­ses- quie­nes lo pidie­ran. Exi­gí que las nego­cia­cio­nes se desa­rro­lla­ran en Egip­to. Las nego­cia­cio­nes dura­ron seis meses. Lle­ga­mos a una solu­ción. Con aquel peda­zo de papel en el bol­si­llo fui, en sep­tiem­bre de 1965, a infor­mar a Moha­med V, el rey de Marrue­cos. Él se había impli­ca­do en aque­lla lucha, nos había ayu­da­do, inclu­so mili­tar­men­te. Enton­ces, cuan­do íba­mos para Túnez, don­de pen­sá­ba­mos infor­mar tam­bién a las auto­ri­da­des, fui­mos per­se­gui­dos por la avia­ción fran­ce­sa. Fue el pri­mer des­vío de avión de la his­to­ria. En aquel avión esta­ban dos ter­cios de los diri­gen­tes de la revo­lu­ción arge­li­na. Nos que­rían liqui­dar inme­dia­ta­men­te. Fue un mila­gro que esca­pá­ra­mos a la muer­te. Le cuen­to eso para decir­le lo que pien­so de los socia­lis­tas: era Guy Mollet que, ape­nas ter­mi­nan­do de fir­mar un com­pro­mi­so, ya lo esta­ba trai­cio­nan­do. Lo mis­mo podría decir­le del gober­na­dor Lacos­te, que tam­bién era socia­lis­ta. En todo caso, era la izquier­da la que nos intere­sa­ba y a su lado sigo luchan­do. Yo soy un hom­bre de izquier­da.

S.C.- Enton­ces, ¿cuan­do se ve al lado de los repre­sen­tan­tes de la Inter­na­cio­nal Socia­lis­ta, en las tri­bu­nas de los Foros Socia­les, pien­sa a veces que ellos están allí prin­ci­pal­men­te por una cues­tión de pres­ti­gio per­so­nal?

Ahmed Ben Bella: Sí, a veces pien­so que no son serios. Yo sí deseo ver­da­de­ra­men­te cam­biar el mun­do. Quie­ro que este mun­do cam­bie. Para cam­biar las cosas nece­si­ta­mos gen­te sin­ce­ra y, sobre todo, desin­te­re­sa­da.

S.C.- ¿Cree usted en la nece­si­dad de un cam­bio?

Ahmed Ben Bella: Sí, des­de mi tem­pra­na juven­tud creo en esa nece­si­dad. Vuel­vo a lo que usted pre­gun­ta­ba, lo que me hace abri­gar, en lo per­so­nal, cier­ta con­fian­za en el futu­ro. Quie­ro hablar de lo que obser­vo aquí, en Occi­den­te. Estoy con­ven­ci­do de que el sis­te­ma libe­ral no tie­ne futu­ro. A esos jóve­nes, a esos estu­dian­tes de la ense­ñan­za media que he vis­to lan­zar­se a las calles, que no tie­nen otra cosa que su ideal de jus­ti­cia; a esos jóve­nes que par­ti­ci­pan en las mani­fes­ta­cio­nes, que bus­can otros valo­res, me gus­ta­ría decir­les: «Yo empe­cé así, cuan­do tenía la edad de uste­des, con peque­ños pasos. Y poco a poco me siguió todo un pue­blo.» Cuan­do voy a mani­fes­ta­cio­nes, los obser­vo, hablo con ellos, veo que son ellos quie­nes tie­nen las car­tas en la mano.

S.C.- Se plan­tea con insis­ten­cia la pre­gun­ta siguien­te: ¿Los diri­gen­tes de los movi­mien­tos anti­im­pe­ria­lis­tas han evi­ta­do cri­ti­car a Israel, Esta­do ideo­ló­gi­ca y legis­la­ti­va­men­te racis­ta que des­de su crea­ción está apli­can­do una lim­pie­za étni­ca en Pales­ti­na? ¿Han orien­ta­do enton­ces mal a gene­ra­cio­nes de jóve­nes, han fal­sea­do el deba­te mien­tras que Israel se man­te­nía muy acti­vo jun­to a Esta­dos Uni­dos en el com­ba­te con­tra el comu­nis­mo, con­tra Nas­ser y con­tra el nacio­na­lis­mo ára­be y apo­ya­ba regí­me­nes horri­bles?

Ahmed Ben Bella: Son pre­gun­tas que están sobre la mesa y son obje­to de polé­mi­ca. Noso­tros no que­re­mos una soli­da­ri­dad fal­sea­da. No que­re­mos un Esta­do que, como el de Israel, sea el ins­tru­men­to pre­fe­ri­do de este cruel sis­te­ma glo­bal que diri­ge Esta­dos Uni­dos, país cuya polí­ti­ca ha hecho ya tan­to mal. Para noso­tros, hay una doble trai­ción. La trai­ción, pri­me­ro, de aque­llos que, en el ban­do de la izquier­da, debe­rían haber esta­do de nues­tro lado, lea­les a la cau­sa pales­ti­na y ára­be, y no estu­vie­ron. Esta tam­bién es la trai­ción de todos esos judíos a los que nos sen­ti­mos pró­xi­mos, con los que tene­mos algún pare­ci­do, con los que vivía­mos en per­fec­ta armo­nía. Ára­bes y judíos son pri­mos. Habla­mos la mis­ma len­gua. Ellos son semi­tas, como noso­tros. Hablan arameo y noso­tros habla­mos arameo. El arameo tie­ne varias ramas: Etio­pía habla arameo, Eri­trea habla arameo, la gen­te de con­fe­sión judía habla arameo, los ára­bes hablan arameo. Eso es lo que nos hace mucho daño, el saber­nos trai­cio­na­dos por quie­nes tan cer­ca están de noso­tros, por gen­te que son nues­tros pri­mos, que se pare­cen a noso­tros y que hablan arameo como noso­tros. Cono­ce­mos el anti­se­mi­tis­mo por­que noso­tros somos semi­tas. A eso agre­go que has­ta el pro­fe­ta de ellos es nues­tro pro­fe­ta. Moi­sés y Jesu­cris­to son pro­fe­tas para noso­tros.

Ahmed Ben Bella y Gamal Abdel Nas­ser

S.C.- Des­de el fin del mul­ti­la­te­ra­lis­mo, la ONU está bajo con­trol de Washing­ton y de los neo­con­ser­va­do­res. Todo país ára­be que no se some­te al dic­ta­do de estos es pues­to al mar­gen de las nacio­nes. ¿Cómo juz­ga usted esa situa­ción? ¿Cómo salir de ella? Ante el enfren­ta­mien­to del uni­la­te­ra­lis­mo israe­lí ¿no está con­de­na­do Hamas a fra­ca­sar y a renun­ciar a aque­llo por lo que lucha su pue­blo des­de hace 60 años?

Ahmed Ben Bella: Pien­so que Hamas es carac­te­rís­ti­co de lo que suce­de entre noso­tros, de esa dimen­sión que toma aho­ra una fuer­te con­no­ta­ción reli­gio­sa, que abra­za el Islam. Yo soy ára­be musul­mán. No qui­sie­ra vivir en un país diri­gi­do por un inte­gris­mo islá­mi­co. Pero, y le hablo con toda fran­que­za, no los cri­ti­co por­que esa nece­si­dad de reli­gión ha sido crea­da por las dis­tor­sio­nes del sis­te­ma capi­ta­lis­ta. A fuer­za de hacer­nos daño resul­ta que final­men­te, en vez de encon­trar­se ante un movi­mien­to que recla­ma el carác­ter ára­be, que abra­za la cul­tu­ra y se man­tie­ne abier­to, se ven ante los extre­mis­tas. Israel y Esta­dos Uni­dos se encuen­tran ante esa dimen­sión. Ellos mis­mos pro­vo­ca­ron esa situa­ción.

S.C.- ¿Usted no desea una res­pues­ta reli­gio­sa?

Ahmed Ben Bella: Yo soy musul­mán pero no deseo que la res­pues­ta sea reli­gio­sa. Lo que recha­zo no es el hecho reli­gio­so en sí sino que se pue­da hacer una lec­tu­ra que no vaya en el sen­ti­do de la reno­va­ción del Islam, que se pue­da hacer una lec­tu­ra retró­gra­da del Islam cuan­do el Islam tie­ne la ven­ta­ja de creer tam­bién en dos reli­gio­nes: la reli­gión judía y la reli­gión cris­tia­na. Para noso­tros, Maho­ma es la con­ti­nui­dad de Jesu­cris­to y de Moi­sés.

S.C.- ¿Se han pues­to los musul­ma­nes a la cabe­za de la resis­ten­cia anti­co­lo­nial actual? ¿No ten­dría­mos que reco­no­cer que lo que com­ba­ten los ara­bo-musul­ma­nes no son los valo­res de Occi­den­te sino su polí­ti­ca agre­si­va? El Hez­bo­llah, por ejem­plo, que tie­ne tan mala repu­tación entre noso­tros, ¿no ha hecho aca­so retro­ce­der el impe­ria­lis­mo esta­dou­ni­den­se e israe­lí en el Líbano? ¿No debe­rían los pro­gre­sis­tas sobre­po­ner­se a sus pre­jui­cios sobre los musul­ma­nes, con­si­de­rar­los como un ele­men­to diná­mi­co en la lucha con­tra la opre­sión y apo­yar­los?

Ahmed Ben Bella: Sí, sí. Ahí hay un pro­ble­ma de edu­ca­ción. Son aque­llos que diri­gen los par­ti­dos pro­gre­sis­tas quie­nes tie­nen que res­pon­der correc­ta­men­te ante deter­mi­na­das situa­cio­nes. Pero, no es lo que suce­de. Tene­mos una ban­de­ra y un himno nacio­nal. Lo demás son los occi­den­ta­les, de las dife­ren­tes ten­den­cias, quie­nes lo deci­den por noso­tros. Todo eso se envuel­ve con pala­bras boni­tas, bajo la ayu­da de orga­nis­mos como el Ban­co Mun­dial y el FMI, que no son más que ins­tru­men­tos de tor­tu­ra que Occi­den­te ha crea­do para con­ti­nuar su domi­na­ción. lo cual sig­ni­fi­ca que sali­mos de un sis­te­ma de colo­nia­lis­mo direc­to para caer en otra cosa que pare­ce mejor pero que no lo es. Sin embar­go, le repi­to que ten­go la espe­ran­za de que en ese Nor­te que nos ha hecho tan­to daño esa juven­tud esté toman­do con­cien­cia de que esa lógi­ca de domi­na­ción pro­vo­ca más y más pobre­za, tan­to en el Nor­te como en el Sur. Aun­que no sea la mis­ma domi­na­ción que se apli­ca en el Sur, se tra­ta de una situa­ción de indi­gen­cia que no pue­de acep­tar nin­gún ser libre. ¿Cuán­ta gen­te es víc­ti­ma del des­em­pleo, de la pobre­za? ¿Cuán­tos han sido echa­dos a la calle? Qui­zás sea eso lo que aca­ba­rá por lle­var a los pue­blos del Nor­te a cam­biar su visión de las cosas y a unir­se fran­ca­men­te a noso­tros.

S.C.- No vemos hoy mucha gen­te pro­tes­tar en Occi­den­te con­tra las atro­ci­da­des come­ti­das en Irak, en Pales­ti­na y Afga­nis­tán. ¿No tie­ne usted la impre­sión que hay tan­tos pre­jui­cios, cui­da­do­sa­men­te ali­men­ta­dos, en con­tra de ára­bes y musul­ma­nes ‑inclu­so en el seno de las orga­ni­za­cio­nes anti­gue­rre­ris­tas- que la posi­bi­li­dad de apo­yar la resis­ten­cia de uste­des les pare­ce una idea leja­na?

Ahmed Ben Bella: Es cier­to, los par­ti­dos de izquier­da que espe­rá­ba­mos no han veni­do a noso­tros. Se empe­ci­na­ron en eso. Cuan­do se men­cio­na el Islam, ellos hablan de Bin Laden. No me gus­ta­ría vivir en su repú­bli­ca pero no lo cri­ti­co. Cuan­do veo lo que hace Bush no me pue­do per­mi­tir cri­ti­car a Bin Laden. Le digo a usted con toda fran­que­za que los ata­ques con­tra las torres de Nue­va York yo no los con­de­né. Yo con­deno a Bush, con­deno al gobierno esta­dou­ni­den­se, por­que con­si­de­ro que Bin Laden es fru­to de la polí­ti­ca de ellos. Ellos cerra­ron todas las puer­tas del diá­lo­go a los ara­bo-musul­ma­nes. Les hicie­ron creer, por déca­das, que si hacían esto o aque­llo Occi­den­te haría jus­ti­cia en Pales­ti­na. Sin embar­go, Israel y sus alia­dos no qui­sie­ron nun­ca la paz en nues­tra tie­rra. Israel no ha deja­do nun­ca de hacer la gue­rra y de ate­rro­ri­zar a nues­tros pue­blos. Indi­rec­ta­men­te Bin Laden es una crea­ción de Bush y de Israel. Esos dos Esta­dos siem­bran la muer­te y el odio en el Medio Orien­te y en el mun­do. No nos han deja­do más alter­na­ti­va que la con­fron­ta­ción vio­len­ta. Todos esos movi­mien­tos radi­ca­les, cali­fi­ca­dos de «terro­ris­tas» e «inte­gris­tas», nacie­ron como res­pues­ta a los terro­ris­tas que, des­de Tel Aviv y Washing­ton, diri­gen gue­rras de des­truc­ción con­tra pue­blos ára­bes. ¿Qué alter­na­ti­va tie­nen esos pue­blos que ellos bom­bar­dean tan sal­va­je­men­te? Ante los ejér­ci­tos moder­nos no les que­da otro recur­so que sacri­fi­car sus pro­pias vidas en aten­ta­dos sui­ci­das. Y eso es lo que hacen. En el Corán, eso se lla­ma «shaha­dah». Esa pala­bra expre­sa un recur­so extre­mo, un esta­do de deses­pe­ra­ción tal que quien lo sufre no pue­de seguir sopor­tan­do la vida. Y se sacri­fi­can, no en pos de una vida mejor para sí mis­mos sino para que al menos los suyos vivan mejor. Es el mayor sacri­fi­cio. Aquí, en Occi­den­te, los lla­man «terro­ris­tas». Pero le voy a decir con toda sin­ce­ri­dad que yo me inclino ante quien haga un sacri­fi­cio tan gran­de, se lo ase­gu­ro.

S.C.- Si entien­do bien, ¿usted dice que todo lo que cau­sa la rebe­lión de la gen­te en el Medio Orien­te ha sido gene­ra­do por Occi­den­te, que el que lucha tie­ne que sacri­fi­car­se y sufrir por los demás, que los ára­bes die­ron prue­bas de tole­ran­cia en el pasa­do?

Ahmed Ben Bella: Así es. La vio­len­cia que se expre­sa en el mun­do ara­bo-musul­mán es el resul­ta­do de la cul­tu­ra de odio y vio­len­cia que engen­dró Israel al impo­ner­se por la fuer­za en las tie­rras de los ára­bes. Las atro­ci­da­des de ese Esta­do ile­gal obli­gan a los más vale­ro­sos a reac­cio­nar. No creo que haya lucha más noble que la de los pales­ti­nos que resis­ten al ocu­pan­te. Cuan­do veo lo que ha sufri­do ese pue­blo des­de hace más de un siglo y que sigue encon­tran­do fuer­zas para luchar, sólo pue­do expre­sar admi­ra­ción. Los mis­mos que masa­cran a ese pue­blo pre­sen­tan aho­ra a la gen­te de Hamas como fas­cis­tas y terro­ris­tas. ¡No son fas­cis­tas! ¡No son terro­ris­tas! ¡Son gen­te que resis­te!

S.C.- Pales­ti­na es una nación encar­ce­la­da. ¿Cómo se lle­gó a hablar de «terro­ris­mo», inclu­so en el seno de la izquier­da, en vez de hablar del dere­cho a resis­tir con los armas? ¿Encuen­tra usted gran­des simi­li­tu­des o dife­ren­cias entre la colo­ni­za­ción fran­ce­sa en Arge­lia y la colo­ni­za­ción israe­lí en Pales­ti­na?

Ahmed Ben Bella: Es peor en Pales­ti­na. Allí hay, ade­más, un apartheid. Los fran­ce­ses no podían expul­sar­nos de un país que tie­ne cin­co veces el tama­ño de Fran­cia. Tra­ta­ron de crear una zona de con­ten­ción en el nor­te, con la menor can­ti­dad de arge­li­nos posi­ble, pero no dio resul­ta­do. No esta­ble­cie­ron un ver­da­de­ro apartheid, como hacen los israe­líes en Pales­ti­na. El Esta­do de Israel creó la más terri­ble de las domi­na­cio­nes.

S.C.- ¿Cree usted que los pales­ti­nos vivi­rán bajo la ocu­pa­ción menos tiem­po que los arge­li­nos?

Ahmed Ben Bella: Yo creo que sí. En pri­mer lugar, el colo­nia­lis­mo es un fenó­meno cla­ra­men­te iden­ti­fi­ca­do y con­de­na­do por las leyes inter­na­cio­na­les. Ade­más, si hay un asun­to sobre el cual exis­te una­ni­mi­dad en el mun­do ára­be, ese es el pro­ble­ma pales­tino. Mien­tras no se haga jus­ti­cia a los pales­ti­nos, el mun­do ára­be musul­mán tam­po­co podrá sen­tir­se libre. Es una par­te de su ser que se man­tie­ne cau­ti­va.

S.C.- En otra épo­ca, la polí­ti­ca no era más noble pero había aún un equi­li­brio. Des­de que se aca­bó la bipo­la­ri­dad fue­ron barri­dos los prin­ci­pios mora­les más ele­men­ta­les. Se habla cons­tan­te­men­te de com­ba­tir el «terro­ris­mo» pero no se habla de los 800 niños aba­ti­dos en Pales­ti­na por los sol­da­dos israe­líes des­de el año 2000 ni de los millo­nes de niños ira­quíes ase­si­na­dos o enfer­mos que no tie­nen ya dere­cho a un desa­rro­llo nor­mal. ¿Habrían sido posi­bles las atro­ci­da­des de Guan­tá­na­mo y Abu Ghraib si la comu­ni­dad inter­na­cio­nal hubie­se teni­do la decen­cia de decir no a la vio­len­cia de Washing­ton? ¿Qué diri­gen­te de un Esta­do tie­ne aún las manos lim­pias en esta supues­ta gue­rra con­tra «el terro­ris­mo»?

Ahmed Ben Bella: Lo que suce­dió en Guan­tá­na­mo, en Abu Ghraib y en otras par­tes es enor­me. Y todo ese horror sigue pro­pa­gán­do­se y pro­vo­can­do gran­des sufri­mien­tos. Supi­mos que Esta­dos Uni­dos ins­ta­ló pri­sio­nes en Euro­pa Orien­tal para esqui­var sus pro­pias leyes y que Euro­pa es par­tí­ci­pe de todo eso. Inclu­so se le cri­ti­ca a Sui­za el haber auto­ri­za­do que sobre­vo­la­ran su terri­to­rio los avio­nes que trans­por­tan pri­sio­ne­ros fan­tas­mas, secues­tra­dos, some­ti­dos a tor­tu­ras.

S.C.- ¿Cuá­les serían a su enten­der los medios de con­tra­rres­tar la estra­te­gia de Bush y los neo­con­ser­va­do­res?

Ahmed Ben Bella: ¡Ese es un movi­mien­to inte­gris­ta, pero cris­tiano! El pro­ble­ma que enfren­ta­mos hoy es el siguien­te: la ideo­lo­gía de Bush es el peor inte­gris­mo que se pue­da ima­gi­nar. Los que ins­pi­ran a Bush son los famo­sos evan­ge­lis­tas pro­tes­tan­tes. Es un inte­gris­mo terri­ble. ¿Qué medios tene­mos para com­ba­tir? Ya le hablé de las espe­ran­zas que pon­go en la juven­tud, aun­que sé que no tie­ne ver­da­de­ros medios de com­ba­tir ese espan­to­so sis­te­ma. Sé que no bas­ta con lan­zar­se a la calle. Hay que pasar a otra cosa, inven­tar otros medios de acción, pero lo nece­sa­rio es actuar en vez de sufrir. Y cuan­do se tie­ne la impre­sión de que no se avan­za, hay que pen­sar que exis­ten fases, que se nece­si­ta cier­to tiem­po para que la mayo­ría nos entien­da. La acción empie­za con los que tie­nen una com­pren­sión cla­ra, aun­que esta no cubra todos los pro­ble­mas. Pero des­pués hay que ven­cer los obs­tácu­los y pen­sar que ni el par­ti­do socia­lis­ta, con todo lo socia­lis­ta que dice ser, ni tal o más cual aso­cia­ción son los que van a cam­biar este mun­do.

S.C.- ¿La solu­ción para lle­gar a un reequi­li­brio pue­de venir de Chi­na y Rusia?

Ahmed Ben Bella: Pien­so que Chi­na pue­de ser una espe­ran­za. En el pasa­do Rusia nos ayu­dó extra­or­di­na­ria­men­te. Pero, por el momen­to, des­gra­cia­da­men­te, Rusia no está en una situa­ción fácil. Yo no pon­dría espe­ran­zas en ella. Yo con­ta­ría mucho más con Chi­na. En pri­me­ra, tie­ne argu­men­tos que Rusia no posee. Es un país que se encuen­tra a la cabe­za de los paí­ses en expan­sión. El pro­pio Occi­den­te se implan­ta­rá en Chi­na para reac­ti­var su eco­no­mía. De aquí a 20 años habrá que ver el nue­vo mapa polí­ti­co.

S.C.- ¿Qué decir, mien­tras tan­to, a los pue­blos aban­do­na­dos a su suer­te en Pales­ti­na, en Irak?

Ahmed Ben Bella: Nun­ca actua­mos pen­san­do que somos noso­tros los que vamos a bene­fi­ciar­nos. Actua­mos por­que hay que actuar. Las gran­des con­quis­tas no han sido nun­ca pro­duc­to de una sola gene­ra­ción. En nues­tro país dicen que el que come no es el que sir­ve el pla­to. Hay que crear redes de soli­da­ri­dad que apo­yen incon­di­cio­nal­men­te la lucha de esos pue­blos.

S.C.- ¿Qué decir tam­bién a esa juven­tud que usted ha men­cio­na­do, tes­ti­go de tan­tos abu­sos?

Ahmed Ben Bella: No pue­den res­pe­tar las barre­ras, tie­nen que tomar ini­cia­ti­vas. Si no bas­ta con reu­nir­se perió­di­ca­men­te en gran­des demos­tra­cio­nes, si nada cam­bia, hay que pasar a otra cosa, inven­tar sin demo­ra otras for­mas de lucha.

S.C.- Pero, ¿no ha lle­ga­do la hora de que los ára­bes tomen la direc­ción del movi­mien­to anti­be­li­cis­ta, has­ta aho­ra en manos de los occi­den­ta­les?

Ahmed Ben Bella: Sí, sí. Ante la gra­ve­dad de la situa­ción en el Medio Orien­te, son los pales­ti­nos o repre­sen­tan­tes de los movi­mien­tos del mun­do ára­be los que tie­nen que actuar. Pien­so que ese movi­mien­to ára­be, el movi­mien­to pales­tino, todas esas fuer­zas, si se con­ju­gan y se sobre­po­nen a sus diver­gen­cias, son una espe­ran­za no sólo para los ára­bes. Esas fuer­zas tam­bién pue­den con­tri­buir a cam­biar este mun­do, el sis­te­ma glo­bal tal y como fun­cio­na.

S.C.- ¡Pare­ce usted opti­mis­ta!

Ahmed Ben Bella: ¿Sabe usted? No sólo soy opti­mis­ta. Me paso la vida actuan­do. No me con­for­mo con hacer dis­cur­sos. Dedi­co todo mi tiem­po a la acción median­te la orga­ni­za­ción Nor­te-Sur. Tam­bién creo que, a veces, las fuer­zas de la espe­ran­za vie­nen de don­de menos se espe­ra.

S.C.- El pri­mer con­gre­so cons­ti­tu­ti­vo de la Alian­za Popu­lar Ára­be de Resis­ten­cia tuvo lugar a fines de mar­zo de 2006, en El Cai­ro. Los par­ti­ci­pan­tes lla­ma­ron a los pue­blos a poner­se «bajo la ban­de­ra del inter­na­cio­na­lis­mo para apo­yar al pue­blo ára­be en su lucha con­tra la agre­sión impe­ria­lis­ta». ¿Cons­ti­tu­ye eso el pun­to de par­ti­da de una cam­pa­ña que, si los par­ti­dos pro­gre­sis­tas de Occi­den­te se unie­sen a ella, podría reac­ti­var el movi­mien­to anti­be­li­cis­ta e ir en el sen­ti­do de sus deseos?

Ahmed Ben Bella: Sí, en lo per­so­nal soy favo­ra­ble a esa ini­cia­ti­va. Lo impor­tan­te es avan­zar. No se avan­za si se duda, si se pien­sa que se aca­bó, si nos estan­ca­mos en las diver­gen­cias. Avan­zar o corre­gir los defec­tos, eso es la vida. Del lado de los ára­bes tam­bién hay muchos obs­tácu­los que ven­cer. Tene­mos que hacer un esfuer­zo para ven­cer las diver­gen­cias. En el seno del movi­mien­to ára­be encon­tra­mos, en efec­to, las mis­mas debi­li­da­des que encuen­tra el movi­mien­to anti­im­pe­ria­lis­ta en Occi­den­te.

S.C.- Hay más de 10 000 pales­ti­nos injus­ta­men­te encar­ce­la­dos en las pri­sio­nes israe­líes y que no son reco­no­ci­dos como pri­sio­ne­ros polí­ti­cos. Ahmed Sa’adat ‑secues­tra­do por Israel en Jeri­có en mar­zo de 2006 jun­to a cin­co de sus com­pa­ñe­ros, cuan­do esta­ba bajo cus­to­dia de esta­dou­ni­den­ses y bri­tá­ni­cos- está sien­do some­ti­do des­de enton­ces a tor­tu­ras cons­tan­tes. Él ha reafir­ma­do su volun­tad de no ceder al decir: «Don­de quie­ra que esté, segui­ré com­ba­tien­do.» Usted se reco­no­ce segu­ra­men­te a sí mis­mo en esa afir­ma­ción. ¿Sabe usted lo que sig­ni­fi­ca vivir encar­ce­la­do?

Ahmed Ben Bella: Sí. Yo viví 24 años y medio en la cár­cel. Cuan­do los fran­ce­ses me encar­ce­la­ron en La San­té, me ence­rra­ron con los con­de­na­dos a la gui­llo­ti­na. Des­de mi cel­da podía ver la gui­llo­ti­na. Son terri­bles los malos tra­tos que Israel infli­ge a los pales­ti­nos. Actual­men­te no ten­go otro pro­yec­to que Pales­ti­na. Haré todo lo que pue­da por ayu­dar­la. Para alcan­zar la paz, en Pales­ti­na y en el mun­do, tie­ne que aca­bar este sis­te­ma de mer­ca­de­res. Por­que los pro­ble­mas son inmen­sos, los daños son inmen­sos. Dejar el mun­do en manos de mer­ca­de­res y ase­si­nos cons­ti­tu­ye un cri­men. Es ese el ver­da­de­ro terro­ris­mo, no Bin Laden.

S.C.- Cuan­do oye jefes de Esta­do que dicen que hacen la gue­rra en Irak en nom­bre de la liber­tad y de la demo­cra­cia ¿qué les diría?

Ahmed Ben Bella: Les digo que el dere­cho a la vida es el más impor­tan­te de los dere­chos huma­nos. Los dere­chos huma­nos son el dere­cho a vivir. Todos los filó­so­fos hablan del dere­cho a la vida. Sal­va­guar­dar la vida, vivir es lo pri­me­ro a que aspi­ra todo el mun­do. Pero el sis­te­ma mun­dial no se moles­ta en garan­ti­zar ese dere­cho. Explo­ta y mata. Y cuan­do no pue­de matar cons­tru­ye cár­ce­les sin con­trol, abu­sos que pre­ten­den apor­tar demo­cra­cia. Esta­dos Uni­dos está hacien­do en Afga­nis­tán e Irak lo que siem­pre hizo Israel con­tra los pales­ti­nos. Nos hablan de demo­cra­cia israe­lí, de demo­cra­cia esta­dou­ni­den­se. Pero ¿qué demo­cra­cia han apor­ta­do ellos al des­truir toda posi­bi­li­dad de vida?

S.C.- ¿Sufre usted por Irak?

Ahmed Ben Bella: Ah, sí. Para mí, Irak… estu­ve quin­ce veces en Irak ¿sabe? (Silen­cio) [1] Casi me matan en Irak. ¡Es inso­por­ta­ble ver lo que le están hacien­do a Irak! ¡Lo que están hacién­do­le a ese país que es la cuna de la civi­li­za­ción! Fue en Irak que se empe­zó a cul­ti­var la tie­rra. Allí nació la huma­ni­dad. Allí se for­ja­ron los pri­me­ros prin­ci­pios. Allí nació el alfa­be­to, el pri­mer códi­go, el de Ham­mu­ra­bi. Todo eso fue des­trui­do por diri­gen­tes incul­tos, por una nación de sólo 250 años de his­to­ria, que fue colo­nia de Gran Bre­ta­ña. Que liqui­dó el colo­nia­lis­mo inglés e ins­tau­ró un colo­nia­lis­mo mun­dial. ¿Qué se hicie­ron los 80 millo­nes de ame­rin­dios? Nun­ca vol­ve­ré a Esta­dos Uni­dos. Es un país de ban­di­dos.

S.C.- ¿Las gue­rras des­en­ca­de­na­das en Afga­nis­tán y el Medio Orien­te son para usted gue­rras racis­tas?

Ahmed Ben Bella: Exac­ta­men­te. Son gue­rras con­tra el Islam, con­tra la civi­li­za­ción ára­be. Eso sal­ta a la vis­ta. Entre los paí­ses que según Bush están fue­ra de la ley sólo uno no es ara­bo-musul­mán: Corea del Nor­te. Los demás, Siria, Irak, Sudán, Irán, son todos musul­ma­nes. Las cru­za­das tenían como obje­ti­vo supues­to la recu­pe­ra­ción de la tum­ba de Cris­to. A veces, para moles­tar a los occi­den­ta­les les pre­gun­to: ¿Qué len­gua habla­ba Jesu­cris­to? Habla­ba mi len­gua, no la de uste­des. Habla­ba arameo, ¡como yo! Cuan­do usted lee la Biblia, Jesu­cris­to dice: «Eli, Eli, Lama sabak­ta-ni» [2] Y noso­tros deci­mos en Arge­lia: «Ilahi lima­da sabakta‑n». Son exac­ta­men­te las mis­mas pala­bras que pro­nun­ció Jesús. Jesús habla­ba como yo. El Islam saca muchas cosas del Evan­ge­lio o de la Biblia, que el pro­pio Islam vie­ne a com­ple­tar.

Yo explo­to de ver tan­to abu­so. Nos han hecho tan­to daño… Han afec­ta­do nues­tra dig­ni­dad. Sin hablar de aquel peque­ño pue­blo en Pales­ti­na. ¿Cuán­tos pales­ti­nos tie­nen que vivir bajo la féru­la más abyec­ta? Nues­tra reac­ción no tie­ne que ver con el racis­mo, se lo ase­gu­ro. Esta­mos más que can­sa­dos. Occi­den­te nos ha hecho mucho daño. ¿No fue aca­so en Occi­den­te don­de se come­tie­ron los peo­res crí­me­nes con­tra la huma­ni­dad? ¿Dón­de nació el fas­cis­mo? ¿Dón­de nació el nazis­mo? ¿Dón­de nació el esta­li­nis­mo? La famo­sa Inqui­si­ción, que duró 400 años, ¿dón­de se desa­rro­lló? Fran­ca­men­te, hace fal­ta mucha abne­ga­ción para decir­se dia­ria­men­te: «No quie­ro odiar a Occi­den­te».

S.C.- ¿No habría que incri­mi­nar a los defen­so­res del «cho­que de civi­li­za­cio­nes», a los prois­rae­líes, como los prin­ci­pa­les ins­ti­ga­do­res de lo anti­ára­be, anti­is­lám, que se pro­pa­ga de for­ma inquie­tan­te con­tra sus pue­blos?

Ahmed Ben Bella: Por supues­to. El lobby israe­lí en Esta­dos Uni­dos es algo terri­ble. Has­ta aho­ra no se podía men­cio­nar sin que lo acu­sa­ran a uno de anti­se­mi­tis­mo. Recien­te­men­te apa­re­cie­ron varios estu­dios que demues­tran con ejem­plos irre­fu­ta­bles el peso del lobby israe­lí en las opcio­nes polí­ti­cas y mili­ta­res de las que somos obje­to [3]. Ya nadie pue­de negar hoy la impor­tan­cia, has­ta el peli­gro que repre­sen­ta ese lobby que pene­tra todas las esfe­ras estra­té­gi­cas. Me sien­to, por tan­to, muy impli­ca­do en ese aspec­to de las cosas que difi­cul­ta más aún la solu­ción de la cues­tión pales­ti­na.

Ten­go que decir­le que aun­que el Islam sufrió muchos males, el Islam nun­ca hizo daño a otros paí­ses. A lo lar­go de la his­to­ria, el Islam mos­tró una tole­ran­cia que no exis­te en nin­gu­na otra par­te, mien­tras que Israel logró implan­tar­se por la fuer­za en un espa­cio y en un lugar que están habi­ta­dos por los pales­ti­nos ‑uno de los pue­blos ára­bes más evo­lu­cio­na­dos- y creó, des­po­ján­do­los de sus tie­rras, un Esta­do racis­ta. Mien­tras que Israel se nie­gue a reco­no­cer el dere­cho de los pales­ti­nos a exis­tir y a regre­sar a sus tie­rras, no habrá paz en el mun­do.

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Sil­via Cat­to­ri

[1] En 1990 – 91, el pre­si­den­te Ahmed Ben Bella diri­gió una media­ción entre Fran­cia e Irak para tra­tar de impe­dir la gue­rra del Gol­fo. Los nego­cia­do­res fran­ce­ses eran Edgard Pisa­ni y Marc Bou­reau d’Argonne, admi­nis­tra­dor de la Red Vol­tai­re. Leer «Le dou­ble jeu de Fra­nçois Mit­te­rrand», Vol­tai­re, 3 de noviem­bre de 2003.

[2] «Eli, Eli, Lama sabak­ta-ni», pala­bras atri­bui­das a Jesús en Los Evan­ge­lios poco antes de su muer­te. Tra­duc­ción: «Padre, Padre, ¿por qué me has aban­do­na­do?»

[3] Ben Bella se refie­re al ensa­yo, publi­ca­do por la Lon­don Review of Books, inti­tu­la­do «Le Lobby israé­lien et la poli­ti­que étran­gè­re des États-Unis» (The Israel Lobby and US Foreign Policy), redac­ta­do en con­jun­to por el pro­fe­sor John Mearshei­mer, de la Uni­ver­si­dad de Chica­go, y el pro­fe­sor Stephan Walt, decano de la Ken­nedy School of Gover­ne­ment de la Uni­ver­si­dad de Har­vard.

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Sil­via Cat­to­ri

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