Tesis sobre el coope­ra­ti­vis­mo socia­lis­ta- Iña­ki Gil de San Vicen­te

Nota: Tex­to escri­to para sen­dos deba­tes sobre el mis­mo tema en Cos­ta Rica y en Cata­lun­ya en abril de 2012. Como sopor­te argu­men­ta­ti­vo se reco­mien­dan otros dos tex­tos. Uno es «Coope­ra­ti­vis­mo socia­lis­ta y eman­ci­pa­ción huma­na», publi­ca­do en el libro Coope­ra­ti­vas y socia­lis­mo. Una mira­da des­de Cuba, com­pi­la­do por Cami­la Piñei­ro Har­nec­ker, la Haba­na 2011, a libre dis­po­si­ción en Inter­net. Y otro, Coope­ra­ti­vis­mo obre­ro, con­se­jis­mo y auto­ges­tión socia­lis­ta. Algu­nas lec­cio­nes para Eus­kal Herria, del 6 de agos­to de 2002, a libre dis­po­si­ción en Inter­net.

  1. ANTROPOGENIA, COOPERACIÓN Y AYUDA MUTUA
  2. COOPERACIÓN Y MERCADO PRECAPITALISTA
  3. COOPERACIÓN Y RUPTURA CAPITALISTA
  4. DIVISIONES EN EL COOPERATIVISMO
  5. COOPERATIVISMO SOCIALISTA
  6. FETICHISMO Y NECESIDADES RADICALES
  7. DERROTAS, LECCIONES Y PROPUESTAS

1. ANTROPOGENIA, COOPERACIÓN Y AYUDA MUTUA

  1. Habla­mos de coope­ra­ti­vis­mo socia­lis­ta por­que la expe­rien­cia coope­ra­ti­vis­ta es muy ante­rior a los pri­me­ros atis­bos de socia­lis­mo, inclu­so ante­rior al socia­lis­mo utó­pi­co, aun­que fue con esta corrien­te cuan­do se empie­za a sis­te­ma­ti­zar en for­ma teó­ri­ca las prác­ti­cas coope­ra­ti­vis­tas que pode­mos ras­trear­las en el modo de pro­duc­ción tri­bu­ta­rio en Meso­po­ta­mia, India, Chi­na. Quie­re esto decir que la prác­ti­ca de la coope­ra­ción tan­to en el pro­ce­so de tra­ba­jo como en el de con­su­mo reco­rre a varios modos de pro­duc­ción, de hecho está pre­sen­te como ele­men­to cla­ve en la antro­po­ge­nia, en la auto­gé­ne­sis de nues­tra espe­cie. Sin per­ma­nen­te coope­ra­ción no exis­ti­ría­mos como espe­cie ani­mal rela­ti­va­men­te cons­cien­te. Y sin esta coope­ra­ción nun­ca alcan­za­re­mos la auto­con­cien­cia que nece­si­ta­mos para evi­tar la catás­tro­fe eco­ló­gi­ca y socio­eco­nó­mi­ca que está pro­vo­can­do el modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta.
    1. La antro­po­ge­nia se ha sus­ten­ta­do y se ha desa­rro­lla­do a par­tir de dife­ren­cias que nos dis­tan­cia­ban de nues­tros pri­mos her­ma­nos, los pri­ma­tes supe­rio­res. Una de ellas es que el pri­ma­te bípe­do trans­por­ta lo fun­da­men­tal. Otra que coope­ra para obte­ner ali­men­tos y pro­te­ger­se. Ade­más, los huma­nos giran alre­de­dor de un terri­to­rio de refe­ren­cia que pue­de variar pero que siem­pre tie­ne un cen­tro u hogar. Por otra par­te, dedi­can más tiem­po a la bús­que­da de ali­men­tos muy pro­teí­ni­cos. Y por últi­mo y deci­si­vo, con­su­men la mayor par­te de los ali­men­tos tras su vuel­ta al «hogar», retra­san­do su inges­ta para hacer­la de for­ma colec­ti­va, mien­tras que este con­su­mo dife­ri­do es muy poco fre­cuen­te en los gran­des monos. Diver­sos gra­dos de coope­ra­ción están pre­sen­tes en cada una de las dife­ren­cias y la coope­ra­ción en su con­jun­to mar­ca la gran dife­ren­cia cua­li­ta­ti­va, coope­ra­ción glo­bal que se plas­ma en la inter­ac­ción per­ma­nen­te entre mano y men­te, tra­ba­jo e inte­li­gen­cia, exis­ten­cia y len­gua­je.
    2. Pero hay más, como ya hace tiem­po demos­tró Kro­pot­kin en un libro odia­do por la bur­gue­sía, la ayu­da mutua es una prác­ti­ca gene­ra­li­za­da en muchí­si­mas espe­cies ani­ma­les, no sólo en la huma­na. Y ayu­da mutua y coope­ra­ción van uni­das, y con la onto­ge­nia y filo­ge­nia huma­na lle­gan a expre­sar­se en la impor­tan­cia cla­ve de lo común, de lo colec­ti­vo y de la coope­ra­ción que exi­gen para exis­tir. A lo lar­go de este deve­nir, tan bien estu­dia­do por Engels en lo rela­cio­na­do a la dia­léc­ti­ca entre el tra­ba­jo y el pen­sa­mien­to, se gene­ran las con­di­cio­nes que hacen sur­gir el poten­cial lin­güís­ti­co-cul­tu­ral de nues­tra espe­cie, que mar­ca una de las dife­ren­cias cua­li­ta­ti­vas con el res­to. Marx decía que la len­gua es el «ser comu­nal que habla por sí mis­mo».
    3. Antro­po­ge­nia y coope­ra­ción vie­nen a ser lo mis­mo. Se sabe que los nean­der­ta­les cui­da­ban de algu­nos de sus miem­bros minus­vá­li­dos o invá­li­dos, «impro­duc­ti­vos» en el sen­ti­do capi­ta­lis­ta, indi­vi­dua­lis­ta bur­gués. La razón más plau­si­ble es que dedi­ca­ran par­te de los esca­sos recur­sos ener­gé­ti­cos a esa vital soli­da­ri­dad de gru­po por­que sabían que la exis­ten­cia colec­ti­va depen­de de la coope­ra­ción de todos sus miem­bros, sean «pro­duc­ti­vos» o «impro­duc­ti­vos», según el cri­te­rio bur­gués. Lo más pro­ba­ble es que en aque­llas socie­da­des, valo­res huma­nos que aho­ra se des­pre­cian y ridi­cu­li­zan tuvie­ran sin embar­go una impor­tan­cia sim­bó­li­ca y mate­rial deci­si­va. Coope­rar unos con otros aun­que fue­ra úni­ca­men­te en el plano afec­ti­vo-emo­cio­nal es cons­truir lazos de soli­da­ri­dad muy fuer­te, irrom­pi­ble, y echar raí­ces comu­na­les que per­vi­ven en el tiem­po. Raí­ces comu­na­les que han lle­ga­do a resis­tir has­ta la muer­te en gru­po las peo­res inva­sio­nes exter­mi­na­do­ras, como dejan cons­tan­cia Dar­win al cono­cer la his­to­ria de los pue­blos pata­go­nes.

2. COOPERACIÓN Y MERCADO PRECAPITALISTA

  1. Has­ta la irrup­ción del dine­ro y del valor de cam­bio en su pri­me­ra fase his­tó­ri­ca, la pre­ca­pi­ta­lis­ta, la coope­ra­ción era la for­ma domi­nan­te del pro­ce­so pro­duc­ti­vo. Don­de sólo domi­na el valor de uso, la coope­ra­ción está regi­da por su pro­duc­ción para las nece­si­da­des direc­tas y de uso del colec­ti­vo, del pue­blo. Pro­duc­ción direc­ta que si bien pue­de retra­sar­se en su con­su­mo, en la prác­ti­ca no se alma­ce­na­ba para ser ven­di­da en un mer­ca­do inexis­ten­te o tan débil que en reali­dad era un mer­ca­do de true­que y de inter­cam­bio direc­to, sin la inter­me­dia­ción del dine­ro, o con muy poca. La situa­ción fue cam­bian­do en la medi­da en que el comer­cio y la inte­gra­ción eco­nó­mi­ca ace­le­ra­da por las cas­tas ascen­den­tes de las ciu­da­des-Esta­do y los pri­me­ros impe­rios egip­cios y meso­po­tá­mi­cos impul­sa­ba el cre­ci­mien­to de los mer­ca­dos y su cre­cien­te con­trol por la buro­cra­cia pala­cie­ga. La escri­tu­ra cunei­for­me sur­ge en este perío­do y es una de las pri­me­ras mues­tras de la esci­sión entre el tra­ba­jo inte­lec­tual y el tra­ba­jo físi­co. La coope­ra­ción que­da así rota en su base, y el coope­ra­ti­vis­mo socia­lis­ta será el esfuer­zo más cohe­ren­te y lúci­do, revo­lu­cio­na­rio en su esen­cia y obje­ti­vo, por reins­tau­rar esa ini­cial pra­xis rota por el mer­ca­do.
  2. En Euro­pa occi­den­tal, el des­plo­me del modo de pro­duc­ción escla­vis­ta supo­ne que duran­te los «siglos oscu­ros», del V al XI, apro­xi­ma­da­men­te, de fase de tran­si­ción del escla­vis­mo a feu­da­lis­mo, la eco­no­mía mer­can­til sufra un serio retro­ce­so, aun­que se man­tie­ne y muy boyan­te en otras áreas del pla­ne­ta, como en las cul­tu­ras islá­mi­cas y en zonas de Áfri­ca, Bizan­cio, India y Chi­na, y Meso­amé­ri­ca. La coope­ra­ción, en su inmen­sa mayo­ría, vuel­ve a ser sim­ple y direc­ta, para el true­que y el inter­cam­bio, para el con­su­mo pro­pio o pró­xi­mo, en el pue­blo. Se recu­pe­ran algu­nas tie­rras pri­va­das de las cla­ses domi­nan­tes roma­nas, que se comu­na­li­zan, pero son pocas, y al arar­se otras nue­vas se reser­van algu­nas como colec­ti­vas, pero empe­za­rán a decre­cer con­for­ma ascien­da el feu­da­lis­mo. Las eco­no­mías mucho más desa­rro­lla­das de las cul­tu­ras cita­das man­tie­nen sin embar­go con mayor o menor fuer­za lazos con las pro­pie­da­des comu­na­les que adquie­ren diver­sas for­mas, con sus corres­pon­dien­tes prác­ti­cas de coope­ra­ción arrai­ga­das en los res­tos de esa pro­pie­dad comu­nal por muy des­vir­tua­da y debi­li­ta­da que estu­vie­ra.
  3. Deci­mos esto por­que una de las razo­nes que expli­can la gran resis­ten­cia al colo­nia­lis­mo euro­peo des­de el siglo XV, e inclu­so des­de las lla­ma­das «cru­za­das» en el siglo XI en el nor­te de Áfri­ca y en este euro­peo esla­vo, es la deci­sión de los pue­blos que se nie­gan a ser explo­ta­dos o exter­mi­na­dos, y que resis­ten en bue­na medi­da gra­cias a que man­tie­nen algún modo de pro­pie­dad comu­nal y colec­ti­va, y su for­ma cul­tu­ral basa­da en la coope­ra­ción, en la soli­da­ri­dad, en la ayu­da mutua. Es cier­to que en muchos casos tam­bién actúan los intere­ses de las gran­des fami­lias, caci­caz­gos y cas­tas que for­man el blo­que impe­rial en el poder, y de las cla­ses posee­do­ras pri­va­das, ambos movi­li­zan­do para la gue­rra con­tra el colo­nia­lis­mo occi­den­tal sus res­pec­ti­vos pue­blos. Pero esta reali­dad no pue­de negar que los euro­peos com­pren­die­ran que el fun­da­men­tal enemi­go era la pro­pie­dad colec­ti­va, común, la con­cien­cia coope­ra­ti­va y de ayu­da mutua del pue­blo. De hecho, lo pri­me­ro que hicie­ron fue inten­tar com­prar y sobor­nar a los caci­ques y jefes tri­ba­les para que se pasa­sen al ban­do inva­sor. Y lo logra­ron muchas veces.
  4. Muchos cro­nis­tas euro­peos así lo reco­no­cie­ron, y el pro­pio Marx cer­ti­fi­có la fuer­za defen­si­va de las «comu­ni­da­des cam­pe­si­nas» del «modo de pro­duc­ción asiá­ti­co» para resis­tir a los inva­so­res capi­ta­lis­tas. Se refor­za­ba así la teo­ría ya cono­ci­da por los impe­rios anti­guos y lle­va­da al gra­do de axio­ma por los roma­nos, de que las cas­tas y las cla­ses enri­que­ci­das, pro­pie­ta­rias, son más pro­pen­sas a ceder ante el inva­sor cotas de su inde­pen­den­cia y de su pro­pie­dad para man­te­ner el res­to, y que las cla­ses explo­ta­das resis­tían más deses­pe­ra­da­men­te en la medi­da en que tenían pro­pie­da­des comu­na­les y recur­sos pro­duc­ti­vos pro­pios que defen­der, por­que les resul­ta­ban vita­les para sobre­vi­vir. De este modo, se suma­ban dos fuer­zas atro­ces con­tra la super­vi­ven­cia de lo comu­nal y de la for­ma de coope­ra­ción que le es inhe­ren­te: por un lado, la impla­ca­ble agre­sión del capi­ta­lis­mo colo­nia­lis­ta y lue­go impe­ria­lis­ta, y, a la vez, refor­zán­do­la en la mayo­ría de los casos, los intere­ses egoís­tas de las mino­rías pro­pie­ta­rias pri­va­das en los pue­blos ata­ca­dos, dis­pues­tas a pac­tar con el inva­sor y a ceder­le esos bie­nes comu­nes de su pue­blo, entre otras cosas, ade­más de su afán con apro­piár­se­los con cual­quier excu­sa.

3. COOPERACIÓN Y RUPTURA CAPITALISTA

  1. Pero el capi­ta­lis­mo aña­de una nove­dad úni­ca y devas­ta­do­ra con res­pec­to a los ante­rio­res modos de pro­duc­ción, que supo­ne una gra­ve­dad cua­li­ta­ti­va para la super­vi­ven­cia de lo comu­nal y de las for­mas de coope­ra­ción inhe­ren­tes a él. Se tra­ta de la ten­den­cia a la pri­va­ti­za­ción abso­lu­ta, a la abso­lu­ta mer­can­ti­li­za­ción de todo, a la inte­gra­ción de toda la reali­dad mate­rial y sim­bó­li­ca en el pro­ce­so de valo­ra­ción y acu­mu­la­ción del capi­tal. Las for­mas de coope­ra­ción sufren así un ata­que a su raíz pre­ca­pi­ta­lis­ta, raíz ancla­da en los res­tos de pro­pie­dad común, con muchas for­mas y des­vir­tua­cio­nes pero sub­sis­ten­te, y en la cul­tu­ra socie­ta­ria que toda­vía se man­tie­ne sobre estos res­tos o en la memo­ria colec­ti­va en for­mas de ayu­da mutua, soli­da­ri­dad, asam­bleís­mo y prác­ti­cas hori­zon­ta­les de auto­or­ga­ni­za­ción ante la adver­si­dad y la explo­ta­ción.
  2. El capi­tal debe con­ver­tir en mer­can­cía has­ta la muer­te y el naci­mien­to, la vida ente­ra en todas sus expre­sio­nes, y a la natu­ra­le­za. Seme­jan­te nece­si­dad cie­ga, obje­ti­va en el pleno sen­ti­do de la pala­bra, hace que des­de su ori­gen inten­te apro­piar­se de todo lo que pue­de, que ata­que con los medios nece­sa­rios toda la pro­pie­dad colec­ti­va, común o social que se le resis­te, que se nie­ga a ser mer­can­ti­li­za­da y pri­va­ti­za­da. No es casua­li­dad, en modo alguno, que fue­ra en la mitad del siglo XIV cuan­do empe­za­ran a tomar cuer­po en Euro­pa los movi­mien­tos mile­na­ris­tas, jus­ti­cia­lis­tas, heré­ti­cos y mís­ti­cos que pro­tes­ta­ban no sólo con­tra el empeo­ra­mien­to de las con­di­cio­nes de vida sino a la vez con­tra los ata­ques pri­va­ti­za­do­res.
  3. Un siglo antes, en el XIII apa­re­ce una de las pri­me­ras refe­ren­cias a la «cla­se de los usu­re­ros», es decir, a la pro­to­bur­gue­sía finan­cie­ra, deci­si­va para faci­li­tar con sus prés­ta­mos la expan­sión de otras frac­cio­nes bur­gue­sas, y sobre todo para pro­lon­gar la exis­ten­cia de una noble­za cada vez más empo­bre­ci­da que por eso mis­mo nece­si­ta liqui­dar los comu­na­les, sobre­ex­plo­tar al cam­pe­si­na­do, aumen­tar los impues­tos a los mer­ca­dos o con­tro­lar­los y fre­nar el auge de las comu­nas urba­nas, de las ciu­da­des cada vez más ricas y pode­ro­sas.
  4. Si algo late en el fon­do de la mayo­ría de las pro­tes­tas y de las uto­pías que apa­re­cen en esta épo­ca es pre­ci­sa­men­te una rei­vin­di­ca­ción abs­trac­ta de los «bie­nes comu­nes», que lle­ga a plas­mar­se en el lema radi­cal de Omnia con­mu­na est, o «todo es común», inter­pre­ta­ción libre de algu­nas de las líneas con­tra­dic­to­rias que se reco­gen en la Biblia y en las tra­di­cio­nes de las cul­tu­ras paga­nas, helé­ni­cas y orien­ta­les, que van lle­gan­do a Euro­pa. Poco más tar­de, cuan­do se empie­cen a cono­cer las cul­tu­ras de Áfri­ca occi­den­tal y de las Amé­ri­cas, a par­tir de fina­les del siglo XV, estas uto­pías se irán enri­que­cien­do en mati­ces y dife­ren­cias, que no pode­mos expo­ner aho­ra.
  5. Pero dado que las cul­tu­ras de las que se toman sus bases toda­vía des­co­no­cían la fero­ci­dad cua­li­ta­ti­va del mer­ca­do capi­ta­lis­ta que ya domi­na­ba en Euro­pa en los aspec­tos deci­si­vos, por eso mis­mo, las uto­pías euro­peas tie­nen un con­te­ni­do nue­vo que va a deter­mi­nar otra for­ma de coope­ra­ción y por tan­to de movi­mien­to coope­ra­ti­vis­ta. Las socie­da­des pre­ca­pi­ta­lis­tas, pese a toda su rique­za, refi­na­mien­to y cul­tu­ra, supe­rio­res a la Euro­pea en aque­lla épo­ca, seguían aún den­tro de la sín­te­sis social impues­ta por el mer­ca­do pre­ca­pi­ta­lis­ta, y su matriz social impe­día el sur­gi­mien­to de una for­ma de coope­ra­ción que abrie­se la posi­bi­li­dad futu­ra de una crí­ti­ca radi­cal de la pro­pie­dad pri­va­da, como lle­ga­rá a suce­der con el socia­lis­mo mar­xis­ta, con el comu­nis­mo.
  6. Pero debió trans­cu­rrir el tiem­po para que en la segun­da mitad del siglo XVIII sur­gie­ra el pri­mer coope­ra­ti­vis­mo «moderno», es decir, ple­na­men­te inmer­so en la dic­ta­du­ra del mer­ca­do capi­ta­lis­ta, sien­do coope­ra­ti­vas de con­su­mo, defen­si­vas, que bus­ca­ban sólo mejo­rar en par­te las peno­sas con­di­cio­nes de vida limi­tan­do los abu­sos en pre­cios y los frau­des en cali­dad tan masi­vos en el libre mer­ca­do de la épo­ca. Para el pri­mer ter­cio del siglo XIX el coope­ra­ti­vis­mo ya había gene­ra­do una crí­ti­ca moral del capi­ta­lis­mo, que obvia­men­te no podía lle­gar a las cau­sas socia­les de la explo­ta­ción.
  7. El ori­gen de la socio­lo­gía como la for­ma menos idea­lis­ta de la ideo­lo­gía bur­gue­sa tie­ne lugar pre­ci­sa­men­te en esta mis­ma épo­ca, algo más que una «coin­ci­den­cia» en la que no pode­mos pro­fun­di­zar aho­ra sino sim­ple­men­te decir que ambas prác­ti­cas ‑el coope­ra­ti­vis­mo de con­su­mo en base a una crí­ti­ca limi­ta­da­men­te moral, y la socio­lo­gía- tie­nen en común tres limi­ta­cio­nes estruc­tu­ra­les que se man­ten­drán has­ta aho­ra mis­mo: una, la indi­fe­ren­cia o el recha­zo de la crí­ti­ca mar­xis­ta de la eco­no­mía polí­ti­ca bur­gue­sa; otra, el recha­zo o la indi­fe­ren­cia de la polí­ti­ca prác­ti­ca y la acep­ta­ción del «neu­tra­lis­mo»; y, tres, la acep­ta­ción mayo­ri­ta­ria de la ideo­lo­gía bur­gue­sa del Esta­do como un ins­tru­men­to neu­tral y has­ta posi­ti­vo, que pude y debe ser usa­do para impul­sar el coope­ra­ti­vis­mo e ins­ti­tu­cio­na­li­zar la socio­lo­gía.
  8. Ade­más de esto, el indi­vi­dua­lis­mo bur­gués se ha ido adap­tan­do a las nece­si­da­des de la lucha con­tra el socia­lis­mo. No es casua­li­dad que en la segun­da mitad del siglo XX se haya exten­di­do el con­cep­to de «capi­tal humano», ela­bo­ra­do por reco­no­ci­dos y pre­mia­dos defen­so­res del neo­li­be­ra­lis­mo como G. Bec­ker y T. Schultz. Esta tesis cho­ca fron­tal­men­te con el sen­ti­do humano de la coope­ra­ción y de la ayu­da mutua, de la auto­ges­tión y de la soli­da­ri­dad, para impo­ner el indi­vi­dua­lis­mo más extre­mo, el que con­sis­te en que cada per­so­na en ais­la­do, indi­vi­dua­li­za­da al extre­mo, se auto­va­lo­res como un capi­tal en expan­sión que a la fuer­za cho­ca con otros capi­ta­les huma­nos, en una lucha fra­ti­ci­da por la mayor com­pe­ti­ti­vi­dad indi­vi­dual. Se tra­ta de una adap­ta­ción de la socio­bio­lo­gía gene­tis­ta y racis­ta a las nece­si­da­des del capi­tal en la segun­da mitad del siglo XX. La coope­ra­ción huma­na es des­tro­za­da de raíz para impo­ner­se el egoís­mo indi­vi­dua­lis­ta más cal­cu­la­dor y frío, el que valo­ra todo en base a su ren­ta­bi­li­dad eco­nó­mi­ca. El coope­ra­ti­vis­mo es incom­pa­ti­ble con esta ideo­lo­gía ultra­rreac­cio­na­ria, lo que nos plan­tea el deba­te sobre el papel des­alie­na­dor del coope­ra­ti­vis­mo que ana­li­za­re­mos en su momen­to.

4. DIVISIONES EN EL COOPERATIVISMO

  1. La visión socia­lis­ta del coope­ra­ti­vis­mo como arma de doble filo toma­rá cuer­po teó­ri­co en la segun­da mitad del siglo XIX, sobre todo con­for­me se vaya vien­do el reite­ra­do fra­ca­so de los expe­ri­men­tos del socia­lis­mo utó­pi­co y la capa­ci­dad de absor­ción del mer­ca­do capi­ta­li­ta, que engu­lle como un agu­je­ro negro al coope­ra­ti­vis­mo fal­sa­men­te neu­tral, «nor­mal», que no se orga­ni­za cons­cien­te­men­te en la direc­ción polí­ti­ca de avan­zar a la extin­ción del capi­ta­lis­mo. Para fina­les del siglo XIX ya esta­ban defi­ni­das las dos gran­des corrien­tes enfren­ta­das del coope­ra­ti­vis­mo: la neu­tra­lis­ta y con­for­mis­ta, «nor­mal», que acep­ta explí­ci­ta o implí­ci­ta­men­te el orden bur­gués y la revo­lu­cio­na­ria, que sabe que el coope­ra­ti­vis­mo cons­cien­te es un ins­tru­men­to de avan­ce al socia­lis­mo. El fac­tor cons­cien­te es aquí deci­si­vo, como vere­mos.
  2. En el pri­mer blo­que, el bur­gués, debe­mos incluir a todas las coope­ra­ti­vas patro­na­les y empre­sa­ria­les, que bus­can aba­ra­tar cos­tos, obte­ner ayu­das y for­ta­le­cer el capi­ta­lis­mo, así como a las coope­ra­ti­vas tram­po­sas, que ocul­tan obje­ti­vos frau­du­len­tos con la pro­pia ley bur­gue­sa, para redu­cir impues­tos, obte­ner prés­ta­mos, explo­tar a otros tra­ba­ja­do­res, etcé­te­ra. Y situa­das entre este blo­que y el revo­lu­cio­na­rio, están las coope­ra­ti­vas pro­gre­sis­tas, semi-cons­cien­tes, refor­mis­tas o como que­ra­mos deno­mi­nar­las, que apli­can méto­dos demo­crá­ti­cos inter­nos, que asu­men la defen­sa del medio ambien­te y has­ta del «mer­ca­do jus­to», y otras «fun­cio­nes socia­les» de ayu­da a la socie­dad, pero que no pre­ten­den sino su refor­ma pau­la­ti­na den­tro de una abs­trac­ción inter­cla­sis­ta de «jus­ti­cia social».
  3. Las coope­ra­ti­vas son un arma de doble filo, y la bur­gue­sía lo enten­dió así des­de media­dos del siglo XIX, cuan­do lle­ga­ron a ser impul­sa­das por regí­me­nes tan auto­ri­ta­rios y colo­nia­lis­tas como el de Napo­león III, por citar solo un caso. Muchos gobier­nos de extre­ma dere­cha y fas­cis­tas las han apo­ya­do como sis­te­ma de lucha anti­so­cia­lis­ta, y de legi­ti­ma­ción de su poder. Otros menos dic­ta­to­ria­les como medio de sua­vi­za­ción de las ten­sio­nes socia­les en situa­cio­nes de cri­sis, dán­do­les cier­tas atri­bu­cio­nes. La doc­tri­na social cató­li­ca tam­bién ve en el coope­ra­ti­vis­mo «neu­tral» un medio muy efec­ti­vo para sanar los males del capi­ta­lis­mo antes de que la lucha socia­lis­ta aca­be con él.
  4. El refor­mis­mo polí­ti­co-sin­di­cal pre­fie­re que la jus­ta ira obre­ra y popu­lar se des­in­fle median­te un coope­ra­ti­vis­mo asu­mi­do mal que bien por el Esta­do bur­gués, antes que esa ira avan­ce del coope­ra­ti­vis­mo apo­lí­ti­co al revo­lu­cio­na­rio. Muchas ONG «huma­ni­ta­rias» y «soli­da­rias» que viven de los fon­dos del «pri­mer mun­do» se vuel­can en crear coope­ra­ti­vas en el «ter­cer mun­do», que en reali­dad son sucur­sa­les camu­fla­das del impe­ria­lis­mo que no hacen sino gene­rar depen­den­cia y sumi­sión hacia las «dona­cio­nes huma­ni­ta­rias». Gobier­nos pro­gre­sis­tas pero no revo­lu­cio­na­rios de estos con­ti­nen­tes macha­ca­dos tam­bién impul­sa­ron el coope­ra­ti­vis­mo, como Láza­ro Cár­de­nas en Méxi­co y otros, pero sin resul­ta­dos cua­li­ta­ti­vos.
  5. El coope­ra­ti­vis­mo «nor­mal», inclu­so el pro­gre­sis­ta, tie­nen lími­tes insu­pe­ra­bles que les con­de­nan a ser meros maqui­lla­do­res del capi­ta­lis­mo, que­dán­do­se en sim­ples ejem­plos de un «capi­ta­lis­mo con ros­tro humano». El lími­te fun­da­men­tal radi­ca en la obje­ti­vi­dad de las leyes eco­nó­mi­cas del capi­tal, del hecho de que para enfren­tar­se a ellas hace fal­ta una con­cien­cia polí­ti­ca que asu­ma los ries­gos enor­mes que supo­ne la opo­si­ción radi­cal al sis­te­ma. Las leyes eco­nó­mi­cas, lo que vul­gar­men­te se defi­ne como «mano invi­si­ble del mer­ca­do», actúan en todo momen­to, de mane­ra visi­ble e invi­si­ble, con los resul­ta­dos eco­nó­mi­cos de ganan­cias y pér­di­das y con los mie­dos y angus­tias que el mer­ca­do gene­ra por lo impre­de­ci­ble de sus resul­ta­dos. Y aun­que el coope­ra­ti­vis­mo tie­ne algu­nas ven­ta­jas sobre las empre­sas capi­ta­lis­tas, no tie­ne más reme­dio que asu­mir las «leyes del mer­ca­do», de la com­pe­ten­cia, de la pro­duc­ti­vi­dad y del bene­fi­cio. Una bue­na admi­nis­tra­ción y pla­ni­fi­ca­ción inter­na pue­de ayu­dar a sor­tear las pre­sio­nes exter­nas pero a con­di­ción de que esa empre­sa coope­ra­ti­va res­pe­te la ley de su Esta­do, que es la ley de la bur­gue­sía, es decir, res­pe­te el sis­te­ma explo­ta­dor.
  6. Si la coope­ra­ti­va no res­pe­ta la ley domi­nan­te que siem­pre es polí­ti­ca, pero pue­de sor­tear la ley eco­nó­mi­ca por su mayor ren­ta­bi­li­dad, enton­ces se enfren­ta­rá a la «mano visi­ble del mer­ca­do», es decir, al «puño de ace­ro del Esta­do», que vigi­la antes que nada los intere­ses del capi­tal en su con­jun­to. Las leyes sobre el coope­ra­ti­vis­mo las hace el Esta­do depen­dien­do de los intere­ses de la bur­gue­sía en su con­jun­to, de su frac­ción más pode­ro­sa, y de la nece­si­dad de legi­ti­ma­ción social que el Esta­do esti­me que pue­de obte­ner con el coope­ra­ti­vis­mo. Sope­san­do estas y otras pre­sio­nes, se dic­tan las leyes más o menos bene­fi­cio­sas para el coope­ra­ti­vis­mo. Si por lo que fue­ra, una coope­ra­ti­va con­cre­ta o varias, pre­ten­de sal­tar­se la ley polí­ti­co-eco­nó­mi­ca cho­ca­rá con el Esta­do y con una frac­ción de la bur­gue­sía o con toda ella, entran­do en un com­ba­te en el que tie­ne casi todo que per­der, a no ser que logre un deci­di­do y sos­te­ni­do apo­yo de las fuer­zas pro­gre­sis­tas y revo­lu­cio­na­rias. Las úni­cas coope­ra­ti­vas que siem­pre con­ta­rán con el apo­yo esta­tal pleno serán las abier­ta­men­te reac­cio­na­rias que luchen deci­di­da­men­te con­tra el socia­lis­mo, que las ha habi­do, hay y habrá.
  7. Como sín­te­sis de las pre­sio­nes eco­nó­mi­cas y polí­ti­cas que limi­tan estruc­tu­ral­men­te la volun­tad del coope­ra­ti­vis­mo nor­ma­li­za­do para enfren­tar­se al capi­ta­lis­mo, nos encon­tra­mos con que exis­te una pre­sión sub­je­ti­va, ideo­ló­gi­ca, nor­ma­ti­va y con­cep­tual, que en lo bási­co reco­rre a todas las for­mas de este coope­ra­ti­vis­mo y que se expre­sa en la acep­ta­ción del prin­ci­pio del bene­fi­cio, de la lógi­ca de la acu­mu­la­ción de capi­tal, de la ley del valor, o sea, de la visión bur­gue­sa de la vida en su con­jun­to. No se libran de esta dic­ta­du­ra ideo­ló­gi­ca ni las coope­ra­ti­vas refor­mis­tas y pro­gre­sis­tas, que las hay, por­que aun­que su fun­cio­na­mien­to interno sea demo­crá­ti­co y aun­que dedi­quen par­te de sus bene­fi­cios a ayu­das socia­les y otra ayu­das, inclu­so así, su esque­ma men­tal se mue­ve den­tro de los valo­res bur­gue­ses. Una fun­da­men­tal dife­ren­cia de las coope­ra­ti­vas socia­lis­tas con res­pec­to a las mera­men­te refor­mis­tas es la de que las pri­me­ras dedi­can esas ayu­das a impul­sar la revo­lu­ción y la lucha de libe­ra­ción nacio­nal de su pue­blo, mien­tras que las segun­das no.
  8. Vea­mos esta dife­ren­cia con más deta­lle: pri­me­ro, en lo rela­cio­na­do a las deci­sio­nes, en una empre­sa son los accio­nis­tas quie­nes deci­den y en una coope­ra­ti­va los tra­ba­ja­do­res, pero han de hacer­lo den­tro de la ley eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca, a no ser que cons­cien­te­men­te pon­gan la coope­ra­ti­va en peli­gro, sobre todo cuan­do se tra­ta de deci­dir cómo y a quién se ayu­da con la par­te del exce­den­te desig­na­do para «tareas socia­les»: ¿a colec­ti­vos resis­ten­tes, huel­guis­tas, para­dos, gru­pos de estu­dio socia­lis­ta, a orga­ni­za­cio­nes de izquier­da, etcé­te­ra? Ha habi­do coope­ra­ti­vas socia­lis­tas que sí han apo­ya­do a esos gru­pos, pero ha habi­do otras coope­ra­ti­vas que han rotos huel­gas con sus pro­duc­tos y su tra­ba­jo.
  9. Son los accio­nis­tas los que deci­den los suel­dos y en la coope­ra­ti­va los tra­ba­ja­do­res, pero siem­pre tenien­do en cuen­ta la exi­gen­cia obje­ti­va de la acu­mu­la­ción de fon­dos coope­ra­ti­vos para man­te­ner la pro­duc­ti­vi­dad y la com­pe­ten­cia. Los dere­chos los dic­ta el patrón que nego­cia con los sin­di­ca­tos y en la coope­ra­ti­va la asam­blea tra­ba­ja­do­ra, pero sabien­do que los dere­chos coope­ra­ti­vos tam­bién están limi­ta­dos por el dere­cho bur­gués pro­te­gi­do por su Esta­do. Los empre­sa­rio bus­can su máxi­mo bene­fi­cio y los coope­ra­ti­vis­tas satis­fa­cer sus nece­si­da­des pero ¿qué nece­si­da­des, las bur­gue­sas o las socia­lis­tas? Las segun­das les lle­van a enfren­tar­se con el Esta­do.

5. COOPERATIVISMO SOCIALISTA

  1. La visión socia­lis­ta del coope­ra­ti­vis­mo afir­ma con la expe­rien­cia en la mano, que el coope­ra­ti­vis­mo en gene­ral demues­tra que la cla­se tra­ba­ja­do­ra pue­de diri­gir una empre­sa sin la inter­ven­ción de la cla­se bur­gue­sa, que los obre­ros no nece­si­tan patro­nes para pro­du­cir bien y bara­to, demo­crá­ti­ca­men­te y en bene­fi­cio del pue­blo. Pero que, por un lado, el coope­ra­ti­vis­mo ha de guiar­se por un obje­ti­vo polí­ti­co y éti­co de mejo­ra pro­fun­da de la socie­dad como ante­sa­la a su trans­for­ma­ción revo­lu­cio­na­ria. La polí­ti­ca debe ir uni­da a la eco­no­mía, y la éti­ca de un mun­do mejor ya pre­fi­gu­ra­do par­cial­men­te en el pre­sen­te acti­vo del coope­ra­ti­vis­mo socia­lis­ta ha de ser el engar­ce interno de los polí­ti­co-eco­nó­mi­co, todo ello den­tro de una soli­da­ri­dad inter­na­cio­nal opues­ta a la inter­na­cio­na­li­za­ción del capi­tal.
  2. Por otro lado, para que lo ante­rior sea efec­ti­vo duran­te el tiem­po nece­sa­rio el coope­ra­ti­vis­mo socia­lis­ta debe con­tar con el apo­yo de un movi­mien­to polí­ti­co de masas, obre­ro y popu­lar, social, cul­tu­ral, etcé­te­ra, más amplio, que le conec­te con el res­to del pue­blo tra­ba­ja­dor y que lo inte­gre en su lucha revo­lu­cio­na­ria. Por últi­mo, una vez con­quis­ta­do el poder polí­ti­co y esta­tal por la cla­se tra­ba­ja­do­ra, el coope­ra­ti­vis­mo socia­lis­ta será uno de los prin­ci­pa­les ins­tru­men­tos de avan­ce al socia­lis­mo, de apren­di­za­je y de des­alie­na­ción.
  3. Y aquí, en el comien­zo de este pro­ce­so, inter­vie­ne el con­cep­to de auto­ges­tión. La defen­sa a muer­te de la libre coope­ra­ción, el negar­se a ceder a un poder externo no reco­no­ci­do como tal el dere­cho pro­pio e inalie­na­ble a deci­dir colec­ti­va y libre­men­te cómo se va a vivir en lo esen­cial, en la pro­duc­ción mate­rial y cul­tu­ral, esta reafir­ma­ción de vida es con­sus­tan­cial a la auto­ges­tión, es decir, a ges­tio­nar­se un colec­ti­vo a sí mis­mo, sin impo­si­cio­nes opre­so­ras exter­nas o inter­nas. Ges­tio­nar­se a sí mis­mo, auto­ges­tión, es un prin­ci­pio nece­sa­rio para la coope­ra­ción. El poder auto­ri­ta­rio externo rom­pe el prin­ci­pio de auto­ges­tión e impo­ne cri­te­rios no deba­ti­dos inter­na­men­te en la coope­ra­ción. Impo­ne el cri­te­rio de hete­ro­ges­tión, es ges­tión rea­li­za­da e impues­ta des­de fue­ra, exte­rior.
  4. Otra cosa total­men­te dife­ren­te es la legi­ti­mi­dad de un poder libe­ra­dor y demo­crá­ti­co, que res­pe­tan­do la auto­ges­tión coope­ra­ti­va, y pro­te­gién­do­la, orien­ta las gran­des líneas de su desa­rro­llo en la direc­ción del bien colec­ti­vo más amplio, del bien del pue­blo eman­ci­pa­do de la explo­ta­ción. Exis­te una dife­ren­cia abso­lu­ta entre el poder auto­ri­ta­rio y el poder libe­ra­dor. El coope­ra­ti­vis­mo supues­ta­men­te «neu­tral» y apo­lí­ti­co se plie­ga al pri­me­ro, mien­tras que el coope­ra­ti­vis­mo auto­ges­tio­na­do nece­si­ta del segun­do, del poder socia­lis­ta. La auto­ges­tión es con­sus­tan­cial al socia­lis­mo y expre­sa la capa­ci­dad del pue­blo tra­ba­ja­dor para orga­ni­zar­se él mis­mo y orga­ni­zar la socie­dad según sus nece­si­da­des, según las expe­rien­cias de otros pue­blos y según las lec­cio­nes teó­ri­cas extraí­das de toda la lucha de cla­ses. La auto­ges­tión es la tota­li­dad que da sen­ti­do al coope­ra­ti­vis­mo socia­lis­ta. Por esto, allí don­de la expe­rien­cia auto­ges­tio­na­ria de un pue­blo es muy limi­ta­da, tam­bién lo será el coope­ra­ti­vis­mo socia­lis­ta, aun­que exis­tan coope­ra­ti­vas nor­ma­les, las inte­gra­das en el sis­te­ma.
  5. El grue­so de la teo­ría socia­lis­ta, mar­xis­ta, del coope­ra­ti­vis­mo se for­mó en pri­me­ra ins­tan­cia en base a la tri­ple expe­rien­cia de la Comu­na de París de 1871, a la expe­rien­cia refle­ja­da en la II Inter­na­cio­nal y a la expe­rien­cia de la revo­lu­ción bol­che­vi­que has­ta media­dos de la déca­da de 1920, antes del triun­fo defi­ni­ti­vo de la buro­cra­cia. Esta pri­me­ra fase de coope­ra­ti­vis­mo socia­lis­ta se expre­só teó­ri­ca­men­te en los cua­tro pri­me­ros con­gre­sos de la Inter­na­cio­nal Comu­nis­ta, pero con­clu­ye aquí. Con la vic­to­ria de la buro­cra­cia en la URSS el coope­ra­ti­vis­mo pier­de el con­te­ni­do ante­rior, y se con­vier­te en una fuer­za más en ascen­so den­tro del ascen­so del «socia­lis­mo de mer­ca­do». Las acer­ta­das crí­ti­cas del Che al coope­ra­ti­vis­mo de la URSS, y la pro­gre­si­va inte­gra­ción del coope­ra­ti­vis­mo yugos­la­vo en la lógi­ca capi­ta­lis­ta son dos ejem­plos de entre muchos de cómo se pro­du­ce un retro­ce­so prác­ti­co y teó­ri­co si lo com­pa­ra­mos con la con­cep­ción vigen­te has­ta media­dos de los años vein­te.
  6. Lo que que­dó demos­tra­do teó­ri­ca­men­te en este deci­si­vo perío­do, y que se ha con­fir­ma­do siem­pre lue­go, es que el doble filo del coope­ra­ti­vis­mo se agu­di­za en los perío­dos de cri­sis socio­eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca, en espe­cial cuan­do ésta va pro­vo­can­do una agu­di­za­ción de la lucha de cla­ses. Es enton­ces cuan­do la auto­ges­tión obre­ra y popu­lar tien­de a desa­rro­llar su poten­cial eman­ci­pa­dor, expre­sán­do­se en la crea­ción de gru­pos de ayu­da mutua, de movi­mien­tos popu­la­res con­tra los efec­tos de la cri­sis, de rei­vin­di­ca­cio­nes de coges­tión y con­trol obre­ro en empre­sas en cri­sis y de con­trol popu­lar en barria­das empo­bre­ci­das, de recu­pe­ra­ción de bie­nes públi­cos ante­rior­men­te pri­va­ti­za­dos que vuel­ven al pue­blo tra­ba­ja­dor, de recu­pe­ra­ción de infra­es­truc­tu­ras y edi­fi­cios aban­do­na­dos para el uso popu­lar, de recu­pe­ra­ción de empre­sas y de su auto­ges­tión por los tra­ba­ja­do­res muchas de las cua­les dan el paso a coope­ra­ti­vas de pro­duc­ción y con­su­mo inser­tas en los movi­mien­tos popu­la­res de su entorno y a esca­la más amplia, esta­tal e inclu­so inter­es­ta­tal, de ten­den­cia al alza en la apa­ri­ción de comi­tés de fábri­ca y de barrio, de con­se­jos obre­ros y popu­la­res, etcé­te­ra. En las nacio­nes opri­mi­das esta diná­mi­ca está cua­li­ta­ti­va­men­te agu­di­za­da por la opre­sión de los dere­chos nacio­na­les.
  7. En estos momen­tos, las coope­ra­ti­vas en su con­jun­to se enfren­tan a la prue­ba de fue­go: o se inte­gran en esas diná­mi­cas ascen­den­tes, impul­sán­do­las con sus recur­sos dis­po­ni­bles, toman­do par­te en las luchas y arries­gán­do­se a sufrir los gol­pes de la ley eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca capi­ta­lis­ta, o per­ma­ne­cen «neu­tra­les» o inclu­so se posi­cio­nan en defen­sa del orden capi­ta­lis­ta. Real­men­te, no son tres opcio­nes, de izquier­da, de cen­tro-refor­mis­ta y de dere­chas, sino dos, de izquier­das y de dere­chas, pero con la sal­ve­dad es que la de dere­chas tie­ne una baza, la refor­mis­ta, la del coope­ra­ti­vis­mo «nor­mal». La expe­rien­cia mues­tra que la mayo­ría de las coope­ra­ti­vas se sitúan en el cen­tro-refor­mis­ta del demo­cra­ti­cis­mo abs­trac­to, bas­cu­lan­do muchas al cen­tro-dere­cha con­for­me se agu­di­za la cri­sis y la lucha de cla­ses obli­ga al coope­ra­ti­vis­mo a posi­cio­nar­se. En los con­tex­tos de opre­sión nacio­nal estas ten­sio­nes son toda­vía más fuer­tes ya que el coope­ra­ti­vis­mo ha de mover­se den­tro de la ley impues­ta por el Esta­do ocu­pan­te, acep­tán­do­las o enfren­tán­do­se a ellas de algún modo. La tris­te expe­rien­cia de la coope­ra­ti­va vas­ca MCC, de Arra­sa­te, de fama mun­dial, es un peno­so y lamen­ta­ble ejem­plo de lo que deci­mos.

6. FETICHISMO Y NECESIDADES RADICALES

  1. ¿Cómo debe actuar el socia­lis­mo para impul­sar el coope­ra­ti­vis­mo revo­lu­cio­na­rio? Ade­más de lle­van­do a la prác­ti­ca de for­ma cohe­ren­te los pos­tu­la­dos ele­men­ta­les del coope­ra­ti­vis­mo en su esen­cia demo­crá­ti­ca y auto­ges­tio­na­da den­tro del capi­ta­lis­mo, ade­más de esto, median­te dos tareas simul­tá­neas. A una de las cua­les ya nos hemos refe­ri­do arri­ba dicien­do que el movi­mien­to coope­ra­ti­vo debe ser par­te de la tota­li­dad supe­rior de la lucha obre­ra y popu­lar en su con­jun­to. Este requi­si­to es impres­cin­di­ble, es una de las dos garan­tías inex­cu­sa­bles que se reafir­ma en cada momen­to his­tó­ri­co en el que las masas explo­ta­das se enfren­tan inten­sa­men­te al capi­ta­lis­mo.
  2. Las coope­ra­ti­vas han de apo­yar con sus ganan­cias las nece­si­da­des radi­ca­les del pue­blo, y por nece­si­da­des radi­ca­les enten­de­mos las que nacen de la raíz de la explo­ta­ción, es decir, las que tie­nen su ori­gen en el hecho de que la pro­pie­dad pri­va­da capi­ta­lis­ta es anta­gó­ni­ca con el ser-humano-gené­ri­co al decir de Marx, y con la plas­ma­ción con­cre­ta e his­tó­ri­ca del humano en cada épo­ca y socie­dad. Sin este com­pro­mi­so acti­vo con la lucha socia­lis­ta fue­ra de la coope­ra­ti­va se ace­le­ran dos diná­mi­cas des­truc­to­ras del coope­ra­ti­vis­mo socia­lis­ta: una, su ale­ja­mien­to de la reali­dad del pue­blo y, otra, el refor­za­mien­to de la ideo­lo­gía bur­gue­sa en el inte­rior del coope­ra­ti­vis­mo.
  3. Las nece­si­da­des radi­ca­les son las últi­mas en satis­fa­cer­se por­que exi­gen la exis­ten­cia de la lucha revo­lu­cio­na­ria. Son tam­bién nece­si­da­des huma­nas, socia­les, eco­nó­mi­cas, polí­ti­cas, cul­tu­ra­les, demo­crá­ti­cas, etcé­te­ra, pero son las sín­te­sis de todas ellas en su quin­tae­sen­cia, en la cues­tión del poder polí­ti­co de las masas explo­ta­das que recu­pe­ran los bie­nes comu­nes, que socia­li­zan la pro­pie­dad, que la esta­ta­li­zan y la devuel­ven al pue­blo tra­ba­ja­dor. Las nece­si­da­des radi­ca­les son las que cues­tio­nan radi­cal­men­te la pro­pie­dad y el Esta­do bur­gués por­que son las pro­du­ci­das por la explo­ta­ción, la opre­sión y la domi­na­ción del capi­tal sobre la huma­ni­dad tra­ba­ja­do­ra. Y es sobre ellas sobre las que debe inter­ve­nir el coope­ra­ti­vis­mo socia­lis­ta, sien­do cons­cien­te de que de atrae­rá sobre sí la furia repre­si­va bur­gue­sa. Zaran­dea­da por el tem­po­ral de la cri­sis, la coope­ra­ti­va debe res­pon­der, y para ello ha de con­tar con miem­bros muy cons­cien­tes.
  4. La otra tarea simul­tá­nea que ha de rea­li­zar el coope­ra­ti­vis­mo socia­lis­ta es cara a su inte­rior, a la con­cien­cia de sus socios tra­ba­ja­do­res y de sus fami­lias y entor­nos socia­les que viven rela­ti­va­men­te menos mal que el res­to del pue­blo gra­cias a la segu­ri­dad que ofre­ce la coope­ra­ti­va. Si la ante­rior tarea se vol­ca­ba fue­ra de la coope­ra­ti­va al impul­sar todas las luchas a favor de las nece­si­da­des radi­ca­les del pue­blo, esta tarea se vuel­ca en el inte­rior de la coope­ra­ti­va y de los entor­nos fami­lia­res y socia­les que se «bene­fi­cian» de su efi­ca­cia. Se tra­ta de la lucha per­ma­nen­te con­tra la alie­na­ción bur­gue­sa, con­tra los valo­res, nor­mas e ideo­lo­gía del capi­tal, cen­tra­dos en el indi­vi­dua­lis­mo egoís­ta. Aun­que las coope­ra­ti­vas debie­ran con­tro­lar la cali­dad huma­na de sus socios inte­gran­tes, tien­den a no hacer­lo por múl­ti­ples razo­nes, limi­tán­do­se a com­pro­bar si acep­tan o no los prin­ci­pios inter­nos y si tie­nen el dine­ro para pagar la cuo­ta de socio coope­ra­ti­vo.
  5. La expe­rien­cia ense­ña que una de las cau­sas de los fra­ca­sos de las inten­to­nas del socia­lis­mo utó­pi­co, en cual­quie­ra de sus for­mas de arca­dias, comu­nas, coope­ra­ti­vas, falans­te­rios, y de muchí­si­mas de las coope­ra­ti­vas pos­te­rio­res, es la per­so­na­li­dad indi­vi­dua­lis­ta y alie­na­da que exis­te en la mayo­ría de sus miem­bros por deba­jo de la apa­rien­cia exte­rior. La fuer­za reac­cio­na­ria del egoís­mo indi­vi­dua­lis­ta emer­ge a la super­fi­cie a la mis­ma velo­ci­dad en que se des­com­po­ne por la cri­sis socio­eco­nó­mi­ca y polí­ti­ca la «tran­qui­la vida nor­mal» de la empre­sa coope­ra­ti­va. Pero la lucha mora­lis­ta y dema­gó­gi­ca con­tra el egoís­mo no es efec­ti­va, por­que las leyes polí­ti­co-eco­nó­mi­cas son impla­ca­bles. Con­tra el mie­do, con­tra el egoís­mo, con­tra el afán de lucro a expen­sas del pue­blo en momen­tos de cri­sis, con­tra todo esto sola­men­te pue­de triun­far la ante­rior, pacien­te y sis­te­má­ti­ca con­cien­cia­ción huma­na, la des­alie­na­ción, la supera­ción de las ata­du­ras irra­cio­na­les que nos lle­van a pos­trar­nos ante el feti­che del dine­ro, de la mer­can­cía, del con­su­mis­mo.
  6. Si la coope­ra­ti­va ha de cum­plir el papel de uno de los medios socia­les más efec­ti­vos para avan­zar al comu­nis­mo median­te la fase socia­lis­ta, debe asu­mir des­de su fun­da­ción la tarea de ir com­ba­tien­do el feti­chis­mo de la mer­can­cía en la vida inter­na de la coope­ra­ti­va. Por feti­chis­mo de la mer­can­cía enten­de­mos la sumi­sión irra­cio­nal al dine­ro, a la mer­can­cía, al valor de cam­bio, como el crea­dor y la esen­cia de todo, como la fuer­za mági­ca, como el feti­che divino ante el que pos­trar­nos para mere­cer su pro­tec­ción y para­bie­nes en una vida incier­ta y aza­ro­sa, inse­gu­ra. Cuan­to más dine­ro ten­ga­mos más feli­ces sere­mos. Muchos socios coope­ra­ti­vis­tas saben que sus coope­ra­ti­vas les garan­ti­zan más segu­ri­dad eco­nó­mi­ca que las empre­sas pri­va­das, y tra­ba­jan en ellas con la mis­ma men­ta­li­dad feti­chis­ta y bur­gue­sa que tie­nen en su «vida públi­ca». Para ellos, el coope­ra­ti­vis­mo es un medio de vida segu­ro, no un medio de trans­for­mar la socie­dad ven­cien­do a la explo­ta­ción.
  7. La tarea inter­na en la coope­ra­ti­va debe bus­car, por tan­to, la supera­ción pro­gre­si­va de los valo­res bur­gue­ses, de la sumi­sión feti­chis­ta al con­su­mis­mo, a la dic­ta­du­ra moral del dine­ro como valor supre­mo de la exis­ten­cia. Por tan­to, el coope­ra­ti­vis­mo tie­ne que ir pre­fi­gu­ran­do en su vida inter­na los valo­res socia­lis­tas como ante­sa­la a los comu­nis­tas, empe­zan­do por el cues­tio­na­mien­to de la legi­ti­mi­dad de la pro­pie­dad pri­va­da, de la pro­pie­dad bur­gue­sa. La con­cien­cia­ción teó­ri­ca y éti­ca de que la pro­pie­dad colec­ti­va es supe­rior en todos los sen­ti­dos a la pri­va­da, es una de las tareas deci­si­vas que debe asu­mir la peda­go­gía del coope­ra­ti­vis­mo en sus rela­cio­nes labo­ra­les inter­nas y en la vida social exter­na de los socios tra­ba­ja­do­res. Muy fre­cuen­te­men­te, son las pre­sio­nes exter­nas, de la fami­lia, del entorno, etcé­te­ra, las que des­ani­man e influ­yen en las per­so­nas que tie­nen dudas sobre si seguir luchan­do en sus tra­ba­jos, de modo que ter­mi­nan clau­di­can­do.
  8. Del mis­mo modo en el que el movi­mien­to obre­ro, femi­nis­ta, popu­lar, juve­nil y otros cono­cen per­fec­ta­men­te la rémo­ra para­li­zan­te que tie­nen las pre­sio­nes fami­lia­res, el poder patriar­cal, el poder adul­to, las amis­ta­des, etcé­te­ra, sobre las per­so­nas menos con­cien­cia­das, por esto mis­mo las coope­ra­ti­vas han de lle­var su con­cien­cia­ción a los círcu­los exter­nos, socia­les, en los que viven y en los que se rela­cio­nan sus miem­bros. Al igual que duran­te las huel­gas en las empre­sas la soli­da­ri­dad veci­nal, popu­lar, de otras empre­sas, de toda serie de colec­ti­vos y movi­mien­tos socia­les es impres­cin­di­ble, otro tan­to suce­de en y con las coope­ra­ti­vas cuan­do deben deci­dir si ayu­dan a las nece­si­da­des radi­ca­les del pue­blo explo­ta­do, si optan por la liber­tad y con­tra la opre­sión, o si per­ma­ne­cen ais­la­das egoís­ta­men­te del sufri­mien­to de su pue­blo.

7. DERROTAS, LECCIONES Y PROPUESTAS

  1. La con­cien­cia­ción sobre la nece­si­dad de avan­zar a la pro­pie­dad públi­ca, a la pro­pie­dad socia­lis­ta, y de aca­bar con la pro­pie­dad pri­va­da, con la pro­pie­dad bur­gue­sa, es una nece­si­dad aún más vital si cabe que a comien­zos del siglo XX, vien­do la implo­sión y el des­plo­me de la URSS, el camino capi­ta­lis­ta de Chi­na Popu­lar y otras expe­rien­cias. Las coope­ra­ti­vas y la auto­ges­tión gene­ra­li­za­da de los pro­duc­to­res aso­cia­dos tenían reco­no­ci­do un papel cen­tral antes del final de la déca­da de 1920. Des­pués per­die­ron ese papel, pero sobre todo los efec­tos de la lar­ga cri­sis mun­dial ini­cia­da a fina­les de la déca­da de 1960 y que dio un sal­to cua­li­ta­ti­vo en 2007, han reac­ti­va­do y actua­li­za­do aque­llas nece­sa­rias pro­pues­tas aña­dién­do­les las lec­cio­nes extraí­das de las cau­sas de la deba­cle del «socia­lis­mo buro­crá­ti­co», sin entrar a valo­rar este ter­mino.
  2. Una de las lec­cio­nes deci­si­vas es pre­ci­sa­men­te la nece­si­dad de la lucha con­tra la men­ta­li­dad feti­chis­ta, con­tra la alie­na­ción en todas sus for­mas, y la nece­si­dad de ir avan­zan­do equi­li­bra­da­men­te en la extin­ción his­tó­ri­ca de la ley del valor-tra­ba­jo, del uso del dine­ro y del sis­te­ma sala­rial, para sus­ti­tuir­los por los valo­res de uso, a la vez que el mer­ca­do vuel­ve a ser sim­ple lugar de true­que y reci­pro­ci­dad. Ten­ga­mos en cuen­ta que estas reali­da­des obje­ti­vas tie­nen efec­tos sub­je­ti­vos de muy lar­ga dura­ción, efec­tos que per­vi­ven dañi­na­men­te en la cul­tu­ra y en la con­cien­cia de masas lar­go tiem­po des­pués de haber­se logra­do con­quis­tas deci­si­vas como la nacio­na­li­za­ción y esta­ta­li­za­ción de la gran y media­na pro­pie­dad bur­gue­sa, su socia­li­za­ción, así como el desa­rro­llo de con­tro­les muy efec­ti­vos de la peque­ña pro­pie­dad bur­gue­sa que tie­ne que ir des­apa­re­cien­do pero más len­ta­men­te, has­ta extin­guir­se del todo.
  3. Las lec­cio­nes que debe­mos extraer del hun­di­mien­to del mal lla­ma­do «socia­lis­mo buro­crá­ti­co» ‑no exis­tía socia­lis­mo en la URSS, si acep­ta­mos la defi­ni­ción de socia­lis­mo dada por la pri­me­ra y segun­da gene­ra­ción de mar­xis­tas- indi­can que duran­te la tran­si­ción al socia­lis­mo y de aquí al comu­nis­mo, en este perío­do, con­vi­vi­rán diver­sas for­mas de pro­pie­dad per­so­nal, social, públi­ca, esta­tal, etc., pero que no serán en abso­lu­to for­mas de pro­pie­dad bur­gue­sa, y que se enca­mi­na­rán hacia la pro­pie­dad socia­lis­ta de los medios de pro­duc­ción. Duran­te este deve­nir, que toma­rá for­mas y rit­mos dife­ren­tes en los pue­blos pero com­bi­na­dos a esca­la mun­dial, las prác­ti­cas de auto­ges­tión con­cre­ta y las coope­ra­ti­vas admi­nis­tra­rán par­tes de la pro­pie­dad social, públi­ca, esta­tal, etcé­te­ra, y actua­rán según los pla­nes gene­ra­les deci­di­dos median­te la demo­cra­cia socia­lis­ta. Ambos cri­te­rios son irre­nun­cia­bles.
  4. La his­to­ria de la lucha de cla­ses rezu­ma refle­xio­nes y expe­rien­cias en las que el coope­ra­ti­vis­mo socia­lis­ta apa­re­ce como una fuer­za eman­ci­pa­do­ra pero muy per­se­gui­da, y tras la toma del poder y la crea­ción de un Esta­do obre­ro, como una fuer­za vital para ace­le­rar el trán­si­to al socia­lis­mo. Según sean las con­di­cio­nes estruc­tu­ra­les del trán­si­to, el nue­vo poder obre­ro se orga­ni­za­rá de un modo u otro, pero siem­pre man­te­nien­do cin­co señas esen­cia­les:
  5. Una, las coope­ra­ti­vas socia­lis­tas no deben ser «empre­sas inde­pen­dien­tes», es decir, no deben repro­du­cir el error garra­fal de la exYu­gos­la­via cuan­do caye­ron en el «patrio­tis­mo de empre­sa», cuan­to las ganan­cias eran trans­for­ma­das en bene­fi­cios empre­sa­ria­les abso­lu­ta­men­te libres del míni­mo con­trol esta­tal, popu­lar y veci­nal, cuan­do podían hacer y des­ha­cer a su anto­jo, pedir prés­ta­mos a la ban­ca impe­ria­lis­ta sin tener que res­pon­der ante el Esta­do obre­ro, y un lar­go etcé­te­ra.
  6. Dos, por tan­to, deben estar cons­cien­te­men­te suje­tas a la pla­ni­fi­ca­ción social y esta­tal de la eco­no­mía en su con­jun­to, par­ti­ci­pan­do en los deba­tes en los que se deci­den las dis­tin­tas ayu­das que se reci­ben y las apor­ta­cio­nes que se deben hacer al país, evi­tan­do que el coope­ra­ti­vis­mo sea uno de los focos de for­ma­ción de la «bur­gue­sía roja».
  7. Tres, en situa­cio­nes impre­vis­tas o de aumen­to súbi­to de la deman­da pue­den con­tra­tar tra­ba­ja­do­res a tiem­po par­cial con todos los dere­chos labo­ra­les y, sobre todo, con el dere­cho a inte­grar­se en la coope­ra­ti­va si se pro­lon­ga su con­tra­to, y no deben inver­tir en el mer­ca­do mun­dial con el cri­te­rio bur­gués arri­ba vis­to, sino que han de crear redes inter­na­cio­na­les de coope­ra­ción coope­ra­ti­vis­ta, eco­lo­gis­ta y anti­im­pe­ria­lis­ta.
  8. Cua­tro, deben estar abier­tas en todo momen­to a las inves­ti­ga­cio­nes y che­queos de los pode­res popu­la­res y de la trans­pa­ren­cia que debe carac­te­ri­zar a la dia­léc­ti­ca entre empre­sas auto­ges­tio­na­das y pla­ni­fi­ca­ción esta­tal, para el segui­mien­to de las tareas enco­men­da­das, asu­mien­do los cri­te­rios de jus­ta revo­ca­bi­li­dad de la direc­ción ele­gi­da median­te la demo­cra­cia socia­lis­ta inter­na a la coope­ra­ti­va y comu­ni­ca­da a la vida públi­ca exte­rior y a la ins­tan­cias del Esta­do que, por los cana­les ade­cua­dos, tie­ne el dere­cho y deber de saber quie­nes diri­gen y por qué, duran­te cuan­to tiem­po, etcé­te­ra, las coope­ra­ti­vas del país.
  9. Y cin­co, deben ser las ins­tan­cias del poder esta­tal res­pon­sa­bles de las áreas eco­nó­mi­cas de esas coope­ra­ti­vas las que, en últi­ma y deci­si­va pala­bra, deci­dan sobre las cues­tio­nes de mayor tras­cen­den­cia para la nación en su con­jun­to, no dilu­yen­do ni cedien­do su poder pla­ni­fi­ca­dor y estra­té­gi­co en nive­les meno­res, zona­les o regio­na­les, que, por ser­lo, tie­nen sólo una pers­pec­ti­va limi­ta­da. La jus­ta revo­ca­bi­li­dad no pue­de estar al albur de las ten­sio­nes inter­per­so­na­les y al capri­cho de pode­res zona­les, ya que sien­do un dere­cho socia­lis­ta su ecua­ni­mi­dad debe ser garan­ti­za­da por el Esta­do, el últi­mo garan­te de la inde­pen­den­cia socia­lis­ta del pue­blo.

Iña­ki Gil de San Vicen­te

Eus­kal Herria, 8 de abril de 2012

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