Tras cono­cer las mara­vi­llas del capi­ta­lis­mo se sui­ci­da en Espa­ña un “disi­den­te” cubano

Dia­rio-Octu­bre

Por Miguel Fer­nán­dez Mar­tí­nez

El recien­te sui­ci­dio de uno de los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios cuba­nos que opta­ron ir a vivir a Espa­ña es sinó­ni­mo de la situa­ción de deses­pe­ro en que se encuen­tran, al ver des­va­ne­cer­se la ilu­sión de que el gobierno ibé­ri­co los man­tu­vie­ra eco­nó­mi­ca­men­te, tal y como hizo Esta­dos Uni­dos mien­tras des­ple­ga­ban sus accio­nes mer­ce­na­rias den­tro de Cuba.

Albert San­tia­go Du Bou­chet Her­nán­dez es la nue­va víc­ti­ma. Aún no se cono­cen las ver­da­de­ras cau­sas que lo impul­sa­ron a qui­tar­se la vida en La Pal­ma, Islas Cana­rias, lugar don­de vivía des­pués de ser excar­ce­la­do en la isla, don­de cum­plía una con­de­na por sus acti­vi­da­des des­es­ta­bi­li­za­do­ras, finan­cia­das y diri­gi­das des­de Washing­ton.

Du Bou­chet es un botón de mues­tra del incier­to futu­ro ele­gi­do por ese minúscu­lo gru­po de cuba­nos que mal­vi­ven en Espa­ña, des­pués que uti­li­za­ron las supues­tas tareas de “defen­sa de los dere­chos huma­nos” en Cuba, como tram­po­lín para emi­grar hacia socie­da­des capi­ta­lis­tas.

En Espa­ña, estos “patrio­tas” cuba­nos espe­ra­ban ser reci­bi­dos como “héroes” y recla­ma­ron como legí­ti­mo se les man­tu­vie­ra eco­nó­mi­ca­men­te, con casa, dine­ro y comi­da a cos­ta de las arcas del esta­do espa­ñol.

La reali­dad fue otra. Y por ahí andan escan­da­li­zan­do, agre­dien­do, mal­di­cien­do y cul­pan­do a Cuba de sus des­gra­cias. Para ellos ya pasó el tiem­po del dine­ro fácil que envia­ba men­sual­men­te la USAID para que garan­ti­za­ran el des­cré­di­to inven­ta­do de su pro­pia Patria.
Para col­mo de males, El Minis­te­rio de Asun­tos Exte­rio­res y de Coope­ra­ción de Espa­ña está estu­dian­do recor­tar las ayu­das que venían reci­bien­do los con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rios cuba­nos y sus fami­lia­res aco­gi­dos debi­do a los ajus­tes pre­su­pues­ta­rios en este depar­ta­men­to.
En Cuba, estos suje­tos apren­die­ron que había una mane­ra de ganar dine­ro fácil, ven­dién­do­le al alma al Dia­blo –o mejor y más cla­ro- al enemi­go núme­ro de su pro­pio pue­blo. Esta­dos Uni­dos los man­tu­vo y los finan­ció a sabien­das que nin­guno de ellos tenía con­vic­cio­nes polí­ti­cas en lo que hacía.

Aho­ra, como diría mi vie­jo ami­go Juan, “la caña se les puso a tres tro­zos” y creo que empe­za­ron a apren­der la lec­ción que dice: “en el capi­ta­lis­mo, el que no trabaja,…se mue­re de ham­bre”.

Y ganas de tra­ba­jar, pare­ce que ellos no tie­nen muchas.

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